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miércoles, 29 de mayo de 2013

Una aproximación a la barra americana de Javier García Rodríguez

Una de las características comunes a todos los miembros de la llamada generación Nocilla (esto incluye arrimados) es esa tendencia a convertir las reseñas que se hacen unos a otros en pequeñas tesis doctorales, dando así la impresión —algo más que la impresión, en realidad— de que ese esfuerzo adicional resulta entre necesario e imprescindible para convencer al mundo de la genialidad de sus obras, como si éstas no fuesen perfectamente capaces de valerse por sí mismas.

Esto viene a cuento de algo, claro.

Empiezo a leer Barra americana sin saber que Javier García Rodríguez pertenece al mencionado grupúsculo. Esto es: empiezo a leer a Javier García Rodríguez completamente libre de prejuicios. Es más: leo a Javier García Rodríguez con una predisposición favorable toda vez que me pilla en plena vorágine lectora de relatos de extensión variada y especialmente interesado en las aproximaciones de éstos a otras nacionalidades. 

Empiezo por un relato (ya entraré en más detalles en otra ocasión) que incluye, en el título, el nombre de David Foster Wallace (1). Una vez terminado vuelvo a principio del libro y sigo por orden. Al llegar al tercero tengo que parar. Empiezo a tirar de crítica ajena y claro, allí está: el chachachá habitual. La marimorena.

El texto en su dinámica de deconstrucción, esto es, de auto-desmantelamiento constante provocado por esa incapacidad del decir para subsumir el siempre nuevo acontecimiento del sujeto y de la realidad, que ya no se deja resumir, reducir, recubrir, reconducir por el esquemático texto pasado.” Esto lo dice un tal Jorge Martínez Lucena para una web llamada In/ficción

Para Cristina Gutiérrez Valencia la cosa va más allá: “Abordamos desarmados [llegamos con las manos vacías —dice Cristina inmediatamente antes— si acaso conservamos la hermenéutica de la sospecha como ruido de fondo de una lectura carente de herramientas para el análisis], por tanto, a esta obra de la cual saldremos, perdida la inocencia, siendo otros.” Que ya tiene que doler la, digamos, novela (un temazo este, también) para acabar siendo otro. ¿Se sabe quién, por cierto? Me pido alguna divinidad que tenga que ver con el ocio y el vino. Esta misma Cristina afirma al comienzo de su crítica en tonosdigital.com que “Cada vez que nos enfrentamos a una obra de Javier García Rodríguez el llamado pacto ficcional cobra dimensiones desconocidas y se convierte, o se redefine conceptualmente, en algo más abarcador y que afecta a la totalidad de la forma de ver la literatura y, en última instancia, el mundo.

A mí tanto cambio me pone nervioso. Paso por dejar de ser yo mismo —me viene de perlas un cambio de aires—, pero si el mundo se transforma cada vez que este señor escribe un libro no sé porqué cojones me tiene que tocar a mí pagar siempre la misma hipoteca.

Leer tanta crítica sólo sirve para despistar. Aquí parecen todos muy listos y luego nadie se entera de nada. No saben si es una novela, un colección de relatos, unas crónicas de viajes, una renuncia al yo como elemento estructurador de lo narrado (Emilio Peral dixit) o un puto conejo de Pascua. Será que no estamos a la altura si, tal como Antonio J. Rodríguez recoge para Jotdown (en todas partes cuecen habas, se ve), Javier García Rodríguez es reconocido por “su pertenencia a esa élite de cinco personas que en nuestro país de veras han entendido algo de David Foster Wallace”. De todas las soplapolleces que he escuchado últimamente esta es, con diferencia, mi favorita, entre otras cosas porque ahonda en la herida, permanentemente abierta, del Elitismo en la Literatura, una cuestión en la que supongo expertos a algunos de los personajes antes citados.

Resumiendo: que ensospechando que no ha de ser para tanto la cosa viendo lo desmedido del elogio general y creyéndolo fiesta-jolgorio de unos cuantos, voy yo, y me leo. Total no sé para qué; para no entender nada supongo. A ver si uno de Los Cinco Fantástico viene y melosplica porque así, de entrada y con medio libro leído, la cosa no parece que vaya a pasar de infumable.



(1) El día que conocía a David Foster Wallace (Respuesta al “acertijo pop 9”)6





viernes, 2 de noviembre de 2012

“Conversaciones con David Foster Wallace” de Stephen J. Burn

Las editoriales vienen y van, sólo algunas (demasiadas) permanecen. En los últimos años he visto morir pocas (pienso, ahora, en DVD) y nunca deja de sorprenderme -y eso a pesar de que en este país cada vez se compren menos libros y cada vez se lea menos (y peor)- la cantidad de ellas que ven la luz. No llevo la cuenta, pero así de memoria puedo nombrar algunas que (salvo error) han nacido este mismo año: Rayo Verde, Sigueleyendo, Automática, Ginger Ape y, ahora, Pálido Fuego. Por falta de presupuesto no les sigo a todas la pista con el mismo interés pero no tengo ninguna duda de que de todas ellas la mejor es (será) con diferencia, la última. Tengo razones de peso para creerlo que nada tienen que ver con la amistad. Y sabiendo como sé que el movimiento se demuestra andado puedo asegurar que Pálido Fuego ha empezado dando un paso de gigante. “Conversaciones con David Foster Wallace” (desde ahora DFW) es lo primero que publica. Y, joder, no podía haber empezado mejor. 

* * * * * 

DFW se suicidó en 2008. Tenía cuarenta y seis años. Después de eso quedó un inmenso vacío (ausencia de DFW) y a aquellos que llevábamos seis años esperando, ansiando, una nueva novela del escritor después de aquello que fue “La broma infinita”, nos quedó una pena infinita que no se podía curar con NADA. Fue un triste consuelo la edición de “El rey pálido”, que con tanto bombo publicó Mondadori y a la que le restaba interés el hecho de que no hubiese tenido Wallace nada que ver en su montaje. Me puede interesar una obra inacabada, pero no reconstruida en base al criterio particular de no sé quién. 

No hace mucho se empezó a hablar de una biografía que vería la luz este año; otro asunto por el que no siento especial interés. Pero estas entrevistas… estas entrevistas son otra cosa. Para los que admiramos a Wallace (que por lo general somos unos tipos bastante faciles de convencer para la compra de según qué libros) estas entrevistas prometían ser algo así como un viaje al interior de Wallace desde el propio Wallace y por lo tanto una forma de reforzar la imagen de genio que prevalece sobre todas las demás imágenes que de él nos hemos ido formando, así como la oportunidad de entender, sobre todo entender, cómo pudo escribir todo lo que escribió desde una edad tan temprana. Cómo cojones se puede ser tan rematadamente bueno tanto tiempo seguido, para que nos entendamos. Había un truco, claro: "[...] el 50 por ciento de lo que hago es malo, y así es como va a ser, y si no puedo aceptarlo, entonces es que no estoy hecho para esto. El truco está en saber qué es malo y no permitir que los demás lo vean." 

Para los que no conocen a Wallace o bien para aquellos a quienes intimida Wallace por la imagen de él que transmite cierta gente, es decir, para aquellos que huyen de Wallace por las reseñas que muchos lectores escriben de sus novelas (ya saben -diría él- esas reseñas en las que vas por la mitad y tienes la sensación de que el autor es tan estúpido que cree que puede engañarte para que pienses que la crítica es sofisticada y profunda de verdad simplemente porque es difícil (algo epidémico en la crítica académica)) o simplemente lo rechazan porque sus libros tienen muchas páginas o la letra muy pequeña o desprende tufo a posmoderno o abandera no sé qué mierda de generación o es seguido por devoción enfermiza por según quienes... pues este libro, para esa gente, debería ser mucho más que una curiosidad que ojear en alguna librería, mucho más que la enésima recopilación de entrevistas inútiles por repetitivas, mucho más que una selección hagiográfica de un escritor de culto; para los no lectores de Wallace, digo -y lo estoy diciendo bien: para los NO lectores de Wallace- “Conversaciones…” es, o debería ser, un libro IMPRESCINDIBLE no porque ayude a conocer mejor a Wallace (que también (claro que, ¿a quién le interesa descubrir un cadáver tan fresco?)) sino porque ayuda a entender qué es la buena literatura, cómo se escribe la buena literatura, qué se debe esperar de un escritor y cómo se puede identificar a la plaga de mediocres que pueblan las estanterías de cualquier librería. 

