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miércoles, 5 de marzo de 2014

“Agua dura” de Sergi Bellver

Al Bellver escritor, guionista, editor, crítico, periodista, profesor, librero, poeta, narrador, antólogo, prologuista, —hombre orquesta, en definitiva—, lo acompaña, desde que tengo uso de razón, un aura de forzado prestigio que no acaba de estar justificado, al menos en este plano de la realidad. Bellver, o eso nos parece a quienes lo observamos desde una más que prudente distancia, es un permanente quiero y no puedo de las letras que se mantiene como pocos en el difícil equilibro de estar siempre a punto de publicar algo (un poemario, una obra de teatro, un libro de relatos, una novela, una antología, un catálogo de vinos) y no publicar absolutamente nada.

Bellver es, pues, la expectativa y cuando hablo de expectativa, me refiero exactamente a la idea de que alguien que lleva tanto tiempo amenazando con dar el salto, acabe dándolo. Cabría esperar, tras tantos y tantos años de incertidumbre, algo, no sé qué, lo que sea, pero diferente, especial, personal; mejor o peor, da igual, pero que no deje, bajo ningún concepto, indiferente. Que suscite interés más allá de la periferia literaria de amigos y reseñas y favores y agradecimientos.

“Agua dura” es, o debería ser, la solución al problema: ¡el fin de la incógnita! Se habla, en la red, de un parto duro. Se habla, en Que Leer, de un parto hermoso. Y porque nos lo creemos, es por lo que lo leemos. Y porque lo esperamos y confiamos, es por lo que nos decepcionamos.

Pero no vendamos la piel del pollo antes de matarlo.

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“Agua dura” puede parecer, por su portada, un anuncio de colonia (a falta de rubia sobre caballo tendríamos falo con playa de fondo), pero no, en realidad son doce relatos y microrrelatos de irregular extensión que tratan temas tan diferentes unos de otros que difícilmente puede entenderse la intención del título pese a que el autor defienda (en la que probablemente sea la mayor carta de agradecimiento jamás escrita por un ser humano) la idea de un algo genial largos años planificado: «[…] la mayoría de mis cuentos solicitados o seleccionados para antologías fueron escritos desde el primer momento como piezas de una obra mayor, el libro de relatos que ahora cobra forma y sentido en esta propuesta narrativa, una espiral simbólica en torno al agua como metáfora oscura, acerca de la complejidad de las relaciones humanas y la escurridiza noción de familia que a menudo las condiciona.» 

Para no eternizar el post, vamos a limitarnos a comentar dos o tres relatos. Serán más que suficientes para hacernos entender, ya verán (y ya me parece mucho tiempo dedicado).

El primero, “Propiedad privada” es, como carta de presentación, espantoso, pero no el peor. Trata de dos hermanos que ocupan una vieja finca familiar y lo que allí tiene lugar. Lo mucho que se podría haber hecho con este cuento y lo poco que acaba saliendo es buen ejemplo de la escritura del autor, donde todo es poner cara de listo y domesticar la prosa total para no decir absolutamente nada.

En “El nudo de Koen”, el segundo de los relatos “largos”, se juega mucho (seguramente en un vano intento de demostrar que se posee alguna imaginación). Se juega con la idea de un doble un tanto especial: un niño creado para cubrir el hueco que deja la prematura muerte de su hermano mayor, adorado por la familia y talentoso como pocos. Y se juega con el nombre Koen, K, para crear poemas gráficos a modo de “divertido” guiño o para demostrar que lo de La casa de hojas no era para tanto:



Relato flojo sobre una pena que no va a ninguna parte y que adolece de la misma falta de pasión que, en general, el resto de la prosa del autor: «Una doble hilera de árboles se recorta contra el cielo gris de febrero y delimita los márgenes del camino entre todo el blanco del paisaje. Aunque es el invierno menos frío de los últimos años, esa mañana la nieve enharina los campos y se amontona en los terraplenes sobre los canales, cubiertos por una fina capa de hielo.» 

ZZZZZzzzzzzz. Pues así una parrafada tras otra.

