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lunes, 3 de noviembre de 2014

Resumen de Lecturas OCTUBRE 2014 [Versión extendida] [4ª parte] [Incluye Bonus Track]

Esto se acaba; ya pueden dejar de odiarme. Última entrega. 


La fiesta de Boris / En la meta / El teatrero de Thomas Bernhard

Empecé esta pequeña reseña, esta píldora crítica, con la mejor de las intenciones. Pues tan buena era, la intención, que se me fue la mano hasta las ochocientas palabras pero tampoco era plan de meter, como resumen, ochocientas palabras, que tiene la gente mejores cosas que hacer que pasar la tarde leyendo esto. 

Este recopilatorio incluye tres obras de teatro de Thomas Benrhard. Lejos están, en conjunto, de contar entre lo mejor del escritor, pero de ley es reconocer que En la meta me ha parecido una obra estupenda.

Lo mejor, siempre, los personajes y ese odio, tan visceral, tan bernhardiano y esa maldad, tan natural e inevitable, tan de sentido común y justificada. Leyendo a Bernhard y escuchando los motivos de sus gritos se pregunta uno cómo es posible que no grite más. 

Yo no sé qué hacemos que no leemos todo el día a Bernhard. De verdad que no lo sé.


* * * * * * 


Butcher´s Crossing de John Williams

Sitúense: John Williams, ¿vale? John Williams es el autor de Stoner, la novela revelación del año en que se estrenó y del siguiente y del inmediato posterior, y así ad infinitum, dependiendo de cuándo sea leída. Habrá, claro, a quien no le guste (hay gente para todo), pero aquí hablamos de lectores con criterio.

Déjenme refrescarles la memoria, porque es importante: Stoner era una novela sobre un aburrido profesor universitario: sus miedos; sus aspiraciones; su matrimonio, fracasado todo él. La novela no iba de nada en particular pero sí de todo en general y lo que hacía que la tuviésemos en cuenta, era, entre otras cosas, la capacidad de Williams para hacer adictivo la anodino y vulgar. Williams se demostraba un narrador excepcional y Stoner una novela apasionante que se comía con patatas todos los prejuicios que uno pudiese sentir hacia las novelas que hablan de la vida de quienes no han hecho y ni harán nunca nada especial.

Bueno, pues ahora, atentos: Butcher´s Crossing trata sobre un joven que, a finales del siglo XIX, abandona Harvard para echarse a la pradera a matar bisontes justito en el momento en el que menos bisontes hay en la pradera. Apasionante, no me digan.

Pues mira, sí.


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El largo invierno chino de Carlos Palacios

A estas alturas ya deberíamos estar escarmentados del catálogo de Eutelequia pero se ve que a gilipollas no nos gana nadie en este blog. 

Esta novela trata de los chinos, que son esos señores con los ojos rasgados que quedan siempre con las mejores esquinas y venden paraguas de un único uso. La cosa no tiene mucha ciencia: los chinos toman el poder en Milán, ciudad a la que acaba de llegar un español a para dar clases. El otro protagonista es un chinito esclavizado que medrará a base de chupar pollas. Y no figuradamente.

Bueno, la novela se puede leer si uno tiene tiempo y ganas pero también se evitar, en la medida de lo posible, ya que aparte de recordarnos cómo funciona la micropolítica china de expansión internacional y de fantasear un poco con los detalles no es mucho más que una gamberrada con la que se supone que deberíamos reírnos. No ha sido el caso.


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El sí de los perros de Juan Vilá

Hablábamos de los chinos, ¿verdad? Pues ahora hablemos de los Pijos. Los pijos ya sabemos todos lo que son: clase media venida a más o clase alta ejerciendo de sí misma. Gente con pasta o gente que cree que tiene pasta o gente que finge que tiene pasta. Hay muchos matices y porque hay muchos matices es por lo que la novela de Juan Vilá tiene tantas páginas como 190. Tal vez no les parezcan tantas pero eso porque no se han leído ustedes la novela.

Esto es uno que va a una boda de alto copete y nos cuenta su vida y la de su vecina de mesa, también la de su primo y la de su cuñado y el primo del cuñado y la vecina del quinto. Nos cuenta sus impresiones, pareceres, fantasea un poco, se imagina lo que no sabe y supone todo lo más. Y probablemente no falle ni una. Él lo sabe. Nosotros lo sabemos. Y es por eso, porque todos sabemos todo, por lo que nos va quedando, a media que avanzamos, la sensación que a Javier Marías le ha crecido un brote en algún lado. 

Otra puta novela sobre la crisis, en realidad, (esta crisis, cualquier crisis) que demuestra lo que ya hace tanto que sabemos por la televisión: que los ricos también lloran.

