jueves, 23 de enero de 2014

“14” de Jean Echenoz

De esta novela poco bueno tengo que decir. Nada, seguramente. Ni que hubiera sido escrita por un veinteañero español.

La cosa va de la Primera Guerra Mundial, como se puede deducir por el título. Un chaval y sus cuatro amigos van a la guerra. Antes, claro, estalla. La guerra, digo. Se alistan (los alistan) y van. Es contexto socioeconómico es este: el muchacho, el protagonista, Anthime, está enamorado de una mujer, pero la mujer está enamorada de otro. Cuando se van a la guerra (éste, el otro, el de más allá) ella está en estado de buena esperanza por culpa de un tal Charles y como todo el mundo parece creer que la guerra va a durar quince días, pues decide tenerlo. Es una mujer enamorada. Se aman. Ya se casarán. Será por tiempo.

El frente es lo que viene siendo el frente normal de toda la vida de Dios. Unos matan y otros mueren, a veces incluso las dos cosas. A veces incluso a la vez. Les voy a destripar la trama, total qué más da: el padre de la criatura muere, Anthime pierde un brazo y los amigos… bueno, lo que viene siendo un desastre. Lo que viene siendo una guerra.

Pero más allá de su argumento, que también, está lo que Echenoz parece pretender: dibujar un boceto, muy superficial, de lo que fue la Gran Guerra. Hacerle, no sé, una especie de homenaje. 

Vender el libro con la excusa del aniversario. 

Cómo será de superficial que la cosa no pasa del centenar de páginas. Echen cuentas: cien páginas, seis personajes, cuatro años dentro y fuera del campo de batalla. Ya hay que saber resumir para que te salga, no me digan. Ya tiene que ser fino el trazo, certera la pluma. Ya tiene que ser preciso el texto. Pues no. 

“El domingo por la mañana Blanche se despertó en su cuarto, […]: armario de sombreros con espejo de nogal, escritorio de roble, cómoda de caoba y chapados de madera de árboles frutales, la cama es de cerezo y el armario de pino de Virginia.”

Destacar esos momentos, esos acontecimientos que de puro vitales se antojan imprescindibles en toda novela que se precie, por más breve que esta sea, es un ejercicio al que Echenoz dedica demasiado tiempo y demasiado esfuerzo:

“[…] a Anthime lo destinaron a la 11ª escuadra de la 10ª compañía, perteneciente en orden decreciente al 93º regimiento de infantería, 42º brigada, 21º división de infantería y 11º cuerpo del 5º ejército. Número de registro 4221.”

Está muy bien eso de querer contar lo de siempre de otro modo, pero uno se pregunta si ese modo ha de ser necesariamente tan aburrido, tan soporífero, tan tedioso, tan irregular; si tiene sentido resumir un combate de meses en dos párrafos para poder dedicarle a un paseo por el parque con carrito de coche a cuestas otro tanto. Cree uno que no.

“Todo esto [lo que ocurre en el campo de batalla] se ha descrito mil veces, quizá no merece la pena detenerse de nuevo en esta sórdida y apestosa ópera. Además, quizá tampoco sea útil ni pertinente comparar la guerra con una ópera, y aunque la guerra, como ella, sea grandiosa, enfática, excesiva, llena de ingratas morosidades, como ella arme mucho ruido y con frecuencia, a la larga resulte bastante fastidiosa”.

Que vale, que no, que de acuerdo: que no tiene que ser una ópera, pero tampoco (y perdón por el chiste) una película sueca. Tanta gente en tan poco espacio, tantos años en tan pocas páginas… se echa de menos un personaje atractivo, que no sea de cartón piedra; se echa de menos algo que no hayamos visto mil veces, leído mil veces, imaginado un millón. Se echa de menos el silencio de quien no dice nada que no haya sido dicho tantas veces antes. Por muy hermosa que sea su prosa y muy elegantes sus maneras y muy lírico su estilo y muy flaubertiana la intención, por muy bello que sea el conjunto, personalmente no he podido evitar torcer el gesto cuando me he encontrado, una página ahora y en otra después, la prosa afectada y efectista de un Echenoz con ganas de rellenar de naderías un texto tan espantosamente adormecedor. 

“En su deambular, Blanche pasó delante de la residencia de Charles y la de Anthime, vacías ya tanto una como otra de su respectivo ocupante”.

17 comentarios:

  1. Las novelas que abordan las guerras de manera directa a menudo fracasan y resultan menos efectivas que las que lo hacen de forma tangencial. Una guerra invisible pero cuyas secuelas van dando algunas claves del argumento y razones para que los personajes actúen así o asá suele funcionar mejor. Recuerdo que este era más o menos el caso de "Almas grises", una novela de Philipe Claudel que me gustó mucho en su momento.

