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sábado, 31 de agosto de 2013

Un vistazo a la rentrée 2013

El otro día alguien me veía entusiasmado con la rentrée de este año y no, qué va, para nada. Lo que pasa es que no se consuela el que no quiere y después de este verano tan aburrido (y aquella primavera tan floja) cualquier novedad es bienvenida. Lo cierto es que hasta hace dos días no había pensado mucho en la cuestión –aquello quedaba tan lejos— pero arranca septiembre y hay que empezar a decidir en qué nos gastamos el dinero, en qué se lo hacemos gastar a papa estado y en qué no vamos a perder ni medio minuto. 

El dinero no me lo quiero gastar en nada, y menos en libros, que al final sólo sirven para coger polvo, pero si tuviera que hacerlo desde luego no sería en la biografía de Salinger que Seix Barral sacará dentro de nada y que parece nada más que un vehículo de promoción de las nuevas novelas del escritor que, dicen, podrían ver la luz en 2015. Y hablando de biografías, tampoco parece especialmente interesante la de David Foster Wallace (Debate) que también será convenientemente resucitado el 5 de septiembre con “El cuerpo y lo otro” (Mondadori), la que suponemos será su última colección de ensayos, por lo menos hasta que alguien limpie algún cajón y dé con material para otros doce volúmenes.

Una compra segura de noviembre será el resultado de la nueva traducción de “Los hermanos Karamazov” de Dostoievski que está llevando a cabo Alba Editorial. Conociendo a Alba y al ruso es de suponer que la broma saldrá por un buen pico, pero esto es mucho más que una vulgar tentación y tampoco hay que pensárselo mucho.

Mientras escribo este post recibo una par avances editoriales. El primero es de Eterna Cadencia que dice que edita, entre otros, “El traductor” (“relato de un genio casi desapercibido”) de Salvador Benesdra y “Padre contra madre” del también genial escritor brasileño Machado de Assis. Todo lo editado por estas pequeñas editoriales es absolutamente genial, no reconocido en su momento o bien algo que tiene que ver con la estrechez de miras de unos y el ojo extremadamente atento de otros. Todo es siempre lo nunca visto y luego resulta que la mitad es reedición. El otro avance es de, Automática editorial, que arranca su segundo año de vida con más rusos (les gustan mucho los rusos a esta gente), en este caso con Yura Buida y “El tren cero”, una novela que no tiene mala pinta sobre un misterioso tren y la gente que vigila su paso por un páramo desolado y que incluye párrafos tan espantosos como este: “El coronel se cuadró para saludar al tácito convoy, y mientras este se alejaba raudo hacia la noche, las lágrimas recorrían sus tersas mejillas, dos veces afeitadas”. Habrá más de Gorki (empezaron reeditando sus memorias) y, oh sorpresa, “Las enseñanzas de Don B”, del gran Donald Barthelme, libro que, desde ya, algunos esperamos con ilusión.

Ahorrar, lo que se dice ahorrar no he ahorrado, pero lo que sí he hecho (llevo en ello dos días) es pedir por esta boquita, a mi biblioteca habitual, lo siguiente: De Seix Barral, “Ha vuelto” de Timur Vermes, una novela que resucita a Hitler para reírse de él (una actitud que recuerda mucho a la de Román Piña en “El general y la musa” (Sloper), donde éste “repescaba” a Franco y lo ponía a tocar jazz en Mallorca o no sé qué fumada). También he pedido “La habituación oscura” de Isaac Rosa, claro que después del anterior no sé yo. Esta es un poco más o menos la misma infundada sospecha que tengo con Torné, que repite en Mondadori con “Divorcio en el aire”. Más de Mondadori: a corto plazo, “La infancia de Jesús” de Coetzee del que ya ha leído opiniones lo bastante contradictorias como para sentir de curiosidad y a largo plazo (nos metemos en noviembre) lo nuevo de McCarthy (“El consejero”), Dave Eggers (“Un holograma para el rey”), Dennis Johnson (“Hijo de Jesús”) y los polémicos Jeremías Gamboa con “Contarlo todo”, la novela que dicen que Vargas Llosa leyó del tirón, de puro interesante, sentado junto al buzón al que le llegó y Daniel Gascón, el eternamente hijo disimulado de Antón Castro, al que persigue la cruz de pésimo narrador, un sambenito que todavía no he podido verificar y que publica “Entresuelo”. En cualquier caso nos alegramos por él y ese salto a las ligas mayores, aunque sea Mondadori, esperando que así no sea tan difícil llegar a sus libros. 

