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martes, 8 de noviembre de 2011

“Sobre el teatro: artículos y cartas” de Antón P. Chéjov



“Se ha descubierto el remedio contra los críticos molestos. Si un crítico le elogia, preséntese e invítelo a cenar en Casa Velde; por el contrario, si le increpa, rómpale la cara. En definitiva, retribuya sus méritos y castigue sus vicios, sin desestimar inocentes recursos como el cogotazo o el rodillazo”. (Anton Chéjov) 



Antes de empezar les prevengo: esto va a ser un poco aburrido. Va de Chéjov, de teatro… esas cosas. Lo digo por si prefieren saltársela y evitarse la innecesaria agonía. Ustedes verán. 

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El cuerpo me pide contarles con todo lujo de detalles cómo llegué a este libro pero soy consciente de que los relatos de este tipo que a uno le parecen tan apasionantes (es un decir) a los demás les resultan por lo general bastante tediosos cuando no directamente insufribles y de ahí que no vaya a ser más que un mero apunte dentro de la reseña. Si es que tampoco tiene nada de especial. Lo descubrí por casualidad en el catálogo de Libros del Silencio. Mi única experiencia con el teatro de Chéjov había sido un completo desastre. Animado por la amistad había leído sin demasiado entusiasmo y muchas prisas “El jardín de los cerezos” que directamente debo confesar que no sólo no me dijo nada sino que me espantó de mi propósito inicial de hacerme un recorrido mayor por este tipo de teatro o por el teatro de este tipo. El caso es que como era de esperar hubo quien me llamó la atención; me vino a decir que debía leer más despacio: aprender a leer teatro (grosso modo esto): educarme. Por el bien de ustedes me saltaré ahora las escenas gratuitas de sexo para seguir en el momento en que creí que este libro podía ser una buena manera de acercarme a la obra de Chéjov sin tener que volver a pasar por el mal trago de regresar a los cerezos de marras. Y efectivamente, así fue; no sólo me reconcilió con Chéjov (definitivamente, además) sino me ha permitido disfrutar de una de las mejores y más gratificantes lecturas del año (y estoy haciendo la comparación con un volumen considerable de ellas.) 

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Sobre el teatro: artículos y cartas” es exactamente lo que parece: una cuidada y en apariencia (me tengo que fiar de la intuición) más que acertada selección de artículos y cartas -o extractos de cartas- de aquello que él escribió y tenía que ver única y exclusivamente con el teatro. Eso no quiere decir que no mencione de vez en cuando y muy de pasada cosas que tienen más que ver con los relatos aunque esto en realidad  ocurra para explicar el mejor modo de crear un personaje, resaltar los defectos o proponer trucos narrativos que puedan tener utilidad dentro y  fuera del escenario.

Ahora podría aburrirles con el casi medio centenar de párrafos que fui destacando durante la lectura y disertar sobre ellos hasta la extenuación -me encantaría- pero saldría un texto más largo que el propio libro y ninguno queremos eso. Para evitar hacernos daño mutuamente lo vamos a dejar en un par de apuntes que sirvan para dar una idea general del contenido. El primero tuvo lugar al comienzo, durante el prólogo de Lluis Pascual, cuando éste confiesa que había en sus primeras lecturas del teatro de Chéjov algo que se le escapaba. “Me parecía no entenderlo”, confiesa, “y por supuesto no lo entendía. En realidad no me di cuenta de su grandeza hasta que estuve dentro, hasta que en el Teatre Lliure, prácticamente al empezar, nos atrevimos con una obra maestra como Las tres hermanas”. Por lo que se ve esto de no sólo nos ocurre a mí (lo cual es un consuelo) o al amigo Pascual sino también -agárrense- al propio Chéjov. Vean lo que dice en un momento determinado: “Por lo general no entiendo las obras que no veo representadas y por eso no me gustan, pero leeré “El judío” con atención, supliré el escenario con la imaginación y quizás saque algo en claro de la lectura” (Pág.359). Y es que no se lo creerán, pero Chéjov odiaba (o eso decía) el teatro.

