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miércoles, 30 de enero de 2013

Palabrita de Eduardo Mendoza (DK10)


Todo empezó con la siguiente frase de Eduardo Mendoza: “Una intriga bien contada que acaba envolviendo a la sociedad bilbaína y, lo que es más importante, al lector. ¡Un hurra por el autor!” De acuerdo: ¡Hurra! (Por mí que no quede). Volviendo a la realidad: la cita forma parte de un correo electrónico que supuestamente Mendoza envió al editor de Alrevés tras haber leído, anoten, las galeradas de la novela de Gonzalo Garrido, Las flores de Baudelaire. (Nota mental: recordar en el futuro que Mendoza lee y comenta galeradas de perfectos desconocidos y confiar en que no se entere nadie más). En cualquier caso, ¿desde cuándo esta celebración de lo fundamental? Quiero decir: ¿desde cuándo lo que debería ser el mínimo exigible en cualquier novela, es decir, envolver al lector, es suficiente aval? Y hablando de avales, ¿desde cuándo Mendoza puede ser tal cosa? ¿No habíamos quedado en que lo último de lo que debemos fiarnos es de la crítica complaciente de un escritor hacia otro? Espero que no sea consciente, Mendoza, del daño que pueden hacer comentarios tan absolutamente gratuitos como el suyo.
Y conste que no tengo nada que objetar al respecto. Parece que sí, pero no. Primera gran verdad de este párrafo: “A cada uno le gusta lo que le gusta” y Mendoza no es una excepción por muy Mendoza que sea por lo que, si dice que la novela de Garrido le ha gustado, yo me lo creo, faltaría más. Ahora bien, una vez leída la novela, también juro que no vuelvo a fiarme del gusto de Mendoza. Segunda (gran verdad): a todo cerdo le llega su san Martín. Pero no adelantemos acontecimientos. Decía que no tengo nada que objetar al hecho tanto de elogiar una novela como de hacerlo de un modo tan cutre (que sí, que es super-cutre lo del hurra, no me digan). Yo he sido muy crítico con Gonzalo por ese ejercicio, absolutamente legítimo, quiero dejarlo claro, de promocionarse de un modo absolutamente salvaje (esto también). Lo hice porque me parecía —y me sigue pareciendo— que aquel congreso de blogs (repito, blogs) literarios que organizó a comienzos del año pasado era un ejercicio de peloteo como no se ha visto antes en la red pero le reconozco el mérito de haber sido capaz de llenarlo de gente más o menos “relevante” (vamos a dejarlo así).
Lo de los blogs fue una buena jugada. Me refiero a la concentración de blogs literarios, claro. Para algunos, entre los que me incluyo, tuvo su aquel ver en carne y hueso a quienes hasta entonces habían sido poco más que perfiles en la red. El encuentro se suponía que debía aclarar algo, pero no fue exactamente así. Lo que ocurrió fue que en determinado medio hizo mucho, mucho ruido (aunque siempre he tenido la impresión de que menos de los esperado) pero conclusiones, las justas (si acaso alguna). Hay unos vídeos en youtube y poco más. Y-nada-más. En realidad aquel congreso ya se sabía que no serviría para nada que tuviese realmente que ver con los blogs y su configuración o sus tendencias o su deriva suicida sino que el objetivo, pienso, estaba más en el después, en ese momento dame tu dirección, te invito a una copa, ¿has probado los panchitos?, pero sobre todo en algo que obedecía a una estrategia de Garrido como futuro autor de una novela.

