viernes, 20 de mayo de 2011

"Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven" de Albert Espinosa

Estoy empezando a seleccionar de entre todas mis lecturas pendientes aquellas que sé que no me van a gustar. Sospecho que tiene que ver con el placer que me reporta criticarlas (en el peor sentido de la expresión). Quizá no debería confesarles estas cosas porque me arriesgo a que dejen de fiarse de mi infalible criterio y a creer que lo que hago lo hago por despecho o para llamar su atención. No se pueden imaginar cuán cerca están de la verdad. Pero una cosa no quita la otra: puedo ser sincero y también un payaso. De ahí que elija las novelas que elijo. Esta (“Si tú me dices…”) es el ejemplo perfecto. 



(PAG.15) (1) 

Al chico que escribía esta novela lo veía yo en la televisión hace unos años en una serie de verano en la que Rosa María Sardá hacía de abuela de familia numerosa. Él era médico, un tipo muy simpático y de todos, mi personaje favorito. Esto no tiene nada que ver con la novela, es sólo para ubicarles. Es más, cuando escribo estas palabras apenas llevo leídas veinte páginas y fundamento mi disgusto en una primera impresión que podría perfectamente ser errónea. Yo creo que la lectura reciente de “El Vano Ayer” ejerce sobre mí una perniciosa influencia, en lo que a nivel de exigencia narrativa se refiere. Ahora déjenme que avance un poco más en la lectura, no me vaya a perder una obra maestra por estar hablando con ustedes.


(PAG. 30) 

Les hablé antes del autor de la novela y ahora les voy a hablar del Sant Jordi de este año al que no asistí porque me pillaba unos 1100 kilómetros a desmano pero que celebré igualmente en compañía de familiares, amigos, patatas bravas y licores varios. Les hablaré de cualquier cosa con tal de evitar la novela. Pues bien, según LaVanguardia, en el Sant Jordi de este año los grandes vencedores (es decir, los que más libros vendieron) en Literatura (o similar) de Ficción en Castellano fueron, por este orden: a) la novela objeto de esta entrada, b) “Los enamoramientos” de Javier Marías, que ha resultado ser una de las novelas que más satisfacciones personales me ha dado en lo que va de año (nada que ver con la calidad de la obra), c) “El ángel perdido” de Javier Sierra, que no tengo el placer pero me la imagino, d) “Mar de fuego” de Chufo Llorens, que tampoco pero también y “La caída de los gigantes” de un Ken Follett al que abandoné miserablemente después de haberme leído un montón de libros suyos a pesar de lo cual no logré convertirme -como esperaba- en un experto en novela de Follett(in).


(PAG. 45) 

No les he dicho que la estoy leyendo directamente en la pantalla del ordenador (así de chiquitita es) para poder ir anotando las cosas que me parecen dignas de mención. Como son pocas y todas negativas lo vamos a dejar correr, para no hacer más sangre de la necesaria. El caso es fuera hace un sol de justicia y casi treinta grados y ya que voy a omitir las maldades prefiero, si me disculpan, darle uso a la edición “imprimida” y sentarme debajo de una higuera mientras vigilo a mi hija que se prepara para redecorar el suelo con tizas de colores. Quién sabe, puede que así, ensimismado con la naturaleza, la vea (la novela) con otros ojos. 


(PAG. 72) 

Para descansar la cabeza de tanto esfuerzo leo un artículo en el Quimera [que este mes tiene menos que rascar que la “Qué leer”, que ya es decir] mientras me tomo un helado. Me encuentro un artículo en el que se afirma que “la literatura española pasa por un excelente momento”. El columnista parece estar realmente convencido de ello pero vete tú a saber. También es verdad que pone como ejemplo otros libros que no son este; libros que no sabemos si ha leído pero ya supongo que no. Continúa diciendo que [la excelente literatura del momento] “solo necesita el beneficio de los lectores. Necesita que el lector decida leer narrativa en español”. (No, si al final la culpa va a ser nuestra). No se crean que lo que dice lo dice porque él mismo sea escritor y español; para nada. Al fin y al cabo también es poeta y sabe cómo se las gasta el mercado. Deduzco por lo tanto que si las cuatro novelas más vendidas durante esta feria son de nacionalidad española es que vamos por buen camino y estamos además ante la evidencia del ya mencionado “excelente momento” de la literatura de marras. Con ese optimismo afronto la recta final de la novela. 


(PAG.90) 
(Fin) 

Este "fin" quiere decir que ya la he terminado. Ahora se supone que van las conclusiones. Aunque debería obviarlas, la verdad, al fin y al cabo una novela española que es líder de ventas habría que suponerla buena per se. Pues va a ser que no. Porque como ejercicio para hacer dedo (de escritor) está muy bien, pero viniendo de un tipo como Espinosa, que tiene otros libros, otras novelas y está considerado un reputado guionista, me parece un pelín floja. Yo, si no fuese tan vago (y tan torpe), escribiría algo parecido para después regalárselo bien encuadernadito a mis amigos tal como hacía Filloy. Seguramente me saldría fatal pero da igual porque muchas veces los amigos, como la inmensa mayoría de los críticos literarios, también están comprados y lo más probable es que no llegase a enterarme nunca de mi mediocridad. Que es más o menos lo que puede ocurrir con esta novela: ser líder de ventas en Sant Jordi (tanto en catalán como en castellano) puede provocar el cataclismo cultural de hacer creer a la gente que Albert Espinosa es un gran novelista. 

