martes, 1 de febrero de 2011

Correspondencias: EL EFECTO PIGLIA (Tercera Parte)


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De: Oblómov Varese (oblomov.varese@gmail.com) 
Enviado el: miércoles, 20 de enero de 2011 01:57
Para: Carlos González (lamedicinadetongoy@gmail.com) 

Asunto: Re: Rescatándote del olvido 



Sobre lo que no se puede hablar, hay que callar”, decía Macedonio. Lo lamento pero no me siento ya capaz de escribir si no es por boca de otros. ¿No fue Walter Benjamin el que propuso o trató de o pensó en escribir un libro enteramente hecho de citas? ¿No fue Piglia quien años después depositó ese mismo deseo en los labios del personaje Tardewski, que se declaraba discípulo de Wittgenstein y era en realidad una deformación del también polaco y también escritor y también columnista en un diario local y también argentino por adopción, Witold Gombrowicz? Les dejo a ellos que digan con sus citas lo que yo quiero decir: 


“Complicaciones diversas, difíciles de explicar por correo, me hacen creer que por un tiempo no tendrás noticias mías. La correspondencia, en el fondo, es un género anacrónico, una especie de herencia tardía del siglo XVIII: los hombres que vivían en esa época todavía confiaban en la pura verdad de las palabras escritas. ¿Y nosotros? Los tiempos han cambiado, las palabras se pierden cada vez con mayor facilidad, uno puede verlas flotar en el agua de la historia, hundirse, volver a aparecer, entreveradas en los camalotes de la corriente. Ya habremos de encontrar el modo de encontrarnos.” 

Carlos, por fin me ha sucedido algo. ¿No lo entiendes? Por fin me ha sucedido algo realmente sensacional; tan sensacional que dudo mucho que ni tu ni nadie pueda entenderlo. No recuerdo ahora mismo quien era el que decía que no puede ser entendido un presente que no sea histórico. Un presente no histórico es un horror, decía. Lo que quería expresar ese sujeto es que sabiendo lo que sabemos que es –este presente histórico- y en qué se va a convertir es cómo podemos soportarlo. Yo he sido siempre un hombre escéptico, he vivido fuera de la historia; tú, en cambio, como la inmensa mayoría, solo puedes pensar desde la historia. El presente del que he sido testigo sería un presente insoportable si tuviese que medirlo con tus mismas herramientas. No esperes entender nada de lo que a partir de ahora publique en el blog, si acaso llego a publicar algo; no mientras no logres desprenderte del componente histórico de tu presente ni mientras los límites de tu lenguaje sean los límites de tu mundo. 

Atentamente, 




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De: Carlos González (lamedicinadetongoy@gmail.com)
Enviado el: jueves, 20 de enero de 2011 22:13
Para: Oblómov Varese (oblomov.varese@gmail.com) 

Asunto: Re: Rescatándote del olvido 



Amigo Oblómov, 

Me tienes confundido. No sé ni por dónde empezar a desenmadejar el ovillo en que se han convertido tus correos. ¿Qué quieres decir con eso de que por un tiempo no voy a recibir noticias de ti? Vaya por delante que no tienes obligación alguna de escribirme. Nuestra relación se ha basado siempre en la sinceridad y en el respeto y no seré yo quien viole las reglas del juego. ¿Recuerdas aquella explicación que me diste para no hablar por teléfono conmigo?: (y cito textuales tus palabras que me ha llevado un rato largo encontrar) “su inmediatez es contraproducente pues son necesarias la distancia y la ausencia para prosperar y enriquecer, con los tiempos muertos y a fuerza de repetir lecturas, las relaciones". ¿De eso va todo esto? ¿Crees que con la distancia y leyendo y releyendo lo que sea que me vayas a decir llegaré mejor a ti; se estrecharán más o mejor los lazos que nos unen? No sé si tu presente, al carecer de historia, ha perdido la razón pero en el mío el movimiento se demuestra andando y a fuerza de callar lo único que se consigue es no decir absolutamente nada. Responde a este correo como tengas a bien. Yo haré exactamente lo mismo. 

Y termino, si me lo permites, desdramatizando, para que cuando todo esto termine y quede en nada no caigamos los dos en el más absoluto de los ridículos. Me parece realmente fantástico que te pasen cosas sensacionales. (No tanto ya la manifiesta incapacidad que estás demostrando para aceptarlo). No te vayas, joder, Oblómov, que Tolstoi me quiere moldear como el argumento de una novela. Temo que me mate, como mató a Ana Karenina. Y después sé bien que irá a por ti. Nos hemos convertido en objetos de su deseo y ahora dice cosas del tipo “moral de imperativo categórico”, quiere acabar con la “desidia” y darte recetas de “estricta observancia”. Yo me veo prostituyéndome en Siberia con algún nombre exótico como Putorovka y cambiando libros en español por farmacopea variada de estimulación genitourinaria. De acuerdo, tenías razón: debí hacerme amigo de Jordi Corominas, que a él se le entienden los mensajes, pero ahora ya es tarde para lamentaciones y salir corriendo no es la solución. Ahora hablo de mí; me busco consuelo porque a ti te doy ya por perdido. 

