miércoles, 26 de marzo de 2014

225 páginas de “Tokio año cero” de David Peace

Hace unos días hablábamos de una novela que fue miserablemente abandonada, sin asomo de duda, a las pocas páginas de ser empezada (David Vann). El viernes, si nada lo remedia, hablaremos de una novela que tiene todos los ingredientes para no ser leída, que de hecho ha sido abandonada, pero que sé con seguridad que retomaré más pronto que tarde (James Salter). Entremedias, hoy toca un post tan especial como inútil: ese momento en el que uno tiene que decir si sí o si no. Justo ese momento de duda. Ni antes, ni después. Exactamente ESE.

* * * * * * * * *

Llego a “Tokio Año Cero” de David Peace por un comentario que el traductor hace en Facebook, donde habla maravillas de la ella. Conviene aclarar que el traductor, Javier Calvo, no acostumbra a recomendar sus propios trabajos. Siempre que lo hace y la cosa pinta bien yo me compro el libro. Ya tengo dos.

La acción de la novela comienza el mismo día que Japón hace pública su rendición incondicional, al final de la Segunda Guerra Mundial. El país es un desastre. Háganse cargo. No puede estar más patas arriba ni puede importar menos (ni valer más) una vida humana. En ese escenario aparecen los cuerpos sin vida (en algún caso en avanzado estado de descomposición) de unas mujeres jóvenes que parecen haber sido “brutalmente” asesinadas (las comillas son mías y obedecen a un problema de memoria, que de esto ya hace c0mo treinta días y lo mismo las mataron a besos).

Como toda buena novela negra que se precie, ha sido definida, por su estilo, como una mezcla de James Ellroy y Murakami. Porque claro, Japón, novela negra… Con este panorama, si tienes que parecerte a alguien será a uno de estos dos. Bueno, en fin, todo sea por dar nombres. Personalmente nunca he sentido el menor interés por leer a Murakami pero sí he leído mucho a Ellroy y me quedo con él antes que con Peace. Vamos, de cabeza. Hay en Peace un estilo demasiado forzado que hace que a ratos la narración resulte, como poco, cansina, claro que, por otro lado, si le quitas esto, la matas. Aquí un botón de muestra:

«[…] El día es la noche. Los árboles blanco que han visto tantas cosas. Abro los ojos pero no puedo pensar. La noche es el día. Las ramas blancas que tanto has soportado. Cierro los ojos, no puedo dormir. El día es la noche. Las hojas blancas que han brotado otra vez. Abro los ojos, no puedo pensar. La noche es el día. Crecer y caer y volver a crecer. Cierro los ojos, no puedo dormir. El día es la noche. Doy media vuelta. Abro los ojos, no puedo pensar. La noche es el día. Me alejo de la escena del crimen. Los cierro, no puedo dormir. El día es la noche. Bajo la Puerta Negra. Los abro, no puedo pensar. La noche es el día. El perro sigue esperando. No puedo dormir. El día es la noche. El perro sigue esperando. La noche es el día. El perro sigue esperando. No puedo. El día es la noche. El perro sigue esperando. No puedo. La noche es el día. El perro sigue esperando. No puedo. El día. El perro sigue esperando. No puedo. La noche…»

Aquí otro.

«Vomito. Bilis amarilla. Vuelvo a vomitar. Bilis gris. Ya he vomitado cuatro veces. Bilis negra. Bilis marrón, bilis amarilla y gris. Ya he mirado cuatro veces a ese espejo. Ya he gritado cuatro veces: ¡Nadie es quien dice ser!»

Y no, no he elegido los párrafos. Bueno, sí, pero da igual; esto es así página sí, página también. Las hay mejores; aquí un ejemplo:

«En el pasillo hay una chica. En el pasillo hay una chica desnuda. En el pasillo hay una chica desnuda a cuatro patas. En el pasillo hay una chica desnuda a cuatro patas que no parece tener más de catorce años. En el pasillo hay una chica desnuda a cuatro patas que no parece tener más de catorce años y a quien está penetrando por detrás un Vencedor, mientras ella mira por el pasillo interminable en dirección a Nishi y a mí, con las lágrimas cayéndole por las mejillas y dentro de la boca, diciendo: Oh, qué bueno, Joe. Gracias, Joe. Oh qué bueno, Joe. Gracias, Joe. Oh, oh, Joe….»