Conversaciones con DFW” son una serie de entrevistas que desde distintos medios se tienen con el autor. Las hay mejores y las hay peores, pero ninguna prescindible. Como en todas las entrevistas se tiende a repetir en ocasiones las mismas preguntas y es inevitable que algunas veces nos encontremos con una respuesta similar. Esto, que yo temía más que nada, se da sorprendentemente poco y en cualquier caso sirve para reforzar aquello que a Wallace obsesionaba más. No voy a detenerme a recomendar una u otra entrevista; tampoco voy a compararlas (a esto en concreto me niego en rotundo) y desde luego no voy a ponerme a rescatar citas (quizá una, sólo una, al final) básicamente porque no sabría cuales de las doscientas  que he recogiendo podrían ser de más interés o resumir mejor la idea de lo que se puede esperar de este libro. No trato de convencer a nadie para que lea esta recopilación sólo porque contenga un par de apuntes interesantes sobre literatura; trato de convencerles de que deben leer este libro porque les ayudará a recuperar algo que tendemos a perder con el paso del tiempo y el encadenamiento de malas lecturas: perspectiva. Leer lo que Wallace opinaba de la literatura (que es sobre todo de lo que se habla, mucho más que de él, que al fin y al cabo odiaba ser entrevistado) equivale a observarlo todo desde ese punto indeterminado desde el que la paja y el grano resultan perfectamente distinguibles. 

Conversaciones con David Foster Wallace” ha sido (y no me duelen prendas decirlo) una de las lecturas más reconfortantes y valiosas de lo que va de año. Y esto lo visualizan ustedes como faja, si quieren.



En lo que a mí respecta, los últimos años de la era posmoderna han acabado pareciéndose un poco a como te sientes cuando estás en el instituto y tus padres se van de viaje y das una fiesta. Traes a todos tus amigos y das una fiesta salvaje, repugnante y fantástica. Durante un rato es genial ser libre y liberar, desaparecida y derrocada la autoridad parental, un goce dionisíaco tipo “el gato se ha ido, divirtámonos”. Pero después pasa el tiempo y la fiesta sube de volumen y se te acaban las drogas y nadie tiene dinero para comprar más, y empiezan a romperse y a volcarse cosas, y hay un cigarrillo encendido sobre el sofá, y tú eres el anfitrión y también es tu casa, y poco a poco empiezas a desear que tus padres vuelvan y restauren algún jodido orden en tu casa. No es una analogía perfecta, pero lo que percibo en mi generación de escritores e intelectuales o lo que sea es que son las 3:00 a.m. y el sofá tiene varios agujeros por quemaduras y alguien ha vomitado en el paragüero y estamos deseosos de que el disfrute se termine. La labor parricida de los fundadores posmodernos fue magnífica, pero el parricidio produce huérfanos, y no hay jolgorio suficiente que pueda compensar el hecho de que los escritores de mi edad hemos sido huérfanos literarios a lo largo de nuestros años de aprendizaje. En cierto modo sentimos el deseo de que algunos padres vuelvan. Y por supuesto nos inquieta el hecho de que deseemos que vuelvan. Quiero decir, ¿qué nos pasa? ¿Somos una panda de nenazas? ¿De verdad necesitamos autoridad y límites? Y, claro, la sensación más inquietante de todas es que gradualmente comenzamos a darnos cuenta de que, a decir verdad, esos padres no van a volver nunca. Lo que implica que nosotros vamos a tener que ser los padres. (DFW)


miércoles, 21 de diciembre de 2011

"Dostoievski : las semillas de la rebelión, 1821-1849" de Joseph Frank


En el breve ensayo llamado “El Dostoievski de Joseph Frank” (incluido en “Hablemos de Langostas”, editado por Mondadori) David Foster Wallace da una razón más que suficiente para leer el "Dostoievski" de Joseph Frank: 

[…] al profesor Frank […] se le empieza a ocurrir la posibilidad de usar la narrativa de Dostoievski como una especie de puente entre dos formas distintas de interpretar la literatura: un acercamiento estético puramente formal versus una crítica social barra ideológica que solo se preocupe por los temas y los supuestos filosóficos que hay detrás de ellos (*). 
(*) Por supuesto, la teoría literaria contemporánea consiste básicamente en demostrar que no existe ninguna distinción real entre estas dos formas de leer: o mejor dicho, en demostrar que la estética casi siempre se puede reducir a ideología. Para mí, una razón de que el proyecto general de Frank valga tanto la pena es que muestra una forma completamente distinta de aunar lecturas formales e ideológicas, un método que no es ni de lejos tan abstruso ni (a veces) simplista ni (demasiado a menudo) destructor del placer como la teoría literaria. 

De las lecturas formales o ideológicas hablamos cuando ustedes quieran, sin que tenga que ser necesariamente hoy ni necesariamente aquí porque lo cierto es que esta entrada quiere ser nada más que una reseña del primer tomo de la biografía de Dostoievski, de la que estos días me habrán leído escribir bastante. 

La cita anterior es, o pretende ser, la “razón más que suficiente” para leer a Joseph Frank pero soy consciente de que no todo el mundo está dispuesto a afrontar las casi 3.000 páginas que suman los cinco volúmenes de esta monumental obra (ni los doscientos euros que pueden llegar a costar) simplemente para conocer los secretos que puedan ocultar las obras del escritor ruso. Hay una tercera razón que estoy convencido que a muchos entusiasmará. Cito por enésima vez a Wallace: 

Al terminar de leer los libros de Frank, sin embargo, creo que cualquier lector/escritor americano serio se verá a sí mismo impelido a pensar muy seriamente en qué es exactamente lo que hace que muchos de los novelistas de nuestro país y nuestra época parezcan tan superficiales y pusilánimes en sus temas, tan moralmente empobrecidos, en comparación con Gogol o Dostoievski (o aunque sea con luminarias más tenues como Lermontov o Turguéniev). La biografía de Frank nos hace preguntarnos por qué parece que en nuestro arte necesitemos distanciarnos mediante la ironía de las convicciones profundas o de las preguntas desesperadas, de forma que los escritores contemporáneos tienen que convertirlas en bromas o bien intentar abordarlas bajo el disfraz de algo como la cita intertextual o la yuxtaposición incongruente, metiendo las cosas realmente urgentes entre asteriscos como parte de alguna floritura multivalente de desfamiliarización o alguna mierda parecida. 

Cualquier obra que ponga en evidencia (una vez más) las miserias de la narrativa actual por fuerza ha de suscitar interés. Ocurre a menudo que me pregunto qué pasa que no me acaba de convencer casi nada de lo que se escribe últimamente y me resisto a creer que pueda tratarse simplemente de una actitud negativa por mi parte frente a las tan nuevas y espontáneas generaciones literarias y sus subproductos condenados al olvido. Será que ya no quedan cosas que contar. Será. O que hay saber contarlas. Será. 


