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lunes, 26 de diciembre de 2011

Un Bicho, dos Bichos... y así hasta cinco.


“Tan solo una sombra” de Milo J. Krmpotic'

Adaptación del cuento de Peter Pan para la colección de bichos de Sigueleyendo, que a los no informados les diré que son esos cuentos que se venden aquí a un eurillo, que tampoco es algo que arruine a nadie y además no engorda. No es por comparar placeres pero a la larga sale mucho más caro follar, por ejemplo.

No es un cuento fácil de adaptar este de Peter Pan. Quiero decir que no es un cuento fácil de trasladar a los tiempos modernos si se quiere conservar el componente fantastico puesto que hablamos de un cuento que cuenta con una suerte de duendecillo mágico, un país “alternativo” y una niña que va de uno a otro y de otro a uno; esto es, viajes de ida y vuelta de la mano de un niñato en leotardos. Y esto, miedo, lo que se dice miedo, no da. En ese sentido Milo cumple. Al ser un cuento chiquitito, de unas veintipico páginas, el pobre ha tenido que sacrificar al capitán Garfio y al famoso cocodrilo despertador pero el resto están todos: la niña (Wen), al duendecillo (Peter Pan) y los niñatos perdidos del País de Nunca Jamás, un país que se nutre de bits donde el otro lo hacía de los polvos de Campanilla. 

No hay mucho más que decir; dense cuenta de que es un cuento minúsculo que además tira mucho de diálogos breves, brevísimos, invisibilísimos. Funciona bien casi todo el tiempo, logrando el objetivo del desasosiego de Perder un Hijo, sobre todo en aquellos que somos padres y tememos a los monstruos hijos de puta que se quieren comer a nuestras niñas pero al final se desinfla un poco por un misterio nimio al que se le da demasiado importancia, dejando de ser la criaturita lo importante no sé bien por qué razón. Un cuento correcto, en definitiva, al que no le supongo más pretensión que la de entretener.




“En el bosque” de Juan Abreu 

Este ha sido fácil en el sentido de que el escritor no ha tenido que romperse mucho la cabeza para modernizar el terror del cuento que se adapta, esto es,  Caperucita Roja. Los personajes por todos conocidos son: una Caperucita, que bien pudiera ser una niña o una adolescente y que aquí, por añadirle color, es una prostituta de cuarenta kilos especializada en pajas lejendarias. Cosas de la modernidad. Luego está la abuela que bien pudiera ser cualquier otra cosa, pero que al final no pasa de ser una simple abuela, con su bondad y toda esa mierda. Y el lobo, claro, porque sin lobo no hay cuento. Si metemos en una coctelera a una puta, una vieja y un lobo y agitamos bien lo más probable es que salga algo violento. Sí, ya sé que los cuentos actuales tienen que afrontar miedos reales pero lo del lobo malo que mata mujeres ya está un poco visto, la verdad, por más que esto vaya más en la línea de la matanza de Texas. 




“Y colorín, colorado, tu vida ha terminado” de Miguel Molfino 

Otra vez Caperucita. En esta ocasión el Lobo es un señor que se llama Lobo. Pues bien, este Sr. Lobo “colabora” para la dictadura argentina secuestrando gente que luego encierra en los Centros Clandestinos de Detención. Caperucita es una "revolucionaria" que tiene una abuelita tan o más bondadosa que la anterior. A las dos las secuestra ese Lobo malvado; las encierra y las tortura durante días total para nada. Hay un cuarto personaje: un joven al que hacen sufrir hasta la muerte, sospechoso de no sabemos qué [acto subversivo] y familiar o amigo o amante [o algo] de la niña carmesí. El caso es que tanto la razón de ser de este personaje como la del propio cuento no se comprende bien si no se repasa la biografía del autor. Resulta que Miguel Molfino estuvo preso durante la última dictadura argentina pero lo realmente malo fue que en ella perdió a su madre, a su hermana y a su cuñado. Exacto: los tres personajes salen en la novela el tercero de los cuales encuentra verdadera justificación aquí. También sale el Lobo, que representa la dictadura en forma de agente canalla. Salen todos porque tienen que salir, porque Molfino no está escribiendo un cuento sino escupiendo una fantasía surgida de los recuerdos y a mí con este tipo de dramas me salen chistes que no tienen maldita la gracia y mejor me los callo. 



