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miércoles, 17 de julio de 2013

“Batman desde la periferia” VVAA (Alpha Decay)

“Batman desde la periferia”, editado por Laura Fernández, Enric Cucurella y Ana S. Pareja lleva el siguiente subtítulo: “Un libro para fanáticos o neófitos”. Cuando dicen fanáticos y cuando dicen neófitos debemos entender que se refieren tanto los expertos como a los que acaban de llegar. Esto está muy bien; mismas condiciones para todos. Además ayuda a vender libros. Ahora bien, de verdad tiene lo justo tirando a poco. Tirando a NADA, más bien. Esto lo digo desde mi posición de no-fanático no-neófito, o lo que es lo mismo, como ex lector de las aventuras del murciélago y como desconfiador no oficial de los productos de la marca Alpha Decay.

El libro de escasas doscientas páginas contiene diez, digamos, ensayos que tratan diversos temas con un denominador común. No me detendré el mismo tiempo en todos porque no todos merecen la misma atención. De hecho algunos no merecen ninguna. En cualquier caso no estará de más prevenir, no vayamos luego a lamentar. 

Slavoj Zizek cierra el recopilatorio con un interesante ensayo en el que echa mano de la última película de Batman para hacer un análisis de la problemática social actual que incluye a los llamados OWS (Occupy Wall Street). Como broche final está francamente bien. La pena es que el resto, todo lo anterior, salvo excepciones, no esté ni remotamente a la altura.

En el primer ensayo, Juan Francisco Ferré trata de demostrar que “Batman y todos esos otros patrióticos y disfrazados luchadores contra el crimen son realmente sociópatas violentos con inclinaciones fascistas además de mesiánicas y una perversa fetichización de los calzones”, que como descubrimiento va un poco pillado. Se hace un repaso ligero de su vida, obra y milagros a través de una serie de archiconocidos comics y las películas que cualquiera con más de veinte años habrá visto un par de veces así como del famoso relato de Barthelme que lamento confesar no he releído para la ocasión. 

Blake Butler (autor de “Nada”, publicado por Alpha Decay), firma un artículo en el que habla de su relación con Batman: “Compré dos ejemplares del cómic simplemente porque sabía que su valor sería en el futuro muy superior al de salida; ni siquiera los leí, muchísimos de los cómics que compré en aquella época no los leí jamás y no los compraba por ningún otro motivo que por una cierta idea de inversión. […] lo único que deseaba era poseer algo de valor creciente, objetos únicos de producción limitada creados para venderse en comercios específicos donde los niños como yo entraban y se gastaban todo su dinero en lugar de hacerlo en mierda deportiva o comida o cualquier otra cosa que les guste comprar a los preadolescentes.” Cuenta más cosas, claro: que tuvo un pijama/disfraz, que le gustan los superhéroes sin superpoderes y otras consideraciones personales que como diario de algo de algo están bien pero como ensayo vuelven a ser un tema más que discutible.

Greg Baldino, crítico de comics conocido en su casa a la hora de comer, defiende la teoría de que lo que realmente hace de Batman un gran personaje son sus villanos. Este asunto es tan poco discutible y da tan poco juego que me niego a perder ni un minuto más con él.

Eloy Fernández Porta, su artículo, al menos, es directamente insoportable. No se me ocurre ni una sola razón para leer esta suerte de análisis del arte que rodea a la figura de Batman, y mucho menos desde la pedante perspectiva del filósofo que confunde verborrea con algo que tiene que ver con el sincero interés de un lector neófito: “El biomorfismo cobra una nueva dimensión cuando se despliega en el tiempo de la secuencia: en esa nueva serialidad que Andrei Molotiu denomina abstract comics, y en la que ve, en una concepción más formalista que la de Fahlstrom, la prolongación, por otros medios, del legado greenbergiano.” Pues esto así durante 6.707 palabras que se acompañan de fotos de figuritas de Batman tras una vitrina de mariposas, reproducciones de Mark Chamberlain o un fotograma de Batman chupándosela a Robin que parece ser poco más o menos lo que obsesiona a casi todos.

Laura Fernández, antologadora del presente volumen, habla de las chicas murciélago. Es la aportación feminista o feminoide del recopilatorio y como tal hay que tratarla. Esto es un poco como lo de meter un negro haciendo de Kingpin en Daredevil: se hace porque se tiene que hacer, para cumplir con los mínimos, r no porque tenga razón de ser. Por aquello de darle continuidad al chiste quisiera poder decir lo mismo de la aportación de Elisa G. McCausland, pero maldito si me acuerdo de qué hablaba más allá de darle otra (o la misma) vuelta de tuerca a las Batgirls y Batwomans. Así de interesante debía ser.

Igual o parecida basura es el ensayo del fallecido Aaron Swartz llamado “Lo que sucede en El Caballero Oscuro”. Y digo basura y digo bien porque eso es exactamente lo que es: un resumen del argumento, diálogos escogidos incluidos. Esto ayuda a dar una idea de lo mal que se puede editar un libro. Es una pena que el muchacho haya muerto tan joven, pero eso no quita para que sólo por eso vayamos ahora a leernos todas sus chorradas. Es importante recordar una cosilla insignificante: uno no siempre se revaloriza cuando se muere. Para que quede claro: Porta, Laura Fernández y este completo desconocido se cargan solitos ellos la antología. Si yo fuese Ferré o Zizek les retiraba la palabra a los editores por juntarme con semejante banda. 

También puedes ser Calvo o Claro (como el anuncio de atún), y que te dé todo igual. Ir a tu puta bola. Javier Calvo, por ejemplo, escribe sobre la etapa de Grant Morrison en Batman que es precisamente la etapa que yo interrumpí cuando dejé de leer comics (una decisión que entonces creía yo temporal). Digamos que como artículo no está mal, resulta interesante sobre todo para quienes, insisto, fuimos lectores de la saga, pero no deja de ser un artículo que no tiene nada que ver con la periferia desde la que se observa a Batman. De hecho, es todo lo contrario: es un artículo que únicamente leerán y disfrutaran aquellos que estén de vuelta y media. 

Claro (Christophe Claro) con quien ya me crucé durante la no-reseña de Nada de Blake Butler que publicó en su momento Diario Kafka, escribe algo que parece un guión para un comic de Batman. Es un texto muy divertido, tanto, que lleva a desear que Claro sea publicado de una puta vez por estos lares. En mi opinión este relato es, junto con el ensayo de Zizek, lo único que vale medianamente la pena.

En resumen: una mierda pinchada en un palo. Para qué vamos a darle más vueltas si yo lo que quiero es irme de vacaciones.

martes, 8 de enero de 2013

Autopsia Crítica: Karnaval contado a los niños

Para combatir el tedio de un viernes por la tarde releo algunas reseñas de Ricardo Senabre, crítico de El Cultural, y compruebo lo que venía sospechando desde hace tiempo: que a Senabre le gusta más que a un tonto un caramelo la prosa límpida, precisa, impecable, flexible, rítmica, digna, correcta. La lectura, por otro lado, le gusta placentera, expectante y profunda. Experimentos, los justos; riesgo cero. Senabre como receta para combatir el insomnio. Hoy me ha dado por hacer de abogado del diablo. 

El siete de diciembre Ricardo Senabre publica la reseña de “Karnaval” de Juan Francisco Ferré, premio Herralde (Anagrama) 2012. Karnaval es un mamotreto de 530 páginas que arranca con el escándalo protagonizado por Strauss-Kahn (el presidente del Fondo Monetario Internacional), hecho que, simplificando hasta la náusea, utiliza Ferré para «transmitir, desde múltiples perspectivas, una visión acre y negativa del mundo –convertido, en efecto, en un grotesco carnaval- y de la esencia del ser humano». Un tema muy de estas fechas tan señaladas. Hasta aquí todo normal. Todo lo normal, al menos, que pueda ser una novela de Ferré y todo lo normal que pueda ser una crítica de Senabre siempre tan tendentes al histrionismo unas y tan rayanas en la complacencia otras. Que son estos dos como el agua y el aceite es algo que se ve desde la cara oculta de la luna. 

