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lunes, 28 de noviembre de 2011

Calendario de Lecturas: Diciembre de 2011

El retorno de un clásico: el más incumplido de todos los propósitos: Las Lecturas Posibles del Mes de Diciembre. 

Verán, el asunto es el siguiente: tengo un montón de libros sobre la mesa que no es exactamente que me haya comprometido a leer (no todos, al menos) pero que sí debería hacerlo porque es de bien nacidos ser agradecidos y no está bien que a uno le regalen un libro y se haga el tonto de esta manera. Luego los pondré a parir y dejarán de quererme, ya verán. En fin... Los nominados en esta categoría son: “Königsberg” de Mariano Veloy, “Tangram” de Juan Carlos Márquez; “Como vivir o una vida con Montaigne” de Sarah Bakewell (de todos, con diferencia el más apetecible); “La generación beat” de Bruce Cook (bueno, este también); “Tengo una pistola” de Enrique Rubio; “El síndrome E” de Frank Thilliez; “Mi primer muerto” de Leena Lehtolainen; “La revolución de la dignidad” de Lina Ben Mhenni; “El viaje de Cloe” de Javier Tejada y Eugene Chudnovksy; “El malogrado” de Thomas Bernhard; “Las vírgenes suicidas” de Jeffrey Eugenides y otro que no diré porque no tiene ISBN. La idea de escribir una reseña sin dar el nombre del libro ni del escritor es tentadoramente diabólica (y también un poco perder el tiempo, para qué nos vamos a engañar). 

Pero todo esto suponiendo que no me llamen de la biblioteca para decirme “tenemos el libro que nos ha pedido”, cosa harto probable. Les cuento. “Ejercito enemigo” de Alberto Olmos. Este ya es un clásico en la sección. Creo que nunca he esperado tanto por un libro y creo que es también la primera vez que me ocurre que cuanto más tiempo pasa menos ganas tengo de leerlo. Sí que es raro, sí. También “Beatitud”, un recopilatorio de varios escritores, creo que jóvenes, que me recomendó alguien por aquí no hace mucho. Más: “Canción de tumba” (XXVII Premio Jaén) de Julián Hervert del que ignoro hasta el argumento. Luego es el típico libro que abandono a las dos páginas o que directamente devuelvo sin abrir. "El rey pálido” de David Foster Wallace lo pedí por capricho, lo admito, porque lo cierto es que tengo intención de comprarlo o esperar a que alguien me lo regale, lo mismo me da que sean los Reyes Magos que el departamento de relaciones públicas de Mondadori. Yo por los libros que sé que me van a gustar no tengo inconveniente en prostituirme. Y es que son veinticuatro eurazos, oigan. “Generación perdida” de Franciso Castro y las obras teatrales “Litoral” de Wajdi Mouawar e “Hilda” de Marie NDiaye (premio Goncourt por “Tres mujeres fuertes”, editado por Acantilado) fueron recomendaciones que me llegaron del o gracias al blog. Son ustedes una bendición del cielo. Y por último y no por ello menos importante… otro libro más cuyo título me voy a callar también al menos hasta que decida si lo voy a leer o no (aunque ya supongo que será que no) (Esta es una maldad que tengo muchas ganas de perpetrar). 

