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domingo, 24 de noviembre de 2013

Una aproximación a “La Casa de Hojas” de Mark Z. Danielewski

(O hablar por hablar.)

Hoy vengo sin intención crítica. Esto quiere ser poco menos que una reflexión. Una excusa para hacer una pausa y aclarar las ideas. Llevo una semana sumergido en la lectura de “La casa de hojas” y en “Jota Erre” de Gaddis (y a ratos Cartarescu y a ratos Joseph Frank y a ratos Dostoievski y a ratos Gerónimo Stilton —paternidad obliga—y a ratos qué sé yo). 

Y a ratos duermo, también.

Cuando escribo estas palabras los editores de “La casa de hojas” acaban de anunciar en twitter que van a sacar la tercera edición. A falta de información sobre volumen de las tiradas, la noticia invita a la prudencia tanto como al entusiasmo. Pero nos alegramos, en cualquier caso y nos hacemos eco.

(Nos hacemos eco, qué gracia.)

Se habla mucho de La casa de hojas. Twitter arde. Facebook arde. Todo son fotos, posados, el libro sobre un fondo de piedra, sobre el verde musgo de un bosque, sobre una mesa. Se intuye que pronto llegarán los fondos nevados, los villancicos y los paquetitos de Amazon a los pies de un abeto. Esa costumbre tan nuestra de hacer el gilipollas. Para sacarle una foto a un libro sólo hace falta una cámara. Sin embargo, para leer “La casa de hojas” parece que hace falta algo más. Valor, por ejemplo. Paciencia. Sincero interés. Tiempo. 

Cierto grado de tolerancia.

No me hagan mucho caso, soy el menos indicado para hablar. Cuando escribo estas palabras voy por la página 350, por lo que ya habré leído unas 450. Sí, han leído bien. Tiene truco, claro, la magia no existe: prefacios con numeración romana y extensos y delirantes apéndices como notas finales. Está todo inventado.

Vaya por delante que estoy disfrutando BASTANTE “La casa de hojas”. Lo pongo en mayúsculas para que quede claro. Podría ponerlo también en azul, pero no me apetece; vengo un poco saturado de jueguecitos (orto)gráficos. 

Intento que esto no se parezca demasiado a un promoción gratuita (e innecesaria), pero supongo que será un esfuerzo inútil. Al final este post es mi particular fotografía del libro sobre un fondo de mi culo en una silla y no se me ocurre mejor recomendación que esa, honestamente.

“La casa de hojas” se vende como una novela sin fronteras. Se acompaña, en las críticas de la red, de grandes nombres: Borges, Nabokov, Derrida, Joyce, Julian Rios. Cervantes. Así es, amiguitos, al entusiasmo habitual de las promociones hay que sumarle los elogios desmedidos propios de las obras de culto. También está la querencia a complicarlo todo hablando de deconstrucción, interpolaciones, digresiones, notas, geometrías no-euclidianas de planos de ficción y un largo ecétera, que sin estar faltos de razón tampoco invitan a nada si no se acompaña de un poco de fe. 

Por lo que he podido comprobar, la novela de Danielewski es un lío del demonio que conviene afrontar con entusiasmo y tiempo libre. «[se aconseja] una lectura en cuantas menos sesiones mejor, lo más seguidas que se pueda, en cuatro o cinco días como mucho, para no perder ni el hilo narrativo ni, francamente, el efecto de la lectura sobre el ánimo del lector» dicen en este blog . 

El mismo ocioso crítico dice (la negrita será mía): «Está escrito usando diferentes tipografías, a veces en función del contenido, otras en función del narrador, y esta distinción no es ni anecdótica ni aparente, es fundamental para la comprensión del texto y uno de sus mayores logros» algo con lo que no puedo estar demasiado de acuerdo. Cierto: es muy útil. Y bonita. Es lo que tiene, también. Pero no es fundamental en absoluto. Hay soluciones mucho menos “visuales”. El dramatis personae de Jota Erre, por ejemplo, nombra más de 120 personajes diferentes; casi todos cuentan con voz pero ninguno necesita ir acompañado de una tipografía especial, ni azul ni verde ni colará, ni cursiva ni georgiana. Y no será por pantones. Bien mirado, el recurso de Danielwski es un recurso fácil y visualmente tan efectivo como efectista. 

Mi impresión inicial, ya que no me lo preguntan, es que DE MOMENTO (recién llegado al ecuador) “La casa de hojas” es un bello y retorcido objeto que oculta una interesante novela de terror pero también mucha paja. Un libro que, o mucho me equivoco, o terminará siendo mucho más comprado y comentado que realmente leído. Ojalá me equivoque. 

Yo, de momento, y habiendo dicho todo lo que tenía que decir, sigo a lo mío.





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miércoles, 27 de noviembre de 2013

“La Casa de Hojas” de Mark Z. Danielewski

Generalmente las aproximaciones (ver aquí) me quitan las ganas de escribir las reseñas. Esta no es una excepción, pero lo prometido es deuda. 

“House of leaves” (traducido como “LA casa de hojas”) se publica en el año 2000 y desde el primer momento se presume prácticamente intraducible. Sobre los costes de traducir semejante trasto flota la idea de estas rarezas sólo las compran dos. O doscientos, da igual; los que sean siempre parecerán insuficientes a la hora de recuperar una inversión como esa. Y así fue. Durante mucho tiempo, la traducción de "House of leaves" fue, para los que no dominamos el inglés, un sueño que alimentábamos con la búsqueda de imágenes (sobre todo IMÁGENES) del interior. Luego veremos alguna.

Y un buen día llegó Pálido Fuego. Y dice la leyenda que se encontró con Alpha Decay en la sala de espera. Cómo será esta novela que me ha obligado a romper mi palabra de no volver a reseñar nada que publiquen ambas editoriales. Esto, si lo digo, no es para calentarle la cabeza a nadie, sino a modo de cumplido. Me quito el sombrero y no me lo vuelo a poner. La edición (a excepción de la desafortunada elección de la portada (ver post anterior)) es sencillamente MAGNÍFICA.

Al tema.

* * * * * * * * *


“La casa de hojas” es una novela de terror. Eso ante todo. El argumento, grossísimo modo, es el siguiente:

El joven Johnny Truant es un elemento que un buen día, gracias a su buen amigo Lude y por la razón que sea, da con un baúl que contiene un manuscrito de viejo ciego llamado Zampanó que muere en extrañas circunstancias. El manuscrito hace referencia al “expediente Navidson”.“La casa de hojas” es el montaje que Truant hace con las notas de Zampanó y su propia aportación en forma de anotaciones (todas a pie de página) que un buen día manda a unos editores (que a su vez incluyen sus propias notas). Es decir: Truant recoge la información de Zampanó, es decir, una análisis sobre la particular experiencia que vivió la familia Navidson en una casa.

Parece un lío y sí, lo es, pero no demasiado.

El expediente Navidson. Recién trasladados a su nuevo hogar, aparece, un bien día, una puerta en el salón. La puerta conduce a un pasillo OSCURO ora de tres metros ora de quince. Donde está el pasillo, debería haber campo. El pasillo tiene una puerta. La puerta da a otro pasillo, a otra puerta, a otro pasillo, a otra puerta. Etcétera. Da a una gran sala. Da una escalera. (Ver portada). Acompáñese de oscuridad total. Total. De ausencia de ruido, de viento. Acompáñese de un frío glaciar. Acompáñese de espacios que se reconfiguran solos. De distancias variables. 

El expediente Navidson (1) habla de una grabación detallada de la investigación que el propio Navidson, con ayuda de una serie de personas, lleva a cabo para tratar de entender qué coño es eso que ha aparecido en su casa y de dónde demonios sale. Y a dónde lleva.

