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jueves, 8 de noviembre de 2012

“Chatarra” de Daniel Ruiz García


Antes de empezar a leer la novela reseñada busco información sobre Daniel Ruiz García. Me encuentro lo siguiente: Sorpresa: es escritor. Tres datos básicos: uno: su nombre sale en algo así como cinco libros (en alguno por haber metido un relato en una antología llamada Viscerales); dos: tiene un blog, como casi todo el mundo y tres: ejerce la crítica literaria en otro blog,  grupal en este caso, llamado “Estado Crítico”. No sé dónde leí que la prosa de Daniel ha recibido elogios de Fernando Royuela, por ejemplo. Aquí empiezan las casualidades. Anoten: Fernando Royuela es el mismo ser humano al que Daniel presentó su novela “Cuando Lázaro anduvo” en la Biblioteca Pública Infanta Elena de Sevilla el 25 de mayo de este mismo año. A mí la novela de Royuela me parece una mierda (ver mi reseña aquí) pero la crítica que le hace el propio Daniel para Estado Crítico lleva el título "Una novela mayúscula". Imagínense. Sigo. Otras de las reseñas de Daniel elogian a Jose Ángel Barrueco, todo un clásico en este blog. Una de ellas es Asco, editada por Eutelequia. También de Eutelequia está reseñada (hablamos siempre de Daniel como crítico) una novela de un tal Irurzun ("¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis!") a quién no tengo el placer. Y la última casualidad: Daniel Ruiz García también forma parte del catálogo de Eutelequia gracias a una novela llamada “Moro”. ¿Cómo lo ven? Igualito que yo, supongo. 

Y ahora, con su permiso, voy a leer “Chatarra” que, las cosas como son, a primera vista no tiene mala pinta.



Ha pasado una semana desde que escribí el bloque anterior. Una semana es mucho tiempo para leer una novela tan cortita como Chatarra, que no tiene ni 130 páginas, pero entre empezar a leerla, pensar en dejarla, seguir, dejarla, retomarla, replantearme esto último, re-retomarla, tomarme unas cervezas, salir con los amigos, demorarla, dilatarla, aplazarla y acabarla ya de una puta vez pues se me pasaron los días volando no se pueden ustedes imaginar de qué manera. Y más que volarán porque no sé ni por dónde empezar…. 

Ha pasado otra semana desde que escribí el párrafo inmediatamente anterior (y pasarán meses hasta que la publique). Parece un chiste pero no lo es. Por ser no es ni gracioso. (Bueno, un poco sí.) Me había olvidado completamente de la puta reseña que ya no sé ni por qué me molesto pero también me da rabia haber hecho el esfuerzo de lectoescritura para que luego no se me reconozca debidamente ergo ahora sí, aquí está: 

Chatarra va de lo siguiente: en un indeterminado y muy pequeño, pequeñísimo, pueblecito español -vamos a imaginarlo montañoso, rocoso, agreste- aparece un buen día el cadáver desnudo de una hermosa joven en el rio. Llega la guardia civil, con su patetismo acostumbrado, y un poco después los listos de la capital, que visten de negro, tipo FBI y conducen coches grises como ellos mismos. Sé lo que están pensando pero ya les digo que no: Chatarra no es un remake de Twin Peaks como tampoco es la pobreza de su argumento la culpable de mi desencanto. 

Charrata es una novela coral en la que abundan los personajes y las voces narradoras (esto incluye primeras, segundas y terceras personas) aunque todas hablen y piensen exactamente igual, que a mi es una cosa que siempre me jode bastante. Esto debe ser lo de vivir en un lugar tan de mierda que se pega todo, hasta la sintaxis, y acaban siendo los seres y sentires una masa informe que los cubre y mimetiza. El ejercicio, con todo, es interesante. Hay en el estilo de Daniel Ruiz un no-sé-qué-qué-sé-yo que atrae y repele casi al mismo tiempo. Uno empieza a leer con ilusión aquello que se le cuenta tan bien, tan de campo, tan de interiorizar el personaje, tan de no perderse en lo barroco hasta que llega un momento en que parece que Daniel Ruiz se va perdiendo en sí mismo de tanto gustarse cómo lo hace, sin ser para tanto. Esto tiene su gracia durante exactamente tres personajes -el equivalente a una quinta parte del libro-. El problema es que ese no ocurrir nada más que una voz narradora llega a ese punto que tienen también los amigos borrachos, aquello de hacer gracia hasta que YA. 

Y luego, sí, pasan cosas, claro, alguna vez tenía que ser. Pasa esto, lo otro y lo de más allá (nada del otro mundo, tampoco) y, Daniel, consciente de los recursos de la cosa escrita aprovecha para radicalizar la sintaxis cada vez un poquito más, entendiendo esto como un comprimir la frases hasta hacerlas de una sola palabra, creo recordar que en algunos casos incluso onomatopéyica. El sueño de Daniel ha de ser escribir una novela solo con signos de puntuación. Y esto es en lo que se convierte, hacia el final, la novela: 

Vuelven a preguntar a alguien. Alguien asiente. Brazo señalando. Gafas negras. Continúan la marcha. Clanc, clanc. Torso desnudo. Moreno guapo, moreno simpático. Sombras. Hierros. Aparca. Aparca ahí. Los de negro. Los de gafas negras. Automóvil gris. Esto es hierro, esto no es hierro. Puertas abiertas. Puertas cerradas. Míralos. Han bajado. Uno. Dos. Tres. Tres. El del bigote. El jefe. A la chatarrería. Allá van. Coche gris aparcado. Pájaros rondando el cielo. Chatarrería. Las tres sombras adentro. El chaval de Valera. La moto bonita aparcada en el garaje. Roncando. Qué moto más bonita. Para llevarte a ti, niña. Para lucirte por todos lados. Por tu pueblo. Por Valera. Guapa. La niña más linda. Tú. Tú. Yo. Jacinto. Jacinto Morales. Cretino. Ponte la camisa. Tapa tu torso moreno. Sécate el sudor. Hijoputa.

Leer las partes más salvajes (estilísticamente hablando) de Chatarra es un poco como leer un comic en el que cada palabra es una viñeta y cada viñeta es un algo que por sí mismo no dice mucho pero en conjunto sí, gracias a dios. El problema es que es este ejercicio tan visual (contra el que no tengo absolutamente nada) parece afectado en exceso y ahoga una historia ya de por sí medio ahogada y plagada de personajes tan estereotipados (el policía tonto, el policía abnegado, el policía gilipollas, su compañero, la madre loca perdida, el pueblo cotilla) que ya se imagina uno allá en la página cincuenta por dónde van a ir algunos de los tiros. Y malo si a uno le cuentan con tan poca gracia una historia tan poco interesante. Malísimo. Lo que pasa con Chatarra, para que nos entendamos, es lo que pasa cuando uno antepone el lucir al seducir.