El libro gira un poco en torno a esa idea: que el teatro teatro es y que la correcta interpretación del texto pasa por su representación lo cual no quiere decir ni remotamente que podamos arreglarlo con un par de sesiones. Lo cierto es que si algo me ha quedado claro es que debe ser dificilísimo (por no decir imposible) dar con una obra que recoja exactamente lo que el escritor quería transmitir. Sus cartas (impagables todas ellas) recogen multitud de quejas, protestas y aclaraciones acerca de cómo deben o deberían ser los personajes, los actores, sus matices, las inflexiones de su voz… todo, hasta el menor de los detalles. No le servía cualquier actor para cualquier papel ya que había muchos que por los vicios adquiridos en su trayectoria artística no daban el perfil adecuado. Chéjov no parece contentarse nunca con nada y resulta más divertido cuanto más crítico se vuelve (“El señor Ivánov-Kozelski se pasa el primer acto gimoteando. Hamlet no sabía gimotear. Las lágrimas de los hombres son caras, y las de Hamlet no digamos.” (Pág.43)) aunque para darse una idea de hasta dónde es capaz de llegar nada mejor que repasar la primera parte, aquella que recoge algunas (pocas, en mi opinión) críticas a las obras de otros y en las que además de despiadado resulta tremendamente divertido. 

“Los actores no lo entienden, dicen tonterías, no escogen el papel que les conviene, y me peleo porque creo que, si la obra no se monta con la distribución de papeles que yo he hecho, será un fracaso total. Si no la hacen tal como yo quiero, habrá que retirarla para evitar la vergüenza. En general, la situación es molesta y muy desagradable. De haberlo sabido, no me habría metido en esto.” 



La traducción de todo esto es que no sé hasta qué punto es acertado (entendiendo esto como “suficiente") LEER a Chéjov. Y lo que es peor: tampoco puedo (sabiendo ahora lo que sé) conformarme con su representación. Es decir, que no tengo la más remota idea de sí algún día seré capaz de interpretar correctamente sus obras de teatro pero lo que sí tengo claro es que de volver a intentarlo tendrá que ser utilizando este libro como manual de lectura (lo cual es todo un cumplido porque yo no me compro cualquier libro y este encabeza la lista).


lunes, 5 de septiembre de 2011

"Chéjov Comentado" Edición de Sergi Bellver



“Pero tú lo sabes, ma chére: esta bola terrestre no es un buen lugar para un artista. El mundo es extenso y nos concede variados frutos, pero no es un lugar para que un escritor exista en él. Un escritor es un huérfano eterno, un exiliado, una cabeza de turco, un niño sin protección. Divido la humanidad en dos partes: los escritores y los que los envidian. Los primeros escriben, y los segundos se mueren de envidia, y construyen trampas de lo más variadas para los primeros. He sido destruido, de continuo se me destruye, y siempre seré destruido por las personas que envidian. Destruyen mi vida. Ellos han reunido en sus manos todos los instrumentos del oficio de escritor, se llaman a sí mismos “editores”, “críticos”, y con toda su fuerza intentan destruir a nuestros hermanos. ¡Malditos sean!” Antón Chéjov, viéndolo venir. 



EL PRÓLOGO Y LA EDICIÓN 

El prólogo ya no lo recuerdo porque lo leí hace demasiado tiempo pero supongo que bien. Lo leí a toro pasado porque a toro por venir me aburría y yo pocas veces me aburro por placer. Además tampoco soy mucho de reseñar prólogos que no me cambian la vida, que los hay. Ni siquiera sé porque estoy hablando de él, la verdad, quizá porque la edición es tanto de Sergi Bellver que da rabia no mencionarlo. En cambio la edición sí. Lo he dicho por activa, por pasiva y por refleja: fue un amor a primera vista desde el minuto cero. Yo quiero que mi biografía la edite Nevsky Prospects aunque tenga que acampar de por vida a las puertas del consulado ruso.