Ese es el argumento. Una parte, al menos. La novela tiene 736 páginas. Podríamos entrar en detalles y nunca estaríamos detallando suficiente. Como buen “informante”, Zampanó detalla minuciosamente cada momento del video, lo acompaña de extractos de los numerosísimo estudios que se han hecho sobre él. Todo lo que cabe en la novela está en la novela y por si no era suficiente, Truant, el descubridor del manuscrito, se empeña en meter, en los pies de página, su particular experiencia durante la lectura del informe , una experiencia que, les adelanto, tiene muy poco de feliz, por más que el tipo se pase media novela borracho y follando.


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Me estoy liando pero es que la puñetera invita a ello. Dos palabras más y vamos a las conclusiones.

Más allá del argumento, está la forma, que es lo que realmente hace esta novela tan especial y tan difícil de replicar en otro idioma. La novela se retuerce. Se complica. Se unen, al detalle del expediente, columnas de información aparentemente inútil pero que, en cierto modo, cumplen una importante función. Otras veces el texto se estrecha, la página queda casi en blanco o bien el texto se da la vuelta, se refleja como en un espejo o cae en cascada. Utilicen la imaginación. Para los que no tengan, aquí una fotito robada de la red. Y ya. Si sienten curiosidad, seguro que dan con la manera de encontrar más fotos en Google. 



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A mí, personalmente, me sobra media novela. Concretamente TODO lo que tenga que ver con Truant. El tipo tiene su aquel, pero lo realmente apasionante de la casa de hojas es la casa de hojas, ¡no lo que el susodicho siente o padece por la lectura dichosa! Me importan un comino las claves que oculten sus notas o los juegos a qué invitan (que son unos cuantos), al final lo que queda de él es pura anécdota mientras que el expediente Navidson, todo aquello que escribió el cegato de Zampanó, es, quitando episodios puntuales, apasionante. Sería un novelón si, conservando la alocada estructura, Danielewski le hubiese metido un buen tijeretazo al, digamos, artefacto. Y cuando digo bueno, quiero decir buenísimo. Quiero decir generoso en extremo. Pero supongo que la idea de incluir diferentes tipografías en los pies de página, y más notas que vienen de esas notas, y mandar al lector al apéndice uno o el dos o el B o X, supongo que todo eso de enredar y enloquecer la novela, era demasiado irresistible. Y sí, se entiende, pero también se sabe innecesario. 

Es por culpa de esto que lo que podía haber sido una novela sobresaliente se queda en notable. Con todo, la casa de hojas es una magnífica historia de terror y aventuras que no necesita de fantasmas ni de psicópatas ni de niñatas pelonas saliendo del televisor para crear una atmósfera aterradora y para mantener la tensión durante todo el viaje, un viaje que, obviando a Truant, se hace incluso corto, que ya es decir. Con esto no quiero decir que sea especialmente original. Danielweski recurre a tantos tópicos como le es posible: casa encantada, oscuridad, ruidos de fondo, gruñidos, silencio; exploradores que se pierden, se vuelven locos, se lían a tiros; conflictos sentimentales, que si el hermano borracho, que si la mujer infiel. Pero da igual: el tamaño del terror y sobre todo el modo en que Zampanó desarrolla la narración evitan continuamente el tedio y la sensación (absolutamente justificada) de estar visitando lugares comunes.

Lo dicho: acertada novela experimental de terror que sólo peca de un innecesario exceso de contenido. Más corta, sólo un poco más corta, hubiera sido tan, TAN buena. Una pena. De acuerdo, no es la obra maestra que se vende por ahí (la que uno esperaba, malditas expectativas) pero sí vale cada euro invertido y casi  casi casi cada minuto dedicado. 



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(1) No confundir con la película “El expediente Warren” o su más reciente adaptación hispana, “El expediente Vitu”: (hacer clic para ver, ver para creer)

viernes, 29 de noviembre de 2013

Resumen de lecturas NOVIEMBRE 2013

Había puesto yo muchas esperanzas en este mes. Demasiadas. Al final ha resultado ser flojete. No tanto por la calidad de las lecturas (de esto no me quejo) como por la cantidad. Pero el tiempo es el que es.

Empezó con dibujitos, concretamente con la magnífica y estupendísima "Asterios Polyp" de David Mazzuccheli (sin sentido). Anótenla como primera recomendación. Asterios Polyp es un comic de unas 300 páginas que se lee en dos sentadas. No podrán evitarlo. No me ocurre todos los días que no soy capaz de soltar un libro. La cosa va de dualidad (no me obliguen a escribir ahora la reseña): un engreído y narcisista arquitecto de unos cincuenta años que ejerce la enseñanza y que no ha visto materializarse ni una sola de sus creaciones toca fondo. Su vida ya era un desastre cuando se le quema la casa por lo que se larga, sin decir nada a nadie (¿a quién se lo iba a decir?), a un pueblucho de mierda donde comienza a rehacer su vida y desde donde asistimos a la reconstrucción de su pasado a golpe de recuerdo. Incluye una tierna historia de amor de las que no hacen vomitar. Anoche empecé su relectura. Ya les contaré con más detalle. 

Lo siguiente fue la para muchos esperadísima nueva novela de Eduardo Lago, "Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee" (Malpaso). De esta ya escribí reseña. La pueden consultar, está por ahí. (clic). Inmediatamente después empecé y terminé "Las enseñanzas de Don B." de Donald Barthelme (Automática) es… bueno, es Barthelme. ¿Qué puedo decir? Humor y tal. Hay un mínimo de calidad garantizado. Tengo la reseña pendiente de escribir pero antes quiero volver a echarle un ojo al libro. En diciembre les cuento. 

"El ruletista" de Mircea Cartarescu (Impedimenta). Recomendadísimo y efectivamente muy interesante relato corto de uno de esos eternos candidatos al premio Nobel, en este caso rumano. No les haré perder el tiempo ahora porque de este sí hay una reseña escrita que, si nada lo remedia, será la siguiente que salga. 

Después fue el turno de "La casa de hojas" de Mark Z. Danielewski (Pálido Fuego y Alpha Decay). Miento, en realidad empecé “Jota Erre” de William Gaddis (Sexto Piso), pero lo interrumpí en la página doscientos y pico, primero por cuestiones prácticas (tomazo) y segundo por puro enganche a la de Danielewski. Con “Jota Erre” estoy ahora mismo y de “La casa de hojas” me niego a decir ni una sola palabra más. Ya tienen, si quieren, una aproximación aquí (clic) y una reseña aquí (clic-clic). 

Para descansar la vista, volví a los dibujitos. Después del buen sabor de boca que me había dejado el mes pasado la inquietante “No cambies nunca” de David Sánchez me atreví con la que es, era, creo, su primera obra, “Tú me has matado” (Astiberri). Bueno, tengo que decir que me gustó bastante menos. Visualmente es clavadita, pero argumentalmente no tiene la fuerza de la otra, seguramente porque se entiende mejor, que es una cosa que a veces desmerece el resultado.

A continuación "Historias de barrio" de Gabi Beltrán con dibujos de Bartolomé Seguí (Astiberri), que me fue recomendado un poco por casualidad y otro poco no, es una recopilación de “anécdotas” de Gaby Beltrán de jovencísimo. Es el dibujo de un lugar (un barrio) muy concreto y de una época también muy concreta que a la vez es todos los lugares y todas las épocas. Normalita, tirando a interesante. Ideal para nostálgicos.

"El consejero" de Cormac McCarthy (Mondadori), es el guión (no una novela) de la película de Ridley Scott de reciente estreno. Es infumable. La película no lo sé, pero el libro, seguro. Mala no, lo siguiente. Una chorrada como un piano. No me voy a extender. En unos días saldrá la reseña. 

Y ahora, diciembre.



Avance de DICIEMBRE

Acabaré enseguida. El mes se presenta tranquilo. Dudo mucho que la media de lectura de diciembre llegue a las mil páginas, por lo tanto, cualquier previsión que haga deberá ser interpretada como una fantasía. 

El plan es terminar (jajaja) “Jota Erre” de William Gaddis pero, tal como comentaba antes, no es un libro especialmente cómodo y yo soy mucho de leer en cualquier parte. Por lo tanto, para esos momentos de caña y terracita me llevaré “La casa y el cerebro” de Edward Bulwer-Lytoon, “Las bellas extranjeras” de Mircea Cartarescu y el que empecé ayer: “Pobres magnates” de Thomas Frank.

