martes, 31 de mayo de 2011

Resumen de Lecturas: Mayo de 2011

La vuelta de un clásico: el resumen de las lecturas del mes pasado. Mayo ha sido intenso como pocos. El clima habrá tenido que ver. 22 libros en 31 días. Como siempre, hay de todo: bueno, menos bueno, malo y malísimo. Me gusta creer que de todas las lecturas se puede sacar algo positivo pero este mes no ha sido posible: algunas lecturas han resultado ser una auténtica agonía. Se lo cuento todo ahora, en riguroso orden cronológico. 

El mes empezó con Amelie Nothomb. No sé si se lo he dicho ya pero tengo la insana intención de leerme todo lo esta buena mujer para luego, si me da por ahí, hacerle un especial. “Estupor y temblores”, la novela que la hizo famosa y que a mí no me pareció para tanto (lo que no quiere decir que no me haya gustado) precedió a “Cosmética del enemigo”, que me pareció superior, muy entretenida, imaginativa y bien montada. Inmediatamente después “Las primas” de la vetusta Venturini, una novela asombrosa que recomiendo encarecidamente, como también recomiendo (lo hice aquí) lo último de Jon Bilbao, “Padres, hijos y primates”. Luego seguí con Nothomb. La idea era leer cinco novelas suyas este mes pero luego la cosa se complicó y tuve que dejarlo en cuatro. Tampoco es que me haya matado el disgusto. “Higiene del asesino” me decepcionó. Se alarga demasiado y la voz de Amelie es demasiado joven. Se podía contar lo mismo con menos palabras; funcionaría mucho mejor. El final tampoco me pareció acertado por incoherente. La siguiente lectura “El sabotaje amoroso” fue mucho peor de lo esperado. Una obra en exceso lírica que se me hizo pesada desde la primera página y que no remontó el vuelo en ningún momento. A dios gracias que era pequeña y me duró menos que helado. 

No hay dos sin tres. Dos lecturas mediocres dieron pie al pequeño gran desastre que (fue) es “Lágrimas en la lluvia” de Rosa Montero de la que ya hablé mucho más de lo que merecía. Inmediatamente después llegó la sorpresa del mes: Isaac Rosa y “El Vano ayer”. Este me lo leí en apenas dos días en las salas de espera de varios ambulatorios: le tengo que dar las gracias a un esguince que aún me sigue dando la lata. Una novela apasionante tanto en la forma como en el fondo. Una de esas recomendaciones que nunca se agradecen lo suficiente. (Gracias, socio.) 

Cuando descubro una novela que me gusta, me entusiasmo. Cuando me tropiezo con una novela que no me gusta, me entusiasmo. Yo me entusiasmo siempre. Lo asumo. Digo esto porque no hace mucho acusé a la novela de Ernesto Pérez Zúñiga, “El juego del mono” (ver más), de “infinita”. No es del todo exacto. La novela de Zúñiga está circunscrita a sus 316 páginas, faltaría más. Lo que quería decir y no dije bien porque se me fue un poco la mano (con el entusiasmo, sí) es que esta historia tiene la ventaja respecto a otras de contar con un argumento que es a la vez un juego de espejos, de ahí la sensación de que no se acabe nunca. La novela de Zúñiga es finita, sí, pero también cojonuda. Esto no pretende desmentir sino matizar lo que en su momento dije de ella. 

Luego, como iba bien de tiempo, me dio por hacer el memo y me leí “Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven” de Albert Espinosa que es con diferencia el título más feo que he visto en mi vida. Les reto a encontrar uno peor. La novela, ya saben, a la altura del horror. Inmediatamente después, la tercera recomendación del mes: “El mes más cruel” de Pilar Adon. El relato en general me da siempre mucha pereza pero esta colección me apeteció desde siempre por su espectacular portada y lo cuidado de la edición. En esta ocasión los relatos no defraudan, son buenos, pero menos de lo que creía. Los días pasan y van cayendo en el olvido. Sólo queda la sensación de agrado; el recuerdo de una lectura satisfactoria. No hay ningún cuento que se quede grabado a fuego en la memoria. No hay "Casa tomada", mi particular vara de medir. Y así es como llegamos a otra de las grandes novelas del mes, una recomendación robada a J.F.Ferré: “La mejor parte de los hombres” de Tristán García. Simplemente genial. Ha entrado automáticamente en mi catálogo privado de imprescindibles y prometo recomendar su lectura a la menor oportunidad. Empiezo por ustedes: no se la pierdan. 

