lunes, 31 de marzo de 2014

Resumen de Lecturas MARZO 2014

Marzo. 31 días. He aquí un mes bien aprovechado con la lectura de un puñado de libros que incluyen relatos, clásicos populares, biografías, reportajes, teatro, etc. Tremendo, si lo piensas, el mes.

Arrancó así:

“Frankenstein o el moderno Prometeo” de Mary Shelley. Editado por Sexto Piso, con epílogo de Joyce Carol Oates y unos maravillosos dibujos de Lynd Ward. No sé si me gustó más la novela o los dibujos. Miento, sí lo sé: los dibujos. La novela, bueno, es Frankenstein, vale y sí, todos los méritos y más, que era una niña, la Shelley, pero con todo hay mucha paja y mucha descripción de la fuerza de los vientos y mucho arbolito y mucho páramo desolado y mucha acción que unas veces adormece y otras vez no hay quien la pare. Y bueno, vale, qué sí, nada que no supiéramos, pero esos dibujos…. esos dibujos de Lynd Ward son simplemente perfectos, llegando al punto de que parece, la novela de Shelley, una mera excusa para disfrutar de ellos. 


De “La trabajadora” de Elvira Navarro ya hemos hablado y dicho todo lo que se podía decir. Tampoco hace falta ponerse sádicos.


“La pesca de la trucha de América” de Richard Brautigan ha sido mi primer Brautigan. Le tenía ganas desde hace tiempo pero no fue hasta que cayó el libro en mis manos por casualidad que me dio por tomármelo en serio. Bueno, todo lo en serio que se puedo uno tomar a Brautigan. Colección de relatos (no lo sabía cuando lo empecé) que, como viene siendo habitual, son unos mejores que otros. En general, bastante curiosos. Interesantes. Repetiré con el autor, lo cual equivale a decir todo y nada.


“Los Modlin” de Paco Gómez. Descubro este libro el mismo día que me lo ofrecen. Por entonces ya lleva una temporada dando vueltas por ahí. He aquí un ejemplo de autoedición en toda regla: Paco Gómez escribe y edita. Lo habitual es montar un pdf, mobi o similar y subirlo a Amazon, ponerlo a 2 euros y esperar que suene la flauta y si no suena da igual, decir que has vendido dos mil ejemplares y esperar que te crea algún sello editorial. La otra es montar un crowdfunding y también esperar que te crean. En Paco confiaron 700 seres humanos, que ya no está mal. Los Modlin cuesta unos veintitrés eurazos y sólo se vende en papel. La edición incluye fotografías a todo color pero sobre todo un esfuerzo por hacer las cosas lo mejor posible dentro de las posibilidades de cada uno.
Por si interesa y anticipándome a la reseña, les diré que es una suerte de documental que trata sobre aquello que tiene lugar de puertas adentro y protagonizada por a una familia bastante peculiar. Hay por ahí un documental con el que Paco acabó teniendo muy poco que ver, pero esa es otra historia. Y no cuento más o a este paso hago aquí la reseña.



“Días lúgubres” de Juan Sayagués. Inclasificable. Es casi lo único que puedo decir ella. Y lo digo como un cumplido. La empecé hace mucho y la dejé a las quince páginas. Por insistencia del autor volví a ella meses después y, sorpresa, la disfruté como un enano. Días lúgubres es una gamberrada en la que Sayagués se permite hacer cualquier cosa y llegar a cualquier lugar con una única condición: divertir. Lo consigue. Con altibajos, pero sí.
Decir que va de esto: «El estadista y falócrata Don Pollón, defensor a ultranza de la “pornocracia” y siempre acompañado del simplón, sumiso y con dos doctorados, Altramuz, recibe la visita de un desconocido Dalai Lama reconvertido en vicioso y director de inconfesables empresas, con el que lleva a cabo un auténtico “pulso”», equivale a no decir nada. Lo mejor que se puede hacer con Días lúgubres es leerla y arriesgarse a que pase cualquier cosa. Lo dicho: divertida, interesante, desconcertante. Arriesgada. Diferente.



“Es un decir” de Jenn Díaz. Este blog tiene un discurso —que se repite demasiadas veces— que tiene que ver con la crítica, el amiguismo y la incompatibilidad. Esto no es difícil de entender de modo que no lo voy a volver a explicar. Pues bien, para no caer en el ridículo de recomendar la lectura de una amiga y en aras de salvaguardar el poco prestigio que nos queda nos vamos a reservar, mis socios capitalistas y yo, lo que opinamos del libro de Jenn Díaz a la que desde aquí aprovechamos para felicitar por esa segunda edición.



“Niños en el tiempo” de Ricardo Menéndez Salmón. Mismo caso que el de Elvira: lo dicho, dicho está; todo lo demás es marear la perdiz. La reseña, AQUÍ.