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Dostoievski : las semillas de la rebelión, 1821-1849 


Decía antes que esto quería ser una reseña del primer volumen de la biografía pero lo cierto es que desde que he empezado no he hecho otra cosa que alejarme cada vez más de mi objetivo primero. Me disculpo, pero entiendan que hay veces que evitar una digresión es evitar el que puede llegar a ser un interesante debate. Ahora, una vez planteado, procedo con lo siguiente: 

Las semillas de la rebelión aborda el período que va desde el nacimiento de Dostoievski hasta que roza los treinta años, justo después de haber publicado “Netotchka Nezvánova”, su tercera novela siempre y cuando aceptemos ésta y “El doble” como tal. A esa edad ya ha "sufrido" el éxito pero también el más estrepitoso de los fracasos; ha sido adorado y ensalzado pero también ridiculizado, insultado y odiado con una vehemencia como el propio Dostoievski no creía posible. Este primer volumen podríamos perfectamente dividirlo en tres grandes bloques. El primero sería aquel que abarca su infancia y juventud hasta la publicación de su primer libro y que salvo por esa última parte sería de los tres el menos interesante. En el segundo, que ocuparía la parte central del libro, Joseph Frank dedica cantidades ingentes de información y esfuerzo a explicar la formación y consolidación de las ideas socialistas de Dostoievski. Por último, el final de libro se ocupa de analizar algunos cuentos y un par de novelas más. 

Acabada la primera mitad de este primer volumen Dostoievski no es un tipo que nos caiga especialmente bien. Tras su primera novela sufre un exceso de confianza y su actitud se vuelve directamente... despreciable, digamos: un engreimiento supino con querencia a la gilipollez. Su posición social, sin ser especialmente buena, le había permitido vivir hasta el momento sin sobresaltos ni grandes penurias, todo gracias a los esfuerzos económicos de un padre con el que tiene muy poca relación. Su muerte (la del padre) amenaza con sumirlo en la miseria pero el éxito de crítica (que no llegará a materializarse, no al menos cómo él esperaba) de “Pobre Gente”, su primera novela, le hace ver un rayo de esperanza en el horizonte de su futuro de mierda. La historia de su caída la contaré en otra ocasión que venga más a cuento (con la reseña de “El doble” probablemente) pero sepan que es muy interesante ver cómo en la segunda mitad del volumen y a raíz de este fracaso, su actitud cambia radicalmente: se adivinan señales de hechos lo bastante relevantes para que en el futuro los incluya, de las más diversas maneras, en sus obras. Así es como podemos entender, por ejemplo, porqué caricaturizar a Turgueniev en “Los demonios” es un acto de justicia y no una maldad gratuita. 

La tercera parte de esta división imaginaria que me acabo de inventar la dejaré para cuando comente los libros en cuestión pero respecto a la segunda no basta decir que debería ser lectura obligada para todo aquel que quiera entender mínimamente el germen ideológico de Dostoievski. No se trata simplemente de explicar a qué teoría filosófica se adscribía el ruso sino qué personajes de su esfera le influían más y de qué manera. Belinski, por ejemplo, fue uno de ellos, sin duda el que más, pero hubo otros (Petrashevski, por ejemplo) y Joseph Frank no escatima tiempo ni espacio para explorar los orígenes de esos hombres en un esfuerzo por tratar de sentar unas bases lo más firmes posibles, ya que soportarán (me anticipo un poco) parte del peso de los siguientes tomos. Conocemos también la [cuando menos] curiosa etapa de militancia radical de Dostoievski, una militancia que desembocaría en su primera detención y que sin duda marcará su futuro. Pero de todo esto ya habrá tiempo para hablar en el futuro.



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UN PROYECTO MUY  PERSONAL 

Empecé a leer esta biografía por culpa de una casualidad que conté no hace mucho (aquí) pero según iba leyendo fui cayendo en la cuenta del absurdo que estaba siendo planteármela como si de un libro de texto  se tratase cuando era a todas luces evidente el desperdicio que esto suponía. Inicialmente yo sólo iba a leer “Memorias del subsuelo” y luego el resto de las Grandes Obras del ruso. Hoy no. Hoy quiero leerlo todo, absolutamente todo para tratar saberlo todo o al menos entenderlo todo (en la medida de lo posible). Bueno, quizá “todo” no, porque los cuentos, por ejemplo, no me suscitan especial interés -aunque no descarto su lectura en un futuro por determinar- y preveo que los “Diarios” serán un punto y aparte. 

El experimento empezó con “Pobre Gente”, su primera novela, (aunque unos días antes había terminado “Memorias de la casa muerta”). Llegado el momento del análisis que le hace Frank interrumpí la lectura para ponerme con ella y una vez acabada continué con el ensayo. Les diré que el resultado no pudo ser mejor, más gratificante ni más enriquecedor (una experiencia que compartiré en breve). Después, con “El doble”, invertí los papeles: primero leí el ensayo y luego la novela (y así me fue). Ahora debería continuar con “Noches Blancas” y “Netotchka Nezvánova” que en su momento -hará unos veinte años- me parecieron poco menos que infumables no recuerdo ya por qué y me alejaron -creía yo que para siempre- del escritor.


CONCLUSIÓN 

Independientemente de mis “neuras” y obsesiones personales y estos arrebatos temáticos de una vez al año no puedo menos que recomendar con entusiamo este volumen en concreto, no sólo por el tratamiento exhaustivo que hace de sus primeras obras sino porque nos permite entender que era “eso” que pasaba por la cabeza de Dostoievski, cuál era el entorno y cuáles las motivaciones; qué hay de leyenda en sus orígenes y qué de verdad. 

Del resto de los volúmenes… 
(a saber: “Los años de prueba, 1850-1859”, “La secuela de la liberación, 1860-1865”, “Los años milagrosos, 1865-1871”, “El manto del profeta, 1871-1881”) 
... quisiera ir dando cumplida información a medida que los vaya terminando (no prometo nada) lo mismo que de las novelas que en ellos se analicen. Un proyecto que, a pesar del exceso que supone, me entusiasma y aunque este blog ya se ha declarado oficialmente en pausa (llamémosle así) eso no quita que no vaya a publicar las reflexiones que salgan, si salen, de la lectura.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Una aproximación a “Memorias del subsuelo” de Fiodor M. Dostoievski a través de DFW y Joseph Frank


Hace un par de meses, mientras reorganizaba una estantería, me senté a ojear un recopilatorio de ensayos de David Foster Wallace llamado “Hablemos de langostas” (Mondadori, 2007). Quiso el azar que lo abriese exactamente en uno llamado “El Dostoievski de Joseph Frank” cuya lectura obvié en su momento y que más o menos empieza del siguiente modo: 

«Tal como puede confirmar cualquiera que la haya leído, Memorias (1864) es una novelita impresionante pero considerablemente extraña, y estas dos cualidades tienen que ver con el hecho de que el libro resulta al mismo tiempo universal y particular. […] Notas del subsuelo y su Hombre del Subsuelo son en realidad imposibles de entender sin conocer el clima intelectual de Rusia en la década de 1860, sobre todo el momento álgido del socialismo utópico y el utilitarismo estético que estaban de moda por entonces entre la intelectualidad radical, unas ideologías que Dostoievski odiaba con esa pasión con que solamente podía odiar Dostoievski.» 

Para ponerse al corriente del clima intelectual ruso, entender la importancia del socialismo utópico y el utilitarismo estético de entonces no es suficiente con visitar dos o tres enlaces de la wikipedia o enciclopedia similar. Se lo digo por experiencia. Tampoco es suficiente repasar el contexto histórico y los apuntes biográficos de los prólogos que se incluyen en algunas ediciones (pienso en Cátedra) de según qué novelas de Dostoievski (pienso en Crimen y Castigo). No es suficiente. En un principio, en mi bendita ignorancia, creí que sí pero resultó ser que no. No fui consciente de ello hasta hace unos días cuando leyendo el ensayo de Frank al que hace referencia Wallace, di con la parte en que se trata este asunto con detalle al tratar de explicar las razones del relativo éxito de la primera novela de Dostoievski. Con esto no quiero decir que no se pueda leer esta novela sin tener esa información, pero sí es verdad que cuesta más entender lo que Dostoievski quería decir si no es así. Pero sigamos con Wallace:

«Lo que pretende [Joseph] Frank es mostrar que es imposible hacer una lectura exhaustiva de la narrativa de Dostoievski sin una comprensión detallada de las circunstancias culturales en que se concibieron los libros y a las que estos querían contribuir. Esto, explica Frank, se debe a que las obras de madurez de Dostoievski son fundamentalmente ideológicas, y no se pueden apreciar plenamente a menos que uno entienda las intenciones polemistas que las animan. En otras palabras, la mezcla de universal y particular que caracteriza Memorias del subsuelo (*) marca en realidad la mejor obra de FMD, un escritor cuyo «deseo evidente», dice Frank, es «dramatizar sus temas morales y espirituales usando como telón de fondo la historia de Rusia.» 