Y es que, en el fondo, si le quitas el estilo tan “peculiar” lo que queda es exactamente lo mismo de siempre: un cadáver o dos o tres, un posible asesino en serie, un policía que cuya situación personal es un desastre (líos de faldas, líos de drogas…), envidias, corrupción, rivalidad en el entorno laboral, etc. Cierto: tiene todos los ingredientes para gustar y se desarrolla además sobre un escenario lo bastante poco habitual como para llamar la atención de quien esto escribe pero… Para qué nos vamos a engañar; sólo por eso la estoy leyendo. O estaba, no sé. Como les decía, llevo algo más de doscientas páginas y todavía no he tomado una decisión. Ahora bien, de hoy no pasa.



27 comentarios:

  1. Si un párrafo como los que con erratas citas lo encontrara usted en un libro de, pongamos, el excelente Tomas Bernhard, ¿no le encantaría? La novela a mí me pareció maravillosa y el trabajo de Calvo, ejemplar.

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    1. No seré yo quien cuestione la traducción de Calvo.

      Sobre lo otro: no tengo nada contra David Peace ni tengo nada contra la novela negra, por lo tanto si esto lo hubiese escrito Thomas Bernhard seguramente estaríamos en las mismas.

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  2. Me gusta es último párrafo, bastante. El primero, me carga. El segundo no está mal.

    De todas formas, esto: "Y es que, en el fondo, si le quitas el estilo tan “peculiar” lo que queda es exactamente lo mismo de siempre"

    Esta es la discusión buena. ¿True Detective es la leche por lo que cuenta? No, está bien (sin ser la obra maestra que dicen que es) por cómo lo cuenta. Breaking bad, lo mismo. Sospecho que ya sólo nos queda la forma, el estilo. Ojalá no.

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    1. No he visto True Detective, creo que soy el único. 

      El CÓMO es fundamental, qué duda cabe. Ahora bien, en ejercicios como este, a veces parece todo tan... exagerado, tan...gratuito y al mismo tiempo tan... refrescante, arriesgado, valiente. Confieso que me atrae en la misma medida que me repele precisamente por párrafos como ese primero (a mí el último también me gusta mucho).

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    2. Thomas Berenjhenard27 de marzo de 2014, 11:41

      Para que la obra sea buena, el CÓMO tiene que nacer del QUÉ. Así de "simple".

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  3. No sé, voy a hablar por hablar, como por otro lado hago siempre, ¿pero no cabe la posibilidad de que el mercado se esté sobresaturando de novela negra?. Que a mí me gusta, cuidado, pero claro, es cierto que todas van poco más o menos de lo mismo. Entonces, ¿qué hace que Manchette, Marc Behm o McCoy, por citar algunos, destaquen de entre la enorme producción pasada, presente y, presumiblemente, futura avalancha de novela negra o policial?. Lo pregunto porque sinceramente no lo sé. No creo que sea simplemente una cuestión de estilo y, obviamente, tampoco lo es en cuanto al tema.

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    1. A mí también me gusta, pero acabé un poco harto hace unos años. Ahora me apetece, pero entre que me lío con otras cosas y que me tropiezo con estas... No sé. El mercado está saturado, sin duda. El otro día pasé por la librería de ECI y quedé "escandalizado" con la sección de novela negra, ¡y no digamos ya con la mesa de novedades! Que muy bien, oye, si te gusta, pero joder, es imposible bucear ahí. 

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    2. Creo que fue Borges quien dijo que con tres metáforas esenciales se había construido la historia de la literatura universal, los astros, el agua o el río y el atardecer. Después de los griegos, creo que en occidente no hay mucho más que explicar. Agotaron todos los temas posibles. En realidad todo se reduce a un puñado de temas. El del último párrafo que señalas es conocido, tan viejo como el primer libro escrito. El autor ha tenido la habilidad de utilizar un modo original de plantearlo, practicando y señalando la capacidad recursiva del lenguaje. A mi, personalmente, en este caso, me parece un tanto efectista, ingenioso más que artístico, y sin embargo adecuado, porque no deja de ser algo característico del género.

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  4. Perdón por el OFF-TOPIC pero "Winesburg, Ohio" de S. Anderson es uno de
    los mejores libros de relatos que he leído en mi vida. Que lo disfrute.

