viernes, 7 de noviembre de 2014

“La espada de los cincuenta años” Mark Z. Danielewski

Danielewski, again.

Decíamos ayer, de Danielewski, de La caja de hojas (se acordarán: hubo aproximación y hubo reseña, que ya es mucho haber), que NO. Que sí, pero NO. Que más-o-menos, decíamos. Personalmente disfruté lo inconfesable con una parte del libro, la parte, precisamente, que trata el asunto de la casa de hojas, ese abismo que se abría detrás de la chimenea; no así la parte de Truant, esas aburridas y tediosas e infinitas notas a pie que hacían de la lectura una agonía y una pérdida de un tiempo que ya nunca podremos recuperar. Qué pena de guillotina.

Lo dicho: sí pero NO. Quede claro: a un libro al que le sobran la mitad de las páginas, poco se le puede perdonar y lo que se perdone ha de ser siempre bajo pena de hacer el ridículo más espantoso. 

El caso es que Danielewski, pese a aquello, se mostraba como un interesante escritor de terror —con querencia a los dibujitos y juegos de palabras en el estricto sentido de la expresión, unas veces más oportunos que otros, pero interesante al fin y al cabo—. Y es por ello que, más viejos y más sabios, volvimos a pecar.

Y, así, —¿cuánto?, ¿un año después?—, Danielewski again. Repiten, coeditan, Pálido Fuego y Alpha Decay. Y prometen; sobre todo, prometen. Tantas promesas... Prometen esto: 

La espada de los cincuenta años es una historia clásica de terror para adultos, escrita sobre la base estilística de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, con la ruptura narrativa de voces de Las olas, de Virginia Woolf, más una encomiable economía de medios —la cual no obstante supera con nota el difícil objetivo de transmitir más con menos— con la marca distintiva del taller Danielewski: la experimentación formal.

Que resumido quiere decir: novela de terror para adultos (otra vez), sobre fondo de experimentación formal (otra vez). 

El libro se lee en dos visitas al baño. Palabrita. Y va de lo siguiente:

Durante una fiesta de Halloween cinco niños asisten a un cuentacuentos muy especial: el narrador está loco de atar y es malo como la tiña. O así se presenta. 



Les cuenta que, matando matando, da con un tullido hacedor de espadas a cual más rara, que lo mismo matan un día que una idea que un país. La de los Cincuenta Años, por ejemplo. La de los Cincuenta Años es precisamente la que ese feo individuo coloca, en una cajita de dos metros con cinco bisagras, frente a los cinco niños mientras les cuenta la historia de cómo dio con ella y exactamente para qué sirve. Ya les adelanto que la espada en la cajita no se queda. Esa es la intriga.

Con esto Tarantino te hace una trilogía de morirte. 

Pero hablábamos de Experimentación Formal. Qué bonitos palabros. Y qué ligereza en su uso.

La experimentación formal de esta novela es la que sigue. Atentos.

El tipo, recuerden, va en busca de una arma fatal para lo cual ha de entrar en El bosque de la Sal —acontecimiento este que se acompaña de un danielewski o dibujo para adultos— total para volver a salir y llegar al Bosque de las Notas, que es un lugar con una acústica horrible. Para ilustrar la cuestión y viendo que si no experimentamos formalmente no somos nada, se dibuja un bordado de bosque y le se cosen unas palabras. Así:



También sube una montaña. No se puede cruzar un bosque, atravesar un valle y no subir una montaña. Eso es de primaria. Es decir, como si LEDL50A fuera un cuento infantil de toda la vida de Dios pero narrado de modo que un crío no aguantaría diez páginas del tirón de puro aburrimiento. Por eso es para adultos: por nuestra santa paciencia. Y por nuestra permisividad. Por nuestra tontería. Porque somos los únicos lo bastante gilipollas para justificar una novelucha en verso libre que utiliza la excusa de los cinco narradores para dejarlo todo perdido de comillas de colores y frases aquí, allá y acullá. 

Ahora va a resultar que lo que molaba no era La Casa de Hoja, sino Papá Danielewski. 

Y luego, claro, viene el listo y se enamora de los dibujitos y el fraseo interrumpido y los golpes de efecto, porque lo suyo ha sido siempre más de largas parrafadas de narradores autocomplacientes, y ya le sobran razones para hablar, sino de obra maestra, de pequeña maravilla. A mí no me gusta insultar, pero alguno debería pasar más tiempo en la zona de cuento infantil de alguna librería. Igual hasta se lleva una sorpresa.



¿Y qué va a pasar? 

Nada. Que así, sin más, se acaba la reseña.


13 comentarios:

  1. Carlos, "La caja de hojas", o "La caca de osas", o "La jaca de cosas" o "La saga de Rojas" y así hasta el infinito. Aunque la obra iba sobre una casa.

    Rojas.

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  2. Había visto este libro (y al autor en sí) bastante por librerías y blogs, así que tenía curiosidad. Y nada, curiosidad saciada. Hay muchas novelas interesantes por leer en el mundo.

    ¡Un beso!

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    1. LA curiosidad de este libro se sacia en la fnac en menos de una hora. ;)

      Gracias por pasar.

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  3. Danilewski es moderno, en el peor sentido de la palabra. Para contar cuentos de espadas y tal, ya tenemos al gordo de "Juego de Tronos" que no se las va dando de intelectual ni de maldito y está forra'o. ¿Innovadora, rompedora (iba a poner "rompepistas") subyugante? ¡Vamos anda!

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  4. Pues. Que alguna mecánica se utilice en literatura infantil no me parece razón alguna para menospreciar su valor literario, ni artístico. Los "dibujitos", puede que no te encajen como texto literario, pero su tradición larga llevan, y no me vale descartar toda una rama artística por prejuicio . La cosa es que este muchacho los venda como novedoso o experimental, siendo más bien un vanguardismo trasnochado, demuestra a lo sumo falta de conocimiento. Supongo que de ahí viene el cabreo, de la estafa, de la pose.
    El uso de esos elementos no me parece en absoluto reprochable, más bien encomiable, siempre y cuando se haga con conocimiento de causa.

    N.

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    1. No menosprecio su valor por su mecánica infantil. Me gusta la mecánica infantil. Lo que no voy a hacer es aplaudir sólo porque un escritor "de culto" meta unos dibujos en un cuento que dice de terror y por cuatro modernetes en busca de gurú.

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  5. La situación es más bien cuántos cortesanos por estos días están dispuestos a ver el traje nuevo del emperador Danielewski. Dije dispuestos? No, empeñados, aferrados con toda su alma.
    Y nada hay que hacer.

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    1. PREMIO. Pero no sé yo si tiene tanto que ver con Danielewski como con quienes lo editan.

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    1. Y ni eso. Tampoco me ha vuelto loco, aunque sí, están bien.

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  7. A veces, a algunos, da ganas de decirles: "lo de la experimentación está muy bien; pero para tu casa. No hace falta que lo compartas, que es demasiado íntimo".

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    1. Pero es que no es experimentación. Es lo de siempre. Lo hemos visto mil veces aunque parece que no todos.

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