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martes, 18 de noviembre de 2014

Hartazgo y “El largo invierno chino” de Carlos Palacios

Nunca lo entenderé. Lo juro. Y, sin embargo, me fascina. Nunca entenderé por qué determinada gente escribe-lo-que-escribe. Qué es eso que lleva a unos a sentarse y escribir-lo-que-escriben y a otros a leer-lo-que-leen y unos pocos (demasiados, en cualquier caso) a publicar-lo-que-publican precisamente ahora, en los tiempos que corren, ahora que todo lo que vale la pena ha sido ya escrito; ahora que todo lo que vale la pena no ha sido todavía leído. 

Ahora que es tan barato el Imagenio.

Uno tiene que saber lo que escribe. Uno, yo creo, tiene que saber que lo que está haciendo un día y otro día y otra noche más, eso que le exige tanto esfuerzo (entendiendo esfuerzo como "documentarse en Google"), tiene un valor en el mercado, y que ese valor tiene o debería tener algo que ver con su calidad quisiéramosla objetiva; que hay un lector, en su casa, visitando Amazon, que puede que un día haga click en un banner y se compre su libro, ya sea por la faja o el argumento o por puro aburrimiento; alguien que busca algo que no sea Ken Follet o Dolores Redondo. Alguien que aspira a leer algo mejor o, cuando menos, diferente. 

Uno tiene que escribir algo que ese lector no lamente haber comprado. Y si no puede, si sabe que no puede (me resisto a aceptar que uno no sepa, de antemano, que lo suyo no es, como lo de su vecino de congreso literario, másdelomismo) no perder el tiempo ni hacérselo perder a los más; a ese pobre infeliz, por ejemplo, que arriesgó sus últimos veinte euros de este mes en una novela que no vale lo que su pasta de dientes.

Uno tiene que ser consciente de su falta de (in)genio. O debería.

No me hagan caso, estoy divagando. Será que empiezo a estar un poco harto.

Vamos con la reseña.

* * * * *

«Nos estamos convirtiendo en ellos. No significa ser de izquierdas o de derechas, comunista o fascista. Conozco el comunismo y lo que nos traen no es comunismo sino esclavismo. No es cuestión tampoco de racismo —explicaba el señor Otoño—. Cada año es peor, los trabajadores tienen menos derechos, ganan menos y trabajan más. Trabajar se ha convertido para muchos en un privilegio. Milán es la avanzadilla, la metáfora perfecta de lo que va a suceder en toda Europa. Los demás países nos miran con el aliento entrecortado, nadie quiere contagiarse de nuestra desgracia —concluyó arrastrando la silla».

Pues básicamente, para desarrollar esta idea, doscientas páginas de humor grotesco.

Argumento: un español y un chino en Milán. El español va a jugar a los profes, que es a lo que van los españoles a Milán; el chino, que siempre llega tarde a trabajar, a ser puteado. Claro. No pasa nada. Todo forma parte del plan. Qué plan. Este plan: conquistar el mundo. Todo, todo, es una trampa mortal. ¿Los restaurantes chinos? Trampa. ¿Los bazares chinos? Trampa. Los hoteles, los comercios, los “japoneses”. Trampa. Se empieza alquilando una esquina y se acaba comprando deuda nacional. Un día te levantas y ya eres comunista, vistes con camisa blanca y pantalón negro y trabajas doce horas al día. Bueno, tal vez esto último no suponga un cambio significativo.

El caso es que el español pasea por la ciudad. Quiere llegar a su trabajo cuando estalla la revolución. Y adiós a la baguette. Ahora todo pan chino y rollitos de plimavela y carne de gato en el pollo agridulce. Y todos los tópicos son verdad: los chinos y sus pasaportes y la ausencia de cadáveres y demás zarandajas sobre la multiplicación de los panes y los peces. Los chinos y la obediencia y los hacinamientos y la corrupción del poder chino, que es igualita que la corrupción del poder italiano y el poder español y creo también que el francés. Para una cosa en la que estamos de acuerdo…

La novela es como una inmensa broma —o eso quisiera, pobre— que en ningún momento trata de tomarse en serio a sí misma y que hace realidad los tópicos sobre los chinos para justificar o explicar lo posible que es conquistar el mundo. Será muy divertido pero también muy bobo. Esto es llevar al extremo el parecer de mucho jubilado o jubiloso de derechas. La gracia estaría en darles la razón y plantear una distopía en la que los chinos se hiciesen dueños y señores de nuestro futuro. Europa asiente, en la novela: lo entiende y no quiere problemas. Europa nunca quiere problemas. Es lo que tiene, Europa.

A mí no me gustan los relatos, pero esto no debería ser otra cosa. Como mucho una nouvelle y ya me parece mucho ceder. Hay demasiados personajes que no sabe qué quieren hacer con su culo y se llenan demasiadas páginas de demasiada insustancialidad, lo cual sólo puede acabar en aburrimiento, y se repiten demasiadas veces las mismas actitudes y el mismo chiste y no no no. No.

