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sábado, 26 de enero de 2013

“El adversario” de Emmanuel Carrère

(Me recuerda el inminente estreno de "Limónov" de Emmanuel Carrère, que tengo sin publicar lo que escribí sobre "El adversario"; una suerte de reseña que escribí hace tanto tiempo que ni me acuerdo y que quedó en el limbo por demasiado corta y demasiado gilipollas y demasiado de todo.) 

La historia que se cuenta en esta novela es genial de puro salvaje, ya verán: el protagonista es un médico de unos cuarenta años que lleva una vida acomodada; es respetado y tenido en demasiada alta estima por amigos y vecinos. Un tipo genial, en definitiva, aunque un poco feo. Pues este tipo feo y genial, este yerno perfecto, un buen día mata a sus dos hijos y a su mujer y luego va a visitar a sus padres y también, a los dos. Después vuelve a casa y hace como que se quiere suicidar o lo intenta de verdad y no le sale. Si no recuerdo mal tiene incluso tiempo, antes de echarse definitivamente a perder, de liarse con otra buena mujer a la que roba miserablemente también, así de tanto la quería, y de hecho es por culpa de ella, y no del chachachá, que acaba todo como acaba. Como esto está basado en hechos reales ahora el hijo de puta está en la cárcel y a puntito de salir si no lo ha hecho ya. Qué puede llevar a un hombre a este extremo tiene más misterio que la financiación de un equipo de fútbol. A dios gracias Carrère explica con detalle lo que yo les resumo ahorita en tres líneas: el protagonista había mentido toda su vida: no era médico, no tenía trabajo pero sí una amante y un cúmulo de mentiras tal qué solitas ellas sostuvieron siete vidas durante dieciocho años. El narrador es el propio escritor que le va arrancando la truculencia de los detalles al matador para hacerse un libro a medida y ver que lo suyo era de mucho más normal. Una historia apasionante, lo digo completamente en serio, tan bien contada que por momentos creemos entender que se pueda ser tan hijo de puta y aún así sentir la arcada queriendo salir. 


Apendicitis aguda: al reseñista le toca un poco los cojones constatar cuánta razón tenía cuando afirmaba que un tanto por cierto considerable de escritores nacionales son medio tontos del culo. No puede ser que venga Carrère, un francés, un gabacho, joder, a contarnos una historia real que parece ciencia ficción y que lo haga además tan bonito, que parece el fluir de un río su prosa y en cambio, con la que está cayendo en este país y con la que ha caído y con las truculencias rurales y los crímenes pasionales y los polvos lunares de unos y otros y con las miserias que nos ha soplado un pajarito que adornan las paredes de la editoriales o los vestuarios del Real Madrid, digo que, con todo esto, se antoja rara tanta inutilidad de tanto artista que luego de todo esto lo único que tiene que contarnos es la mierda que ha tomado en el desayuno o las calles que atraviesa para llegar a su trabajo o lo difícil que es escribir o lo cojonudo que es encontrarse a Vila-Matas en el metro. Venga, hombre, ya.