Han leído bien: he dicho estrategia. Verán, el seis de diciembre, desde la revista digital El nuevo cojo ilustrado, Xavier B. Fernández entrevista a Garrido y le pregunta qué hace exactamente un consultor de comunicación (la profesión de Garrido). En la respuesta de Garrido está el quid de la cuestión: “Los consultores de comunicación asesoramos a nuestros clientes en estrategias para que sean más conocidos y mejor valorados. Cuidamos su imagen y procuramos abrir canales de comunicación con los públicos que rodean a la empresa”. La negrita es mía. El resto, suyo.
El resto es fácil de suponer. Relativamente, vaya. Van llegando los libros y con ellos las reseñas. Muchas reseñas. Los blogs se vuelcan en ello, pero no son los únicos. Hay, por parte de la prensa, una inclinación a convertir a Garrido en algo así como una necesidad perentoria. El 28 de julio se publica en Babelia un artículo firmado por Lola Galán en el que se cita a uno de los entrevistados con motivo del típico artículo de relleno de cada verano: “La propia editorial que dirige [se refiere a Gregori Dolz, de Editorial Alrevés] propone para esta etapa Las flores de Baudelaire, de Gonzalo Garrido. Primera novela de este autor, calificada de ‘intriga bien contada’ por un consagrado de la narrativa como Eduardo Mendoza”. Tal cual. Los ecos de Mendoza resuenan por los miles de resultados de poner en google “las flores de baudelaire”+“Gonzalo Garrido”. Nunca a un comentario se le sacó tanto partido. Y respecto a la etiqueta de “intriga bien contada” no es ninguna broma; de hecho, un porcentaje elevadísimo de reseñas se aferran a esto como a clavos ardiendo. Es de vital importancia destacar el apadrinamiento (que es en lo que acaba por convertirse) de Mendoza, porque de otro modo este artículo no se entiende. He aquí algunos ejemplos de crítica constructiva.
Desde La manía de leer, Bernardo Munuera, uno de los más entusiastas animadores desdetwitter del congreso de los Blogs Literarios, sigue la senda del elefante Mendoza: “Un libro que entretiene. Una narración suelta, documentada, modelada con historia investigada, tanto por el protagonista como por el autor. Compilar de esta manera el ayer de una estirpe debe producir mucho placer y mucha autoestima. Enhorabuena, Gonzalo”. ¿Enhorabuena, por qué? ¿Por el placer, por la autoestima, por la narración suelta y documentada o simplemente por hacer un libro entretenido que después de “bien contado” es lo que más? Maldita sea, nunca me aclaro con estas cosas. Pero, bien, de acuerdo, por mí que tampoco quede esta vez: ¡Enhorabuena, Gonzalo!
El estilo del resto de las reseñas, lamento insistir, no es muy diferente. Se suceden los tópicos. En el blog Novela Negra y Criminal la recomiendan por dos razones fundamentales: “Si os gusta el género negro y os apetece retroceder en el tiempo para ver cómo era la situación política y económica del país durante los primeros años del siglo pasado, no dudéis en adentraros en “una novela donde crimen y poder van de la mano”. Segunda constante: ir de la mano. Aquí la reseña publicada en el blog Leemisterio.com: “Es una buena opción para estos meses de verano. Escrita de manera ágil y con personajes bien construidos, Gonzalo Garrido narra un misterio donde nada es lo que parece y en el que crimen y poder van de la mano”. (Aceptando que tenga algo de novedoso que Crimen y Poder vayan de la mano.)
Para Juan José Castillo ( Crónicas Literarias desde Nueva York) la cosa no está nada clara: “Gusta a este reseñista la composición de la novela, realizada en capítulos muy breves y que ayudan a una fácil lectura, dotándola de mucha agilidad. […] La apuesta es interesante, con una potente ambientación y que rezuma literatura por todas partes. La recomiendo como lectura interesante”. Digo que no está tan clara por lo de “interesante” ¿Una potente ambientación en una novela que rezuma literatura —¡por todas partes!— solo recibe la calificación de interesante? Es ese moverse entre lo contenido y desatado lo que no me acaba de convencer y no sé si es un problema mío, que no sé aceptar que ambas cosas son posibles, o de los demás, que no se atreven a llamar a las cosas por su nombre.