El tema es el siguiente: Senabre echa en cara el exceso de Ferré: «La densidad intelectual de Karnaval, oscilante entre el ensayo y el ocasional esperpento, convierte el adentramiento en esta obra en una tarea apasionante, aunque sólo apta para lectores expertos». Temazo. A la pregunta ¿expertos en qué?, la respuesta es una incógnita. Porque, exactamente, ¿qué título es necesario tener para leer a Ferré? ¿Hay máster en literatura ferrética? ¿Es inútil un título en ciencias o acaso, tal como ocurre leyendo a otros, esto supone una ventaja añadida? ¿Qué clase de cargas de profundidad ideológicas son esas que tanto espantan al crí(p)tico Senabre? ¿Qué fuma, Senabre, mientras lee este tipo de novelas? En mi opinión, y ya que no me lo preguntan, uno se puede aburrir (o no) a ratos (o no) mortalmente con Ferré, pero de ahí a no entenderlo hay como seis pasos intermedios. Descartado esto vuelvo a preguntar, ¿a qué se refiere exactamente Senabre cuando habla de lectores expertos? Y lo que es más importante: ¿ponen pinchos en la ceremonia de graduación?

En el mismo párrafo, el crítico amplia esta información: «Aún conservando esos componentes reflexivos que dominan sobre los más convencionalmente novelescos y que constituyen una especie de marca de la casa, haría bien el autor, que se muestra extraordinariamente dotado para la escritura, en podar la frondosidad de su discurso, a menudo innecesariamente prolijo, con la seguridad de que los resultados no sería menos eficaces; y encontraría, sin duda, más lectores dispuestos a dejarse arrebatar por el vendaval de ideas y figuraciones que invade sus páginas, a disfrutar, pues, de su buena literatura, que no debe ser un paraíso cerrado para muchos». Es decir, que si Ferré escribiese pensando en los niños sin duda vendería más porque en la falta de esfuerzo (del lector) está la recompensa (del escritor y, por extensión, del propio editor). 

Sobre este asunto de la frondosidad (y patatín y patatán) Ferré tiene algo que decir, siendo algo una forma delicada de darle una patada en boca al crítico. En una entrevista que se publica el día 19 en El Confidencial, Ferré responde a un pregunta bastante directa del entrevistador, Herto Barnés, acerca de los reproches que se hacen a lo desmesurado de su estilo: «[…] reprochar el exceso es sorprendente cuando habría que criticar el defecto, que es lo que se ha establecido como norma de escritura y que detesto: la frase corta, simplona, una frase que podría aparecer en un telediario sin que sorprendiese a nadie. […] Si hay algo que me gusta de la novela es el modo en que expreso cosas que la gente piensa que alguien debería decir, tanto en cuestiones políticas como sexuales o reflexiones sobre la edad. Pero que hay que decirlas con un cierto lenguaje, no tendiendo a la banalidad, sino a lo complejo». Que, bueno… está por ver si despreciar lo breve por breve es muy diferente a hacer lo propio con la desmesura. Resumiendo: que a uno le gustan largas y desarrolladas y el otro las prefiere cortas, flexibles, rítmicas y profundas. Céntrense: hablamos de la prosa. 

Voy a hacer como que no estoy leyendo Karnaval y me voy a preguntar, así a lo tonto, hasta qué punto la recomendación de Senabre de pedirle a Ferré que recorte aquí y allí para hacer de su novela un páramo menos… árido, digamos, no atenta contra todo lo que tiene la literatura de artístico por no hablar de aquello que cabe esperar de un crítico. Entiendo que desde El Cultural la visión del mundo es más comercial que profesional y todo ha de pasar por el filtro del amor, la bondad, las frases cortas y las ideas globales pero de ahí a minusvalorar la inteligencia del lector no experto en no sabemos qué -y a menospreciar al escritor porque escribe frondoso- media un abismo que algunos saltan con la ligereza asombrosa. 


UNA HUMILDE PROPUESTA 

Del mismo modo que Swift recomendó en su momento comerse a los niños irlandeses como una solución eficaz al problema de la mendicidad, tal vez convendría aplicar algún sistema radical de corte similar al ámbito literario para evitar disgustos del tipo que acabamos de ver. Mi propuesta, pues, consiste en lo siguiente: incluir en la contraportada de los libros mensajes de advertencia similares a los que figuran en las cajetillas de tabaco pero que prevengan, no de los daños que el libro pueda ocasionar a la salud mental, sino de los requisitos mínimos que se deben cumplir para afrontar la lectura de según qué libros. Se acompañaría, por supuesto, de imágenes de cerebros tumefactos, ojos ensangrentados y muñones gangrenados, que serían el resultado de no hacer caso de la advertencia. Esto haría algo más que garantizar buenas críticas (más buenas críticas, quiero decir) puesto que también serviría que dar al escritor la seguridad de llegar a sus lectores ideales, sean estos de ideología fascista, por ejemplo, o titulados en Historia del Arte o a los devotos amantes de la contabilidad analítica, que también los hay. 

Imaginen el abanico de infinitas posibilidades que se abriría con esto. Se me ponen los pelos como escarpias sólo de pensarlo. Ejemplos: podrían concederse premios según múltiples categorías (mejor 10.000 que 500) gracias a esa puerta abierta a la adaptación de novelas duras, extensas, profundas, intensas, barrocas, impopulares pero en cualquier caso susceptibles de despertar interés. Algo parecido a aquello que se hacía con aquellos tomos de Novelas Ejemplares que incluían a todo color las mejores novelas de todos los tiempos en apenas cincuenta páginas y dos bocadillos por viñeta. 

Al gremio de los traductores habría que sumar el de los adaptadores. De este modo, Karnaval, previa adaptación, podría ser llevada a diferentes secciones de las librerías en el formato más adecuado. El resultado sería algo parecido a esos libros que adaptan la Biblia a los niños. Así tendríamos Karnaval para prepubescentes, Karnaval para hipsters, Disney Karnaval, Karnaval para amas de casa, Karnaval para tiernos infantes, Karnaval para marxistas, Karnaval para intereconomistas, Karnaval para críticos haraganes y un largo etcétera, merchansdising incluido.


miércoles, 16 de mayo de 2012

Una de arena (Catálogo de buenas lecturas)

En los comentarios de un post anterior me hicieron la siguiente pregunta: "¿Serías capaz de nombrar tres BUENAS novelas de tres escritores españoles menores de cincuenta años?" A quién me lo planteó le di una respuesta que por falta de tiempo quedó a medias, algo que trataré de enmendar en un minuto. Antes de empezar quisiera aclarar no leo tanta narrativa española ni desde hace tanto tiempo como para dar con semejante lotería. En los dos últimos años han sido unos cien [libros] muchos de los cuales parecen haber sido elegidos directamente con el culo y de ahí la media tan baja: Mora, Bonilla, Barba, (Miki) Otero, (Pablo) Muñoz, Sabadú, (Javier) Moreno, (Marc) Pastor, Piña, Albero, Vilas… Bueno, en fin, que me lo he buscado. Tampoco quiero hablar de BUENAS novelas sino de buenas lecturas, esto es, aquello que me siento a leer y leo si esfuerzo o sin cagarme en el escritor cada cinco putos minutos o que simplemente cumple las expectativas que me he creado yo solito. De ahí a que algo sea bueno media, en algunos casos, un abismo. Pero ese es un detalle en el que me niego a entrar.

