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jueves, 25 de abril de 2013

De Quimeras, Nocillas y otras plantas trepadoras

Hace aproximadamente un año -concretamente el seis de mayo de 2012- Iván Humanes publicó en su blog una entrevista a Juan Vico con motivo de la publicación de su primera novela, Hobo. Anunciaba también que el día 10 de ese mismo mes, el libro sería presentado en La Central del Raval por Fernando Clemot y Ginés S. Cutillas. Hasta aquí todo bastante mediocre, toda vez que los mencionados son unos seres humanos tirando a  desconocidos. Pero, he aquí que Fernando Clemot, Gines S. Cutillas, Juan Vico e Iván Humanes son, ahora, ya, en este momento, cuatro de los seis colaboradores de la nueva etapa de la revista QUIMERA que arranca en el mes de mayo. Haberemus (si no las habemus ya) amiguismos y mamadas a cascoporro, ya verán. 

Pero -¡orjanisasión!- vayamos por orden.  


La Nocilla herida por el rayo 

Pues resulta que a Jaime Rodríguez Z, que hasta ayer había sido director de la revista Quimera, le han dado dos señoras patadas: una en el culo (de patitas a la calle, lo han dejado) y otra en los huevos (fruto inmediato de una traición). Esto de ahora es un relato de los haceres y quereres de un par de seres humanos, a la sazón editores o escritores o arribistas culturales, pero en cualquier caso amigos y colaboradores, en las 24 horas siguientes al primero de los dos acontecimientos literarios del semestre: 

El miércoles 17, Jaime Rodriguez Z. anuncia en Facebook que ha sido fulminantemente destituido como director de Quimera. Dice que no sabía nada, angelito, aunque la cosa iba fatal; que el editor, Miguel Riera, le contó que estaba pensando cerrar la revista porque trabajaba a pérdida. Esto hace semanas. Hace días, Clemot, Fernando Clemot, anuncia que toma las riendas de la revista y hace pública la composición del nuevo equipo. (Ya llegaremos a eso.) Jaime, estupefacto, habla con Clemot pero Clemot no habla con Jaime y la cosa acaba en monólogo. Conclusión: todo el mundo pasa de Jaime, por lo que Jaime, herido, mete entre las piernas el rabo y se lanza al Facebook en busca consuelo, que para sentirse querido es un sitio ideal de la muerte. 

La respuesta es inmediata. Y masiva. ¡Todos quieren a Jaime! ¡Jordi Carrión (excodirector) quiere a Jaime, y Juan Trejo (excodirector) también, y Ernesto Castro y Luis Gámez y Vicente Luis Mora y Marc García (éste, muchísimo) y Manuel Vilas y…! bueno, en fin, media España quiere a Jaime. La media España de siempre, se entiende. Es una lástima que siendo tan majo, Jaime, no haya sido también mejor profesional. Me explico: hay en todo esto, un algo muy curioso: todos sus amigos, esos que lo apoyan incondicionalmente y le recuerdan lo grande que es, lo mucho que ha hecho, la increíble labor de estos últimos siete años (siete años, ya) no será olvidada, parecen no tener en cuenta que la revista pasa (o eso dicen, que habría que verlo) por una complicada situación económica. (Que ya tiene cojones, que una revista literaria que no paga por las colaboraciones no sea capaz de generar ingresos.) Si eso es así -vamos a suponer que sí- será porque hay alguien aquí que últimamente lo habrá estado haciendo como el culo, y el editor (un cobarde, un canalla y un impresentable, sí), que ha sido capaz de tener trabajando gratis durante años a un montón de gente con el cuento de hacerles el currículum, no puede ser el único culpable. 

Luego está Espigado, que es como un caso aparte. 


Espigado como caso aparte

Lo de Miguel Espigado no es normal. Ya lloró lo suyo cuando le dijeron no podía jugar en Diario Kafka y ahora vuelve a las andadas. Por el amor de Dios, que alguien abrace a este chico. 

Pero no hagamos sangre -bastante tiene con lo suyo-. Ahora bien, tampoco dejemos pasar un par de cosas interesantes que dice en un post de su blog. 

