lunes, 14 de marzo de 2016

‘Farándula’ de Marta Sanz

Marta Sanz ha ganado el premio Herralde por este libro.

Marta Sanz ha recibido el Premio Herralde por este libro.

(Que no es lo mismo.)

Y la razón de que se lo hayan dado, el premio, el Herralde, a Marta Sanz, toda vez que se ha (hemos) (he) descartado que tenga algo que ver con la calidad de la obra en cuestión, ha de ser o bien de orden sexual o bien de orden amistoso. (¿He oído «o bien de orden comercial»?(1)) Será que abraza bien, que tiene una sonrisa bonita o tal seguridad en sí misma que levanta España ella sola. O será por contestataria. Igual es que le tienen miedo y prefieren pagarle alguna terapia. Insisto en que por el libro no es. Seguro. O casi. Insisto, también, lo siento, en que no lo ha ganado. Y aquí sí que no tengo dudas.

Me puedo equivocar, pero sería la primera vez.

Se supone que Farándula trata sobre el mundo del teatro y un poco del cine, algo de la televisión… Un grupo de gente prepara, con un presupuesto irrisorio que viene a dar una idea bastante aproximada de lo mal que está el panorama, una obra de teatro llamada “Eva al desnudo”. La obra está basada en la película del mismo nombre, película que, si no han visto, no sé qué coño hacen que no se la están bajando comprando. Los actores son una mujer que entra en la madurez, en cierto modo reconocida (dentro de unos límites bastante estrechos en que menea su farandulismo) y un tanto belicosa, como nos gusta imaginar a la propia Marta Sanz, También aparece la clásica jovencita alocada que quiere triunfar y que parece dispuesta a lo que sea para ello, incluyendo participar en un reality tipo mujeres hombre y viceversa. Otros actores, meros figurantes, interpretan papeles fácilmente reconocibles también en la película/obra de teatro en que se inspira la obra.

Marta Sanz reproduce, pues, un poco a su manera y otro poco también, el universo de miserias que ya en su momento evidenció Mankiewicz, lo que viene haciendo doblemente prescindible esta novela. 

Pero el problema no es este, al fin y al cabo hace ya tiempo (desde Shakesperare, más o menos) que dejamos de buscar originalidad en los argumentos de las obras que leemos. El problema es otro. El problema es el aburrimiento al que Marta nos somete página tras página a golpe de enumeraciones. No voy a perder el tiempo reescribiendo precisamente aquello que recomiendo no leer, pero baste decir que no veía tal cosa desde la etapa dorada de Joaquín Sabina. Sirva como ejemplo que mientras para unos la gente son nietos de toreros disfrazados de ciclistas, ediles socialistas, putones verbeneros, para otras la gente es

«[…] son maestras de niños huérfanos, niños huérfanos, campeones paralímpicos de natación, asesinos, la madre Teresa de Calcuta y el Papa del Palmar de Troya, violadores, viejecitas que viven solas y que nunca han roto un plato, científicos locos, trabajadores del matadero, especuladores, mujeres generosas que preparan grandes cenas y se quedan a velar a los pacientes de los hospitales, estudiantes desesperados, auxiliares de enfermería que te cogen la vena a la primera -¡benditas sean!-, traperos multados por la policía municipal, parados de cincuenta que parece que ya han cumplido setenta y nueve, actrices que dejan de trabajar por viejas pellejas, adulteradores de potitos, aceites y otros alimentos, maltratadores, conductores que atropellan a un chiquilín y se dan a la fuga, donantes de sangre, prestamistas, cofrades de semana santa, tasadores del precio del agua, sacerdotes pederastas, ateos filántropos, gitanos que se rompen la camisa en las bodas, lectores que estropean los libros y lectores que los dignifican, defraudadores, chóferes de coches oficiales que piden compasión…»

Y un largo etcétera. Tanto como 900 palabras más. Y esto, así, sin parar, casi página tras página, en un intento no sé si abarcarlo todo o demarcar demasiado.

Se olvida, Marta, de que la paciencia del lector no es infinita pero se olvida también de crear personajes que no sean meros arquetipos de las películas de otros (el joven galán triunfador que fracasa cuando descubre que tiene conciencia y decide politizarse frente a la vieja gloria que muere de hambre mientras espera el tan cacareado y tantas veces prometido Hogar del actor, proyecto de geriátrico subvencionado que nunca llegó); se olvida de dotar a su novela, no de un argumento, que lo tiene, sino algo que obligue al lector a leer, (y no me refiero necesariamente a una trama (2)) que lo invite a esforzarse o que directamente le prometa, aunque sea mentira, que al volver la página todo será diferente, que no se va a encontrar lo que sabe que se va a encontrar, que todo va a terminar como sabe que va a terminar, que oculta un as en la manga, Marta, o un conejo en su chistera.