Hay quién va todavía más lejos, como es el caso de la crítica que escribe Juan Laborda Barceló para Culturamas (nada menos): “Si buscan un entretenimiento, bien construido, estético y de prosa fina, lo hallarán. Pero si desean reflexionar sobre el individuo encerrado en sus particularidades, las fuerzas que lo motivan y lo condicionan, encontrarán otro plano de lectura aún más rico”. Lo que sea que busquen lo encontrarán en la novela de Garrido, ¡y en cantidades ingentes! Otro ejemplo de lo mismo, firmado por Letras hispanas: “Lo que pretende es provocar, hacernos pensar en nuestras propias vidas, en si somos lo suficientemente valientes y honrados con nosotros mismos, con los demás. Eso sí, de forma entretenida. En este sentido, tiene varios niveles de lectura, desde el sencillo al más sofisticado, dependiendo de la hondura que se le quiera dar”. Un poco manual de autoayuda pero a tiro limpio.
Todo esto tiene un pase, al fin y al cabo la mayoría de los críticos mencionados son especialistas en novela negra, que, sin querer insultar a nadie, no tienen precisamente fama ni de duros ni de exigentes. Lo cierto es que para ser lectores de novela negra resultan ser unas personas de lo másblanditas. Tampoco me sorprende que la escritora Susana Hernández destaque en su recién estrenado blog de novela negra (y van…) llamado Black Club que ha “disfrutado leyendo una historia ágil, amena, excelentemente escrita y con un dibujo de personajes que me ha parecidomuy notable” (las cursivas son mías); al fin y al cabo Susana publica también en la misma editorial (Alrevés) y si es de ley cubrirse las espaldas entre los del gremio no digamos ya si forman parte del mismo proyecto común. Cuesta algo más tragar con tamaña soplapollez: “En conclusión una brillante primera novela que hace concebir grandes esperanzas sobre el futuro literario de Gonzalo Garrido. Si lo bendice Eduardo Mendoza, será por algo”. En eso estamos de acuerdo: por algo será. Quisiera yo saber qué.
A esto es a lo que me refería cuando decía más arriba que ciertos comentarios hacen más mal que bien a la crítica literaria (ver final del primer párrafo). Parece que llevarle la contraria a Mendoza sea un acto subversivo. Lo de Garrido promocionando su novela me parece fantástico, lo digo completamente en serio; me quito el sombrero. Lo que no acabo de entender es este bailarle el agua a un escritor novel que únicamente ha demostrado que es capaz de escribir una novela ágil, de fácil lectura y personajes en apariencia bien dibujados, que retrata la sociedad bilbaína de principios de siglo (que parece que el Bilbao de 1900 haya sido el gran descubrimiento de todos estos críticos).
Las pocas críticas negativas que yo he encontrado se ocultaban entre los comentarios de algunos blogs y hablaban, curiosamente, de personajes mal dibujados y una trama aburrida. Sorprende la unanimidad, el ir y venir entre la emoción y la contención y sobre todo ese silenciar las voces de quienes ejercen la crítica negativa. Me explico y ya termino:
Hace un par de meses un periodista de El Correo de Bilbao, Pablo Martínez Zarracina, me hizo una serie de preguntas para un especial que querían publicar en el suplemento culturalTerritorios sobre crítica literaria (y que finalmente se publicó el 29 de diciembre). Una de las preguntas era la siguiente: “Por su experiencia, ¿están los autores atentos a lo que se escribe de ellos en internet? ¿Intentan influir al crítico? ¿Autopromocionarse?” Mi respuesta, al menos la parte de mi respuesta que se publicó, fue: “[…] la autopromoción es legítima y, en los tiempos que corren más necesaria que nunca. No tengo nada que objetar, la verdad. Yo mismo ejerzo de promotor espontáneo cuando descubro algún autor que vale la pena, como puede ser el caso de Celso Castro, por poner un ejemplo actual de un magnífico escritor injustamente menospreciado”. Pero había más. Sí, había otra parte de mi respuesta que no llegó a publicarse, no sé si por falta de espacio o porque el periódico era de Bilbao, como Garrido, o porque de lo malo no se habla nunca y así nos va. Este era el resto de la respuesta: “Al otro lado del ringestaría alguien como Gonzalo Garrido, la clase de escritor mediocre tirando a horrible que utiliza internet como un medio para hacer autopromoción gratuita —en la medida de lo posible— a través del envío masivo de libros a blogs para obtener una reseña elogiosa o que organiza (o participa en) un evento tras otro para poder estar siempre en el candelero. Insisto en que me parece legítimo, pero la autopromoción salvaje siempre me dispara las alarmas. Me inspira más confianza el escritor que se oculta en una cueva, sinceramente”. No deja de tener su gracia que esta pequeña “censura” se llevase a cabo en un artículo que trataba la cuestión acerca de quiénes y cómo se ejerce la crítica literaria actualmente.