“Winesburg, Ohio” de Sherwood Anderson es uno de esos libros que sabes que tienes que leer, que quieres leer pero que por alguna razón nunca llega a ocupar un lugar preeminente en tu mesa de “inmediatos”. Error. Winesburg es una “novela” (entendiendo, en este caso, novela como esa colección de relatos que sí merecería ambas calificaciones) estupendísima que nadie debería perderse. El dibujo de una época y un lugar a través de sus habitantes y… bueno, da igual. Si hay que leerlo hay que leerlo, ¿qué importará el argumento?



“Un hombre al margen” de Alexandre Postel. Pongamos que es usted un profesor de filosofía anodino y vulgar. Un mierdecilla. Pongamos que un buen día llaman a su puerta y al abrirla se encuentra con un policía que lo acusa de haber descargado material pornográfico con contenido infantil. Pongamos que usted, que vive solo, se sabe inocente. Pongamos que las pruebas son las pruebas y ahora usted será acusado y condenado por pedófilo. 
Esta es, grosso modo, la historia que cuenta este joven escritor francés que ha ganado el Goncourt a una (venga, va, digámoslo) interesante primera novela. En breve, seguramente esta misma semana, reseña.



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ABANDONOS

La semana pasada publiqué tres entradas. La razón nace de aquí: empecé a escribir este post y cuando llegó el momento de comentar estos abandonos la cosa se fue complicando y el post se iba eternizando y aprovechando que pocas veces se ha dado la casualidad de que yo abandone tres libros el mismo mes, se le hizo un especial. Por el bien de todos, esperemos que no vuelva a ocurrir. 



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Y en abril…

Aguas mil. Y libros, unos cuantos. Tengo una lista enorme que todavía no he depurado porque últimamente improviso bastante y dejo un libro me lleve a otro. De entrada, hay unos cuantos que me apetecen especialmente. A saber:

“La Joven Ahogada” de Caitlín R. Kiernan es el tercer libro de la nueva serie de Valdemar llamada Insomnia. Citándolos vendría a ser “una historia de fantasmas, pero también un libro sobre la escritura de historias de fantasmas. Es un relato sobre el enamoramiento, el desenamoramiento, y la cuestión de si la locura es un don o una maldición. Es una de esas pocas novelas que uno desearía que nunca acabara.” Bueno, ya veremos.



“La cámara sangrienta” de Angela Carter «es una colección de diez relatos explícitamente basados en cuentos de hadas, en especial, de Charles Perrault, pero también de Jeanne Marie Leprince de Beaumont, del folclore europeo, e incluso de la radionovela, con claras influencias de la narrativa del Marqués de Sade.» Pertenece a los ilustrados de Sexto Piso (pequeñas grandes joyas de las que un día tendremos que hablar con calma). Alejandra Acosta, que descubrimos hace más de un año en la estupenda “Del enebro” se ocupa de los dibujitos. 


“La mirada del observador” de Marc Behm, es mi lectura actual y probablemente la termine esta misma noche. Se trata de una novela negra de reconocido prestigio que, quitando cuatro gatos, parece que apenas ha leído nadie.

“Una casa de tierra” de Woody Guthrie, cantante folk muy comprometido con la cosa social a quien Dylan llamó “mi último héroe”. Lo empecé el viernes; apenas leí nada.

“El buscador de almas” de Greog Groddeck, amiguete de Freud y padre fundador del movimiento psicoanalítico. «Inscrita en la tradición de la novela picaresca, El buscador de almas cuenta la historia de August Müller, un burgués de mediana edad que lleva una vida convencional hasta que se ve aquejado de escarlatina y desarrolla una obsesión con las chinches de su habitación, a las que se propone exterminar por todos los medios.» Ya iba a caer el mes pasado, pero no pudo ser.

En el apartado español sentimos curiosidad por cosas tipo “Las inviernas” de Cristina Sánchez-Andrade, “Un minuto antes de la oscuridad” de Ismael Martínez Biurrum, “Esta noche arderá el cielo” de Emilio Bueso, “Deudas vencidas” de Recaredo Veredas o “Tranquilos en tiempo de guerra” de Cristian Crusat. Pero ya veremos.



12 comentarios:

  1. O sea... que Mary Shelley, desde su tumba, y las mismísima historia de Frankenstein tiene que dar gracias a los dibujos de Lyn Ward

    Es como decir que menos mal que TVE emitió en 1979 los dibujos de Don Quijote, porque Cervantes ya se sabe, ¡menudo coñazo!

    ¡Vaya tela! Te han condonizano, Carlos

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    1. No no no, no me malinterpretes, Pobrecito. No estoy diciendo eso. No seré yo quien le reste méritos a la historia, simplemente creo que un tijeretazo aquí y allá le hubiesen hecho algún favor (favor que, por otro lado, no ha dado nunca muestras de necesitar). Lo que quiero dar a entender es que esos dibujos de Ward son fantásticos porque de la historia del amigo Frankie, como bien ha llamado Krust, maldito lo que hace falta decir a estas alturas.

      Por cierto, yo siempre creí que la había leído de chaval y una de dos, o tengo una memoria horrible (que sí que la tengo), o no fue así.

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    2. No te he entendido bien, pues, Carlos. Aclarado.

