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lunes, 3 de septiembre de 2012

“Las flores de Baudelaire” de Gonzalo Garrido

No soy muy amigo de las crónicas paraliterarias (por ejemplo, aquello que tiene que ver con las razones que nos llevan a leer ciertos libros) entre otras cosas porque creo que la mitad de las veces aburren a los muertos y la otra mitad sólo interesan a quien las escribe, pero hoy me apetece hacer una excepción y además me he levantado tan hijo de puta que igual hasta me sale algo interesante. 

Gonzalo Garrido es la imagen de un hombre queriendo alcanzar la luna de un salto. Lo conocí hace unos meses, no recuerdo cuántos. Se presentó como el organizador de un congreso que se celebraría en Madrid el tres de marzo de este año llamado "Encuentro blogs literarios" que pretendía aclarar qué son los blogs literarios y para qué sirven, si acaso sirven para algo... Un poco el quienes somos, a dónde vamos, de dónde venimos aplicado a este ramo específico de la blogosfera. Había mucha gente invitada: estaban Alberto Olmos, Luis Magrinyá, David Pérez Vega, Pilar Adón, Jordi Corominas, Javier Avilés, Constantino Bértolo, Sergio del Molino y un largo etcétera. Yo decliné la invitación básicamente porque no tengo mucha fe en este tipo de eventos y también porque no tengo ni puta de idea de para qué sirve hablar de estas cosas. En cualquier caso Gonzalo fue muy amable al invitarme y yo aproveché para sentirme halagado, que es algo que, dice mi mujer, me rejuvenece. Confieso haber hecho gala de una falsa modestia ejemplar. Tendrían que haber visto qué comedimiento. A veces, si me dejan, soy un tío cojonudo. 

No soy bueno para las fechas (ni para los nombres, ni para las caras y no digamos ya para la crítica) pero debió ser por entonces, cuando lo del evento, que empecé a seguir a Gonzalo en twitter, todo lo que yo sigo a la gente en twitter, que viene a ser lo que tardo en sacar el coche del garaje o cuando, por las noches, se me caen algunos libros de las manos. Pues bien, en algún momento Gonzalo empezó a hablar de Las flores de Baudelaire. Yo, en mi ignorancia habitual di por hecho que se trataba de alguna de sus muchas novelas. Si hubiese sido un poco más curioso de lo que fui entonces no hubiese tardado tanto en enterarme de que no sólo era su primera novela sino que además estaba, todavía, por entonces, inédita; no se publicaría hasta el ocho de mayo (fuente: Amazon). Con esto no pretendo dar a entender que ese evento, el de los blogs literarios, hubiese sido un instrumento al servicio de la promoción de su novela pero no deja de ser una divertida coincidencia (de la que no quiero dejar de aprovecharme) que le ha venido que ni pintada al bueno de Garrido. 

A medida que se aproximaba la fecha de estreno los tweets de Gonzalo se iban multiplicando exponencialmente (cuanto escribo estas palabras supera los 4700) alcanzando la categoría de despropósito desde el momento en que aparece en librerías. Ningún problema con esto, lo juro; cada uno promociona cómo le sale de los cojones o como buenamente puede. Es más, cuanto más ruido se haga, mejor, que por algo se ha estado currando como un cabrón sólo dios sabe cuántas horas. Hay que tener en cuenta que Alrevés, la editorial en que se publica “Las flores…”, no es Mondadori, ni Tusquets, ni Anagrama y es de suponer que tiene sus limitaciones presupuestarias a la hora de organizarle bolos a los escritores o simplemente para colocar reseñas en los diarios y revistas. Al menos yo es la primera vez en mi puta vida que leo un libro de estos señores. 