A no ser, claro, que en realidad todo esto no vaya de cine y teatro sino de literatura, que lo que ocurre entre bambalinas sea fiel reflejo de aquello que ella conoce mucho mejor: jóvenes escritores con ese mal de altura que les lleva a mirarlo todo por encima del hombre; mujeres de cierta edad y reconocido prestigio ya un poco hartas de todo; superventas de éxitos que penden de hilos o meros espectadores, escritores con labia pero sin posibilidades a quienes sólo les quedan ya el postureo de fin de carrera literaria: 

«Natalia de Miguel mantiene otra conversación con su supuesta mejor amiga. Las dos, sentadas en posición de loto sobre la colcha rosa de una cama con dosel, se cogen las manos: «Tía, esta noche voy a tener una cita con Alb.» La amiga hace un mohín que, como es habitual -Valeria había empezado a comprender los tics, las sinestesias y los automatismos del programa-, se subraya por medio del ruido de la puerta con los goznes rasgados por el óxido: «¿Con Alb? Pero si es un chulo.» La mejor amiga se come las vocales a una velocidad vertiginosa. En ese mismo instante Alb se pone crema concentrando toda su atención en el bíceps de su brazo derecho. Natalia alardea de vocabulario: «Sí, tía, es un narcisista. Pero me encanta.»

Porque si esto así, si esto va de meter pullas y dar patadas y collejas y poner en evidencia las vergüenzas del gremio al que la propia Marta se adscribe mal que le pese y más desde que acepta regalías como esta, entonces sí le abrimos la muralla, la dejamos pasar y hasta le damos un beso en la boca por valiente, porque no hay acto más digno que mostrar la verdad que se oculta a la vista de todos y encima declararte culpable.

Bromas aparte y ya para terminar quiero decir, en mi humilde (es un decir) opinión, una novela es algo más que un nombre en la portada; que esa editorial no es lo que era y que un premio amañado ya no hace currículum. 






(1) Un par de semanas después de haber escrito (que no publicado) este post apareció en Jot Down una larga entrevista con la escritora en la que afirmaba lo siguiente:
«[...] para mí el Premio Herralde, sumado a una trayectoria de veinte años de escritura pública, ha sido completamente decisivo. Yo cuento en cada momento lo que quiero contar, lo que me duele y me inquieta, con premio o sin premio; a veces esas cosas no interesan. Y no llegan a un público grande. Sin embargo, otras veces eres capaz de sintonizar con un público más grande: ese ha sido el caso de Farándula y en eso soy muy consciente de que los premios funcionan como mecanismos de publicitación de textos, autores y editoriales.
En España… En España, sí. Los que fomentan las propias editoriales, sí. Los premios que no son a obra ya publicada, sí».

(2) A este respecto, Marta también se pronuncia (o justifica) en la ya mencionada entrevista:
«Lo que digo es que dentro de una sociedad neoliberal se explota extremadamente esa forma [la trama]. Esa forma, porque, como te decía antes, considero que todas las formas son ideológicas. La decisión estética de privilegiar la trama por encima de otros elementos narrativos, esa estrategia estética, es la expresión de una ideología neoliberal que busca la asequibilidad y la comercialidad de los textos. El reconocimiento por parte del lector, la familiaridad y el «no molestar».
[…]A qué le llamamos escribir bien, a qué le llamamos un narrador ágil, por qué escribir bien se asocia con ser un virtuoso constructor de tramas, en cuatro rasgos, con no ser informativo, con no hablar de política en la literatura, con ser expresivo y no explicativo.»

39 comentarios:

  1. espero el día que el premio Herralde no lo gane un escritor/escritora que haya publicado ya en la editorial.

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    1. Carlos, dinos editoriales. Ilumínanos.

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    2. ilumínese: Yo no funciono por editoriales sino por libros. De todos modos hay dos que visito siempre y sigo muy de cerca. Una es Pálido fuego. Publica poco pero todo muy interesante aunque es verdad que al final casi nunca leo nada. La otra es Sexto Piso a la que tengo como la mejor editorial del momento. Normalmente de su catálogo lo marco casi todo pero también acabo leyendo relativamente poco.
      ¿Más? NO sé, últimamente he encontrado cosas interesantes (y alguna tontería también) en Pepitas de Calabaza.