El largo invierno chino es lo de siempre: otra novela, una más, que caerá justamente en el olvido, si acaso ha llegado a ser medianamente conocida. Esa es otra: Eutelequia… ¿en serio existe una editorial llamada Eutelequia o es un efecto óptico?


domingo, 23 de septiembre de 2012

“Asco” de Jose Angel Barrueco

Donde se entiende por qué J.A. Barrueco no es cronista de viajes profesional

Uno tiene que saber lo que quiere contar cuando escribe una novela. Tiene que saberlo si no quiere que le llamen nocillo, por ejemplo, que de todos los insultos literarios es el peor de los posibles. José Ángel Barrueco no tiene ese problema; él sabe perfectamente lo que pretende ser ASCO: “[...] aquí lo que importa es contar la travesía, describir el comportamiento de la gente, hablar algo de las tierras que visitamos en aquel crucero de lujo, con servicios y ofertas de hotel de cinco estrellas.” Lo que no entiendo es que, si lo tiene tan claro, Barrueco, venga, exactamente 522 palabras después (las he contado), a decirnos lo siguiente: “[…] sentía retortijones reales porque esa mañana, nada más despertar y meterme en la ducha, no logré aliviar los intestinos, algo que suele sucederme cuando es tan temprano” (los alivió, les diré, 7.326 palabras más tarde: “Mientras subía las escaleras me entró el apretón.” Ahí.) La pregunta es, ¿exactamente qué parte del barco tiene metida Barrueco en el culo para  sentirse en la obligación de contarnos semejante estupidez? 


* * * * * * 

Donde se da razón del quiero y no puedo que es ASCO 

ASCO narra la experiencia vital de hacer un crucero de lujo por el mediterráneo durante siete días. ASCO es Barrueco y su familia viviendo a todo tren en un barco enorme con piscina y todos los excesos imaginables. ASCO bebe los vientos por “Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer” que es un extenso artículo magistralmente escrito por David Foster Wallace en el que se narra la experiencia de hacer un crucero de lujo durante siete días no recuerdo por dónde. “Algo supuestamente…” es imprescindible leerlo; ASCO es imperativo no hacerlo. 



* * * * * * * * 

Donde se explican las razones por las que creo que J.A. Barrueco confunde buena literatura con excrecencia literaria

Pero volvamos a la entrada, al momento en que el Zenith iba penetrando despacio en las inmediaciones de la ciudad, como un acto de amor y sexo”, por ejemplo, así como toda la parte dedicada a Venecia (capítulos 5 y 6) en la que cuenta con todo lujo de detalles de lo que se pone o se quita o de los calores propios de llevar calcetines o lo de tener que ducharse cada dos por tres o las conversaciones de mierda de los pasajeros a las que el asiste desde su posición de gran hermano; ese continuo perdonarle a todo el mundo la vida y ser al mismo tiempo la mejor persona, el ser humano más humano que puedan conocer en la vida. Sólo los hijos de puta deberían escribir libros de viaje y Barrueco se ve a leguas que no lo es. 

A continuación otro ejemplo de los muchos que invitan a abandonar la lectura: “Como ya habíamos cenado, no quise probar cada fruta, algo que sí hicieron algunas personas. Me bastó con una pequeña pieza de ciertas frutas, sólo para probarlas.” 

Más: “Salí corriendo con mis chanclas y el libro en la mano. Cuando estaba a punto de llegar a las puertas de cristal del Windsurf, una de las suelas de las chanclas patinó con el suelo húmedo por culpa de la proximidad de la piscina y de los bañistas que no dejaban de caminar para aquí y para allá y de entrar y salir del agua, y di un resbalón y mi cuerpo se tambaleó y estuve a punto de caer de espaldas. Pero recobré el equilibrio y no caí al suelo: pude haberme roto la crisma.” (Quita, quita, qué disgusto más grande, madre mía) 

Hoy me he levantado un poco sádico. Más: “Cuando algún fulano trataba de pasar por delante de nosotros para escoger sitio como si la vida le fuera en ello o fuese a presenciar el desfile de una estrella del pop o de la monarquía, uno de nuestros familiares le decía en tono socarrón: Pase, amigo, no se lo vaya usted a perder...” Yo es que me parto con estos chistes made in casa de la pradera de la Barrueco’s Family. En serio, es un no parar. Barrueco es tremendo, tremendo. Debo insistir: la gente tan guay no debería escribir estas cosas. Lo digo completamente en serio. 



* * * * * * 

Donde me hago eco de lo injusta que es la vida. 

Leyendo el ensayo de David Foster Wallace inmediatamente antes o inmediatamente después o inmediatamente antes y después de la cosa esta de Barrueco, este medio ensayo medio novela medio artículo periodístico, o leyendo, simplemente, como sea, ambos escritos, no puede hacer uno otra cosa que lamentar la enésima injusticia del día: que siempre se suicide el escritor equivocado. 