Otra que da un salto (aunque éste lo suponemos al vacío) es Ainhoa Rebolledo, conocida en este blog como la mujer que escribió la peor novela de 2013 (con permiso de Fresy Cool): “Antropología de la noche madrileña” (sigueleyendo), una aventura en la que veíamos a la joven Ainhoa sentar la cabeza tras los excesos propios de la edad. (Reseña aquí). Pues bien, ahora, un año después, la muchacha sigue el ejemplo de los osos perezosos y se sienta a tricotar. El resultado es “Tricot”: “Unas chicas desencantadas se reúnen para aprender a tricotar y así calmar su angustia. Sin comerlo ni beberlo terminan fundando en Barcelona un club de tertulia literaria y calceta creativa: las Tejedoras del Metal. Sin embargo, en un ajuste de cuentas, Leopoldina Roble, Crisis Carballo y Elena Rebollo deciden fundar La Liga de las Mujeres Extraordinarias con el único y ambicioso plan de sobrevivir con elegancia. Tricot es la historia de un fracaso.” (Esto último ha sonado a premonición). Lo editan unos valientes, Principal de los libros, que por alguna razón creen que ganar dinero con esto (jajaja) no equivale a perder la dignidad.

Cambiando de tema. No he visto nada especialmente interesante en Caballo de Troya. Quizá “La visita” de un tal José González, un libro que según la contraportada (que parece escrita por el mismísimo Paulo Coelho) servirá para darnos cuenta de que aquello que nos define está en las pequeñas cosas. En fin. Me agarro a un clavo ardiendo pero es que el chaval es de Lugo y la tierra tira. También de Lugo (¿qué coño pasa en Lugo?) es Manuel Darriba, que con “El bosque es grande y profundo” reescribe Hansel y Gretel en clave de relato de supervivencia y apocalipsis. Cosas del efecto Carrasco, supongo.

Siguiendo con el apocalipsis (vean con qué elegancia voy encadenando temas) Alpha Decay ya tiene preparada para el 14 de octubre la vuelta de Blake Butler, el autor de Nada, con una “sorprendente novela en forma de relatos” (que es una cosa que aquí no hemos visto nunca) llamada “El atlas de la ceniza” donde unos pocos sobreviven al fin del mundo y tal. Pero la gran estrella de la temporada es la co-publicación con Pálido Fuego (quien parece guardar en celoso secreto sus novedades) en noviembre de “La casa de hojas” de Danielewski, un libro que pide a gritos una versión en 3D.

Lumen publica mucho (he contado 16 libros de aquí a noviembre) pero me quedo, de todo, con “Butcher´s Crossing” de John Williams, el autor de “Stoner” o “Por si se va la luz” de la desconocida joven Lara Moreno, uno de esos fichajes que mantiene viva la esperanza entre la juventud y fomentan la escritura. Maldita seas, Lara Moreno. Pediré también, por vicio, aunque con la boca pequeña, lo nuevo de Jorge Edwards, “El descubrimiento de la pintura” y la segunda parte de la trilogía napolitana de la misteriosa Elena Ferrante, si acaso algún día me decido a terminar el primero. 

Por ir cerrando temas, de Anagrama sólo hay tres cosas que, de momento, me llaman la atención: “Librerías” es el ensayo finalista del Herralde en el que Jorge Carrión “crea una posible cronología del desarrollo de las librerías y su representación artística”, signifique eso lo que signifique; “Canadá” de Richard Ford (sobre el que publicó Babelia un extenso artículo el pasado fin de semana) y “El camino de Ida” de Ricardo Piglia. Alfaguara cuenta con “El héroe discreto” de Mario Vargas Llosa, que ya le dará para hacer el agosto y “Las reputaciones” de Juan Gabriel Vásquez, que apunto únicamente por no dejar desangelada esta parte del párrafo. Sobre cualquiera de estas dos editoriales encontrarán más información en cualquier parte. 