Si sigo por este camino les acabaré pegando el ensayo íntegro y los de Mondadori se van a enfadar conmigo, pero hay que hacer lo que hay que hacer y yo no conozco mejor manera de contarles esta película y por eso les voy a poner uno más, el penúltimo: el pie de página que hace referencia directa a la novela en cuestión y que acabo de señalar con un asterisco en el párrafo anterior. 

(*) «El volumen tercero [de la biografía de Dostoievski escrita por Joseph Frank], La conmoción de la liberación (2), incluye una muy buena lectura explicativa de Memorias [del subsuelo], que localiza la génesis del libro en una réplica al «egoísmo racional» que puso de moda el libro ¿Qué hacer? de N. G. Chernishevski e identifica al Hombre del Subsuelo como básicamente una caricatura paródica. La explicación que da Frank de la mala lectura generalizada que se hace de Memorias (mucha gente no lee el libro como un conte philosophique, y da por sentado que Dostoievski ideó al Hombre del Subsuelo como un arquetipo serio al nivel de Hamlet (3)) también contribuye a aclarar por qué las novelas más famosas de FMD a menudo se leen y se admiran sin apreciar en absoluto sus premisas ideológicas: «La función paródica del personaje [del Hombre del Subsuelo] siempre ha quedado encubierta por la inmensa vitalidad de su encarnación artística». Es decir, que en cierto sentido Dostoievski era demasiado bueno para lo que le convenía.» 

(Las frases lapidarias con las que Wallace termina algunos párrafos son impagables.) Busqué sin éxito -y sin especial interés- la novela de Chernishevski, aunque sí descubrí que guarda una estrecha relación con otra novela de Dostoievski, “Humillados y ofendidos”, de inminente lectura, como tantas otras. En cambio sí localicé en diferentes bibliotecas cuatro de los cinco tomos de la edición completa del “Dostoievski" de Joseph Frank (4), el primero de los cuales me traje para casa hace un par de meses y devolví a medio leer convencido de la necesidad de hacerme con él. (5) Del prefacio de ese primer tomo extraigo la siguiente cita del propio Frank: 

«En aquel tiempo estaba yo muy interesado en la nueva literatura existencialista […] así que elegí como tema para mi disertación “Los temas existencialistas en la literatura moderna”. Con el fin de establecer un marco histórico, inicié mi exposición con un análisis de Memorias del subsuelo, de Dostoievski, obra considerada precursora de las teorías y de los temas que encontramos en el existencialismo francés. Mi interpretación de esa obra se deriva de los escritos de Leo Shestov y de Nikolái Berdyaev: subrayaba yo la irracionalidad y la amoralidad del hombre marginado y lanzado a la clandestinidad, en tanto que éste, trágica y retadoramente, conserva la libertad de su personalidad frente a las leyes de la naturaleza, sin importarle el costo que esto signifique para él y para los demás.» 

Leer las historias que cuentan cómo nacen algunos libros es una actividad francamente adictiva, en ocasiones mucho mejor que la lectura de la propia novela. No es el caso. "Memorias del Subsuelo" es un relato excelente, una novela que empieza cómo ya no empiezan las novelas (6)

«Soy un enfermo. Soy un malvado. Soy un hombre desagradable. Creo que padezco del hígado. Pero no sé absolutamente nada de mi enfermedad. Ni siquiera puedo decir con certeza dónde me duele.» 


(En esta reseña -no así en las siguientes que había proyectado dedicar al escritor- voy a obviar casi completamente (la excepción está en la tercera nota a pie de página) los comentarios de Vladimir (“estoy deseoso de desmitificar a Dostoievski”) Nabokov en “Curso de literatura rusa” en el que afirma que “Dostoievski no es un gran escritor, sino un escritor bastante mediocre; con destellos de excelente humor, separados, desgraciadamente, por desiertos de vulgaridad literaria" ya que lo que hoy realmente me interesaba, más que hablar de “Memorias del subsuelo,” era contarles los motivos que me llevaron a leerla. Ya habrá tiempo para lo otro. Tampoco quiero dar la impresión de haber tomado ya partido por uno de los bandos. No es eso, simplemente me reservo el derecho de apasionarme con Dostoievski antes de odiarlo.) 


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(1) Esto es medio verdad, medio mentira. Este post es también la doble excusa de no saber cómo hablar de un clásico como este y la de la certeza de estar lejos de poder interpretarlo correctamente. 

(2) Editado, en castellano como “Dostoievski. La secuela de la liberación 1860-1865” editado por el Fondo de Cultura Económica en 1993, reeditado en 2010 y realmente difícil de conseguir no digamos ya de encontrar disponible en librerías. 

(3) Es probable que esta frase sea una maldad de Wallace refiriéndose al abiertamente crítico con Dostoievski Vladimir Nabokov, que en “Curso de literatura rusa” dice lo siguiente (y perdonen la extensión de la cita): “Cuando un artista se pone a trabajar en una obra de arte, se ha propuesto un problema artístico concreto que pretende resolver. Escoge sus personajes, su tiempo y su lugar, y busca después aquellas circunstancias particulares y especiales que permitan que esos sucesos que a él le interesan ocurran de forma natural, desplegándose, por así decirlo, sin violencia alguna por parte del artista para forzar la consecuencia deseada, desprendiéndose de forma lógica y natural de la combinación e interacción de las fuerzas que el artista ha puesto en juego. El mundo que el artista crea con esa finalidad puede ser totalmente irreal —como lo es, por ejemplo, el mundo de Kafka, o de Gógol—, pero hay una exigencia absoluta que tenemos derecho a plantear: ese mundo, en sí y mientras dure, tiene que ser verosímil para el lector o espectador. Carece totalmente de importancia, por ejemplo, que Shakespeare introduzca en Hamlet al espectro del padre de Hamlet. Tanto si coincidimos con esos críticos que dicen que los contemporáneos de Shakespeare creían en la realidad de los fantasmas, y por lo tanto Shakespeare hacía bien en meterlos en sus obras como realidades, como si damos por sentado que esos fantasmas son algo así como unas propiedades del escenario, es lo mismo: desde el momento en que el espectro del rey asesinado entra en la obra, le aceptamos y no ponemos en duda que Shakespeare estaba en su derecho al introducirle en la obra. De hecho, la verdadera medida del genio está en la medida en que el mundo que ha creado es suyo propio, un mundo que no existía antes de él (al menos aquí en la literatura), y, lo que es más importante, en que haya conseguido hacerlo más o menos verosímil. Quisiera que considerasen ustedes el mundo de Dostoievski desde este punto de vista. […] En segundo lugar, ante una obra de arte hemos de tener siempre presente que el arte es un juego divino. Ambos elementos, el de lo divino y el del juego, son igualmente importantes. Es divino porque éste es el elemento en que el hombre se acerca más a Dios, conviniéndose en auténtico creador por derecho propio. Y es juego porque seguirá siendo arte sólo en tanto se nos permita recordar que, en el fondo, todo es ficción, que la gente del escenario, por ejemplo, no es asesinada de verdad; dicho en otras palabras, sólo en tanto que nuestros sentimientos de horror o de repugnancia no oscurezcan nuestra comprensión de estar participando, como lectores o espectadores, en un juego complicado y delectable. En el momento en que ese equilibrio se rompe tenemos, sobre la escena, un melodrama ridículo, y en un libro una descripción truculenta de pongamos, un caso de asesinato que estaría mejor en las páginas de un periódico. Y dejamos de experimentar esa sensación de placer y satisfacción y vibración espiritual, ese sentimiento combinado que es nuestra reacción al arte auténtico. Por ejemplo, no sentimos repugnancia ni horror ante el sangriento final de los tres mejores dramas de todos los tiempos: el ahorcamiento de Cordelia, la muerte de Hamlet, el suicidio de Otelo nos dan escalofríos, pero escalofríos que llevan en sí un elemento intenso de deleite. Ese deleite no procede de que nos alegremos de ver perecer a esas personas, sino simplemente de que gozamos con el genio abrumador de Shakespeare. Quisiera que estudiasen ustedes Crimen y castigo y las Memorias de una ratonera, que también se conocen con el título de Apuntes del subsuelo (1864), desde este segundo punto de vista: el placer artístico que encuentran en acompañar a Dostoyevski en sus incursiones en las almas enfermas de sus personajes, ¿es constantemente mayor que cualesquiera otras emociones, los repeluznos de repugnancia, el interés mórbido que produce una historia de crímenes? En las otras novelas de Dostoievski hay todavía menos proporción entre el logro estético y el elemento de crónica de sucesos." 