* * * * * * * * 

Donde se descubre que el problema de Barrueco es la memoria 

Tres o cuatro días antes de partir le comentamos a un amigo nuestro propósito de hacer un crucero y él me aconsejó que leyera el reportaje de David Foster Wallace en el que cuenta su epopeya en un barco de lujo. Yo había leído años atrás dicho texto, incluido en el libro Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, que es, además, el título de ese reportaje. Tantos años atrás que ya no lo recordaba o sólo tenía un vago recuerdo pese a que su lectura me había fascinado. Lo releeré antes de embarcar, le dije. La relectura, sin embargo, fue aplazada entre unos motivos y otros y decidí releerlo a mi vuelta. Tal vez, en mi inconsciente, no quería volver a ese libro para que no influyera demasiado en mi propio viaje.” (Asco) 


Sólo a mi regreso del crucero recordé que Wallace había viajado en un crucero. Imagina mi estupor cuando supe que era el mismo barco, vendido por una empresa norteamericana a una española. Cuando un maestro ya ha tratado el tema, lo mejor es citarlo, reconocer que ya había alguien que lo hizo mejor. Por eso sus citas sirvieron de autoridad y le dieron un enfoque ensayístico al libro.” (Entrevista de Miguel Baquero para Revista Grupo Literaturas



* * * * * * * * 

Donde se le hace un ruego a José Ángel Barrueco. 

¡¡Borra, coño, Jose Angel!! ¡Borra! ¡Hay cosas que no le importan a nadie! Esto lo digo por la segunda mitad del libro, que es un desastre que no hay por dónde coger. Decir veinte veces que David Foster Wallace se ahorcó no aporta nada, ni que el gel que se ponían en las manos cada cinco putos minutos no era jabonoso, ni que la gente era gorda y glotona. 

En esta especie de novela (el reto, en ocasiones, parece estar en escribir algo que no se adscriba a nada) hay demasiado de algo que no interesa en absoluto básicamente porque no tiene maldito interés. Estoy hablando del propio Barrueco y su actitud de mirar a todo el mundo por encima del hombro o creer que, de todos, el más educado y, con diferencia, inteligente, es él: “A la gente estas visitas le despertaban sus ganas de ver o practicar deporte. A mí, desde que estaba en Grecia, me acometieron ganas de releer a Homero.” 



* * * * * * * * 

Donde se extraen CONCLUSIONES 

ASCO no es malo porque exista WALLACE. El problema de que exista Wallace es que Wallace escribió la que probablemente sea la mejor crónica de un crucero de lujo que he leído nunca, siendo, por otro lado, la única que conozco. Tratar de superar o simplemente ponerse a la altura es un suicidio en toda regla. El Wallace de “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer” es inteligente, elegante, irónico, divertido no: desternillante y un excelente retratista de las miserias propias y ajenas. Barrueco, en cambio, no puede ni soñar con llegarle a Wallace a la suela de los zapatos. No es divertido, su estilo es simple, vulgar, nada elegante; no es inteligente, no es perspicaz, no ve lo que otros no ven y su obsesión por cosas como el peso o las dietas contamina el relato continuamente con reflexiones de Perogrullo. 

Puede ser que la diferencia entre ambos sea abismal porque mientras que Barrueco vieja en un crucero por el placer de hacerlo a Wallace lo meten en un crucero de placer por el placer de verlo sufrir. Barrueco va de asocial pero se somete a vivir una experiencia que disfruta con placer y de la que luego sacará un libro (llamado Asco, que ya tiene cojones) mientras que Wallace ES un asocial que viaja con la única intención de escribir un artículo. La diferencia es que uno pasará a la historia como uno de los grandes cronistas de nuestro tiempo y el otro será aquel desconocido que un día trató de imitarle  y se dio la gran hostia. 

Es un error (y un horror) escribir un libro que escribió mucho mejor otro hace demasiado poco tiempo. Es un error mayúsculo que sea en el mismo barco, que todo sea exactamente igual, que hasta las toallas del bidet sean las mismas, que todo haya sido dicho ya. Y es un error que aún así se empeñe Barrueco en dejarlo todo por escrito citando hasta cuarenta veces al escritor anterior. Este libro, ASCO, es una cagada monumental. Es un libro que no merecía ser escrito y que, desde luego, no tenía que haberse publicado. 


lunes, 17 de septiembre de 2012

“Habitación 804” de Marcus Versus

Versión Corta
Versión Extendida
Porque ya supongo que no todo el mundo tiene las mismas ganas de leer reseñas de mil palabras he pensado que, por una vez y de forma excepcional, podría resultar divertido -no para todos, claro- presentar una versión reducida y una extendida de la misma novela. El plan es que sirvan, en ambos casos, para hacerse una idea de lo que se pueden ustedes encontrar durante la lectura. 

