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martes, 7 de enero de 2014

Reseña abandonada de “Bleak House Inn” VV.AA. (Edita Care Santos)

Navidad no va a ser siempre Raphael cantando villancicos. O al menos eso espero. Sin embargo no puede haber nada más navideño que Dickens, especialmente en el año dedicado al escritor. Por eso Care Santos, recopilatóloga oficial de Nevsky Prospects y sucedáneos, se hace un hueco en el mercado con este conjuntito de relatos escritos por amigos y vecinos y otras cosas del querer. 

La cuestión: diez cuentos más uno. El más uno, el once, es el de Care, que no es un cuento, en realidad, sino la suma de todos ellos: el chiste final. Moncho Borrajo tenía una actuación que consistía en hacer reír a la gente construyendo una historia con palabras que se les ocurrían a algunos espectadores. Con todas ellas y en menos tiempo del que tarda un gallo en cantar un estribillo, Borrajo construía un chiste sensacional que soltaba sin apenas tomar aire. Lo de Care es un poco lo mismo pero sin gracia. Me explico:

Los diez relatos son de cada padre y de cada madre. Los hay de humor, los hay de corte fantástico, los hay de terror, los hay homenaje, los hay… bueno, los hay de muchas clases pero atienden todos a una misma categoría: los hay mejores y los hay peores y los hay absolutamente prescindibles. Magistrales no, ninguno. Otra vez será. Pues bien, Care coge cada chiste y lo integra, con mayor o menor fortuna, en un cuento final compuesto por ella sola. Conciertito de flautín en lalalá menor. Tiene el mérito que tiene ir juntando todo, como un coche escoba, pero como cuento en sí mismo tiene el valor justito; ahora bien, quedas como una reina. Igualito que Borrajo. 

La impresión general (voy a pasar de ir desgranando cada relato) no es ni buena ni mala sino todo lo contrario, en todo caso. Si me obligan a tomar partido, me inclino por lo segundo. Y no es tanto que sean malos como que son prescindibles entendiendo prescindible como lo peor que le puede pasar a un cuento. 

Pero por aquello de que el recopilatorio es navideño y yo todavía conservo algo del espíritu de entonces voy a hablar bien de alguno. Por ejeeeemplo… el de Pilar Adón, “Nuevo libro de insectos”. Este lo leí un día que todo en mi vida eran gatos y mujeres con hijos (me coincidió con la lectura de “Glaciares” de Alexis M. que es el libro de una chica con un hijo y un gato escrito por una chica con un hijo y un gato). De Pilar me gusta la corrección pero me sobra exactamente lo mismo. Digamos que hay un momento en el que se echa de menos algo de naturalidad. Por lo demás bien, cuento de misterio con sótano, que lo mismo puede ser el de Bleak House como cualquier otro. 

A este respecto sí hay algo que decir: no me abandonó la sensación durante la lectura de todos y cada uno de los cuentos, de que la relación entre Bleak House, como edificio, era un tanto forzada. Esto es especialmente evidente en caso de Elena Medel (Eliza Grimwood) que escribe un bonito cuento sobre una relación de pareja que tiene de navideño o dickensiano lo que yo de crítico literario, por poner un ejemplo que entienda todo el mundo.

[Reseña abandonada en este momento exacto]
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(1) Entre las notas al post me encontré la intención de hablar un poco de cada relato. Se ve que en algún momento cambié de opinión. Bien por mí. El libro no merece tanta atención. En cualquier caso, por si les interesa, los cuentistas y sus chismes son los siguientes: 
1. Pilar Adón. Nuevo libro de Insectos 2. Elia Barceló. La tienda de Madame Chiang 3. Oscar Esquivias. La última víctima de Trafalgar 4. Marc Gual. Muerte de un soldado. 5. Cesar Mallorquí. Cuento de verano 6. Ismael Martinez Biurrum. A esta hora, todas las noches de tu vida 7. Elena Medel. Eliza Grimwood 8. Francesc Miralles. Charles Dickens ya no vive aquí 9. Daniel Sánchez Pardos. Una vida nueva 10. Mariam Womack. Luz de gas 11. Care Santos. El inimitable. 


viernes, 13 de septiembre de 2013

[Criticar por criticar] Aproximación a la rentrée vía El Cultural 13.09.13

Hoy tocaba reseña, pero después de los chorrocientos comentarios del post anterior me voy a regalar un par de días y este articulillo que irá de criticar por criticar el último suplemento de El Cultural, aprovechando que hoy todo en él es la hostia y sabiendo que no hay mejor novela que la última novela. Tómenlo como los anuncios de un intermedio pero olvídense de marcas blancas y otras mediocridades, aquí sólo hay anunciantes de primera división: Seix Barral, Alfaguara, Plaza & Janes, Anagrama... Bueno es El Cultural para eso.