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  2. ¿Dónde estaba el editor? ¿Qué hacía? Con todos mis respetos, esas citas son... Si todo el libro es así...Si publican libros así... estoy por enviar a Anagrama una docena de mis entradas y que titulen el opúsculo "12", aunque solamente sea para que las pongas verdes aquí. ;)

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  3. Señor Tongoy: si bien está claro que "14" no alcanza el nivel de otras obras de Echenoz (estoy pensando en "Ravel", por ejemplo), de ahí a decir "ni que hubiera sido escrita por un veinteañero español" hay un trecho, un abismo... un maldito océano, vamos.
    Le comenta esto un atento seguidor (de Echenoz y de su blog). Desde mi punto de vista -apuesto a que desde el suyo también- la exageración es uno de los ingredientes más atractivos de La Medicina, pero convendrá conmigo que todo tiene un límite... so pena de zambullirse directamente en la farsa.

    Desde el aprecio (y sin sarcasmo)

    Ángel.

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    1. Ángel, creo que en el "atento seguidor" te sobra el "atento".
      Tongoy no dice que parece haber sido escrita por un veintañero; lo que sí dice es que, entre esta novela y las de los jóvenes hay algo en común: que no tiene nada bueno que decir de ninguna. No es lo mismo.
      Revisa tu comprensión de texto.
      Un saludo.

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    2. Muy estimado señor Anónimo: el señor Tongoy dice exactamente "ni que hubiera sido escrita por un veinteañero español"; no lo entrecomillo por capricho: se trata de la tercera frase de la crítica... y es, por cierto, la única que cito.
      Compruébelo, haga el favor.
      Acepto las disculpas que, sin duda, tendrá usted a bien ofrecerme.
      Un saludo.

      Ángel.

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  4. Gracias, creía que era el único al que le había parecido flojo, flojísimo el libro este.Lo mejor es que cuando piensas en abandonarlo ya lo has acabado de corto que es.

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  5. A mi tu crítica me ha parecido mesurada... ya que el libro me pareció aburridísimo. Y no tiene perdón viniendo de Echenoz con el que disfruté mucho con sus "Me voy", "La aventura Malaya", "Cherokee", y un poco menos con su última trilogía... Se nos está durmiendo en los laureles. La maldita necesidad de sacar un libro por año, descuidando la calidad y originalidad.
    La fatiga se le nota ya en los últimos libros, pero con este ya no puedo, no puedo...Habrá que pasarse a autores de los de más y más, que de los de menos, menos hay un montón.

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  6. http://cultura.elpais.com/cultura/2013/10/07/actualidad/1381162640_545908.html

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  7. Con tu permiso, me gustaría invitar a tus lectores a leer mi reseña de esta novela minimalista, en la que, desde el título, hay una voluntad de contar lo máximo con lo mínimo:
    http://despuesdelhipopotamo.com/2014/01/08/14-la-guerra-centenaria/
    Un saludo cordial.

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  8. También me da mala espina eso de que sea tan corto y que quiera contar tanto el autor. De todas formas ya me llamaba la atención desde antes y, a pesar de que no me gusta mucho esas descripciones tan exageradas, lo leeré para sacar conclusiones.

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  9. No he leído 14, si bien he de decir que me parece interesante el proceso de depuración y adelgazamiento que ha ido realizando Echenoz en su literatura (sus primeras novelas, Je m'en vais, por ejemplo, resultan para mi gusto algo indigestas, con una profusión de léxico rebuscado para epatar al lector francés medio), hacia estas novelas leves, como las de la trilogía biográfica, Ravel, Courir y Des éclairs. Sin embargo, es cierto que a veces de tan leve sabe a poco.

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  10. Alguien fue a la presentación del libro de Bellver?

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    1. Sí, se comparó a sí mismo con el mismísimo Cortázar
      Estuvo divertido

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  11. Tampoco la he leído, la tengo por aquí pendiente, pero tal vez el problema sea que, con la cantidad de memorias y de obras que dejaron muchos de los que participaron en aquella guerra (muchas de las cuales se han ido publicando estos últimos años en español) debe ser complicado escribir sobre ella sin dejar imágenes que otros no han narrado antes. Veremos.

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  12. No estoy para nada de acuerdo en lo que comentas. Creo que cuenta en esencia la guerra sin entrar de forma directa en la misma sino de manera tangencial a través de las vivencias de uno de las decenas de miles de soldados implicados en la misma. Y precisamente en la brevedad radica su genialidad. Contar tanto en tan poco está al alcance de muy pocos y ojalá lo estuviese de un veinteañero de nuestro país porque diría mucho del futuro de nuestra literatura.

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  13. La novela es excelente. Dice mucho más de la guerra que obras de ficción y no ficción con muchas más páginas. Todo es tan seco, tan frío, tan aparentemente sin sustancia que consigue contar lo estúpido y lo absurdo con la certeza de lo que es preciso y con la fuerza de lo que es hiriente

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