Me da mucha pereza argumentar en contra de esta novela cuyo mayor inconveniente, ya que me lo preguntan, radica en lo indefinido de su planteamiento. Unas veces parece un relato de misterio y otras la historia de un amor vencido; a ratos son las experiencias vitales de un niño de diez años frente a la muerte y otras veces las de un adolescente de maduración temprana en una “sea movie” un tanto peculiar. Al final parece que ni a, ni b, ni c, ni d. Me da la impresión de que la verdadera historia tiene mucho que ver con lo trascendente, con la identificación de aquello que nos cambia la vida, que hace de nosotros lo que somos al cabo de los años. No es el caso. Quiero decir que esta novela no es trascendental. No les cambiará la vida, ni les hará mejores personas, ni les aportará nada significativo. Lo más que hará con ustedes será empobrecerlos 16 euros, cosa que a mí no me pasó porque esto ya me lo veía venir. 

De todo, me quedo con el agradable recuerdo de una lectura ligera (ligerísima) durante una tarde tonta de calor bajo una higuera, disfrutando de un helado de vainilla y de las risas de mi hija jugando a un parchís dibujado con tiza en el suelo.




(1) De la edición personalizada extraída del ebook. Fichero de Word 2007, fuente Georgia 12p, márgenes de 3 cm a izquierda y derecha e interlineado a 1,15 cm.

14 comentarios:

  1. ¿Soy yo o te estás abalandando...? ;-)

    ResponderEliminar
  2. Eres tú. Yo sigo siendo una roca. El libro fue una mierda pero la tarde muy agradable. Tendrías que ver qué sol, qué helado, qué brisa. Yo para esas tardes dejo siempre las tonterías y esta era ideal de la muerte.

    ResponderEliminar
  3. el tal espinosa es de lo peorcillo, me acuerdo el día de sant jordi contando que le gusta mucho esa jornada pq perdió la pierna, y al día siguiente contando que le gustan los títulos largos y que el último se lo dio una panadera. Personajes así tb tienen que desaparecer tras esta semana, es una cuestión de higiene moral y mental

    ResponderEliminar
  4. Caramba, y yo creyendo que había sido demasiado duro... Leí lo de la pierna en alguna parte. Lo del título no, pero ahora lo entiendo mejor. Es probablemente el título más feo que he leído nunca y lo más gracioso de todo es que está horrorosamente integrado en la novela.

    ResponderEliminar
  5. Pero...¿es novela? ya te comenté que compré el libro para mi hija y que no lo he leido ni creo que lo haga. Con tu reseña todavía me tira más para atrás.

    ResponderEliminar
  6. Bueno, novela, lo que se dice novela... A ver, parece una novela, tiene forma de novela y está pensada como una novela pero no pasa de ser una tontada sin centro de gravedad.

    ResponderEliminar
  7. Yo, como tonta que soy, y porque tengo mucho tiempo, sigo leyendo novedades en castellano. Pero ya me estoy cansando. Estamos sufriendo la peor generación de "escritores" jòvenes de los últimos dos siglos.
    Ayer leía las memorias (la segunda parte) del editor Rafael Borrás Betriú (el libro se titula
    : "La guerra de los planetas" ediciones B). Este señor trabajó en Planeta, en Plaza & Janés y en Seix Barral. Cuenta como le editó un libro a Jimmy Gimenez-Arnau, tambien tiene su parte fea, pero luego se codea con Tamames, Carrillo, Benet, Vázquez Montalbán, Balcells, Carlos Rojas, Paul Preston, Burns Marañón etc...
    Los editores de hoy con quien se hablan? Pues te voy a responder: Con Luna Miguel, con Albertito Olmos, con Fernandez & Fernandez (grupo de comicos del estilo de Martes y trece)...
    Que el nivel está por los suelo y Quimera dice que...
    Es horrible, de verdad
    La sargento Margaret

    ResponderEliminar
  8. Me sorprende tu paciencia con la infraliteratura, Carlos. Una recomendación: 'La bicicleta estática', de Sergi Pàmies.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  9. Nada me gusta más que una buena recomendación tuya, Cadou. Ayer pedí a la biblioteca aquel de Pron que comentamos y hoy mismo, hace apenas dos horas, he cogido el de Pàmies que confío empezar esta misma noche. Que conste que si hubiese sabido que eran relatos me lo hubiese pensado dos veces. Es el tercer libro de relatos que leeré este mes y empiezo a estar un poco harto.

    Y lo de mi paciencia tiene mucho que ver con la cantidad de libros que leo. Si fuesen cinco o seis a mes apuntaría mejor pero así (este mes llevo 15) me da un poco igual equivocarme en cuatro o cinco y de paso me voy enterando de lo que pasa con el mercado.

    ResponderEliminar
  10. Ay, Sargento, cómo la entiendo. Si hasta a mí me leen, debería darles vergüenza. (Siempre hablo en serio)

    ResponderEliminar
  11. Acabo de llegar a este blog y me he enganchado :-)Yo cogí por curiosidad el libro mencionado y no vomité al leer la primera página porque tenía el estómago vacío... Increíble que esto se venda como churros, una novela que ni es novela ni es nada... Lo abandoné y ma dedique a tomarme una cerveza bien fria para ver si se me pasaba el dolor de tripa que me dió el libro... Seguiré pasando por aquí.

    ResponderEliminar
  12. Muchas gracias comiquera. Vengo de ojear tu blog y me he llevado una grata sorpresa, no sólo como excoleccionista de comics sino porque yo dejé DEDOS MEÑIQUES en la página dos. Sentí auténtica lástima por el traductor. Que suplicio de libro.

    Gracias por pasar. NOs leemos.

    ResponderEliminar
  13. Jjajajajajaja hay días tontos, y tontos todos los días! Lo que hay que ver...

    ResponderEliminar