Pero el relato que, de todos, en mi opinión, da una idea más acertada de lo que nos podemos encontrar en este recopilatorio, es “Los ojos de Sarah” (relato que, si no recuerdo mal y por si quieren reclamar al maestro armero, ya fue vendido con anterioridad de forma independiente). En este largo dos primos viajan a Brasil en busca de Mengele, el famoso Mengele, que se oculta por razones harto conocidas para meterle ya veremos qué por ya veremos dónde. La cosa hay que cogerla con pinzas. En el relato se intercala la acción (por llamarla de alguna manera) con extractos de los diarios de Mengele en el que éste cuenta con aire de resignación las manías propias de un genocida (tipo lo mucho que le molestaba a su mujer la ceniza que expulsaban las incineradoras y tal). Nada serio. Este encadenar obviedades y calzar en un relato dos puntos de vista, y este recurrir a todo cuanto tópico han parido los campos de exterminio hubiera podido tener un pase si no acabase, el autor, por darle un tono de novela de espías cutresalchichera y escribiendo unos diálogos tan faltos de naturalidad que ni para sí los quisieran los de aquí no hay quien viva:

―¿Qué tenemos, Abel? Ya no estoy segura ―me dice al calzarse con cuidado―. ¿Crees que esta vez estamos sobre la pista buena? ¿Le tenemos de una vez?
―Hasta ahora nunca reunimos indicios tan claros, Sarah. […] Tenemos el viaje de su padre desde Baviera, la copia del acta de divorcio que encontró Wiesenthal y las pruebas de la visita de Mengele a su hijo en Suiza. Cartas, cuentas, pasaportes, contactos, la cinta anónima que nos ha traído hasta aquí, todo, Sarah. Tenemos más de lo que estaba en los archivos del Mossad cuando abortaron la operación.
―Y el diario.
―Sí, Sarah, y el diario. El anónimo asegura que es de Mengele y por lo que sabemos parece su letra. Lo hemos leído cien veces. Aunque esté incompleto creo que es suficiente. Esta vez no fallaremos.

Esta vez no fallaremos”, compañera, ¡cazaremos a Mengele! En fin. Miren si será malo que ni los judíos dan pena.

Una vez se le ha perdido el respeto, el resto del libro es un continuo caer en picado. Sí es verdad —todo hay que decirlo— que cuánto más corta la distancia mejor parado sale el autor (a pesar de que en ningún momento logre insuflar vida al texto) tal vez porque, liberado del peso de desarrollar personajes fuera del estereotipo, puede permitirse jugar con algunas ideas que considera originales: activistas que cuelan animales en los museos, héroes anónimos de batallas campales en la plaza Sintagma, asaltahogares temporales, dos que se hacen chupones entre cadáveres, la apasionante rivalidad entre dos culturistas llevada al extremo... Ya saben, esas cosas que tanto tienen que ver con el “agua como metáfora oscura” o la “complejidad de las relaciones humanas”. (A excepción de "Islandia", el último relato, donde sí hay agua y relaciones humanas y, no se lo pierdan, trolls e ideas robadas de cine noruego de serie B, que ya hace falta estar desesperado).

Lo que viene siendo querer dar la campanada y no pasar de tocar la zambomba. 


Por cierto, «Esta obra forma parte del Nuevo Drama»:


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Cajón desastre [11/2012]

Porque el mal no descansa, abrimos, mis socios capitalistas y yo, nueva sección, que ya veremos si prospera o no prospera. La cosa no estará tanto en hablar de lo que nos gusta como en rajar de lo que nos plazca. Resumiendo: he aquí un bloque de noticias (o simples cosillas que me he encontrado por la red) irregular y descontextualizado; un ejercicio para reírse de todo y de todos, un poco por aquello de no perder la costumbre y otro poco porque sí. Me siento supermegahijodeputa haciendo esto, de verdad, pero yo no sé escribir de otra manera. Que no, tontis, que es bromis; si lo hago encantado. 

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Las cartas al director de Miguel Espigado 

El escritor Miguel Espigado (voy a dar por hecho que lo conocen y así me ahorro el par de líneas de su currículum) protesta enérgicamente. ¡Protesto enérgicamente!, piensa y no dice. Razón no le falta. Yo también estaría enfadado si me hubiera pasado lo que a él. ¡Qué desastre, madre mía! Ya verán qué horror, qué pena, qué drama. 

