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miércoles, 14 de diciembre de 2016

De la inconveniente legitimidad: Una introducción

Me van a permitir el rescate de un artículo que un servidor publicó hace la friolera de cuatro años en aquel experimento fallido que fue Diario Kafka, concretamente el 10/12/2012 (ténganlo en cuenta cuando lo lean). El artículo nos servirá para hablar (cuestión de días) de las tan populares listas de “lo mejor del 2016” y muy especialmente sobre la que uno de los aquí mentados se ha marcado esta Navidad.


UNO

30 de noviembre. Llueve. Ignacio Echevarría: “Basta de monsergas sobre la corruptibilidad de los reseñistas, sobre su ignorancia, sobre su mansedumbre y sus anteojeras”. A ver, un momentito, orden en la sala: las monsergas sobre la corruptibilidad de los reseñistas son la sal de vida. Como ex-reseñista Ignacio debería saber que no podemos renunciar a ellas, porque si renunciamos a ellas corremos el riesgo de dormirnos en los laureles y entonces puede llegar el lobo y comernos todito todito lo que no nos tiene que comer. Que los reseñistas son unos vendidos hay que decirlo siempre y dudar de ellos o directamente no creerse ni una palabra, también, siempre. Hemos llegado a un punto en que es una obviedad decir que los malos críticos son los culpables del bajísimo nivel de la crítica de los suplementos culturales de este país y que ya todos sabemos poco menos que, en el mejor de los casos y salvo honrosas excepciones, la crítica es decepcionante.

Pero no nos equivoquemos, esa crítica vaga, perezosa, poco o nada profesional; esa crítica que se prostituye por cuatro euros o que sólo atiende a intereses comerciales, esa crítica, digo, no es la peor crítica ni su perpetrador el peor de los críticos ya que, al fin y al cabo, es consciente de las “limitaciones” (entre comillas esto) de un público que sólo busca orientación y estar un poco al corriente de las novedades. Somos corderitos asustados. Pero hay otra crítica (otras, en realidad) que resulta mucho más despreciable que esa que, al fin y al cabo, hace lo que hace porque tiene una familia que mantener. Estoy hablando de la crítica que hacen los AMIGOS, esa banda de impresentables mentirosos y oportunistas, vagos y maleantes la mitad de las veces. Hoy hablaremos de un grupo de amigos muy concreto, porque en la concreción está el gusto. Pónganse cómodos; nos llevará un rato. 


DOS

Miguel Espigado es escritor y, hasta donde yo sé (que tampoco es que sea mucho) ejerce de crítico literario en revistas como Quimera. Pues bien, Miguel Espigado publicó hace unos meses un artículo en su blog llamado ‘10 Consejos para ser un buen crítico literario’ en el que se incluía el siguiente punto: “No te hagas amigo de los escritores. Acabarás apoyando sus carreras con las laudatio más bochornosas, pelotas y cursis. Luego, cuando tu amistad no sea justamente correspondida, pondrás sus libros a caer de un burro en justo desagravio”.

Exacto. Aunque Miguel Espigado tenga algunos días malos, de vez en cuando también tiene momentos de extrema sensatez, es capaz de ver más allá de sí mismo y entender que la amistad está bien para según qué cosas pero fatal para según qué otras.

Además de estos arrebatos de sentido común, Espigado tiene un blog o dos o tres. El actual se llama “elespigado”. Antes de eso, mucho antes, abrió uno al que llamó Generación Nocilla cuya primera entrada, escrita en julio de 2007, servía para definir qué es y quién integraba La Generación Nocilla. [1] Sin querer hacer demasiada historia de un hecho sobradamente conocido, la generación Nocilla surge a raíz de la repercusión que tiene la novela de Agustín Fernandez Mallo [2], Nocilla Dream, de la que no hablaré si no es en presencia de mi abogado. Vicente Luis Mora [3] prefería llamar a esta generación “La luz nueva”, porque Vicente tiene estas cosas de buscarle nombres raros a todo. En cambio a Eloy Fernández Porta [4], socio de Spoken Words con Agustín Fernández Mallo, le gustaba mucho más la etiqueta de “Afterpop”, que por algo escribió un libro con ese nombre. Los Fernández siempre en la vanguardia.