El manual de instrucciones indica que haciendo clic en según qué foto podrán leer una u otra. Es fácil. Lamento esta maldad, con el corazón en la mano se lo digo, pero no puedo evitarlo.
(Los comentarios los pueden ustedes dejar dónde quieran, faltaría plus, pero yo les invito a hacerlo aquí, en esta suerte de “índice”.)

Última hora: he recibido un par de quejar por lo endiablado del asunto de tener que hacer tanto clic. Quizá me he pasado. Dejen que lo arregle: a continuación, LAS DOS RESEÑAS. Mis disculpas.



* * * * * * * * * * * * * * * * * * 



“Habitación 804” de Marcus Versus 
(Versión Corta)




Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
«¡Oh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!»

Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.


("El burro flautista" de Tomás de Iriarte)



* * * * * * * * * * *


“Habitación 804” de Marcus Versus 
(Versión Extendida)



"Habitación 804 es lo que ocurre cuando un poeta deja el verso por la prosa.”

Este post iba a ser la frase inmediatamente anterior. Quería ser la reseña más corta del mundo. La gente la leería -o debería leerla- con el mismo interés con que leen el cuento del dinosaurio de Monterroso y yo debería acabar poco menos que a su altura. El problema de estas reseñas tan breves es que no dan pie a incluir citas, que es en el fondo es la mejor parte o al menos la más divertida en según qué casos y ya que hoy me he levantado especialmente cabrón me he dicho qué coño y en ello estamos. 

El argumento es el siguiente: un poeta bastante gilipollas -como casi todos- está casado con una mujer. Hasta aquí todo normal. Pues este imbécil que no recuerdo cómo se llama le pone los cuernos a su amante (e infiel) esposa con una lesbiana que a su vez le pone los tarros a su cortadora habitual. Todo muy moderno; un poco comedia ligera de cascos. Pues bien, la novela es como un puzle de cuatro piezas en la que cada uno de los personajes cuenta en primera persona su visión de los hechos infieles. Es de suponer que acabada la lectura tendremos la perspectiva adecuada para ver una novela. Y sí, es verdad, para qué lo vamos a negar, ahí está, pero vamos, que no es excusa para unas maneras tan torpes. Que no todo lo que sale de la flauta es música, vaya. (Lean la Versión Corta de este post para entender el chiste.)

La historia no es nueva, pero ese no es el problema. Los hombres son abandonados por otras mujeres a diario, y quien más quien menos se merece un pequeño acto de venganza tipo escribirlo. Espinosa (Miguel, no el otro) también lo hizo en TRÍBADA, hace ya unos cuantos años. Tríbada es una pequeña maravilla de novela que trata también el tema de las lesbianas y los verbos y los versos desatados de los unos y las pasiones contenidas de las otras y esas terceras partes tan malas malísimas, tan horribles de matar. La diferencia entre la prosa (lo realmente criticable de este espinoso asunto) de Espinosa y la de Marcus Versus Marcus es el equivalente a la tirarse a la fosa de las Marianas o caerse de un columpio. Lo que el uno embellece el otro lo cuece y no digamos ya lo que hacen con los seres humanos que pueblan sus respectivos microcosmos. No es prejuicio, esto, lo juro; no tiene nada que ver con mi opinión personal sobre la relación directa entre edad-experiencia-calidad de los jóvenes escritores sino con el esfuerzo, esa cosa que nadie acaba de valorar en su justa medida. Un post como este lo hace cualquiera, una crítica decente no. Por eso, porque yo soy un vago redomado, no me formo para la ejecución de lo segundo. Pues un poco lo mismo aplicado a estas dos novelas: la una (Tríbada) es el resultado de un esfuerzo y un trabajo y un labrar la piedra y hacer evidente el resultado y la otra (Habitación 804) es un tener una idea aproximada de algo y la experiencia de escribir versitos y juntar lo uno con otro y seguir pareciendo un cacho palo.

Y para muestra un botón de lo otro:
Él
Cogí tu mano y me la puse en el paquete. Ya la tenía dura, y eso a ti te encantó. Siempre has sido un poco puta, tras tu facha de monja hay una puta, como en todas las mujeres.
La ella de él
SIEMPRE FUI UN PASO POR DETRÁS siendo silencio y paseos agarrados de la mano, dándote el espacio que necesitas, tragándome las palabras que tenía en la punta de la lengua esperando a que todo se pusiera en su sitio, a que se ordenara tu cabeza y cumpliéramos el proyecto de formar la familia de la que siempre me habías hablado.
[…]

A las 6 de la mañana yo estaba entrando por la puerta de casa. Mis padres se habían quedado dormidos frente al televisor viendo cómo Zapatero anunciaba el Estado de Emergencia, pero yo volvía feliz y borracha a casa.Me quedé dormida después de masturbarme.
La ella de ella
Con la cocaína me pongo muy cachonda, y me notaba mojada mientras hablábamos de las tonterías del día a día.Tuve ganas de follarte.Antes de irme a casa, fui otra vez al baño a viajar entre vientos.
La ella de ella y de él
Yo había renunciado a una ciudad de color cobrizo. Me había alejado de mi familia. Había rechazado un trabajo soñado. Todo por ti. Por tú. Y tú, escapando de cualquier cita que no huele a alcohol, a luna, a bar de cartónpluma, a mentira.El calor aprieta y ahoga.
[…]

Después de un buen rato de conversación, me fui con mucha poesía. Todo era poesía en mi vida esos días, demasiada poesía, se me había olvidado que la vida VIVIR era más importante que cualquier verso POESÍA.