Tengo también empezado “Memorias del subsuelo” de Dostoievski, la reedición de Sexto Piso con ilustraciones de Jorge González, pero acompaño su lectura con la parte en que se hace referencia a esta novela en el tercer tomo de la biografía de Joseph Frank y claro, esto va a llevar su tiempo porque una cosa me está llevando a la otra y no sé dónde voy a acabar.

En el apartado dibujitos, tengo por casa “Ice Haven” de Daniel Clowes, para los momentos tontos. Por otro lado, mi hija me ha pedido por favor por favor por favor que le cuente Moby Dick. Que me lea el libro, de una vez, por favor, papi, y se lo resuma. No sé qué perra le ha entrado con Moby Dick ahora pero el caso es que, para evitar su lectura (este mes, quiero decir), he pensado echar mano de la versión gráfica que publicó Sexto Piso no sé cuándo y que hoy, sin falta, sacaré de la biblioteca (se trata de “Moby Dick” de Jean Rouaud y Denis Deprez). 



viernes, 7 de noviembre de 2014

“La espada de los cincuenta años” Mark Z. Danielewski

Danielewski, again.

Decíamos ayer, de Danielewski, de La caja de hojas (se acordarán: hubo aproximación y hubo reseña, que ya es mucho haber), que NO. Que sí, pero NO. Que más-o-menos, decíamos. Personalmente disfruté lo inconfesable con una parte del libro, la parte, precisamente, que trata el asunto de la casa de hojas, ese abismo que se abría detrás de la chimenea; no así la parte de Truant, esas aburridas y tediosas e infinitas notas a pie que hacían de la lectura una agonía y una pérdida de un tiempo que ya nunca podremos recuperar. Qué pena de guillotina.

Lo dicho: sí pero NO. Quede claro: a un libro al que le sobran la mitad de las páginas, poco se le puede perdonar y lo que se perdone ha de ser siempre bajo pena de hacer el ridículo más espantoso. 

El caso es que Danielewski, pese a aquello, se mostraba como un interesante escritor de terror —con querencia a los dibujitos y juegos de palabras en el estricto sentido de la expresión, unas veces más oportunos que otros, pero interesante al fin y al cabo—. Y es por ello que, más viejos y más sabios, volvimos a pecar.

Y, así, —¿cuánto?, ¿un año después?—, Danielewski again. Repiten, coeditan, Pálido Fuego y Alpha Decay. Y prometen; sobre todo, prometen. Tantas promesas... Prometen esto: 

La espada de los cincuenta años es una historia clásica de terror para adultos, escrita sobre la base estilística de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, con la ruptura narrativa de voces de Las olas, de Virginia Woolf, más una encomiable economía de medios —la cual no obstante supera con nota el difícil objetivo de transmitir más con menos— con la marca distintiva del taller Danielewski: la experimentación formal.

Que resumido quiere decir: novela de terror para adultos (otra vez), sobre fondo de experimentación formal (otra vez). 

El libro se lee en dos visitas al baño. Palabrita. Y va de lo siguiente:

Durante una fiesta de Halloween cinco niños asisten a un cuentacuentos muy especial: el narrador está loco de atar y es malo como la tiña. O así se presenta. 



Les cuenta que, matando matando, da con un tullido hacedor de espadas a cual más rara, que lo mismo matan un día que una idea que un país. La de los Cincuenta Años, por ejemplo. La de los Cincuenta Años es precisamente la que ese feo individuo coloca, en una cajita de dos metros con cinco bisagras, frente a los cinco niños mientras les cuenta la historia de cómo dio con ella y exactamente para qué sirve. Ya les adelanto que la espada en la cajita no se queda. Esa es la intriga.

Con esto Tarantino te hace una trilogía de morirte. 

Pero hablábamos de Experimentación Formal. Qué bonitos palabros. Y qué ligereza en su uso.

La experimentación formal de esta novela es la que sigue. Atentos.

El tipo, recuerden, va en busca de una arma fatal para lo cual ha de entrar en El bosque de la Sal —acontecimiento este que se acompaña de un danielewski o dibujo para adultos— total para volver a salir y llegar al Bosque de las Notas, que es un lugar con una acústica horrible. Para ilustrar la cuestión y viendo que si no experimentamos formalmente no somos nada, se dibuja un bordado de bosque y le se cosen unas palabras. Así:



También sube una montaña. No se puede cruzar un bosque, atravesar un valle y no subir una montaña. Eso es de primaria. Es decir, como si LEDL50A fuera un cuento infantil de toda la vida de Dios pero narrado de modo que un crío no aguantaría diez páginas del tirón de puro aburrimiento. Por eso es para adultos: por nuestra santa paciencia. Y por nuestra permisividad. Por nuestra tontería. Porque somos los únicos lo bastante gilipollas para justificar una novelucha en verso libre que utiliza la excusa de los cinco narradores para dejarlo todo perdido de comillas de colores y frases aquí, allá y acullá. 

Ahora va a resultar que lo que molaba no era La Casa de Hoja, sino Papá Danielewski. 

Y luego, claro, viene el listo y se enamora de los dibujitos y el fraseo interrumpido y los golpes de efecto, porque lo suyo ha sido siempre más de largas parrafadas de narradores autocomplacientes, y ya le sobran razones para hablar, sino de obra maestra, de pequeña maravilla. A mí no me gusta insultar, pero alguno debería pasar más tiempo en la zona de cuento infantil de alguna librería. Igual hasta se lleva una sorpresa.



¿Y qué va a pasar? 

Nada. Que así, sin más, se acaba la reseña.


viernes, 11 de enero de 2019

Una aproximación a "Walt Whitman ya no vive aquí" de Eduardo Lago (Sexto Piso)

Hasta yo, que llevo un año viviendo en la Luna, me he enterado de que Sexto Piso ha publicado (lo hizo ya en septiembre) un libro llamado Walt Whitman ya no vive aquí en el que Eduardo Lago habla de lo divino, lo humano y también, un poco, de literatura estadounidense. 

Lo digo porque no les he visto comentarlo y se me hace raro y me preguntaba si no estarán ustedes demasiado pendientes de lo que no deben. 

Yo ya he leído las setenta primeras páginas y una suerte de epílogo un tanto especial, por lo que estoy en disposición de hacerle una crítica profunda y severa a partes iguales. 

Pero no lo haré porque yo ahora no me dedico a sesudocrítica literaria sino a rascarla. 

El libro habla de literatura norteamericana. Lo pueden ver en la portada, aquí, a la izquierda. Lo digo porque ya estoy viendo que habrá mucho despistado que no entienda como ha podido Lago olvidarse de ese esloveno genial en el que todos estamos pensando o ese viejo islandés que vive recluido en una cabaña y sólo escribe para la fauna local. 

Literatura Norteamericana, recuerden. Exclusivamente. 

Cuando termine el libro hablaremos sobre ello largo y tendido, si nos place; hasta entonces me van a permitir que solo lo haremos de una parte muy concreta del mismo, esto es, de las páginas finales que incluyen varias listas de lectura. 

«Adjunto varios planes de lectura posibles, en función del grado de interés por parte de quien quiera seguirlos. Como en toda lista, habrá omisiones flagrantes y presencias difíciles de justificar, pero que responden a mis preferencias personales. Le presto especial atención al relato breve, porque considero que el cuento es el ADN de la narrativa estadounidense, e incluso sería interesante escribir una historia de la literatura de aquel país teniendo en cuenta sólo a los cuentistas». (Eduardo Lago)



Capítulo uno: Plan de Lectura a Largo Plazo. 


Tiempo estimado de lectura: de tres a cinco años.