Y luego estoy yo, que me dejo de lado a pesar de las ventajas que tiene ser yo mismo. Si fuese mínimamente sensato o directamente menos imbécil este mes entrante leería lo siguiente: “El doble” y algunos relatos de Dostoievski, todavía no sé cuáles (“La mujer de otro hombre y su marido debajo de la cama” seguro que sí). El problema (por llamarlo de alguna manera) es que estoy leyendo, unas veces en segundo plano y otras no, la biografía de Dostoievski escrita por Joseph Frank (que para los que no lo sepan son cinco pedazo de tomos que a este ritmo me va a llevar media vida terminar) y me gusta la idea de acompañar el análisis que hace Frank de las obras con la lectura de las mismas. En la misma línea (es un decir) estarían “El inspector” -obra de teatro recientemente reeditada por Alba- y “El capote”, un relato corto, ambas de Gogol. “Relatos de Belkin” (en una edición que no es la de la foto) y “Boris Godunov” de Alexander Pushkin. También "El último día de un condenado a muerte" de Victor Hugo; el segundo tomo de “Los Thibault” (Estío) y “Jean Barois” de Roger Martín du Gard; “Doctor Glas” de Hjalmar Soderberg; “Crónica de Dalkey” de Flann O’Brien, “Las cumbres de Moscú” de Vasili Aksiónov, “Corrección” de Thomas Bernhard, “Carta breve para un largo adiós” de Peter Handke, “Paseos con Robert Walser” de Carl Seeling; “Teatro reunido” de Samuel Beckett… y un (no se imaginan cuánto) largo etcétera, que incluye algunos cuentos a un euro de www.sigueleyendo.es (tantos como cinco) y un folletín de Robert Juan-Cantavella y Oscar Gual de publicación gratuita en el mismo espacio. Sí, ya sé que en el mes de las cenas, las borracheras y las cabalgatas va a ser complicado, pero me planteo todo esto con muy poca seriedad. Todo se andará. Semos jóvenes, habemus tiempo

Y en estas estamos. Al final ya verán, me dará por la narrativa uruguaya de finales del XIX, mandaré todos los planes al carajo y el esfuerzo tonto de esta media horita no habrá servido para nada. Pero hablando en serio: del primer bloque, el de los Compromisos Ajenos, no tengo intención de leer más de cinco (cinco, ni uno más); con el segundo, los Compromisos Propios, voy sin planes (seguramente no caiga ninguno) y del tercero, llamémosle X, dependerá el tiempo que quede y que ya pronostico escaso aunque no descartaría que fuese este quien finalmente se llevase el gato al agua.



miércoles, 29 de junio de 2011

Calendario de Lecturas: JULIO 2011


Si todo saliese como quiero, que no va a ser el caso, el mes entrante yo debería ser capaz de leer algo de todo esto que voy a detallar a continuación. Sería demasiado aventurado decir exactamente qué pero estoy bastante seguro de que al menos lo que tengo sobre la mesa sí, y pronto además.

“Alma” de Javier Moreno, de la que he oído hablar mucho y muy bien pero que tiene un arranque tan espantoso que ando con la mosca detrás de la oreja desde que hace unos días la ojeé por primera vez. Les dejo unas líneas de regalo para que juzguen ustedes mismos: "Recuerdo haberme masturbado una vez pensado en mí mismo y no haber obtenido placer alguno. Mis uñas no tienen aristas y brillan como si estuvieran pintadas de laca. Me gusta la cocina china, la cocina hindú, la cocina italiana, la cocina japonesa y la cocina mexicana". Impresionante, verdad. Un día les voy a escribir yo un relato enterito detallando hasta el paroxismo mis abluciones matutinas ya verán que bien se lo pasan. “Las tres balas de Boris Bardín” de Milo J. Krmpotic, el hombre de apellido impronunciable. De esta no espero nada. Quiero decir que voy sin expectativas no que espere que sea mala, básicamente porque no he leído nada sobre ella y si está en mi calendario no es tanto por maldad como por simple curiosidad. La misma que mató al gato, efectivamente. Más: mejor antes que después quiero leer “Celine Secreto” de Lucette Destouches -que de hecho comencé a leer de noche en secreto- como una manera de introducirme en el mundo Celine y poder aforontar en condiciones el “Viaje al fin de la noche” de su marido, el mismísimo Louis-Ferdinand Celine. Cierro este párrafo con una novela a la que le tengo ganas desde que salió publicada y con la que (¡al fin!) logré hacerme ayer: “El fin de semana” de Bernhard Schlink. 

