No debería decir nada, pero ya de perdidos, al río. Sin su permiso, antes de la siguiente reseña, les dejaré algunas preguntas de una pequeña entrevista que me hicieron hace unos días para Tanyible, un portal de ebooks y tal. Al final encontrarán un link a la versión completa, sin censura.
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¿Por qué escribe sobre libros? ¿No le gustaría más hablar de fútbol, cine o pornografía? Solo por poner unos ejemplos de cosas aparentemente más divertidas.
La pornografía soy más de comentarla en directo y creo que el fútbol debería estar prohibido por ley. Escribo sobre libros porque lo que hago en mi tiempo libre es leer. Cuando me dé por otra cosa, lo sabrán. O no.
Le han acusado de leer sólo aquellos libros que sabe de antemano que le van a desagradar, que lo hace por el placer de ponerlos luego a parir en su blog. ¿Qué hay de cierto en esta afirmación?
Hay tanto de cierto como de falso. Leo libros que creo que no me van a gustar por muchas razones: para tener argumentos a la hora de defender cierta postura, por ejemplo, o para tratar determinada cuestión, pero sobre todo por curiosidad y porque solo me fío de mi propio criterio. O para ver qué se cuece por allí o por dónde se mueve la editorial equis. También para descartar. Si alguien recomienda encarecidamente un libro que luego, según compruebo personalmente, resulta ser una mierda, ya sabré de quién no puedo volver a fiarme. Por otro lado, estamos mal acostumbrados. Un mal libro merece los palos tanto como un buen libro merece los besos. No hay deporte más divertido que aquel que se practica con crueldad. Los que protestan por las reseñas negativas de la medicina son, muchas veces, los mismos que no tiene problema en decir públicamente en las redes sociales que Gravity, por poner un ejemplo reciente, es una mierda pinchada en un palo, como si el trabajo de dos años de quinientos profesionales no mereciese el mismo respeto que un librito de tercera.
¿Le gusta leer?
No. Lo hago por tocar los huevos a los demás. La verdad es que odio la literatura. A mí lo que me gusta es cabrear a la gente y he descubierto que, después de privatizar la sanidad, esto es lo que más.
Por los mentideros de internet se dice, se comenta, que en el colegio los compañeros se reían de usted y que de ahí el blog, para vengarse. ¿Tiene usted amigos?
Sólo en Facebook ya tengo demasiados. De los de verdad, me quedan dos. No, uno. Creo. Mierda, ya no sé. ¿Le importa si hago una llamada?
¿Reconoce ser adicto al feedback? ¿Qué siente cuando su blog alcanza los mil visitantes en un solo día?
Reconozco haberlo sido. Ahora mismo me da un poco igual. Cuando monté el blog me marqué el objetivo de llevar a las 60 visitas diarias. Lo que siento cuando llega a las cuatro cifras es que la gente está como una cabra. En mi opinión, a partir de la segunda visita ya se tienen demasiadas.
¿Qué opinión le merecen los trolls? ¿Son acaso la sal y la pimienta de un blog como el suyo?
Troll es todo aquel que viene a dinamitar un blog recurriendo al insulto o a la mentira. Por lo tanto, su intención, su única intención, es provocar una reacción. Si lo consigue, misión cumplida. Aquellos que se ofendan por lo que diga un troll deberían hacérselo mirar. Permítame un ejemplo. Hace muy poco alguien publicó en los comentarios del blog de La Patrulla de Salvación una lista de nombres que, aseguraba, correspondían a comentaristas habituales de La Medicina (ni que decir tiene que este dato no lo puedo tener ni yo). A las pocas horas, recibí un email de alguien cuyo nombre aparecía en esa lista (y con el que no tengo relación) preguntándome si pensaba hacer algo al respecto, tipo desmentirlo, puesto que como YO bien sabía, ÉL no comentaba NUNCA en MI blog. Pasando por alto lo que tiene de ofensivo la petición, YO, que otra cosa no, pero educado soy un rato, le contesté que algo diría (y, de hecho, lo hice), pero en el fondo lo que pensaba, y lo que sigo pensando, es que si tengo que desmentir cada soplapollez que se dice sobre mí o sobre lo que ocurre en La Medicina, apaga y vámonos. La gente debería hacer algo más que fingir que es inteligente; debería demostrar que lo es, empezando por darle a las cosas la importancia que tienen.