El reciente premio a Philip Roth me animó a ponerme al día en algunas cosillas que quería leerle desde hace tiempo, concretamente su trilogía de David Kepesh. Empezando por la inclasificable “El pecho”, una divertidísima novela… ¿cómo lo diría?... de corte romántico. Después y como soy mucho de contraer obligaciones me encontré con que debía leer sí o sí la novela de Ugo Cornia llamada “Sobre la felicidad a ultranza”. No voy a decir que esta novela es mala porque no lo tengo del todo claro. Lo que sí les digo, por si les sirve de guía, es que a mí me pareció un peñazo del diez. Un auténtico suplicio, eso fue; una tortura china. La acabé por caridad y porque era breve. Pensaba “Total, para ciento veinte páginas que me quedan…” y luego “Total, pare cien páginas que me quedan…” y así todo el rato hasta el final. Un aburrimiento, vaya. La típica novela que parece que uno escriba para sí mismo. También me pudo pillar en un mal día, pero lo dudo, sinceramente. 

El fin de semana de las elecciones me cogió con el paso cambiado y sin saber muy bien por donde tirar. Tenía que recoger tres novelas y no quería complicarme  demasiado la vida con alguna lectura demasiado larga (en mi mesa descansaban Houellebecq y Bernard-Henri Levi y algo de novela negra –de la de verdad). Es por ello que decidí no seguir demorando una promesa incumplida desde hace meses: “Un hombre cae de un edificio” de Raúl Quirós, que tuvo a bien hacerme llegar una edición de su libro para expresarle mi opinión. La sincera. Hay que gente muy inconsciente. Ya les contaré. (Te debo una entrada, Raúl, no me olvido, pero déjame que te repose). Y luego, más relatos. No conozco a nadie a quien le cueste más leer relatos que a mi por lo que tres en un mes es digno de elogio. No se pueden ustedes ni imaginar la cantidad de libros de esa condición que tengo sin acabar. Y los que vendrán. No fue el caso de "La bicicleta estática" de Sergi Pàmies. Para empezar porque venía bien recomendado y para acabar porque es chiquitito y la mar de simpático. Me ha gustado mucho este Pàmies pero lo próximo que lea de este buen señor será novela. Y luego, más de Amelie Nothomb. He descubierto que es ideal como interludio para cambios de registro. Es ligera, divertida (en ocasiones), breve, de lectura rápida y fácil. Bueno, no siempre, ni todo. Elegí, por azar, "Diccionario de nombres propios", una especie de oda al ballet, sus excesos y a los pecados de familia en la que sólo destacaría algunas frases muy acertadas que ya les detallaré en otra ocasión.

Después empecé un libro de Robert Juan-Cantavella pero me dio mucha pereza y lo cambié por algo de novela negra: "El gran reloj" de Kenneth Fearing (adaptada al cine en una película que vi anoche y que aquí se tradujo como (horreur) "El reloj asesino") Aunque le cuesta (bastante) arrancar, al final vale la pena. Se vuelve trepidante hacia la mitad y gracias a que cuesta dejarlo se acaba enseguida. Luego, claro, volví a la de Cantavella. Las cosas no se pueden demorar eternamente. "Asesino Cósmico", se llama. Bueno, se llamaba, porque la dejé. Llegué a la página 70, que ya no está mal, pero no sé, no le acabo de coger el punto. Pensé: "Venga, va, que sólo faltan 200 páginas..." (como si no tuviese otra cosa que hacer) pero no, paso. Estaba tumbado en el sofá de casa, levanté la vista y allí estaban mis lecturas pendientes de Pynchon, Cortazar, Joyce, Matthiesen, Beigbeder, Flaubert y un largo etcétera y en ese mismo momento tomé conciencia (me pasa algunas veces) de mi propia estupidez. Es muy noble y digno de elogio (dejen que me lo diga) mi esfuerzo por estar a la última en lo que a narrativa española se refiere pero tampoco es plan de sufrir cuando sabes que no habrá recompensa. Pues eso, cerré el libro y a otra cosa mariposa.
Bueno, no se pueden imaginar cuanto lamento tenerles aquí todavía pero este mes fue una locura. Procuraré que no vuelva a ocurrir. El mes que viene les prometo menos lecturas y más cine, algún comic, no sé, ya veremos qué se me ocurre para hacer esto un poco más ameno.