Les invito ahora a abrir Tríbada al azar, elegir un párrafo y transcribirlo, leerlo y compararlo y morirse después también, inevitablemente:

Patricio ha observado a Damiana y Lucía llegar en automóvil, surgir de la máquina y penetrar en el zaguán con bolsas y paquetes de alimentos; salir mononas, con sus atuendos de mocitos, y retornar mononas en la misma tarde; aparecer con maletas, en vuelo hacia ciudades extranjeras, y regresar, transcurridos los días, con las mismas maletas; aguardar en la calle la arribada de unos operarios que traían un mortero de piedra; una trébedes de anticuario, el marco de un cuadro, o, incluso, un perro; aparecer la una con el brazo en cabestrillo, la pierna también escayolada, y la otra, de lazarillo paciente y lento; marchar la boticaria llorando, Lucía corriendo tras ella, y volver las dos enlazadas y alegres, o separadas y hoscas; advenir la modista borracha, el paso torpe, el afán terco, los ojos vidriosos, y Damiana detrás, la faz harinosa y el mentón sembrado de barros; manifestarse jubilosas ensombrecidas, despejadas, nubladas, foscas, claras.


Reflexión Final

Es digna de respeto la labor que lleva a cabo Eutelequia. Me refiero a ese darle una oportunidad a las nuevas voces de la narrativa española. Lo digo completamente en serio, no hay segundas intenciones en esto. Otro cantar es mi contradicción entre no apoyar estas masivo editar memeces y sentir sincero interés por todo aquello que sale a la luz. Quiero pensar que este publicar este tipo de cosas tan pobres tiene que ver con la mala calidad de los productos que llegan a sus manos. Quiero pensarlo. Quisiera entender también si realmente vale la pena publicar por publicar estas chorradas o si acaso no sería mejor esperar e irse cubriendo lentamente de prestigio con obras un poco más maduras.


* * * * * * * *


Y para terminar les voy a regalar una de esas curiosidades que tanto gustan a lectores y escritores o ambas cosas a la vez (estos últimos, especialmente). A continuación, decía, una cita (la última, prometido) de la Habitación 804.

Me acababa de terminar uno [un libro] de un crucero en el que el escritor pone en su sitio a todo aquel que decide embarcar en una ciudad móvil durante sus vacaciones. Me gustó. También me gustó que en las últimas páginas pusiera una lista con todos los libros a los que hacía referencia a lo largo de la lectura. Utilicé esa lista para completar mi compra. El librero me comentó que «el autor tiene la mirada más tierna del mundo». Le miré con admiración por tener la capacidad de mirar a los ojos de las personas y entender su idioma.” (La ella de ella y de él)

La novela a la que se hace referencia es "Asco" de José Ángel Barrueco, editada también por Eutelequia.  Estoy viene a cuento de que en un post anterior algunos seres humanos acusaban a la editora jefa de Eutelequía de dejarse influir demasiado por este Barrueco a quien no tengo el placer. Yo, que soy de mucho malpensar, todavía no me lo acabo de creer (aunque no precisamente gracias a esto). Marcus Versus le rinde así un silencioso e inmerecido homenaje a aquella novela añadiendo también él, al final, una relación de las novelas que va se van citando y/o insinuando en la Habitación (*). Porque la literatura, ya lo sabemos, es el tema favorito de los nuevos literatos, que de no pensar en otra cosa y no tener ni puta idea no saben nada más que escribir siempre la misma mierda.







(*) Plop, Rafael Pinedo (Salto de Página, 2007); Si dios me pide un bloody mary, Carlos Salem (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2008); 20 poemas de amor y una canción desesperada, Pablo Neruda (Alianza Editorial, 2004); Historias del Kronen, José Ángel Mañas (Destino, 1994); Pero sigo siendo el rey, Carlos Salem (Salto de Página, 2009); El hermano de las moscas, Jon Bilbao (Salto de Página, 2008); Yonki, William Burroughs (Bruguera, 1980); Asco, José Ángel Barrueco (Eutelequia, 2011); Tic tac, toe toe, Isabel García Mellado (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2009); Fantasmas, Álex Portero (Endymion, 2010); Ciento volando, Joaquín Sabina (Visor, 2000); La autopista del sur, Julio Cortázar (Nórdica, 2010) 




“Habitación 804” de Marcus Versus (Versión Corta)



Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
«¡Oh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!»

Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.


("El burro flautista" de Tomás de Iriarte)


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“Habitación 804” de Marcus Versus (Versión Extendida)

"Habitación 804 es lo que ocurre cuando un poeta deja el verso por la prosa.”

Este post iba a ser la frase inmediatamente anterior. Quería ser la reseña más corta del mundo. La gente la leería -o debería leerla- con el mismo interés con que leen el cuento del dinosaurio de Monterroso y yo debería acabar poco menos que a su altura. El problema de estas reseñas tan breves es que no dan pie a incluir citas, que es en el fondo es la mejor parte o al menos la más divertida en según qué casos y ya que hoy me he levantado especialmente cabrón me he dicho qué coño y en ello estamos. 

El argumento es el siguiente: un poeta bastante gilipollas -como casi todos- está casado con una mujer. Hasta aquí todo normal. Pues este imbécil que no recuerdo cómo se llama le pone los cuernos a su amante (e infiel) esposa con una lesbiana que a su vez le pone los tarros a su cortadora habitual. Todo muy moderno; un poco comedia ligera de cascos. Pues bien, la novela es como un puzle de cuatro piezas en la que cada uno de los personajes cuenta en primera persona su visión de los hechos infieles. Es de suponer que acabada la lectura tendremos la perspectiva adecuada para ver una novela. Y sí, es verdad, para qué lo vamos a negar, ahí está, pero vamos, que no es excusa para unas maneras tan torpes. Que no todo lo que sale de la flauta es música, vaya. (Lean la Versión Corta de este post para entender el chiste.)

La historia no es nueva, pero ese no es el problema. Los hombres son abandonados por otras mujeres a diario, y quien más quien menos se merece un pequeño acto de venganza tipo escribirlo. Espinosa (Miguel, no el otro) también lo hizo en TRÍBADA, hace ya unos cuantos años. Tríbada es una pequeña maravilla de novela que trata también el tema de las lesbianas y los verbos y los versos desatados de los unos y las pasiones contenidas de las otras y esas terceras partes tan malas malísimas, tan horribles de matar. La diferencia entre la prosa (lo realmente criticable de este espinoso asunto) de Espinosa y la de Marcus Versus Marcus es el equivalente a la tirarse a la fosa de las Marianas o caerse de un columpio. Lo que el uno embellece el otro lo cuece y no digamos ya lo que hacen con los seres humanos que pueblan sus respectivos microcosmos. No es prejuicio, esto, lo juro; no tiene nada que ver con mi opinión personal sobre la relación directa entre edad-experiencia-calidad de los jóvenes escritores sino con el esfuerzo, esa cosa que nadie acaba de valorar en su justa medida. Un post como este lo hace cualquiera, una crítica decente no. Por eso, porque yo soy un vago redomado, no me formo para la ejecución de lo segundo. Pues un poco lo mismo aplicado a estas dos novelas: la una (Tríbada) es el resultado de un esfuerzo y un trabajo y un labrar la piedra y hacer evidente el resultado y la otra (Habitación 804) es un tener una idea aproximada de algo y la experiencia de escribir versitos y juntar lo uno con otro y seguir pareciendo un cacho palo.

Y para muestra un botón de lo otro:
Él
Cogí tu mano y me la puse en el paquete. Ya la tenía dura, y eso a ti te encantó. Siempre has sido un poco puta, tras tu facha de monja hay una puta, como en todas las mujeres.
La ella de él
SIEMPRE FUI UN PASO POR DETRÁS siendo silencio y paseos agarrados de la mano, dándote el espacio que necesitas, tragándome las palabras que tenía en la punta de la lengua esperando a que todo se pusiera en su sitio, a que se ordenara tu cabeza y cumpliéramos el proyecto de formar la familia de la que siempre me habías hablado.
[…]

A las 6 de la mañana yo estaba entrando por la puerta de casa. Mis padres se habían quedado dormidos frente al televisor viendo cómo Zapatero anunciaba el Estado de Emergencia, pero yo volvía feliz y borracha a casa.Me quedé dormida después de masturbarme.
La ella de ella
Con la cocaína me pongo muy cachonda, y me notaba mojada mientras hablábamos de las tonterías del día a día.Tuve ganas de follarte.Antes de irme a casa, fui otra vez al baño a viajar entre vientos.
La ella de ella y de él
Yo había renunciado a una ciudad de color cobrizo. Me había alejado de mi familia. Había rechazado un trabajo soñado. Todo por ti. Por tú. Y tú, escapando de cualquier cita que no huele a alcohol, a luna, a bar de cartónpluma, a mentira.El calor aprieta y ahoga.
[…]

Después de un buen rato de conversación, me fui con mucha poesía. Todo era poesía en mi vida esos días, demasiada poesía, se me había olvidado que la vida VIVIR era más importante que cualquier verso POESÍA.