Adiós Oblomov, amigo. 

Un abrazo, 




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De: Carlos González (lamedicinadetongoy@gmail.com)
Enviado el: jueves, 20 de enero de 2011 23:51
Para: León Tolstoi (lev.n.tolstoi@gmail.com) 

Asunto: Re: Agradecimiento 



Señor Tolstoi, 

Se ha ido. Me refiero a mi amigo Oblómov. Así, sin más: citando a Piglia y hablando de hechos sorprendentes de corte irracional, presentes históricos o pasados metafísicos. No sé que me asusta más: no saber dónde está y si le pasa algo o quedarme a solas con usted y sus (no me atrevo a poner en duda) nobles intenciones. Creo que esto último es peor pues Oblómov tiene una tendencia natural a la ausencia y ya venía con kit de supervivencia cuando lo encontré debajo de un puente pero en cambio yo, que soy más de tuntuneo, de embarrarles el camino a personajes como usted, no tengo por costumbre enfrentarme a observancias kantianas. Mire, déjeme estar, ¿de acuerdo?, no hay entre nosotros forma humana de llegar a entendimiento verbal alguno y a fuerza de golpes no me arreglo porque ando flojo de masa muscular. 

Tómese esto como quiera: con agua o como una despedida pero asuma que a partir de este momento yo soy el enemigo imbatible y usted los restos caducos de tiempos peores. “Habemus paz, no jodemus”, mi buen Tolstoi. 

Con afecto, a pesar de todo, por muro masoquismo, 

La Medicina de Tongoy 



P.D. Sin rencores: no se olvide de visitar mi blog: de comentar si le gusta y callar si no es así. Venga, vale, también “si no es así”. Hable usted, hable, que ya me las arreglaré yo para hacerle el caso que merece. 





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De: León Tolstoi (lev.n.tolstoi@gmail.com)
Enviado el: viernes, 21 de enero de 2011 09:10
Para: Carlos González (lamedicinadetongoy@gmail.com) 

Asunto: Re: Agradecimiento 



Estimado Carlos: 

Decía Kant: la paloma que siente la resistencia del aire piensa que podría vivir mejor en el vacío. Pues Oblómov lo mismo. Déjelo volar, amigo Carlos, déjele que se dé de bruces con su obcecación. Su oblómovka, herida de muerte, no está ya en este plano de la realidad en que habitamos usted y yo; a eso se debe referir con el “presente histórico” que me ha dicho que cita. Esperar que Oblomov esté a nuestro a lado, al suyo especialmente como amigo que es, reconociendo las formas cómo nosotros las reconocemos e interpretando las señales cómo sabemos que son, es también una forma de no afrontar los hechos. En el telar de las falsas ilusiones se tejen nuestras desdichas, no lo olvide. 

Respecto a mi mano tendida: me tomo su rechazo como una rendición y el de Oblómov como un acto de cobardía. Son muy de estar juntos ustedes dos. Les deseo igualmente un feliz viaje: a Oblómov en el insondable vacio de su locura y a usted en el mundo de Yuppi en que ha convertido su medicina. 

Cuente con mis comentarios en el futuro. Seré un crítico implacable y usted, antes o después, harina en mis manos. 

Atentamente, 





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De: León Tolstoi (lev.n.tolstoi@gmail.com)
Enviado el: viernes, 21 de enero de 2011 23:02
Para: Oblómov Varese (oblomov.varese@gmail.com) 

CCO: Carlos González (lamedicinadetongoy@gmail.com) 
Asunto: Saludos Cordiales 



Me han dicho que anda escapando y escupiendo citas de Piglia, alegando en su defensa sucesos sorprendentes, pasados vacios y presentes no históricos y he querido, como acercamiento y despedida, tratar, por primera y única vez, de sacarle de ese refugio abisal en que parece haberse empeñado en caer, con una cita del mismo autor: 

¿Qué es lo que uno puede llegar a tener en su vida salvo dos o tres experiencias? Dos o tres experiencias, no más. Ya no hay experiencia, sólo hay ilusiones. Todos nos inventamos historias diversas para imaginar que nos ha pasado algo en la vida. Una historia o una serie de historias inventadas que al final son lo único que realmente hemos vivido. Historias que uno mismo se cuenta para imaginarse que tiene experiencias o que en la vida nos ha sucedido algo que tiene sentido. Pero ¿quién puede asegurar que el orden del relato es el orden de la vida? De esas ilusiones estamos hechos, querido amigo, como usted sabe mejor que yo. 

