lunes, 8 de agosto de 2011

"Viaje de invierno" de Amélie Nothomb


La historia que se cuenta en esta novela no es en absoluto la estupidez que aparenta: el protagonista, Zoilo, es un inspector de una empresa suministradora de energía que se enamora perdidamente de una mujer llamada Astrolabio. Lamentablemente ella ha decidido ocupar el resto de su vida atendiendo las necesidades básicas de una deficiente mental que escribe novelas al dictado. Está en la naturaleza de los enamorados querer pasar las horas engarzados y desnudos sobre un zarzal. El caso es que al pobrecito Zoilo la pasión no acaba nunca por consumársele porque Astrolabio, pícara puritana, es de una abnegación ofensiva y no consiente en darle un triste beso al pobrecito Zoilo –y no digamos llevárselo a la cama- si no es con la imbeciloide presente, no se vaya a atragantar con el bollicao y se muera durante la bacanal por desatención. Así no hay amor que madure y por eso el buen hombre acaba tomando la salvaje decisión de demostrarle a ella cuánto la quería estampando, cual matasellos, un avión de pasajeros contra la Torre Eiffel, lleno, a ser posible, para que salpique o deje señal de cualquier manera. 

Incluso yo, que carezco de imaginación, encuentro excusas mejores para estrellar un avión (tripulación incluida) que la simpleza de hacerlo por amor. Es como pegar por odio. No pretendo decir con esto que el motivo no sea noble, ni que se baste por sí mismo para eso y mucho más, al fin y al cabo el mundo está plagado de psicópatas a los que el desamor ha vuelto rematadamente locos. Lo que quiero decir es que al margen de la calidad de la novela (que en mi opinión supera con mucho lo que espero de una lectura de tarde) resulta un poco forzada la decisión que toma el protagonista de llevar a cabo el mencionado planicidio -esta palabra me la acabo de inventar con total desvergüenza, de ahí la falta de rigor semántico- dejando la sensación de que todo lo que se nos cuenta va un poco a caballo de un golpe de efecto con el que se busca ser éxito de ventas, cuando el auténtico interés de la novela no está tanto ahí (en saber si sí o si no) como allí (en la relación creciente descendente de amor con tonta por el medio).

Pero no se arroben; que la historia vaya justa de credibilidad no quiere decir –excepcionalmente- que no me haya gustado. En absoluto. En realidad ocurre todo lo contrario. Es precisamente la poca exigencia de esa historia lo que me (nos) permite disfrutar de la novela sin la sensación de trascendencia que suele acompañar (o debería) cualquier otra lectura (a excepción de la propuesta por según quienes). Ésta es amena, divertida, breve; apuesta por un lenguaje rápido, dinámico e inteligente y sus 120 páginas nos garantizan además una tarde perfecta en el parque. Amelíe, no sé porqué, siempre me provoca los mismos pequeños brotes de satisfacción.



6 comentarios:

  1. No me puedo creer que coincidas con las críticas que sobre esta buena mujer he leído en ocasiones.
    Ni que decir tiene que he ido en su busca por las estanterías de este noble concello y no la he hallado. La buena noticia es que sé de un lugar donde además de tener excedentes de bares por acera, también tienen un enorme local repleto de libros para uso y disfrute del populacho. Está cerca de ese otro lugar donde te prestan el Códice Calixtino y no esperan que te lo devuelvan. Pero aquí son más profesionales y te siguen la pista, a ti y a sus libros.
    Es posible que en cuanto termine uno que me ha regalado un 'entendido' me ponga con algo de esta mujer.
    Sería increíble que acabáramos estando de acuerdo en algo referido a la literatura... increíble.
    Un bico

    Marieta

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  2. A esta yo me niego a comentarla. Libros sobre la anorexia. La espido freire gabacha.

    Venga, que pase el siguiente.

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  3. Estaremos más de acuerdo en cuanto empieces a hacerme caso. Y ojo con los entendidos, algunos se pasan de listos.

    Esta novela me parece una buena manera de empezar con la autora. No es que sea un experto pero yo lo hice así y luego me leí algunos más (tres o cuatro, no sé) y aunque nunca volvió a ser lo mismo (casi) nunca llego a decepcionarme. Tú por si acaso pregúntame antes de gastar los dineros.

    Sobre que me guste a mí: ya comenté alguna que otra vez que a mí Amelie me gusta mucho para leer entre libros diferentes, a modo de intermedio. Libros pequeños, ágiles y casi siempre divertidos. El problema es que cuando te has leído varios ya no recuerdas cuál era cuál salvo excepciones. Un día que me pille sin nada que hacer le hago un especial a la muchacha y los comento todos del tirón.

    Bicos,

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  4. Anónimo hombre, no sea cruel... pobre criatura, lo mal que lo pasó.

    Si usted pasa de Amelíe yo paso de Espido, que lo sepa.

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  5. Siguiendo con Böll, mucho progresaría la medicina si los médicos tomaran lo que recetan, estoy leyendo "Retrato de grupo con señora" y me parece que es su novela que más me gusta. Como si Henrieta, la hermana del payaso, tuviera un libro para ella sola. Aquí ya no hay denuncia de la hipocresía sino el despliegue de un mundo de mujer.

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  6. Hola Oveja.

    Bueno, esto de hablar de Böll en todas partes empieza a ser preocupante. 24 hora, vale?, sólo 24 horas y publicaré algo, lo que sea, con lo que tenga. Lo que me de tiempo a escribir. Lo digo porqué sospecho que será interesante y me da rabia tenerlo tan disperso por todas partes. Además estoy a 20 páginas de terminarlo ("Opiniones de un payaso") y así podré hablar con conocimiento de causa.

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