LOS CUENTOS 

(Miren, les voy a decir la verdad: me he quedado sin parné y el tío que me escribía las reseñas se ha largado a la vendimia harto ya de adelantarme el sueldo miserable que no le pagaba. Hasta que encuentre otro igual de pardillo voy a tener que ocuparme personalmente de esta reseña y lo cierto es que no sé por dónde empezar. Me falta experiencia; deberán disculparme. Se me ha ocurrido que una buena manera de escurrir el bulto sería resumir cada cuento. ¿Cómo lo ven? Lo hacen por ahí y da bastante el pego. Demuestra como poco que te lo has leído, que ya no está mal en los tiempos que corren. Seguramente quedará un poco largo pero se los pueden saltar, tiene mi bendición. Al final, como siempre, las conclusiones.)

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Las bellas. Comentado por Luis Alberto de Cuenca. 

El cuento, bien. Va sobre dos beldades que aturullan hasta la imbecilidad al protagonista, siendo un niño la primera vez y adolescente la segunda. El comentario de Luis Alberto de Cuenca, flojo. Arranca citando la Eneida, con eso les digo todo. Yo un día voy a arrancar un post sobre Dosto citando a Descartes. Verán que flipe. El resto (del coment de Cuenca) es repetir lo que dice Chéjov y alabar su buen hacer a la hora de expresar lo que provoca en un joven la belleza despampanante, que es tristeza, fundamentalmente. 


El misterio. Comentado por Ignacio Ferrando. 

El comentario que escribe este señor es más largo que el propio cuento. Y digo yo que eso debería estar prohibido, no? Fediukov, el  protagonista, doy por hecho que ya ha sido subido a los altares de las grandes creaciones chejovianas. Y si no, pues lo subo yo. El cuento pudiese haber sido magnífico de no ser por ese momento de fe ciega en lo sobrenatural a la que sucumbe un escéptico y que yo no me acabo de tragar. Lo paso porque es un cuento pero esto merecía algo más de desarrollo. El comentario de Ignacio Ferrando me ha gustado mucho también. Está magníficamente introducido y desarrollado y saca a luz detalles que pasan desapercibidos en una primera lectura. Esto es, que es un comentario que hace de comentario. Como aquellas tertulias de Garci que hacían dormir pero en ameno. 


Casa con Mezzania. Historia de un artista. Comentado por Eloy Tizón. 

Zhenia y Lida son dos hermanas que viven con su madre en una casa de campo. Todo muy bucólico pastoril, ya ven. El protagonista quiere mojar con la mayor, se le nota, pero ella no se deja y él se conforma con la pequeña, que tampoco, pero por lo menos lo ama con amor de niña y promesas de futuro. Esto lo interpreto yo, en realidad el cuento es muy diferente. Al final ninguno con ninguno; así no hay discusión posible ni celos ni nada. El comentario no debía ser muy bueno porque ya no lo recuerdo. A partir de este me pasó con casi todos.


Quiero dormir. Comentado por Eduardo Halfón 

Este cuento es heavy metal. Va de una tipa, chacha de profesión, que quiere dormir y un lactante no la deja. El cuento va de lo que hace la muchacha que es ir del sueño a la ensoñación y de la ensoñación a la fantasía y luego otra vez al llanto desconsolado de la criatura. Finalmente la criatura deja de llorar, ya se lo adelanto, pero maldita la gracia. Confirmo que a estas alturas empecé a pasar de los comentarios por razones puramente egoístas, cómo todas las que me mueven, por otro lado.


El hombre enfundado. Comentado por Salvador Luis. 

Este no lo acabé. Aburrridíiiiisimo. Mortalmente, además. Aún me supuran las heridas. 


El violín de Rothschild. Comentado por Marta Rebón. 

“Yakov es un enterrador que toca el violín en una orquesta en sus ratos libres y que acaba entregando su alma. Un mal bicho”. Este es el resumen que hice sobre la marcha y hoy un mes después lo recuerdo medianamente bien, de lo que se deduce que no debe ser tan aburrido como aparenta. No se lo voy a contar; alguno se tendrán que leer, digo yo. 


En Moscú. Comentado por Oscar Esquivias. 