(4) La que falta me vi obligado a pedirla porque (vean que mala suerte) es precisamente esa la que contiene la lectura explicativa que hace Frank de “Memorias del subsuelo”. Me rechazaron la desiderata días después alegando que era de 1993, como si 18 años fuesen toda una vida. Finalmente la conseguí, por si les interesa, y si omito lo que aprendí de ella es simplemente porque este post habla de un momento muy concreto y no viene a cuento de nada alargarlo más o me quedaré sin argumentos cuando reseñe el libro en cuestión. 


(5) Ese mismo tomo -y el siguiente- volví a rescatarlo hace apenas quince días para acompañar la inminente lectura de las dos primeras novelas de Dostoievski (“Pobre gente”(*) y “El doble”) por lo que es de suponer que no tardaré en volver a escribir sobre el asunto. 
(*) Tengo que publicar este post de una santa vez. Cuando escribo estas palabras ya he terminado “Pobre Gente”, leo "El Doble" y he hecho bastante más que superar el ecuador del primer tomo de Joseph Frank.
(6) Lamento no poder señalar cuál fue exactamente la edición que leí ni dar el nombre del traductor ya que este libro fue un préstamo que devolví hace mucho tiempo y no tengo forma de consultarlo. 

miércoles, 16 de marzo de 2011

"Chronic City" de Jonathan Lethem (y un poco de Pynchon, Wallace y Salinger)



Chronic City, la última novela de Jonathan Lethem publicada en nuestro país (Mondadori, 2011) es absolutamente genial. Y es precisamente esa genialidad la que me incapacita a la hora de hacer una crítica o un comentario (una simple reseña) mínimamente decente. En cambio lo que sí puedo es subrayar un par de cosas que me han llamado mucho la atención


Thomas Pynchon 

He leído por ahí que “Chronic City” parece planteado como un guiño a “La subasta del lote 49” de Thomas Pynchon. Hasta ahora no había caído en la cuenta, pero la verdad es que no le falta razón. Incluso los nombres de los protagonistas parecen sacados de una novela del viejo escritor neoyorquino: Chase Insteadman, Oona Lazlo, Perkus Tooth, Laird Noteless, Strabo Blandiana, Georgina Hawkmanaji.... Pero es mucho más eso; es la sensación de irrealidad que acompaña la lectura, ese vértigo ante el desmoronamiento de la frontera entre realidad y ficción; es una historia que arriesga y que quizá, de no estar firmada por Jonathan Lethem, hubiese caído en el olvido de las buenas y marginadas historias. El blog literario “Hungry Like the Woolf” llega a afirmar que “If you like Pynchon, you will like this book. If not, maybe not.” (Si te gusta Pynchon, te gustará este libro. Si no, puede que no). Y tampoco en esto le falta razón. 



David Foster Wallace 

Chronic City” es una novela inmensa, tanto en la forma como en el fondo. Una novela de lectura aparentemente sencilla que oculta una incontable cantidad de referencias culturales en muchos casos (posiblemente) indetectables. Una de las mejore es aquella en que habla de un libro escrito por un tal Ralph Warden Meeker llamado “Obstinate Dust” (que esta edición traduce, acertadamente, como “La bruma indistinta”) en clarísima referencia a “La broma infinita” de David Foster Wallace (un personaje, Wallace, que tiene también un hueco en la novela -bajo seudónimo- interpretando el papel de camello de Perkus Tooth). En un momento determinado y por razones que no vienen al caso, el protagonista, Chase Insteadman, tira la edición de bolsillo de la novela -que ha comprado previamente a un mendigo traficante de literatura robada- en un enorme "socavón artístico" (una obra de arte que es un agujero sin fondo) ubicado en algún lugar de la ciudad. Es inevitable relacionar ese “enorme agujero” con la “gran concavidad” que en cierto modo coprotagoniza "La broma infinita" de DFW.



J.D. Salinger 

Sólo por las referencias veladas a Thomas Pynchon y David Foster Wallace ya valdría la pena leer "Chronic City". Pero es que hay mucho más. Por si no tuvieran suficiente, les diré (repetiré, en realidad) que también incluye una cantidad ingente de referencias, más o menos reconocibles, entre las que se encuentra una de mis favoritas y que es el verdadero motivo de esta "pequeña" entrada. No he visto que se haga referencia a ella en ningún sitio y eso me hace pensar que quizá estoy equivocado y que lo que a mí me parece un homenaje a Salinger no pasa de ser una simple casualidad. Les voy a contar, brevemente y tratando de no destripar el argumento, algunos detalles de esta novela. 

En "Chronic City", Chase Insteadman, el protagonista, un hombre famoso por una serie de televisión que protagonizó en la infancia, se siente un fraude: es un ser humano de escacho provecho que sobrevive entre la clase acomodada neoyorquina gracias (entre otras razones) a la relación de amor con su novia, una mujer atrapada en la estación espacial que se comunica con él a través de extensas cartas que se publican en un periódico. Al comienzo de la novela Chase conoce a una mujer menuda, de escasa belleza y singular atractivo, Oona Lazso, con la que inmediatamente comienza una relación amorosa que, por motivos obvios, ocultan a una prensa que en realidad parece muy poco interesada en ellos. Su relación es tanto peculiar: Oona es la que parece llevar las riendas, la que establece cuándo y dónde se deben ver y en qué condiciones. Chase vagabundea entre el amor hacia esta mujer, el recuerdo difuso de su novia espacial y la relación con su mejor amigo, Perkus Tooth (un personaje demasiado complejo para describir aquí) mientras el mundo que conoce se hace, literalmente, añicos. 

Pues bien, a continuación dejaré un extracto de la biografía de J.D. Salinger escrita por Kennet Slawenski y publicada recientemente por Galaxia Gutenberg (Círculo de Lectores) en la que también hay un personaje dominante y menudo (bella donde era fea y lista donde superficial) llamado Oona y un hombre que, al igual que Chase, siente el mundo inestable bajo sus pies. Ya luego deciden ustedes si estoy realmente tan paranoico como aparento. 

