martes, 23 de agosto de 2011

"El pato salvaje" de Henrik Ibsen



He pasado este último mes convencido de que “El pato salvaje” (para muchos “El pato silvestre”) de Henrik Ibsen era una obra de menor [digamos] calado que la mucho más popular “Casa de muñecas”. Craso error el mío que vengo a subsanar hoy con esta reseña que no es sino el preámbulo de la que vendrá a continuación, “Pudor y dignidad” de Dag Solstad (Lengua de Trapo, 2007), la [digamos "correcta"] novela que, en cierto modo, me hizo caer de la burra.

Para quien no lo sepa: “El pato salvaje” es una obra de teatro escrita en 1884 que cuenta, grosso modo, la siguiente historia: Gregers Werle es un joven de buena familia que se marca como objetivo en su vida hacer cumplir los "imperativos de lo ideal" que -en su opinión- no son otra cosa que hacer prevalecer la verdad por encima de todo (y pesar de todos) al considerar que este es el verdadero camino para alcanzar la paz interior -su particular idea de felicidad- para lo cual decide abrirle los ojos a su amigo Hjalmar Ekdal, un hombre humilde cuya vida se sostiene sobre una “mentira vital” -como la define su vecino Relling, verdadero aliento de la misma- que no voy a contar porque lo segundo mejor de la obra es descubrirlo (lo primero es la propia obra). La intención de Gregers Werle sería digna de elogio si ejecutarla no significase llevarse por delante la felicidad que a la familia Ekdal la he constado tanto alcanzar y no digamos mantener.

Para que lo entiendan: trasladado al plano de lo paraliterario esto sería algo así como decirle a un [mal] escritor que su novela es espantosísima de la muerte cuanto todo a su alrededor son parabienes y palmaditas en la espalda y elogios en revistas culturales o premios con solera. El reparto de papeles sería el siguiente: yo sería el hijo de puta de Gregers Werle y el mencionado escritor paquete, el infeliz Hjalmar. Mi excusa sería lo "innoble" de abrirle los ojos para hacer prevelecer la verdad verdadera y que se esfuerce un poco más la próxima vez por el bien común y de la cultura nacional y que además así se va a sentir mejor, más satisfecho consigo mismo. Pero lo cierto es que si lo hago es simplemente porque a mí no me duelen prendas ni me remuerde la conciencia mientras que el muchacho o la muchacha que ha logrado sacar adelante su libro con gran esfuerzo se quedará con un palmo de narices después de haber dedicado seis meses o seis años (depende del talento) de su vida a algo que ahora le arrastran por el fango un completo desconocido. Relling, el personaje secundario que Ibsen introduce como contrapunto de Werle, sería algo así como el amigo del escritor, también escritor la mitad de las veces, que trata de preservar su felicidad alentándolo a seguir por el camino tomado por mas que sepa que su libro es malo con avaricia. Visto así Relling no es tan simpático. Quizá no haya sido esta la comparación más acertada.

Volviendo a la obra, Ibsen toma partido claramente por Relling (probablemente su alter ego) para quien la “mentira vital” es, en ocasiones, imprescindible para alcanzar la felicidad o, al menos para, sostener una sensación de felicidad, que para el caso es lo mismo. De hecho, la mejor y más famosa frase de la obra, la que mejor resume el conjunto de la misma y lo que trata el escritor de explicar la dice el propio Relling, como no podía ser de otra manera: “Si quita usted la mentira vital a un hombre vulgar, le quita al mismo tiempo la felicidad”. Pues eso. Por si se lo preguntan yo opino igual aunque no predique con el ejemplo. A los Gregers Werle del mundo había que colgarlos por los pulgares y bañarlos en aceite hirviendo, verías que pronto aprendían a no meterse en asuntos ajenos.

Y ahora debo dejarles pues estoy preparando una reseña demoledora de un libro -de un escritor español cuyo nombre me niego a desvelar de momento- que a pesar de los desmedidos y numerosos elogios de la contraportada no me ha gustado nothing de nothing. Lástima.




12 comentarios:

  1. No se qué decir, en mi recuerdo las cosas eran más simples, menudo trío forman el cónsul, su hijo y Hjalmar Ekdal. El burgués, su moral y su adocenado,egoista,ciego y mezquino esclavo Hjalmar.
    Sin que nunca me cayera bien ese tío, Hjalmar, tendía a enfocar la responsabilidad en Gregers, que la tiene y mucha, suya es la idea, y además se deja bien claro en la obra que no actúa por deber sino por inclinación, lo cual excluye cualquier consideración verdaderamente moral en su conducta, es un verdadero hipócrita que se desconoce a sí mismo.
    Pero la ceguera de Hjalmar va mucho mas allá, él en realidad se conoce, proyectando su falta de valor y su mezquindad en Hedwig,tan estúpido como para dudar de su cariño, aunque ese vicio ya lo tenía arraigado en proyecciones anteriores; todos sus diálogos dejan la imagen de un imbécil pagado de sí mismo.

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  2. Ibsen es mucho Ibsen.
    Estos nórdicos no se andan por las ramas.
    Casa de muñecas, un prodigio de carpinteria teatral. Mucha gente habla de la última escena y la huida de Nora, poca gente habla de la llave.
    Ibsen se dió cuenta de que nunca ibamos a ser felices a pesar del bienestar material. Esto es la modernidad. "Si Dios está muerto, nada está permitido". Dios se evaporó, se jodió el invento.
    Me encantan sus pequeñas histéricas. "No soy feliz", gritan ellas.

    Veo que usted ha tomado buena nota, Mejillones para cenar. Eso es tener buen gusto.

    Dr JAcques.

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  3. A modo de Twitter: El inocente-en este caso, la inocente-siempre paga el pato...

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  4. Oveja, las cosas pueden ser tan simples como uno quiera. A mi esta obra me parece muchas cosas pero ninguna simple. Ya sé que a ti tampoco. Ha sido como una bomba que me he tragado y ha reventado tarde y ahí está, todavía en expansión. Esto debe ser la literatura de verdad. Lo de las mariposas en el estómago cuando uno se acuerdo de los detalles durante la lectura...
    Hjalmar es un capullo, no cabe duda. Lo cierto es que ningún personaje sale demasiado bien parado en la obra a excepción de Relling o el padre que caza patos salvajes pero los que se llevan la palma son Greges y Hjalmar. No sabría decir cuál de los dos más.


    Dr. Jacques (qué bien tener un nombre fijo, a ver cuánto nos dura). Lo de casa de muñecas merece su propio espacio pero le adelantaré que lo más destacable es que nunca entendí porque a todo el mundo de parecía tan extraño e injustificado el giro que da Nora al final de la obra. “Y de repente… feminista”, dice. Qué coño de repente. “¿Qué no te has leído la pieza o qué, merluzo?”, era para contestar. Pero ya lo contaré otro día. A ver si me vuelven las ganas de escribir y me pongo a ello, siempre y cuando logre encontrar la manera de expresas mis inquietudes arriba mencionadas sin joderle a nadie el final.

    “Mejillones para cenar” la leí ayer del tirón. Hacía eones que no me ocurría algo así. Me ha gustado mucho, cierto, a pesar de que llevo una racha tremenda de gente que se inspira en Bernhard para escribir sus novelas. Van tres este mes, ahí es nada. Y sin prepararlo, oiga. Volviendo a “Mejillones…”: la recomendaré.

    Saludos,

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  5. Bueno, ya me despaché a gusto contra Gregers y Hjalmar, pero ¿Y el Cónsul?, esa araña que mueve los hilos y gana siempre?. parece como si formaran una trinidad maldita, o tan bendita como la otra, según se mire, en donde el cónsul representa tanto a la primera Persona como a la tercera: la maldita providencia, los otros dos parecen los hijos bobos del Mercado y comparada la capacidad de cada uno de ellos de hacer daño el cónsul se lleva la palma , el laurel y la gloria.

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  6. Sobre el giro final de Casa de Muñecas, le diré que algún profesor de la escuela de Arte Dramático -y no me refiero a Luis Landero, caso aparte, que alli impartía Literatura Dramática y lolitismo ilustrado..- interpretaba la última salida/escapada de Nora en clave menstrual. "No se han dado ustedes cuenta de que ella tiene la regla?". Vivir para oir. Pero, oyes, te quedas pensando. Es que a veces nos cuesta ver las cosas.

    Mejillones para cenar, la leí hace miles de años. Interesante resaltar que es una autora de la RDA. Un ejemplo de como se puede escribir con honestidad, en apenas cien páginas, con ritmo. Y otra cosa que encantará a algunas suplementeras: desde un personaje femenino, la hija. Y encima, salen mejillones! Un despliegue de imaginación, tal y como están las cosas.

    De momento, conservaré mi identidad juvenil dentro de la entropia aberrante que nos ha tocado vivir. Lo cual, al estar colegiado, me obligará a una mayor moderación y mesura.

    Saludos desde el gabinete.

    Dr Jacques, al servicio de las letras.

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  7. Bueno, un libro normal. Y con pocos comentarios. Será que los lectores que debaten sobre lobotomías varias en las actuales letras hispánicas no han leído, o no recuerdan, según qué obras. Sí, seis comentarios más este de ahora son pocos. Causa: autor nórdico, muerto, no tenía facebook, tampoco twitter, no salía en Granta, leer su viejo blog cuesta dinero. ¿Ves, Carlos?, la audiencia is not listening, tiene oído selectivo. Conclusión: la audiencia, como los clientes, nunca lleva la razón. Si no compra es porque tiene el gusto en el recto. Por eso le gustan tanto los peos, y pasa de la literatura como si fuera mierda. Me da que la audiencia, en lugar de escuchar, lo que hace es escribir, o intentarlo.

    Sigue por este camino.

    Abrazo.

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  8. Después de haberme desahogado aplicando adjetivos a esa trinidad calavera me queda la parte difícil, admito ayuda, analizar eso de la "mentira vital" que propone Relling.

    Yo no creo que Relling sea un alter ego de Ibsen, aunque sí creo que es un personaje positivo que sabe adaptarse a la realidad e intentar transformarla, para bien de todos, en lo poco que él puede.

    Pero aquí hay que matizar que una cosa es el poder del individuo, insignificante en tanto que individuo "tomado de uno en uno" sobre todo si se lo compara con el poder del individuo aupado institucionalmente.

    Así pues las mentiras vitales que Relling pueda ir repartiendo -a cada cual la que necesita acorde a sus vicios- se desintegran en cuanto entran en conflicto ya sea con la realidad ya sea con los propios vicios.
    Lo que quisiera que se tuviera encuenta es que Relling fracasa y que aunque su fracaso no es inmoral pues su intención es pura, a diferencia de las intenciones del trío calavera, la propuesta de Ibsen es otra como lo prueba el trabajo que se toma en dejar bien claro el egoismo insaciable de Hjalmar a quien su "mentira vital" sólo le sirve para tener esclavizada a su familia sin sentir el más mínimo escrúpulo.

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  9. Bueno, JL, con este ya son nueve los comentarios por más que dos sean míos. No está tan mal. Por cierto, me alegra volver a verle, maestro. Voy a tener que escribir más sobre estas cosas para tenerte más a menudo por aquí. Lo cierto es que sí, de vez en cuando sienta bien reseñar estas pequeñas obras maestras. Ayuda a recuperar la perspectiva. Los comentarios, ya sabes, siempre ha habido de todo y muchos de los que van cargados de odio no están exentos de razón. Por cierto, no sé si has leído esta obra. Si no es así deberías hacerlo. Tú lo tienes fácil, la puedes bajar de la red y verla en el ebook.

    Oveja. El cónsul es demasiado secundario para mí gusto. Sí, vale, es el GRAN CULPABLE, pero también la cómoda debilidad de Hjalmar. Son como dos parásitos que se necesitan uno a otro para sobrevivir. Mi cabrón favorito será siempre Gregers.

    Dr. Jacques, una anécdota impagable. Tanto que cuesta creerla. Esas siempre son las mejores. De mejillones ya hablaremos con más calma; me apetece.

    Oveja again: para hablar de Relling te vendría muy bien leer el libro que acabo de reseñas, “Pudor y dignidad” ya que le dedica bastantes páginas a analizar a Relling llegando incluso a darle por completo la vuelta a la teoría del alter ego en la que personalmente sigo creyendo. Es el personaje más sensato: consciente de la mentira de uno y de los falsos principios del otro y conocedor de los ardides del viejo cónsul. Y víctima también, no olvidemos que ese viejo cabrón se queda con el amor de su vida. También es quien descubre que el disparo no ha sido accidental: lo cual justificaría a demás su profesión (médico). Lo veo un poco como el personaje que lleva la linterna y sabe donde enfocar para que nos fijemos en los detalles importantes.
    Por otro lado tienes razón en lo del desenmascaramiento de Hjalmar. No lo había visto de ese de modo. Lo cierto es que cambia la idea que se puede extraer de la mentira vital. Quizá la idea de Ibsen sea utilizar la necedad de Hjalmar como contrapunto de las bondades de la mentira vital defendida por Relling.

    Releyendo el párrafo anterior entiendo que esta entrada tenga tan pocos comentarios.

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  10. sobre la mentira vital los referentes inevitables son Hegel y Nietzsche y aunque sus diferencias son irreconciliables ambos están de acuerdo en una cosa: la mentira vital es positiva si aumenta el poder del individuo (poder entendido como capacidad de hacer reales los deseos) y está claro en la obra que lo que Relling va repartiendo no posee esa capacidad, Relling es simplemente un sacerdote misericordioso( un mal médico de almas, un médico que en vez de curar la voluntad dañada receta estupefacientes); yo no tengo nada contra los estupefacientes pero sí lo tengo contra el drogarse sin tener consciencia de ello.

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  11. Existe un tipo de cabroncete digno de toda mi admiración al que, según parece, podría perfectamente pertenecer el tal Gregers. Así que me lo leeré algún día sólo porque me lo recomienda Peón, que tampoco se queda corto y por eso precisamente me paso regularmente por aquí cuando mis obligaciones sexuales no me lo impiden. A vuestro lado soy un humilde aprendiz.
    A tus pies, pues.

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  12. Ya será menos, ya. Mira, hay libros que recomiendo a unos sí y a otros no. Este se lo recomiendo a todo el mundo, tú incluido. Ahora bien, por mi culpa no dejes de follar.

    Un saludo,

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