“Ni Hansel ni Gretel” de Juan Ramón Biedma 

Con este título el escritor podía haber escrito lo que le saliese de los huevos que la referencia ya estaba hecha. Y de hecho es un poco así. Háganse la idea: un hombre busca a sus dos hijos después de haberlos vendido a una bruja que a su vez vende hachís en una camioneta (les presento "la casita de chocolate") y que huye con ellos no se sabe hacia dónde. El niño sale poco -le cuentan al padre arrepentido testigos oculares- pero la niña sí por lo que es de suponer que al uno lo está engordando para comérselo y a la otra la tiene de esclava. Bueno, a grandes rasgos, lo que viene siendo el cuento de Hansel y Gretel. La “novedad” (tomando esto con pinzas) -al igual que en el cuento de Milo- está en hacer del padre el protagonista y desde el momento en que esto es así ya estamos otra vez metidos en el efectista asunto de la angustia paterna como motor del terror. La diferencia es que mientras en el cuento de Milo sí podemos llegar a sentir cierta empatía  en el de este señor que mercadea con la familia no, básicamente porque es un hijo de puta pero sobre todo porque lee poemas de libros que caen del cielo. Esto suena raro porque es raro y a mí que por lo general los poemas no me suelen gustar estos me han parecido una soberana tontería y si  el cuento flojeaba desde el principio no les quiero ni contar ya cerca del final. Fíjense cómo ha sido de flojo que ha acabado por quitarme hasta las ganas de “conocer” el resto de la obra del escritor (que ya supongo que no era el objetivo de este cuento (espantarme, quiero decir)). 




“Le viste la cara a Dios” de Gabriela Cabezón Cámara 

Este cuento adapta “La Bella Durmiente”. Pensaba yo antes de leerlo que el reto de esta adaptación estaría en no caer en lo previsible que sería contar la historia de una hermosa mujer en estado de coma profundo que es follada sistemáticamente por una cantidad ingente de hombres que visitan el prostíbulo de prácticas alternativas en que la tienen recluida, regentado por una madame vieja como un papiro y aficionada a la calceta. En los cuentos modernos no hay salvación posible y mucho menos final feliz, por eso deberíamos suponer (en esta fantasía previa a la lectura) que el príncipe es el cabrón de armas tomar que tras despertarla con un polvo mortal la compra, la filetea y se la come con patatas bravas en la intimidad del hogar conyugal. 

Me equivoqué. Poco, pero me equivoqué. Gabriela no escribe ese cuento sino otro. En el suyo Beya, que así se llama la muchacha, no está en coma sino despierta, viva sin vivir en sí y agonizando sin descanso pues queda claro desde el principio que se trata de sufrir. También ella vive prostibulariamente pero a la Beya de Gabriela no contentos con violarla la apalizan y la hostian lo que no está escrito y la autora -que es muy bruta- cuenta las torturas de un modo tal que bien pudieran convertirse en versos. Vean:

Tenía un ojo a un costado. 
El cráneo un poco partido. 
Las dos piernas fracturadas 
y en posiciones absurdas. 
Y tajos en todo el cuerpo  
le habían dado hasta diez 
le hicieron los agujeros 
para hacerlo todos juntos 
y a la vez. 