"Vivaz y cautivadora, Oona tenía una belleza a menudo descrita como “hechizante” y “misteriosa”. Además de su atractivo, su padre era el autor teatral más importante de Estados Unidos, un vínculo que sin duda a ojos de Salinger elevaba el estatus de la chica. Aunque la mayoría de las descripciones se deshacían en elogios sobre su belleza, pocas atribuían a Oona la menor profundidad de carácter. Se la veía como una chica rica superficial y sólo preocupada por sí misma. […] La hija de Elizabeth Murray fue quizá quien mejor describió a la joven: “Estaba vacía, pero poseía una belleza asombrosa”. […] era exactamente el tipo de chica que desde hacía mucho tiempo Salinger afirmaba despreciar. […] 
Para alivio de Salinger, Oona correspondió a su interés. […] De los comentarios y cartas de Salinger se deduce que éste no se hacía ilusions en cuanto a su superficialidad o a la naturaleza desigual de su relación. “La pequeña Oona”, se lamentaba Salinger, estaba “desesperadamente enamorada de la pequeña Oona”. En todo caso, sus sentimientos hacia ella eran firmes, y cuando ambos regresaron a Nueva York iniciaron un romance que la vinculó al autor en los años que siguieron. […] 
Convertido en escritor profesional, Salinger empezó a sentirse cada vez más incómodo. De alguna manera, su vida diaria no estaba a la altura de sus logros, y disponía de escasas pruebas de que en realidad lo hubiera “conseguido”. Seguía viviendo en casa de sus padres, una situación que cada vez se le hacía más intolerable. Su romance con Oona O´Neill resultaba incompleto y era ella quien llevaba las riendas. El autor no estaba contento con la distribución ni la presentación de sus historias, la mejor de las cuales había quedado limitada por su reducida distribución mientras que la menos significativa había obtenido una gran difusión. Salinger veía The New Yorker como la solución a todos sus problemas. Si pudiera convencerlos de que publicaran alguna de sus historias más incisivas alcanzaría la respetabilidad que creía merecer, impresionaría a Oona O’Neill y su vida cotidiana empezaría a cambiar."

lunes, 14 de febrero de 2011

“The Wallace Touch”



Hace unos días, durante la lectura del primer relato (“Animalitos Inexpresivos”) incluido en el recopilatorio llamado “La niña de pelo raro” de David Foster Wallace, descubrí una escena absolutamente deliciosa -que me pasó desapercibida la primera vez que lo leí, hace ya demasiados años - y que ahora no quiero dejar de comentar. Tiene lugar en una playa. Las protagonistas son dos jóvenes mujeres que sabemos –o suponemos- enamoradas: 

Faye se ríe. Se moja un dedo y hace una señal en el aire como si hubiera un marcador. Las dos se ríen. Una ola más grande de lo normal rompe de una manera estrepitosa sobre la espuma. El dedo de Faye sabe a humo y a sal. 

Al leerlo me vino a la memoria la escena de una película de Ernst Lubitsch (que no logro identificar) en la que el director mostraba el primer plano de una rosa que depositaba el amante de la protagonista sobre la almohada de su cama antes de marchar por la mañana. Era la forma que tenía el director de insinuar la relación sexual que había tenido lugar esa noche evitando la censura habitual de la época. Ese peculiar uso del montaje y la ironía de que hacía gala Lubitsch provocó que el medio cinematográfico popularizase la expresión “Lubitsch touch” (el “toque Lubitsch”) para definir ese estilo en el que predominan la insinuación y la sugerencia. En sus películas los objetos comunes cobraban funciones simbólicas o evocadoras: calcetines, camisas, cajones, espejos, ramos de flores, pares de copas o las inolvidables puertas abiertas en “Lady Windermere's Fan”. 

El dedo de Faye sabe a humo y a sal.

lunes, 16 de agosto de 2010

FosterWalización de Providence






EXTRACTOS DE LAS HOJAS 25, 87, 148 y 149 DE LOS ARCHIVOS PRIVADOS Y SUPERSECRETOS, LACRADOS A LA ANTIGUA Y CON PRECINTO DE GARANTIA, DE GLOBAL INTERVIEW & CO. QUE FUERON RESCATADOS DE UN CONTENEDOR DE BASURA EN LAS AFUERAS DE PROVIDENCE



CRITICA SIMPLE. NIVEL 01. GRUPO DE ENSAYO 45: ENTREVISTAS CON SUJETOS CLASE B: AQUELLOS QUE HAN LEIDO LA NOVELA Y NO LES HA GUSTADO. Y ADEMÁS LES HA COSTADO TERMINARLA, QUIZÁ PORQUE LO HICIERON OBLIGADOS O BAJO COACCIÓN (de esto el entrevistador no se llega a enterar nunca, pero supone positivamente que tiene que ser algo así o de otro modo no se entiende).

Alex Franco es un director de cine a la vez que capullo integral que acepta una mierda de trabajo en Estados Unidos a cambio de follarse a una vieja. O algo así. Luego al tío se le va la olla de tanto follar y cree que se lo van a comer los tiburones. Al final no entendí nada, no sé si lo abducen los extraterrestres o una movida así. Pero vamos, que si alguien busca una cosa fácil para leer en la playa que mire en otro departamento.



CRITICA SIMPLE. NIVEL 02.GRUPO DE ENSAYO 32: ENTREVISTAS CON SUJETOS CLASE C CON TENDENCIA A LA INDEFINICION: AQUELLOS QUE HAN LEIDO LA NOVELA Y NO SABEN SI LES HA GUSTADO O NO O NO SE ATREVEN A DECIRLO.

Tiene algo, eso no se puede negar pero no sabría decir qué. He buscado referencias y críticas de otros… Sí, ya sé que no se podía pero encontré una navegando por Internet y una cosa llevo a la otra y ya sabe que Internet tiene el don de la perturbación y uno acaba entrando donde no quiere como en páginas porno y al final me doy cuenta de que nadie tiene ni idea de qué va o quizá no lo quieren decir, no lo sé, pero lo que sí sé es que se lee unas veces con más facilidad que otras y que hay partes más interesantes y partes más aburridas pero si me pide una valoración global no se la puedo dar porque tengo que pensarlo más, no puede esperar que en sólo una semana tenga la cosa madurada, que hablamos de un libro enorme que cuenta muchas cosas […] Me da igual que necesite una respuesta, yo necesito más tiempo y si soy el objeto de estudio debería tratarme mejor y no mirarme así, que parece mi terapeuta, coño.



CRITICA SIMPLE. NIVEL 01. GRUPO DE ENSAYO 12: ENTREVISTAS CON SUJETOS DE CLASE O DE OBSESIVOS COMPULSIVOS O SIMPLEMENTE SALIDOS.

¡Me metí en libro, tía, lo juro por dios! No me había pasado nunca. Fue empezarlo y sentirme el protagonista, ya sabes, como los videojuegos, ¡como el puto Providence! ¡El supermegajuego! ¿Te imaginas algo así? Sería como jugar a los putos SIMS en realidad virtual. La hostia, seguro. Pues a mí me pasó lo mismo. Yo era Alex Franco, tía, y no veas qué pasada. Al llegar al segundo nivel lo empecé a entender, tenía que emplearme más a fondo y lo hice, tía, me da palo decirlo pero lo hice. ¡¡¡Me hice seis pajas con los polvos del Franco!!! ¡¡Seis!! Pero quería sentirme igual, TENIA que sentirme igual, vivirlo como el cabronazo ese. Qué salidos los providencianos, ¿eh? ¿A que sí? […] No, el final no lo pillé de todo pero sí que molaría estar en el ascensor ese, ¿eh?, con las tías esas que deben estar buenísimas. ¡Qué suertudo el prota! ¿Si me gustó el libro? Claro, claro, sobre todo la segunda parte, ya sabes, cuando llega a Providence y…



CRITICA MEDIA. NIVEL 03. GRUPO DE ENSAYO 25: ENTREVISTAS CON SUJETOS DE CLASE A: LOS QUE CREEN HABER DESCUBIERTO ALGO DE VITAL IMPORTANCIA A LA VEZ QUE INCOMPRENSIBLE HASTA EL PUNTO DE OBSESIONARSE Y OLVIDARSE DEL RESTO.

Nadie lo ha visto, estoy seguro. Es demasiado sutil, demasiado vago, demasiado… ¿Me entiendes? Es como… no sé decirte. Lo tuve claro enseguida. Sí, sí, te cuento: los polvos de Franco no son simples polvos, son mucho más que eso, hay algo detrás, como las películas de David Lynch, que tienen mensaje oculto, pues aquí igual. ¿Te has fijado que a medida que avanza la narración las tías van estando cada vez mas buenas y son mejores en la cama y a él le gustan más y hasta juraría que son cada vez más jóvenes…? Bueno, excepto por lo de la última, a ésa me costó pillarla, pero claro, eso es normal visto lo visto con perspectiva […] ¿Y qué me dices del edificio? Un falo, ¿no? […] ¿Y no se lo puedes preguntar al escritor?