Lo primero es felicitarlo. Se ha hecho un hombre. Ha descubierto (un poco porque se lo han soplado, no se crean) que no se debe trabajar sin cobrar para un empresario, sobre todo si éste ha demostrado ser un canalla y un ladrón tanto en el pasado como en el presente. Aplauso. Cuesta creer que hubiese gente que todavía no lo sabía, pero así es. Lo bueno es que los tenemos localizados: trabaja(ba)n casi todos en Quimera. A Espigado, como a los demás, les hacía ilusión verse cada mes en la revista. “Qué coño, nos hacía ilusión ver nuestros textos en letra impresa; buscábamos méritos para el currículum profesional; queríamos visibilidad y promoción como escritores o críticos; sentíamos que el prestigio heredado de Quimera nos daba cierta pertenencia a la familia literaria española.” Ahora, si me perdonan un segundo, me voy a partir el culo de risa en la intimidad. 

Tiene gracia que todos estos se quejen ahora que ya no están ahí para seguir haciendo el memo, con perdón. Durante años el prestigio, la visibilidad, la promoción, los méritos y sobre todo el halo de estupidez consustancial que acompaña siempre al crítico literario y al colaborador ocasional, eran suficiente recompensa. Ahora que están en la calle, no. Ahora resulta que han sido engañados, como si fuesen críos durante una pataleta. Niños, niñas, colaboradores de Quimera, es mejor que lo sepáis: el Ratoncito Pérez no existe. 

La otra cosa interesante (y ya vamos llegando al fondo de la cuestión) que dice Espigado no la dice Espigado (esto es lo mejor) sino Clemot. Es un fragmento de la respuesta que da el segundo a las preguntas que le formula el primero: “[...] ¿qué hicieron los antiguos directores de la revista con los colaboradores de la otra etapa, la anterior a la anterior? ¿Les escribieron? ¿Les dijeron algo? Tengo testimonios si quieres y muchos. Te pueden interesar ya que buscas contrastar. Porque buscas eso, ¿no?” 

A Espigado esto le da igual, al fin y al cabo no le falta razón cuando dice que él no tiene la culpa de aquello, pero no hubiese estado de más, al ver las barbas de tus vecinos cortar y aun habiendo pasado más de seis años, poner las tuyas a remojar o haberlas puestos ya en su momento. Decía que a Espigado le da igual, pero a mí, no. 


Y a partir de aquí, todo suposiciones. 

Por el comentario anterior Clemot parece estar muy bien informado. Sí, ya sabemos que en este mundillo no hay secreto que valga, pero hay en su forma de hablar un deje, un asomo de rencor solidario que no parece encajar con la imagen de independencia que debería dar el gran jefe indio de la nueva directiva de Quimera. 

Hagamos un poco de historia. Antes de que Jordi Carrión, Juan Trejo y Jaime Rodriguez Z. se hiciesen con las riendas de Quimera, la revista estaba dirigida por Fernando Valls (en la foto). A mí todo esto me pilla de oídas, pero piensa mal y acertarás. Pues bien, aquello, dicen, fue un golpe de estado muy similar a este: se cortó (Miguel Riera, cortó) la cabeza de quien decían que había hecho grande la revista (Valls), se arrancó la raíz seca (colaboradores) e inmediatamente después se plantó el combinado de leche, cacao, avellanas y azúcar por todos conocido y se dejó al aire para que le diese el sol. Se quemó, claro. 

Y es más o menos por aquí cuando se me enciende la lucecita (que es como un diablillo que descansa sobre mi hombro y que me sopla indecencias al oído) y, bendito Google, voy haciendo sumas y restas y doy con lo que parece una buena relación entre Valls y Clemot que me da que pensar o cuando menos explica este silencio con pinta de Acto de Venganza Tardío. Un ejemplo: seguramente Valls anuncia en su blog el nuevo libro de Clemot porque le parece un joven prometedor y no porque lo conozca personalmente, trabaje con él y/o sea su amigo. He aquí un fragmento de una entrevista que Juan Luis Tapia le hace para el diario Ideal de Granada: “Nocilla fue una mera operación de medro a cargo de vendedores de humo disfrazados de vanguardistas... Sí hay, en cambio, otros narradores españoles nuevos de gran interés, como Andrés Neuman, Berta Vias Mahou, Ricardo Menéndez Salmón, Isaac Rosa, Pilar Adón, Elvira Navarro, Fernando Clemot o Ignacio Ferrando, por solo citar unos pocos nombres.” Estamos en lo de siempre: qué bueno es este chico y qué suerte que sea mi amigo. 