Les invito ahora a abrir Tríbada al azar, elegir un párrafo y transcribirlo, leerlo y compararlo y morirse después también, inevitablemente:

Patricio ha observado a Damiana y Lucía llegar en automóvil, surgir de la máquina y penetrar en el zaguán con bolsas y paquetes de alimentos; salir mononas, con sus atuendos de mocitos, y retornar mononas en la misma tarde; aparecer con maletas, en vuelo hacia ciudades extranjeras, y regresar, transcurridos los días, con las mismas maletas; aguardar en la calle la arribada de unos operarios que traían un mortero de piedra; una trébedes de anticuario, el marco de un cuadro, o, incluso, un perro; aparecer la una con el brazo en cabestrillo, la pierna también escayolada, y la otra, de lazarillo paciente y lento; marchar la boticaria llorando, Lucía corriendo tras ella, y volver las dos enlazadas y alegres, o separadas y hoscas; advenir la modista borracha, el paso torpe, el afán terco, los ojos vidriosos, y Damiana detrás, la faz harinosa y el mentón sembrado de barros; manifestarse jubilosas ensombrecidas, despejadas, nubladas, foscas, claras.


Reflexión Final

Es digna de respeto la labor que lleva a cabo Eutelequia. Me refiero a ese darle una oportunidad a las nuevas voces de la narrativa española. Lo digo completamente en serio, no hay segundas intenciones en esto. Otro cantar es mi contradicción entre no apoyar estas masivo editar memeces y sentir sincero interés por todo aquello que sale a la luz. Quiero pensar que este publicar este tipo de cosas tan pobres tiene que ver con la mala calidad de los productos que llegan a sus manos. Quiero pensarlo. Quisiera entender también si realmente vale la pena publicar por publicar estas chorradas o si acaso no sería mejor esperar e irse cubriendo lentamente de prestigio con obras un poco más maduras.


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Y para terminar les voy a regalar una de esas curiosidades que tanto gustan a lectores y escritores o ambas cosas a la vez (estos últimos, especialmente). A continuación, decía, una cita (la última, prometido) de la Habitación 804.

Me acababa de terminar uno [un libro] de un crucero en el que el escritor pone en su sitio a todo aquel que decide embarcar en una ciudad móvil durante sus vacaciones. Me gustó. También me gustó que en las últimas páginas pusiera una lista con todos los libros a los que hacía referencia a lo largo de la lectura. Utilicé esa lista para completar mi compra. El librero me comentó que «el autor tiene la mirada más tierna del mundo». Le miré con admiración por tener la capacidad de mirar a los ojos de las personas y entender su idioma.” (La ella de ella y de él)

La novela a la que se hace referencia es "Asco" de José Ángel Barrueco, editada también por Eutelequia.  Estoy viene a cuento de que en un post anterior algunos seres humanos acusaban a la editora jefa de Eutelequía de dejarse influir demasiado por este Barrueco a quien no tengo el placer. Yo, que soy de mucho malpensar, todavía no me lo acabo de creer (aunque no precisamente gracias a esto). Marcus Versus le rinde así un silencioso e inmerecido homenaje a aquella novela añadiendo también él, al final, una relación de las novelas que va se van citando y/o insinuando en la Habitación (*). Porque la literatura, ya lo sabemos, es el tema favorito de los nuevos literatos, que de no pensar en otra cosa y no tener ni puta idea no saben nada más que escribir siempre la misma mierda.







(*) Plop, Rafael Pinedo (Salto de Página, 2007); Si dios me pide un bloody mary, Carlos Salem (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2008); 20 poemas de amor y una canción desesperada, Pablo Neruda (Alianza Editorial, 2004); Historias del Kronen, José Ángel Mañas (Destino, 1994); Pero sigo siendo el rey, Carlos Salem (Salto de Página, 2009); El hermano de las moscas, Jon Bilbao (Salto de Página, 2008); Yonki, William Burroughs (Bruguera, 1980); Asco, José Ángel Barrueco (Eutelequia, 2011); Tic tac, toe toe, Isabel García Mellado (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2009); Fantasmas, Álex Portero (Endymion, 2010); Ciento volando, Joaquín Sabina (Visor, 2000); La autopista del sur, Julio Cortázar (Nórdica, 2010) 


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martes, 8 de mayo de 2012

Un reseña interrumpida de “La Jaula” de Javier Serrano

“La jaula” de Javier Serrano, editado por Eutelequia, es el ÚNICO libro de esta editorial que mi red de bibliotecas habitual (ocho, repartidas en cuatro provincias) tiene en su fondo de armario. El ÚNICO, repito. La desiderata, por si alguien se lo pregunta, la hice yo. No quiero convertir este post es una defensa a ultranza de una editorial que hasta hace unos días no me interesaba más allá de esta anécdota. Tampoco quiero abrir un debate en torno a la necesidad de nuevas editoriales aunque vayamos casi a editorial por comunidad de vecinos. Esto lo cuento para explicar los motivos que me llevaron a leer La Jaula que fueron, tal como acabo de mencionar, el ostracismo al que la hemos condenado unos cuantos. Yo limpio mi conciencia así. Elijo La Jaula porque tampoco sé quién es Javier Serrano y de vez en cuando me gusta leer cosillas de escritores anónimos que publican en esas pequeñas editoriales que  carecen del apoyo mediático de las grandes.  