El mejor. Brillante. Un paseo por Moscú. Así de sencillo, así de genial: “¡Prefiero tu amistad! Pero yo le dije que la amistad no era suficiente… A continuación me apuntó con el dedo con coquetería y dijo: “Muy bien! Te amaré, pero con la condición de que sea una relación con libertad absoluta”. Y cuando la tomé en mis brazos susurró: “Vamos a pelearnos mucho…”. Qué bello. Saca lo mejor de mí. No tengo nada más que añadir, salvo lamentarme: debí fotocopiarlo; me hubiese gustado releerlo. Y pensar que yo que me metí en esto para sacar libros gratis y nada, leches, ni saliendo en El Cultural... Ando yo ahí con mis fotocopias... Qué cutre, señor, con lo que yo he sido...


Tristeza. Comentado por Víctor García Antón. 

Este cuento se llama Tristeza pero lo mismo podía haberse llamado Soledad. Va de un cochero que trabaja en la noche en el invierno siberiano, además se le ha muerto un hijo y excepto a Chéjov a nadie le importa un rábano lo uno ni lo otro. Para que luego se quejen ustedes de lo suyo. Un cuento muy triste, tristísimo. También por el caballo. El ruso este dejándonos a todos con la moral por los suelos. 


Enemigos. Comentado por Ricardo Menéndez Salmón. 

“Punto positivo por el comentario”, eso anoté. Pues nada, habrá que hacerme caso. Ricardo, si me lees, anótate un punto positivo aunque maldito si me acuerdo de lo que decías. La historia es superbestia: a un médico se le muere su hijo y un hombre, cinco minutos después, quiere llevarlo ante su mujer que tiene no sé qué mal que hay que curar enseguida. El médico va, sí, porque es un profesional, pero imagínense cómo. Terrible. Y si les cuento el final les da a algo. Mejor lo dejamos aquí y cuando alguien tenga a bien que lo suba a la red y se lo bajan ustedes después. 


Desdicha. Comentado por Jon Bilbao. 

Chéjov negro chamizo. Un alcohólico que lleva a su mujer al médico y ésta se le muere por el camino. El tipo es un cabrón de cuidado que lo mismo podía estar casado con una mazorca de maíz de lo mucho que la quería. A ver al hijo de puta quien le lava ahora los calzoncillos. Uno siente cosas leyendo este cuento y ninguna es buena. 


Incidente ocurrido a un médico. Comentado por Care Santos. 

Suena a chiste pero este va de un médico viaja a una fábrica y la paciente es la heredera de todo un imperio que ha enfermado de infelicidad. ¿A qué jode? Moraleja: el dinero no lo puede todo. Aquí Chéjov se pasó de listo porque eso ya se sabía de antes. El cuento está bien, que quede claro. También es un ataque a la industrialización, por si les gustan los documentales. Siempre hay un poquito de cosa social en los cuentos de Chéjov. Supongo inevitable al  hablar de lo cotidiano. Si no lo destaco es por ustedes, para que no se les haga muy pesado. 


Grisha. Comentado por Matías Candeira. 

No me gustó nada. Está contado desde la perspectiva de un niño de dos años y ocho meses. Esto lo escriben hoy y le llaman postmodernidad. Con un par, se lo digo yo. Lo dicho: flojo. Lo experimental es lo que tiene, que tardar en cuajar pero si han pasado 150 años y no gusta es de suponer que ya no lo hará jamás. Al menos conmigo. 


Confesión u Olia, Zhenia, Zoia. Comentado por Paul Viejo. 

Muy bueno. Buenísimo. Tres ejemplos de porque un hombre está solo. También me arrepiento de no haberlo fotocopiado. Me da rabia pero no recuerdo los detalles, sólo la sensación de haber disfrutado enormemente en los dos últimos ejemplos. Para muchos esto es suficiente para hacer una reseña de dos horas pero a mí me falta imaginación.


Pequeñeces. Comentado por Elvira Navarro. 

Otro muy bueno, muy teatral. De aquí salía una obra cojonuda por mucho que suene a telenovela. El amante de una mujer -por la pinta un jetas de cuidado- habla con su hijo (el hijo de ella) y descubre que tanto él como sus hermanos se ven con su padre biológico a escondidas. Dramón. Y no sólo eso sino que éste, el padre, habla mal del amante que a estas alturas ya nos cae como el culo sin saber muy bien porqué. Luego sí lo sabemos. Que teníamos razón, quiero decir. El niño acaba llorando, con eso les digo todo. 


El amanuense. Comentado por Juan Carlos Márquez. 