No sé cuál es su historia, Oblómov, ni adonde se dirige; de qué recuerdos o fantasías se nutrirá durante su ausencia pero tengo por seguro que volverá, ya sea a la Oblomovka o la Medicina. Y yo estaré aquí, esperando por usted, para abrazarlo y hacer añicos su cobardía. 

Atentamente, 

2 comentarios:

  1. Mucho me temo que toda esta correspondencia sea pura metáfora de otra interrumpida en la vida real, también a tres bandas, y que incluía, cómo no, por mor de la zapaterista alianza de civilizaciones, sendas comunidades autónomas diferentes. Voy sacando la bolsita de tabaco de liar para reflexionar adecuadamente mientras industrio un pitillo delgadito.

    Sus misivas, estimado Sr. González, adolecen del mal de la literatura, contagiado a su círculo de receptores y emisores a los que veo como sujetos de aquel arte, rescatado por su alter latino-ruso Oblomov Varese, llamado marionetismo. Y por si no fuera poco tal aberración, se dedican ustedes a la práctica de la cita y la, digamos, contracita, dando así cita y lugar e incluso hora para hablar, lateral pero no literalmente, de obras verdaderas y también de obras falsas como esa que menciona en el post subsiguiente a este que comento con dolor lumbar, Correspondencias: que tanto usted como yo sabemos que no existe, que es mera invención suya-mía para intentar provocar en los exiguos lectores de nuestros blogs (más bien del suyo pues, sin ir más lejos, el mío tuvo ayer trescientas setenta mil visitas, casi la mitad de ellas desde Asturias, una desde A Coruña y el resto, a partes iguales, desde París y Bogotá) el deseo de ver publicada una obra así de su propia mano, aunque bajo (qué ridiculez) el pseudónimo de Hugo Abbati.

    Se ha vuelto usted loco, Sr. González, y me ha contagiado a mí su insania. Tanto es así que, para procurar mi recuperación, me he propuesto una medida de choque radical: no escribir ni, por supuesto, leer. Reducir mis funciones básicas a comer, dormir, pulsar la botonera del mando a distancia y recrearme en la contemplación de la ropa interior tendida de la vecina a través del ventanuco del baño mientras me dedico, en segundo plano, a ver pasar la nada por mi cabeza.

    Pero seamos constructivos. Quienes leemos blogs somos espías de las intimidades ajenas, y qué mayor intimidad que las cartas que los demás reciben y escriben. Pero cartas de verdad, que hay otros espacios parecidos al suyo (al menos en su denominación genérica) dedicados a la rama epistolar que hieden por la total ausencia de calidad y lo melifluo de sus contenidos. Conservo en mi mano derecha una leve cicatriz que me dejó, de pequeño, la costumbre de robar correo ajeno de los buzones del vecindario. En aquella ocasión casi me pilla la vieja del tercero, que subía cargada de bolsas y demandó mi asistencia con el peso excesivo para sus huesos enterrados en carne de flan. Tan tonta era que ni se fijó en la sangre que goteaba de mi dolorida mano.

    Quiero decir que siga usted contando intimidades aunque le ruego, Sr. González, que si tiene usted en estima a sus lectores habituales (esos dos o tres incondicionales, dudo que sean más) nos haga llegar sus correspondencias de una en una; si lo prefiere, una en horario matutino y otra en vespertino. Pero, por favor, no las publique todas a la vez.

    Un ruego adicional: olvídese de Piglia; si de vez en cuando quiere degustar un bluf, confórmese con Vila-Matas, que al menos es del lado de acá y no está la economía como para ir subvencionando literaturas insulsas importadas, aunque sean pagadas al peso.

    No me despido aún, sino que continuo en el post de más arriba. Usted me entenderá; a los demás que les vayan dando.

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  2. Estimado JL, si alguno de los personajes te dibujase, si en alguno hubieras de verte reflejado, tendría que ser en ese ruso alto, inmenso, experto lector, de humor corrosivo como el ácido pero henchido de buenas intenciones.
    Lástima que sea un hombre de cuerpo entero y no etéreo el propietario. Te lo presentaré con gusto. Os llevareis muy bien.

    Tiene razón en una cosa: debería entregarme con mas pasión a Vila Matas que a Piglia (aunque no veo la incompatibilidad por ninguna parte) pero no olvides que la memoria (viva) de VM está mas que presente en este blog que arrancó con un libro suyo y lleva el nombre en honor de aquel pequeño relato que protagonizó Tongoy, el hombre más feo del mundo.

    Gracias por su comentario. Se ha ganado hoy usted el pan que se ha de llevar a la boca.

    Abrazos,

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