Tirando de listado, por aquello de certificar que efectivamente, tal como sospechaba, no podía ofrecer tres de tres (de menos de cincuenta tacos, recuerden) me encuentro con que no es así por los pelos. Hay un escritor que lo ha logrado: Antonio Orejudo. De Orejudo me ha gustado todo, lo que menos lo primero (“La nave”) y lo último ("Un momento de descanso"), pero aún así aprueba con nota. Digamos que le da la media. Celso Castro le anda cerca gracias a las geniales "el afinador de habitaciones" y su segunda parte "astillas". (Cuando escribo estas palabras acabo de sacar dos libros más de la biblioteca.) (Cuando escribo estas otras otras los he devuelto sin leer.) El bronce está por ver. Sospecho que no será para Marta Sanz por culpa de que “Animales domésticos” ni fu ni fa aunque con “Black black black”, con todo lo light que es, me reí bastante. A Sanz le pasa lo que a Castro: tengo por leer un tercero que será determinante pero que en su caso, al ser más de lo mismo, supongo que se quedará en simple mención. Me refiero a “Un buen detective no se casa jamás”, recién publicada y que ya tengo metidita en el Kindle para cuando me regale diez o quince días de novela negra. No soy mucho más fan de Marta Sanz de lo que pueda serlo de Alberto Olmos, de quien he disfrutado, con reservas, tres de las cuatro novelas que le he leído ("El estatus", "Trenes hacia Tokio" y "Ejercito Enemigo").  

Viajando al pasado, entre lo mejor de los últimos dos años estaría “Providence” de Juan Francisco Ferré del que me hubiese gustado leer algo más. Lamentablemente su producción anterior está descatalogada y yo ya me he cansado de buscarla. Otra de la novelas que recuerdo con más cariño, por razones que no vienen al caso, fue “Los bosques de Upsala” de Alvaro Colomer, que no sé a qué cojones está esperando para sacar algo más. Nunca le hice reseña y lo merecía; hoy ya es tarde, tendría que volver a leerlo y no estoy por la labor. También quiero incluir aquí a Ernesto Pérez Zúñiga por “El juego del mono” y a Isaac Rosa por la estupenda “El vano ayer”. 

Otros escritores que me parecieron INTERESANTES por diferentes motivos fueron: Pablo Gutiérrez, con la historia de “Nada es crucial” que aun pareciéndome floja, me enganchó (después volvería a intentarlo con “Rosas, restos de alas” pero ya no); Jon Bilbao -un escritor al que siempre digo que volveré y nunca lo hago- por la ya reseñada “Padres, hijos y primates”; Cristina Fallarás por esas novelas tan viscerales, tan cristinafallarás ("Las niñas perdidas", "Últimos días en el puesto del Este") y Javier Calvo (El jardín colgante”). Y puestos a incluir, aunque con la boca pequeña, gracias, seguramente, a que hace demasiado tiempo que los leí: Germán Sierra (“Inténtelo con otras palabras”) o Mercedes Cebrián (por “La nueva taxidermia” y eso a pesar de que la segunda nouvelle de las dos que incluye tiene demasiada pinta de ser un plagio descarado de Residuos de Tom McCarthy). No quiero dejar de mencionar a Victor Balcells Matas, Marina Perezagua, quizá Pilar Adón (a quienes castigo por ser escritores de relatos) y, si me apuran, Fernando San Basilio

Mención especial fuera de concurso para dos de las novelas más divertidas que he leído este año: la segunda (atendiendo al orden de lectura) es "Una comedia canalla" de Iván Repila y tendrá su propia reseña en unos días. La primera la leí hace unos meses. Está escrita por un completo desconocido para todos aquellos que no acostumbren a pasarse por los comentarios de este blog. Su nombre: Quique; el de su novela: "El empujoncito". Se la recomendaría pero está inédita y no serviría de mucho. 

Esto es todo. Seguro que me dejo alguno o estoy siendo injusto con muchos o me he pasado de buenismo con algún otro, pero me he jurado un post corto, que no llegue a las mil palabras y bueno, no sé... por ahí andará. Seguramente la lista fuese muy diferente si hubiese podido elegir entre escritores no españoles que escriban en castellano o nacionales de cualquier edad pero la pregunta que da origen al post no la formulé yo y esto es lo que ha salido, que bastante me parece ya.


viernes, 11 de marzo de 2011

"Celacanto", de Jimina Sabadú




Los premios literarios. 

No sé si existe algún estudio del que podamos extraer el dato exacto de la cantidad de premios literarios que se entregan anualmente en España pero seguro que son demasiados. Yo no soy mucho de premios, la verdad, quizá por aquello de la desconfianza hacia todo lo que tenga que ver con este mundillo, pero en ocasiones me gusta dejarme llevar por la marea y me atrevo con algunos que, sospecho, no me van a defraudar. El último que leí fue “Tres ataúdes blancos” de Antonio Ungar, ganador del Anagrama de Narrativa 2010, movido por el entusiasmo del anterior ganador y, quizá por eso, demasiado confiado. La primera en la boca. El libro de Ungar está muy bien, se lee con gusto, es entretenido, pero nada más. Quizá sí fuese lo mejor de 2010, no lo sé, no los he leído todos. Si efectivamente lo era (el mejor), mal asunto; y si no, peor. 



“Celacanto” de Jimina Sabadú, XVI Premio Lengua de Trapo de Novela  

La última vez que leí un libro exclusivamente por ser ganador de un premio fue ayer. Es, obviamente, el que da nombre a esta entrada: “Celacanto” de Jimina Sabadú. Con éste me pasa lo mismo que con el de Antonio Ungar, pienso que si esto es lo mejor del año tenemos un problema y si no lo es tenemos otro mucho mayor. También es cierto que no tengo ni idea de los criterios a los que atienden los miembros del jurado (1). Ya supongo que consenso no debe haber cuando uno de ellos, Alberto Olmos, asegura en el Wikilit de Quimera que ha sido dos veces jurado del premio Lengua de Trapo y nunca ha ganado la novela que le gustaba. Quizá basta con la mayoría (tres de cinco en este caso) o que sea una escritora conocida de alguno de ellos o simplemente que tenga un buen culo. No lo sé. Lo que sí sé es que no se puede dar un premio de la categoría del que le supongo (suponía) a Lengua de Trapo a una novela como la de Jimina, que deja bastante que desear. 

Puede que yo tenga un problema, no lo sé; probablemente sí, pero el libro de Jimina es confuso a más no poder. Las primeras cincuenta páginas son una prueba de voluntad: uno las lee porque espera que en algún momento entre el principio y el final entienda algo o que, sencillamente, esa confusión de personajes y lugares permanentemente mal definidos y directamente no desarrollados (más allá de los nombres y sus puestos en una estructura que tampoco está clara) tenga que ver con alguna sorpresa final que reconfigure la novela y obligue a un entusiasmado lector a empezarla nuevamente o a echar, como poco, la vista atrás, comprobar estupefacto que la autora ha construido un mecanismo perfecto y correr inmediatamente a la librería a comprarse todo lo publicado hasta la fecha de esta buena mujer, si lo tuviera, que no lo sé porque no recuerdo lo que dice la solapa sobre su vida, obra y milagros y me apetece entre poco y nada investigar en la web de la editorial cuando además esta información carece de todo interés en este entrada en particular. 



Una aclaración que nadie me ha pedido 

La razón por la que estoy ahora comentando una novela que no me ha gustado (en lugar de callarme la boca y dejar que la vida siga su curso, arriesgándome a coger una fama que no deseo –me refiero a ser el malo de la película- porque para nada se corresponden con la realidad, ya se pueden imaginar) no es tanto una demostración de honestidad como el deseo incontenible de incidir en algo de lo que ya me quejé en una entrada anterior: que la historia que se narra debe estar siempre por encima de la prosa (y que esto lo diga yo, que adoro los artificios sintácticos, es mucho decir). “Celacanto” como ejercicio, está muy bien; como novela, no, pero como premio literario es sencillamente (y disculpen) indecente. Yo, como Bolmangani, estoy por darme de baja de todo este circo y pasarme a los clásicos de toda la vida, con o sin premios, a aquellos que cuando escriben, arriesgan y no se conforman con vehículos de entretenimiento de prosas más o menos afectadas. 