(La adaptación es mía, no así la belleza contenida en el texto.) Bueno, pues así todo el rato veinticinco páginas de letra condensada que no da tiempo a respirar. A mí eso me jode especialmente porque me quedo sin pausas para vomitar entre degüello y desollamiento. Lo de Bella Durmiente, por si sienten curiosidad, le viene por la necesidad de cerrar los ojos buscando el sueño como evasión de la realidad, que de otro modo se supone insoportable. También hay algo así como un príncipe y un beso que no pasa de anecdótico. En definitiva, nada que no hayamos visto antes, pero ensangrentado.


martes, 5 de julio de 2011

Un par de miserables pero justificados abandonos

El mes de Julio empezó con dos miserables abandonos. Últimamente todos mis meses empiezan igual. El primero de ellos fue 

"LAS TRES BALAS DE BORIS BARDIN" de Milo J. Krmpotic 

Esto que viene ahora es una putada porque Milo, sin conocerlo personalmente, es un tipo que me cae bastante bien. Es algo instintivo, no busquen justificación o lo estropearán. Bien, ya lo he dicho; ahora, procedamos: la novela de Milo tiene uno de los peores comienzos que le he leído últimamente (siendo "últimamente" un período de tiempo demasiado extenso y siendo "comienzos" lo que va de la página uno a la veintidós) a excepción de las primeras líneas de "Alma". No me refiero, ojo, a una primera frase tipo "Lo que les voy a contar a continuación cambiará su vida para siempre" o similar (el habitual sistema de enganche) sino a un conjunto de frases enooooorme. Mi problema durante/con la novela, lo que leí de ella al menos (ya les diré luego exactamente cuánto fue) era más bien de tipo -permítanme el adjetivo- "inaprensible"; es decir, que por alguna extraña razón - que puede que sí tenga explicación- la información facilitada por Milo no estaba siendo capturada debidamente por las ventosas de mis ondas cerebrales. Algo así. Que no me estaba enterando, vaya; pero tal como he dicho, puede haber una explicación para esto. 

Creo recordar que lo empecé a leer el viernes pasado. Estoy casi seguro que de sí. Hacía calor y la enana chapoteaba en la piscina. La novela, parecía ideal para este tipo ambiente pero no se dejó querer. Entre eso y las continuas interrupciones opté por dejarlo para otro momento más feliz. Al día siguiente volví a intentarlo: misma situación, idéntico resultado. No hubo manera. Me cansé, me rendí, me enfadé. Lo que más me molestaba de todo era que no lograba enterarme de qué iba exactamente (miren si tenía fe en Milo que llegué a echarle la culpa a mi hija y su manía de entrar y salir del agua continuamente): ¿cuál era el argumento y porqué se resistía tanto a hacerse evidente? Sé lo que están pensando pero no, la contraportada no sirve para nada. Allí sólo nos cuentan cosas sobre el apellido del escritor, nos dicen que nos fiemos, que el muchacho es más español que el rey y recomienda a las librerías que no lo ubiquen en la sección de literatura rusa. Mejor le iría, creo yo, pero allá cada cual. También nos dice que por culpa de la crisis podemos acabar igual o peor que Argentina. En fin. Pero lo mejor es que para contar el argumento nos remite al primer párrafo de la novela. Cito textualmente: 

“La cosa va de esto: Llegué al lugar de madrugada, en auto, del modo en que uno debería siempre enfrentarse por primera vez a una ciudad argentina. Y puede que también a las del resto del mundo, pero sigo sin estar en condiciones de asegurarlo. Nunca salí de este país, lo que me dispensó el privilegio de verlo hundirse una y otra vez en la mierda. Y de hundirme a su lado, que las grandes fidelidades están para eso, para hacerte la ilusión de que hay alguien en condiciones de salvarte y acabar ahogándote de todos modos, sí, pero en compañía. Es la gran virtud de Argentina, que jamás te deja solo. Las miserias son compartidas o no son.” 

¿La cosa va de qué, exactamente? ¿De las memorias de un argentino en caída libre? ¿De la Argentina en caída libre? ¿De cómo hacer turismo en Argentina? ¿De cuáles son las mejores horas para viajar? ¿De las miserias y su condición? ¿Puede alguien por favor hacerme el favor de decirme de qué (coño) va la novelita de marras? Porque yo, se lo juro, ni en la página 50 -cuando lo cerré definitivamente- lo tuve claro. Eso fue anoche. Dejé apartado el libro de Philip Roth que tenía entre manos y ya más tranquilo me puse a ello. Pero nada, imposible. Ni con música. Por el amor de dios, ¿pero de qué trata?!!! 

