lunes, 3 de agosto de 2015

Resumen de lecturas JULIO 2015

Por si no se habían dado cuenta, he estado de vacaciones. Y este año ha sido el primero de los últimos cinco en que han sido totales, esto es: no he escrito ni una coma y apenas he leído un libro. Las reseñas publicadas eran cosas que tenían ya sus meses; fondo de armario para emergencias. Respecto a las lecturas, mucho picoteo, nada serio: que si Jones (Owen), que si Zizek, que si tú, que si yo. Ficción, poca: Harper Lee y algo de Guillem López y algo de Jesús Cañadas y algo de Nobokov. El resto del tiempo se lo llevó la arena, las terrazas, las series de televisión… 

Al lío. Empezados y terminados, estos son los libros de julio resumidos en unos comentarios un tanto vagos, un tanto grises, un tanto desvaídos, resultado del tiempo transcurrido, que dónde va ya que los he leído y alguno incluso olvidado:



Los últimos días de Roger Lobus de Oscar Gual

Ya hemos hablado de él. Encontrarán fácilmente la reseña, un poco más abajo, como a principios de julio. Se supone que es una novela que tiene mucho que ver con la muerte o con acercarse a ella pero en el fondo no deja de ser un algo sin pies ni cabeza, una puerta al absurdo con la muerte como excusa: «Fuera de aquí, nada. Una inmensa broma, una novela a la medida de no sé quién, que pretende no sé qué, compuesto por un demasiado numeroso conjunto de variadas (e inconexas, la mayoría de las veces) historias que una vez terminado este tratado filosófico no dan la impresión de formar un todo indisoluble: Terroristas terminales («Enfermos Terminales & Anarquistas» (o ETA)); grupos de Rock alternativos; Kurt Cobain («un gilipollas que se pegó un escopetazo en la cara tras decir os jodo el invento y después me suicido, ahí os quedáis»); esa historia de robots de cartón; Bruce Lee (sí, Bruce Lee, se habla de Bruce Lee, así, porque sí, de su trayectoria y su filmografía); uno llamado Mondongo («La historia de José Francisco Mondongo es una historia de represalias, una historia acerca de la vida y la muerte, una historia de miedo y una historia de suerte y también una historia de mala suerte y, en cualquier caso, una historia increíble») o el mismísimo Roger Lobus («Conocemos a Roger Lobus, conocemos a Víbora, pero quizá sea el momento de conocer al anónimo Lubos Eldritch, a aquel Lubos Eldritch previo a Sierpe, antes de convertirse en criminal y en vendedor de seguros y en alcalde»), por poner sólo algunos ejemplos».



entre culebras y extraños de celso castro

En este blog nos hemos me he confesado muchas veces admirador (entre comillas) del estilo de celso castro. No será con esta novela que cambie de opinión. Sigo creyendo que castro es uno de los narradores más estimulantes de este país. La novela, divertida novela de hipocondría y amor, cuenta la historia de un joven a su manera muy especial (todos los personajes de castro son, a su manera, tan especiales y a la vez tan humanos, tan corrientes, tan molientes, tan deliciosamente insoportables) que se enamora perdidamente de una mujer. Así de sencillo. Así de complicado. Debería escribir reseña. Debería releer la novela. Debería, debería…



Los viernes en Enrico's de Don Carpenter

La sorpresa del mes. No había leído nada de Carpenter (Dura la lluvia que cae sigue siendo, tanto tiempo después, una cuenta eternamente pendiente) y sin embargo ya tiene aquí, en un servidor, un fan incondicional. Carpenter escribe como se tiene que escribir. La literatura es esto o debería serlo. Ojalá fuera esto. 

Novela sobre escritores, buenos, malos, regulares; sus parejas, sus miedos, sus egos. Seres odiosos, odiables, enfermos, reales; diríase incluso que humanos pese a su no sé si oficio o afición. Novela, en definitiva, sobre la necesidad, la adicción y la vanidad y todo sobre un fondo de mucha escritura y muy poca lectura, que es el sello del escritor mediocre.

Altamente recomendable.



Ve y pon un centinela de Harper Lee

Altamente desaconsejable. Hoy no perderemos mucho tiempo con esto ya que debería ser la siguiente reseña (claro que antes hay que escribirla). Continuación de MATAR A UN RUISEÑOR. Tanto que decir… Fundamentalmente decepcionante. Novela innecesaria, prescindible y oportunista. Correctamente escrita, cierto, pero sin alardes. No pasaría de ser una novela del montón (ya saben: mesa en El corte inglés: columna de novelas a 5,95 €) si no fuese por su condición de secuela; si no fuese por ese Atticus o por esa hija, ya ni sombra de lo que fueron; por ese sureño negro sobre blanco siempre tan efectivo atractivo.

Lo dicho. Ya hablaremos.



* * * * * 

Y así acabó este julio terrible y a la vez genial. Necesaria desconexión que me ha devuelto con las pilas cargadas al 120%. Afrontamos, pues, este final del verano con muchas y muy malas intenciones pero también con muchas ganas de leer y muchas ganas de gritar y de matar y hasta de morir. Y estos planes, también: 

A corto plazo:

Pronto será de noche, de Jesús Cañadas (lectura en curso); Challenger, de Guillem Lopez (lectura en curso); La comemadre, de Roque Larraquy; Zumbidos en la cabeza, de Drago Jancar; La facultad de las cosas inútiles, de Yuri Dombrovsi; Risa en la oscuridad, de Nabokov; Siete años, de Peter Stamm; Plataforma, de Houellebecq. Y alguno que me olvido, seguro.

Y más planes, pero allá, a lo lejos, en ese largo plazo que incluye septiembre y puede que octubre:

Pórtate bien, de Noha Cicero; Dogma, de Lars Iyer, Personae, de Sergio de la Pava; La gran novela americana, de Philip Roth; Nido de pesadillas, de Lis Tuttle; Cicatriz, de Sara Mesa; El límite inferior, de Nere Nasabe... y otros 268.

Y todo esto siendo perfectamente consciente de que debería estar ocupando el tiempo con Las Luminarias de Catton o con los Relatos completos de Stevenson o con El ángel que nos mira de Thomas Wolfe o con tantos otros mejores y más seguros, pero allá nosotros y nuestras contradicciones.


sábado, 25 de julio de 2015

‘Las luminosas’ de Lauren Beukes

No debería, porque creo sinceramente que estás cosas no interesan a nadie y porque las razones para hacerlo acumulan más tópicos que las novelas de asesinos en serie, pero les voy a contar, en tres palabritas de nada, las razones que me llevaron a leer esta novela: la opinión ajena. Menuda sorpresa, eh. Ya me imagino. No fueron unos desconocidos (uno tiene que saber de quién se fía y además a nivel global la opinión que se tiene de esta novela tampoco es taaaan buena) sino gente a la que sigue un servidor de ustedes en ese frikiuniverso llamado Goodreads que es como un circo de ratones ocupado por personas que, más anchas que estrechas, regalaron (regalaron, sí) estrellas a raudales a la obra en cuestión. Hasta cinco he contado en algún caso.

Y, bueno, no, para nada. Es decir: PARA NADA.

Cinco estrellas es la máxima puntuación que uno puede darle a una novela. A mi juicio, una estrella es una novela que no me ha gustado o incluso menos que eso; dos, es algo que se puede leer, disfrutar incluso a un nivel muy personal y con serias dudas; tres, definitivamente sí, pero sin alardes; cuatro es algo que no dudaría en recomendar. Para que una novela se lleve cinco estrellas me tiene que haber reventado la cabeza por siete partes diferentes.

Extrapolando esto a la especie humana en genenal me cuesta creer que este novela que hoy nos ocupa le haya fundido a nadie las neuronas, porque esta novela, dentro del entretenimiento que proporciona (un más que digno ***) acumula una buena dosis de tópicos y trampas para infantes que obligan (que, en rigor, me han obligado a mí) a dejar la cosa en un triste **. 

Les cuento todo esto por varias razones: una, porque la novela no da para una reseña como las habituales y de algo hay que hablar; dos, porque me ha llamado la atención la discrepancia en las valoraciones y tres, porque una de las subtramas favoritas de este blog es aquella que tiene tanto que ver con el inflanotismo buenista y subsiguiente daño a la economía doméstica.

Dicho lo cual, hablemos de la novela.