Nota de interés: el tercer blog de Espigado al que hacía referencia más arriba se llamaba “Afterpost” y prestaba especial atención a la obra de los integrantes de la Generación Nocilla. Qué cosas, ¿eh? Esto no ayuda a entender a qué viene incluir en el segundo punto de los ‘10 consejos para ser buen crítico literario’ lo inconveniente o sospechoso de criticar libros de tus amigos si luego vas y casi no haces otra cosa en tu vida. 


TRES

Por otro lado, hace unos días, el jueves 29 de noviembre, Antonio J. Gil daba la réplica a mi artículo de Autopsia Crítica de hace un par de semanas que versaba sobre el trato que recibe Agustín Fernández Mallo de parte de cierto sector de la crítica. Venía a ser algo así como la crítica al crítico que critica la crítica y ciertamente era una crítica ejemplar, al menos en términos absolutos, es decir, obviando el contenido que realmente escondía y que no era otro que meterse conmigo. Pero, ¿por qué iba este señor, a quien no tenía hasta entonces el placer, a hacer semejante cosa? Entonces no tenía yo la más remota idea. En cambio Jordi Carrión, sí. Solo dos horas después de publicarse el artículo, Carrión [5] sube a su muro de Facebook un comentario en el que me etiqueta y que viene a decir algo así como que Antonio Gil disecciona brillantemente mi post. A Daniel Arjona, joven periodista de El Cultural (el mismo suplemento que en su momento, de la mano de Nuria Azancot, dio el pistoletazo de salida a la Generación Nocilla) también le parece excelente. A mucha gente le parece excelente. ¡A mí me parece excelente! Tanto le había gustado a Jordi, tanto tantísimo, que dijo muchas más cosas, todas ellas muy interesantes: decía que el artículo de Gil era útil para demostrar para qué servía estudiar literatura, retórica y semiótica y destacaba un tema de fondo que le parecía muy interesante: la LEGITIMIDAD. Legitimidad que, en el caso de los críticos y del propio Agustín Fernández Mallo, se sustentaba en libros en tanto que el del autor del post original (esto es, yo) lo hacía en posts. Tanto Antonio J. Gil como Túa Blesa eran catedráticos de literatura comparada y, atención, decía que sus currículums, sus publicaciones y sus libros tenían un sentido sobre el que merecía la pena reflexionar. También hacía una llamada a la reflexión sobre las formas de autoridad actuales. No puedo estar más de acuerdo con él y por eso, para reflexionar, es por lo que hoy escribo esto. Terminaba, Carrión, pidiendo serenidad y argumentos para hablar de estos temas que estaban afectando significativamente al sistema literario español. Todo un discurso, ya ven. 


CUATRO

La cosa quedó con todos más contentos que unas castañuelas de saberse tan listos y tan fuertes y tan preeminentes y tan influyentes y tan llenos de razón que era cada poro de su piel una verdad incontestable. Hasta que al día siguiente las chicas de La Patrulla de Salvación, el conocido blog de denuncia del mundo editorial, llamaron la atención sobre un curso que en otoño impartió Vicente Luis Mora en la Universidad de Brown (EEUU) –la misma en la que imparte clases Juan Francisco Ferré [6]—. El nombre del curso era “Postmodern Spain: New narratives and New Technologies” y trabajaba sobre los siguientes libros: Los muertos [7], de Jordi Carrión, Intente usar otras palabras, de Germán Sierra [8] y Nocilla Experience, de Agustín Fernández Mallo. Entre las Lecturas Críticas Obligatorias se encontraba el texto ‘Facebook y la circulación de la literatura’, también de Jordi Carrión y ‘Hacia una postnovela postnacional’, de Antonio J. Gil González [9]. Por otro lado entre las Lecturas Críticas Recomendadas estaban: El lectoespectador, el último ensayo del propio Vicente Luis Mora y La Luz Nueva, también del mismo autor. Por último Afterpop, de Eloy Fernández Porta y, supongo que por nivelar, ‘E Unibus Pluram ’ de David Foster Wallace. [10]

Uno o dos días después de la publicación de este post en el blog de La patrulla de salvación, la conversación que Jordi Carrión había tenido en su muro sobre lo absolutamente maravillosa que había sido la contracrítica de Antonio J. Gil desapareció. Se esfumó. Se volatilizó. Literalmente: Jordi Carrión hizo algo así como tragarse sus palabras (y por extensión las de todos los demás). En la teoría y en la práctica: donde dije digo, mejor no digo nada. 