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Cajón desastre [11/2012]

Porque el mal no descansa, abrimos, mis socios capitalistas y yo, nueva sección, que ya veremos si prospera o no prospera. La cosa no estará tanto en hablar de lo que nos gusta como en rajar de lo que nos plazca. Resumiendo: he aquí un bloque de noticias (o simples cosillas que me he encontrado por la red) irregular y descontextualizado; un ejercicio para reírse de todo y de todos, un poco por aquello de no perder la costumbre y otro poco porque sí. Me siento supermegahijodeputa haciendo esto, de verdad, pero yo no sé escribir de otra manera. Que no, tontis, que es bromis; si lo hago encantado. 

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Las cartas al director de Miguel Espigado 

El escritor Miguel Espigado (voy a dar por hecho que lo conocen y así me ahorro el par de líneas de su currículum) protesta enérgicamente. ¡Protesto enérgicamente!, piensa y no dice. Razón no le falta. Yo también estaría enfadado si me hubiera pasado lo que a él. ¡Qué desastre, madre mía! Ya verán qué horror, qué pena, qué drama. 

Miguel Espigado es un amante de la literatura que pertenece a esa generación, como los Fernández y Fernández, que creen que la letra con música entra y de ahí que se dedique a hacer Sponken Words de su novela. Lo suyo es la guitarra, como los trovadores. El caso es que nuestro hombre orquesta ama las letras por encima de todo y fue todo uno enterarse del proyecto Diario Kafka y ser feliz. Como otros se ofrecen a Lourdes él se ofreció al órgano de gobierno del suplemento o complemento del diario.es pero he aquí la sorpresa: cuando descubrió en los dos días siguientes (la semana del estreno) que habían fichado a Alberto Olmos en plan Mal-herido por un lado y a servidor en plan cirujano por el otro le dio un parrús.  

Todo ESTO es lo que dice Espigado (clic) pero yo se lo resumo en un parrafito porque supongo que tendrán mejores cosas que hacer que andar pegando botes de hipervínculo en hipervínculo: 

Que muy mal Alberto (hay confianza, ya) y yo. Fatal. Que somos unas verduleras; que no tenemos criterio. Que nuestros juicios son todos sumarísimos; que nos hemos olvidado del análisis. Que somos como la Estaban y nuestros blogs como La Noria. Que es inconcebible que eldiario.es, que se supone que apuesta por el rigor periodístico, acepte entre sus filas a impresentables como nosotros; que por eso envía la queja a la defensora del lector a pesar de qué (esto sí que me ha gustado) nuestra originalidad y enrevesamiento en la forma de construir estos sarcasmos alcanzan verdaderos estados de gracia. No se me merecen. Pues así, encadenando elogios, durante 1.500 palabras. 

Es decir, que se pregunta Miguel Espigado dónde está la policía de Eldiario.es, dónde los profesionales de Diario Kafka y dónde el sentido crítico de servidor. Pues mira, Miguel querido, te diré que los demás no sé, pero se ve que mi Sentido Crítico está en un hotel, el Kafka seguramente, teniendo sexo anal con tu Sentido del Humor

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Los Promotables según Enrique Rubio 

Quizá recuerden el tema de los Promotables de Claudio López de Lamadrid, aquella insignificancia de la que hablamos hace un par de semanas que tenía que ver con vender un escritor antes que un libro. AQUÍ, era. Pues bien, hace unos días, dando un paseo por los blogs habituales me encontré con un divertido artículo del eternamente ácido Enrique Rubio que guardaba una estrecha relación con aquello. Les dejo en enlace (ENLACE) y un fragmento para que se hagan una idea. 

Sé que puede sonar algo exagerado o inverosímil, pero imaginad que a una poetisa le diera por hacerse continuamente fotos de sus rasgos aniñados y sus señales de fertilidad, como labios hinchados y estrogenados u ojos de rana, para vender sus poesías. El éxito estaría asegurado. El porno es el negocio perfecto. El instinto primario siempre triunfa. Una foto de una lolita con rasgos claros de fertilidad y un gesto lascivo siempre vendería más que mil poemas.
Bien. Lo vería apropiado si la lolita vendiera solo sexo y pornografía explícitos en vez de utilizar la calidad de sus óvulos para venderme otra cosa muy distinta, pues acabaría haciéndonos la picha un lío. Cuando un hombre fuera a ponerse a leer una poesía en su blog, ya habría eyaculado mirando las fotos y no le apetecería nada más, mucho menos ponerse a leer poesía. Todos conocerían la calidad de sus óvulos pero nadie el título de uno de sus libros. Sin embargo, la mayoría de hombres y muchas mujeres creerían que sus poesías son extraordinarias por el efecto halo. (Texto completo: aquí

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Gonzalo Garrido, de profesión Perpetrador 

Gonzalo Garrido fue el hombre que montó, organizó, perpetró, aquello que se dio en llamar “Encuentros de blogs literarios” que reunió a un puñado de gente del medio que habló, habló y habló (hasta que el entendimiento derrotó) de un montón de cosas que sólo les importaban a ellos y sus familias. Luego siguió perpetrando, Garrido, y perpetró una novela llamada “Las flores de Baudelaire” de la que ya se hablaron maravillas en este mismo blog. Me niego a resumir la película. Toda la historia AQUÍ

Puesto que Garrido lleva lo de perpetración en la sangre sugirió que estaba planeando un segundo encuentro de blogs literarios por si la gente no había quedado contenta con el menú o algunos de los integrantes no habían acabado de decidir si quedaban para follar o no. Mensaje para aquellos que no tienen plan para el viernes por la noche de un indeterminado mes del año que viene: esta es la vuestra. 