* * * * * * *


Novela de género, para empezar. Novela de asesino en serie, por seguir. Esto es: un señor quiere matar mujeres a puñaladas para saciar la habitual sed de la especie a la que pertenece. No se profundiza mucho en sus razones, más bien se queda la cosa en clásico señor más malo que la tiña y más frío que el acero toledano. Tampoco interesa, no se crean. Quiero decir que no es el tema. El caso es que el buen hombre va matando mujeres y dejando pistas junto a los cuerpos para cerrar no sé qué círculo concéntrico que ha abierto él mismo y también para que le pillen, que si no es por eso no hay modo, que ha dado el cabrón con el crimen perfecto.

Pues bien, un buen día quiere matar a una chica. Digamos, mejor, que un buen día llega el momento de matar una chica (cosas de marcarse objetivos y su cumplimiento a largo plazo): la busca, la encuentra, la apuñala, la destripa, mata a su perro y se va. Problema: la chica desintestinada está vivita y coleando pero él no lo sabe y tardará casi todo el libro en descubrirlo. Y se va a enfadar… lo que se va a enfadar, ya verán. A la muchacha tampoco la conoceremos mucho, será la típica joven aguerrida, inteligente, desenvuelta y vengativa de las novelas de acción de la que se enamorará perdidamente todo el mundo a pesar de que ella sólo tiene ojitos para ese señor algo mayor que, carente también (como casi todos) de personalidad, se enamorará, hasta las trancas, a su vez de ella. Como viene siendo habitual, tardarán en darse de esto cuenta un tercio de novela, otro tercio lo pasarán sin decir nada y ya al final se darán un beso y se harán silenciosas promesas de amor que el lector irá suponiendo por las muestras de afecto. 

La chica, receptiva, y el chico, algo escéptico, querrán cazar a su asesino, irán siguiendo su rastro. Etcétera, etcétera.

Bueno, hasta aquí, seiscientas mil novelas iguales. Pero algo tiene que tener para que tanta gente vaya por ahí diciendo que es una puta maravilla.

Esto es lo que tiene: ¡Viajes en el tiempo! Tachán. Sí , amiguitos, la gran aportación de Beukes al género es que el asesino habita una casa desde la que puede viajar a cualquier parte entre 1931 y 1993 (creo) por razones que no puedo explicar pero que seguro que ustedes solitos deducen a poco que agiten un poco la petaca.

Bueno, nada, eso. Ya está. Imagínense descubrir un rastro de crímenes con el mismo modus operandi (perdón por la jerga) que viene arrastrándose desde tanto tiempo atrás y la sorpresa de encontrar, junto a cuerpos sin vida, objetos que todavía no han sido fabricados. Y no acabar de entenderlo primero y no acabar de creerlo después. Jo.

Se acompaña la narración de las peleas entre unos y otros, los miedos a los encuentros, los encuentros mismos, la madre de ella preocupada, la niña rebelde apartada del caso por exceso de celo, un perro muerto, una escena de sexo, el buen tino a la hora de tirar de hemeroteca, la suerte de conocer a uno que guardaba expedientes con tantas pistas... Y ya me voy a callar lo del plagio final a Robocob (que ya no se puede caer más bajo ni tirándose a un pozo) porque me tengo por una bellísima persona y no es plan, pero si había un final que se veía venir desde Estocolmo, era este. Lástima.

En definitiva, novela entretenida (sin duda) y de buen ritmo pero plagada de lugares comunes (desde los crímenes hasta los personajes) y cuya mejor baza es la de pasear el mal por la avenida del tiempo, lalá, que el malo evite dar explicaciones y se limite a disfrutar de la matanza y que el misterio del caserón, pese a ser el punto fuerte, no sea la excusa para alargar la novela más allá de lo imprescindible. Entretenida, sí, cierto, lo es, pero YA.

martes, 14 de julio de 2015

“Muero por dentro” de Robert Silverberg

Con esta novela dí por finalizada mi aventura veraniega (del año pasado) dedicada a relatos o novelas de ciencia ficción y marcianadas varias. En algún momento había que parar y Muero por dentro (verán ahora que esta introducción no tiene tanto de casual como puede parecer) resultaba perfecta para eso. Razón, aquí:

Muero por dentro tiene de novela de género lo justo, necesario e imprescindible. Ni un gramo más. En ella hay personajes, pocos, -tan pocos como dos- con la habilidad de leer la mente. La de otros, se entiende. Esto es todo. La novela se centra en uno de los personajes que, de un modo desordenado y en apariencia (y sólo en apariencia) aleatorio, nos va contado lo que ha sido su vida, obra y milagros, lo que ha hecho de él el don, cómo han sido sus relaciones con los demás… bueno, nada, la vida de un freak. 

Lejos de narrar arriesgadas secuencias de acción o atracos espectaculares o la creación de una escuela de mutantes, la novela transita por la senda, serena, serenísima, de quien sufre una dolorosa e irritante falta de iniciativa. Es decir, que lo que tiene de bueno y diferente lo tiene también, en puntuales momentos, de tedioso. Me estoy refiriendo tanto a la novela como al protagonista.

No quiero restarle valor porque evidentemente la intención de la novela es exactamente la que resulta ser (y desde ese punto de vista, es impecable) pero lo cortés no quita lo valiente y para contar lo que se cuenta no era necesario dar tantas vueltas. O igual sí.

En un momento de la novela llegamos a unos de esos capítulos absolutamente prescindibles que sólo tienen gracia si te gusta leer, como será el caso puesto que es lo que estamos haciendo. En él el protagonista nos muestra su habitación y aprovecha para hacer un resumen/balance de lo que ha sido su vida como lector (fechas, libros y otras formas de evolucionar). Uno de los libros que destaca es "Seres extraños" (libro que, por lo que he podido comprobar, no existe en nuestro plano de la realidad) que trata sobre los niños prodigio y está lleno de historias sobre supermocosos con poderes extraordinarios. Como él.

En este último libro he subrayado un montón de párrafos, generalmente aquéllos en los que no estaba de acuerdo con el autor. ¿Seres extraños? A pesar del talento que tenían, esos escritores eran los extraños, tratando de imaginar poderes que jamás habían poseído; y yo, que era uno de esos seres, yo, el joven merodeador de mentes (el libro está fechado en 1954), estaba en desacuerdo con ellos. Ponían énfasis en la angustia de ser sobrehumano, olvidándose del éxtasis. Aunque, pensando ahora en la angustia en contraposición con el éxtasis, debo admitir que sabían de qué hablaban. Amigos, ahora ya no estoy tan en desacuerdo con ellos. Éste es el callejón de las ratas, donde los muertos no pueden discutir.

Pues tal cual. La novela, protagonizada por un ser triste, aburrido y cargado de remordimientos por un don que no ha pedido, se centra en analizar con detalle la angustia de ser diferente, preguntándose (y tratando de dar respuesta a) cómo es posible que alguien con la capacidad de conectar con las mentes ajenas no pueda evitar hundirse en el aislamiento y acabar siempre más solo que la una. Lo que vienen siendo las consecuencias de pasar demasiado tiempo en las redes sociales, para que nos entendamos.

El chiste es que el chaval se va a quedar sin ADSL, perdón, sin el poder lector, algo que, en el fondo sabe que lo hará más feliz (que es una enseñanza tan buena como otra cualquiera aunque sin el atractivo de otras tipo “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” o frikada similar).

—Lo estoy perdiendo, eso es todo. Es como el pelo, supongo. Se tiene mucho cuando uno es joven, luego cada vez menos y, finalmente, nada. ¡Al diablo! Nunca me hizo ningún bien.
—No lo dices en serio.
—Dime uno, aunque sólo sea un bien que me haya hecho, Jude.
—Te convirtió en alguien especial, en alguien único. Cuando todo te iba mal, siempre podías recurrir a él y penetrar en las mentes, podías ver lo invisible, te podías acercar al alma de la gente. Un don de Dios.
—Un inútil don, a menos que hubiera entrado en algún circo.
—Te ha convertido en una persona más rica. Más compleja, más interesante. Sin él no hubieras dejado de ser alguien vulgar y corriente.
—Con él resulté ser alguien bastante común. Un don nadie, un cero a la izquierda. Sin él podría haber sido un don nadie feliz, en lugar de un desdichado.
O lo que es lo mismo: ser especial, total para qué.

No ha estado del todo mal. Curiosa y poco más.

* * * * * * * *

Vuelve el verano y con él la ciencia ficción. Se buscan propuestas refrescantes, novedades interesantes, curiosidades.... Si saben de alguna no duden en avisar.