La caída de la Casa Usher -- Edgar Allan Poe (1839)
Cuentos de lo grotesco y lo arabesco -- Edgar Allan Poe (1940)
Hombres representativos -- Ralph Waldo Emerson (1850)
La letra escarlata -- Nathaniel Hawthorne (1850)
Moby Dick -- Herman Melville (1851)
Walden, o la vida en los bosques -- Heniy David Thoreau (1854)
Hojas de hierba -- Walt Whitman (1855)
DaisyMiller -- Henry James (1879)
Retrato de una dama -- Henry James (1881)
Las aventuras de Huckleberry Finn -- Mark Twain (1884)
La ascensión de Silas Lapham -- William Dean Howells (1885)
Las bostonianas -- Henry James (1886)
Poemas -- Emily Dickinson (1890)
Maggie, una chica de la calle -- Stephen Crane (1893)
El despertar -- Kate Chopin (1899)
Nuestra hermana Carrie -- Theodore Dreiser (1900)
La voz de la ciudad -- 0. Henry (1908)
Antología de Spoon Rivcr -- Edgar Lee Masters (1915)
Wincsburg, Ohio -- Sherwood Anderson (1919)
La edad, de la inocencia. -- Edith Warton (1920)
Babbitt -- Sinclair Lewis (1922)
Manhattan Transfer -- John Dos Passos (1925)
Una tragedia americana -- Theodore Dreiser (1925)
El gran Gatsby -- Francis Scott Fiizgerald (1925)
El puente -- Hart Crane (1926)
El ruido y la furia -- William Faulkner (1929)
Adiós a las amas -- Ernest Flemingway (1929)
El halcón maltes -- Dashiell Flammett (1930)
El camino del tabaco -- Erskine Galdwell (1932)
Autobiografía de Atice B. Toldas -- Gertrude Stein (1933)
Miss Lonelyhearts -- Nathanael West (1933)
Trópico de Cáncer -- Henry Miller (1934)
Llámalo sueño -- Heniy Roth (1934)
El sueño eterno -- Raymond Chandler (1939)
Las uvas de la ira -- John Steinbeck (1939)
El corazón es un cazador solitario -- Carson McCullers (1940)
Una cortina de follaje -- Eudora Welty (1941)
Chico negro -- Richard Wright (1945)
La lotería -- Shirley Jackson (1948)
Los desnudos ríos muertos -- Norman Mailer (1948)
La familia Moskal -- Isaac Bashevis Singer (1950)
La balada del café triste -- Carson McCullers (1951)
El guardián entre el centeno -- J. D. Salinger (1951)
El hombre invisible -- Ralph Ellison (1952)
El viejo y el mar -- Ernest Hemingway (1952)
Sangre sabia -- Flannery O'Connor (1952)
Ve y dilo en la montaña -- James Baldwin (1953)
Las aventuras de Augie March -- Saul Bellow (1953)
La radio enorme y otras historias -- John Cheever (1953)
Los reconocimientos -- William Gaddis (1955)
Lolita -- Vladimir Nabokov (1955)
En el camino -- Jack Kerouac (1957)
Desayuno en Tiffany’s -- Truman Capote (1958)
El almuerzo desnudo -- William S. Burroughs (1959)
Goodbye, Columbus -- Philip Roth (1959)
El plantador de tabaco -- John Barth (1960)
Matar a un ruiseñor -- Harper Lee (1960)
Trampa 22 -- Joseph Heller (1961)
El cinéfilo -- Walker Percy (1961)
Vía revolucionaria -- Richard Yates (1961)
Alguien voló sobre el nido del cuco -- Ken Kesey (1962)
Pálido fuego -- Vladimir Nabokov (1962)
La campana de cristal -- Sylvia Plath (1963)
V. -- Thomas Pynchon (1963)
A sangre fría -- Truman Capote (1966)
La subasta del lote 4,9 -- Thomas Pynchon (1966)
Blancanieves -- Donald Barthelme (1967)
Las confesiones de Nat Tumer -- William Styron (1967)
El mal de Portnoy -- Philip Roth (1969)
Matadero Cinco -- KurtVonnegut (1969)
El libro de Daniel -- E. L. Doctorow (1971)
El arco iris de gravedad -- Thomas Pynchon (1973)
Ragtime -- E. L. Doctorow (1975)
La mujer guerrera -- Maxine Hong Kingston (1976)
Ceremony -- Leslie Marmon Silko (1977)
Ensayos -- E. B. White (1977)
El mundo según Garp -- John Irving (1978)
El álbum blanco -- Joan Didion (1979)
La Canción del Verdugo -- Norman Mailer (1979)
Debes recordar esto -- Joyce Carol Oates (1980)
La conjura de los necios -- John Kennedy Toole (1980)
Conejo es rico -- John Updike (1981)
Crónicas de motel -- Sam Shepard (1982)
El color púrpura -- Alice Walker (1982)
Catedral -- Raymond Carver (1983)
Tallo de hierro -- William Kennedy (1983)
Neuromante -- William Gibson (1984)
Luces de neón -- Jay Mclnerney (1984)
Lincoln -- Gore Vidal (1984)
Ruido de fondo -- Don DeLillo (1985)
Menos que cero -- Bret Easton Ellis (1985)
El periodista deportivo -- Richard Ford (1986)
Trilogía de Nueva York -- Paul Auster (1987)
Beloved -- Toni Morrison (1987)
La amante de Wittgenstein -- David Markson (1988)
Los reyes del mambo tocan canciones de amor -- Oscar Hijuelos (1989)
Las cosas que llevaban los hombres que lucharon -- Tim O’Brien (1989)
El club de la buena suerte -- Amy Tan (1989)
American Psycho -- Bret Easton Ellis (1991)
Hijo de Jesús -- Denis Johnson (1992)
Todos los hermosos caballos -- Cormac McCarthy (1992)
Clockers -- Richard Price (1992)
Heredarás la tierra -- Jane Smiley (1922)
Atando cabos -- Annie Proulx (1993)
El blues de la reserva -- ShermanAlexie (1995)
En lengua materna -- Chang-rae Lee (1995)
Galatea 2.2 -- Richard Powers (1995)
Qué fue de los Mulvaney -- Joyce Carol Oates (1996)
La broma infinita -- David Foster Wallace (1996)
Submundo -- Don DeLillo (1997)
Mason y Dixon -- Thomas Pynchon (1997)
Las asombrosas aventuras de Kavalier yClay -- Michael Ghabon (2000)
La casa de hojas -- Mark Z. Danielewski (2000)
Una historia conmovedora, asombrosa y genial -- Dave Eggers (2000)
Las correcciones -- Jonathan Franzen (2001)
Middlesex -- Jeffrey Eugenides (2002)
Gilead -- Marilynne Robinson (2004)
Europa Central -- William T. Vollmann (2005)
La carretera -- Gormac McGarthy (2006)
La maravillosa vida breve de Oscar Wao -- Junot Díaz (2007)
Que el vasto mundo siga girando -- Colum McCann (2009)
Ciudad abierta -- Teju Colé (2011)
Canadá -- Richard Ford (2012)
La yegua -- Mary Gaitskill (2015)
Hotels of North America -- Rick Moody (2015)
El ferrocarril subterráneo -- Colson Whitehead (2016)
Lincoln en el Bardo -- George Saunders (2017)



Capítulo dos: Plan de Lectura a Medio Plazo 

La segunda lista es algo más ligera y apenas exigirá un par de años siempre y cuando no nos durmamos en los laureles y nos demos de baja de Netflix.

La caída de la Casa Usher -- Edgar Allan Poe (1839)
Cuentos de lo grotesco y lo arabesco -- Edgar Allan Poe (1940)
Hombres representativos -- Ralph Waldo Emerson (1850)
Cuentos -- Nathaniel Hawthorne (1850)
Moby Dick -- Herman Melville (1851)
Walden, o la vida en los bosques -- Heniy David Thoreau (1854)
Hojas de hierba -- Walt Whitman (1855)
Las aventuras de Huckleberry Finn -- Mark Twain (1884)
Manhattan Transfer -- John Dos Passos (1925)
El gran Gatsby -- Francis Scott Fiizgerald (1925)
El ruido y la furia -- William Faulkner (1929)
El halcón maltes -- Dashiell Flammett (1930)
El camino del tabaco -- Erskine Galdwell (1932)
El sueño eterno -- Raymond Chandler (1939)
Una cortina de follaje -- Eudora Welty (1941)
Chico negro -- Richard Wright (1945)
La balada del café triste -- Carson McCullers (1951)
El guardián entre el centeno -- J. D. Salinger (1951)
El viejo y el mar -- Ernest Hemingway (1952)
Sangre sabia -- Flannery O'Connor (1952)
Los reconocimientos -- William Gaddis (1955)
Pálido fuego -- Vladimir Nabokov (1962)
La campana de cristal -- Sylvia Plath (1963)
A sangre fría -- Truman Capote (1966)
Matadero Cinco -- KurtVonnegut (1969)
El libro de Daniel -- E. L. Doctorow (1971)
La conjura de los necios -- John Kennedy Toole (1980)
Catedral -- Raymond Carver (1983)
Luces de neón -- Jay Mclnerney (1984)
Un lento aprendizaje -- Thomas Pynchon (1984)
Menos que cero -- Bret Easton Ellis (1985)
Meridiano de sangre -- Cormac McCarthy (1985)
Trilogía de Nueva York -- Paul Auster (1987)
Beloved -- Toni Morrison (1987)
American Psycho -- Bret Easton Ellis (1991)
Hijo de Jesús -- Denis Johnson (1992)
Todos los hermosos caballos -- Cormac McCarthy (1992)
Atando cabos -- Annie Proulx (1993)
El teatro de Sabbath -- Philip Roth (1995)
El blues de la reserva -- ShermanAlexie (1995)
En lengua materna -- Chang-rae Lee (1995)
Los boys -- Junot Díaz (1996)
Qué fue de los Mulvaney -- Joyce Carol Oates (1996)
La broma infinita -- David Foster Wallace (1996)
Las asombrosas aventuras de Kavalier yClay -- Michael Ghabon (2000)
Las correcciones -- Jonathan Franzen (2001)
Middlesex -- Jeffrey Eugenides (2002)
Gilead -- Marilynne Robinson (2004)
El ángel esmeralda -- Don DeLillo (2008)



Capítulo tres: Plan de Lectura IMPRESCINDIBLES 

Moby Dick -- Herman Melville (1851)
Walden, o la vida en los bosques -- Heniy David Thoreau (1854)
Hojas de hierba -- Walt Whitman (1855)
Las aventuras de Huckleberry Finn -- Mark Twain (1884)
El gran Gatsby -- Francis Scott Fiizgerald (1925)
La balada del café triste -- Carson McCullers (1951)
El guardián entre el centeno -- J. D. Salinger (1951)
Pálido fuego -- Vladimir Nabokov (1962)
A sangre fría -- Truman Capote (1966)
Matadero Cinco -- KurtVonnegut (1969)
Meridiano de sangre -- Cormac McCarthy (1985)
Beloved -- Toni Morrison (1987)
American Psycho -- Bret Easton Ellis (1991)
El teatro de Sabbath -- Philip Roth (1995)
La broma infinita -- David Foster Wallace (1996)
Submundo -- Don DeLillo (1997)
Mason y Dixon -- Thomas Pynchon (1997)
Middlesex -- Jeffrey Eugenides (2002)
Europa Central -- William T. Vollmann (2005)


No sé ustedes pero a mí el cuerpo me pide apuntarme al primero. Ocurre que el sentido común conviene con la experiencia en que no está siendo la mejor idea del año y qué dónde queda aquello de apuntarse a un gimnasio o visitar más a tu madre, dice. 

Y yo qué sé, le digo. Ya veremos qué pasa.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Recomendatorio salvaje [2010-2013]

Aprovechando que en Navidad el ambiente está cargado de buenos sentimientos y mejores intenciones, he pensado que no estaría de más publicar un post exclusivamente de recomendaciones, es decir, de aquellos libros que servidor disfrutó especialmente.

La cosa iba a quedarse en RECOMENDAR, nada más, pero cuando hice pública esta idea en Facebook, a una mente perversa se le ocurrió la maldad de invitarme a publicar también una lista de las PEORES lecturas. Lo que vendrían siendo recomendaciones en negativo. Y, claro, irrresistible tentación. 

Este post vendrá a ser el cielo, el purgatorio y el infierno de mis lecturas de los últimos cuatro años. Espero que disfruten tanto como yo he disfrutado aquello que fue y es, en mi opinión, digno de elogio. De igual modo espero que sean lo bastante prudentes para evitar aquello que no sirve ni para calzar una mesa. El Infierno está lleno de libros de los que no se me ocurre absolutamente nada bueno que decir.

Sólo tres cosas antes de empezar: Uno: el orden es de lectura, no de placer. Dos: he puesto, cuando ha sido posible, enlaces a las reseñas. (Esto incluye aquellas que no pasan de ser simples comentarios, como es el caso de "La niña del pelo raro"). Tres: el post incluye un regalito: una reseña inédita e inacabada de "La mala muerte" de Fernando Royuela. 


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EL CIELO

(Catálogo de (28) lecturas sobresalientes)


“La niña que amaba las cerillas” de Gaetán Soucy
“Jakob Von Gunten” de Robert Walser
“Escuela de Mandarines” de Miguel Espinosa
“Ferdydurke” de Witold Gombrowicz
“Maestros antiguos” de Thomas Bernhard
“Ruido de Fondo” de Don Delillo
“El gran cuaderno” de Agota Kristof
“1280 almas” de Jim Thompson
“Opiniones de un payaso” de Heinrich Böll
“Ágape se paga” de William Gaddis
“Memorias del Subsuelo” de Fiodor Dostoievski
“Heldenplazt” de Thomas Bernhard
“El plantador de Tabaco” de John Barth
“Gótico carpintero” de William Gaddis
“Jacques, el fatalista” de Denis Diderot
“El padre muerto” de Donald Barthelme
“Los mutilados” de Hermann Ungar
“El desierto de los tártaros” de Dino Buzatti
“Tala” de Thomas Bernhard
“La señora Bovary” de Gustave Flaubert
“Correspondencia” de Thomas Bernhard
“El valle de los avasallados” de Réjean Ducharme
“Incendios” de Wajdi Mouawad
“Stoner” de John Williams
“Todo como antes” de Kjell Askildsen
“Donde dejé mi alma” de Jerome Ferrari
“Mire el pajarito” de Kurt Vonnegut
“Asterios Polyp” de David Mazzuccheli

(Cuando escribo/publico este post todavía no he terminado el que va camino de ser el mejor libro de 2013: “JOTA ERRE” de William Gaddis. Conviene que lo tengan en cuenta.)


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EL PURGATORIO

(Catálogo de (50) lecturas más o menos NOTABLES. (*))