Juan Vilá es mucho sarcasmo, pero ningún orgasmo. Como casi toda nuestra literatura. Qué bien que nos pilla confesados.


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“Aniversario de un lamento” de Tongoy

Y ahora me van a permitir un offtopic. Por favor, déjenme celebrar el aniversario de un lamento.

Ayer me acordé de algo. Casi, casi, casi se me pasa. Casi.

El 12 de octubre hizo exactamente un año de esto (siendo esto algo que el escritor Alberto Olmos publicó en su blog, justito antes de hacerlo de cobro):

«Parásito, me dice el editor [de Lengua de Trapo], en relación al, en efecto, sujeto que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo, quizá antes -o quizá justamente después- de responder a mi pregunta -sobre qué publicará el sello el año que viene- con otra pregunta: ¿estaremos aquí el año que viene?, […] y será tan simpático, tan miserable, leer, el año que viene, las condolencias del sujeto que vive a costa de y del autor o de la autora que hace con el libro de todos lo que no haría con su propio libro, plañidos y quebrantos como ay-dios-mío-qué-pena otra editorial pequeña que cierra, ay-virgen-santa-qué-contrariedad otro sello independiente que desaparece, ay-ay cada vez se estrecha más el abanico de posibilidades para que publiquen los autores jóvenes y las voces experimentales y los escritores minoritarios, ay qué pena tan auténtica nos dan los caídos por la crisis económica; sí, amigos, qué simpático va a ser oírles, qué miserable».

Pues sí, ya ha pasado un año. Ya es “el año que viene”, el año en el que se esperaban los plañidos, los quebrantos, los ay-dios-mío-qué-pena-y-qué-contrariedad. Y míranos, aquí, otra vez, un año después, menos jóvenes pero tan guapos como siempre. Y Lengua de Trapo que sigue sin cerrar. Y yo que sigo sin llorar. Y que esto no puede ser. Que vaya mierda de pronóstico, que qué asco, otra editorial que sigue publicando autores jóvenes y voces experimentales y escritores minoritarios de los que no interesan a nadie; de los que no publican nada que tenga el mínimo de calidad exigible. Seguimos alimentando la máquina y la máquina que no se quiere morir, que no ve razón para ello cuando en realidad le sobran algo así como setenta razones. Y media.

Si es que no damos una.

A ver si hay más suerte con la Primitiva.


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Y en noviembre…

…esto:



…y lo que se tercie. O no. O simplemente esto o simplemente NO. ¿No sería bonito? Simplemente NO.



jueves, 17 de enero de 2013

“m” de Juan Vilá

OTRA VUELTA DE TUERCA 

Permítanme una pequeñísima, brevísima, insignificante aclaración. Una nadería. A saber: el dos de octubre de 2012 se publicó (publiqué) una entrada en el blog en el que reseñaba una novela que, aseguraba, ustedes nunca leerían y no lo harían porque se suponía que había llegado a mis manos gracias a las malas artes. La cosa era que la novela era maravillosa, absolutamente genial, un prodigio de novela. Pero al quedar inédita y ser yo el único lector se creía en ella o no se creía en ella. Era así de simple. Yo esperaba que sí, pero fue que no y tanta duda y tanta batalla perdida (93 comentarios son la prueba del conflicto) me convencieron de que lo mejor era continuar alimentando la leyenda y fue así que pudiendo, como podía, se lo aseguro, demostrar su existencia o inexistencia, opté por no hacerlo (por no demostrarlo). 

Pero esto no podía acabar bien. Hubo quien se enfadó y hubo quien me ignoró (que de todas las medidas es, siempre, no me cansaré de decirlo, la más aconsejable). También hubo quien lo (me) creyó. Ya se sabe que hay gente para todo. Al final la cosa quedó en nada. Yo había prometido callar y bastante hacía alimentando la duda. El comentario 90 de aquel post -cuya entrada aparece en la columna de la derecha bajo el título “Reseña de una novela que ustedes nunca leerán”- era un enlace a un blog llamado “El blog de la novela m” en el que se hablaba de otra novela, también llamada “m”, sí, pero ésta con m minúscula, escrita por Juan Vilá. ¿Casualidad? Ni puta idea, honestamente; quiero pensar que sí, pero no es fácil. 

Aquello sólo podía llamar la atención, mi atención, su atención (la atención de ustedes, quiero decir). Ya imagino que esa era la idea. Aprovecho para jurar que no fui el autor del enlace (hubiese hecho más ruido) y juro también que no soy Juan Vilá. Esa, y no otra, fue la razón por la que entré en el blog de Vilá y me hice notar con un comentario sutil como pocos. Una semana después tenía la novela en casa. El dos de enero empecé a leerla, aprovechando que la estructura de la novela, compuesta por brevísimos episodios, se adaptaba como un guante a las dificultades propias de leer en Navidad. La ventilé en un par de días pero no por buena sino por chiquitita. 