Perpetrando, perpetrando y viendo que lo de los frikiencuentros le sentaba muy bien a su novela, que ya va por la segunda edición (tiembla María Dueñas), Garrido, el azote de los vagos, se apuntó a otro encuentro literario: Liburutekia. Se ve a que este hombre lo de las letras le mola. Total, que los días 13 y 14 se juntó en Bilbao con un grupo de escritores que no conoce ni dios (hora va siendo, ya, de que llamen a Nuria Azancot para que les monté una Generación Literaria en condiciones) para hablar, otra vez, de la putas nuevas tecnologías, total para que acabemos todos escribiendo en Word, cogiendo los libros en la biblioteca o bajándolos por alguna torrentera. [Aquí el programa para los curiosos.] Por las conclusiones no esperen; ya se las cuento yo: que todo muy bien; que super-majos, todos; que el futuro está aquí; que sin tarifa plana no eres nada, monada; que qué tacones tan altos, amor. 

Puesto que nuestro héroe, Garrido, aspira a una tercera edición de su novela, perpetra otro encuentro, el primero de esta clase, también en Bilbao, llamado “Negra y de Bilbao” (gran nombre) que ha tenido lugar o está teniendo lugar hoy, ahora, en la Casa del Libro (de Bilbao, sí). [Salvo error] participan en él cuatro colegas (de profesión), un moderador (aunque no son de esperar grandes conflictos) y un puñado de gente que seguramente se verá obligada a comprarse alguno de los libros de los contertulios. La charleta irá sobre entender el alcance de este género y sus limitaciones, o lo que es lo mismo, por dónde se mueve el animal y de qué color tiene la cola. Apasionante. A ver si hay suerte, los sacan en Quimera y nos enteramos con detalle. 


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Nuevo trovador para el Nuevo Drama 

Los más viejos de lugar recordarán aquello del Nuevo Drama, la primera Generación Literaria de Diseño. Se lo resumo: Soto Ivars, Manuel Astur y el eternamente escritor novel Sergi Bellver (el único hombre capaz de escribir un poemario, una novela, un relato, un microrelato, una obra de teatro y el guión de una película sin dejar rastro alguno) utilizaron un recopilatorio de cuentos llamado “Mi madre es un pez” para adscribir a todos los antologados a su propio círculo concéntrico y vicioso; un plan que parecía de natural espontáneo sin ser tanto así. Aquello fue un desastre en todos los sentidos sobre todo porque se quedaron más solos que las tres teniendo que pagar ellos solitos el dominio web a perpetuidad. 

O eso creíamos hasta ahora. 

Si hacen ustedes clic AQUÍ verán que el Nuevo Drama está de enhorabuena: ¡ha parido un poeta! Su nombre: Francisco Javier Sanchez Ocaña. Vamos a hacerle el curriculum: FJ ve la luz en Granada en 1981. Nace, crece y se desarrolla sin llamar la atención pero desde muy joven siente la llamada de la literatura, una pasión que acabará desembocando en un poemario que le publica una editorial. No es fácil ser especial. Dice Soto Ivars que el poemario de este chico fue razón más que de suficiente para invitarle a formar parte de ese peculiar valle de lágrimas. Estoy convencido de que Soto, que es un poco cabrocete, dice esto a sabiendas de que de los tres miembros sólo él ha aportado producción a esta desigual cooperativa. 

Damos desde aquí nuestra más sincera enhorabuena a Sánchez Ocaña, a quien se le ve realmente ilusionado cuando afirma que enseña a su familia y amigos el mail que le escribieron los neodramáticos; se le llena la boca, dice, con un mantecado de ilusoria grandeza, se chupa los dedos, emborrona el ratón. Se deshace lentamente, Ocaña, el hombre que tiene “Los ojos de Sarah” junto a “Rayuela” sin leer por miedo a empezarlos porque no quiere que se acaben (que de todas las excusas que se dan por no haber leído un libro es, con diferencia, la mejor). 

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ANEXO: Promociones varias


Nuestros tiempos felices” (La esfera de los libros), una novela de la coreana Gong Ji-young (autora que se vende como “la Paulo Coelho de la literatura oriental”), lleva en su portada un globo informativo que dice lo siguiente: “más de 20 millones de lectores en Asia”. El lector se imagina que por muy grande que sea Asia veinte millones no dejan de ser una cifra a tener en cuenta. Pues no. En la web de la editorial, que consulto por sincera curiosidad, descubro que la cosa no es tanto así como asá: “Con más de veinte millones de ejemplares de sus títulos vendidos en Asia, Gong Ji-Young es una de las autoras más sobresalientes del panorama narrativo actual.” Según la wikipedia el total de títulos vendidos por esta mujer son once. No es por restarle méritos a la muchacha pero cambia de cojones, la cosa. 



