miércoles, 4 de mayo de 2011

Calendario de Lecturas: MAYO 2011

Rápidamente. Este mes voy (iba) sin plan; así, a lo loco. Ayer o anteayer tenía uno  bastante extraño que incluía “El padre de Blancanieves” de Belén Gopegui, “La extraordinaria naturaleza de Sam Finkler” o “Las viudas de Eastwick” de John Updike. Digo "extraños" porque hace un mes ni había pensado en ellos y digo “incluía” porque ya los tenía en casa, en el escritorio, y hoy los voy a devolver -los he devuelto ya. Por alguna razón me he empeñado en demorarlos una y otra vez con las excusas más gilipollas, entre las que se incluye la última novela de Rosa Montero, “Lagrimas en la lluvia”, de la que no me libro, ya se lo digo ahora; primero porque la tengo reservada y segundo porque voces amigas me han confesado que la han leído y no se arrepienten de ello. A mí esto me tiene un poco mosca. Yo quiero creer que no me va a pasar lo mismo porque llevo ya muchos años cultivando un elaborado prejuicio hacía la escritora y me da cosa echarlo a perder por muy de ciencia ficción que sea. Respecto a las tres obras mencionadas al comienzo de esta entrada que he decidido aplazarlas. Las dos primeras temporalmente pero la tercera no, esa para siempre jamás. Lo intenté, se lo juro (me refiero al de Updike) pero el pormenorizado relato de un viaje del inserso por la naturaleza salvaje del Canadá durante setenta páginas es más de lo que puedo soportar. 

También pensaba leerme algo de Pynchon, “V” o “Vineland” y dejar los tochos para el verano pero me da que al final va a ser que no. Exactamente la misma sensación la tengo con “El asesino dentro de mi” de Jim Thompson, “Sangre Vagabunda” de James Ellroy o “El largo adiós” de Raymond Chandler que suponendrían una severa pausa en mi particular semana negra de no ser por "Yo, el jurado" de Mickey Spillane, que me está esperando. A cambio me voy a entregar a otra semana: la “semana Nothomb” que debería incluir los siguientes títulos: “Estupor y temblores”, “Cosmética del enemigo”, “Higiene del asesino”, “El sabotaje amoroso” y “Las Catilinarias” (aunque les confieso que dos de ellas ya las acabé). Van siete. Yo creo que puedo meter alguno más. Veamos. He pensado que estaría bien que dos de ellos fuesen los eterna e injustamente aplazados “El Vano ayer” de Isaac Rosa y “Un hombre cae de un edificio” del paciente Raúl Quirós, a quien le debo una respuesta y se la debo ya. Nueve. Puedo seguir cumpliendo promesas, que se me da fatal y así practico. Por ejemplo, “El archipiélago del insomio” de Lobo Antunes o “Mañana en la batalla piensa en mí” de Javier Marías. Y como hay que probar de todo voy a probar a qué sabe “Padres, hijos y primates” de Jon Bilbao, aunque confieso que no espero demasiado de ella; eso sí, la portada es sensacional. Doce. 

Para terminar no olvidemos mi lectura actual: “Las Primas” de Aurora Venturini cuyas primeras 50 páginas me tienen fascinado. Me recuerdan mucho, por el estilo, a aquella otra pequeña gran maravilla que no deberían perderse de Gaetan Soucy que se llama “La niña que amaba las cerillas” (y que no tiene, ni por asomo, nada que ver con la trilogía Larsson). Debería dejar también algo de sitio para “Wendolyn Kramer” de Laura Fernandez o “Asesino Cósmico” de Robert Juan-Cantavella. Y ya no me comprometo a nada más porque al final se me ha ido un poco la mano. Aún así no puedo dejar de soñar con que me diese tiempo de leer "Franny y Zoey" de Salinger, “La mejor parte de los hombres” de Tristán García, “Purga” de Sufi Oksanen, “Cuando cae la noche” de Michael Cunningham ,”La cena” de Herman Koch o “El fin de semana” de Bernhard Schlink. Ya veremos en qué queda todo.

6 comentarios:

  1. ¿YA? ¿Así, de repente? No me estreses Fardal, que me pongo nervioso y no me concentro y yo para leer a Pynchon nunca tengo suficientes sentidos. Venga va, miramos de hacerle un hueco a final de mes.

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  2. Es que tengo tanto miedo a que me odies por lo de Rosa Montero que intento resarcirme antes de tiempo...

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  3. Fui a buscarlo hoy. Lo llevaba en el coche, en el asiento del pasajero y miraba para él en los semáforos y pasaba las páginas y pensaba: "Igual me equivoqué y no era Fardal quien me lo recomendó. ¿Me habré precipitado?". Como no me guste vas a necesitar un Pynchonazo del diez.

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  4. ¿A qué hora prefieres ponerte a leer?

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  5. Coño, Elegido, te echaba de menos!!

    ¿La pregunta es en serio? ¿A que hora prefiero leer? A todas, supongo. Leo cuando tengo un hueco. A mediodía, por la tarde, por la noche...

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