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    3. Gracias. Empiezo a ver la luz.

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  2. Yo lo que quiero saber es si se llama realmente Marta Sanz o, como en el caso de Alejandro, el héroe antimaltrato, su apellido es Sánchez. Marta Sánchez es muy buen nombre artístico.

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  3. Làstima de Anagrama. Estaba abonado a ella desde sus inicios gloriosos pero poco a poco he dejado de frecuentarla hasta casi,casi olvidarla.

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    1. Una pena. Yo ya nunca la tengo en cuenta. De vez en cuando entro en la web a ver qué tienen, pero siempre prefiero lo que no ofrecen ellos.

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  4. Me quedo con esta crítica:

    http://www.criticoestado.es/ortigas-a-manos-llenas/

    Expone mejor las virtudes de la novela que la tuya sus defectos.

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    1. ¿Una crítica de Sara Mesa, autora de la misma editorial, niña bonita de Anagrama y finalista del Herralde? ¿En serio?

      http://www.todoliteratura.es/fotos/14/Sara_Mesa.jpg

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    2. Sara me cae bien. Tengo que reconocer que no había leído la reseña pero es que yo soy muy poco de blogs. Sara tiene razón en una cosa: ella es la persona menos indicada para reseñar una novela de Marta Sanz. Por amiga y colega. Porque no es creíble y aunque lo fuese, no procede. Pero allá ellos. No me extraña que después Marta diga cosas como esta: "En cuanto a Estado Crítico me parece un blog de grandes lectores, muy documentados, inteligentes, que intentan estimular a la lectura y hacer pedagogía sin caer en resabios humanistas ni dejarse llevar por la corriente dominante." Chup chup chup.

      Respecto a la reseña y respetando muy mucho que le guste más que la mía (sólo faltaba) tengo que decir que tampoco me parece que diga gran cosa: "personajes inolvidables" "tremendamente humanos" (!) "imperfectos" (!!). Anda que... nada de inolvidables (y desde luego si lo son no es gracias a Marta sino a Mankiewicz) pero es que imperfectos y humanos es el mínimo exigible a los personajes de una novela. Lo que ocurre es que estamos tan acostumbrados a figuritas de belén hechas con los pies y con la profundidad de un plato de sopa que cuando nos encontramos unos que pueden parecen algo más, ya nos ponemos a darles premios como locos.



      Pero está bien. Me alegra que a Sara, y pese a que no esperaba otra cosa, le haya gustado "Farándula" (ese "fresco de la realidad española actual", jajaja, me parto) básicamente porque me da la razón en muchas cosas. NO se hacen ningún favor, pero allá ellos, supongo que el fondo funciona esto de la promoción familiar.


      Por último, le recomiendo que se compre y se lea esta novela. Si realmente le gusta la reseña de Sara, yo no lo dudaría. Lo digo completamente en serio. Espero sinceramente que le guste tanto como a Estado Crítico.

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    3. Pues al finalista le curtieron el lomo en Estado Crítico http://www.criticoestado.es/peligro-para-el-lector/

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    4. ¿Te cae bien Sara Mesa? Eso está bien, se ve que está bordando el papelón de su vida. Pero si tiras de este hilo encontrarás más lobby mafioso y más cadena de favores que en Quimera... ¿De verdad crees que un libro mediocre de una autora desconocida como Cicatriz podía estar en la lista de Babelia sin...? Chup chup chup

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    5. No hablo con conocimiento de causa; pocas palabras he cruzado con Sara Mesa en mi vida. Digo que me cae bien porque, por lo poco que he visto, parece tener sentido del humor y no hace demasiado ruido al escribir. Además, me consta, por su colaboración en Estado Crítico, que lee libros, que no es una cosa que hagan muchos escritores.
      Las razones por las que está ahí las conocerá Herralde, pero la prefiero a ella mil veces ahí (y la entiendo mejor, también) que a Fresy Cool o a Daniel Gascón en Mondadori. Parecen, Marta y Sara y Hernández, una apuesta a largo plazo (equivocada o no) más que una cuestión de oportunismo, que es más la dinámica de Claudito. Estará haciendo "nombres". No sé.

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    6. (p.d. Mi reseña de Cicatriz saldrá en unos días)

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    7. ¿Vas a destrozar otro libro más de Anagrama?