(1) En este caso compuesto por Alberto Olmos, Ramón Pernas y Patricio Pron, la periodista Laura Revuelta y el editor Fernando Varela.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Vehículos Promocionales Ibrahim B.: "Fight Blog"


Ese chico de la foto (que aparenta veinte años y lleva la misma chaqueta vaquera que llevaban los chicos de veinte años hace -adivinen- veinte años) es Antonio J. Rodríguez, más conocido como Ibrahim B. (esta tontería mía del paréntesis anterior vendría a demostrar, no que el tiempo no pase por él, sino que simplemente el tiempo no pasa). A pesar de ser crítico literario y escritor nuestro pequeñín está resultando ser también, y contra todo pronóstico, un ser vivo de una clarividencia pasmosa y pasmante al erigirse cabeza pensante del blog llamado Fight Blog. Y ahora les explico los motivos, todos espurios y salpicados de dobles intenciones. 

Las instrucciones de uso del Fight Blog (lo mejor es el nombre) están aquí y aquí pero como ya sé que no les gusta mucho leer les voy a hacer yo un resumen: se trata de que el ya mencionado creador ponga una fotografía de algún miembro de no sé qué poco selecto grupo (esto estará, supongo, por definir, pero puesto que se habla del “autor” ya lo supongo literario y por lo tanto, inmundo) como entrada del blog. La fotografía irá acompañada no sólo de una autorización sino de un manifiesto interés del homenajeado para ser “objeto de”. Esto abre un abanico con tantas posibilidades que aturde. Para empezar ejemplifica perfectamente el dicho popular “que hablen de uno aunque sea bien”, lo cual es útil siempre, pero especialmente con fines promocionales. Veamos algunos supuestos: 

  • Primer supuesto: cuando un escritor publique libro nuevo. Imaginemos a Antonio Orejudo, por ejemplo. Su “Momento de descanso” sería un vehículo genial para ese afán marionetista que tiene el escritor. Podría fingir ser seis mil anónimos y elogiarse de trescientas formas diferentes. Podría diseñar incluso sencillas coreografías con los avatares. Y quien dice Orejudo dice Vicente Luis Mora, que está en pleno proceso creativo y llegado el momento necesitará hacerse notar. (Ibra, le haces de mi parte una preinscripción para el 2012 y lo cargas en mi cuenta). 
  • Segundo supuesto: cuando un traductor publique nuevo trabajo. Para muestra un botón: Julio Fuertes. ¿Quién había oído hablar de Julio Fuertes? Yo, hasta ahora, no. Pero ya no se me olvida, ya verán. Y ahora fíjense en la casualidad: Julio Fuertes es el traductor de un libro que se llama “Richard Yates”, escrito por un tal Tao Lin que (redoble de tambor) Ibrahim ha comentado en “Quimera”, mi revista cómica favorita. Edita: Alpha Decay, que también editó el librito (que todavía tengo por leer) de Ibrahim, uno llamado “Exhumación”, tan pequeño que cabe en el bolsillo de un playmobil. Que el mundo era un pañuelo ya lo sabíamos todos, pero que el pañuelo era tan pequeño, seguro que no. 
  • Tercer supuesto: blogs. Yo mismo se lo he sugerido a Ibrahim aunque sospecho que la idea ya la tenía. Ya no somos niños (yo, por ejemplo, tengo un montón de años) y si queremos alcanzar la fama deberíamos ir dándonos prisa no se nos vaya a pasar el arroz. De ahí a la publicidad y a los millones no hay nada. Un retiro en condiciones, viviendo de rentas del pasado, todas gracias al buen Ibrahim, al que dios conserve el entendimiento. 
  • Cuarto supuesto: editoriales, distribuidoras, objetos de deseo, etcétera. 

Y ya que hablamos de publicidad.... Hasta que Ibrahim mencionó lo de incluir Google Adsense veía en la propuesta cierta innovación. Ahora, por muy cargado de buenas intenciones que esté (o precisamente por ellas), este pequeño circo puede parecer un poco “maratón solidario” con famosos prestos al ridículo incluidos. Mi propuesta para evitar el desastre es la siguiente: que nos dejemos de tonterías y causas nobles y hagamos un favor a quien realmente lo merece: que nos gastemos lo recaudado a final de año en comprarle cuarenta ediciones del nuevo libro de ensayos al pobrecito Juan Francisco Ferré (“Mimesis y simulacros”) que no tiene ni para el photoshop y se ha tenido que dibujar la portada con plastidecor. 


Bueno, bromas aparte, quiero dejar con esta entrada constancia de mi entusiasmo (espero "contagioso") por la propuesta de Ibrahim y su Fight Blog (¿ya les he dicho lo mucho que me gusta el nombre?) que independientemente de sus posibilidades como medio de promoción literaria y partidista (o no) me parece una idea absolutamente genial que puede ofrecernos infinitas horas de diversión de aquí en adelante y durante lo que dure el futuro tan incierto que se nos echa encima.


(Esto acabaría genial si ahora todos ustedes aplaudiesen como locos y corriesen al blog en cuestión a llenarlo de chispeantes comentarios anónimos o no, como ustedes vean).

viernes, 25 de febrero de 2011

Franquicia Jordi Corominas, dígame...



—Franquicias Blogliterarias, ¿en qué puedo ayudarle? 

—Buenos días, he visto su anuncio en el periódico y estaba interesado en contratar una franquicia Jordi Corominas pero antes quisiera más información. 

—¿Está al corriente de las condiciones? 

—Más o menos. El anuncio asegura que a cambio de un módico precio puedo alcanzar rápida y fácilmente la fama. 

—Bueno, yo diría que las conoce menos que más. Rápidamente sí, fácilmente dependerá de sus aptitudes como escritor. El de Jordi Corominas, me ha dicho, ¿verdad? 

—Sí. 

—Atienda, porque no acostumbramos a repetir las cosas: por 25 euros al mes, IVA incluido, podrá usted gozar de derechos limitados de publicación en el blog de Jordi Corominas. Tendrá derecho a publicar una entrada semanal a cambio del 10% del total de los ingresos derivados de la publicidad generados desde esa entrada. A cambio se comprometerá a escribir posts con contenido y no simples microrrelatos, hacia los que el autor siente una particular animadversión. Transcurridos diez años, y siempre y cuando los ingresos generados por sus entradas hayan superado el valor resultado de la aplicación de una fórmula cuyo desarrollo no puede ser explicado vía email, alcanzará usted la independencia: Jordi Corominas personalmente apadrinará su nuevo blog, lo enlazará desde el suyo y se comprometerá a poner un comentario en un mínimo de 1 de cada 10 entradas durante el periodo nunca inferior a un año. 

—¿Y después? 

—Será asunto de ustedes. 

—¡¡¿Podré hablar personalmente con él?!!! 

—No. Madure, coño! Estaba bromeando. Al cabo de ese año se quedará usted completamente solo

—¿Y cómo dice que es esa fórmula matemática? Es que yo soy de letras. 

—Ya se lo he dicho: se la enviaremos por email junto con el resto de las condiciones del contrato al finalizar esta conversación. Ya tendrá tiempo de estudiarla. Haga el favor de no interrumpirme. 

—Perdón. Sólo una pregunta: quisiera saber si habría alguna forma de reducir la condena, quiero decir, ¿no podrían ser menos de diez años? 