Miguel Espigado es un amante de la literatura que pertenece a esa generación, como los Fernández y Fernández, que creen que la letra con música entra y de ahí que se dedique a hacer Sponken Words de su novela. Lo suyo es la guitarra, como los trovadores. El caso es que nuestro hombre orquesta ama las letras por encima de todo y fue todo uno enterarse del proyecto Diario Kafka y ser feliz. Como otros se ofrecen a Lourdes él se ofreció al órgano de gobierno del suplemento o complemento del diario.es pero he aquí la sorpresa: cuando descubrió en los dos días siguientes (la semana del estreno) que habían fichado a Alberto Olmos en plan Mal-herido por un lado y a servidor en plan cirujano por el otro le dio un parrús.  

Todo ESTO es lo que dice Espigado (clic) pero yo se lo resumo en un parrafito porque supongo que tendrán mejores cosas que hacer que andar pegando botes de hipervínculo en hipervínculo: 

Que muy mal Alberto (hay confianza, ya) y yo. Fatal. Que somos unas verduleras; que no tenemos criterio. Que nuestros juicios son todos sumarísimos; que nos hemos olvidado del análisis. Que somos como la Estaban y nuestros blogs como La Noria. Que es inconcebible que eldiario.es, que se supone que apuesta por el rigor periodístico, acepte entre sus filas a impresentables como nosotros; que por eso envía la queja a la defensora del lector a pesar de qué (esto sí que me ha gustado) nuestra originalidad y enrevesamiento en la forma de construir estos sarcasmos alcanzan verdaderos estados de gracia. No se me merecen. Pues así, encadenando elogios, durante 1.500 palabras. 

Es decir, que se pregunta Miguel Espigado dónde está la policía de Eldiario.es, dónde los profesionales de Diario Kafka y dónde el sentido crítico de servidor. Pues mira, Miguel querido, te diré que los demás no sé, pero se ve que mi Sentido Crítico está en un hotel, el Kafka seguramente, teniendo sexo anal con tu Sentido del Humor

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Los Promotables según Enrique Rubio 

Quizá recuerden el tema de los Promotables de Claudio López de Lamadrid, aquella insignificancia de la que hablamos hace un par de semanas que tenía que ver con vender un escritor antes que un libro. AQUÍ, era. Pues bien, hace unos días, dando un paseo por los blogs habituales me encontré con un divertido artículo del eternamente ácido Enrique Rubio que guardaba una estrecha relación con aquello. Les dejo en enlace (ENLACE) y un fragmento para que se hagan una idea. 

Sé que puede sonar algo exagerado o inverosímil, pero imaginad que a una poetisa le diera por hacerse continuamente fotos de sus rasgos aniñados y sus señales de fertilidad, como labios hinchados y estrogenados u ojos de rana, para vender sus poesías. El éxito estaría asegurado. El porno es el negocio perfecto. El instinto primario siempre triunfa. Una foto de una lolita con rasgos claros de fertilidad y un gesto lascivo siempre vendería más que mil poemas.
Bien. Lo vería apropiado si la lolita vendiera solo sexo y pornografía explícitos en vez de utilizar la calidad de sus óvulos para venderme otra cosa muy distinta, pues acabaría haciéndonos la picha un lío. Cuando un hombre fuera a ponerse a leer una poesía en su blog, ya habría eyaculado mirando las fotos y no le apetecería nada más, mucho menos ponerse a leer poesía. Todos conocerían la calidad de sus óvulos pero nadie el título de uno de sus libros. Sin embargo, la mayoría de hombres y muchas mujeres creerían que sus poesías son extraordinarias por el efecto halo. (Texto completo: aquí

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Gonzalo Garrido, de profesión Perpetrador 

Gonzalo Garrido fue el hombre que montó, organizó, perpetró, aquello que se dio en llamar “Encuentros de blogs literarios” que reunió a un puñado de gente del medio que habló, habló y habló (hasta que el entendimiento derrotó) de un montón de cosas que sólo les importaban a ellos y sus familias. Luego siguió perpetrando, Garrido, y perpetró una novela llamada “Las flores de Baudelaire” de la que ya se hablaron maravillas en este mismo blog. Me niego a resumir la película. Toda la historia AQUÍ

Puesto que Garrido lleva lo de perpetración en la sangre sugirió que estaba planeando un segundo encuentro de blogs literarios por si la gente no había quedado contenta con el menú o algunos de los integrantes no habían acabado de decidir si quedaban para follar o no. Mensaje para aquellos que no tienen plan para el viernes por la noche de un indeterminado mes del año que viene: esta es la vuestra. 