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  5. Muchas gracias por descubrirme la auténtica novela que se esconde tras la publicidad y exposición en los medios (prensa, radio, televisión) que desde que salió acompaña a esta novela de Marta Sanz. Ya no la leeré o la dejaré en el fondo del cajón para otra ocasión.
    Un abrazo

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  6. No es de lo mejor que he leído este año (gana por goleada Nemo de Gonzalo Hidalgo Bayal) y tampoco vislumbré esa crítica social ni entendí que en la entrevista de JotDown hablara de que se había expuesto demasiado con esta obra. Aún así, hay que reconocerle que es una comunicadora excelente y que hablar sin tapujos como ella no ha hecho en las entrevistas que he leído suyas, tiene mucho mérito.
    A veces, como lectores juzgamos con mucha alegría el trabajo de los escritores y quizás deberíamos valorar más el esfuerzo y las ganas que ellos les ponen.
    Seguiré leyendo a Marta Sanz y a Sara Mesa.

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    1. Bueno, quiero pensar que esfuerzan todo lo posible y ponen todas las ganas del mundo pero lo cierto es que no es un factor que yo tenga ni remotamente en cuenta. Me interesa el resultado. Eso es lo que hace de uno un buen o un mal escritor, no las ganas, porque puedes tener mucha intención y carecer de talento y no parece muy justo el reconocimiento. De las palmaditas en las espalda que se ocupe la familia.


      Yo también seguiré leyendo a Sanz y a Mesa aunque de la primera me he saltado un par de novelas que carecían de todo atractivo (las dos inmediatamente anteriores a esta).

      (anoto el de Bayal)

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    2. No es la primera ni la segunda vez que dices que un libro no te apetece nada pero lo lees, supongo que por ese impulso sádico que tienes para disfrutar haciendo daño.

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  7. Lo intenté con "Lección de anatomía" y ni flowers, así que "Farándula" podrá esperar hasta el día del Juicio, por lo menos...
    A la decadencia de Anagrama que comentáis yo añadiría lo horrísonas que se han vuelto sus portadas, al menos en lo que respecta a la colección de autores en otras lenguas. Las novelas en castellano aún mantienen la dignidad del blanco y negro, al menos (me refiero SÓLO a las portadas, claro).

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    1. Perdón por responderme a mí mismo, pero le he echado un ojo al catálogo de esta editorial y he visto que en la colección de narrativas Hispánicas también hay portadas en color....un poco menos horrendas que las fotos que ilustran las de la colección de autores en otras lenguas, pero en fin...Hoy en día, con la cuidadas ediciones que hacen otras editoriales independientes, como Impedimenta o Libros del Asteroide, deberían de tener un poco más de ojo para estas cosas.

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  8. Últimamente Anagrama lo está haciendo muy mal. El papel cada vez es de peor calidad, la encuadernación es cutre (en algunos libros no hacen pliegos, vease el último de Carrere o la primera edición de Sumisión), y lo de las portadas mejor lo dejamos... horrorosas!!

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  9. Últimas portadas feas o muy feas de Anagrama: El último de Ian Mcewan, el ultimo de Martin Amis, el de Irvine Welsh, el de Houellebecq, ¿Cómo ser marido', ¿Sé dónde estás?, Las lecciones peligrosas (esta es de traca), el Goncourt ese de No llorar, el de Richard Ford, el de Martin Amis otra vez porque es de traca, Caitlin Moran (traca), todos los del Noruego aquel se llame como se llame, todos los de la Nothomb y en general todos aquellos a los que le ponen la fotito de la adaptación cinematograficaanda a la mierda ya hombre!

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  10. Hola Tongoy.

    Cuando leí a mediados de diciembre del pasado año esta novela de Marta Sanz me resultó bastante mediocre (http://www.devaneos.com/libros/farandula-marta-sanz-2015/). Ni entendí que le dieran el Premio Herralde, ni mucho menos que se considerase esta novela como la mejor del 2015 según Babelia. Con la otra novela finalista El instante de peligro, pasa algo parecido. (http://www.devaneos.com/libros/el-instante-de-peligro-miguel-angel-hernandez-2015/).
    El tema de los premios en este país es como para hacérnoslo mirar.

    A mí si que me aburrió bastante, en parte por esas enumeraciones que cansan, por los personajes sin definir o ultimado por lo arquetípico, por ese presunto tono crítico, que en todo caso tiene más el estatuto de anécdota (con esa mirada panóptica de la Puerta del Sol, o la suscripción del Manifiesto) que de crítica contundente.
    De Marta Sanz prefiero La lección de anatomía o Daniel Astor y la caja negra.
    Saludos.