Respecto a la banda de Clemot, ¿qué decir? Los amigos están para las ocasiones. No parece el modo más profesional de trabajar pero la impresión es que, tal como decía cierto cuentista, esto va por manadas. Lo que aquí ha ocurrido es lo que ocurre siempre: la manada C ha expulsado a la manada Z de la charca del señor R, que es un señor que debe estar encantado con este permanente ir y venir de manadas y mamadas

Y es de esperar, Clemot querido, que a tu manada se la coma, de aquí a equis años, otra, quizá un grupúsculo literario a día de hoy demasiado joven y estúpido pero en vías de formación y posicionamiento. Y no miro para nadie. Yo, si fuese tú, iría preparando, ya, el discurso de despedida para cuando toque buscar consuelo en la red social de turno. En cualquier caso, mi más sincera enhorabuena.


martes, 11 de diciembre de 2012

De la inconveniente LEGITIMIDAD

UNO

30 de noviembre. Llueve. Ignacio Echevarría: “Basta de monsergas sobre la corruptibilidad de los reseñistas, sobre su ignorancia, sobre su mansedumbre y sus anteojeras”. A ver, un momentito, orden en la sala: las monsergas sobre la corruptibilidad de los reseñistas son la sal de vida. Como exreseñista Ignacio debería saber que no podemos renunciar a ellas, porque si renunciamos a ellas corremos el riesgo de dormirnos en los laureles y entonces puede llegar el lobo y comernos todito todito lo que no nos tiene que comer. Que los reseñistas son unos vendidos hay que decirlo siempre y dudar de ellos o directamente no creerse ni una palabra, también, siempre. Hemos llegado a un punto en que es una obviedad decir que los malos críticos son los culpables del bajísimo nivel de la crítica de los suplementos culturales de este país y que ya todos sabemos poco menos que, en el mejor de los casos y salvo honrosas excepciones, la crítica es decepcionante.

Pero no nos equivoquemos, esa crítica vaga, perezosa, poco o nada profesional; esa crítica que se prostituye por cuatro euros o que sólo atiende a intereses comerciales, esa crítica, digo, no es la peor crítica ni su perpetrador el peor de los críticos ya que, al fin y al cabo, es consciente de las “limitaciones” (entre comillas esto) de un público que sólo busca orientación y estar un poco al corriente de las novedades. Somos corderitos asustados. Pero hay otra crítica (otras, en realidad) que resulta mucho más despreciable que esa que, al fin y al cabo, hace lo que hace porque tiene una familia que mantener. Estoy hablando de la crítica que hacen los AMIGOS, esa banda de impresentables mentirosos y oportunistas, vagos y maleantes la mitad de las veces. Hoy hablaremos de un grupo de amigos muy concreto, porque en la concreción está el gusto. Pónganse cómodos; nos llevará un rato.


DOS

Miguel Espigado es escritor y, hasta donde yo sé (que tampoco es que sea mucho) ejerce de crítico literario en revistas como Quimera. Pues bien, Miguel Espigado publicó hace unos meses un artículo en su blog llamado ‘10 Consejos para ser un buen crítico literario’ en el que se incluía el siguiente punto: “No te hagas amigo de los escritores. Acabarás apoyando sus carreras con laslaudatio más bochornosas, pelotas y cursis. Luego, cuando tu amistad no sea justamente correspondida, pondrás sus libros a caer de un burro en justo desagravio”.

Exacto. Aunque Miguel Espigado tenga algunos días malos, de vez en cuando también tiene momentos de extrema sensatez, es capaz de ver más allá de sí mismo y entender que la amistad está bien para según qué cosas pero fatal para según qué otras.

Además de estos arrebatos de sentido común, Espigado tiene un blog o dos o tres. El actual se llama “elespigado”. Antes de eso, mucho antes, abrió uno al que llamó Generación Nocilla cuya primera entrada, escrita en julio de 2007, servía para definir qué es y quién integraba La Generación Nocilla. [1] Sin querer hacer demasiada historia de un hecho sobradamente conocido, la generación Nocilla surge a raíz de la repercusión que tiene la novela de Agustín Fernández Mallo [2], Nocilla Dream, de la que no hablaré si no es en presencia de mi abogado. Vicente Luis Mora [3] prefería llamar a esta generación “La luz nueva”, porque Vicente tiene estas cosas de buscarle nombres raros a todo. En cambio a Eloy Fernández Porta [4], socio de Spoken Words con Agustín Fernández Mallo, le gustaba mucho más la etiqueta de “Afterpop”, que por algo escribió un libro con ese nombre. Los Fernández siempre en la vanguardia.