(Hoy) me rindo. Opto por tirar de google. El primer resultado es una reseña de El Cultural escrita por Santos Sanz Villanueva. Aquí un extracto: 

“El autor, Milo J. Krmpotic […] es algo así como el Ferran Adrià de la novela criminal: la deconstruye, conserva sus ingredientes básicos y elabora, en lugar de la espuma de tortilla de patata, una espuma de thriller. De ahí que se evite la exposición orgánica de un acto criminal que avanza con claridad en esta historia tramada con los hilos del suspense. 
Crímenes y delitos y violencia y policías e intriga que se aclara muy al final como resolución del misterio o suspense se encuentran en Las tres balas de Boris Bardin, pero la exposición de ninguna manera sigue las pautas previsibles. Krmpotic es un esmerado artesano del sugerir, insinuar, decir con medias palabras, o, mejor, de no decir lo que ocurre como lo haría una crónica periodística de sucesos; un forofo de no proporcionar nunca a la primera los datos evidentes; en fin, un apóstol del camuflaje anecdótico. Krmpotic pertenece a la última hornada de prosistas que tratan de insuflar nuevos aires a nuestra narrativa mediante un acusado vanguardismo formal.” 

¡Una novela desestructurada!! ¡Acabáramos! Voy a aprovechar este instante de felicidad para cagarme en las novelas desestructuradas. Ya está; mucho mejor, gracias. Sigamos. Villanueva me absuelve con el final de su reseña: 

“El enfoque elusivo paga, sin embargo, el alto precio de una dificultad de lectura muy grande por culpa de un virtuosismo algo gratuito y de unas ganas excesivas de complicarle la vida al lector.” 

Miren, a mi no me importa leer novelas desestructuradas, se lo juro. Es verdad que puestos a elegir prefiero las que ya vienen montadas pero si tengo que leerlas las leo y tan amigos. Cualquier día de estos encontraré una que me guste, ya verán. Pero hoy no, todavía no y desde luego NO de policías. Y menos aún con “Rayuela” todavía sin leer -quizá el mayor y más imperdonable de todo mis pecados-. Y desde luego NO si el virtuosismo es gratuito (que Milo escribe bien es innegable desde la segunda página, pero eso es algo que ya suponía) y TAMPOCO si recurso de complicarle la vida al lector oculta un secreto indescifrable. 



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La historia del abandono de UMBRIA, en comparación con la de Milo, es una memez pero también más breve, lo cual supongo agradecerán. El asunto fue más o menos así: 

Un día, en Facebook, me encontré entre las fotos de un conocido una serie de recomendaciones a cual mejor. Entre ellas estaba este libro, el único del que no había oído hablar. Yo, que soy muy bien pensado, me tiré de cabeza a la piscina sin mirar si había gente. Cuando recibí el libro la semana pasada fue cuando me di cuenta de que me había equivocado. La novela de Antonio Calzado va de esto: 

“Un antiguo cuadro holandés desaparece de la abadía de Umbría. Cuatro siglos antes, el autor del lienzo, Dirk Van Nister, recibe una cuantiosa herencia que le permite viajar por todo el orbe, hasta que conoce a un misterioso personaje que le encarga un retrato. 
Durante la investigación del robo, el detective Dantas descubre detalles de la vida de Van Nister que parecen guardar extraña relación con horrendos asesinatos que se han perpetrado en la ciudad. En el curso de sus pesquisas, Dantas contacta con un librero llamado Montenegro, tras cuya figura podría agazaparse la presencia del propio Van Nister.” 

Miren, seguro que es cojonuda, de verdad, pero a mí el fantástico (como género) ahora mismo no me apetece por mucho ambiente seductor, por mucho emotivo y deslumbrante final y por mucho inusual talento para crear tramas absorbentes en la que latan las principales preocupaciones que inquietan al ser humano desde el albor de los tiempos (estoy citando a la editorial). A la piscina me tenía que haber llevado este y no el de Milo, que lo sé yo, pero lo pensé tarde y ahora estoy a otro rollo y ni uno ni otro y a de ahí el abandono y si te he visto no me acuerdo.