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  11. Yo también estoy un poco cabreado con el tema Anagrama. La calidad de la colección de bolsillo va de mal en peor, algunos son casi ilegibles de puro mal impreso y la calidad del papel también horrenda y no me vale que se argumente que es edición de bolsillo porque otras editoriales hacen libros de mucha mejor calidad. En cuanto a las nuevas publicaciones mejor ni hablar, ya sólo publican memeces y, como dicen por ahí, las portadas son de traca. En fin, que ya no es lo que era hace 10-15-20 años ni de coña... Evidentemente este no me lo pienso ni leer.

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  12. Si ponemos a esta editorial del revés sale algo bonito: Amar Gana

    Por lo demás, de 'Amar Gana', se salva la colección "otra vuelta de tuerca"

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  13. ¡Al carallo! Acabo de leer un libro que me ha gustado muchísimo. Así que, si Tongoy me lo permite -que me lo permitirá-, voy a recomendar su lectura. Se titula "Vidas de santos" y lo ha escrito Antonio Lucas.

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    1. Lo he buscado. No pinta mal. Intentaré hacerme con él.

      Gracias.

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  14. Y además no lo ha publicado "Amar Gana", sino Círculo de Tiza.

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  15. Aristóteles, como padre del conflicto y por tanto de la trama, seguro que era un neoliberal de tomo y lomo.

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  16. Bueno. Y el instante de peligro? Me leí el primer capítulo y dije va, veamos. Igual hasta mola. El resto del libro lo leí con perplejidad y creciente indignación... pero wtf!!! Dónde la broma, el truco...!!!! Es una novela para historiadores del arte, inadecuada pues para legos o directamente insulta la inteligencia del lector medio?... lo de Anagrama ya no se limita a un mero no es lo q era... y el caso es q la reputación del sello como tal parece casi intacta, hasta yo caigo tras la cuarta (las he contado) decepción... pero bueno sigue teniendo en catálogo algunos de mis preferidos... y lo de relacionar la alergia al trabajo digo a la trama con la ideología neoliberal es de traca...

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    1. Era mi siguiente lectura pero me dio una pájara y me puse con Guerra y paz. Llevo buen ritmo pero antes de 10 días no lo termino ni de coña.

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  18. Dejaros de truños y leeros esto, que son las fechas
    https://www.amazon.es/Ultima-Semana-Relato-Diario-Jerusalen-ebook/dp/B008O8S5HU/ref=sr_1_1?s=foreign-books&ie=UTF8&qid=1458344081&sr=1-1

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  19. Hay mucho listillo suelto. Dime quién te lee y te diré lo que eres, Tongo. Y.

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  20. He leido Farándula y no vale nada. Palabrería superficial. La novelita de Sara Mesa es mucho mejor. Insisto que leais Palomar, eso si que vale la pena. http://tebeosfera.blogspot.com.es/2006/04/palomar-de-beto-hernandez-la-cupula.html

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  21. Esto de la enumeración es un recurso que se está poniendo de moda de un tiempo a esta parte, no sé con qué finalidad exactamente, porque lo único que consigue es que el lector avance hasta el final de la enumeración. Isaac Rosa con La habitación oscura parecía emperrado en hacer que el lector pasase hojas sin leerlas. Unos utilizan las comas, otros utilizan las conjunciones.

    Otro recurso bastante manido es encadenar subordinadas con un mismo verbo y acabar con alguna frase efectista: "imaginé que bla bla, imaginé que ble ble, imaginé que bli bli, imaginé que blo blo, imaginé que blu blu. Pero nada era real".

    Un tercer recurso del que se abusa es encadenar un conjunto significativo de acciones con conjunciones, prescindiendo de la coma: "Entró en la casa y miró el reloj y se acercó al sofá y puso los pies en la mesa de centro y encendió la televisión y se acordó de su madre y alcanzó el teléfono". McCarthy lo utiliza bastante en No es país para viejos, pero claro, en el contexto adecuado y con un propósito correcto. Y no todo el mundo es Cormac McCarthy.

    Que son recursos útiles, pero el problema es que algunas personas pierden el norte y abusan de ellos debido a que transmiten una sensación de modernez y de literatura contemporánea, y eso "mola". El problema es que por lo general no aportan nada a la narración.

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