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viernes, 7 de febrero de 2014

“La verdad en la ilusión” de Luis Antón de Olmet

Hoy toca reseña pequeña, minúscula, poco más que una simple mención. 

Este libro con forma de novelita pequeña es en realidad poco más que un cuento que la casi completamente desconocida Ginger Ape rescató no hace mucho del olvido (creo que una colección de relatos y ahora, por la razón que sea, por separado). Se ve que al bueno de Antón de Olmet un día le dio por imaginar cómo sería o cómo podría ser el mañana si las cosas acabasen saliendo del modo contrario al que él le gustaría. El resultado es esta pequeña “fábula moral” que, dicen o quieren creer, se adelanta al mundo feliz que años después dibujaría Huxley. Y bueno, para qué nos vamos a engañar, en según qué cosas, pues sí; en otras, pues no: 

«El sentimiento, la pasión, ya no existen en el mundo. Nuestros nervios, acuciados por la ciencia, ya no producen aquellas necesidades vanas que se decían amor, fidelidad… Entre nosotros el cariño es una fórmula social, un pacto, una disciplina, un egoísmo si así lo quiere usted. Nos amamos porque necesitamos los unos de los otros. En definitiva, sólo que poniendo los ojos en blanco y escribiendo leyes y madrigales, hacían ustedes igual. Nosotros, como desconocemos el amor, nos hemos ahorrado la familia.» 

Esto lo traduce Olmet en diversión cero, hecho a partir del cual construye ese mundo nada idílico donde el ocio no existe. No le interesa, a esa masa gris, la felicidad, a la que renuncia a favor del sentido enfermizamente práctico. Esto, al autor, lo mata, claro, porque, ¿dónde quedan las tabernas, los casinos, las gitanillas? ¿Dónde los toros, las grandes cenas? ¿Dónde la seducción? 

«Un ciudadano del siglo actual sabe que cuando los hombres eran bárbaros cortejaban a las mujeres, las perseguían, pillaban catarros bajo sus balcones, se casaban con ellas. Eso pertenece a un pasado pintoresco y lírico, realmente despreciable y ruin. Ahora, un hombre consciente sabe qué es una mujer, en qué consiste una mujer, la analiza, la ve en todas sus entrañas, en todas sus células. No puede amarla. Se limita a comprenderla.» 
«Ahora, las mujeres, fuera de que algunas se dejan embarazar estoicamente, sin deliquio, sacrificándose para que no desaparezca la especie, trabajan, estudian, inventan, descubren.» 

En definitiva, y por no llenar esto de innecesarias y aburridas citas, el mundo, parece creer Olmet, se volverá mortalmente aburrido si se pierden las buenas costumbres. Pero ojo, el cuento, lejos de tratar de adivinar por dónde irán los tiros, apuesta por tomárselo todo a cachondeo, ridiculizando todo aquello que no sea juega y vino. Básicamente. El resultado es una chorrada como un piano que tiene de gracioso lo que ponga uno de su parte. 

La anécdota curiosa, de haberla y por buscarle alguna bondad, estaría en esa herramienta que tan pocos pudieron ver y que Olmet comenta de pasada: el teléfono móvil, al que da poco más o menos función de mando a distancia: «Sacó un teléfono sin hilos de una faltriquera, habló con los aires, descendió un aeroplano hasta nuestros pies, subimos, y atravesamos el éter

Esto cuesta, en papel, seis euros, pero la editorial la ha puesto en formato digital al módico precio de cero euros siguiendo ESTE LINK. Incluye extenso prólogo (y cuando digo extenso me refiero a que ocupa medio libro) con información de la vida, obra y milagros del autor. Si sienten curiosidad, la pueden encontrar aquí: