viernes, 31 de octubre de 2014

Resumen de Lecturas OCTUBRE 2014 [Versión extendida] [3ª parte]

Tercera y penúltima entrega de este resumen ampliado de lecturas de octubre. Ha sido un largo mes.



Los últimos de Juan Carlos Márquez

Bueno, Los últimos. A ver.

Yo les cuento un poquito del argumento y ya ustedes sacan sus propias conclusiones. Atentos:

El fin del mundo (o al menos el mundo tal como lo conocemos). Por razones equis, en un futuro que supondremos lejano y sabemos imperfecto, un fogonazo de luz, acompañado de un calor abrasador, barre de la faz de la tierra (fulmina, literalmente) a todo ser humano, bicho o arbusto que no pilla con las persianas bajadas. Esto deja la cosa social tan mermada que casi se vuelve a poner de moda el incesto. El caso es que esa luz terrible acaba también con el oxígeno, pero no pasa nada porque quitando los langostinos todo el mundo lleva su mascarita y bombonas y tienen recambio para rato y además está el gobierno como loco trabajando en una nueva línea de metro que los va a sacar a todos del apuro. Esto, como historia, en fin, podía estar algo más trabajado, pero se va aceptando como gamberrada y se deja pasar. 

El caso es que un día llegan los mutantes, que son como zombis sin mal aliento pero muy malas pulgas por lo que un grupo de gente de una urbanización que ha sobrevivido tiene que salir por patas para que no se los coman. Igualito que En la carretera de McCarthy pero sin esa pena por el crio ni la nostalgia por la Coca-Cola. Mal rollo cuando empezamos con los paralelismos o los parecidos razonables o las fuentes de inspiración. Pero claro, como es una gamberrada, te tienes que reír y hacerte el tonto y dejarlo pasar. El humor es lo que tiene: no explota la mala hostia del crítico.

Después de esto pasan más cosas que tienen que ver con Marte, el sexo y la wikipedia, pero ya no se lo cuento, uno, para no estropearles la sorpresa (o como sea que se llame eso que se espera de nosotros) y otra porque es tan chiquito el libro que si digo una cosa más ya lo cuento todo y no es plan.

Hasta aquí, la parte promocional. Ahora, mi parecer.

Perdón, ¿he dicho “ahora”? Qué tonto. Quería decir “dentro de unos días”; el próximo lunes o martes. Un par de post resumen más (y es que menudo mes) y vamos con ello. I promise. No se alejen mucho, no se los vaya a comer un vampirillo mutante de esos.


* * * * * * * 

Londres después de medianoche de Augusto Cruz

Esta es otra de las novelas que quiero reseñar, por lo que quitando el argumento y ligeras impresiones personales, el resto lo vamos a dejar para ocasión más feliz.

Se supone que Londres después de medianoche es un homenaje a algo. Al cine clásico de terror e inmediato posterior y a las noveluchas de serie B de aventuras y misterios, seguro. Aquí un tipo, ex ayudante retirado de J. Edgar Hoover, acepta un caso muy especial: debe buscar una misteriosa película desparecida, una las más buscadas del mundo mundial, porque alguien no se quiere morir sin verla. Hasta aquí todo más o menos normal. El tipo se pone a buscar la peli y medio sin quererlo te entra la nostalgia de tiempos pasados que ya sabemos todos mejores, que supongo que es un poco la intención de la novela. Y bueno, normalita. Hasta que las pistas lo llevan a México, un poco buscando y otro poco huyendo. A partir de este momento, un poco antes incluso, la novela se pierde en detalles y situaciones absurdas de puro ridículas. Y el final, bueno, el final es morirte. Puedo aceptar el MacGuffin sin problema pero lo ya clama al cielo es la sucesión de tópicos de película Disney.

En el mejor de los casos, decepcionante.


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El rito de Laird Barron


No sé si se acordarán pero de este señor hablamos hace un par de días (el miércoles, si todo ha ido según lo planeado). Era aquel que había escrito un relato que se había publicado en Ominosus. El mismo relato que, les decía entonces, era prólogo ideal de una novela de la que ya hablaríamos. Bueno, pues la novela es esta, de modo que hablemos.

El rito es una novela de terror o que se pretende de terror (un día que tengamos tiempo tenemos que hablar de lo que da miedo, realmente, a estas alturas de la vida) de ese que dicen “cósmico” por lo tanto, nada de niñatas sucias saliendo del plasma y sí mucho de protagonistas que llevan las de perder.

La novela tarda en arrancar o lo parece. Lo que ocurre es que empieza bien, un tanto efectista, con un prólogo que parece un chiste demasiado largo pero inmediatamente después cae en un par de capítulos en los que se dicen demasiadas cosas que no aportan gran cosa más allá de la genealogía de los protagonistas. Por más que este sea, en cierto modo, uno de los temas (si no El Tema) de la novela, la cosa podía llegarnos, a nosotros, lectores ávidos de sangre y temblores, un poco más resumidita o, en su defecto, más interesante. 

Mal menor, en cualquier caso. Superado el, creo, tercer capítulo, la novela remonta y nos ofrece una historia de civilizaciones perdidas y orígenes legendarios e interplanetarios que harán las delicias de cualquier aficionado al género. 


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Que levante mi mano quien crea en la telequinesis de Kurt Vonnegut

Pese a este gran título, este pequeño librito (ciento y poco páginas) recopila una serie de discursos de graduación que al bueno de Vonnegut le pedían que diese frente a jóvenes estudiantes. Es, por lo tanto, y pese a lo que se pueda afirmar, repetitivo hasta la náusea. Y panfletario. Por más que uno esté de acuerdo con Vonnegut (imposible no estarlo) no es fácil evitar la sensación de estar, por momentos, en primera fila del mitin político equis. Con todo, su insistencia en aplicar el sentido común y alimentar el sentido crítico e la juventud, es digna de elogio.

Me pillán sin el libro a mano, de modo que, si les parece, dejamos los detalles para la reseña y así también pongo algunos ejemplos. Además, me he cansado de escribir y todavía queda un post.



miércoles, 29 de octubre de 2014

Resumen de Lecturas OCTUBRE 2014 [Versión extendida] [2ª parte]

Hoy, segunda de las cuatro partes en que, por razones evidentes, he considerado oportuno dividir el habitual resumen de lecturas del mes.


Ominosus de Bear, Kiernan y Barron

Decíamos el otro día que «probablemente lo mejor que una editorial puede conseguir con la publicación de una antología de relatos es (además de recuperar la inversión) que el lector ocasional (descartemos incondicionales, para no contaminar esta frágil teoría) se interese por alguno de los autores que participan en ella. En ese sentido, Ominosus es impecable. Si te gusta el terror, claro».

Bueno, pues sí. Ominosus son tres relatos de tres escritores que merodean por el Universo Lovecraft, homenajeando, adaptando o reinventando (o lo que se tercie) breves historias de monstruos, bosques y fosas abisales. Interesante.

Nota: entonces, cuando leí este libro, no lo sabía pero el tercer relato, el de Laird Barron, El don de la oportunidad cuenta una historia que funciona como un prólogo perfecto (repito, perfecto) de una novela de la que hablaremos un poco más abajo o en próximos días, también del mismo autor, llamada El rito. Y cuando digo “perfecto” lo que quiero decir es que deberían, en la medida de lo posible, leer este relato antes de la novela. No es imprescindible, pero enriquece. Háganme caso.



En las montañas de la locura de H.P. Lovecraft

Hacía como un millón de años que no leía al nuevo escritor de moda: Lovecraft. Sí, de moda. No tienen más que filtrar, en Amazon, por ejemplo, todas las reediciones de sus obras publicadas en 2014. Se cansarán de pasar páginas.