* * * * * * * * 

Isaac Rosa, por ejemplo, que se lleva las cuatro primeras páginas del suplemento (las mismas que la semana pasada regalaron a Coetzee (la comparación es mía)). La articulista, Nuria Azancot, lo entrevista con motivo de la publicación de su última novela, “La habitación oscura”, un relato que, dice Rosa, tiene mucho que ver con “El vano ayer”, “El país del miedo” y sobre todo, “La mano invisible”. Muy bien, así nos aseguramos que la compre todo el mundo. Dos páginas de entrevista dejan otras dos para que Senabre se deje los huevos en la promoción. La frase final aspira a ser la faja de la segunda edición: “La habitación oscura será con seguridad una de las novelas más destacadas del presente año”. Y por esto no fuera suficiente: ¡la caballería! Aramburu recita entrecolumnadamente: “A veces […] asoma el hacha que rompe el hielo interior y entonces la calidad y fuerza del libro leído me libera del vicio profesional. Llegan la fascinación, el abandono al disfrute, las intensas reflexiones suscitadas por la lectura. Enhorabuena a Isaac Rosa por su gran novela.” Esta va a ser la novela de mes. Sí o sí. No hay escapatoria. Léanla o mueran.

Care Santos reseña “Hijos apócrifos”, la novela de Victor Balcells Matas, (se ve que a Care le gustan jovencitos, ñam, ñam), un viejo conocido de este blog. Según ella “la novela es muy ambiciosa”, que de todos los tópicos es el peor. Termina la reseña (el resumen de la novela, en realidad, porque esto es lo único que realmente hace) del modo más neutro posible: ni pa ti ni pa mí ni pa nadie: “Apunta alto y en ocasiones da de lleno en el blanco. En otras, se hace prolija y redundante en exceso. He aquí una estupenda primera novela. Demasiado buena para no esperar de su autor mucho más.” Que no le gustó, vaya, pero que tampoco se atreve a decirlo.

Laura Fernández apuesta, como es habitual, por los lugares comunes, (por algo es periodista) en este caso ¡la bomba de relojería!, que es una expresión que ya hacía por lo menos dos meses que no escuchaba. La muchacha reseña “Calle Berlín, 109”, la apuesta noir de Susana Vallejo para Plaza & Janés. Vean: "Pero la historia de Susana Vallejo no es un mero ejercicio de voyeurismo literario (y criminal), pues ambiciona la recreación de un momento, el presente, en un lugar, la Barcelona del Ensanche, que es en realidad la verdadera protagonista de la novela, el motor de una historia que funciona como una auténtica bomba de relojería." La crítica establece paralelismos con “La comunidad”, de Alex de la Iglesia, y “La ventana indiscreta” de Hitchcock. Ahí es nada. Si con eso no pican, no picarán con nada.

Sanz Villanueva se las ve y se las desea para recomendar una novela sobre la postguerra: “El arranque de Los ingenuos [Manuel Longares, Galaxia Gutenberg] está concebido con una malicia que supone un reto para  el lector apresurado.” O lo que es lo mismo: que el comienzo es un auténtico coñazo. “Buen número de páginas despiden inconfundible aroma costumbrista. Encontramos una familia menesterosa en una destartalada y gélida portería del centro menestral de Madrid. La España miserable de los años 40, el fanatismo, las privaciones y negocietes turbios de entonces tienen trazas de testimonio documental, aunque algún disparate, excentricidad o exageración, apunta a un tipo de realismo diferente.” ¿Qué tal? ¿Emocionados? Claro. Si con esto no se les ha hecho la boca agua, benditos sean Yo esta me la voy a saltar porque así de entrada parece la novela más bien orientada a los incombustibles fans de Cuéntame. 