Nota de interés: el tercer blog de Espigado al que hacía referencia más arriba se llamaba “Afterpost” y prestaba especial atención a la obra de los integrantes de la Generación Nocilla. Qué cosas, ¿eh? Esto no ayuda a entender a qué viene incluir en el segundo punto de los ‘10 consejos para ser buen crítico literario’ lo inconveniente o sospechoso de criticar libros de tus amigos si luego vas y casi no haces otra cosa en tu vida.






miércoles, 28 de noviembre de 2012

Cajón desastre [11/2012]

Porque el mal no descansa, abrimos, mis socios capitalistas y yo, nueva sección, que ya veremos si prospera o no prospera. La cosa no estará tanto en hablar de lo que nos gusta como en rajar de lo que nos plazca. Resumiendo: he aquí un bloque de noticias (o simples cosillas que me he encontrado por la red) irregular y descontextualizado; un ejercicio para reírse de todo y de todos, un poco por aquello de no perder la costumbre y otro poco porque sí. Me siento supermegahijodeputa haciendo esto, de verdad, pero yo no sé escribir de otra manera. Que no, tontis, que es bromis; si lo hago encantado. 

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Las cartas al director de Miguel Espigado 

El escritor Miguel Espigado (voy a dar por hecho que lo conocen y así me ahorro el par de líneas de su currículum) protesta enérgicamente. ¡Protesto enérgicamente!, piensa y no dice. Razón no le falta. Yo también estaría enfadado si me hubiera pasado lo que a él. ¡Qué desastre, madre mía! Ya verán qué horror, qué pena, qué drama. 

Miguel Espigado es un amante de la literatura que pertenece a esa generación, como los Fernández y Fernández, que creen que la letra con música entra y de ahí que se dedique a hacer Sponken Words de su novela. Lo suyo es la guitarra, como los trovadores. El caso es que nuestro hombre orquesta ama las letras por encima de todo y fue todo uno enterarse del proyecto Diario Kafka y ser feliz. Como otros se ofrecen a Lourdes él se ofreció al órgano de gobierno del suplemento o complemento del diario.es pero he aquí la sorpresa: cuando descubrió en los dos días siguientes (la semana del estreno) que habían fichado a Alberto Olmos en plan Mal-herido por un lado y a servidor en plan cirujano por el otro le dio un parrús.  

Todo ESTO es lo que dice Espigado (clic) pero yo se lo resumo en un parrafito porque supongo que tendrán mejores cosas que hacer que andar pegando botes de hipervínculo en hipervínculo: 

Que muy mal Alberto (hay confianza, ya) y yo. Fatal. Que somos unas verduleras; que no tenemos criterio. Que nuestros juicios son todos sumarísimos; que nos hemos olvidado del análisis. Que somos como la Estaban y nuestros blogs como La Noria. Que es inconcebible que eldiario.es, que se supone que apuesta por el rigor periodístico, acepte entre sus filas a impresentables como nosotros; que por eso envía la queja a la defensora del lector a pesar de qué (esto sí que me ha gustado) nuestra originalidad y enrevesamiento en la forma de construir estos sarcasmos alcanzan verdaderos estados de gracia. No se me merecen. Pues así, encadenando elogios, durante 1.500 palabras. 

Es decir, que se pregunta Miguel Espigado dónde está la policía de Eldiario.es, dónde los profesionales de Diario Kafka y dónde el sentido crítico de servidor. Pues mira, Miguel querido, te diré que los demás no sé, pero se ve que mi Sentido Crítico está en un hotel, el Kafka seguramente, teniendo sexo anal con tu Sentido del Humor

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Los Promotables según Enrique Rubio 

Quizá recuerden el tema de los Promotables de Claudio López de Lamadrid, aquella insignificancia de la que hablamos hace un par de semanas que tenía que ver con vender un escritor antes que un libro. AQUÍ, era. Pues bien, hace unos días, dando un paseo por los blogs habituales me encontré con un divertido artículo del eternamente ácido Enrique Rubio que guardaba una estrecha relación con aquello. Les dejo en enlace (ENLACE) y un fragmento para que se hagan una idea. 