No como Sexto Piso, que quitando alguna mención pasa un poco desapercibida. La he dejado para el final por la siguiente razón: es la que publica el libro que, con diferencia, más me apetece leer. Seguramente sea, junto con “Butcher´s Crossing” de John Williams (Lumen, octubre) o “Sermón sobre la caída de Roma” de Jerome Ferrari (Mondadori, septiembre), lo único por lo que siento sincero interés, diría que hasta inquietud, diría que hasta un asomo tolerable de locura. Todo lo demás… bah, todo lo demás, todo eso de Anagrama, Debate o Alpha Decay, todo eso es puro entretenimiento de una tarde con ganas de escribir algo para el blog. Súmenle a esto una reedición de “Memorias del subsuelo” de Dostoievski en su sección de Ilustrados con unos magníficos dibujos de Jorge González y no le pidan más a la vida. Termino la sección Sexto Piso con un par de apuntes más: “Frankenstein” de Mary Shelley (también ilustrado); algo de David Grossman que tiene que ver con abrazos, o una novela donde las minúsculas parecen tener bastante importancia llamada “Del color de la leche” de una tal Nell Leyshon. En el apartado Realidades —del que me he declarado fan en numerosas ocasiones— Thomas Frank, que dicen uno de los mejores escritores de izquierdas de EEUU y es autor de la apetecible “La conquista de lo cool” (Alpha Decay, 2011), publica “Pobres magnates” donde seguramente se ponga a parir a alguien. Harry Browne hace lo propio con “Bono, el hombre del poder” un libro que viene a acabar con la imagen que el mundo tienen del Bono bueno, una propuesta absolutamente genial para leer un sábado por la tarde con “The Joshua Tree” de fondo.

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Fin del resumen. Sé que me dejo un montón de libros y, lo que es peor, un montón de pequeñas (y grandes) editoriales como pueden ser Salamandra, Gadir, Errata Naturae, Blackie Books, Acantilado, Alfabia, Impedimenta, Navona, Nevsky, Nórdica, Rayo Verde, RBA, Salto de página, Lengua de trapo y un largo y aburrido etcétera, pero desde este rincón del mundo y únicamente con Google como herramienta de trabajo (y enganchado como estoy a la última temporada de Breaking Bad), servidor no puede, ni quiere, hacer mucho más. Si algún día recopilo suficiente información prometo repetir la experiencia. Hasta entonces, sean felices y no se lo gasten todo en libros.


(¿Continuará?)


jueves, 7 de febrero de 2013

Píldoras críticas: Danill Jarms y Sophie Divry

Hoy toca autorrescate. Me va perdonar que recupere un par de reseñas de ese pozo sin fondo que es el borrador de blogger. Ni se imaginan la mierda que guardo allí. Hay cosas de Tolstoi, de Dostoievski, Camus, Sartre, Dickens, Yasmina Reza, Román Piña, Marc Pastor, Paul Viejo, Buzatti, Royuela y hasta de un japonés llamado Kobayashi, amén de otras chorradas (más chorras que esta, quiero decir). Eran tiempos de vacas gordas. Hoy, con DK, todas son flakas. Por eso y mientras busco tiempo para reseñar los doscientos millones de libros que tengo pendientes, voy a sacar conejos de la conejera. No es un gran truco, pero ayudará a pasar el rato.

Me llaman Capuchino” de Daniil Jarms 

A comienzos de octubre (ya llovió) me encontraba yo leyendo un extraño libro llamado "Me llaman Capuchino" de un ruso seudonominado Daniil Jarms que tiene cuentos tan breves como este: 
En cierta ocasión un hombre iba al trabajo y, de camino, se encontró con otro hombre que, tras comprar una barra de pan polaco, iba de vuelta a casa. Y eso es todo, realmente.” 
No me gustan los cuentos, menos aún los microcuentos y los haikus ni me los menten, pero los relatos de este recopilatorio tienen un algo tan absurdo que invita a perdonarle un poco la tontería de no parecer nada más que las anotaciones que un loco de atar hacía en las servilletas de los bares a los que iba con sus camaradas. 

Extraña e irregular recopilación de una editorial a la que todavía no acabo de cogerle el punto, el mérito de Jarms está en no permitir que el lector se sienta del todo estafado, entre otras razones porque son cuentos que no se extienden más allá de lo justo y necesario, que viene siendo lo que tarda un chiste en dejar de hacer gracia. Pero esto no libra a Jarms de nada. En todo caso se le perdonan estos cuentos tan de entrelecturas por la chispa con que los escribe y por la desvergüenza con que son ahora publicados. Lo mejor del autor es que, tal como señala la solapa del libro, lo mataron de hambre sus compatriotas por antisoviético durante “el asedio de Leningrado por parte del ejército naci” (la errata es de la solapa del libro, no mía) que eso es algo que siempre queda muy bien en el currículum, muy por encima del suicidio. 

Insuficiente, en cualquier caso, este rescate de Automática Editorial, aunque se le agradece el gesto de salvar del olvido obras no sabe uno si inéditas o anecdóticas y no limitarse a volver a traducir clásicos populares. Y no miro para nadie.