Perpetrando, perpetrando y viendo que lo de los frikiencuentros le sentaba muy bien a su novela, que ya va por la segunda edición (tiembla María Dueñas), Garrido, el azote de los vagos, se apuntó a otro encuentro literario: Liburutekia. Se ve a que este hombre lo de las letras le mola. Total, que los días 13 y 14 se juntó en Bilbao con un grupo de escritores que no conoce ni dios (hora va siendo, ya, de que llamen a Nuria Azancot para que les monté una Generación Literaria en condiciones) para hablar, otra vez, de la putas nuevas tecnologías, total para que acabemos todos escribiendo en Word, cogiendo los libros en la biblioteca o bajándolos por alguna torrentera. [Aquí el programa para los curiosos.] Por las conclusiones no esperen; ya se las cuento yo: que todo muy bien; que super-majos, todos; que el futuro está aquí; que sin tarifa plana no eres nada, monada; que qué tacones tan altos, amor. 

Puesto que nuestro héroe, Garrido, aspira a una tercera edición de su novela, perpetra otro encuentro, el primero de esta clase, también en Bilbao, llamado “Negra y de Bilbao” (gran nombre) que ha tenido lugar o está teniendo lugar hoy, ahora, en la Casa del Libro (de Bilbao, sí). [Salvo error] participan en él cuatro colegas (de profesión), un moderador (aunque no son de esperar grandes conflictos) y un puñado de gente que seguramente se verá obligada a comprarse alguno de los libros de los contertulios. La charleta irá sobre entender el alcance de este género y sus limitaciones, o lo que es lo mismo, por dónde se mueve el animal y de qué color tiene la cola. Apasionante. A ver si hay suerte, los sacan en Quimera y nos enteramos con detalle. 


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Nuevo trovador para el Nuevo Drama 

Los más viejos de lugar recordarán aquello del Nuevo Drama, la primera Generación Literaria de Diseño. Se lo resumo: Soto Ivars, Manuel Astur y el eternamente escritor novel Sergi Bellver (el único hombre capaz de escribir un poemario, una novela, un relato, un microrelato, una obra de teatro y el guión de una película sin dejar rastro alguno) utilizaron un recopilatorio de cuentos llamado “Mi madre es un pez” para adscribir a todos los antologados a su propio círculo concéntrico y vicioso; un plan que parecía de natural espontáneo sin ser tanto así. Aquello fue un desastre en todos los sentidos sobre todo porque se quedaron más solos que las tres teniendo que pagar ellos solitos el dominio web a perpetuidad. 

O eso creíamos hasta ahora. 

Si hacen ustedes clic AQUÍ verán que el Nuevo Drama está de enhorabuena: ¡ha parido un poeta! Su nombre: Francisco Javier Sanchez Ocaña. Vamos a hacerle el curriculum: FJ ve la luz en Granada en 1981. Nace, crece y se desarrolla sin llamar la atención pero desde muy joven siente la llamada de la literatura, una pasión que acabará desembocando en un poemario que le publica una editorial. No es fácil ser especial. Dice Soto Ivars que el poemario de este chico fue razón más que de suficiente para invitarle a formar parte de ese peculiar valle de lágrimas. Estoy convencido de que Soto, que es un poco cabrocete, dice esto a sabiendas de que de los tres miembros sólo él ha aportado producción a esta desigual cooperativa. 

Damos desde aquí nuestra más sincera enhorabuena a Sánchez Ocaña, a quien se le ve realmente ilusionado cuando afirma que enseña a su familia y amigos el mail que le escribieron los neodramáticos; se le llena la boca, dice, con un mantecado de ilusoria grandeza, se chupa los dedos, emborrona el ratón. Se deshace lentamente, Ocaña, el hombre que tiene “Los ojos de Sarah” junto a “Rayuela” sin leer por miedo a empezarlos porque no quiere que se acaben (que de todas las excusas que se dan por no haber leído un libro es, con diferencia, la mejor). 