“Todo lo que muere” de John Connolly
“Homer y Langley” - E.L. Doctorow
“Ventajas de viajar en tren” – Antonio Orejudo
“Los bosques de Upsala” - Alvaro Colomer
“Rimbaud, el hijo” – Pierre Michon
“El papel de mi familia en la revolución mundial” de Bora Cosic
“Plop” de Rafael Pinedo
“La niña del pelo raro” de David Foster Wallace
“Chronic City” de Jonathan Lethem
“Las primas” de Aurora Venturini
“Padres, hijos y primates” de Jon Bilbao
“El vano ayer” de Isaac Rosa
“El juego del mono” de Ernesto Pérez Zúñiga
“La mejor parte de los hombres” de Tristan García
“Knockemstiff” de Donald Ray Pollock
“En la carretera” de Jack Kerouac
“Casa de muñecas” de Henrik Ibsen
“El mal de Portnoy” de Philip Roth
“El pato salvaje” de Hernik Ibsen
“Mejillones para cenar” de Birgit Vanderbeke
“Bajo este sol tremendo” de Carlos Busqued
“Libertad” de Jonathan Franzen
“el afilador de habitaciones” de celso castro
“X” de Percival Everett
“Sobre el teatro: artículos y cartas” de Antón Chéjov
“Los incógnitos” de Carlos Ardohain
“Astillas” de Celso Castro
“Pobre gente” de Fiodor Dostoievski (1) (2)
“Dostoievski : las semillas de la rebelión, 1821-1849” de Joseph Frank
“Litoral” de Wajdi Mouawad
“Casa Desolada” de Charles Dickens
“Tríbada falsaria” de Miguel Espinosa
“La sonata a Kreutzer” de Lev Tolstoi
“El XIX en el XXI” de Christopher Domínguez Michael
“La mala muerte” de Fernando Royuela (hacer clic para leer la reseña inédita)
“Desventuras de un fanático del deporte” de Frederick Exeley
“Conversaciones con David Foster Wallace” de Stephen J. Burn
“La herencia colonial y otras maldiciones” de Jon Lee Anderson
“El niño que robó el caballo de Atila” de Iván Repila
“La vida para principiantes” de Slawomir Mrozek
“Limónov” de Emmanuele Carrere
“Muss / El gran imbécil” de Curzio Malaparte
“El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco” de Charles Bukowski
“Pancho Villa toma Zacatecas” de Taibo II y Pablo Ignacio
“Un hombre soltero” de Christopher Isherwood
“La senda del perdedor” de Bukowski
“Las enseñanzas de Don B.” de Donald Barthelme
“El ruletista” de Mircea Cartarescu (reseña inminente)
“Epiléptico” de David B.
“La casa de hojas” de Mark Z. Danielewski


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INFIERNO

(Huyan.)


“Fin” - David Monteagudo
“En lugar seguro” – Wallace Stegner
“Dios ha muerto” – Ron Currie
“España, aparta de mí estos premios” de Fernando Iwasaki
“Hilo musical” - Miqui Otero
“El apocalipsis de los trabajadores” de Valter Hugo Mae
“Celecanto” de Jimina Sabadú
“Nocilla Dream” de Agustín Fernández Mallo
“Richard Yates” de Tao Lin
“Los enamoramientos” de Javier Marías
“Lágrimas en la lluvia” de Rosa Montero
“Acceso no autorizado” de Belen Gopegui
“Mi gran novela sobre la Vaguada” de Fernando San Basilio
“Alma” de Javier Moreno
“Pigmeo” de Chuck Palahniuk
“Diario de las especies” de Claudia Apablaza
“Signatura 400” de Sophie Divry
“La mano invisible” de Isaac Rosa
“Un día me esperaba a mí mismo” de Miguel Angel Ortiz Albero
“Setenta acrílico treinta lana” de Viola di Grado
“La jaula” de Javier Serrano
“El asesino hipocondríaco” de Juan Francisco Muñoz Rengel
“Los inmortales” de Manuel Vilas
“Robar en American Apparel” de Tao Lin
“¡Maldita sea!” de Ainhoa Rebolledo
“Erasmus, orgasmus y otros problemas” de Carlo Padial
“El joven vendedor y el estilo de vida fluido” de Fernando San Basilio
“Habitación 804” de Marcus Versus
“Las flores de Baudelaire” de Gonzalo Garrido
“Chatarra” de Daniel Ruiz García
“Asco” de Jose Angel Barrueco
“Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tratactus” de Agustín Fernández Mallo
“Saliendo de la estación de Atocha” de Ben Lerner
“Genio de extrarradio” de Sergio C. Fanjul
“Los años de lluvia” de Jesús Esnaola
“Polvo en los labios” de Montero Glez.
“Yo precario” de Javier López Menacho
“Los ojos de los peces” de Ruben Abella
“El libro de los pequeños milagros” de Jacino Muñoz Rengel
“Hijos apócrifos” de Víctor Balcells Matas
“Por si se va la luz” de Lara Moreno
“La habitación oscura” de Isaac Rosa



(Nota: en todos los casos, el orden es exclusivamente de lectura.)
(*) No están todos los que son, pero sí son todos los que están. El gris tiene muchos matices; esta lista no pretende recoger y clasificar TODAS las lecturas de estos años, pero sí destacar aquellos a los que sí creo que vale la pena dedicar unas horas. 

sábado, 31 de agosto de 2013

Un vistazo a la rentrée 2013

El otro día alguien me veía entusiasmado con la rentrée de este año y no, qué va, para nada. Lo que pasa es que no se consuela el que no quiere y después de este verano tan aburrido (y aquella primavera tan floja) cualquier novedad es bienvenida. Lo cierto es que hasta hace dos días no había pensado mucho en la cuestión –aquello quedaba tan lejos— pero arranca septiembre y hay que empezar a decidir en qué nos gastamos el dinero, en qué se lo hacemos gastar a papa estado y en qué no vamos a perder ni medio minuto. 

El dinero no me lo quiero gastar en nada, y menos en libros, que al final sólo sirven para coger polvo, pero si tuviera que hacerlo desde luego no sería en la biografía de Salinger que Seix Barral sacará dentro de nada y que parece nada más que un vehículo de promoción de las nuevas novelas del escritor que, dicen, podrían ver la luz en 2015. Y hablando de biografías, tampoco parece especialmente interesante la de David Foster Wallace (Debate) que también será convenientemente resucitado el 5 de septiembre con “El cuerpo y lo otro” (Mondadori), la que suponemos será su última colección de ensayos, por lo menos hasta que alguien limpie algún cajón y dé con material para otros doce volúmenes.

Una compra segura de noviembre será el resultado de la nueva traducción de “Los hermanos Karamazov” de Dostoievski que está llevando a cabo Alba Editorial. Conociendo a Alba y al ruso es de suponer que la broma saldrá por un buen pico, pero esto es mucho más que una vulgar tentación y tampoco hay que pensárselo mucho.

Mientras escribo este post recibo una par avances editoriales. El primero es de Eterna Cadencia que dice que edita, entre otros, “El traductor” (“relato de un genio casi desapercibido”) de Salvador Benesdra y “Padre contra madre” del también genial escritor brasileño Machado de Assis. Todo lo editado por estas pequeñas editoriales es absolutamente genial, no reconocido en su momento o bien algo que tiene que ver con la estrechez de miras de unos y el ojo extremadamente atento de otros. Todo es siempre lo nunca visto y luego resulta que la mitad es reedición. El otro avance es de, Automática editorial, que arranca su segundo año de vida con más rusos (les gustan mucho los rusos a esta gente), en este caso con Yura Buida y “El tren cero”, una novela que no tiene mala pinta sobre un misterioso tren y la gente que vigila su paso por un páramo desolado y que incluye párrafos tan espantosos como este: “El coronel se cuadró para saludar al tácito convoy, y mientras este se alejaba raudo hacia la noche, las lágrimas recorrían sus tersas mejillas, dos veces afeitadas”. Habrá más de Gorki (empezaron reeditando sus memorias) y, oh sorpresa, “Las enseñanzas de Don B”, del gran Donald Barthelme, libro que, desde ya, algunos esperamos con ilusión.

Ahorrar, lo que se dice ahorrar no he ahorrado, pero lo que sí he hecho (llevo en ello dos días) es pedir por esta boquita, a mi biblioteca habitual, lo siguiente: De Seix Barral, “Ha vuelto” de Timur Vermes, una novela que resucita a Hitler para reírse de él (una actitud que recuerda mucho a la de Román Piña en “El general y la musa” (Sloper), donde éste “repescaba” a Franco y lo ponía a tocar jazz en Mallorca o no sé qué fumada). También he pedido “La habituación oscura” de Isaac Rosa, claro que después del anterior no sé yo. Esta es un poco más o menos la misma infundada sospecha que tengo con Torné, que repite en Mondadori con “Divorcio en el aire”. Más de Mondadori: a corto plazo, “La infancia de Jesús” de Coetzee del que ya ha leído opiniones lo bastante contradictorias como para sentir de curiosidad y a largo plazo (nos metemos en noviembre) lo nuevo de McCarthy (“El consejero”), Dave Eggers (“Un holograma para el rey”), Dennis Johnson (“Hijo de Jesús”) y los polémicos Jeremías Gamboa con “Contarlo todo”, la novela que dicen que Vargas Llosa leyó del tirón, de puro interesante, sentado junto al buzón al que le llegó y Daniel Gascón, el eternamente hijo disimulado de Antón Castro, al que persigue la cruz de pésimo narrador, un sambenito que todavía no he podido verificar y que publica “Entresuelo”. En cualquier caso nos alegramos por él y ese salto a las ligas mayores, aunque sea Mondadori, esperando que así no sea tan difícil llegar a sus libros. 