Estamos acabando el mes y ahora mismo estoy leyendo una recomendación que sospecho no me dará tiempo a terminar antes del día uno: “Residuos” de Tom Mccarthy. No sé mucho de ella la verdad, apenas llevo veinte páginas y voy completamente a ciegas. Ni siquiera me he formado una primera impresión. Hablando de recomendaciones, el otro día robé una del fabebook a un ser humano  de quien sé que me puedo fiar casi siempre. Se trata de “Umbria” de Antonio Calzado. Creo que es de corte fantástico pero no he dedicado mucho tiempo a investigar y no podría jurarlo. Me estoy dando cuenta de que hay muy poco rigor en el criterio de selección de este mes. Luego me quejaré. “El año de la plaga” de Marc Pastor es otra de las elegidas. ¿Me lo parece a mí o esta es “rollito apocalipsis”? Yo he sentido siempre debilidad por el fin del mundo o el ser humano llevado al extremo en condiciones adversas y tal y cual pascual y estoy casi seguro de que eso ha sido determinante a la hora de seleccionar esta novela pero la verdad es que ya no me acuerdo. Estoy empezando a encontrar divertido esto de ir en “plan zumbao”. 

Personajes secundarios: memoria beat” de Joyce Johnson sería el complemento perfecto después de la lectura el mes pasado de “En la carretera” de Kerouac. Bueno, éste y “Aullidos” de Ginsberg (poesía, argg, que asco) y “Yonki” o “El almuerzo desnudo” de Burroughs. Tenía un plan hace tiempo para hablar de la generación beat a través de las obras de sus máximos exponentes así como de ensayos y novelas gráficas que lo tomasen (al movimiento) como argumento. Este plan que incluía varios libros se prolongaría durante varias entradas pero yo soy mucho de pajas mentales y es mejor no hacerme mucho caso. El número crece y decrece cada día y las lecturas elegidas no son siempre las mismas. No sé si este proyecto suena más a epopeya o a utopía. Sospecho que lo segundo. Veremos en qué queda pero la intención es buena, se lo juro, aunque luego quede en nada. 


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Si me leo todo esto en Julio ya me puedo dar con un canto en los dientes, aún así voy a añadir algunos títulos más que tengo pedidos y no deberían tardar en caer en mis manos y que dependiendo de qué lado sople el viento priorizaré o no: 

Un día me esperaba a mí mismo” de Miguel Angel Ortiz Albero es prometedor. El blog de la editorial -que estoy por jurar que se estrena con esta novela- cuelga reseña elogiosa tras reseña elogiosa, lo cual ya sabemos que no querría decir nada si no fuese porque me ha dicho también un pajarito que otra editorial más veterana se llevó las manos a la cabeza al descubrir que había dejado pasar esta supuesta maravilla. Ya veremos. Yo de momento la tengo pedida y está entre lo que más me apetece leer de este mes. Otras: “Teatro” Don Delillo, porque es Delillo y tengo ganas de teatro; “Stradivarius Rex” de Roman Piña, porque leí algo bueno acerca de ella hace eones y la tengo pedida desde entonces; “Los ingrávidos” de Valeria Luiselli, recomendado por alguien de momento es de fiar; “Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin” de Emil Ludwig, sin razón aparente, quizá ese día me levanté cabrón y ahora ya no puedo echarme atrás y por último “Una habitación en Holanda” de Pierre Bergounioux, un impulso de última hora: Holanda, Descartes, El discurso del Método... ¿quién podría resistirse?