LA RESEÑA (AL FIN, YA) 

Acabada la novela -ya puestos a confesar intimidades, voy a seguir un poco más- se lo hice saber a un ser humano muy interesado (interesada) en el asunto. Me preguntó qué tal y yo le contesté algo así como que m era como una ceremonia de la confusión sin piñata. Ese era yo en estado de gracia un domingo por la noche. Reseñas Tongoy modelo Tuit. 

m es una novela un tanto confusa que trata de un hombre que un día despierta sin más. Suena raro pero es tal cual. El hombre, mientras pasea, se sabe muerto en una habitación y quiere llegar al fondo del asunto. Tiene un cuchillo en la espalda. Me refiero, obviamente, al que está tumbado en la cama, no a su versión itinerante. En general hay en la novela mucho muerto resucitado y mucho pirado dando vueltas (y tanta confusión como la de este párrafo). Esto encuentra explicación en la advertencia que se hace justo antes de arrancar la novela: se cita la Wikipedia, que dice que la Teoría-M es la teoría que defiende la existencia de infinitos Universos paralelos, algunos como el nuestro y otros no. Grosso modo, esto. Y claro, si además la cuestión se plantea de una forma confusa, situando al lector en una posición en la que le resulta imposible distinguir entre las distintas realidades pues ya se tiene garantizado, como poco, la ceremonia de la confusión de la que hablaba un poco más arriba. Lo de la piñata viene a cuento de que acabada la novela no tiene uno la sensación de recompensa, es decir, no es una gran novela, no es un descubrimiento, no es que el estilo sea digno de admiración, ni siquiera de mención, no hay eso que invita a decir qué bien me lo he pasado, caramba, que ganas de recomendarlo, que buena forma de empezar. Y cuando digo empezar no me refiero únicamente al hecho de que sea el primer libro que leo este año, ni la primera novela de Juan Vilá sino a que con ella nace una editorial de la que espero que hablemos con más calma dentro de unos días. 

Miren, la cosa es tan sencilla como lo siguiente: David Lynch para tontos. Se lo explico, no vayan a pensar lo que no es. Hay un momento en la novela en la que el protagonista… (y perdonen que no entre en mucho detalle pero, tratándose como se trata de una novela de intriga sobre fondo de ciencia ficción y regusto amargo de terror, me sabe mal joderle la marrana al lector), en la que el protagonista, decía, recibe una llamada amenazante de alguien que, para animarle a colaborar, le envía un mensaje a los móviles (sí, tiene dos) con una foto en la que aparece él siendo torturado en ese momento. Les recuerdo que la novela comienza con el tipo muerto en una habitación y paseando por la calle. (Paréntesis: me viene a la memoria una película estupenda llamada Primer que también puede servir como imagen de ciertas partes de la novela si se tomaran las debidas precauciones. Como no va a ser así mejor lo dejamos estar.) Todo esto es un lío y no hay dios que se aclare, es verdad, pero sospecho que esto es lo que pretende porque cuanto menos se entienda o cuanto más se enrede, más posibilidades hay de que el miedo a no haberla entendido lleve a recomendarla como algo que suscita interés (el interés que pueda tener hacer un puzzle al que le faltan la mitad de las piezas) que es más o menos en lo que caía Senabre en El Cultural hace unas semanas. 

La novela se la pasa Vilá jugando al gato y al ratón con el lector; sacando pistas de una chistera de física teórica y volviendo a ocultarlas; metiendo, donde Lynch metía enanos feos o gigantes espantosos, mujeres fatalísimas, amantes enfermas, suegras manipuladoras… personajes cambiantes: ora vivos, ora muertos. 

No es, m, una novela especial. No es una novela notable. Es una novela entretenida. Es una novela cojonuda para llevar al baño o a la playa. Es ideal para padres, por ejemplo, de esos que interrumpen continuamente la lectura. También lo es para hijos con déficit de atención, que pueden encontrar en ella el consuelo de leer a salto de mata algo que de todos modos no iban a entender.  Lo que sí sé es lo que no es. Y no es lo que dice la contraportada, no es una novela tan radical y rabiosa como exigen (exigen, dice, sí) los tiempos que estamos viviendo (una afirmación, esta, que merecía una reflexión algo más profunda). No es diferente a cualquier otra y desde luego está años luz de convertirse la obra de culto que se promete tan alegremente. Promesas.