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ANEXO: Promociones varias


Nuestros tiempos felices” (La esfera de los libros), una novela de la coreana Gong Ji-young (autora que se vende como “la Paulo Coelho de la literatura oriental”), lleva en su portada un globo informativo que dice lo siguiente: “más de 20 millones de lectores en Asia”. El lector se imagina que por muy grande que sea Asia veinte millones no dejan de ser una cifra a tener en cuenta. Pues no. En la web de la editorial, que consulto por sincera curiosidad, descubro que la cosa no es tanto así como asá: “Con más de veinte millones de ejemplares de sus títulos vendidos en Asia, Gong Ji-Young es una de las autoras más sobresalientes del panorama narrativo actual.” Según la wikipedia el total de títulos vendidos por esta mujer son once. No es por restarle méritos a la muchacha pero cambia de cojones, la cosa. 



y 2 

Recibo una nota de prensa (automática) de la editorial Planeta (la del premio ese tan importante) informándome de un acontecimiento de repercusiones bíblicas: “Pídeme lo que quieras”, de Megan Maxwell, la primera novela de una saga erótica española publicada por Esencia y que está teniendo una gran acogida, ha recibido un premio: las tres plumas a la mejor novela erótica (claro) otorgada por “Pasión por la novela”, un blog de color rosa chicle. La autora prepara actualmente la secuela que se llamará “Pídeme lo que quieras ahora y siempre”, algo para lo que no tenemos palabras. Porque no hay dos sin tres, nos tememos lo peor con el cierre de la más que posible trilogía de la que nos atrevemos a aventurar un posible título: “Pídeme lo que quieras ahora y siempre pero cierra la puerta al salir”. Ahora bien, los más impacientes, aquellos que no sean capaces de pasar ni cuatro meses más sin leer algo de Megan Maxwell, nos avanza el avance que la muchacha publicará en breve otro libro chic-lit (este palabro figura en el comunicado) en la misma editorial, llamado “Melocotón loco”. Ahoguen las carcajadas: Melocotón loco es, con diferencia, el mejor título de novela erótica que yo he visto en mi vida. Aún así esta chica necesita urgentemente que alguien mire por su imagen púbica pública. 

A destacar, también, en el plumarés del premio, el libro llamado “Recuerdos” de Melanie Alexander galardonado con las tres plumas a la mejor novela romántica autopublicada paranormal, que como subgénero marginal es absolutamente genial porque sí. 



viernes, 14 de octubre de 2011

Nuevo DRAMA (La enésima (de)generación literaria del siglo)


Hoy día las generaciones literarias surgen de forma espontanea, no requieren orden ministerial; es más, si usted acostumbra a buscar setas por el bosque no sería de extrañar que se encontrase con un par de ellas (de generaciones). El ministerio de educación recomienda en estos casos un consumo responsable puesto que una sola generación de estas puede perfectamente acabar con su vida. En el caso de la Generación Nocilla el parto tuvo lugar en 2007 y la culpa de todo dicen que la tuvo una mujer llamada Nuria Azancot que trabajaba para El Cultural y que le puso este nombre para… bueno, da igual, el caso es que se juntaron veinte (es un decir) escritores (también) y les pusieron un nombre. Luego a toro pasado dijeron todos que no les gustaba y que no lo compartían y tal y cual pero para la foto sí que estuvieron. Después empezó la oferta de nombres alternativos (Afterpop, La Luz Nueva, Mutantes) pero todo quedó más o menos en nada aunque sí es verdad que hay gente que escribe, tienen más o menos la misma edad y son amigos, vecinos o colaboradores (1). Bueno, hay mucha literatura al respecto y yo no estoy por labor de leérmela toda porque más o menos ya saben ustedes por dónde van los tiros y esto nada más que quería ser una introducción. 

El caso es que en vista del fracaso estrepitoso que fue esto, alguien (no diremos quien ni lo insinuaremos todavía) tuvo la feliz idea de montar otra (generación literaria). La generación del NUEVO DRAMA, que hasta tiene web y todo (esta). No sé en qué momento nace la idea ni si todos los que están son todos los que son pero el caso es que según el artículo que sale en el suplemento Tendencias (este) el grupo estaría compuesto por aquellos (2) que integran una antología recientemente publicada por Libros del Silencio que lleva el nombre de “Mi madre es un pez”, cuyos editores fueron Sergi Bellver y Juan Soto Ivars y de la que ya hemos hablado largo y tendido en este blog (aquí). 