Último bloque para las últimas cuatro lecturas del mes. 1. "Enemigos públicos" de Michel Houellebecq y Bernard-Henri Lévy de la que ya dije lo que tenía que decir hace unos días. 2. "Habladles de batallas, de reyes y elefantes" de Mathias Enard, idem de lienzo. Una de las grandes decepciones del año. Una pena. 3."Wendolin Kramer" de Laura Fernández. Nadie puede imaginarse las ganas que tenía de leer esta novela. En serio. La pedí hace meses pero no me llegó hasta el viernes. Claro, me duró dos sentadas. Es estupenda. Tal como la imaginaba (de amena, quiero decir). Divertida y sencilla, pero sobre todo lo primero. Ideal para el campo, la playa, la piscina o el paseo. Dentro de unos días se lo cuento con más detalle. Prometido. Y para terminar, otro estrepitoso fracaso del sello Alpha Decay: "¿Qué fue lo hipster?" de Mark Greif. Esto, por llamarlo de alguna manera, va de una mesa redonda acerca del fenómeno (en fin) hipster y sus consecuencias. Las consecuencias de la mesa redonda, ojo, porque el "fenómeno" mismo no da mucho de sí. El recopilador de textos, Mark Greif, es el director de la revista promotora del evento (n+1); una revista que es considerada ("acusada de", sería más correcto) hipster y esto, al final, acaba sonando a autopromoción. Hacía mucho, mucho tiempo, que no leía algo tan aburrido y falto de contenido. Doscientas páginas para no decir apenas nada. Ya les hablaré de ello con más detalle a lo largo del mes.

Y esto ha sido todo. Un mes completito, tal como les prometí. Un mes de novelas muy buenas y novelas muy malas pero sobre todo, por ser mayoría, de novelas corrientes y molientes, divertidas, ligeras. También de muchos relatos, unos mejores y otros peores, pero todos muy dignos. Un buen mes, en definitiva.

7 comentarios:

  1. Seguiremos leyéndote a pesar de la demora y seguiremos leyendo a pesar de la cera.

    Así que en ésas andamos.

    Un saludo.

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  2. No habrá tal cera, Raúl, ya lo verás.

    Un saludo,

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  3. Coincido en lo del libro de Mathias Enard. Aburrido y no le he encontrado yo nada al estilo, tampoco.

    Un saludo.

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  4. Hoy estuve buscando "La mejor parte de los hombres" en el Corte Inglés, pero no estaba. Al final me he comprado "La Cuarentena" de Le Clezio. Me estoy arrepintiendo, creo que no me va a gustar. ¿Has leído algo de este autor?

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  5. Nathan, el estilo a mi no me ha disgustado. Es intimista, medio lírico y por momentos tiene, ya la he dicho, cosas de Michon, que para mi es directamente un puto maestro de la palabra (esto en mayúsculas). También es verdad que yo en este último año he cambiado mucho y cada vez me gustan más los textos directos, secos, áridos. Tengo que volver a Ellroy y tengo que volver ya.

    Elegido. No me gusta mostrar debilidad pero confieso que me tiemblan las piernas cada vez que alguien me dice que se va a comprar algo que yo he recomendado. En esta ocasión no. Es de las pocas veces que no me tiembla nada porque "LA mejor parte de lo hombres" es fantástica.

    A Le Clezio no lo conozco. Bueno, sí lo conozco pero no lo sigo ni lo leo ni ganas. No es nada personal. Simplemente intuyo que no me va a gustar. No es excusa lo sé. Estoy dispuesto a intentarlo si alguien quiere aconsejarme por donde empezar.

    Gracias a los tres por pasar.

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  6. ja, alucino con que desfachatez y seguridad en tu criterio vas dando mandobles!
    Cris

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  7. Estoooo, entendiendo eso como un cumplido te lo agradezco, Cris. La seguridad en mi criterio es culpa de la confianza de tantos años juntos. Lo otro, la desfachatez, es defecto de fábrica, me temo.

    Gracias por pasarte. Un saludo,

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