En honor a la verdad he de reconocer que no tengo absolutamente nada interesante que decir (no digamos ya “aportar”) pero tampoco quiero dejar pasar esta oportunidad que se me ofrece hoy de ser breve.
Vaya, pues, como crónica o advertencia, más que como un análisis que ni se merece ni me interesa.
Hoy la cosa va de autobiografiarse la infancia (tal vez algo más que la mera infancia, pero les recuerdo que he dejado el libro a medias, justo cuando llegaba lo mejor, seguramente): niña nacida en Texas tiene madre medio loca y padre medio cuentacuentos en tasca de barrio, actividad esta a la que se refiere la autora cuando habla de El club de los mentirosos: papá, tralará, contando historias, tralarí, de su pasado, tralará, y dejándolo todo perdido de mentiras e inexactitudes. Tracatrá.
Pues así mitad del medio libro que leí.
El otro medio es ella hablando de sí misma en relación con su madre, su hermana y la coja hija de puta esa que tiene por abuela, con diferencia lo mejor. Es todo uno salir la vieja del libro e irse todo a la mierda. Empezando por la madre, esa mujer hiperdramática a la par que enigmática que tras el inesperado trauma decide darse a la bebida (cuanto tu vida es un tópico, Mary Karrmen) y dejarse llevar no se sabe si por la depresión o simplemente la pereza. Lo que viene siendo vivir siempre en domingo pero con hijos a cargo.
Es asombrosa la facilidad con que la narración pasa de momentos absolutamente brillantes tanto de forma como de fondo (y eso pese a el exceso de memoria del que en todo momento hace gala la niñata, lo cual hace poco o nada creíble gran parte de la historia) a la mediocridad de secuencias absolutamente tediosas y absolutamente infumables y absolutamente banales tipo “un día de tornado” o “vamos a cruzar un puente y a ver si no chocamos porque mira qué borracha está mamá”.
Yo entiendo que si no te pasa nada digno de interés pues no te pasa nada digno de interés pero entonces Karrmenchu, ¡pa que te metes! Ni que fueras David Foster Wallace.
Ah, que casi.
Bueno, pues nada, tú misma.
El libro termina cuando yo lo dejo, esto es, camino de Colorado. O sea: ¡mudanza! Lo veo venir: esto le va a dar a la Mary para tres episodios y medio con: dos crisis existenciales de cinco minutos; enésimo cuento de papá sobre caza de especie local; paseo por estanque con muñeco de trapo y amago de suicidio colectivo sin consecuencias apreciables fuera de la caída de stock etílico del bar de la esquina.
Me parte el alma dejar un libro tan avanzado (qué me costaría, verdad, terminarlo) pero más alma me parte aburrirme soberanamente.