y 2 

Recibo una nota de prensa (automática) de la editorial Planeta (la del premio ese tan importante) informándome de un acontecimiento de repercusiones bíblicas: “Pídeme lo que quieras”, de Megan Maxwell, la primera novela de una saga erótica española publicada por Esencia y que está teniendo una gran acogida, ha recibido un premio: las tres plumas a la mejor novela erótica (claro) otorgada por “Pasión por la novela”, un blog de color rosa chicle. La autora prepara actualmente la secuela que se llamará “Pídeme lo que quieras ahora y siempre”, algo para lo que no tenemos palabras. Porque no hay dos sin tres, nos tememos lo peor con el cierre de la más que posible trilogía de la que nos atrevemos a aventurar un posible título: “Pídeme lo que quieras ahora y siempre pero cierra la puerta al salir”. Ahora bien, los más impacientes, aquellos que no sean capaces de pasar ni cuatro meses más sin leer algo de Megan Maxwell, nos avanza el avance que la muchacha publicará en breve otro libro chic-lit (este palabro figura en el comunicado) en la misma editorial, llamado “Melocotón loco”. Ahoguen las carcajadas: Melocotón loco es, con diferencia, el mejor título de novela erótica que yo he visto en mi vida. Aún así esta chica necesita urgentemente que alguien mire por su imagen púbica pública. 

A destacar, también, en el plumarés del premio, el libro llamado “Recuerdos” de Melanie Alexander galardonado con las tres plumas a la mejor novela romántica autopublicada paranormal, que como subgénero marginal es absolutamente genial porque sí. 



lunes, 3 de septiembre de 2012

“Las flores de Baudelaire” de Gonzalo Garrido

No soy muy amigo de las crónicas paraliterarias (por ejemplo, aquello que tiene que ver con las razones que nos llevan a leer ciertos libros) entre otras cosas porque creo que la mitad de las veces aburren a los muertos y la otra mitad sólo interesan a quien las escribe, pero hoy me apetece hacer una excepción y además me he levantado tan hijo de puta que igual hasta me sale algo interesante. 

Gonzalo Garrido es la imagen de un hombre queriendo alcanzar la luna de un salto. Lo conocí hace unos meses, no recuerdo cuántos. Se presentó como el organizador de un congreso que se celebraría en Madrid el tres de marzo de este año llamado "Encuentro blogs literarios" que pretendía aclarar qué son los blogs literarios y para qué sirven, si acaso sirven para algo... Un poco el quienes somos, a dónde vamos, de dónde venimos aplicado a este ramo específico de la blogosfera. Había mucha gente invitada: estaban Alberto Olmos, Luis Magrinyá, David Pérez Vega, Pilar Adón, Jordi Corominas, Javier Avilés, Constantino Bértolo, Sergio del Molino y un largo etcétera. Yo decliné la invitación básicamente porque no tengo mucha fe en este tipo de eventos y también porque no tengo ni puta de idea de para qué sirve hablar de estas cosas. En cualquier caso Gonzalo fue muy amable al invitarme y yo aproveché para sentirme halagado, que es algo que, dice mi mujer, me rejuvenece. Confieso haber hecho gala de una falsa modestia ejemplar. Tendrían que haber visto qué comedimiento. A veces, si me dejan, soy un tío cojonudo. 

No soy bueno para las fechas (ni para los nombres, ni para las caras y no digamos ya para la crítica) pero debió ser por entonces, cuando lo del evento, que empecé a seguir a Gonzalo en twitter, todo lo que yo sigo a la gente en twitter, que viene a ser lo que tardo en sacar el coche del garaje o cuando, por las noches, se me caen algunos libros de las manos. Pues bien, en algún momento Gonzalo empezó a hablar de Las flores de Baudelaire. Yo, en mi ignorancia habitual di por hecho que se trataba de alguna de sus muchas novelas. Si hubiese sido un poco más curioso de lo que fui entonces no hubiese tardado tanto en enterarme de que no sólo era su primera novela sino que además estaba, todavía, por entonces, inédita; no se publicaría hasta el ocho de mayo (fuente: Amazon). Con esto no pretendo dar a entender que ese evento, el de los blogs literarios, hubiese sido un instrumento al servicio de la promoción de su novela pero no deja de ser una divertida coincidencia (de la que no quiero dejar de aprovecharme) que le ha venido que ni pintada al bueno de Garrido. 