Otra que da un salto (aunque éste lo suponemos al vacío) es Ainhoa Rebolledo, conocida en este blog como la mujer que escribió la peor novela de 2013 (con permiso de Fresy Cool): “Antropología de la noche madrileña” (sigueleyendo), una aventura en la que veíamos a la joven Ainhoa sentar la cabeza tras los excesos propios de la edad. (Reseña aquí). Pues bien, ahora, un año después, la muchacha sigue el ejemplo de los osos perezosos y se sienta a tricotar. El resultado es “Tricot”: “Unas chicas desencantadas se reúnen para aprender a tricotar y así calmar su angustia. Sin comerlo ni beberlo terminan fundando en Barcelona un club de tertulia literaria y calceta creativa: las Tejedoras del Metal. Sin embargo, en un ajuste de cuentas, Leopoldina Roble, Crisis Carballo y Elena Rebollo deciden fundar La Liga de las Mujeres Extraordinarias con el único y ambicioso plan de sobrevivir con elegancia. Tricot es la historia de un fracaso.” (Esto último ha sonado a premonición). Lo editan unos valientes, Principal de los libros, que por alguna razón creen que ganar dinero con esto (jajaja) no equivale a perder la dignidad.

Cambiando de tema. No he visto nada especialmente interesante en Caballo de Troya. Quizá “La visita” de un tal José González, un libro que según la contraportada (que parece escrita por el mismísimo Paulo Coelho) servirá para darnos cuenta de que aquello que nos define está en las pequeñas cosas. En fin. Me agarro a un clavo ardiendo pero es que el chaval es de Lugo y la tierra tira. También de Lugo (¿qué coño pasa en Lugo?) es Manuel Darriba, que con “El bosque es grande y profundo” reescribe Hansel y Gretel en clave de relato de supervivencia y apocalipsis. Cosas del efecto Carrasco, supongo.

Siguiendo con el apocalipsis (vean con qué elegancia voy encadenando temas) Alpha Decay ya tiene preparada para el 14 de octubre la vuelta de Blake Butler, el autor de Nada, con una “sorprendente novela en forma de relatos” (que es una cosa que aquí no hemos visto nunca) llamada “El atlas de la ceniza” donde unos pocos sobreviven al fin del mundo y tal. Pero la gran estrella de la temporada es la co-publicación con Pálido Fuego (quien parece guardar en celoso secreto sus novedades) en noviembre de “La casa de hojas” de Danielewski, un libro que pide a gritos una versión en 3D.

Lumen publica mucho (he contado 16 libros de aquí a noviembre) pero me quedo, de todo, con “Butcher´s Crossing” de John Williams, el autor de “Stoner” o “Por si se va la luz” de la desconocida joven Lara Moreno, uno de esos fichajes que mantiene viva la esperanza entre la juventud y fomentan la escritura. Maldita seas, Lara Moreno. Pediré también, por vicio, aunque con la boca pequeña, lo nuevo de Jorge Edwards, “El descubrimiento de la pintura” y la segunda parte de la trilogía napolitana de la misteriosa Elena Ferrante, si acaso algún día me decido a terminar el primero. 

Por ir cerrando temas, de Anagrama sólo hay tres cosas que, de momento, me llaman la atención: “Librerías” es el ensayo finalista del Herralde en el que Jorge Carrión “crea una posible cronología del desarrollo de las librerías y su representación artística”, signifique eso lo que signifique; “Canadá” de Richard Ford (sobre el que publicó Babelia un extenso artículo el pasado fin de semana) y “El camino de Ida” de Ricardo Piglia. Alfaguara cuenta con “El héroe discreto” de Mario Vargas Llosa, que ya le dará para hacer el agosto y “Las reputaciones” de Juan Gabriel Vásquez, que apunto únicamente por no dejar desangelada esta parte del párrafo. Sobre cualquiera de estas dos editoriales encontrarán más información en cualquier parte. 

No como Sexto Piso, que quitando alguna mención pasa un poco desapercibida. La he dejado para el final por la siguiente razón: es la que publica el libro que, con diferencia, más me apetece leer. Seguramente sea, junto con “Butcher´s Crossing” de John Williams (Lumen, octubre) o “Sermón sobre la caída de Roma” de Jerome Ferrari (Mondadori, septiembre), lo único por lo que siento sincero interés, diría que hasta inquietud, diría que hasta un asomo tolerable de locura. Todo lo demás… bah, todo lo demás, todo eso de Anagrama, Debate o Alpha Decay, todo eso es puro entretenimiento de una tarde con ganas de escribir algo para el blog. Súmenle a esto una reedición de “Memorias del subsuelo” de Dostoievski en su sección de Ilustrados con unos magníficos dibujos de Jorge González y no le pidan más a la vida. Termino la sección Sexto Piso con un par de apuntes más: “Frankenstein” de Mary Shelley (también ilustrado); algo de David Grossman que tiene que ver con abrazos, o una novela donde las minúsculas parecen tener bastante importancia llamada “Del color de la leche” de una tal Nell Leyshon. En el apartado Realidades —del que me he declarado fan en numerosas ocasiones— Thomas Frank, que dicen uno de los mejores escritores de izquierdas de EEUU y es autor de la apetecible “La conquista de lo cool” (Alpha Decay, 2011), publica “Pobres magnates” donde seguramente se ponga a parir a alguien. Harry Browne hace lo propio con “Bono, el hombre del poder” un libro que viene a acabar con la imagen que el mundo tienen del Bono bueno, una propuesta absolutamente genial para leer un sábado por la tarde con “The Joshua Tree” de fondo.

* * * * * * * * 

Fin del resumen. Sé que me dejo un montón de libros y, lo que es peor, un montón de pequeñas (y grandes) editoriales como pueden ser Salamandra, Gadir, Errata Naturae, Blackie Books, Acantilado, Alfabia, Impedimenta, Navona, Nevsky, Nórdica, Rayo Verde, RBA, Salto de página, Lengua de trapo y un largo y aburrido etcétera, pero desde este rincón del mundo y únicamente con Google como herramienta de trabajo (y enganchado como estoy a la última temporada de Breaking Bad), servidor no puede, ni quiere, hacer mucho más. Si algún día recopilo suficiente información prometo repetir la experiencia. Hasta entonces, sean felices y no se lo gasten todo en libros.


(¿Continuará?)


jueves, 18 de agosto de 2011

"Ágape se paga" de William Gaddis



Hay reseñas que se escriben solas (1). No soy amigo de recomendar lecturas a golpe de citas. A ver, no me importa poner algunas de vez en cuando pero por lo general es un sistema que, insisto, no me gusta demasiado y si recurro a ello es únicamente para tratar de demostrar algo que haya expuesto inmediatamente antes. Este no es uno de esos casos, sino el otro, el contrario. En esta ocasión las citas serán la reseña; por dos razones: uno, porque esta novela de Gaddis es demasiado potente y lo más probable es que cualquier cosa que dijese no le haría justicia y dos, porque me he reído mucho con ella y yo soy terriblemente malo contando los chistes de los demás.

De modo que aquí está: mis momentos favoritos (sin desmerecer el resto) de “Ágape se paga”. (Las negritas son mías.)