El caso es que yo, no queriendo ser menos y viniendo como venía de leer cosillas sobre los shoggots (unos bichos lovecraftianos), entre otros, me fui directo a por una lectura de juventud (o algo que se parecía bastante a la juventud): En las montañas de la locura. Horror. No recordaba lo mal escritor que era Lovecraft ni lo mal lector que era yo. Afortunadamente la historia, si la dejas en pañales, es una estupenda mezcla de terror y ciencia ficción donde unos señores encuentran unas montañas que ocultan un terrible y magnífico secreto. Toda la novela es el narrador tratando de convencernos de que no debemos ir allí a ver todas aquellas maravillas, no vayamos a morirnos. Menudo cabrón egoísta.

Recomendada a entusiastas, incondicionales o nostálgicos de las primeras lecturas. 



En el café de la juventud perdida de Patrick Modiano

Y en esto que estaba yo leyendo en Lovecraft cuando Patrick Modiano ganó el Nobel, que tampoco es algo que se gane todos los días. Y pensé: ¿y si nos leemos a Modiano de una puta vez? Y, bueno, nada, que maldita la hora, yo, que tan feliz estaba con mis horrores. 

La novela no puede ser más aburrida. Con esto ya les sobran argumentos para no acercarse a ella. Miren si será ladrillo que me he quedado dormido cuatro veces tratando de recordar su argumento. 

Creo —no estoy seguro, tal es la bruma que cubre mis ojos, tal el bloqueo mental autoimpuesto— que la cosa iba de unos que iban a tomar café a un cafetería y una chica muy mona que se les unía. Ellos, típicos gilipollas de la época, pedantes e insoportables; ella, dulce y misteriosa mujer que ocultaba un secreto. La cosa va de descubrirlo. El secreto, digo, para lo cual diferentes narradores van contado lo que saben, montando un puzle (qué original) de cuatro piezas que el lector deberá encajar total para descubrir que todos es más o menos como se lo imaginaba. De fondo, París, qué bien.

Dicen que lo mejor de Modiano es su forma de narrar. Será.



Más allá del espejo de John Connolly

Y tras esa injustificada pausa para adentrarme en la literatura de altura, tocaba volver a las andadas. Y qué mejor, para pecar, que John Connolly.

Descubrí a Connolly hace años, no sé cuantos, por esa serie que tiene del detective Charlie Parker. Leí, casi del tirón, los cuatro primeros, digamos, episodios. Y bien, bueno, entretenido. Da lo que promete, que ya no es poco. Lo que pasó fue que cuatro seguidos (o casi, fue hace tiempo) se hizo un poco demasiado y ahí lo dejé y nunca más volví hasta que el otro día, por algún razón desconocida o inconfesable, me dio por librarme de viejas espinas.

“Más allá del espejo” es el episodio 4,5 de la serie de Charlie Parker, que es el nombre del detective protagonista. 4,5 porque aunque cronológicamente se sitúa entre el cuarto y el quinto episodio, se publicó mucho después. Aquí, al menos, en nuestro país. No me interesa tanto el tema como para investigar si ocurrió lo mismo en USA pero no me extrañaría en absoluto porque Más allá del espejo parece una novela fallida que se publica igualmente por aquello de aprovechar el tirón de ser un éxito superventas. 

La historia tiene el estilo habitual (quienes lo han leído lo conocerán y quienes no, lo supondrán, seguramente con éxito) y sigue los patrones del resto de la serie: malos malísimos despiadados, buenos buenísimos atormentados, el humor sin gracia de quien es más duro que una nuez, una mujer enamorada y dos gays con pistola. Aquí, en esta novela, secuestran una niña o están a punto de hacerlo o eso parece. Se trata, por tanto, de evitar que secuestren a no se sabe quién, no se sabe dónde no se sabe porqué (que por algo es una novela de intriga) y todo porque hay una casa abandonada en un bosque, que es una cosa nunca vista antes, donde los malos eran todavía peores cuando se miraban al espejo, como en Poltergeist 3. 