miércoles, 1 de junio de 2011

Calendario de Lecturas: JUNIO 2011


Voy a empezar contándoles un secreto: el 99% de los libros que leo no son míos. Tampoco los robo, no se vayan a creer (no todos, al menos). Lo que hago es lo que hace casi todo el que quiere leer sin gastarse los millones (o simplemente no quiere arriesgar: los libros no siempre son una inversión): pedirlos a la bibioteca. No digo esto para hacerles saber que a mí las editoriales no me regalan libros, motivo por el cual no les debo el favor de ser, cuando menos, amable si la cosa flojea o directamente mudo cuando no me gusta. No; eso lo diré cuando me apetezca -que ya les adelanto que no me va a apetecer- contarles porqué hablo lo mismo de los libros buenos que de los libros malos. Esto (lo de la biblioteca) lo digo porque las lecturas del mes entrante están seriamente condicionadas por algunas (entre bastantes y demasiadas) peticiones que hice y que sigo pendiente de recibir. El problema es que algunos llevan ya dos meses en situación de “aceptado” pero “no recibido” y lo mismo es que como es que no. Esta es la lista: 

El frente ruso” de Jean-Claude Lalumiere, “Teatro” de Don Delillo, “Nosotros, los Caserta” de Aurora Venturini, “Stradivarius Rex” de Roman Piña, "Las tres balas de Boris Bardín" de Milo J. Krmpotic, “La guerra de la doble muerte” de Alejandro Castroguer, “Knockemstiff” de Donald Ray Pollock, “Chump Change” de Dan Fante, “Umbria” de Antonio Calzado, “El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia” de Patricio Pron, “Acceso no autorizado” de Belén Gopegui, “El lago” de E.L. Doctorow, “Sin límites” de Alan Glynn y el comic “The Beats: Kerouac, Ginsberg y Burroghs” de Harvey Pekar y Ed Piskor

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Obviando lo anterior confecciono una lista provisional. De lo publicado este mismo año quiero/debería leer “Un sueño fugaz” de Iván Thays; “Teleshakespeare” de Jordi Carrión que ya hubiese leído si no fuese porque desapareció misteriosamente de la estantería de la biblioteca y se haya ahora mismo en paredero desconocido; "Comer animales" de Jonathan Safran Foer, para comprobar en mis propias carnes si es verdad eso que dicen de que quita el apetito; “Intervenciones” de Michel Houellebecq, ahora que nos hemos reconciliadoEl refugio de la memoria” de Tony Judt; “Política del rebelde” de Michel Onfray y "La herida de Spinoza" de Vicente Serrano, último premio Anagrama de Ensayo.

No me atrevo a aventurar mucho más porque ni siquiera lo anterior está garantizado. Sí es verdad que debería leer (entre otras cosas porque lo tengo sobre la mesa) el último libro de Vicenç Pagès Jordà, "Los jugadores de Whist", que me da mucha pereza porque es un poco tocho. También había pensado hacerle un homenaje a lo beat leyendo "En la carretera" de Jack Keroua y el ensayo "Kerouac en la carretera (Sobre el rollo mecanogriado original y la generación beat" de Howard Cunnell (y otros) que se completaría con el recientemente leído "¿Qué fue lo hipster?".

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[Existía un proyecto, ultrasecreto, de enfrentarme a la "Etica" de Spinoza -y a Spinoza mismo a través de Vicente Serrano o de alguna pequeña biografía que me sirviese para introducirme en su mundo particular- y de conocer a Bertrand Russell de primera mano, a través de sus memorias (Autobiografía), pero al final no sé en qué quedará el asunto porque todo esto me parece a mi demasiado querer para un mes que en teoría me lo iba a tomar de descanso.]