Joaquín Marco reseña la última de Vargas Llosa, “El héroe discreto” (Alfaguara), una semana después de que tanto ABC como Babelia le hubiesen dedicado sus portadas. Excusaba hacerlo, Joaquín, pues a estas alturas ya sabemos todos que este es, junto con el de Coetzee y el de Rosa, uno de los tres libros que todo el mundo va a leer. A Coetzee le tocará llevarse los palos, por extranjero y para demostrar que la crítica se limpia el culo con los premios Nobel. Joaquín dedica, atentos, algo más de 700 palabras de un total de 970 a contarnos argumento y estructura, así como detalles de ambos. El resto es una ovación contenida un rato y otro, el final, no: “La nueva novela del incansable premio Nobel no defraudará a sus lectores y a quienes quieran sumárseles. No es exactamente una novela de tesis y está lejos de sus primeras obras. Se trata de una gran broma barroca que intenta demostrar el papel del azar en la vida o las complejidades que puede depararnos el azar.

Bernabé Sarabia reseña el ensayo perdedor (también llamado finalista) del premio Anagrama: “Librerías” de Jordi (o Jorge, nunca sé) Carrión. Dice Sarabia que “el autor utiliza más bien las librerías como un argumento literario que va desenvolviendo la historia”. Se estarán preguntando cuál es la historia y porqué esto no es una novela. No sean malos, ya saben que hace tiempo que hemos fundido las fronteras entre ensayo, novela, relatos y microcosas. Ahora todo es Literatura y ya. Retomando, la historia es esta: “Desde la Librería del Pensativo en 1998 hasta los primeros meses de 2013, Jorge Carrión narra en primera persona sus encuentros con las librerías y va dando cuenta de sus peculiaridades culturales, de sus espacios, de su manera de facilitar la lectura a los clientes y de la propia arquitectura del local.” Es decir, que las librerías se utilizan como argumento literario para hablar de las librerías, lo cual, viendo el percal, es todo un avance. Ya sólo por esto muero por leerlo.

Ignacio Echevarría se va a poner tetas. Qué cosas. El título de su artículo de esta semana hace referencia a lo que dijo Pedro Lemebel cuando le concedieron el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2013, dotado con 50.000 dólares: “Me voy a poner tetas”. La cosa de Echevarría hoy va de ensalzar la figura de Lemebel: “En la escena literaria española no hay ni ha habido equivalente alguno a la figura de Lemebel.” No lo hay, dice, ni desde el punto de vista de su orientación y militancia sexual, ni desde su estrategia literaria, ni desde su posicionamiento político. Bueno, nada, todo muy pesado. En definitiva, que editen y lean ustedes a Lemebel y se dejen de tonterías. Yo voy a ver si lo encuentro pirata por ahí.

Y ya no me apetece seguir escribiendo. Me voy a ver una película.


martes, 22 de enero de 2013

De planetas, planetoides y marcianadas

“Ahora, pasado el tiempo, no espero nada de las novelas que publico, salvo haberme divertido escribiéndolas”.  Care Santos 
Habitaciones cerradas es mi novela más ambiciosa. Para mí, hay un antes y un después de esta historia. Sólo espero que a mis lectores les ocurra lo mismo”.  Care Santos 


Cuando la noche del premio Planeta vi subir a Mara Torres (Madrid, 1974) al escenario y recoger su premio finalista, pensé que iban a vapulearla sin siquiera abrir el libro. Me equivoqué. Algunos la vapulean también después de leer el libro”. Así empieza Santa Care Santos la reseña (publicada el 21 de diciembre en El Cultural) de La vida imaginaria, la novela finalista del premio Planeta de este año. Es una reseña que, no podía ser de otro modo, trata de salvarle el pellejo a la escritora, que a primera vista parece que le hace buena falta. No es difícil suponer que al decir “algunos la vapulean” Care se refiere a la crítica que Ana “Maléfica” Rodríguez Fischer hace del mismo libro (Babelia 17/11/12) y en el que destroza, literalmente, la cosa esa que parece que escribió Mara Torres. 

Y cuando digo destroza, quiero decir destroza. Quiero decir esto: “una novela zafia y sosa, de una complacencia tan elemental como sonrojante”. Y más: “Sin el menor sentido de la oralidad y el coloquialismo […], la confidencia queda drásticamente rebajada a intercambio cansino de banalidades y lugares comunes que en conjunto hacen que esta novela tenga el estilo y el ambiente de peluquería (rancia)”. 

Pero vayamos por partes. 

Si es harto complicado hablar de un premio planeta sin caer en el sadismo no digamos ya de un finalista. Quedar finalista no supone sólo aceptar (sea o no verdad) que escribes peor que tu contrincante sino que además eres menos comercial. Extraña que no haya un volumen considerable de suicidios entre los finalistas del Planeta. Será que se gastan la pasta en psicoanalistas. 