De entre todas escogí “La jaula” por su parecido más que razonable con cierta kafkiana novela que dejé a medio terminar hace veinte años y que aún ayer estuve tentado por enésima vez a retomar: Bastián Bastián es un pasante de notaría que, sin mediar explicación, es detenido y llevado a un penal en el quinto infierno (literal,  esto, casi) cuya principal característica es que tiene las puertas abiertas de par en par aunque esto no quiere decir que pueda uno entrar o salir cuando le salga de los huevos. En el centro de esa prisión hay un torre y en la torre un preso llamado Fierro que hace las veces de carcelero y que dirige a otros carceleros que, como él, ejercen de funcionarios. La contraportada de la novela plantea la siguiente serie de cuestiones: ¿estaremos frente a una distopía nihilista?, ¿será en realidad todo esto una alegoría de una sociedad en decadencia?, ¿una novela de ideas en torno a los conceptos de violencia, libertad y castigo? ¿O acaso un mero drama carcelario? Todo es posible, claro, de hecho la reseña acaba con la siguiente frase: La jaula admite tantas interpretaciones como lectores posibles, lo cual sólo tiene una traducción posible: este libro no lo ha entendido ni el editor (editora en este caso, creo). Esto para mí ha sido siempre un problema. No entender, digo. Entender poco, mucho, algo, lo que sea, pero, ¿no entender nada? No entender nada es intolerable. Siempre he creído que no entender NADA, lo que es NADA, era culpa del escritor, que demostraba con ello no ser capaz de llegar al lector.


[...]




Esta reseña empecé a escribirla un mes después de terminar la novela, seguramente siete o veinte días antes de publicarla aquí. Lo uno tuvo lugar mediado marzo, lo otro ya he dicho que después. No pensaba escribir nada pero por alguna razón -que espero no suene a cumplido- no he podido quitármela de la cabeza en todo este tiempo y se ha convertido en un algo recurrente del que no sé como librarme si no es de este modo (y aún así ya veremos). El caso es que es de noche, tarde y me siento a escribir algo, lo que sea, que lleve por título “La jaula” de Javier Serrano con la esperanza de que sirva para librarme de ella. El resultado son los dos párrafos anteriores. El tercero, no escrito, iba a ser cruel. Que yo no hubiese entendido la novela ha estado a punto de convertirse en la razón más poderosa para pedirle a Javier Serrano que abandone el oficio de escritor pero como eso es a todas luces una soberana estupidez decido acostarme y esperar a que se me pase la tontería. Estamos hablando de algo que ocurrió exactamente el dieciocho de abril. Pues bien, ese día me acuesto con un libro de Vila-Matas (fetichista que es uno) llamado “El viento ligero en Parma”. Lo leo por leer algo de Vila-Matas hasta que me anime con “Aire de Dylan”, pero ya supongo que esto no le importa a nadie. Pues eso, que me acuesto y les juro por mi gato que leo, según abro el libro, lo siguiente: 

La verdad es que no entender nada me ha resultado siempre, como lector, extraordinariamente creativo, estimulante, alegre, y más bien alejado de todo drama. Esto no debe parecernos extraño. Después de todo, un clásico, por ejemplo, es simplemente un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir. Entenderlo todo puede ser el fin de la aventura, mientras que no entender nada es la puerta que se abre. 

A veces odio leer a Vila-Matas casi tanto o más de lo que lo disfruto. Que yo descubra que él considere que no entender nada es una puerta abierta precisamente con una novela (La jaula) en la que no se entiende nada y que habla de cárceles de puertas abiertas parece una de esas casualidades que tanto le gustan y que plagan algunos de los artículos de este recopilatorio que es “El viento ligero en Parma”, que aprovecho para recomendar y así me ahorro una reseña. Esto sería mucho más divertido si yo no creyese en las casualidades por eso voy a tomármelo a cachondeo y a dejar inconclusa la reseña de esta novela que cuenta la delirante y claustrofóbica aventura de un hombre que no entiende por qué lo encierran en una cárcel, ni porqué los presos en su misma situación hacen gala de tan irritante y sumisa aceptación; una novela a la que no encuentro explicación por más vueltas que le doy. Vila-Matas lo acepta y lo celebra y a mí eso me parece fantástico porque Vila-Matas es mucho de celebrarlo todo, pero yo no puedo: yo necesito saber que esto es algo más que un no saber salir del atolladero en que se ha metido el propio autor o que no se trata de una novela que se ha construido sobre una premisa demasiado extravagante sólo para llamar la atención. Se trata pues de aceptarlo o no. Y yo creo que no, que no lo acepto.