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  2. Coincido con tu comentario sobre Frankie, un clásico del gótico pero sin estridencias, por cierto tiene que estar bien esa edición con ilustraciones. Del resto de la lista no he leído nada: Brautigan esta imposible en las bibliotecas aunque hace tiempo que voy tras su pista, en cuanto al de Jenn Díaz pues ganas de leerlo y es que pinta muy bien; el otro día leí un reportaje en prensa donde la ponían como la sucesora de Ana María Matute… ¡ahí queda eso!

    *Se le sigue leyendo con sumo interés, Tongoy, a pesar de no comentar demasiado por aquello de no enpastifarse demasiado con los anónimos y otros especímenes varios. Saludos.-

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    1. Me pasó exactamente lo mismo con Brautigan. Joder qué difícil es conseguir algunos libros. Al final tuve que hacer trampa.

      El caso es que a raíz de este comentario he mirado lo que había en mi biblio y he caído en la cuenta que este fue mi segundo Brautigan. El primero fue "un detective en Babilonia" y en su momento creo recordar que me gustó pero maldito si me acuerdo ahora.

      Y muchas gracias. Se comprende. ;)

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  3. De Brautigan me partí de risa hace unas pocas semanas con "Willard y sus trofeos de bolos". Muy recomendable. Eso sí, abstenerse de leerla los que no les guste el surrealismo y el humor absurdo.

    "Winesburg, Ohio" es un imprescindible, sí. Aún recuerdo aquello de "Todo hombre es un Jesucristo que esta esperando su propia crucifixión" o algo así.

    Recuerdo haber leído "Frankenstein" de adolescente y gustarme mucho, aunque
    no se parecía en nada a lo que yo me imaginaba que sería. Cosas del cine...

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  4. Maldita sea: yo hace tiempo que ando buscando "La mirada del observador " y no la encuentro... Te recomiendo "La doncella de hielo", tqambién de Behm, aunque se trata de otro registro, me parece

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  5. Das mucha pena como pagafantas de la Yeni.

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  6. No meterse con la Yeni que curra aqui.

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  7. Shelley: Siempre digo que Frankenstein es de esas obras que no se leen, se estudian, para que no se quede en el Clásico juvenil de turno. Por ejemplo, es una auténtica genialidad que no tenga nombre el monstruo o toda la parafernalia en torno a la nieve que procede de la reinterpretación del Paradise Lost por parte de Blake, de la que bebieron la mayoría de románticos desde Wordsworth hasta las Brönte.

    Brautigan: Autor wierdoo. Poco más. Las ediciones de Blackie son joyas, aunque no hay color con el original inglés, como ocurre con Kerouac. El problema es que el estilo naif, por lo menos a mí, me satura. Me llegó con Azúcar. Pero nunca se sabe.

    Sayagués: Autor raro, obra de teatro rara (insisto, aunque Sayagués diga lo contrario, lo mismo que ocurre con La Celestina o La lozana, vamos). Hay mucho Siglo de Oro en ella. Empezando por el propio seudónimo del autor. Claro ejemplo de que no todo está perdido.

    Anderson: Novela académica. Clásico de los programas de Literatura norteamericana. Si te soy sincero, me esperaba mucho más, pues la leí completa no hace mucho (hasta ese momento fragmentos para clase). Si te gustó la estructura, prueba con Ciego en gaza de Huxley (yo compré la edición por tres duros en el rastro de Plaza de España en Coruña y creo que tenían un par de ejemplares más que seguirán allí muertos del asco). Es una de las joyas escondidas de la literatura. Eso sí, incluso más dura de leer que Contrapunto.

    Díaz: Se entiende y yo habría hecho lo mismo. No se trata de ser pagafantas como dicen la gente por aquí arriba, se trata de amistad y por tanto humanidad. Pero por eso digo siempre que un buen crítico jamás debe relacionarse con escritores. Para tener total autonomía y eso.

    A ver si se acaba este mes infernal y tengo un poco más de tiempo para el mundo blog.

    Un abrazo y espero que todo bien por ahí.

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  8. Sebastian C usted escribe mucha chorrada adornada, largas parrafadas sin significado las cuales le producen placer onanista, pero bien mirado mola leer pretenciosos de su estilo. (Moon Martin del soulseek)

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  9. Lo de Jenn Díaz, sinceramente, no lo entiendo. Y me da pena y cierta rabia, porque otrAs que escriben igual o mejor que ella han recibido buenas dosis de medicina por aquí y por otros lares.
    Por lo que dicen por ahí, además de joven y muy guapa debe de ser una mujer encantadora, y por eso algunos piquitos de oro (conozco personalmente a un par de estos ejemplares) enmudecen cuando tienen que decir algo no muy agradable de ella. Pues qué lástima... Mi opinión, sin conocerla, es que escribe bien pero que sus historias no tienen ni pies ni cabeza y no van a ninguna parte, que no sabe crear personajes creíbles (a lo sumo, quizás, atmósferas), y que sus libros me hacen sentir que he perdido el tiempo en una enredadera literaria con aires de pesadilla light.

    Mr Halls

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