La novela, dentro sus tópicos (violencia, violencia, violencia) y aceptando pulpo como animal de compañía, se desarrolla con la normalidad habitual del universo de los asesinos en serie que creen a pies juntillas en fantasmas hasta que llega un momento, cerca ya del final, en que parece que al autor se harta de la historia o se le ocurre otra mejor y decide echar un cierre precipitado en el que la tensión brilla por su ausencia. 



(Continuará)



lunes, 27 de octubre de 2014

Resumen de Lecturas OCTUBRE 2014 [Versión extendida] [1ª parte]

Por razones que no vienen al caso pero que tienen que ver con las prioridades, de los últimos 25 libros leídos apenas he reseñado cuatro. Cuatro. Que ya hay que ser vago. Porque me conozco y sé que, salvo puntuales excepciones, lo más probable es que no llegue a escriba nunca, voy a dejarme la piel en una suerte de reseñas tan breves que por sí solas no justificarían una entrada en el blog pero que agrupadas le darán cierto contenido en estas horas bajas. Calculo que serán cuatro, los posts; tres, en el mejor de los casos. De modo que casi mejor voy empezando, a ver si nos da tiempo a terminar de aquí al domingo.



Noches blancas de Dostoievski

Dostoievski. Como para que no te guste. Como para decir que no te gusta. Que no es lo mismo, eh. Bueno pues gustar, lo que se dice gustar, mucho no me ha gustado, la verdad, para qué nos vamos a engañar. Pero esto ya lo sabía o lo suponía o lo intuía o algo. Creo, estoy bastante seguro, que Noches Blancas fue lo primero que leí de Dostoievski, hace tantos años que me da bajón pensar en ello. 

Hay una reseña empezada que me da mucha pereza terminar (porque yo para leer saco tiempo pero para escribir ya no tanto) y que empieza tal que así:

«Que dice Frank, Joseph Frank, biógrafo de Dostoievski, que este encantador relato es, junto con El doble, la segunda obra de arte menor que escribió el ruso después de Pobres gentes, su alabado debut.

Bueno, yo puedo entender que uno le vaya cogiendo cariño al biografiado, especialmente si se trata de un alma gentil, pero de ahí a hablar de obra maestra, media un abismo.

Con todo, juzguen ustedes mismos:

La cosa va de un soñadorEl soñador, si es necesario definirlo con más precisión, no es un hombre, sino, si quiere saberlo, un ser de género neutro. Se ubica generalmente en algún rincón inaccesible, como si se escondiera del mundo, y se introduce en él apegándose a su rincón como un caracol, o al menos pareciéndose mucho a ese curioso animal que es casa y animal a la vez, como la tortuga»] que un día se echa a la calle para admirar una noche blanca petersburguesa. Ya saben, la clásica noche blanca petersburguesa. El caso es que este personaje, un tanto melifluo, un tanto infantil, un bastante atormentado, tiene problemillaas serios para relacionarse con el resto de la raza humana y en no sé qué momento de su vida ha decidido que lo suyo es más de frenopático que de taberna irlandesa:

«También conozco las casas. Cuando voy andando, parece que cada una de ellas sale corriendo delante de mí por la calle, me mira con todas sus ventanas faltándole poco para decirme: «¡Hola! ¿Cómo está? ¡Yo también, gracias a Dios estoy bien de salud, y en el mes de mayo me van a añadir una planta más!». O bien: «¿Cómo está? ¡A mí mañana me empiezan a hacer obras!». O incluso: «¡Casi me quemo! ¡Qué susto!», etc. De todas ellas, hay algunas casas por las que tengo predilección y con las que también tengo algo de amistad. Una de ellas está dispuesta a curarse este verano bajo la dirección de un arquitecto. ¡Pasaré por allí a propósito todos los días para ver si le hacen alguna chapuza! ¡Que Dios la ampare».

Esa clase de “soñador”.

