lunes, 28 de febrero de 2011

What if… Clark Kent no fuese Superman

ACTO I 

Esta historia en cuatro actos arranca hace unos días durante la lectura de "Padres Ausentes", novela/ensayo escrita por Pablo Muñoz y publicada por Alpha Decay en edición Mini. La edición "mini" son esos libritos pequeños como entradas de blog impopulares que ocultan tesoros unas veces y otras no. Les voy a dejar con las ganas de saber si ésta tiene miga o no tiene miga porque lo que yo quiero es hablar de otro libro y no me parece justo hacerle compartir espacio con éste, independientemente de lo bueno o malo que me pareciese. El caso es que este libro Pablo Muñoz (aka Alvy Singer) trata de algo que conozco bien: los comics. Más concretamente del comic pijamero, que es ese trata de superhéroes y supervillanos y de las cosas que pasan cuando interactúan. Muñoz nos habla de su adolescencia (no muy lejana) y de cómo fue descubriendo un mundo nuevo; un mundo plagado de viñetas. Pero a mí los traumas infantiles de Muñoz o lo preparado que esté para el ensayo es algo que me trae bastante sin cuidado en este momento. A mí lo que me importa es lo que me hizo sentir al devolverme los recuerdos que me robó: la lectura de las aventuras de Spiderman y de libros de escritores que hablan de comics. Pero sobre todo me recordó la pasión que no hace tanto yo también sentía. Y me dio pena. Y me puso un poco triste de nostalgia. Luego me enfadé con Alpha Decay por consentir libros tan pequeños y tan demoledores. 



ACTO II 

Al día siguiente, ya sobrepuesto a los males de la memoria, volví a pasearme en tela de araña por la red. Había de todo desde mi ventana del igoogle (otro día hablaré de eso) pero lo que más me llamó la atención fue la entrada de Javier Calvo que ofrecía una novedad que incluía una foto espantosa de una chica que parecía vestida de superhéroe. La chica es Laura Fernández de la que ya he hablado más que suficiente en alguna entrada anterior. Lo que más me gustó de Laura, a falta de conocerla personalmente y leer sus libros, fue su blog. Tiene un blog fantástico. Parece hecho con los restos del día, sin mucho criterio, improvisado. Un blog muy atractivo, en definitiva. Parecerá que me he enamorado de Laura, pero no: me he enamorado de su blog. Su blog habla de libros escritos por señores que no conozco de nada; tiene fotografías y tiene también portadas de comics y salen superhéroes cada dos por tres; algo que se suma a su encanto natural. Y como el día anterior, volví a ponerme muy triste, otra vez de nostalgia. Y cabizbajo como estaba di con una entrada en el blog de Laura que me llevo en volandas hasta otro llamado “Elegí un mal día para empezar a fumar” en el que un tipo llamado Alberto Ramos afirmaba haber escrito un libro con un título de lo más sugerente: “Los últimos días de Clark K.” 



ACTO III 

Los últimos días de Clark K.” es verdadero motivo de estén ahora ustedes perdiendo el tiempo de esta manera tan tonta. Quiero decir que es el motivo de esta entrada. El libro estaba gratuita y legalmente disponible en la red. Por lo general ya no soy mucho de pagar las cosas que puedo obtener gratuitamente pero esto me llamó mucho la atención: era el propio autor quien lo ponía a disposición del público. También podían pagar por él quienes quisieran hacerlo: sus padres, hermanos o amigos, supongo. Estoy tan poco acostumbrado a que me regalen literatura que la generosidad de Alberto Ramos me predispuso inmediatamente contra él y contra su libro. Si es bueno, pensé, no puede ser gratis. Debe ser una mierda, sí o sí. Pero no me daban las cuentas: ¿por qué entonces lo recomendaba Laura Fernández desde su maravilloso blog? ¿Serían novios? ¿Amigos? ¿Hermanos? ¿Familia política? ¿Tendría intereses económicos? ¿Sería “Alberto Ramos” un seudónimo? Entonces lo comprendí: era una trampa. Mis antiguos socios del Club de los Pijameros Muertos se habían confabulado con Javier Calvo y Laura Fernández en la creación de un libro cuya autoría imputaban a un tal Alberto Ramos, de profesión "desconocido". El libro debía ser lo suficientemente interesante para desengancharme de la literatura de drama social en la que llevaba anclado los seis últimos meses. La idea es redonda, lo confieso: una obra de teatro, tres actos, sólo 115 páginas que permitiesen leerlo de una sentada y un argumento tan delirante y divertido como es la presunción de que Clark Kent no hubiese sido Superman, de que todo fuese un acuerdo entre ambos para ser felices cada cual a su manera. Un plan sin fisuras el de mis amigos. Un plan que funcionó a la perfección porque al acabar la novela, me había divertido tanto, estaba de tan buen humor que quise demorar un rato la caída libre hacia otro drama humano que parecía ser el "Celacanto" de Jimina Sabadú. 

(Esta es también la historia de cómo acabé sumergido en la lectura de las nuevas aventuras de Daredevil, el Hombre sin Miedo, que ahora pretendía dirigir la malvada organización de ninjas llamada La mano con la noble intención de retomar el control de la cocina del infierno que había vuelto a caer en manos del malévolo Kingpin. El sinvivir habitual.)

No me fui a la cama con Jimina (más quisiera ella) sino con Javier Pérez Andújar y Los príncipes valientes. Todos juntos, más contentos que unas castañuelas, en mi cama de 1.50: Javier, los príncipes valientes y yo. Y Jimina nada. No la dejamos ni mirar. 



ACTO IV 

El acto IV es el acto final. El último vértice de esta cuadratura literaria. El acto cuarto es la representación de la obra de Alberto Ramos. 

El 24 de febrero se estrenó “Els últims dies de Clar K” en la sala Flyhard. Yo no podré asistir porque me pilla un poco a desmano (como 1.100 kilómetros de desmano). A pesar de todo me he tomado la molestia de buscar el enlace con los horarios, para que no tengáis que perder el tiempo con estas minucias. Haced clic donde pone clic y llegaréis a la información sin sudar la camiseta. Ver no la podréis ver. No desde aquí, al menos. Pero sí desde allí, si vais. Y si lo hacéis, por favor, venid y me lo contáis.




3 comentarios:

  1. Ya lo había dicho en otro sitio, pero no tengo reparos en repetirlo: me ha encantado el post. ¡Muchísimas gracias!

    Nota curiosa: Celacanto ganó un premio al que había osado presentarme, así que en cierto modo me siento felizmente vengado.

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  2. Me alegra que te haya gustado. Así estamos en paz: a me ha gustado tu libro y a ti te han gustado sus consecuencias. Espero que la obra de teatro esté funcionando bien y por lo menos un espectador llegue desde aquí.

    La anécdota de "Celacanto" vale la entrada. Ahora mismo estoy leyendo el de Jimina y bueno, en fin...

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  3. Lo acabaré leyendo, no soy rencoroso.

    La obra ha empezado con muy buen pie, gracias. Parece que a la gente le está gustando.

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