CINCO
LEGITIMIDAD

Convendría ahora recordar uno de los comentarios borrados de Carrión, concretamente en el que decía que habría que reflexionar en torno a la LEGITIMIDAD (supongo que entendida como la “capacidad y derecho para ejercer una labor o una función”). Legitimidad de autores, que se sustentan en libros, y legitimidad de los no-autores que lo hacen blogs. Convendría recordar, también, la recomendación nada gratuita de Espigado acerca de lo conveniente de no tener amigos escritores que puedan hacernos sentir obligados a corresponder a esa amistad con recomendaciones bochornosas y laudatorias.

No seré yo quien cuestione la valía de gente como Vicente Luis Mora o Antonio J. Gil a la hora de emitir juicios críticos sobre literatura. Ni seré yo quien diga NO a la crítica académica. Lo que sí cuestiono es la capacidad de todos los críticos y escritores antes mencionados (y otros de los que ya hablaremos en otra ocasión) a la hora de emitir juicios sobre la obra de los diferentes miembros de esa Generación Nocilla a la que muchos se adscribieron fingiendo incomodidad pero que tan buenos resultados les ha dado y, en algunos casos, sigue dando. Que una novela de la categoría de Los muertos de Carrión o Intente usar otras palabras de Germán Sierra —que cuando las leí me parecieron de una mediocridad palpable— sean de lectura obligatoria en la universidad de Brown, es cuando menos preocupante —por no decir vergonzoso, que también— pero sobre todo sospechoso. Altamente sospechoso.

La crítica y por extensión el crítico, además de contar con un aparato teórico, estudios de literatura, conocimientos de retórica y dominio de la semiótica (Carrión dixit) necesitaría, en mi opinión, de un poco —un poco solamente— de independencia. La independencia suficiente, al menos, para dotarle de un mínimo de credibilidad a su argumentación porque de otro modo todo ese discurso y esa verborrea pueden parecer una forma un tanto rastrera de mantener un estatus que de otro modo estaría permanentemente amenazado por la duda razonable. Existe otra posibilidad que me lleva a terminar como empecé, con una cita de Ignacio Echevarría: “Lo que justifica no solo la incompetencia manifiesta y el estilo pésimo de tantos reseñistas, sino también, mucho más frecuentemente, su desconcertante mal gusto, sería la incesante rebaja de su listón que entraña el trato constante con textos de escasa calidad. […] la lectura continuada de libros mediocres […] tiene en no pocos casos efectos narcóticos sobre el gusto e incluso sobre la inteligencia […]”. ( El Cultural 30/11/2012). 









NOTAS

1. [Cita textual:] La lista total (y provisional) de la (provisionalmente) llamada Generación Nocilla es la siguiente: Vicente Luis Mora, Jorge Carrión, Eloy Fernández Porta, Javier Fernández, Milo Krmpotic, Mario Cuenca Sandoval, Lolita Bosch, Javier Calvo, Domenico Chiappe, Gabi Martínez, Álvaro Colomer, Harkaitz Cano, Juan Francisco Ferré, Germán Sierra, Fernández Mallo, Diego Doncel, Mercedes Cebrián, Salvador Gutiérrez Solís, Manuel Vilas, Robert Juan-Cantavella y Vicente Muñoz Álvarez. [Confeccionada con los datos ofrecidos por Nuria Azancot en su artículo de 2007 para El Cultural y otros incorporados por Vicente Luis Mora y Eloy Fernández Porta].

2. V. supra. n. 1

3. V. supra. n. 1

4. V. supra. n. 1

5. V. supra. n. 1

6. V. supra. n. 1

7. Los muertos (Mondadori, 2010) es la primera parte de una trilogía cuya continuación parece haber caído en el olvido.

8. V. supra. n. 1

9. También autor de ‘Microrrelatos para una exposición... Analogías para pensar Nocilla Dream’.

10. Observaciones: Eloy Fernández Porta es un viejo conocido de la universidad Brown: la visitó en primavera en una gira del Dúo Afterpop Fernández & Fernández (con la perfomance ‘Personificación’) y que les llevó también al Instituto Cervantes de Chicago. Cabría señalar, a modo de anécdota y aunque seguramente no tenga nada que ver una cosa con la otra, que Vicente Luis Mora compagina su labor como crítico con un trabajo en el Instituto Cervantes.

viernes, 25 de febrero de 2011

Franquicia Jordi Corominas, dígame...