Sé que puede sonar algo exagerado o inverosímil, pero imaginad que a una poetisa le diera por hacerse continuamente fotos de sus rasgos aniñados y sus señales de fertilidad, como labios hinchados y estrogenados u ojos de rana, para vender sus poesías. El éxito estaría asegurado. El porno es el negocio perfecto. El instinto primario siempre triunfa. Una foto de una lolita con rasgos claros de fertilidad y un gesto lascivo siempre vendería más que mil poemas.
Bien. Lo vería apropiado si la lolita vendiera solo sexo y pornografía explícitos en vez de utilizar la calidad de sus óvulos para venderme otra cosa muy distinta, pues acabaría haciéndonos la picha un lío. Cuando un hombre fuera a ponerse a leer una poesía en su blog, ya habría eyaculado mirando las fotos y no le apetecería nada más, mucho menos ponerse a leer poesía. Todos conocerían la calidad de sus óvulos pero nadie el título de uno de sus libros. Sin embargo, la mayoría de hombres y muchas mujeres creerían que sus poesías son extraordinarias por el efecto halo. (Texto completo: aquí

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Gonzalo Garrido, de profesión Perpetrador 

Gonzalo Garrido fue el hombre que montó, organizó, perpetró, aquello que se dio en llamar “Encuentros de blogs literarios” que reunió a un puñado de gente del medio que habló, habló y habló (hasta que el entendimiento derrotó) de un montón de cosas que sólo les importaban a ellos y sus familias. Luego siguió perpetrando, Garrido, y perpetró una novela llamada “Las flores de Baudelaire” de la que ya se hablaron maravillas en este mismo blog. Me niego a resumir la película. Toda la historia AQUÍ

Puesto que Garrido lleva lo de perpetración en la sangre sugirió que estaba planeando un segundo encuentro de blogs literarios por si la gente no había quedado contenta con el menú o algunos de los integrantes no habían acabado de decidir si quedaban para follar o no. Mensaje para aquellos que no tienen plan para el viernes por la noche de un indeterminado mes del año que viene: esta es la vuestra. 

Perpetrando, perpetrando y viendo que lo de los frikiencuentros le sentaba muy bien a su novela, que ya va por la segunda edición (tiembla María Dueñas), Garrido, el azote de los vagos, se apuntó a otro encuentro literario: Liburutekia. Se ve a que este hombre lo de las letras le mola. Total, que los días 13 y 14 se juntó en Bilbao con un grupo de escritores que no conoce ni dios (hora va siendo, ya, de que llamen a Nuria Azancot para que les monté una Generación Literaria en condiciones) para hablar, otra vez, de la putas nuevas tecnologías, total para que acabemos todos escribiendo en Word, cogiendo los libros en la biblioteca o bajándolos por alguna torrentera. [Aquí el programa para los curiosos.] Por las conclusiones no esperen; ya se las cuento yo: que todo muy bien; que super-majos, todos; que el futuro está aquí; que sin tarifa plana no eres nada, monada; que qué tacones tan altos, amor. 

Puesto que nuestro héroe, Garrido, aspira a una tercera edición de su novela, perpetra otro encuentro, el primero de esta clase, también en Bilbao, llamado “Negra y de Bilbao” (gran nombre) que ha tenido lugar o está teniendo lugar hoy, ahora, en la Casa del Libro (de Bilbao, sí). [Salvo error] participan en él cuatro colegas (de profesión), un moderador (aunque no son de esperar grandes conflictos) y un puñado de gente que seguramente se verá obligada a comprarse alguno de los libros de los contertulios. La charleta irá sobre entender el alcance de este género y sus limitaciones, o lo que es lo mismo, por dónde se mueve el animal y de qué color tiene la cola. Apasionante. A ver si hay suerte, los sacan en Quimera y nos enteramos con detalle. 


