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viernes, 12 de septiembre de 2014

Defina “desconfianza”

Desconfianza” es esto:

El cinco de septiembre de 2014, dos días (¡dos!) después de haber salido a la venta Los huérfanos de Jorge Carrión, se publicó en Babelia —ya saben, el suplemento cultural más leído de este país— una reseña de la novela firmada por nada más y nada menos que Juan Goytisolo en la que asegura que «esta segunda novela de Carrión confirma los singulares dones y curiosidad sin límites de un autor cuyos logros están a la altura de su ambición», que es un poco lo mismo que no decir nada y quedar de puta madre.

La reseña, de ley es reconocerlo, invita a la lectura de la novela de marras, especialmente a todos aquellos amantes de la cosa apocalíptica, a pesar (o tal vez precisamente “gracias a”) de que ésta es poco más que un resumen de lo que nos vamos a encontrar así como un mapa de los personajes que la habitan. De hecho, el único argumento en favor de la calidad de la novela es esa frase tan extraña que les he dejado en el primer párrafo. El resto, es mucho de esto:

«Estamos en 2048, 13 años después del estallido de la Tercera Guerra Mundial que barrió del mapa ciudades enteras y envolvió la Tierra con una nube radioactiva de la que sobreviven una docena de personajes de la novela, refugiados en un búnker de Pekín bajo toneladas de hormigón armado y aislados del mundo por una compuerta metálica en la ignorancia de lo que ocurre fuera y de la existencia o no de otros supervivientes de la catástrofe».

Con todo, la sensación es que a Juan Goytisolo le ha gustado Los huérfanos y nosotros, pobres ignorantes ávidos de recomendaciones y recomendadores de cierto prestigio, nos lo creemos —nos lo queremos creer— a pies juntillas. A mí personalmente me falta tiempo para salir corriendo a comprarlo. Y lo digo medio en serio medio en broma.

Soy un hombre con buenas intenciones.

Si quisiera ser retorcido vería en la fe de errores de la reseña (donde se corregía al crítico, que tomaba por un hombre la que era una mujer) un prueba de que el susodicho no se había leído el libro, hecho este que, por otro lado, no sorprendería a nadie.

Pero aquí no somos así. Retorcidos, digo.

Ni falta que hace.

En realidad todas nuestras sospechas, toda nuestra desconfianza hacia esta reseña y por extensión a la calidad de esta novela tiene que ver con el hecho de que —tal como descubrí al descargarme las primeras páginasLos huérfanos está dedicado a (adivinen) Juan Goytisolo. Sí, exacto, el mismo que escribe la reseña y el mismo que cambia el sexo de uno de los personajes.

¿Qué hacemos, entonces? ¿Nos lo creemos o no nos lo creemos?

No, claro que no. De entrada (y de salida), desconfiamos: desconfiamos de una novela a la que Mondadori dio la patada (ya hablaremos de esto en su momento); desconfiamos de la reseña del escritor al que está dedicada y desconfiamos de un suplemento que permite que pasen estas cosas. Será por desconfiar.

Pero, para salir de dudas, nos la vamos a leer. 

Es lo bueno que tenemos aquí: que somos unos profesionales.