—Franquicias Blogliterarias, ¿en qué puedo ayudarle? 

—Buenos días, he visto su anuncio en el periódico y estaba interesado en contratar una franquicia Jordi Corominas pero antes quisiera más información. 

—¿Está al corriente de las condiciones? 

—Más o menos. El anuncio asegura que a cambio de un módico precio puedo alcanzar rápida y fácilmente la fama. 

—Bueno, yo diría que las conoce menos que más. Rápidamente sí, fácilmente dependerá de sus aptitudes como escritor. El de Jordi Corominas, me ha dicho, ¿verdad? 

—Sí. 

—Atienda, porque no acostumbramos a repetir las cosas: por 25 euros al mes, IVA incluido, podrá usted gozar de derechos limitados de publicación en el blog de Jordi Corominas. Tendrá derecho a publicar una entrada semanal a cambio del 10% del total de los ingresos derivados de la publicidad generados desde esa entrada. A cambio se comprometerá a escribir posts con contenido y no simples microrrelatos, hacia los que el autor siente una particular animadversión. Transcurridos diez años, y siempre y cuando los ingresos generados por sus entradas hayan superado el valor resultado de la aplicación de una fórmula cuyo desarrollo no puede ser explicado vía email, alcanzará usted la independencia: Jordi Corominas personalmente apadrinará su nuevo blog, lo enlazará desde el suyo y se comprometerá a poner un comentario en un mínimo de 1 de cada 10 entradas durante el periodo nunca inferior a un año. 

—¿Y después? 

—Será asunto de ustedes. 

—¡¡¿Podré hablar personalmente con él?!!! 

—No. Madure, coño! Estaba bromeando. Al cabo de ese año se quedará usted completamente solo

—¿Y cómo dice que es esa fórmula matemática? Es que yo soy de letras. 

—Ya se lo he dicho: se la enviaremos por email junto con el resto de las condiciones del contrato al finalizar esta conversación. Ya tendrá tiempo de estudiarla. Haga el favor de no interrumpirme. 

—Perdón. Sólo una pregunta: quisiera saber si habría alguna forma de reducir la condena, quiero decir, ¿no podrían ser menos de diez años? 

—En caso de acuerdo entre ambas partes se podría plantear un cambio en la modalidad de contrato una vez transcurridos cinco años, nunca antes, y pasar a tutelar un blog homenaje a Jordi Corominas. Un término que se conocerá como “Filial Innominal”. 

—Eso no lo entiendo. 


—Vale. No me interesa. 

—Bien. No interrumpa. 

—Perdón. 

—El resto de las cláusulas, tal como acabo de explicarle, serán detalladas a través de un email, pero como a pesar de sus continuas interrupciones vamos bien de tiempo, puedo adelantarle tres condiciones especialmente importantes. Primera: se trata de un blog literario, por lo tanto nada de hablar de cine, cocina, bricolaje, programas de televisión, motor o tecnología por mucho que aquéllas traten el asunto literario. Sus problemas personales nos importan un carajo, por lo que tampoco toleraremos entradas del tipo “La ley Sinde me hará ganar dinero” o “No tengo ni puta idea de lo que pasa en Egipto”. En cualquier caso somos flexibles y si lo desea puede contratar pequeños espacios en el blog de Alberto Olmos en la modalidad PPP o Pay Per Post. Sus gustos musicales tampoco nos interesan: por mucha letra que tengan las canciones no se consideran literatura. 

—Pero si en su blog habla de los Beatles… 

—Esa división es la excepción que confirma la regla. Está abierta a petición del propio escritor y es fruto de una debilidad. De momento no esperan ampliar la plantilla. Si me vuelve a interrumpir le colgaré el teléfono. 

—¿No está siendo usted un tanto borde, señorita? Quizá no esté teniendo un buen día, pero eso no debería… 

—Se equivoca. Estoy tendiendo un día cojonudo. Un día de putísima madre. Así de bueno. Tan bueno que he vendido a doce tontos del culo siete franquicias de Lector Mal-herido, cuatro de Todo lo que debe saber para acabar con la cultura y una de Soy un genio y tú no. Quizá de ahí el tono. No lo siento. Acéptelo. La vida es una mierda pero no la hemos inventado nosotros: esto es un negocio: aquí no gestionamos blogs filosóficos. 