Bueno, abreviando; ahora de lo que se trata es de saber de qué va todo esto, qué nos ofrece esta generación y en qué se distingue de las anteriores porque, vayan ustedes a saber, quizá estemos frente a una auténtica revolución literaria y nosotros con estos pelos. No se rían, lo digo en serio. El artículo que habla  de esta nueva generación está lleno de fantásticos titulares que definen perfectamente su esencia y de los que voy a tener que tirar a falta de manifiesto oficial (aunque no sé porqué me tengo que comer yo todos estos marrones). Venga, los titulares y luego seguimos que me queda una última cosa que decir: 

· “El Nuevo DRAMA tiene como fin «romper con la frialdad de la forma y la impostura de lo fragmentario por tendencia», es decir, hacer olvidar a la ya en retirada Generación Nocilla, renegando «de la versión más vacua de la posmodernidad », con la firme intención de «emocionar, decir, crear nuevos dramas»”. 
· “«Nos gustaría restaurar el mobiliario de la literatura española», sentencia Bellver, ambicioso.” 
· El Nuevo DRAMA quiere romper con los artificios literarios y contar historias. 

Suficiente por ahora. Me quedo con “olvidar a la ya retirada Generación Nocilla” (y eso que los integrantes no llegan a los cincuenta tacos per cápita) y “romper con los artificios literarios y contar historias”. Es decir, lo que todos (o casi todos) sabíamos: que ya está todo inventado y que el nocilleo no da para más si acaso algún día dio para algo. Que el experimento ha fracasado, vaya, y que aunque ahora lo que hacemos es nada más (déjenme decirlo: y nada menos) que volver al status quo anterior no nos vamos a privar de ponerle nombre y así aprovechamos el desmarque para cepillarnos a unos cuantos no vayan a coparnos el mercado con sus excentricidades. Lo de siempre.

Pero, ¿quién abandera este Nuevo DRAMA? ¿A quién tenemos que agradecerle el nacimiento de esta formación? (No es un misterio, lo dicen en la web: Manuel Astur, Juan Soto Ivars y Sergi Bellver). En su momento, lo comenté más arriba, fue Nuria Azancot de El Cultural la que les puso a los nocillos el nombre en cuestión y yo pensé durante un fugaz instante que lo mismo había ocurrido ahora con Laura Fernández y el Tendencies 322 pero resultó que no. Dice Laura que han sido los propios autores (ver paréntesis anterior) quienes se han puesto el nombre. Pero lo mejor no es eso; lo mejor (y más divertido) es ver a algunos integrantes salir por patas antes de que empiece la fiesta porque no hace falta ser muy listo para ver que esto tiene un futuro muy poco prometedor porque una cosa es ponerle un nombre a un algo experimental (independientemente del resultado) y otra muy diferente seguir con lo de siempre y ponérselo también. 






(1) A saber: según http://generacionnocilla.blogspot.com serían los siguientes: Vicente Luís Mora, Jorge Carrión, Eloy Fernández Porta, Javier Fernández, Milo Krmpotic, Mario Cuenca Sandoval, Lolita Bosch, Javier Calvo, Domenico Chiappe, Gabi Martínez, Álvaro Colomer, Harkaitz Cano, Juan Francisco Ferré, Germán Sierra, Fernández Mallo, Diego Doncel, Mercedes Cebrián, Robert Juan-Cantavella, Salvador Gutiérrez Solís, Manuel Vilas, Robert Juan-Cantavella y Vicente Muñoz Álvarez. 

(2) A saber también: Katya Adaui · Manuel Astur · Javier Avilés · Jon Bilbao · Javier Calvo · Matías Candeira · Fernando Cañero · Celso Castro · Mercedes Cebrián · Paula Cifuentes · Fernando Clemot · Aixa de la Cruz · Mariana Enriquez · Alfonso Fernández Burgos · Rodrigo Fresán · Esther García Llovet · Óscar Gual · Manuel Jabois · Andrea Jeftanovic · Paula Lapido · Sergio Lifante · Berta Marsé · Eduardo Mendoza · Ricardo Menéndez Salmón · Javier Moreno · Alberto Olmos · Antonio Ortuño · Camilo de Ory · Carlo Padial · Gabriel Sofer · Jordi Soler · Juan Terranova · David Ventura