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jueves, 13 de junio de 2013

“El plantador de tabaco”: La Novela Necesaria

Empecemos haciendo un poco de historia.

El uno de febrero de 2012 se publicó en este mismo blog un post llamado Una reflexión en torno a la necesidad de ciertos libros en el que se lamentaba profundamente que la naturaleza salvaje de los lectores hubiesen excluido El plantador de tabaco de John Barth del paraíso de la reedición. Esto se traducía en una correspondencia privada con los editores de Cátedra que aseguraban que por culpa de las pocas ventas aquello prometía olvido y sepultura. El post se preguntaba si no sería mejor un buen libro pirateado que un buen libro olvidado. Cátedra aseguraba que no pero eso es porque Cátedra hablaba de derechos de autor mientras que yo lo hacía de literatura marginal (marginada, en realidad). Y de estupidez, también; la nuestra que, como lectores, lo habíamos permitido.

Pues bien. El post tuvo cierto éxito (todavía hoy es uno de los más visitados de esta Medicina) y muchos comentarios de los que surgió un proyecto: reeditar El plantador de tabaco. Jose Luis Amores, hoy editor de Pálido Fuego, inició las gestiones y mantuvo conversaciones que acabaron en nada. Poco después, otra editorial -entonces no sabíamos cuál- animada, quizá, por el un contagioso entusiasmo, se llevó el gato al agua tanto de esta como de otras novelas del mismo escritor. Esto daba al traste con el proyecto personal de Amores, pero al mismo tiempo hacía albergar esperanzas de que en un futuro fuese posible volver a ver a nuestro querido plantador ocupando la mesa de novedades de las librerías (quizá no de las prostituidas, pero sí de las otras, las de verdad) en las mejores condiciones posibles, que al fin y al cabo es de lo que se trataba.

Como he dicho, esto ocurrió hace mucho.

A medida que pasaba el tiempo iba creciendo, a cuentagotas, un grupo de Facebook llamado Quiero que se edite en español a El Plantador de tabaco, administrado tanto por Amores como por este humilde servidor de ustedes (siendo mi inclusión simplemente un gesto de cortesía por su parte); un grupo que hasta hace poco -antes de desaparecer misteriosamente- contaba con 69 seguidores, una cifra, una vez más, insignificante en comparación con otros grupos. 

El caso es que todo esto acabó cayendo en el olvido hasta que hace unos meses saltó, no sé dónde, —en Twitter, seguramente— la siguiente noticia: Sexto Piso tenía los derechos de la novela y planeaba sacarla en 2013. Se pueden imaginar: Sexto Piso. Superfan, yo, de Sexto Piso, ya antes, imagínense ahora, que entre esto y la (re)edición de William Gaddis era una sucesión ininterrumpida de orgasmos y carcajadas a partes iguales. 

Hace unos meses, con la publicación de su catálogo trimestral, se fueron concretando fechas: el libro estaría listo para la feria del libro de Madrid, es decir, YA. Me pongo en contacto con la editorial que me confirma que efectivamente en libro acaba de salir de la imprenta y se dirige, si no ha llegado ya, a su caseta (255) de la feria; una caseta que este fin de semana debería ser la estrella indiscutible, porque les voy a decir una cosa: EL PLANTADOR DE TABACO es, sin lugar a dudas, la mejor adquisición que pueden hacer este año en la feria, porque todo lo demás, en comparación, es papel que no sirve ni para liar un cigarrillo. (1)

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El treinta de enero de 2012, ediciones Cátedra (así el abajo firmante) me decía, entre otras cosas, lo siguiente:
“Por otra parte, sería necesario tener la edición en un formato digital que, dada la fecha de primera edición, no tenemos. Es rápido, fácil y barato convertir ficheros para formato de lectura electrónica si previamente se tiene esos ficheros en formato digital. Si hay que hacer la producción digital desde cero, la tarea se hace menos fácil, menos rápida y menos barata. Y estamos hablando de un libro de bastantes páginas cuyas ventas no han sido muy exitosas.”
Es decir, que no han estado por la labor, que había mucho que currar (digitalizar 1200 páginas, ahí es nada), que no salía a cuenta, que no era por el libro, no, eran ellos, que no lo veían. Bueno, pues parece que otros sí lo han visto; sí han digitalizado, desde cero, las 1200 páginas; sí han comprado derechos de edición y traducción o lo que fuese menester; sí se han tomado la molestia de montar y de sacar a la venta un libro “cuyas ventas no han sido muy exitosas”, porque a pesar de todo, y con la que está cayendo, todavía hay quien parece estar dispuesto a arriesgar tiempo y dinero en publicar uno de esos de esos libros (y esto incluye a Jose Luís Amores por su iniciativa) que bajo ningún concepto merecen caer en el olvido, uno de esos libros que ponen a los demás en su sitio. El plantador de tabaco ha sido uno de los libros que, como lector, mayor satisfacción me ha dado. Una OBRA MAESTRA. Riadas de calidad y diversión. Garantizado: he aquí el remedio contra el tedio. Lo dije en su momento y me reafirmo: UN LIBRO NECESARIO.

No me cansaré de leer esta novela, del mismo modo que no me cansaré de recomendarla especialmente ahora que se han terminado las excusas para no tenerla. Mañana lo tendrán en la feria, en unos días, una semana aproximadamente, en las librerías de todo el país. Este, y no otro, es el momento de demostrar si tenemos lo que hay que tener para ganarnos lo que estamos tan seguros de merecer.

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Ya termino. En el prólogo a esta edición, Eduardo Lago, el traductor, cuenta, entre otras, una pequeña historia:
Un día le regalé el volumen recién editado al decano de la facultad donde me habían contratado, un hijo del exilio republicano a quien acabé profesando gran afecto. El venerable profesor miró el volumen con asombro, lo sostuvo en alto como tratando de calcular cuánto podía pesar, debió de efectuar un segundo cálculo consistente en determinar cuánto tiempo le llevaría leer aquello y, por fin, sentenció: «Esto es una falta de respeto al lector». De todos modos, era un regalo, así que no le quedó más remedio que aceptarlo y llevárselo a casa. Al cabo de bastantes meses, no recuerdo cuántos, se acercó al minúsculo cubículo sin ventanas que era mi despacho y, con gran solemnidad, me comunicó que había terminado de leer la novela y quería darme las gracias.
Del mismo modo, hoy es Sexto Piso quien nos hace, a los lectores, el mismo regalo: la posibilidad de volver a disfrutar de la que para Lago fue una de "las experiencias más fascinantes que he tenido en mi vida de lector." Yo, que la he leído, no podría estar más de acuerdo con una afirmación. Ustedes verán lo qué hacen con su tiempo libre.

Y para terminar, déjenme que les haga un regalito, aunque sea robado y mucho más humilde que el de Lago o Sexto Piso: haciendo clic en la siguiente imagen, accederán al prólogo y primeras páginas de la novela. Arriésguense.






(1) Al final no pudo ser. El libro se retrasó y no saldrá de la imprenta hasta esta semana. O eso dicen, uno ya no sabe. Mis disculpas a todos los que perdieron el tiempo por mi culpa. Prometo no volver a jugármela hasta tener pruebas visuales.