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"Signatura 400" de Sophie Divry 

Me leí esta novela, hace ya algún tiempo (siendo algún tiempo, año y medio), en apenas hora y pico. Sale la tontería por 17 euros (no a mí; yo soy mucho más listo que eso). Confieso que, quizá por ciertas naturales reservas, lo leí con escaso cuando no directamente nulo placer y eso que me iba deslizando por la historia sin tener que andar montando puzzles por el camino, que es una cosa que quieras que no también se agradece. Diré en su favor que cuenta con la ventaja añadida de poder atender a la noticias de la televisión sin perder el hilo de la narración en ningún momento si acaso previamente ha podido encontrarse. Pueden considerar esto un insulto, si quieren; dependerá de sus hábitos de lectura. 

La historia es una estupidez, para qué nos vamos a engañar. Va de una bibliotecaria que se ocupa de la sección de Geografía. Un día llega al trabajo y se encuentra un tipo durmiendo, allí, en el suelo, y en lugar de follárselo, que sería lo más lógico, le invita a café y le cuenta lo primero que se pasa por la cabeza: cosas como que se enamorado locamente de un habitual de la biblioteca que tiene un cogote precioso. La típica soplapollez de psicópata reprimida. Le habla también de las dificultades de ascender a la sección de Novelas o Historia y las riega con digresiones sobre la nueva Narrativa Francesa, que es toda una mierda (también allí, SÍ). La novela viene a ser un intento de elogio a los clásicos de siempre; a casi todos, al menos. Nada concreto; no se dicen nombres pero se sobreentiende la generalidad. Lo raro es que la autora, esta muchacha tan joven, no esté del lado de la posmodernidad y si lo está que no lo parece. También puede ser una infiltrada y tengamos que matarla. 

Ideal para bibliotecarios, usuarios de lo público y la letra impresa, amantes del amor y mujeres solteras con gato y sin plan. Perfecto también para la playa, leer asomado a la ventana o un banco de la Fnac. Se olvidarán de ella antes de acabar la semana, garantizado. Así de ligera. O más. Y prescindible ya ni les cuento.



lunes, 25 de junio de 2012

“El viajero sobre la tierra” de Julian Green y un repaso editorial


Hoy le vamos a dar un repaso a Automática Editorial. ¿Les suena? Supongo que a muchos no. Es una nueva editorial (sorpresa!) dicen que joven, dinámica y atrevida. Bueno, relativamente nueva. Quiero decir que no nació ayer. No recuerdo la fecha exacta de su estreno pero no hace mucho de ello, este mismo año, eso seguro. No sé porque estoy haciéndoles perder el tiempo con este detalle tan chorras. Lo de joven, dinámica y atrevida me parece mucha osadía hasta como promoción. “El viajero sobre la tierra”, la novela a la que dedicaré el último párrafo, es, si no me equivoco, la quinta que sacan. Cinco libros no son muchos libros. No tienen web (todavía, dicen) pero sí un blog que no actualizan demasiado: cuatro entradas en seis meses. Trepidante, sí. Empezaron bien, pero se fueron dejando, se fueron dejando… Con todo lo que hay que decir, madre mía. Bueno, da igual, ellos están en Facebook o en twitter o en ambos, no sé. No son difíciles de encontrar si uno siente un mínimo interés. 

La excusa de este post es doble: por un lado pretende reseñar una novela tan pequeña que no justifica un post por sí misma y por otro quiero aprovechar que la editorial en cuestión está todavía en pañales para echarle un vistazo en condiciones, que luego, con veinte libros publicados da más pereza. Si se enteran ustedes de alguna otra (joven, también, y dinámica) no duden en avisar y le damos también un homenaje. Retomando: la editorial en cuestión saca varios libros. Yo les cuento cuáles, a ver si hay suerte y me meten en nómina o me abren una cuenta de gasto en concepto de publicidad, propaganda y relaciones públicas. No soy ambicioso, me conformo con que me dé para, digamos, diez libros de otras editoriales. 