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Nuevo trovador para el Nuevo Drama 

Los más viejos de lugar recordarán aquello del Nuevo Drama, la primera Generación Literaria de Diseño. Se lo resumo: Soto Ivars, Manuel Astur y el eternamente escritor novel Sergi Bellver (el único hombre capaz de escribir un poemario, una novela, un relato, un microrelato, una obra de teatro y el guión de una película sin dejar rastro alguno) utilizaron un recopilatorio de cuentos llamado “Mi madre es un pez” para adscribir a todos los antologados a su propio círculo concéntrico y vicioso; un plan que parecía de natural espontáneo sin ser tanto así. Aquello fue un desastre en todos los sentidos sobre todo porque se quedaron más solos que las tres teniendo que pagar ellos solitos el dominio web a perpetuidad. 

O eso creíamos hasta ahora. 

Si hacen ustedes clic AQUÍ verán que el Nuevo Drama está de enhorabuena: ¡ha parido un poeta! Su nombre: Francisco Javier Sanchez Ocaña. Vamos a hacerle el curriculum: FJ ve la luz en Granada en 1981. Nace, crece y se desarrolla sin llamar la atención pero desde muy joven siente la llamada de la literatura, una pasión que acabará desembocando en un poemario que le publica una editorial. No es fácil ser especial. Dice Soto Ivars que el poemario de este chico fue razón más que de suficiente para invitarle a formar parte de ese peculiar valle de lágrimas. Estoy convencido de que Soto, que es un poco cabrocete, dice esto a sabiendas de que de los tres miembros sólo él ha aportado producción a esta desigual cooperativa. 

Damos desde aquí nuestra más sincera enhorabuena a Sánchez Ocaña, a quien se le ve realmente ilusionado cuando afirma que enseña a su familia y amigos el mail que le escribieron los neodramáticos; se le llena la boca, dice, con un mantecado de ilusoria grandeza, se chupa los dedos, emborrona el ratón. Se deshace lentamente, Ocaña, el hombre que tiene “Los ojos de Sarah” junto a “Rayuela” sin leer por miedo a empezarlos porque no quiere que se acaben (que de todas las excusas que se dan por no haber leído un libro es, con diferencia, la mejor). 

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ANEXO: Promociones varias


Nuestros tiempos felices” (La esfera de los libros), una novela de la coreana Gong Ji-young (autora que se vende como “la Paulo Coelho de la literatura oriental”), lleva en su portada un globo informativo que dice lo siguiente: “más de 20 millones de lectores en Asia”. El lector se imagina que por muy grande que sea Asia veinte millones no dejan de ser una cifra a tener en cuenta. Pues no. En la web de la editorial, que consulto por sincera curiosidad, descubro que la cosa no es tanto así como asá: “Con más de veinte millones de ejemplares de sus títulos vendidos en Asia, Gong Ji-Young es una de las autoras más sobresalientes del panorama narrativo actual.” Según la wikipedia el total de títulos vendidos por esta mujer son once. No es por restarle méritos a la muchacha pero cambia de cojones, la cosa. 



y 2 

Recibo una nota de prensa (automática) de la editorial Planeta (la del premio ese tan importante) informándome de un acontecimiento de repercusiones bíblicas: “Pídeme lo que quieras”, de Megan Maxwell, la primera novela de una saga erótica española publicada por Esencia y que está teniendo una gran acogida, ha recibido un premio: las tres plumas a la mejor novela erótica (claro) otorgada por “Pasión por la novela”, un blog de color rosa chicle. La autora prepara actualmente la secuela que se llamará “Pídeme lo que quieras ahora y siempre”, algo para lo que no tenemos palabras. Porque no hay dos sin tres, nos tememos lo peor con el cierre de la más que posible trilogía de la que nos atrevemos a aventurar un posible título: “Pídeme lo que quieras ahora y siempre pero cierra la puerta al salir”. Ahora bien, los más impacientes, aquellos que no sean capaces de pasar ni cuatro meses más sin leer algo de Megan Maxwell, nos avanza el avance que la muchacha publicará en breve otro libro chic-lit (este palabro figura en el comunicado) en la misma editorial, llamado “Melocotón loco”. Ahoguen las carcajadas: Melocotón loco es, con diferencia, el mejor título de novela erótica que yo he visto en mi vida. Aún así esta chica necesita urgentemente que alguien mire por su imagen púbica pública. 

A destacar, también, en el plumarés del premio, el libro llamado “Recuerdos” de Melanie Alexander galardonado con las tres plumas a la mejor novela romántica autopublicada paranormal, que como subgénero marginal es absolutamente genial porque sí.