—Disculpe. No volveré a interrumpir. 

—Me parece bien. Así vivirá mucho más. Segunda Condición Especial: las entradas no podrán tener menos de 2.000 palabras ni dedicar más de una tercera parte a detallar el contexto histórico de la novela y/o ensayo. Esto no es El placer de la lectura, recuérdelo. ¿Me va siguiendo? 

—De cerca. Ha dicho que eran tres condiciones. 

—Correcto. Tercera Condición Especial, exclusiva de Jordi Corominas' Blogs: el tono debe ser educado y formal. Imagine que es usted de buena familia, un tipo listo y resuelto y no un pobre miserable incapaz de escribir un relato y no digamos una novela. Imagine que no fuma y sabe beber con moderación y que tiene un montón de amigos en todas partes de España que estarían dispuestos a meterlo en sus casa y en sus camas y a dejarle llevar a sus hijas al colegio. Imagine que todos le aman y le leen y que para ellos su blog es el Sancta Sanctórum de la literatura. Cuando se lo haya imaginado empiece a escribir. Antes no. Nunca. Ni se le ocurra. Aquí no se pueden escribir chorradas: eso podría ser en el El rincón de Alvy Singer, pero ahora anda de gira y está como Ausente. ¿Había pensado algún tono en particular? ¿Un estilo especial? ¿Viene con ideas frescas o sólo quiere ponerse en forma y teclear un ratito? 

—Había pensado en analizar en profundidad lo literario desde lo no-literario. O algo así. Algo de crítica literaria sin tener que leer demasiado. Y si me regalasen libros ya sería la leche. 

—Eso se lleva desde Bolmangani Inc.. Son otra franquicia: ¿no ha visto su diseño? Ellos gestionan sus propios asuntos. Pero espere unos días: estamos preparando una OPA hostil que dejará el panorama actual más acojonado que si el blog de Jordi Carrión se pusiera a contar chistes. No lo va a reconocer ni su padre. Quizá entonces podamos llegar a un acuerdo. ¿Alguna otra idea genial? 

—Bueno, ¿y algo artístico, tipo Luna Miguel

—¿Tiene cámara de fotos? 

—No. 

—¿Chaqueta vaquera sin mangas? ¿Pulseras con tachuelas ensangrentadas? 

—No. No. 

—¿Pensamiento fugaces? 

—Ni uno. 

—Pues no puede. ¿Le interesa la poesía? 

—No mucho, la verdad. ¿Lo dice por la loopoesía, verdad? Es que no la sigo mucho. La verdad es que a mí la poesía no me gusta nada. 

—Qué sensible. Estoy a nada de enamorarme. Joder que asquito me está dando su persona. No, imbécil: lo digo por lo que dice usted: “Quizá algo artístico, tipo Luna Miguel”. Pensé que se que refería al amor y sus versos como dardos envenenados, ya sabe, toda esa mierda de la lírica desatada con autorretrato de fondo. Por un momento me hizo sentir mujer. Ah. 

—Pues no, era sólo una idea. Como a veces tiene textos tan breves y tantos seguidores…. 

—¿Quién? 


—Joder, qué pesado. También Café de Madison, pero se necesitan un montón de amigos para mantener la fachada. ¿Los tiene usted? 

—Está mi madre. Y podría convencer a unas primas. También mi mujer. Y en diez años mi hija. 

—Bravo. Definitivamente me he enamorado. 

—El estilo Café de Madison suena genial, bien mirado. Podría hasta escribir cartas. 

—El blog de Jordi Corominas no escribe cartas. Demasiado artístico. Al señor Corominas lo que le gusta es la ensayística y sus variantes. La prosa de pocas elipsis. Para experimentar tenemos la división del verso. 

—¿Y no cree que podría encajar? 

—¿No ha dicho que no le gusta la poesía? Deje ya joder con tanta inseguridad. Sea un poco hombre, por el amor de dios. Porque se me hace tarde y me está empezando a dar pena le echaré un cabo: si le interesa la opción de Café de Madison le puedo hacer precio en su blog: entradas de menos de doscientas palabras con nueve comentarios garantizados: tres “qué recuerdos me trae esto”, dos “qué hermoso, Madison”, un “Cariño, mucho bicos y una aperta” de una gallega nativa y tres “Madi me dejas sin palabras. Ven a cenar a casa cuando quieras”. 