A medida que se aproximaba la fecha de estreno los tweets de Gonzalo se iban multiplicando exponencialmente (cuanto escribo estas palabras supera los 4700) alcanzando la categoría de despropósito desde el momento en que aparece en librerías. Ningún problema con esto, lo juro; cada uno promociona cómo le sale de los cojones o como buenamente puede. Es más, cuanto más ruido se haga, mejor, que por algo se ha estado currando como un cabrón sólo dios sabe cuántas horas. Hay que tener en cuenta que Alrevés, la editorial en que se publica “Las flores…”, no es Mondadori, ni Tusquets, ni Anagrama y es de suponer que tiene sus limitaciones presupuestarias a la hora de organizarle bolos a los escritores o simplemente para colocar reseñas en los diarios y revistas. Al menos yo es la primera vez en mi puta vida que leo un libro de estos señores. 

El caso es que un buen día, en plena promoción, recibo un email de Gonzalo ofreciéndome un ejemplar de su novela. Excusó decir (lo excusamos ambos) que en agradecimiento al gesto yo habría de hacer la reseña de un libro por el que hasta ese momento no había sentido el menor interés (la culpa, toda, de Baudelaire). No es un secreto que esto es lo que se espera de los blogs. No sé a ustedes, pero a mí, incondicionalmente, sólo me regala libros la familia o los amigos. Mi respuesta fue la habitual en estos casos: le pregunté si se había vuelto loco. Le di a entender que la reseña podía ser lo mismo buena que horrible, que esto dependía un poco de lo que me pareciese la novela. Aceptando pulpo como animal de compañía y supongo que suponiendo que era mejor eso que nada tardé como una semana en recibir el libro dichoso y algo así como cuatro meses en leerlo (todo un record). Si me paro a pensarlo, y conociéndome mínimamente, uno tiene que estar muy seguro de sí mismo para enviarme una novela como esta, tan poco de mi estilo. Garrido lo hizo y yo le respeto por ello. Se arriesgó. Perdió. 

Quería saber Garrido para qué servían los blogs literarios. Para esto sirven. 


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LA RESEÑA


Comentaba más arriba que esta novela cuenta, para ser escrita por un completo desconocido (entre comillas, esto), con una de las promociones más salvajes que le recuerdo a una editorial aparentemente tan modesta como Alrevés. Pero esto es así y no es así. Supongo que aquellos que tenemos agregado a Garrido en Facebook y seguimos sus ires y venires en twitter somos más conscientes de esto que nadie, ya que otra cosa no, pero Garrido, hablar, habla por los codos. Y habla mucho de “Las flores de Baudelaire”, porque como buen comunicador sabe que, matices aparte, el sexo dura lo que dura dura y un libro vende en tanto se hable de él. Lo que se dice y quién lo dice es fundamental y quizá por eso no he dejado de escuchar desde que todo esto empezó la sonatina de que a Eduardo Mendoza esta novela le ha parecido “una intriga bien contada que acaba envolviendo a la sociedad bilbaína y, lo que es más importante, al lector”. Espero sinceramente que alguien se haya acordado de recompensar adecuadamente al Sr. Mendoza por ser de los primeros en leer la novela y por esta chorrada que ha tenido que a bien escribir una de dos: borracho o bajo amenaza (de impago). 

Lamento sinceramente parecer tan desagradable precisamente con esta reseña que no debería ni estar escribiendo porque hay una cosa que es escandalosamente cierta: muchos autores de reconocido prestigio (es un decir) publican día sí día también literatura basura y lo más sensato sería ponerlos a parir a ellos y no a Garrido que es nuevo en esto y sólo trata de hacerse un hueco como buenamente puede en este mercado tan corrupto. El problema es que a mí pocas veces me apetece leer a esos autores de reconocido prestigio y en cambio sí a Garrido, precisamente por todo lo contrario. Tampoco me apetece ser el tío que tiene un blog y que te hace una reseña elogiosa si le mandas el libro. A mí el que me quiera mandar un libro que me lo mande, faltaría más, pocas veces he dicho que no, pero esperar, lo que se dice esperar, que no espere nada o, en todo caso, que se espere lo peor. Esto me ha quedado un poco chulo, pero hagan un esfuerzo por interpretarme que tampoco soy tan complicado. 

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Pero vamos con la reseña de una puta vez. La novela está ambientada en el Bilbao de 1917. A una familia adinerada de la zona le matan una hija fea como un cardo y más tonta que un bote de sopa. La policía, que o es inútil o está comprada cede el protagonismo a un fotógrafo profesional con mucho tiempo libre y amigo de meterse en problemas. El resto se lo pueden imaginar: nuestro detective aficionado, más valiente que un jabato, se dedica a preguntar y a molestar a un montón de gente lo que le asegura recibir un par de veladas amenazas de muerte que sólo le preocupan durante un par de capítulos. No hace falta pensar mucho para acordarse de setecientas novelas o películas sujetas al mismo esquema. Pues así de original pero con vascos de fondo. 