[En el momento de publicar esto me encuentro inmerso en la lectura de dos libros. A saber: “Nosotros, los Caserta” de Aurora Venturini, que me está pareciendo casi tan bueno como "Las primas" y "La herida de Spinozade Vicente Serrano, del que apenas he leído hasta el momento 30 páginas y sobre el que no tengo nada que decir todavía.]

miércoles, 4 de mayo de 2011

Calendario de Lecturas: MAYO 2011

Rápidamente. Este mes voy (iba) sin plan; así, a lo loco. Ayer o anteayer tenía uno  bastante extraño que incluía “El padre de Blancanieves” de Belén Gopegui, “La extraordinaria naturaleza de Sam Finkler” o “Las viudas de Eastwick” de John Updike. Digo "extraños" porque hace un mes ni había pensado en ellos y digo “incluía” porque ya los tenía en casa, en el escritorio, y hoy los voy a devolver -los he devuelto ya. Por alguna razón me he empeñado en demorarlos una y otra vez con las excusas más gilipollas, entre las que se incluye la última novela de Rosa Montero, “Lagrimas en la lluvia”, de la que no me libro, ya se lo digo ahora; primero porque la tengo reservada y segundo porque voces amigas me han confesado que la han leído y no se arrepienten de ello. A mí esto me tiene un poco mosca. Yo quiero creer que no me va a pasar lo mismo porque llevo ya muchos años cultivando un elaborado prejuicio hacía la escritora y me da cosa echarlo a perder por muy de ciencia ficción que sea. Respecto a las tres obras mencionadas al comienzo de esta entrada que he decidido aplazarlas. Las dos primeras temporalmente pero la tercera no, esa para siempre jamás. Lo intenté, se lo juro (me refiero al de Updike) pero el pormenorizado relato de un viaje del inserso por la naturaleza salvaje del Canadá durante setenta páginas es más de lo que puedo soportar. 

También pensaba leerme algo de Pynchon, “V” o “Vineland” y dejar los tochos para el verano pero me da que al final va a ser que no. Exactamente la misma sensación la tengo con “El asesino dentro de mi” de Jim Thompson, “Sangre Vagabunda” de James Ellroy o “El largo adiós” de Raymond Chandler que suponendrían una severa pausa en mi particular semana negra de no ser por "Yo, el jurado" de Mickey Spillane, que me está esperando. A cambio me voy a entregar a otra semana: la “semana Nothomb” que debería incluir los siguientes títulos: “Estupor y temblores”, “Cosmética del enemigo”, “Higiene del asesino”, “El sabotaje amoroso” y “Las Catilinarias” (aunque les confieso que dos de ellas ya las acabé). Van siete. Yo creo que puedo meter alguno más. Veamos. He pensado que estaría bien que dos de ellos fuesen los eterna e injustamente aplazados “El Vano ayer” de Isaac Rosa y “Un hombre cae de un edificio” del paciente Raúl Quirós, a quien le debo una respuesta y se la debo ya. Nueve. Puedo seguir cumpliendo promesas, que se me da fatal y así practico. Por ejemplo, “El archipiélago del insomio” de Lobo Antunes o “Mañana en la batalla piensa en mí” de Javier Marías. Y como hay que probar de todo voy a probar a qué sabe “Padres, hijos y primates” de Jon Bilbao, aunque confieso que no espero demasiado de ella; eso sí, la portada es sensacional. Doce. 

Para terminar no olvidemos mi lectura actual: “Las Primas” de Aurora Venturini cuyas primeras 50 páginas me tienen fascinado. Me recuerdan mucho, por el estilo, a aquella otra pequeña gran maravilla que no deberían perderse de Gaetan Soucy que se llama “La niña que amaba las cerillas” (y que no tiene, ni por asomo, nada que ver con la trilogía Larsson). Debería dejar también algo de sitio para “Wendolyn Kramer” de Laura Fernandez o “Asesino Cósmico” de Robert Juan-Cantavella. Y ya no me comprometo a nada más porque al final se me ha ido un poco la mano. Aún así no puedo dejar de soñar con que me diese tiempo de leer "Franny y Zoey" de Salinger, “La mejor parte de los hombres” de Tristán García, “Purga” de Sufi Oksanen, “Cuando cae la noche” de Michael Cunningham ,”La cena” de Herman Koch o “El fin de semana” de Bernhard Schlink. Ya veremos en qué queda todo.