El origen





A menudo me han preguntado cuál es el origen del nombre de este blog. Pues bien, es bastante sencillo. En 2001, Enrique Vila-Matas ganó un pequeño premio (el XII Premio UNED de Narración Breve (1)) con un relato corto, realmente minúsculo (1815 miserables palabras) pero a mi entender absolutamente genial, llamado “Monólogo del Café Sport”. El relato comienza con un hombre enfermo. Enfermo de literatura.

Verá usted, yo estaba enfermo de literatura, lo mío era grave y alarmante, leía el mundo como si fuera la prolongación de un interminable texto literario, estaba impregnado de literatura, hablaba en libro. No desdeñaba como carne literaria prácticamente nada, es decir, estaba condenado a fijarme en todo: en las lágrimas de la viuda, pero también en sus piernas enloquecedoras, en la mosca que se posaba en la nariz de la carnicera, en la mágica luz que invade las ciudades en el instante final del atardecer.

El pobre hombre logra, tras un enorme esfuerzo (y después de visitar a su hijo aquejado por neurosis literarias más graves que la suya) desprenderse del peso de la literatura a fuerza de evitar pensar en ella. Pero eso no hace más que empeorar las cosas: 

Verá usted, pasó entonces algo horrible. Comencé a pensar sólo en la muerte, me pasaba horas enteras pensando en ella.”

Es entonces cuando su mujer, desesperada, lo lleva de vacaciones a la isla de Faial, en las Azores, donde nuestro protagonista conoce al feo Tongoy, un actor de origen chileno y polaco que vive en París y que se hizo famoso por una película en la que interpretaba a un siniestro viejo que se dedicaba a raptar niños. La descripción de Tongoy nos llega inmediatamente después:

Sólo quiero que sepa que el feo Tongoy ayer me cambió la vida, en este bar, en el Café Sport. […] quizás le haya visto, y si lo ha visto no creo que haya podido olvidarlo, porque es el vivo retrato de Drácula, es el hombre más feo del mundo.

Inmediatamente después, nuestro enfermizo narrador cuenta a su interlocutor (un Vila-Matas que no llega a identificarse) cómo le cambió la vida y qué pudo haber hecho Tongoy para ayudarle a encontrar la cura de su obsesión por la muerte :

Me atreví a contarle mi problema, le expliqué que, cuando lograba dejar de pensar en literatura, pensaba en la muerte, y viceversa. […] Cuando terminé de hablar, Tongoy me dijo, sin saber que iba a cambiarme la vida: «¡Pero esto es tremendo! ¿Cómo puedes vivir así? En lugar de dar tantas vueltas a la muerte y la literatura, deberías ser menos egocéntrico y preocuparte por la muerte de la literatura que, de seguir las cosas como van, está al caer. Eso sí que debería quitarte el sueño. ¿Acaso no has visto cómo están arrinconando a la verdadera literatura?».

Y así es como llegamos al párrafo final en el que encontrarán la frase que da sentido al nombre elegido para este blog. Espero que con él (con el párrafo) entiendan mi particular debilidad por este relato y al mismo tiempo sirva para justificar el juego de humor y crueldad por el que se me critica habitualmente. Pero por encima de todo lo que quiero es que comprendan que los motivos de escribir aquí van más allá del simple deseo de reseñar lecturas.

Y aquí me tiene usted ahora, soy la memoria de la literatura. Lichtenberg decía que un hombre inteligente acostumbra a decir primero en broma lo que después repetirá seriamente. Lo que yo ayer imaginé medio en broma mientras hablaba con Tongoy, hoy ya ni lo imagino ni es broma, lo digo seriamente, soy la memoria de la literatura y estoy en pie de guerra. Hace un rato, Rosa me ha dicho que me encuentra algo cambiado, no sabe lo acertada que está. Porque lo cierto es que se ha producido en mí un pequeño cambio, he tomado la medicina de Tongoy. He dejado atrás mi mal y ahora soy la memoria de la literatura, soy una historia ambulante y no puedo ni quiero ser nada más que eso, porque todo lo que no sea memoria de la literatura me aburre y lo odio, me molesta o estorba. Sólo me apena algo, me entristezco si me pregunto a dónde va la literatura. ¿A dónde quiere usted que vaya? En realidad la literatura va hacia sí misma, hacia su esencia que es la desaparición. Y eso me apena, claro, porque vuelvo a pensar en la muerte aquí y ahora, en este triste atardecer, aquí en el Café Sport.





«Algún día mi nombre
 evocará el recuerdo de algo terrible,
de una crisis como no hubo otra en la tierra».
Nietzsche




(1) XII Premio UNED de narración Breve 2001 - MONÓLOGO DEL CAFÉ SPORT Enrique Vila-Matas ...y otros autores premiados  -(José Luis Muñoz de Baena Simón: "El Coleccionista"  - Francisco García Pérez: "El canguro rojo"  - Armando Ruiz Chocarro: "Carretera perdida"  - Helena Fidalgo Robleda: "Cuestión de competencias"  - Prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo 120 páginas)  - UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA - Madrid, 200