—En caso de acuerdo entre ambas partes se podría plantear un cambio en la modalidad de contrato una vez transcurridos cinco años, nunca antes, y pasar a tutelar un blog homenaje a Jordi Corominas. Un término que se conocerá como “Filial Innominal”. 

—Eso no lo entiendo. 


—Vale. No me interesa. 

—Bien. No interrumpa. 

—Perdón. 

—El resto de las cláusulas, tal como acabo de explicarle, serán detalladas a través de un email, pero como a pesar de sus continuas interrupciones vamos bien de tiempo, puedo adelantarle tres condiciones especialmente importantes. Primera: se trata de un blog literario, por lo tanto nada de hablar de cine, cocina, bricolaje, programas de televisión, motor o tecnología por mucho que aquéllas traten el asunto literario. Sus problemas personales nos importan un carajo, por lo que tampoco toleraremos entradas del tipo “La ley Sinde me hará ganar dinero” o “No tengo ni puta idea de lo que pasa en Egipto”. En cualquier caso somos flexibles y si lo desea puede contratar pequeños espacios en el blog de Alberto Olmos en la modalidad PPP o Pay Per Post. Sus gustos musicales tampoco nos interesan: por mucha letra que tengan las canciones no se consideran literatura. 

—Pero si en su blog habla de los Beatles… 

—Esa división es la excepción que confirma la regla. Está abierta a petición del propio escritor y es fruto de una debilidad. De momento no esperan ampliar la plantilla. Si me vuelve a interrumpir le colgaré el teléfono. 

—¿No está siendo usted un tanto borde, señorita? Quizá no esté teniendo un buen día, pero eso no debería… 

—Se equivoca. Estoy tendiendo un día cojonudo. Un día de putísima madre. Así de bueno. Tan bueno que he vendido a doce tontos del culo siete franquicias de Lector Mal-herido, cuatro de Todo lo que debe saber para acabar con la cultura y una de Soy un genio y tú no. Quizá de ahí el tono. No lo siento. Acéptelo. La vida es una mierda pero no la hemos inventado nosotros: esto es un negocio: aquí no gestionamos blogs filosóficos. 

—Disculpe. No volveré a interrumpir. 

—Me parece bien. Así vivirá mucho más. Segunda Condición Especial: las entradas no podrán tener menos de 2.000 palabras ni dedicar más de una tercera parte a detallar el contexto histórico de la novela y/o ensayo. Esto no es El placer de la lectura, recuérdelo. ¿Me va siguiendo? 

—De cerca. Ha dicho que eran tres condiciones. 

—Correcto. Tercera Condición Especial, exclusiva de Jordi Corominas' Blogs: el tono debe ser educado y formal. Imagine que es usted de buena familia, un tipo listo y resuelto y no un pobre miserable incapaz de escribir un relato y no digamos una novela. Imagine que no fuma y sabe beber con moderación y que tiene un montón de amigos en todas partes de España que estarían dispuestos a meterlo en sus casa y en sus camas y a dejarle llevar a sus hijas al colegio. Imagine que todos le aman y le leen y que para ellos su blog es el Sancta Sanctórum de la literatura. Cuando se lo haya imaginado empiece a escribir. Antes no. Nunca. Ni se le ocurra. Aquí no se pueden escribir chorradas: eso podría ser en el El rincón de Alvy Singer, pero ahora anda de gira y está como Ausente. ¿Había pensado algún tono en particular? ¿Un estilo especial? ¿Viene con ideas frescas o sólo quiere ponerse en forma y teclear un ratito? 

—Había pensado en analizar en profundidad lo literario desde lo no-literario. O algo así. Algo de crítica literaria sin tener que leer demasiado. Y si me regalasen libros ya sería la leche. 

—Eso se lleva desde Bolmangani Inc.. Son otra franquicia: ¿no ha visto su diseño? Ellos gestionan sus propios asuntos. Pero espere unos días: estamos preparando una OPA hostil que dejará el panorama actual más acojonado que si el blog de Jordi Carrión se pusiera a contar chistes. No lo va a reconocer ni su padre. Quizá entonces podamos llegar a un acuerdo. ¿Alguna otra idea genial? 

—Bueno, ¿y algo artístico, tipo Luna Miguel

—¿Tiene cámara de fotos? 

—No. 

—¿Chaqueta vaquera sin mangas? ¿Pulseras con tachuelas ensangrentadas? 

—No. No. 

—¿Pensamiento fugaces? 

—Ni uno. 

—Pues no puede. ¿Le interesa la poesía? 

—No mucho, la verdad. ¿Lo dice por la loopoesía, verdad? Es que no la sigo mucho. La verdad es que a mí la poesía no me gusta nada. 

—Qué sensible. Estoy a nada de enamorarme. Joder que asquito me está dando su persona. No, imbécil: lo digo por lo que dice usted: “Quizá algo artístico, tipo Luna Miguel”. Pensé que se que refería al amor y sus versos como dardos envenenados, ya sabe, toda esa mierda de la lírica desatada con autorretrato de fondo. Por un momento me hizo sentir mujer. Ah. 

—Pues no, era sólo una idea. Como a veces tiene textos tan breves y tantos seguidores…. 

—¿Quién? 


—Joder, qué pesado. También Café de Madison, pero se necesitan un montón de amigos para mantener la fachada. ¿Los tiene usted? 

—Está mi madre. Y podría convencer a unas primas. También mi mujer. Y en diez años mi hija. 

—Bravo. Definitivamente me he enamorado. 

—El estilo Café de Madison suena genial, bien mirado. Podría hasta escribir cartas. 

—El blog de Jordi Corominas no escribe cartas. Demasiado artístico. Al señor Corominas lo que le gusta es la ensayística y sus variantes. La prosa de pocas elipsis. Para experimentar tenemos la división del verso. 

—¿Y no cree que podría encajar? 

—¿No ha dicho que no le gusta la poesía? Deje ya joder con tanta inseguridad. Sea un poco hombre, por el amor de dios. Porque se me hace tarde y me está empezando a dar pena le echaré un cabo: si le interesa la opción de Café de Madison le puedo hacer precio en su blog: entradas de menos de doscientas palabras con nueve comentarios garantizados: tres “qué recuerdos me trae esto”, dos “qué hermoso, Madison”, un “Cariño, mucho bicos y una aperta” de una gallega nativa y tres “Madi me dejas sin palabras. Ven a cenar a casa cuando quieras”. 

—Está bien, por el tamaño y eso, que es ideal, pero me hacía ilusión el blog de Jordi Corominas. Tiene un diseño como más profesional. Y mi mujer dice que le gusta más. 

—Su vida me provoca una arcada tras otra. Déjelo. A la franquicia Jordi Corominas no se viene con ganas de escribir poco: se viene con ganas de escribir sin parar. Todo el puto día y en sesenta frentes diferentes: Revista de letras, suplementos culturales, blogs de amigos. Hágase cargo: cubrimos el 53% del espacio literario español y pensamos abrir sucursales en Latinoamérica. Si busca algo intermedio entre el estilo Luna Miguel o Café de Madison y el Jordi Corominas pero con vistas al ensayo lo mejor que le podemos ofrecer es un espacio en el blog de Ibrahim B., pero le advertimos desde ya que si una sola vez se le entiende se cancelará ipso facto el contrato y nos deberá un montón de dinero. 

—¿No se me puede entender nada? 

—Nada. Ni una puta palabra. Ya nos ocupamos nosotros de que los seguidores le den la razón y sepan dramatizar por escrito un asentimiento. 

—Y entradas cortas, dice. 

—Cortísimas. Como monosílabos. Era un chiste. No, medianas. Somos flexibles. Dependería del tamaño de los libros, pero ya le digo que tienen que ser muy eruditas, que parezcan de pago. 

—Suena genial, pero definitivamente me quedo con Jordi. Me permitiría explayarme en caso de ser necesitarlo. 

—Está usted pidiendo a gritos una patada en la boca. ¿Quiere explayarse y que no se le entienda una puta palabra? ¿Quiere parecer realmente profesional? Entonces, Vicente Luis Mora. Además está sensacional de precio porque desde que se ha puesto a escribir un nuevo libro se tiene que leer los muros de los 2025 seguidores que cree que se lo comprarán. Necesita ampliar la plantilla. Además se rumorea que dejará la crítica pura a favor del chascarrillo en facebook. Está tan ocupado que le puedo colar sin examen de acceso. 

—¿Examen de acceso? 

—Clausula 73b. Ya la leerá. 

—Vale, pero, ¿Vicente no es también un poco poeta? 

—Me está levantando dolor de muelas tanta tontería. Sí, es un poco poeta. Joder. De acuerdo, le puedo ofrecer algo mejor que el Vicente Luis Mora, por sólo dos euros más, pero ya rondamos los 43, avisado queda: erudición, entradas largas, muchas visitas y pocas lecturas. Le garantizamos impunidad absoluta. Puede usted cagarse en los muertos del mismísimo Herralde, que a partir de la línea 22 no se va a enterar ni dios. Por un euro más puede incluso poner fotos de cuadros con primeros planos de órganos reproductores o mujeres semidesnudas de pechos grandes en vestidos de satén amarillo. 

—Brutal. ¿Qué blog es ese? 

La vuelta al mundo de Ferré. El único requisito es tener nociones básicas de filosofía y ser capaz de citar seis ensayos editados por Anagrama en cada entrada. Textos infinitos incluso en varias partes y listas de lo que quiera: cine, radio y televisión. ¿Cómo anda de idiomas? 

—Fatal. Castellano y gallego hablado siempre que cierre el acento y no se me entienda porque no es normativo. Algo de inglés. Lo que se me pega de las series. Mucha jerga CSI. 

—Pues entonces, no. Al final va a tener usted razón. Corominas es lo mejor. Pero no lo veo a usted muy despierto. Va a tener que ponerse las pilas. ¿Tiene experiencia en el campo? ¿Algún blog en su pasado reciente? 

—La medicina de Tongoy. 

—Cretino. Ya me lo parecía. Podía haberlo dicho antes y no hacerme perder el tiempo. 

Clic. 

lunes, 16 de agosto de 2010

FosterWalización de Providence






EXTRACTOS DE LAS HOJAS 25, 87, 148 y 149 DE LOS ARCHIVOS PRIVADOS Y SUPERSECRETOS, LACRADOS A LA ANTIGUA Y CON PRECINTO DE GARANTIA, DE GLOBAL INTERVIEW & CO. QUE FUERON RESCATADOS DE UN CONTENEDOR DE BASURA EN LAS AFUERAS DE PROVIDENCE



CRITICA SIMPLE. NIVEL 01. GRUPO DE ENSAYO 45: ENTREVISTAS CON SUJETOS CLASE B: AQUELLOS QUE HAN LEIDO LA NOVELA Y NO LES HA GUSTADO. Y ADEMÁS LES HA COSTADO TERMINARLA, QUIZÁ PORQUE LO HICIERON OBLIGADOS O BAJO COACCIÓN (de esto el entrevistador no se llega a enterar nunca, pero supone positivamente que tiene que ser algo así o de otro modo no se entiende).

Alex Franco es un director de cine a la vez que capullo integral que acepta una mierda de trabajo en Estados Unidos a cambio de follarse a una vieja. O algo así. Luego al tío se le va la olla de tanto follar y cree que se lo van a comer los tiburones. Al final no entendí nada, no sé si lo abducen los extraterrestres o una movida así. Pero vamos, que si alguien busca una cosa fácil para leer en la playa que mire en otro departamento.



CRITICA SIMPLE. NIVEL 02.GRUPO DE ENSAYO 32: ENTREVISTAS CON SUJETOS CLASE C CON TENDENCIA A LA INDEFINICION: AQUELLOS QUE HAN LEIDO LA NOVELA Y NO SABEN SI LES HA GUSTADO O NO O NO SE ATREVEN A DECIRLO.

Tiene algo, eso no se puede negar pero no sabría decir qué. He buscado referencias y críticas de otros… Sí, ya sé que no se podía pero encontré una navegando por Internet y una cosa llevo a la otra y ya sabe que Internet tiene el don de la perturbación y uno acaba entrando donde no quiere como en páginas porno y al final me doy cuenta de que nadie tiene ni idea de qué va o quizá no lo quieren decir, no lo sé, pero lo que sí sé es que se lee unas veces con más facilidad que otras y que hay partes más interesantes y partes más aburridas pero si me pide una valoración global no se la puedo dar porque tengo que pensarlo más, no puede esperar que en sólo una semana tenga la cosa madurada, que hablamos de un libro enorme que cuenta muchas cosas […] Me da igual que necesite una respuesta, yo necesito más tiempo y si soy el objeto de estudio debería tratarme mejor y no mirarme así, que parece mi terapeuta, coño.



CRITICA SIMPLE. NIVEL 01. GRUPO DE ENSAYO 12: ENTREVISTAS CON SUJETOS DE CLASE O DE OBSESIVOS COMPULSIVOS O SIMPLEMENTE SALIDOS.

¡Me metí en libro, tía, lo juro por dios! No me había pasado nunca. Fue empezarlo y sentirme el protagonista, ya sabes, como los videojuegos, ¡como el puto Providence! ¡El supermegajuego! ¿Te imaginas algo así? Sería como jugar a los putos SIMS en realidad virtual. La hostia, seguro. Pues a mí me pasó lo mismo. Yo era Alex Franco, tía, y no veas qué pasada. Al llegar al segundo nivel lo empecé a entender, tenía que emplearme más a fondo y lo hice, tía, me da palo decirlo pero lo hice. ¡¡¡Me hice seis pajas con los polvos del Franco!!! ¡¡Seis!! Pero quería sentirme igual, TENIA que sentirme igual, vivirlo como el cabronazo ese. Qué salidos los providencianos, ¿eh? ¿A que sí? […] No, el final no lo pillé de todo pero sí que molaría estar en el ascensor ese, ¿eh?, con las tías esas que deben estar buenísimas. ¡Qué suertudo el prota! ¿Si me gustó el libro? Claro, claro, sobre todo la segunda parte, ya sabes, cuando llega a Providence y…



CRITICA MEDIA. NIVEL 03. GRUPO DE ENSAYO 25: ENTREVISTAS CON SUJETOS DE CLASE A: LOS QUE CREEN HABER DESCUBIERTO ALGO DE VITAL IMPORTANCIA A LA VEZ QUE INCOMPRENSIBLE HASTA EL PUNTO DE OBSESIONARSE Y OLVIDARSE DEL RESTO.

Nadie lo ha visto, estoy seguro. Es demasiado sutil, demasiado vago, demasiado… ¿Me entiendes? Es como… no sé decirte. Lo tuve claro enseguida. Sí, sí, te cuento: los polvos de Franco no son simples polvos, son mucho más que eso, hay algo detrás, como las películas de David Lynch, que tienen mensaje oculto, pues aquí igual. ¿Te has fijado que a medida que avanza la narración las tías van estando cada vez mas buenas y son mejores en la cama y a él le gustan más y hasta juraría que son cada vez más jóvenes…? Bueno, excepto por lo de la última, a ésa me costó pillarla, pero claro, eso es normal visto lo visto con perspectiva […] ¿Y qué me dices del edificio? Un falo, ¿no? […] ¿Y no se lo puedes preguntar al escritor?



CRITICA BAJA. NIVEL 01. GRUPO DE ENSAYO 10: ENTREVISTA CON SUJETO DE CLASE Z: LOS QUE NO LO HAN LEÍDO PERO NO LO ADMITIRÁN JAMÁS Y NO CONTENTOS CON ESO SE PERMITEN EL LUJO DE PRESUMIR (El entrevistador, sintiéndose insultado, no se molesta en corregir el error en que incurre el entrevistado a la hora de citar el nombre el autor).

Es bueno este Ferrero, muy bueno. Sin duda. Se ve que tiene experiencia a la hora de plasmar sus ideas. Es capaz de grandes sutilezas, de contar una cosa escribiendo otra, de incluir en la narración mensajes ocultos, ideas novedosas. Es la nueva novela, no me cabe duda. Veo en todo esto a Pynchon, a Barth, a Delillo, a Dos Passos, grandes referentes, sí, pero que Ferrero ha asimilado perfectamente y ha sabido traducir. ¿Me estás preguntando en serio si sé lo que es Providence? Ya te vale. Cualquier con dos dedos de frente, cualquiera que haya leído la novela sabe la respuesta a tu pregunta, a esa incógnita. Porque eso es lo que es, efectivamente, una incógnita, una gran incógnita, un misterio tras una puerta sin cerradura, sin llave, sin pomo, una misteriosa puerta, sin duda. Ferrero no acaba de decir nunca lo que se espera de él, tal hacía aquel novelista en aquella novela… ¿Cómo se llamaba? Da igual, una de las grandes, como esta, sin duda, como lo será esta. Sin duda. ¿Podemos dar por concluida la entrevista? Es que estoy superliado con la tesis.



CRITICA BAJA. NIVEL 00. GRUPO DE ENSAYO 70: ENTREVISTA CON SUJETO DESCLASIFICADO: DEL QUE NO LO HA LEÍDO, NO LO NIEGA Y ADEMAS SE QUIERE QUEDAR CON EL LIBRO Y EL DINERO.

¡¡Que te jodan, tía!! ¡¡Qué os jodan a todos!! Me queréis hacer leer un puto libro de locos. ¡¡He mirado en internet, coño, y no lo entiende ni dios!! ¡¡Queréis comerme el tarro!![…] ¡Iros a cagar! ¡Ni de coña, tíos! […] Que no, que me lo he gastado […] Pues denúnciame, a mí qué me importa; me declaro insolvente y ya está […] No, no sé dónde está […] Vale, vale, sin violencia, pavos: lo tiene mi madre, pero yo paso de pedírselo que igual me pega una hostia […] Sí, está fuera […] ¿Entonces no me vais a denunciar? […]



CRITICA SIN VALORAR. NIVEL SIN VALORAR. NO ES GRUPO DE ENSAYO. UNO QUE LO HA LEÍDO PORQUE SE LO HA QUITADO A SU HIJO. Y RESULTA QUE LE HA GUSTADO.

Yo no dije que no se lo fuese a devolver; le dije que os preguntase si me lo podía quedar más tiempo porque quería volver a leerlo. No es que no lo haya entendido sino que la idea que tengo en mi cabeza no está del todo madura. Es como una fruta que cae del árbol antes de tiempo. ¿No sería fantástico volverla a su lugar, salvarle la vida? Pues esto es un poco lo mismo: se trata de salvar, no mi vida, sino mis arremolinadas ideas. Creo entender la novela pero al mismo tiempo no quiero hacerlo. Me gusta ver los diferentes matices y me divierte muchísimo ser incapaz de categorizarla en un género literario concreto. ¿Ciencia Ficción? Sí. ¿Drama? Sí. ¿Terror? A veces, sí, también, ¿por qué no? ¿Todo? ¿Nada? Es fantástica la posibilidad que ofrece la trama de ser vista como una alegoría o como un hecho real (dentro de la ficción que es) […] ¿Qué alegoría? Uff, qué pregunta… Quizá la del cambió que ha sufrido América tras el 11-S; lo veo sobre todo al final del nivel 1 o al final del nivel 2. Pero no me gusta decir esto porque no es SÓLO eso. No es justo para la novela limitar tanto su campo de juego, circunscribirla a una idea. Lo que el autor parece querer proponer es un juego: una novela viva que no tenga respuestas puesto que no formula preguntas. Somos nosotros, los lectores, quienes hacemos lo uno y lo otro. Lo grande de Ferré es haber conseguido algo así sin que parezca un galimatías. Bueno, vale, sí lo parece, pero en el fondo sabemos que hay un sentido, una razón de ser para todo. Hagan un ejercicio: lean la novela como una novela: tendrán intriga, sexo, almas en venta, investigadores privados, edificios en llamas…, tendrán todo lo que puedan ustedes esperar de una novela y además la pueden ustedes meter en el género que quieran: incluso el histórico, si me apuran. Y ahora hagan otro ejercicio: vuelvan a leerla, o rememórenla si van pillados de tiempo —o les obligan a devolverla—, convirtiendo en esta ocasión cada personaje y cada acto que realiza en un símbolo de otra cosa que el autor trata de decirnos. ¿Sabens ustedes lo que ocurrirá? Exacto, que van a tener diversión para rato. Van a tener novela para comentar durante eones. Y sinceramente, por el precio que tiene, me parece hasta barato.

Lo siento, no soy muy buena conversadora; eso todo lo que me siento capaz de decirles.

[…]

¿El dinero? Lo siento, pero el cabra de mi hijo lo ha usado para pagarle el aborto a su novia. Tratad de verlo como una inversión, un favor al mundo.



CRITICAS MEDIAS. NIVEL 10. GRUPO DE ENSAYO 16. ENTREVISTAS CON SUJETOS QUE HAN LEIDO LA NOVELA Y A LOS QUE NO SE LES PIDE CRÍTICA SINO PARECIDOS RAZONABLES O EXPLICACIONES SUI GÉNERIS DE LO QUE PRETENDE LA NOVELA.

“¿Habéis leído “La Broma Infinita”? ¿Recordáis aquel cartucho de entretenimiento protagonista de la historia? Bien, pues esta novela es ese cartucho. Es lo que pasa cuando una enciende la tele y lo ve.”

“El 11-S. Todo el tiempo.”

“¡¡Yo solo quiero saber qué coño significa lo del tiburón!!”

“Realidad Virtual o una paja mental: cualquiera de las dos vale.”

“Estoy cansado. ¿Podemos dejarlo ya? Quiero irme a mi casa.”










A:
GLOBAL INTERVIEW & CO
HAY BUILDINGS
110 DYER ST.
PROVIDENCE


DE:
Sujeto 158
Clase A
Grupo de Ensayo 144
Nivel 01
Crítica Estimada NOTABLE

Muy señores míos:

Ya supongo que tienen ustedes un presupuesto ajustado o de lo contrario no estaríamos hablando en estas condiciones pero quiero que sepan que el libro que me han dejado para llevar a cabo la lectura estaba en unas condiciones lamentables. Tenía anotaciones en cada página, pero no contentos con eso subrayaban pasajes interesantes, los “entrecorchetaban”, resaltaban líneas con fluorescentes de colores, párrafos enteros, he leído páginas en los que se contaban más de siete colores diferentes algunos de los cuales supuse mezcla de varios; la gente anotaba cuantas observaciones se les ocurrían, todas las explicaciones innecesarias, superfluas, incluso poemas de amor y un centenar de corazones rotos con iniciales atravesados por una flecha ensangrentada. Se llevan la palma dos momentos: la reveladora conversación en el ascensor, una de las mejores que servidor recuerda haber pasado frente a un libro y que se vio ligeramente deslucida por culpa de esos pegotes de edificios en relieve que alguien diseminó por los finales de cada línea de diálogo y todos aquellos en que los dos investigadores privados charlaban (monologaban, más bien) con el protagonista, también tan imprescindible como difícil de leer por culpa de la purpurina. Hay quien llegó a grapar folios para poder incluir sus propias notas a pie de página que sirvieran a otros lectores de guía en esa vasta selva en que se ha convertido este libro. He visto, no me pregunte cómo es posible, diálogos (un tanto de besugos) alabando las excelencias del encuadernado, del tamaño de la letra o la perfecta proporción entre masa y volumen. Se incluye también a modo de apéndice bajo la contraportada final una lista de los mejores bolsos, bandoleras y maletines en los que llevarlo, dónde comprarlos y los mejores precios. También un detallado manual de uso de lectura en el baño para evitar dejar marcas de agua en la trasera (del libro, entendí, pero tampoco podría jurarlo) que no debió resultar del todo efectivo a la vista del estado final del pobre libro. No daba crédito a mis ojos cuando encontré también fotografías, tanto de pasajes como de lectores: una deformación gráfica y literaria del Google Earth: monumentos, besos, edificios, habitaciones y miembros más o menos viriles. Mapas, guías de campo, restaurantes recomendados con direcciones webs y estrellas Michelin. He contado más de trescientos correos electrónicos solo en la primera mitad (comprenda mi desánimo: no soy contable) y hay certificado fotográfico de haberse llevado a cabo más de siete quedadas entre lectores y, me consta, algún entrevistador (1). También un falso mapa del tesoro con la X señalando la tumba de Lovecraft que supongo a estas alturas profanada hasta el aburrimiento, un dvd con el making of de “Tiburón” y auténticas tesis que vinculan a los Klingon (recordarán ustedes a los Klingon: como para olvidarlos, vaya) con una logia masónica de nombre impronunciable. Alguien ha pegado con belcro a la contraportada (el resumen del argumento es ahora un desplegable de la página 23) una cinta VHS con un falso documental sorprendentemente elaborado y veraz sobre los orígenes de Providence (la ciudad).

Como pueden ustedes comprobar el estado final del libro es digno de verse y por eso he decidido incluir fotos del mismo en el mismo que sujetaré con clip en la línea del tiempo incrustada en la página 720. Sí, me consta que el libro no tiene más que 600, pero se ha añadido un borrador de un guión de una supuesta y posible adaptación cinematográfica.

Entiendan pues que no haya podido leer la novela en el plazo estimado aunque prometo ponerle remedio en breve o cuando tengan a bien traerla a la biblioteca de mi barrio. El cheque me lo quedo por las molestias causadas que han sido numerosas y de diversa índole (la gracia del payaso y el muelle de la página 325 me ha roto la nariz por siete puntos diferentes).

Siempre suyo y a pesar de todo,

Sujeto 158










(1) Reproducción de la EPISTOLAR DIGITAL entre lector y uno o varios encuestadores (no queda del todo claro) que fue hallada por azar entre las páginas 420 y 421 una vez que estás fueron felizmente repuestas después del estropicio causado por un creativo que consideró que el libro se entendía mejor siguiendo alguna fantástica teoría del caos:


Estimados señores de GLOBAL INTERVIEW & CO., he extraviado el manual y las fotografías de apoyo que me suministraron con el libro (no así el cheque, no teman) para acometer debidamente la lectura. ¿Sería posible que me respondiesen brevemente a un par de preguntas o debo esperar a que me envíen nuevamente el material de apoyo?

Cordialmente,



Sujeto 89 de Clase B, Grupo de Ensayo 11, Nivel 02 y crítica estimada simple/baja, no disponemos de escáner ni fotocopiador por lo que no podremos facilitarle lo que nos solicita. De todos modos esto no evita que pueda usted proceder a su lectura sin más ayuda que su propia voluntad. La lectura es un proceso simple que no requiere del material de apoyo. El que les facilitamos en su momento era sólo una medida legal de protección de cara a futuras y posibles represalias (a.k.a. pleitos) por parte de ustedes. De usted.

Atentamente,



Estimados señores de GLOBAL INTERVIEW & CO., cuando solicitaron mi colaboración me hicieron rellenar cuestionarios, fichas y tests de inteligencia en cantidad suficiente como para cubrir un campo de golf y recuerdo perfectamente haber escrito en el encabezamiento de todos y cada uno de ellos mi nombre, edad y número de serie; ¿tendrían pues la bondad de no volver a referirse a mí como “Sujeto 89”? Resulta insultante, humillante y si les soy sincero me predispone negativamente a la lectura. Por no hablar del daño a mi autoestima.

Cordialmente,

P.D.: Todavía no sé si puedo plantearles las dudas o no.



Sujeto 89 de Clase B, Grupo de Ensayo 11, Nivel 02 y crítica estimada simple/baja, el uso en clave de su nombre es una exigencia legal que usted mismo autorizó al firmar la documentación, concretamente el documento adjunto al que le hace donante universal, en la zona inferior: es el tercer párrafo de la letra pequeña.

Afronte usted la lectura como considere oportuno pero le recordamos que el plazo expira en cuatro días y que el cobro de la cantidad acordada y que figura en su cheque (tanto en letra como en número) está supeditada a la lectura del mismo en los plazos y condiciones acordadas.

Atentamente,



Estimados señores de GLOBAL INTERVIEW & CO., están ustedes claramente por joder ya que siguen sin decirme si les puedo hacer preguntas o no, y claro, así tampoco puedo saber cuáles son las “condiciones acordadas”. Ante su silencio, que me tomo como una afrenta personal, no puedo por más que hacer lo que me venga en gana.

1º. ¿La lectura del libro ha de ser continuada? Esto es, ¿debo leerlo “del tirón” o puedo hacer pausas? Lo digo porque temo que las pausas y lo que en ellas ocurra pueda afecta a mi ánimo y me cambie el humor o que x conversación haga variar mi punto de vista y lo que antes era blanco ahora me parezca negro. Quizá no sea justo con su libro. Por otro lado, leer seiscientas páginas del tirón…

2º. ¿Requiere algún tipo de ambientación especial? Soy amigo de leer en bares, metros y parques infantiles. Si alguno de ellos no fuese adecuado temo que eso complicaría enormemente la empresa.



Sujeto 89 de Clase B, Grupo de Ensayo 11, Nivel 02 y crítica estimada simple/baja, a dos días de finalizar el plazo nuestro consejo es que se ponga usted a leer a la recepción de este correo. Hágalo como guste pero dentro de 39 horas exactas procederemos a anular el cheque que se le entregó en su momento y que usted se comprometió a no cobrar hasta finalizado el proceso, incluidas las pruebas físicas.



Estimados señores de GLOBAL INTERVIEW & CO., no se lo van a creer pero me he roto una pierna justo cuando iba a empezar.



Sujeto 89 de Clase B, Grupo de Ensayo 11, Nivel 02 y crítica estimada simple/baja, lamentamos profundamente su pérdida y le deseamos una pronta recuperación. El cheque ha sido anulado y mañana pasarán a recoger el libro. Ha sido un placer contar con su inestimable intención.



Queridos GLOBAL INTERVIEW & CO., no sé cómo decirles esto: creo que les amo. Estos correos me han descubierto sentimientos que no creía tener. Su preocupación por mi salud me hace pensar que el sentimiento es recíproco y les hago saber que salvo petición en contra en breve recibirán mi visita. Llevaré una camisa azul y un dvd de Tiburón bajo el brazo izquierdo. Responderé al nombre que ustedes quieran.



Sujeto 89, nosotros también sentimos algo. No sabemos qué. ¿Le parece que nos veamos en la tumba de Lovecraft? No contamos con estar solos pero nos la arreglaremos para intimar.





Notas: El siguiente comentario o relato o lo que sea nació de la lectura de Providence. El fotomontaje final es de buen amigo, culpable de todo esto y lector ejemplar, que se tomó la molestia de diseñarlo cuando lo incluyó (generosamente) en su blog: http://bolmangani.blogspot.com/. Para no ponerme pesado no se lo volveré a agradecer.