—Está bien, por el tamaño y eso, que es ideal, pero me hacía ilusión el blog de Jordi Corominas. Tiene un diseño como más profesional. Y mi mujer dice que le gusta más. 

—Su vida me provoca una arcada tras otra. Déjelo. A la franquicia Jordi Corominas no se viene con ganas de escribir poco: se viene con ganas de escribir sin parar. Todo el puto día y en sesenta frentes diferentes: Revista de letras, suplementos culturales, blogs de amigos. Hágase cargo: cubrimos el 53% del espacio literario español y pensamos abrir sucursales en Latinoamérica. Si busca algo intermedio entre el estilo Luna Miguel o Café de Madison y el Jordi Corominas pero con vistas al ensayo lo mejor que le podemos ofrecer es un espacio en el blog de Ibrahim B., pero le advertimos desde ya que si una sola vez se le entiende se cancelará ipso facto el contrato y nos deberá un montón de dinero. 

—¿No se me puede entender nada? 

—Nada. Ni una puta palabra. Ya nos ocupamos nosotros de que los seguidores le den la razón y sepan dramatizar por escrito un asentimiento. 

—Y entradas cortas, dice. 

—Cortísimas. Como monosílabos. Era un chiste. No, medianas. Somos flexibles. Dependería del tamaño de los libros, pero ya le digo que tienen que ser muy eruditas, que parezcan de pago. 

—Suena genial, pero definitivamente me quedo con Jordi. Me permitiría explayarme en caso de ser necesitarlo. 

—Está usted pidiendo a gritos una patada en la boca. ¿Quiere explayarse y que no se le entienda una puta palabra? ¿Quiere parecer realmente profesional? Entonces, Vicente Luis Mora. Además está sensacional de precio porque desde que se ha puesto a escribir un nuevo libro se tiene que leer los muros de los 2025 seguidores que cree que se lo comprarán. Necesita ampliar la plantilla. Además se rumorea que dejará la crítica pura a favor del chascarrillo en facebook. Está tan ocupado que le puedo colar sin examen de acceso. 

—¿Examen de acceso? 

—Clausula 73b. Ya la leerá. 

—Vale, pero, ¿Vicente no es también un poco poeta? 

—Me está levantando dolor de muelas tanta tontería. Sí, es un poco poeta. Joder. De acuerdo, le puedo ofrecer algo mejor que el Vicente Luis Mora, por sólo dos euros más, pero ya rondamos los 43, avisado queda: erudición, entradas largas, muchas visitas y pocas lecturas. Le garantizamos impunidad absoluta. Puede usted cagarse en los muertos del mismísimo Herralde, que a partir de la línea 22 no se va a enterar ni dios. Por un euro más puede incluso poner fotos de cuadros con primeros planos de órganos reproductores o mujeres semidesnudas de pechos grandes en vestidos de satén amarillo. 

—Brutal. ¿Qué blog es ese? 

La vuelta al mundo de Ferré. El único requisito es tener nociones básicas de filosofía y ser capaz de citar seis ensayos editados por Anagrama en cada entrada. Textos infinitos incluso en varias partes y listas de lo que quiera: cine, radio y televisión. ¿Cómo anda de idiomas? 

—Fatal. Castellano y gallego hablado siempre que cierre el acento y no se me entienda porque no es normativo. Algo de inglés. Lo que se me pega de las series. Mucha jerga CSI. 

—Pues entonces, no. Al final va a tener usted razón. Corominas es lo mejor. Pero no lo veo a usted muy despierto. Va a tener que ponerse las pilas. ¿Tiene experiencia en el campo? ¿Algún blog en su pasado reciente? 

—La medicina de Tongoy. 

—Cretino. Ya me lo parecía. Podía haberlo dicho antes y no hacerme perder el tiempo. 

Clic. 

jueves, 14 de octubre de 2010

LA CONFESIÓN


Jorge Carrión es escritor de libros de viaje y desde hace relativamente poco también de una novela tan inclasificable e interesante como es “Los Muertos”. Inclasificable por lo arriesgado de su estructura, que mezcla la ficción televisiva con el ensayo e interesante porque fue en su momento la culpable de un parto, el mío, que dio lugar a un hijo, un blog, pero no este, sino otro; un gemelo algo tardío. El blog de Oblomov Varese, también conocido como Oblomovka Herida. Servidor. 