Otro de los buenos. La verdad es que visto con perspectiva hay unos cuantos. Va de un intelectual que vive seducido por la charla con su amanuense que traducido quiere decir que va de un vago charlatán que espera la visita de su secretario para rajar y no dar palo al agua. Se trata de vivir frente a hablar de la vida. Hay gente así aunque les cueste creerlo. 


Ostras. Comentado por Hipólito G. Navarro. 

Feo. Aburrido. Un mal cuento para acabar. Un niño que mientras pide limosna descubre las ostras. Ocurre a menudo, no se crean, sobre todo en ciudades costeras. Es hacer un cuento por hacer un cuento, no hay otra razón. No voy a perder más tiempo con él. Tres líneas es más que suficiente. 


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CONCLUSIÓN


Ya sé que me he pasado contando detalles e insinuando finales pero créanme si les digo que no pasa nada: los cuentos de Chéjov (no todos) son tan buenos (no siempre) que se disfruta tanto con el viaje como con la llegada, que a la larga acaba siendo lo de menos. Pero les pido disculpas igualmente, que no se diga. 

Esta era la parte en que Rodolfo, mi amanuense herido, les recomendaba o no la lectura. Lo sé porque se ha dejado algunas notas en la huida. En una pone: “La pregunta que se estarán haciendo ellos –por ustedes – es: ¿recomienda su lectura?” Hombre, claro que sí; todo lo que sea leer… Rodolfo era más exigente pero yo no, qué va. Lo que yo no recomiendo –y en esto estoy con él- es su compra, básicamente porque hubiese preferido más cuento y menos comentario que luego no se recuerda y/o no sirve para mucho o en lugar del comentario un ensayo en condiciones (anótatelo Bellver, para la próxima) sobre todos los cuentos de Chéjov de los que hay cien mil ediciones porque llega un momento que uno al no saber cuál comprar no se compra ninguno. Me pasa mucho, por eso lo digo. Tampoco me abandona la sensación (y ahora es cuando se pone fea esta reseña, pero fea de verdad) de que la elección de los comentaristas ha sido, en según qué casos, bastante poco acertada (por más que algunos me caigan bastante simpáticos y/o interesantes). Está bien que la persona que se ocupa de la edición de un libro de estas características seleccione como le plazca pero cuando ese parecer incluye (y esto lo sé porque soy muy observador) amigos y colegas del gremio de lo literario a mí se me ilumina el chivato de la suspicacia. Miren, el otro día leí el prefacio del primer tomo del "Dostoievski" de Joseph Frank y se me pusieron los pelos como escarpias al punto de que ahora ando como loco por conseguir los cinco volúmenes para no perder detalle. Eso es lo que entiendo por un comentario útil: un comentario que se lee con tanta o más pasión que el propio cuento, novela o lo que sea y que ayuda a una mejor comprensión del mismo, cosa que en este recopilatorio no me ocurrió. Contar lo que a uno le sugiere determinado cuento me parece muy de blog, honestamente y yo por leer blogs o por leer el tipo de comentarios que he leído aquí no pago un céntimo por más que salve alguno de la quema. Ni-un-céntimo. A mí si me quieren vender algo que sea la edición básica.

Esto de desmerecer el esfuerzo ajeno es una canallada, me consta, y me da mucha rabia escribirlo pero no deja de ser mi sincera opinión. He leído por ahí ciertas alabanzas al hecho de que las voces sean varias; hablan de que el libro se presta al debate precisamente por culpa de esos comentarios tan heterogéneos y nos invita a participar, a debatir, no se lo pierdan, en los márgenes del libro, tachando o subrayando. Qué bien, qué enriquecedor.

En definitiva: me han gustado los cuentos, me ha gustado Chéjov, me ha gustado la edición, pero el resto no. Ni me han gustado, ni me han interesado y en mi modesta opinión desmerecen el conjunto de la obra.




(En otra nota de Rodolfo (¡cuánto lo echo de menos!) hay escrito: “Después despedida y chascarrillo final. Incluir algo ofensivo sobre la nocilla o sucedáneos para tener anónimos”. Este Rodolfo era gilipollas, de verdad, no sé cómo lo aguantaban.)