Cuando me recomendaron esta novela mi primer impulso fue decir NO. Es que yo tengo alergia al deporte, ¿saben?, y una novela de 400 páginas tratando el asunto y con un protagonista que suponía –por razones obvias- fanático, además, pues no me parecía el plan más atractivo para un sábado por la tarde, para qué nos vamos a engañar. Igualmente me hice con él (cosas de la fe ciega en según quién) y, casualidades de la vida, precisamente fue un sábado cuando me senté bajo una higuera a ver qué pinta tenía aquello. Tardé cuatro días en leerlo. Esa pinta tenía.
Porque “Desventuras…” no trata de un fanático del deporte sino de un fanático del alcohol aficionado al futbol americano. Cambia de cojones, la cosa. De hecho originalmente la novela se llama “A fan´s notes. A fictional memoir”, un título con diferencia mucho más apetecible. ¿En qué piensan algunos editores cuando ponen los títulos, me pregunto? ¿Creían acaso que haciéndolo así conseguirían que los aficionados al deporte equis se tirasen de cabeza a la novela cuando fuesen a comprarse un plasma a la Fnac para ver las olimpiadas en HD? En fin...
Exley, el autor, es también el protagonista. Para los que no sean mucho de letras, eso es lo que se quiere dar a entender con “a fictional memoir”. Pues bien, Exley, el autor, decía, a poco que haya dicho la verdad fue un borrachuzas de padre muy señor nuestro. Y un vago, también, redomado además. Pero sobre todo un escritor excepcional. Mi héroe. El tío, si no me equivoco, no sólo fue capaz de vivir casi toda su vida sin dar palo al agua, sino que llegó a casarse (cómo pudo un tipo como él enamorar a una mujer es una cuestión a la que únicamente da respuesta la lectura de la novela), llegó a tener hijos y aún así se las arregló para no estar sobrio más que en momentos puntuales (como aquellas largas jornadas que se pasó en algún manicomio psiquiátrico.)
La gracia del chiste está en que una novela con un personaje de estas características, que además no hace nada de provecho en su vida, pueda no sólo resultar interesante sino ser además un relato sorprendentemente lúcido y divertido de la América de entonces (hablamos de mediados del siglo XX). Terminada la lectura le queda a uno la sensación de haber aprovechado bien el tiempo, lo cual, visto el panorama actual, es todo un logro. En cambio, a la hora de explicarles de qué trata no sabría muy bien por dónde empezar, ni siquiera si vale realmente la pena el esfuerzo. Es decir, ¿aportaría algo si les cuento que detrás del alcoholismo del protagonista hay un vivir permanentemente a la sombra de un padre perfecto o que el futbol, y más concretamente ese fanatismo deportivo, esconde la necesidad de un referente en el que volcar todas las esperanzas una vez ha fracaso su intento de ser alguien? No, claro que no; no serviría de nada y por eso no voy a perder más tiempo con esta reseña. Hay libros que valen la pena independientemente de la historia que cuentan y seguramente “Desventuras de un fanático del deporte” sin ser el mejor, ni de los más grandes, es uno de ellos.