CRITICA BAJA. NIVEL 01. GRUPO DE ENSAYO 10: ENTREVISTA CON SUJETO DE CLASE Z: LOS QUE NO LO HAN LEÍDO PERO NO LO ADMITIRÁN JAMÁS Y NO CONTENTOS CON ESO SE PERMITEN EL LUJO DE PRESUMIR (El entrevistador, sintiéndose insultado, no se molesta en corregir el error en que incurre el entrevistado a la hora de citar el nombre el autor).

Es bueno este Ferrero, muy bueno. Sin duda. Se ve que tiene experiencia a la hora de plasmar sus ideas. Es capaz de grandes sutilezas, de contar una cosa escribiendo otra, de incluir en la narración mensajes ocultos, ideas novedosas. Es la nueva novela, no me cabe duda. Veo en todo esto a Pynchon, a Barth, a Delillo, a Dos Passos, grandes referentes, sí, pero que Ferrero ha asimilado perfectamente y ha sabido traducir. ¿Me estás preguntando en serio si sé lo que es Providence? Ya te vale. Cualquier con dos dedos de frente, cualquiera que haya leído la novela sabe la respuesta a tu pregunta, a esa incógnita. Porque eso es lo que es, efectivamente, una incógnita, una gran incógnita, un misterio tras una puerta sin cerradura, sin llave, sin pomo, una misteriosa puerta, sin duda. Ferrero no acaba de decir nunca lo que se espera de él, tal hacía aquel novelista en aquella novela… ¿Cómo se llamaba? Da igual, una de las grandes, como esta, sin duda, como lo será esta. Sin duda. ¿Podemos dar por concluida la entrevista? Es que estoy superliado con la tesis.



CRITICA BAJA. NIVEL 00. GRUPO DE ENSAYO 70: ENTREVISTA CON SUJETO DESCLASIFICADO: DEL QUE NO LO HA LEÍDO, NO LO NIEGA Y ADEMAS SE QUIERE QUEDAR CON EL LIBRO Y EL DINERO.

¡¡Que te jodan, tía!! ¡¡Qué os jodan a todos!! Me queréis hacer leer un puto libro de locos. ¡¡He mirado en internet, coño, y no lo entiende ni dios!! ¡¡Queréis comerme el tarro!![…] ¡Iros a cagar! ¡Ni de coña, tíos! […] Que no, que me lo he gastado […] Pues denúnciame, a mí qué me importa; me declaro insolvente y ya está […] No, no sé dónde está […] Vale, vale, sin violencia, pavos: lo tiene mi madre, pero yo paso de pedírselo que igual me pega una hostia […] Sí, está fuera […] ¿Entonces no me vais a denunciar? […]



CRITICA SIN VALORAR. NIVEL SIN VALORAR. NO ES GRUPO DE ENSAYO. UNO QUE LO HA LEÍDO PORQUE SE LO HA QUITADO A SU HIJO. Y RESULTA QUE LE HA GUSTADO.

Yo no dije que no se lo fuese a devolver; le dije que os preguntase si me lo podía quedar más tiempo porque quería volver a leerlo. No es que no lo haya entendido sino que la idea que tengo en mi cabeza no está del todo madura. Es como una fruta que cae del árbol antes de tiempo. ¿No sería fantástico volverla a su lugar, salvarle la vida? Pues esto es un poco lo mismo: se trata de salvar, no mi vida, sino mis arremolinadas ideas. Creo entender la novela pero al mismo tiempo no quiero hacerlo. Me gusta ver los diferentes matices y me divierte muchísimo ser incapaz de categorizarla en un género literario concreto. ¿Ciencia Ficción? Sí. ¿Drama? Sí. ¿Terror? A veces, sí, también, ¿por qué no? ¿Todo? ¿Nada? Es fantástica la posibilidad que ofrece la trama de ser vista como una alegoría o como un hecho real (dentro de la ficción que es) […] ¿Qué alegoría? Uff, qué pregunta… Quizá la del cambió que ha sufrido América tras el 11-S; lo veo sobre todo al final del nivel 1 o al final del nivel 2. Pero no me gusta decir esto porque no es SÓLO eso. No es justo para la novela limitar tanto su campo de juego, circunscribirla a una idea. Lo que el autor parece querer proponer es un juego: una novela viva que no tenga respuestas puesto que no formula preguntas. Somos nosotros, los lectores, quienes hacemos lo uno y lo otro. Lo grande de Ferré es haber conseguido algo así sin que parezca un galimatías. Bueno, vale, sí lo parece, pero en el fondo sabemos que hay un sentido, una razón de ser para todo. Hagan un ejercicio: lean la novela como una novela: tendrán intriga, sexo, almas en venta, investigadores privados, edificios en llamas…, tendrán todo lo que puedan ustedes esperar de una novela y además la pueden ustedes meter en el género que quieran: incluso el histórico, si me apuran. Y ahora hagan otro ejercicio: vuelvan a leerla, o rememórenla si van pillados de tiempo —o les obligan a devolverla—, convirtiendo en esta ocasión cada personaje y cada acto que realiza en un símbolo de otra cosa que el autor trata de decirnos. ¿Sabens ustedes lo que ocurrirá? Exacto, que van a tener diversión para rato. Van a tener novela para comentar durante eones. Y sinceramente, por el precio que tiene, me parece hasta barato.

Lo siento, no soy muy buena conversadora; eso todo lo que me siento capaz de decirles.

[…]

¿El dinero? Lo siento, pero el cabra de mi hijo lo ha usado para pagarle el aborto a su novia. Tratad de verlo como una inversión, un favor al mundo.



CRITICAS MEDIAS. NIVEL 10. GRUPO DE ENSAYO 16. ENTREVISTAS CON SUJETOS QUE HAN LEIDO LA NOVELA Y A LOS QUE NO SE LES PIDE CRÍTICA SINO PARECIDOS RAZONABLES O EXPLICACIONES SUI GÉNERIS DE LO QUE PRETENDE LA NOVELA.

“¿Habéis leído “La Broma Infinita”? ¿Recordáis aquel cartucho de entretenimiento protagonista de la historia? Bien, pues esta novela es ese cartucho. Es lo que pasa cuando una enciende la tele y lo ve.”

“El 11-S. Todo el tiempo.”

“¡¡Yo solo quiero saber qué coño significa lo del tiburón!!”

“Realidad Virtual o una paja mental: cualquiera de las dos vale.”

“Estoy cansado. ¿Podemos dejarlo ya? Quiero irme a mi casa.”










A:
GLOBAL INTERVIEW & CO
HAY BUILDINGS
110 DYER ST.
PROVIDENCE


DE:
Sujeto 158
Clase A
Grupo de Ensayo 144
Nivel 01
Crítica Estimada NOTABLE

Muy señores míos:

Ya supongo que tienen ustedes un presupuesto ajustado o de lo contrario no estaríamos hablando en estas condiciones pero quiero que sepan que el libro que me han dejado para llevar a cabo la lectura estaba en unas condiciones lamentables. Tenía anotaciones en cada página, pero no contentos con eso subrayaban pasajes interesantes, los “entrecorchetaban”, resaltaban líneas con fluorescentes de colores, párrafos enteros, he leído páginas en los que se contaban más de siete colores diferentes algunos de los cuales supuse mezcla de varios; la gente anotaba cuantas observaciones se les ocurrían, todas las explicaciones innecesarias, superfluas, incluso poemas de amor y un centenar de corazones rotos con iniciales atravesados por una flecha ensangrentada. Se llevan la palma dos momentos: la reveladora conversación en el ascensor, una de las mejores que servidor recuerda haber pasado frente a un libro y que se vio ligeramente deslucida por culpa de esos pegotes de edificios en relieve que alguien diseminó por los finales de cada línea de diálogo y todos aquellos en que los dos investigadores privados charlaban (monologaban, más bien) con el protagonista, también tan imprescindible como difícil de leer por culpa de la purpurina. Hay quien llegó a grapar folios para poder incluir sus propias notas a pie de página que sirvieran a otros lectores de guía en esa vasta selva en que se ha convertido este libro. He visto, no me pregunte cómo es posible, diálogos (un tanto de besugos) alabando las excelencias del encuadernado, del tamaño de la letra o la perfecta proporción entre masa y volumen. Se incluye también a modo de apéndice bajo la contraportada final una lista de los mejores bolsos, bandoleras y maletines en los que llevarlo, dónde comprarlos y los mejores precios. También un detallado manual de uso de lectura en el baño para evitar dejar marcas de agua en la trasera (del libro, entendí, pero tampoco podría jurarlo) que no debió resultar del todo efectivo a la vista del estado final del pobre libro. No daba crédito a mis ojos cuando encontré también fotografías, tanto de pasajes como de lectores: una deformación gráfica y literaria del Google Earth: monumentos, besos, edificios, habitaciones y miembros más o menos viriles. Mapas, guías de campo, restaurantes recomendados con direcciones webs y estrellas Michelin. He contado más de trescientos correos electrónicos solo en la primera mitad (comprenda mi desánimo: no soy contable) y hay certificado fotográfico de haberse llevado a cabo más de siete quedadas entre lectores y, me consta, algún entrevistador (1). También un falso mapa del tesoro con la X señalando la tumba de Lovecraft que supongo a estas alturas profanada hasta el aburrimiento, un dvd con el making of de “Tiburón” y auténticas tesis que vinculan a los Klingon (recordarán ustedes a los Klingon: como para olvidarlos, vaya) con una logia masónica de nombre impronunciable. Alguien ha pegado con belcro a la contraportada (el resumen del argumento es ahora un desplegable de la página 23) una cinta VHS con un falso documental sorprendentemente elaborado y veraz sobre los orígenes de Providence (la ciudad).

Como pueden ustedes comprobar el estado final del libro es digno de verse y por eso he decidido incluir fotos del mismo en el mismo que sujetaré con clip en la línea del tiempo incrustada en la página 720. Sí, me consta que el libro no tiene más que 600, pero se ha añadido un borrador de un guión de una supuesta y posible adaptación cinematográfica.

Entiendan pues que no haya podido leer la novela en el plazo estimado aunque prometo ponerle remedio en breve o cuando tengan a bien traerla a la biblioteca de mi barrio. El cheque me lo quedo por las molestias causadas que han sido numerosas y de diversa índole (la gracia del payaso y el muelle de la página 325 me ha roto la nariz por siete puntos diferentes).

Siempre suyo y a pesar de todo,

Sujeto 158










(1) Reproducción de la EPISTOLAR DIGITAL entre lector y uno o varios encuestadores (no queda del todo claro) que fue hallada por azar entre las páginas 420 y 421 una vez que estás fueron felizmente repuestas después del estropicio causado por un creativo que consideró que el libro se entendía mejor siguiendo alguna fantástica teoría del caos:


Estimados señores de GLOBAL INTERVIEW & CO., he extraviado el manual y las fotografías de apoyo que me suministraron con el libro (no así el cheque, no teman) para acometer debidamente la lectura. ¿Sería posible que me respondiesen brevemente a un par de preguntas o debo esperar a que me envíen nuevamente el material de apoyo?

Cordialmente,



Sujeto 89 de Clase B, Grupo de Ensayo 11, Nivel 02 y crítica estimada simple/baja, no disponemos de escáner ni fotocopiador por lo que no podremos facilitarle lo que nos solicita. De todos modos esto no evita que pueda usted proceder a su lectura sin más ayuda que su propia voluntad. La lectura es un proceso simple que no requiere del material de apoyo. El que les facilitamos en su momento era sólo una medida legal de protección de cara a futuras y posibles represalias (a.k.a. pleitos) por parte de ustedes. De usted.

Atentamente,



Estimados señores de GLOBAL INTERVIEW & CO., cuando solicitaron mi colaboración me hicieron rellenar cuestionarios, fichas y tests de inteligencia en cantidad suficiente como para cubrir un campo de golf y recuerdo perfectamente haber escrito en el encabezamiento de todos y cada uno de ellos mi nombre, edad y número de serie; ¿tendrían pues la bondad de no volver a referirse a mí como “Sujeto 89”? Resulta insultante, humillante y si les soy sincero me predispone negativamente a la lectura. Por no hablar del daño a mi autoestima.

Cordialmente,

P.D.: Todavía no sé si puedo plantearles las dudas o no.



Sujeto 89 de Clase B, Grupo de Ensayo 11, Nivel 02 y crítica estimada simple/baja, el uso en clave de su nombre es una exigencia legal que usted mismo autorizó al firmar la documentación, concretamente el documento adjunto al que le hace donante universal, en la zona inferior: es el tercer párrafo de la letra pequeña.

Afronte usted la lectura como considere oportuno pero le recordamos que el plazo expira en cuatro días y que el cobro de la cantidad acordada y que figura en su cheque (tanto en letra como en número) está supeditada a la lectura del mismo en los plazos y condiciones acordadas.

Atentamente,



Estimados señores de GLOBAL INTERVIEW & CO., están ustedes claramente por joder ya que siguen sin decirme si les puedo hacer preguntas o no, y claro, así tampoco puedo saber cuáles son las “condiciones acordadas”. Ante su silencio, que me tomo como una afrenta personal, no puedo por más que hacer lo que me venga en gana.

1º. ¿La lectura del libro ha de ser continuada? Esto es, ¿debo leerlo “del tirón” o puedo hacer pausas? Lo digo porque temo que las pausas y lo que en ellas ocurra pueda afecta a mi ánimo y me cambie el humor o que x conversación haga variar mi punto de vista y lo que antes era blanco ahora me parezca negro. Quizá no sea justo con su libro. Por otro lado, leer seiscientas páginas del tirón…

2º. ¿Requiere algún tipo de ambientación especial? Soy amigo de leer en bares, metros y parques infantiles. Si alguno de ellos no fuese adecuado temo que eso complicaría enormemente la empresa.



Sujeto 89 de Clase B, Grupo de Ensayo 11, Nivel 02 y crítica estimada simple/baja, a dos días de finalizar el plazo nuestro consejo es que se ponga usted a leer a la recepción de este correo. Hágalo como guste pero dentro de 39 horas exactas procederemos a anular el cheque que se le entregó en su momento y que usted se comprometió a no cobrar hasta finalizado el proceso, incluidas las pruebas físicas.



Estimados señores de GLOBAL INTERVIEW & CO., no se lo van a creer pero me he roto una pierna justo cuando iba a empezar.



Sujeto 89 de Clase B, Grupo de Ensayo 11, Nivel 02 y crítica estimada simple/baja, lamentamos profundamente su pérdida y le deseamos una pronta recuperación. El cheque ha sido anulado y mañana pasarán a recoger el libro. Ha sido un placer contar con su inestimable intención.



Queridos GLOBAL INTERVIEW & CO., no sé cómo decirles esto: creo que les amo. Estos correos me han descubierto sentimientos que no creía tener. Su preocupación por mi salud me hace pensar que el sentimiento es recíproco y les hago saber que salvo petición en contra en breve recibirán mi visita. Llevaré una camisa azul y un dvd de Tiburón bajo el brazo izquierdo. Responderé al nombre que ustedes quieran.



Sujeto 89, nosotros también sentimos algo. No sabemos qué. ¿Le parece que nos veamos en la tumba de Lovecraft? No contamos con estar solos pero nos la arreglaremos para intimar.





Notas: El siguiente comentario o relato o lo que sea nació de la lectura de Providence. El fotomontaje final es de buen amigo, culpable de todo esto y lector ejemplar, que se tomó la molestia de diseñarlo cuando lo incluyó (generosamente) en su blog: http://bolmangani.blogspot.com/. Para no ponerme pesado no se lo volveré a agradecer.