* * * * * *

1. El siguiente párrafo me parece un resumen perfecto de lo que es esta novela en lo que a estilo se refiere. Muy Bernhard, como verán; una influencia de la que Gaddis presume.
[…] no sé que me da que estoy mezclando un poco las cosas pero esto lo tengo que escribir lo tengo que escribir antes de que se me pierda, antes que me lo roben, se trata de poner en orden la secuencia, a ver qué viene después de qué, post hoc ergo este jueguecito en el que no se puede ganar porque no es ésa la razón de que se juegue se trata de cultivar toda esta ciénaga de caos y de azar, de paradoja y perversidad, de borrar del todo la idea misma de causa y efecto y, y, a ver si recupero el resuello antes que se me escape el, estos ventrílocuos y yoes extraíbles extraídos que se crían y se clonan para su reproducción porque ése es el meollo de la cuestión, es ahí donde se pierde lo individual, donde desaparece lo único, donde la autenticidad se pierde no sólo la autenticidad sino todo el concepto de autenticidad, ese amor por la belleza de la creación antes de ser creada que eso, ¿no era Chesterton? (Pág.58)


2. Esto es un resumen muy resumido de la idea de fondo del texto. La tecnología y arte no siempre son compatibles.
[…] recobrar el resuello evitar el estrés quitar de la cabeza el, vuelta a la pantomima y a los clones y a la mecanización de todo lo que a la vista está, el entretenimiento el ocio le llaman y el sistema binario y el ordenador del todo o nada que es de donde proviene toda esta tecnología de entrada. (Pág.64)


3. Este párrafo pertenece a mi particular catálogo de maldades: el silencio del escritor clásico frente a la excesiva exposición (voluntaria) del escritor actual, llámese contemporáneo, español o no.
[…] Ahí está Flaubert, eso es, “Todo el sueño de la democracia”, dice, “consiste en elevar al proletariado al mismo nivel de estupidez alcanzado por la burguesía”. ¿No querías la esencia misma del elitismo? Ahí la tienes, toda para ti, su idea del arte de que “el artista no debe aparecer en su obra tal como Dios no aparece en la naturaleza, el artista ha de ingeniárselas para que la posteridad crea que ni siquiera existió” Dios del cielo, a qué velocidad cambian las cosas, una generación viene a durar cuatro días a lo sumo, ¿qué posteridad? (Pág. 66)


4. Momento Tolstoi. Un extracto de sus diarios que habla por sí solo.
[…] Mi único impulso consiste en trabajar y olvidar”, dice Tolstoi, “aunque olvidar qué. No hay nada que olvidar” ¿y entonces? Ahí va el trozo de turno: “No escribiré más ficción”. Tiene unos treinta años. “La gente llora, muere, se casa, ¿y yo he de sentarme a escribir libros para decirles que “ella lo amaba”? ¡Es una vergüenza!” Y dónde más, si, aquí mismo lo tengo, “leer libros malos me ayuda a detectar mis propios fallos mejor que leer los buenos. Los buenos me reducen a la desesperación”, […] (Pág.67)


5. Otra maldad: una patada en toda la boca a las giras a las someten las editoriales a los escritores.
[…] Flaubert escribe a Georges Sand y le dice que “creo que la chusma, la masa, el rebaño, siempre será detestable. No hay nada que tenga importancia, salvo un pequeño grupo de intelectos que siempre son los mismos y que son los portadores de la antorcha”, trata de sentarte enderézate deja de temblar y sécate el intelecto está más claro que el agua, todo va encajando en su sitio a ver si lo apuntas todo antes que vuelvan los ventrílocuos con la muerte del autor, la empresa solitaria del artista con el lector individual del que hablaba Hawthorne horrorizado ante el éxito cosechado con el gusto del público, con la multitud, lo cual significaba que uno se había vendido, ¿y reenviar al autor de El fauno de mármol de gira promocional? ¿A dar lecturas públicas de fragmentos de El romance de Blithedale para entretener a esa chusma boquiabierta de personas al azar que buscan el placer, ese enorme mercado de los analfabetos funcionales y los analfabetos del todo que devorasen a los poetas que compusieran para complacer el mal gusto de la crítica y terminar con instrucciones de los unos a los otros, qué, si no, viene a ser esta gloriosa democracia de las artes? Anda, levántate y adelántate con eso que Hawthorne llamaba “la maldita chusma de las escritorzuelas” […] (Pág. 67-68)


6 y 7. Premios. Gaddis hablando por boca de su personaje de los premios es, no se lo pierdan, des-ter-ni-llan-te. Y real como la vida misma. El primer recorte es impagable: recurriré a ella en el futuro. El segundo corte es muy largo, pido disculpas por ello de antemano, pero creo que merecerá la pena el esfuerzo.
[…] olvidado en el estante olvidada la obra olvidados mis premios olvidados cuando un premio aún significaba algo ahora todo el mundo anda dando premios a diestro y siniestro premios que ni siquiera son para ganadores qué va somos todos comparsas de los que dan los premios, pantomimos de imitación de entretenimiento repitemonas para esa chusma supina de analfabetos funcionales y los analfabetos del todo que anda por ahí sueltos y a los que hay que leerles, es todo, Dios del cielo, ¿para qué habremos aprendido a leer, digo yo?[…] (Pág.70-71)

[…] ni que nuestro lenguaje literario no se amolde a ese rebaño común de millones de personas al azar que andan por ahí sueltas a lo mejor resulta que sí que inventan el suyo, ¿has ido últimamente al cine? ¿Has escuchado las letras, incluso de las canciones? Tío o sea ya menterao soplapollas de mierda chúpame el rabo joputa cada cual es su propio artista en este democracia de las artes en línea con Walt Whitman y su canto este cuerpo eléctrico ¿no es así? Un clásico norteamericano como Hojas de hierba dice que el mérito del poeta viene determinado por la multitud Dios del cielo, escribe lo que quieren y terminarás con un Premio Pulitzer que no te dejará a sol ni a sombra hasta que dé con tus huesos en la tumba. A lo mejor ganó la medalla de Honor la Cruz de George e incluso el Nobel pero una vez estigmatizado con el sello definitivo de la mediocridad en su necrológica se dirá Novelista galardonado con el Pulitzer muere a la edad que sea porque no es el ganador lo que se publicita ni mucho menos. No, es toda esta plaga de premios donde quiera que uno mire, son los que dotan los premios los que se promocionan solos, los que tratan de rescatar su profesión, completamente desacreditada, del periodismo. “La prensa es una escuela que sirve para convertir a los hombres en bestias”, escribe Flaubert a George Sand, “porque les alivia de la tarea de pensar”. ¿Los premiados? No son más que aderezos, caricatos, periodistas deportivos, entendidos de la política, fotos en primera plana y cuanta más sangre mejor si en ese instante de fama que envuelto el pescado de mañana, Dios del cielo, ¿cuántos Premios Pulitzer andan por ahí sueltos? Mas de mil quinientas entradas, catorce categorías para periodistas porque si uno empieza su propia esclavitud ya ha hecho la mitad del camino, con toda la anda de patrocinadores, miembros del consorcio, miembros del jurado, Dios sabe qué más, que han sobrevivido al propio abismo de la desesperación y han salido a flote tanto que han llegado a la cima. Echa un vistazo al New York Times del día siguiente, una página tras otra llenas a reventar de autocongratulaciones, y siete categorías más para seguir dando la matraca, sobre la música, eso que se empeñan en llamar drama y, cómo no, libros en los que la Dama Gris si así llaman al propio periódico al final se sale con la suya y se lleva de calle a sus periodistas, que son los que hacen reseñas de libros, como si fuera una ingenua de ojo nublados, pero que se destruye a las escritoras y sólo por dárselas de justa atraviesa la frontera del género de algún asesinato de ocasión, ¡que le den a esa señora un Pulitzer con ramos de hojas de robre! Los libros candidatos al premio los lee un jurado cuyas decisiones son remitidas a los miembros del olímpico consorcio, que no pierden de vista los gustos de la multitud. Nosotros somos miles y ellos son millones, escribe la ficción que quieren o no escribas nada en absoluto […] (Pág.74-75)

* * * * * * *

A buen entendedor “pocas palabras” (es un decir) bastan.




(1) Si obviamos el hecho de haber tenido que teclear cada línea por no disponer de la versión digital de la novela.