El caso es que un buen día, en plena promoción, recibo un email de Gonzalo ofreciéndome un ejemplar de su novela. Excusó decir (lo excusamos ambos) que en agradecimiento al gesto yo habría de hacer la reseña de un libro por el que hasta ese momento no había sentido el menor interés (la culpa, toda, de Baudelaire). No es un secreto que esto es lo que se espera de los blogs. No sé a ustedes, pero a mí, incondicionalmente, sólo me regala libros la familia o los amigos. Mi respuesta fue la habitual en estos casos: le pregunté si se había vuelto loco. Le di a entender que la reseña podía ser lo mismo buena que horrible, que esto dependía un poco de lo que me pareciese la novela. Aceptando pulpo como animal de compañía y supongo que suponiendo que era mejor eso que nada tardé como una semana en recibir el libro dichoso y algo así como cuatro meses en leerlo (todo un record). Si me paro a pensarlo, y conociéndome mínimamente, uno tiene que estar muy seguro de sí mismo para enviarme una novela como esta, tan poco de mi estilo. Garrido lo hizo y yo le respeto por ello. Se arriesgó. Perdió. 

Quería saber Garrido para qué servían los blogs literarios. Para esto sirven. 


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LA RESEÑA


Comentaba más arriba que esta novela cuenta, para ser escrita por un completo desconocido (entre comillas, esto), con una de las promociones más salvajes que le recuerdo a una editorial aparentemente tan modesta como Alrevés. Pero esto es así y no es así. Supongo que aquellos que tenemos agregado a Garrido en Facebook y seguimos sus ires y venires en twitter somos más conscientes de esto que nadie, ya que otra cosa no, pero Garrido, hablar, habla por los codos. Y habla mucho de “Las flores de Baudelaire”, porque como buen comunicador sabe que, matices aparte, el sexo dura lo que dura dura y un libro vende en tanto se hable de él. Lo que se dice y quién lo dice es fundamental y quizá por eso no he dejado de escuchar desde que todo esto empezó la sonatina de que a Eduardo Mendoza esta novela le ha parecido “una intriga bien contada que acaba envolviendo a la sociedad bilbaína y, lo que es más importante, al lector”. Espero sinceramente que alguien se haya acordado de recompensar adecuadamente al Sr. Mendoza por ser de los primeros en leer la novela y por esta chorrada que ha tenido que a bien escribir una de dos: borracho o bajo amenaza (de impago). 

Lamento sinceramente parecer tan desagradable precisamente con esta reseña que no debería ni estar escribiendo porque hay una cosa que es escandalosamente cierta: muchos autores de reconocido prestigio (es un decir) publican día sí día también literatura basura y lo más sensato sería ponerlos a parir a ellos y no a Garrido que es nuevo en esto y sólo trata de hacerse un hueco como buenamente puede en este mercado tan corrupto. El problema es que a mí pocas veces me apetece leer a esos autores de reconocido prestigio y en cambio sí a Garrido, precisamente por todo lo contrario. Tampoco me apetece ser el tío que tiene un blog y que te hace una reseña elogiosa si le mandas el libro. A mí el que me quiera mandar un libro que me lo mande, faltaría más, pocas veces he dicho que no, pero esperar, lo que se dice esperar, que no espere nada o, en todo caso, que se espere lo peor. Esto me ha quedado un poco chulo, pero hagan un esfuerzo por interpretarme que tampoco soy tan complicado. 

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Pero vamos con la reseña de una puta vez. La novela está ambientada en el Bilbao de 1917. A una familia adinerada de la zona le matan una hija fea como un cardo y más tonta que un bote de sopa. La policía, que o es inútil o está comprada cede el protagonismo a un fotógrafo profesional con mucho tiempo libre y amigo de meterse en problemas. El resto se lo pueden imaginar: nuestro detective aficionado, más valiente que un jabato, se dedica a preguntar y a molestar a un montón de gente lo que le asegura recibir un par de veladas amenazas de muerte que sólo le preocupan durante un par de capítulos. No hace falta pensar mucho para acordarse de setecientas novelas o películas sujetas al mismo esquema. Pues así de original pero con vascos de fondo. 

La novela, en mi opinión, tiene tanto para criticar (entendiendo esto como todo aquello que me provoca rechazo) que detenerme en cada detalle me obligaría a dedicarle un tiempo que no estoy dispuesto a perder. Por otro lado es una novela adscrita claramente al género de intriga (quien diga social, miente) algo con lo que yo suelo ser bastante tolerante por aquello de no sentirme nunca engañado. No es el caso. A esta novela la vienen queriendo hacer pasar por lo que no es desde que tengo conocimiento de su existencia. 