En esta pelea en el barro del mundillo literario tan desigual entre Care y Ana (me van a disculpar el tuteo) lleva todas las de perder la que está más a la derecha y esto así porque una cosa es defender lo indefendible (a pesar de ese algo heroico que tiene el suicidio) y otra pegarle al masoquismo como otros le dan a la botella. Es el caso. 

Cómo salvar una novela. 

Lo primero que hay que hacer para salvar una novela es dar a entender que se la ha leído mucha gente. Muchísima gente. Del tipo que sea, da igual (no vamos a pedir, como hace Senabre, lectores expertos en algo); la única condición es que sean muchos. Que sean legión. Pues bien, según esta crítica “ya hay miles de lectores rendidos a los encantos de la novela”. Miles de lectores. Miles, repito. Rendidos. A los encantos de la novela. Los imagino, a todos, terminada la lectura, orgasmando una y otra vez, una y otra vez, de puro fascinados. Los más románticos lo harán en el silencio de un suspiro, pero serán los menos; en general hay, en estas cosas del querer, una tendencia al grito y al exhibicionismo más propio de las bestias salvajes que de blogueras contenidas. 




martes, 15 de enero de 2013

Editoras oportunistas, homenajes navideños


2011 

En octubre de 2011, y [es de suponer que] aprovechando que el año Ruso llega a su fin, se publicó en la editorial Nevsky Prospects, especializada en la cosa rusa, un recopilatorio de relatos llamado “Rusia Imaginada” que venía a ser algo así como una colección de relatos de más o menos grandes escritores tipo Care Santos, Oscar Esquivias, Pilar Adón (escritora y editora de Impedimenta) y Marian Womack (editora de Nevsky Prospects) entre otros. Lo editaba Care Santos. 

Pues bien, de este recopilatorio me interesa sobre todo como ejemplo del oportunismo de publicar algo tan ruso en un año tan ruso en una editorial tan rusa. Mención aparte el interés que suscitan unos relatos que plantean un acercamiento a la realidad rusa sin ideas preconcebidas, o lo que es lo mismo, escribir sobre Rusia aunque no se tenga ni pajolera idea. Cualquier excusa para hacerse el ruso es buena. Si total sólo es por aparentar y la verosimilitud, si acaso importa, visitando el Google Maps y leyendo un cuento de Tolstoi se arregla en cinco minutos. 

2012 

En noviembre de 2012, y [es de suponer que] aprovechando que el año Dickens llega a su fin, se publicó en la editorial Nevsky Prospects, especializada en la cosa rusa, un recopilatorio de relatos llamado Bleak house Inn que venía a ser algo así como una colección de relatos de más o menos grandes escritores tipo Care Santos, Oscar Esquivias, Pilar Adón (escritora y editora de Impedimenta) y Marian Womack (editora de Nevsky Prospects) entre otros. Lo editaba Care Santos. 

¿Les suena el párrafo anterior? Bien, esa es la idea. 

Al igual que antes, tampoco en esta ocasión me interesan tanto hablar sobre esa costumbre de unos pocos de juntar a cuatro conocidos y aprovechar su supuesto prestigio para fingirse editor como destacar el oportunismo de hablar de algo tan Dickens como son unos relatos-homenaje a Bleak House (“Casa Desolada”) aunque sea en una editorial tan rusa como Nevsky Prospects. Demuestra cierta gente una querencia por el homenaje digna de admiración. Admiración y suspicacia. 

El blog latormentaenunvaso.blogspot.com.es, gestionado con brazo de gelatina por (adivinen) la siempre estupenda Care Santos (a la sazón también editora de los mencionados libros), hace gala de un buenismo en sus críticas literarias que roza lo vomitivo. Se tiende a lo goloso, digamos, y al exceso de azúcar en sangre. Pues bien, el 24 de diciembre, apenas un mes después de la publicación de Bleak House Inn, el mismo blog (su blog) recoge una crítica escrita por un tal Arcardio García que no tiene desperdicio. De la labor crítica de Care Santos hablaremos pronto. Prontísimo. Arcadio García no tendrá tanta suerte. Le toca hoy. A él y a Pepe. Pepe Rodriguez, quiero decir. Sí, a mí tampoco me suena. Sonaba.