El caso es que un día da con una buena mujer y claro, se enamora perdidamente. Cómo no se va a enamorar, si recién sale del cascarón. También es verdad que ella se lo pone fácil:

«He perdido la costumbre de tratar con las mujeres; quiero decir que nunca he tratado con ellas, soy un solitario... Si ni siquiera sé cómo hablarles. He aquí que no sé cómo dirigirme a ellas. Tampoco sé ahora mismo si le habré dicho alguna tontería. Dígamelo directamente; se lo aseguro, no soy de los que se ofenden...
–No, nada, nada, al contrario. Y si usted exige que yo sea sincera, entonces le diré que a las mujeres les gusta este tipo de timidez; y si desea saber algo más, le diré que también a mí me gusta, y no le echaré de mi lado hasta llegar a casa».

Y hasta aquí.



¿Le gusta ser malvado? de Peter Hamm y Thomas Bernhard

De esto hay una reseña. No sé si la han visto. Igual no. La gente no lee las reseñas sobre buenas novelas o sobre cosas que tienen que ver con buenos escritores que no tienen la culpa de un desaguisado equis. Lo sé. Ejemplo, aquí. La gente lee sobre monos con lápiz o sobre lo que hacen los monos cuando encuentran un lápiz o sobre los lápices que tienen la mala suerte de caer en manos de un mono, que para el caso es lo mismo. Podríamos pasar el día haciendo combinaciones. En fin, a quién quiero engañar: yo disfruto con esto más que nadie. Decía que haciendo clic aquí, pueden leer la reseña pero porque ya supongo que lo de hacer clic da pereza, les hago un resumen: Peter Hamm admira a Bernhard. Mucho. Es superfan. El caso es que lo conoce. Ignoro los detalles de su relación. Un día quedan para que Hamm haga preguntas y Bernhard las responda. El resultado es un completo desastre (como ya sabrían, vagos, si hubiesen leído la reseña) que el mismísimo Bernhand (especialmente él) despreciaba tan bernhardianamente: 

«Querido Peter H.: En pocas palabras: todo el texto (¡horriblemente mecanografiado!) de nuestro único (¿y singular?) experimento resulta totalmente inservible y no se debe aprovechar ni una línea de él. Me pongo casi malo al pensar en un libro sobre mi obra; sólo puede resultar otra monstruosidad más… Desde hace años leo únicamente estupideces nauseabundas y no puedo evitar vomitar ante esas fantasías (¿?)».


Todo un personaje.



Washington Square de Henry James

Washington Square es una película maravillosa. También es una novela, cierto, pero ante todo es una gran película. Estoy hablando, para que quede claro, de la versión de William Wyler. Inmediatamente después de verla (estamos hablando de hace media vida, de modo que lo de inmediatamente después tiene algo de relativo) leí el libro que resultó ser asombrosamente fiel a la película. Qué buena, de verdad. 

La historia es absolutamente genial, y, si no genial, estupendísima. La edición de Sexto Piso, que es la que utilicé para esta relectura, no está nada mal. Tiene dibujitos, que es una cosa que siempre se agradece si tienes que hacer un regalo.

La historia, por si les interesa, es una historia de amor en la que el amor brilla por ausencia: chica fea y buen partido no pilla cacho (que ya tienes que ser fea para que no te quieran ni por tu dinero) hasta que un joven guapo inteligente y oportunista ve que esta es la suya y se tira de cabeza total para darse de bruces con el padre de la criatura que, consciente de la fealdad de su insulsa y poco amada hija, trata por todos los medios posibles (incluyendo viaje por Europa a todo tren, que ya quisiera yo ser así de feo) de evitar que la incauta incaute no tanto por ella como por el destino que pueda tener su capital. No hay modo. Ella está tonta perdida, que son muchos años sin mojar, y el chaval plata no pero planta la tiene buena. No les cuento el final para no hacerles llorar y porque seguro que ya la conocen (y si no la conocen, deberían) pero déjenme que les digan que es un final tan de cine, tan de mujer cerrando una puerta y apoyándose en ella… Ya no hay finales como los de antes. Y novelas ni te cuento.


(Continuará)