Lo peor, con diferencia, es el estilo. Hay una falta absoluta de personalidad, achacable, quizá, a que sea una primera novela, pero hay muchas primeras novelas infinitamente mejores ergo no hay excusa posible para esa falta de naturalidad, esa artificialidad, ese deje mecánico, ese continuo demostrar que se es jodidamente bueno con el diccionario de sinónimos. Esto se traduce en una frialdad en la escritura que contagia la narración y se come vivos a los personajes, que no parecen otra cosa que fotografías en movimiento. Mención aparte para unos diálogos de juzgado de guardia. Lamentable. Y no es culpa de los personajes, por más que estos no sean más que simples estereotipos nacidos de demasiados visionados de Colombo o Se ha escrito un crimen. El protagonista, un tipo infelizmente casado, independiente, mujeriego y un poco imbécil; sus colaboradores, el matón y el pupilo brillante; el jefe de policía arisco pero sospechosamente buen profesional; un juez corrupto; los matoncillos suburbiales; la femme fatale…. En este novela no hay acción pero gente sí, para aburrir. O quizá para despistar; puede que tanto aparato no sea nada más que una ceremonia de la confusión tratando de disimular las carencias argumentales que se han ido sacrificando en favor de las documentales. Me explico: la novela de Garrido sufre de lo que me pareció en su momento que sufría aquella única novela de Perez-Reverte que leí sobre Alatristre. Documentarse está bien -es fundamental, diría- pero no hay que olvidar nunca que los efectos especiales han de estar a la altura de la historia. No es el caso. Quiero decir que aquí no se tiene ese cuidado; se atiende demasiado a los detalles y al dibujo social de una época que no sé hasta qué punto importa a la narración, que una cosa es novelar y otra impartir una lección de historia y que para hacer ambas cosas y hacerlas medianamente bien hace falta mucho más arte del que demuestra tener Garrido. Esto no tendría por qué ser un problema si no fuese tan evidente, si no estuviese la narración tan al servicio del contexto histórico. 

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No busco hacer sangre. No a Gonzalo, al menos. Otro cantar sería la sangría que quisiera para la prensa escrita o la digital o la agradecida blogosfera contra la que ya me estoy hartando de disparar un día sí y otro también cuando no es para tanto. Pero lo que yo quiero nunca se cumple. (Comentario 1

Cuando uno lee ciertos artículos decir cosas tipo esta: “Las Flores de Baudelaire es un libro ágil que entrelaza con maestría el suspense de la investigación con la descripción de una sociedad y la psicología de unos personajes” lo que en realidad parecen estar diciendo es que no se han leído el puto libro. De hecho el resto de la entrevista (ENLACE) es un copipasteo de lo que ha dicho el escritor en el que se habla de “la originalidad de la historia, el estilo sencillo y depurado de la narración y la fuerza de los personajes que vertebran toda la trama” o cosas como que la novela pretende "provocar, hacernos pensar en nuestras propias vidas" o que “la obra tiene varios niveles de lectura, desde el sencillo al más sofisticado”. Varios niveles de lectura… Por el amor de dios... 

La blogosfera peca exactamente lo mismo, como siempre. Incluso los más críticos se apuntan al carro del peloteo: “Un libro que entretiene. Una narración suelta, documentada, modelada con historia investigada, tanto por el protagonista como por el autor. Compilar de esta manera el ayer de una estirpe debe producir mucho placer y mucha autoestima.” Decir esto que parece tan de aspirante a crítico de academia equivale a no decir nada o peor, decir esto es un insulto a la inteligencia. Si alguna vez escribo una novela y me dicen algo así sabré que me están mintiendo. 



Días antes de publicar esta reseña (semanas después de haberla escrito) Gonzalo Garrido anunció en twitter que ya está en la imprenta la segunda edición. Se ve que sí era el camino.