MIEDO A UN CLUB FEMINISTA
Me van a perdonar la introducción, pero no quiero evitarla. Verán, me metieron el otro día en un berenjenal. Un berenjenal pequeñito, no se crean. Carmen G. de la Cueva, militante profesional y tutoranda de talleres feministas de lectura, se indignaba con motivo de algunos comentarios que servidor había dejado caer en la reseña de Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout. «El machismo sale a borbotones de este post de Tongoy», decía, ella, soliviantada. En aquel post, yo, es verdad, insinué, medio en broma medio en serio o, dicho de otro modo, con todo el humor que me permiten temas de semejante transcendencia, que había un tendencia, por parte de algunas mujeres, a hacer buenos según qué libros (muchos libros, casi todos los libros) por la única razón de haber sido escritos por otras mujeres. Esto sería un poco lo de dar por bueno, en un bar de carretera, todo lo que escriba, no sé, Dan Brown, únicamente tener pene.
«Pensé que podrían criticarme por muchísimas cosas, pero nunca por hacer que la gente lea. [Ingenuidad máxima] Y sí, que lea libros escritos por mujeres ya que al señor Tongoy le cuesta tanto terminar cualquiera que haya escrito una mujer. Por poner dos ejemplos según sus últimas reseñas/ posts en el FB: "Las chicas" de Emma Cline o "Hermano de hielo" de Alicia Kopf al que compara con Marie Claire.
Yo no sé qué quieres que te diga, amigo, creo que soy bastante libre como para decir si un libro me gusta o no en mi muro de FB [todavía no lo había leído] y los demás son igualmente libres para que el libro no les guste, pero no me parece bien que ridiculices los libros que escriben las mujeres y a las mujeres que los leen. Al final, estás haciendo lo mismo que se lleva haciendo durante siglos: llamarnos histéricas, fanáticas, chillonas porque, en este caso, recomendamos con entusiasmo un libro, ¿no es esa una forma de silenciarnos? ¿de quitarnos autoridad?»
Y no, claro que no le quito autoridad. No hace falta; ya solita ella se la quita cuando asegura que no le parece bien ridiculizar los libros que escriben otras mujeres, como si las mujeres no pudiesen escribir basura. O cuando afirma que al señor Tongoy, servidor, le cuesta mucho (tanto) terminar cualquier libro escrito por una mujer cuando aquí lo que nos gusta es defenestrar, cuantos más géneros mejor. ¿Cuándo le hemos hecho ascos a nadie? Ya lo que nos faltaba era ponernos tiquismiquis con la cuestión sexual. Un poquito de por favor.
Y termina el discurso viniéndose arriba, a grito pelado y con el puño en alto, creyendo que lo suyo es el no va más: «¿POR QUÉ LE TEMES TANTO A UN CLUB DE LECTURA FEMINISTA?»
Angelito.
RESEÑA
El caso es que hoy quiero hablarles, desde el machismo más recalcitrante, inevitablemente, de un libro escrito, que ya es casualidad también, por otra mujer. Concretamente uno de los que nombra Carmen en su diatriba. Se trata de Hermano de hielo de Alicia Kopf, que se me acusa de comparar con Marie Claire. Dejen que se lo aclare: lo que yo dije, en su momento, fue lo siguiente: «El instante exacto en el que una novela se convierte en un artículo de Marie Claire y a uno le pierde el poco respeto que le quedaba». Se acompañaba la sentencia de la fotografía de página en la que Kopf hace una relación de todas las variantes negativas de regalo que se le ocurrían: regalo-envenenado, regalo-pongo, regalo-traición, y algunos más. Y esto sí es Marie Claire total, se pongan como se pongan la liga de la justicia y sus secuazas.
Todo el libro (y cuando digo todo quiero decir todo) es un poco Wikipedia y otro poco yo y mis circunstancias: el diario de una niña que se hace mayor y nos lo viene a contar. El libro se estructura en tres partes bien diferenciadas:
Primera parte: a Alicia Kopf le fascina el hielo y por extensión los polos (norte, sur, de naranja y de limón). Esto se traduce en una suerte de breves artículos sobre exploradores árticos, sus relaciones, sus aventuras, sus odios, sus errores, sus aciertos. Se acompaña de fotografías, extractos de periódicos, se citan fuentes. Algunos a esto lo llaman ensayo pero está claro que hay gente para todo. Esta primera parte es, sin lugar a dudas, la mejor y más entretenida, no sólo porque parece que la novela sí conduce a alguna parte (a ratos incluye fragmentos, aunque pocos, autobiográficos) sino porque toda aventura, a poco que el narrador sea medianamente solvente, crea adicción y suscita interés.
La segunda parte se olvida prácticamente por completo de todo esto (en la página 139 repite lo que había contado en la 51 y siguientes) y se centra única y exclusivamente en el pasado de Alicia Kopf, su pasado más reciente. Ires y devenires en formato blog (breves episodios autoconclusivos) de una niña que quiere ser artista. Lo es. El arte es su vida y a él se consagra en la medida de sus posibilidades. Vende cosillas, la exponen, la premian. Se va al extranjero. Se vende bien, esta chica, así, en general. Se acompaña, es parte, de reflexiones varias sobre temas variados tipo la familia, el amor, la soledad, las redes sociales: me gusta ese chico, le agrego en face, le doy me gustas compulsivamente, él a mí no, no le gusto, ay, ay. Y así.
Leyendo a esta chica se alcanzas nuevas cotas de aburrición.