La novela, en mi opinión, tiene tanto para criticar (entendiendo esto como todo aquello que me provoca rechazo) que detenerme en cada detalle me obligaría a dedicarle un tiempo que no estoy dispuesto a perder. Por otro lado es una novela adscrita claramente al género de intriga (quien diga social, miente) algo con lo que yo suelo ser bastante tolerante por aquello de no sentirme nunca engañado. No es el caso. A esta novela la vienen queriendo hacer pasar por lo que no es desde que tengo conocimiento de su existencia. 

Lo peor, con diferencia, es el estilo. Hay una falta absoluta de personalidad, achacable, quizá, a que sea una primera novela, pero hay muchas primeras novelas infinitamente mejores ergo no hay excusa posible para esa falta de naturalidad, esa artificialidad, ese deje mecánico, ese continuo demostrar que se es jodidamente bueno con el diccionario de sinónimos. Esto se traduce en una frialdad en la escritura que contagia la narración y se come vivos a los personajes, que no parecen otra cosa que fotografías en movimiento. Mención aparte para unos diálogos de juzgado de guardia. Lamentable. Y no es culpa de los personajes, por más que estos no sean más que simples estereotipos nacidos de demasiados visionados de Colombo o Se ha escrito un crimen. El protagonista, un tipo infelizmente casado, independiente, mujeriego y un poco imbécil; sus colaboradores, el matón y el pupilo brillante; el jefe de policía arisco pero sospechosamente buen profesional; un juez corrupto; los matoncillos suburbiales; la femme fatale…. En este novela no hay acción pero gente sí, para aburrir. O quizá para despistar; puede que tanto aparato no sea nada más que una ceremonia de la confusión tratando de disimular las carencias argumentales que se han ido sacrificando en favor de las documentales. Me explico: la novela de Garrido sufre de lo que me pareció en su momento que sufría aquella única novela de Perez-Reverte que leí sobre Alatristre. Documentarse está bien -es fundamental, diría- pero no hay que olvidar nunca que los efectos especiales han de estar a la altura de la historia. No es el caso. Quiero decir que aquí no se tiene ese cuidado; se atiende demasiado a los detalles y al dibujo social de una época que no sé hasta qué punto importa a la narración, que una cosa es novelar y otra impartir una lección de historia y que para hacer ambas cosas y hacerlas medianamente bien hace falta mucho más arte del que demuestra tener Garrido. Esto no tendría por qué ser un problema si no fuese tan evidente, si no estuviese la narración tan al servicio del contexto histórico. 

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No busco hacer sangre. No a Gonzalo, al menos. Otro cantar sería la sangría que quisiera para la prensa escrita o la digital o la agradecida blogosfera contra la que ya me estoy hartando de disparar un día sí y otro también cuando no es para tanto. Pero lo que yo quiero nunca se cumple. (Comentario 1

Cuando uno lee ciertos artículos decir cosas tipo esta: “Las Flores de Baudelaire es un libro ágil que entrelaza con maestría el suspense de la investigación con la descripción de una sociedad y la psicología de unos personajes” lo que en realidad parecen estar diciendo es que no se han leído el puto libro. De hecho el resto de la entrevista (ENLACE) es un copipasteo de lo que ha dicho el escritor en el que se habla de “la originalidad de la historia, el estilo sencillo y depurado de la narración y la fuerza de los personajes que vertebran toda la trama” o cosas como que la novela pretende "provocar, hacernos pensar en nuestras propias vidas" o que “la obra tiene varios niveles de lectura, desde el sencillo al más sofisticado”. Varios niveles de lectura… Por el amor de dios... 

La blogosfera peca exactamente lo mismo, como siempre. Incluso los más críticos se apuntan al carro del peloteo: “Un libro que entretiene. Una narración suelta, documentada, modelada con historia investigada, tanto por el protagonista como por el autor. Compilar de esta manera el ayer de una estirpe debe producir mucho placer y mucha autoestima.” Decir esto que parece tan de aspirante a crítico de academia equivale a no decir nada o peor, decir esto es un insulto a la inteligencia. Si alguna vez escribo una novela y me dicen algo así sabré que me están mintiendo. 



Días antes de publicar esta reseña (semanas después de haberla escrito) Gonzalo Garrido anunció en twitter que ya está en la imprenta la segunda edición. Se ve que sí era el camino.