El título no es gratuito; se lo ha ganado a pulso. Yo espero que no se enfade, sinceramente, Javier Calvo, porque parece buena gente. Y además traduce a David Foster Wallace. No se puede ser malo y traducir a Wallace. El oficio de malvado es incompatible con ciertas traducciones siempre que no estén hechas con el babylon. Pero un cabrón sí que lo es; eso me lo tiene que conceder. ¿Y por qué? Por esto:
(no, no ha vuelto a las cavernas; hay que pinchar en la foto)
Como ya sé que el blog de Javier no le gusta a mucha gente porque tiene pocos puntos y aparte y pocas fotos y no coloca negritas ni cursivas suficientes para relajar la vista voy a haceros yo un resumen muy poco resumido de lo que viene a decir él en la entrada que se oculta tras la foto anterior:
El año pasado a Javier, el protagonista de nuestra historia, una chica le planta en sus traductoras manos un libro como la copa de un pino, con sus páginas y sus portadas, todas de papel. La chica no sabemos si le gustó pero el libro le encantó. Mucho. Es eso o que Javier es un tipo muy agradecido cuando le regalan libros. Por si sirve de algo quiero dejar claro en este mismo instante que yo soy mucho más agradecido que Javier con ese tipo de regalos: hago entradas, pongo fotos, portadas, recorridos históricos por el pasado bibliográfico y hago promesas de futuro que casi siempre cumplo; y además pongo cursivas y saltos de columna y así deslizarse por mi prosa es como hacerlo en tobogán. No me importa además que no me quieran: ahí está Pablo Gutiérrez que después de tanto elogio no me dijo ni hola y aún así lo seguiré leyendo y en la medida de lo posible elogiando. Pero esto quería ser un resumen. Les voy a poner un punto y aparte y una foto para que no se estresen.
El libro que la chica puso en las manos de Javier es este de aquí arriba. Se llamaba “Bienvenidos a Welcome” y lo publicó Elipsis en 2008. Quizá porque la editorial estaba dirigida por un canalla el libro se perdió en la zona negativa y ahora, dice Javier, no hay dios que lo encuentre. Doy fe. Lo he buscado. También está descatalogado, sumando así dos de las peores desgracias que le pueden pasar a un libro. Tres, si incluimos la portada.
(Me falta la propuesta de crear un grupo en facebook que sirva para abrir una red clandestina de correo postal (Welcome Mail) que pondrían en marcha quienes tuviesen el libro. Lo enviarían gratuitamente a todos aquellos que se diesen de alta en una lista de distribución creada ex profeso, siempre con el compromiso -la buena intención la doy por obvia: hablamos de difusión de la cultura- del reenvío permanente hasta que, una vez agotada esa lista, volviese, inevitablemente deslucido ya de tantas manos, a su legítimo dueño. En un año 200 lectores. 175 entradas en blogs. Si entonces no la reeditan no la reeditarán jamás.)
A todo esto la chica tienen nombre. Se llama Laura Fernández y a primera vista parece encantadora (y no una cabrona como Javier). Tiene un blog muy cachondo que ahora mismo estoy estudiando, con tantas fotos de comics que casi me hace llorar de pura nostalgia. -Sin ella saberlo ha llegado a devolverme parte del entusiasmo perdido por el género en cuestión-, Laura ha escrito cuentos y esas cosas y puede que incluso un poemario que no quiera enseñar pero Javier le está buscando la fama por aquella pequeña novela que nadie consigue encontrar aprovechándose de otra que acaba de publicar en Seix Barral (para que le cueste más morirse que a la anterior) que se llama “Wendolin Krame”. La portada, que mola un montón, es esta.
¿A que es genial? A mí me gustó tanto y ha sido tal mi entusiasmo por lo prometedor de la autoría que tras el elogioso post de Javier, y sin preocuparme de leer el argumento, me ha faltado tiempo para hacer el pertinente encargo. En cuanto la tenga, le leo y en cuanto la lea, la comento y mientras tanto a ver si no pierdo la vida buscando “Bienvenidos a Welcome”, novela motivo de mis desvelos desde que el pedazo de cabrón que es Javier Calvo tuvo la genial idea de darla a conocer.