Vaya por delante que yo a Alicia Kopf no la conocía de nada. Me dicen que por Barcelona es lolastdelolast. Yo no sé, cualquiera se fía. Cuando saqué el libro de la biblioteca lo hice creyendo (creencia que se basaba en el nombre, la foto de la solapa y esa referencia al frío) que se trataba de una noruega de ascendencia judía. No me digan que no hubiera sido mucho mejor que darse de bruces con la cruda autoficción de patetismo más absoluto. Sirva como ejemplo que en un momento equis, durante un enfrentamiento generacional, a la madre se le escapa la palabra superdotada. Así, como sin querer: ups, llevaba treinta años ocultándolo y mira tú que me va a escapar hoy. Alicia no duda ni un segundo: esto va para la novela: sinceridad máxima: para lo bueno y para lo malo: si la gente ha de saberme genial, sea. Lo llevaré con dignidad.
«Ah, y M [su hermano, de hielo] es discapacitado, por si no lo recuerdas, y eso lo sufro cada día desde hace cuarenta años y no me quejo. Y a ti a los seis te dijeron que eras superdotada. —Estupefacción, eso es nuevo—. ¿Y te parece poco para esta vida? ¿Te parece poco? Y unos padres que te quieren pero no son perfectos».
Esto, claro, explica muchas cosas. Explica, por ejemplo, que una escritora que no tiene absolutamente nada que aportar y que, de hecho, no aporta absolutamente nada a la literatura toda vez que su libro es puro tedio y engreimiento, encadene fragmentos de un pasado que sólo destaca (que sólo es destacado por ella, eso sí, desde esa humildad ejemplarizante) por la consecución de no sé qué premio y una supuesta arrolladora personalidad que no acaba de creerse nadie.
Me gustaría, de verdad que me gustaría, que alguien me explicase cuál exactamente el valor de esta segunda parte, la única que puede ser tenida en cuenta toda vez que la primera es la novela de aventuras que otros escribieron y la tercera un viaje turístico a Islandia que más tarde, en la presentación de los libros, se venderá como un ejemplo del arrebatado espíritu documental de la escritora.
Por ego que no quede.
Conste que puedo entenderlo. Su mera existencia, digo. En su momento, Alicia Kopf, autoconsiderada «Artista y escritora. Trabajo especialmente en formatos híbridos entre lo literario y lo expositivo» se hizo un Verkami a medida para publicar una colección de relatos que, se ve, va camino de ser la única manera de vender libros de relatos en este país. Pidió 2.500 euros. Recogió 2.668. A esto ahora se le llama tener éxito. Y encima le sobró pasta para cenar. Sabido es que a poco que te apoyes en las redes y pongas cara de artista conceptual, ya tienes alphadecay para rato. Pues tal cual. Tras su publicación en catalán y viendo que aquello rompía la pana, a la editorial de Ana S. Pareja le faltó tiempo para hacerse con los derechos de esto que hoy nos ocupa y que no es otra que cosa que otra de esas vacuas moderneces a las que nos tiene acostumbrados.
Pero volvamos a la novela o no acabaremos nunca.
La tercera parte es la más breve y trata, ya lo he dicho, sobre Alicia en el país de las estalactitas, esto es, la Kopf viajando a Islandia. Que qué bonita y tal y yo qué atrevida que voy a lugares desaconsejados y prácticamente secretos porque tengo un hermano autista y además esto me va a venir genial para el cutis. Y que si la piedra no vale para hacer museos, que si es casi todo glaciar y no sé qué manía de dejarlo todo perdido de wikidatos y reflexiones de Perogrullo:
«Excursión organizada. Salimos a las ocho de la mañana en bus. La guía, una señora islandesa, seca y vivaz de unos sesenta años, toma el altavoz, se presente y después de un par de bromas sarcásticas para calentar el ambiente empieza a informarnos: «Islandia está situada entre dos placas tectónicas, la del continente americano y la del continente europeo. Las placas se mueven a causa de la deriva continental y provocan una separación anual de la falla central de dos centímetros y medio aproximadamente… El volcán Snaefells, la entrada al centro de la tierra según Verne, está activo, y se espera que vuelva a entrar en erupción dentro de doscientos cincuenta años… La energía geotérmica que abastece la isla…». Eso me hace pensar que se puede extraer energía de estar instalado en una zona de inestabilidad. Como la perpetua necesidad de construir sentido de los que se encuentran en situaciones de fricción continua con el mundo. Sigo tomando nota: «El tipo de roca que abunda en la isla se forma cuando la tierra entra en contacto con el hielo. Es una roca blanda, joven, con la que no se puede construir. Entre las dos placas tectónica de los continentes visitamos la falla que los separa en el valle de Thingvallavatn. El nombre de este valle surge de la yuxtaposición de los términos thing (‘asamblea’) y vellir (‘valle’ o ‘llano’), y en él los habitantes islandeses instituyeron uno de los primeros parlamentos del mundo».
Y así todo hasta el final. No bromeo. Muchos a esto lo llaman LITERATURA y a Kopf, joven promesa. Promesa de qué, me pregunto, si se puede saber. ¿De lo que ya hemos visto QUE NO? Pues vaya.
Pero hacia esto vamos, no les quepa duda. Este es el nivel y no tiene pinta de mejorar. Por eso, cuando ya todo sea un páramo desolado y nada más que podamos recurrir a los clásicos en busca de consuelo, recuerden que fueron ustedes, con sus clubs de lecturas feministas y sus apoyos incondicionales a la nueva narrativa de arte y ensayo, quienes lo hicieron posible.
Pena de país.
