Todos los años -al menos durante los pocos que yo la iba siguiendo- la revista Fotogramas publicaba en su número de julio o agosto un artículo en el que hablaba de las jóvenes promesas del panorama cinematográfico español; aquellos que tarde o temprano darían la campanada, se suponía, sin llegar esto a ser ni remotamente así. Eran todos asombrosamente jóvenes, algunos desconocidos, todos guapos y enfermizamente delgados y posaban en grupo vestidos con unos pantalones vaqueros de, imagino, el patrocinador de turno. O al menos ese es el recuerdo que guardo en la memoria. Puedo estar equivocado, pero sólo en el estilismo. Este mes de noviembre repiten artículo. (Seguir el enlace si interesa, que no creo porque tampoco es el tema.)
Podría decirse, al hilo del post anterior (clic AQUÍ) dedicado a Claudio López de Lamadrid, que eran actores PROMOTABLES, es decir, que tenían el tipo perfecto para vender entradas de cine. Pues bien, lo de Fotogramas es un clásico y se entiende la tontería pero lo de Lamadrid, que yo tomaba por una debilidad propia la vanidad, parece en realidad ser más bien una cuestión de política de empresa. Esto lo digo por algo, claro. Concretamente lo digo por esto:
Resulta que ahora también Caballo de Troya, a las órdenes de Constantino Bértolo, se suma al cambio y propone, al igual que la revista de cine y siguiendo la estela dejada por El Sindicato (del Crimen Literario y se ve que Organizado), una serie de nombres que todos juntos dan forma de Soberana Estupidez a un libro editado este mismo mes llamado “Madrid, con perdón” que cumple la siguiente función:
Este libro responde a la necesidad, urgente, de elaborar una cartografía literaria sobre el Madrid contemporáneo. Su propuesta es abarcar la ciudad en quince textos; es decir, mirarla y escucharla con suma atención, pero también con osadía. […] Otros Madrid son posibles, pero están en este. En este libro. (Leer la “sinopsis” en el primer comentario de este post).
No soy la persona más indicada para hablar de este libro –que no creo que llegue a leer- entre otras razones porque no tenía ni idea de que hubiese una necesidad URGENTE de elaborar una cartografía literaria sobre el Madrid contemporáneo. De verdad; ni idea. Pero ahí está. En cualquier caso mi intervención tiene que ver con lo mudo de asombro que me quedé al leer quienes estaban metidos en el ajo. A saber (entre paréntesis, su edad): Mercedes Cebrián (1971), Elvira Navarro (1978), Fernando San Basilio (1970), Esther García Llovet (1963), Carlos Pardo (1975), Juan Sebastián Cárdenas (1978), Jimina Sabadú (1981), Antonio J. Rodríguez (1987), Oscas Esquivias (1972), Natalia Carrero (1970), Grace Morales (?), Alvaro Colomer (1973), Roberto Enríquez (1968), Jordi Costa (1966), Iosi Havilio (1974).
A todo esto: antologa y edita Mercedes Cebrián, habitual de Caballo de Troya, Mondadori y Alpha Decay y cuyo estilismo fue recientemente por analizado por Bob Pop para El Sindicato. (Que ya es casualidad, también.) Más moderna no se puede.
Me sorprende ver, sobre todo a cierta gente. Jimina Sabadú, por ejemplo, que es, de todos, mi favorita. Les voy a contar una anécdota. Cuando esta chica (Jimina) se enteró de que yo, desde este blog, había puesto a parir su premiada primera novela (Premio Lengua de Trapo de no sé qué año) y siguiendo la máxima de que la mejor defensa en un buen ataque (y quizá también por cierta irreconocida falta de argumentos) lo primero que hizo fue acusarme de haberle mirado las tetas en Facebook. Se lo juro. Ya se pueden imaginar que me faltó tiempo para ir a ver si efectivamente estaban allí. Pero no, nada, ni un triste pezón. Fue entonces cuando descubrí que Jimina era un ser todavía menos interesante que su infumable novela. No volver a saber nada ella me dio esa felicidad que da la ignorancia. Se pueden imaginar mi emoción al descubrir que Jimina seguía ejerciendo este oficio tan viejo.
A algunos como San Basilio, Elvira Navarro o el benjamín, Antonio J. Rodríguez, era fácil imaginarlos aquí, al fin y al cabo son de la casa y más concretamente los dos últimos tienen el don de la ubicuidad. Otros, a quienes no sigo la pista, no sé qué pintan (Llovet, Pardo, Cárdenas, Carrero, Morales o Iosi) pero de entrada me predispone negativamente su edad. Al resto, los menos, no sé qué milonga les han contado para engañarlos de este modo (Colomer, Enríquez o Costa). Supongo que son los inconvenientes propios de la amistad.
El caso es que el 15 de noviembre, (hoy) se presenta a las 20:00 horas en la central de Callao esta recopilación de relatos que después del tema de los desahucios es, de las que tengo noticia, la más urgente necesidad madrileña.
Y con esto y El Sindicato parece que ya vamos perfilando el panorama literario de este país. El futuro está aquí y ha venido para quedarse.