Efectivamente: yo, Tongoy, soy también Oblomov Varese. Míos son sus tíos, sus primos y sus padres; sus hermanos y la demente conocida como “Leidi Morgana”. Oblomov nace, como dije más arriba, tras haber leído esta novela. Mi simple deseo de comentarla hace posible la existencia de este personaje, esta pequeña marioneta que en mis manos toma forma de monje con tendencias suicidas. Su Oblomovismo fue sólo una forma de hacerlo diferente a mí; de justificar un cierto hastío y una pereza innata a la hora de escribir nuevas entradas en su blog. Oblomov es pues un ser irreal, tan de ficción como lo son las historias que nos ha contado a lo largo de estos dos meses. Oblomov no lee, yo leo; Oblomov no habla, yo hablo; Oblomov no escribe, yo escribo. Oblomov no es; simplemente. 

Iba esta confesión a ser demorada más tiempo (meses, años, qué se yo) pero este Oblomov es agotador y terriblemente exigente por su rigor histórico. Parir una idea es por lo general complicado si uno busca ser mínimamente original pero se multiplica exponencialmente esa dificultad si él, Oblomov, es el creador de una de ellas, por su empeño de dotar de verosimilitud cada una de sus disparatadas aventuras familiares, por conciliar fechas y por asegurarse diligencia en el attrezzo. En ese sentido debo confesar que hay cierta iniciativa ajena a mi voluntad, puesto que sin desearlo me encuentro siempre con que sus historias toman el control sobre las mías. Este descubrimiento dota de un nuevo sentido muchas de las referencias veladas de sus entradas. Sirva como ejemplo aquella conocida como MARIONETISMO (1). Quizá ahora se entienda tanto su afán por darme protagonismo cómo el mío por dárselo a él. 

Por vez primera me siento obligado a hablar del motor de la novela para hacerme entender. Carrión habla en ella de una situación un tanto peculiar: la llegada al plano real (nuestra realidad) de seres de ficción, protagonistas fallecidos de producciones americanas, que son tratados como humanos de segunda categoría. Pero no es esto lo quiero destacar de su libro con esta entrada sino el (falso) ensayo que tiene lugar al final de la primera temporada (esto es, al final de la primera de las dos partes que lo componen) en el que se subraya la importancia que tiene la muerte de un personaje de ficción para los televidentes. Si somos testigos de sus vidas, si sufrimos con sus desventuras, ¿no sería natural llorar su muerte, tal como en su momento hicimos todos con Bambi, King Kong o victimas similares de la vida (cruel)? En cuanto lo leí comencé a gestar la idea de crear un ser de ficción que, en la medida de lo posible, se hiciese querer. Quería ser dueño de mi propio hoax. Obviamente mi treta incluía una pequeña trampa, similar a las que pueblan los guiones de las series americanas, puesto que mi creación debía pasar por real, con la secreta intención de multiplicar el efecto de su muerte (2). El objetivo final de esta pequeña farsa era, como se habrá adivinado, crear una ficción real que me ayudase a reflejar y valorar en su justa medida la sugerencia que hace Carrión en “Los Muertos”. Espero haberlo conseguido. 

Y esta es toda la verdad. Esto es todo lo que hay. La “Oblomovka Herida” es ahora la “Oblomovka Muerta” (chiste) y yo soy su propietario tal como lo fui desde el comienzo. Pido disculpas a todos aquellos (que sé que los hay) que sintiesen por el pobre Oblomov cierto cariño o gustasen de sus peculiares entradas y también a todos los que creyesen realmente en su suicidio. Me comprometo a mentir de vez en cuando en su memoria, incluyendo aquí entradas del tipo que hacía para él, pero me niego a reabrir su blog por ser a todas luces innecesario, amén de la escasa popularidad de la gozaba y que no quiero heredar. Al fin y al cabo ya sabemos que la cópula y los hoax son abominables pues multiplican el número de blogs. 





(1) http://oblomovkaherida.blogspot.com/2010/09/marionetismo-ano-x-numero-121.html 

(2) Encontrará ahora explicación el amigo lector a tanto fúnebre comentario de Oblomov a lo largo de su blogvida.