En lugar de gritar, escribo libros. (R.Gary)
Estoy de aniversario. Bueno, yo no, el blog. Este blog. Verán, es mi primer año y no sé muy bien como celebrarlo. Había pensado en no hacer nada o simplemente poner la foto de una vela o chorrada similar pero no encontré ninguna que me gustase y entonces se me ocurrió la infeliz idea de explicar -no sé todavía muy bien cómo- lo que ha sido este año y en qué situación me (nos) ha dejado. Unas conclusiones, ya se lo adelanto, que no le van a gustar a casi nadie.
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Se formó hace unos días cierto revuelo en la red a raíz de las entradas del blog “La Patrulla de Salvación” (a quien no trataré de justificar ni defender) que me ayudarán a explicar lo que quiero decir. En una de ellas protestaba por la mierda de literatura nacional que nos gastamos y en otro criticaba el premio que otorga Mondadori, en el que sin saber muy bien porqué, tira [el mencionado post] contra Elvira Navarro, la escritora, a quien no conozco y contra la que no tengo absolutamente nada. Han sido varios (tantos como dos) los gritos que he escuchado provenientes de diversos frentes: uno, Alberto Olmos, lo hizo desde su plataforma [blog] cuando fue “acusado” –si acaso se puede acusar a alguien de algo que no ha tenido lugar- de ser el nuevo, flamante e inminente futuro ganador del premio Jaén de novela (lo cual no entiendo porque en los mentideros la voz que suena es otra que me voy a callar de momento). La otra fue más silenciosa, por breve, aunque probablemente más leída gracias a la plataforma utilizada. Me refiero a la citada Elvira Navarro que habló a través del Facebook. Comparaba Elvira ciertos blogs con el programa La Noria, el de Tele5. Bueno, en fin. Insisto, sin tener absolutamente nada contra Elvira, a la que no tengo el placer, ni contra La Noria, la comparación me parece pelín odiosa porque muchos blogs son de mierda, sí, pero no todos, aunque lo parezcan. Algunos denuncian premios falsos y jurados de pega, que los hay; denuncian corporativismos literarios generacionales o editoriales o simples amiguismos, que también los hay y que entiendo que a según quienes no les haga maldita la gracia. Hablo en general; pueden todos sentirse aludidos si lo desean. A la iglesia se le acusa (yo la acuso), como ente, de encubrir, con su silencio, los casos de violaciones infantiles. A otra escala (obviamente) los escritores -ya supongo que no todos- hacen exactamente lo mismo: elogian por amistad novelas, encubren premios (ya sea como jurados, participantes o “colegas”) o simplemente callan, otorgando así, no vayan a encontrarse cualquier año de estos firmando libros en la misma caseta que otro al que puesto de vuelta y media. Este mundo es muy pequeño y al final todo se sabe y mejor estarse callado y de ahí a ser todos culpables hay un paso muy chiquitito.
Estimados escritores: entendedlo: la gente da su opinión aunque a veces se equivoque; estamos legitimados: somos lectores, compradores; somos, con vosotros, el puto mercado. Si tenéis algo que decir, decidlo, discutamos, pero si os vais a enfadar porque la gente, alguien, quien sea, que sigue (o parece seguir) el curso de los acontecimientos, presuponga que no sois todo oro entonces tenéis un problema enorme: lo vais a pasar fatal de aquí a la eternidad. Exigir confianza ciega en un mercado que no es ajeno a la corrupción es mucho pedir. Internet acerca al escritor (que lo desea) al lector (que consiente) permitiéndole al primero ejercer labores de editor, pero eso no es necesariamente bueno. Exponerse demasiado nunca es bueno. Esto es lo de tener cinco mil agregados en Facebook como potenciales compradores y que la mitad te salga rana.
Hace poco escuchaba en la televisión a Rubalcaba decir, como parte de su programa electoral –en velada referencia al asunto Camps- que había que prevenir la corrupción. Prevenirla, nada menos. Me pregunto si es posible semejante cosa y me respondo que sí. ¿Cómo? PRESUNCIÓN DE CULPABILIDAD. Sí, ya sé que me estoy pasando, pero quizá ha llegado el momento de dejar de teneros por los dulces angelitos que aparentáis y poner el nivel de desconfianza a la altura del éxito obtenido. De alguna forma habría que meter en la ecuación cosas como estar vivo (o muerto), la participación en revistas, blogs y lo que sea que sirva de plataforma para jugar al despiste. No estoy hablando tanto de cuestionar vuestras propias obras como la opinión vertida sobre la ajenas, máxime cuando se trata de algún homólogo generacional. Hablo, claro, de los escritores que ejercen también de críticos literarios o de los críticos con ínfulas. No se me olvida la confesión de Quimera de que lo mejor de 2010 era lo editado por sus colaboradores porque eran sus espíritus afines y que qué otra cosa podíamos esperar de ellos. Ya les digo yo que nada.
Entendámonos: la crítica literaria, si quiere demostrarse imparcial, debería, en mi humilde opinión, desvincularse de todo lo que rodea la auténtica literatura (entendiendo esta como el libro y su contenido) y que no es otra cosa que los escritores, editoriales y el largo etcétera por todos conocido. Así es como salen (saldrían) las críticas negativas, de las que arrancan los enfados y malestares varios y que, por si no lo he ido dejando claro durante este año, es tan o más necesaria que la otra. Los buenos libros se venden solos; de los malos que hay que protegerse. Y de ahí la guerra; que escritoras como Jimina Sabadú se lleven las manos a la cabeza cuando reseño su novela es un ejemplo real del pasado que se traduce en que la amistad, en según que casos, resulta imposible. Tengo un amigo que opina que si no es por las malas ha de ser por las buenas (esto es de cajón) (y quizá ahí resida la explicación del “apoyo” recibido hacia este blog por parte de El Cultural y otros. Espero que no.) por lo que espero que de aquí a un par de meses empiecen a caerme premios y condecoraciones y las editoriales me empapelen las estanterías con sus dávidas. Supongan la ironía, no me hagan trabajar.
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[Acabo.] Un año, ya ven. Lo siento pero ahora va la parte de los agradecimientos. Gracias a quienes pierden su tiempo leyéndome; mi pésame a los que me hacen caso y a los que se fían de mi mal gusto. A los perjudicados: lo siento; de todo se aprende. Gracias por tantos comentarios cojonudos y también por los otros, los de la mala leche, anónimos o no. También por los besos, que alguno hay. Gracias, de verdad (que asquito me estoy dando).
Espero que me duren las ganas un poquito más y que de aquí a un año sigamos pasándolo bien juntos, rajando o no de los demás y hablando de los buenos y de los malos libros, de los buenos y malos escritores, siempre –y esto es importante, al menos para mí- desde una óptica personal, subjetiva, alejada lo más posible del academicismo habitual de esta esfera tan pedante e insufrible que en el fondo nos hace tan felices y sin la que no quisiera tener que vivir.
Estaremos observando. Besos en la boca para todos.