Automática me interesa porque soy un tío con inquietudes -no como otros- y porque uno de sus primeros libros (el segundo, si no me equivoco) es una reedición (ejem!) de “La torre herida por el rayo” de Fernando Arrabal, un escritor/personaje que no necesita presentación. De esta novela (“La torre…”) me enamoré perdidamente cuando la leí no hace menos de veinte años. Por aquel entonces estaba yo muy enganchado a eso del ajedrez y de hecho supongo que fue así como la descubrí; luego me eché a perder. El caso es que pensé (o debí pensar) que leer una historia protagonizada por dos ajedrecistas que están echándose una partidita sería una gran idea. Lo fue. Ganó el premio nosequé, el Nadal, creo. En esto no tuve nada ver. No voy a perder ni un minuto destripándoles el argumento porque no es esta la novela que venía yo a comentar. Simplemente, lo que ocurre es que me hizo ilusión volver a encontrármela en las librerías y no he querido dejar de comentarlo. Por cierto, incluye un epílogo bastante cachondo que entiendo hecho ex profeso para esta edición: se trata de una entrevista que el cadáver de Nabokov hace al escritor. Parte de esta ficción pueden leerla en sigueleyendo, o comprándose el libro, claro, u hojeándolo en la Fnac o dónde sea que hagan ustedes estas cosas. 




La primera novela publicada por Automática editorial es la primera de las tres partes de la autobiografía de Gorki ("Infancia" y "Por el mundo"). La segunda parte es la cuarta novela publicada por ellos. En un principio iba a ser esto lo primero que me iba a leer pero me da un poco de pereza y lo he ido dejando. Hasta hoy. Si es que soy un vago redomado. Será cuestión de semanas; cuando retome la lectura de novela rusa será la primera de lista. Me he jurado acabar la trilogía antes de que termine el verano (siempre dependiendo de que publiquen el tercer tomo a tiempo). Es decir, que ya me puedo ir dando prisa. 



Del orden no estoy seguro pero creo que la tercera novela editada fue “Delhi no está lejos” de un tal Bond, Ruskin Bond, que aquí no conoce ni dios pero que en su país de origen es como muy famoso. De esta novela apenas sé nada, lo siento, ni habiendo leído su reseña en Babelia este fin de semana. Tiene algo que ver con la India y de ahí mi falta de interés. Es que a mí la India me interesa tan poco que no voy ni a perder un minuto buscando información en google. Venga, va, un minuto sí. [Un minuto después...] Listo, Calisto. No hay mucho que contar: Pipalnagar es el lugar inventado en que se desarrolla la historia de un joven escritor que malvive como escritor de novelas de serie B y que comparte piso con una chica un poco puta y un chaval algo epiléptico. Creo que los tres son bellísimas personas y tal y aprenderemos mucho con ellos sobre la bondad, el amor y el optimismo. Algo así. Se lo pongo muy resumidito para no hacerles llorar. Yo es que no me veo leyendo esto.




El viajero sobre la tierra” de Julian Green sí que la leí. Fue la última que publicaron, hace nada. Me llamó la atención sobre el resto por la portada. Me gustan las novelas que muestran en sus portadas casas antiguas. Es una debilidad reciente. Empezó después de leer Gótico Carpintero. Así de reciente. Luego me enteré de que era pequeña como una rata (la novela, digo), que era justo lo que yo buscaba para este inesperado mes de tanto teatro y tanto relato. 

La novela cuenta la historia de un joven que vive con tío, su tía y el padre de ella. Cuando el último se marcha, la segunda se muere y en vista del que el primero parece un poco cabrón, el chaval se escapa de casa para darse a los estudios. Llega a una casa, se hospeda y al poco se muere. La novela se construye con el relato que el joven escribe antes de morir en el que cuenta cómo llegó allí. A modo de apéndice y ocupando poco más de una tercera parte de la novela se recogen cartas de varios personajes secundarios que aportarán su punto de vista de los hechos que tuvieron lugar justo antes de la muerte. 

La novela tiene un punto gótico, con sus fantasmas o su esquizofrenia, no se sabe. No aburre pero tampoco ilumina, aunque sí entretiene y es bastante más digna que mucha de la basura que se publica ahora mismo. Green la escribió a los veinte años lo que hace de ella poco más que un ejercicio de lo que luego sería, dicen, una próspera carrera. Por lo que se escribe a los veinte años no se puede juzgar al escritor pero sí al editor, si acaso este nos hace perder el tiempo. No es el caso o al menos yo no he tenido esa sensación.




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Y bueno, hasta aquí la carrera de Automática Ediciones. Quedamos a la espera de esa página web que nos cuente y nos adelante lo que está por venir ahora que ya hemos visto lo que ha venido y no nos ha disgustado. Me quedo con las ganas de saber si también le harán hueco a la nueva narrativa española (¡preparen sus manuscritos!) o se quedarán en el extrarradio de la reedición. Nada que objetar si lo hacen bien y bueno, de momento no pinta del todo mal. Estaremos observando.