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    1. Lo terminé anoche. Un libro estupendo y un ejemplo perfecto de cómo un libro de relatos puede ser también una novela.

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  5. Pero cómo no va a ser lo de siempre!! Quiwro decir, desde el momento en que se ajusta al corsé del género estarán por fuerza los leit motiv habituales...lo que queda e importa pues (y no sólo en la lit de genero) es el puto estilo. ..
    Y eso de que os guste el último párrafo...la profanación de la muchacha??? Osea bien truculento y tal pero eso de repetir el sujeto, añadir complementos a la frase, eso qué es? Para rellenar? O es que pretende sugerir que el narrador descubre la escena por fases?! Y aún así. ..hay oyras maneras seguro...cuestión de ritmo? Bah...
    Ah y no, no entiendo yo en qué universo paralelo podrían atribuirse semejantes fragmentos a bernhard...

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  6. Pero cómo no va a ser lo de siempre!! Quiwro decir, desde el momento en que se ajusta al corsé del género estarán por fuerza los leit motiv habituales...lo que queda e importa pues (y no sólo en la lit de genero) es el puto estilo. ..
    Y eso de que os guste el último párrafo...la profanación de la muchacha??? Osea bien truculento y tal pero eso de repetir el sujeto, añadir complementos a la frase, eso qué es? Para rellenar? O es que pretende sugerir que el narrador descubre la escena por fases?! Y aún así. ..hay oyras maneras seguro...cuestión de ritmo? Bah...
    Ah y no, no entiendo yo en qué universo paralelo podrían atribuirse semejantes fragmentos a bernhard...

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    1. Sí, de acuerdo contigo, pero lo que tú llamas estilo yo lo llamaría clase. Clase dentro de la sordidez propia del género. Es difícil de definir.

      Los fragmentos que ha colgado Carlos son simplemente efectistas, pero habría que ver si responden a algo dentro del conjunto de la narración, que no lo sé.

      Hay otro punto que a mí me interesa especialmente de la novela y es su contexto social y psicológico, además de histórico sin quererlo. En fin, que me parece que no es en absoluto un género menor cuando está bien hecho.

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    2. De la novela negra, no de ésta en concreto, quería decir.

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    3. Creo que en las novelas de género, si uno tiene verdadero talento, tab puede aportar cosas nuevas que van más allá del mero estilo (importante tab, claro).
      Pienso por ejemplo en la genial 1280 almas de Jim Thompson. A mi parecer su principal valor es el protagonista psicópata que consigue construir. Un personaje sólido, profundo y original como pocos. La historia además tab me parece originalísima (aunque haya crímenes, claro). A veces, precisamente las constricciones propias de un género son las que agudizan el ingenio del autor para desafiarle a superarlas. No creo que deba renunciarse a eso, a tomarse esas "reglas" como estímulo creativo y no como una claudicación.

      Un abrazo

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    4.  Que si responden a algo dentro del conjunto de la novela. Yo creo que sí. Sirven para reforzar la sensación de angustia permanente del protagonista así como lo estresante del entorno. Lo que pasa es que a veces resulta bastante cansino porque aunque la trama avanza lentamente, la novela no da un respiro.
      Te voy a dejar un fragmento más largo; yo creo que te puede dar una idea bastante aproximada.

       

       

       

       

       

       

      Me pican los piojos de la cabeza. Me rasco. Gari-gari. Me levanto de la mesilla. Me pica. Me rasco. Gari-gari . Voy al fregadero de la cocina. Me pica. Me rasco. Gari-gari. Me peino. Me pica. Me rasco. Gari-gari. Los piojos caen a puñados. Me pica. Me rasco. Gari-gari. Los aplasto contra el fregadero. Me pica. Me rasco. Gari-gari Los piojos del cuerpo cuestan más de quitar. Me pica. Me rasco. Gari-gari. Son blancos y cuestan más de encontrar. Me pica. Me rasco. Gari-gari. Abro el grifo. Me pica. Me rasco. Gari-gari . Sale agua. Deja de salir. Vuelve a salir.

                  Me pica. Me rasco. Gari-gari Me pica. Me rasco. Gari-gari...

                  Sale marrón y luego clara, luego clara y otra vez marrón.

                  Me lavo la cara. Busco jabón para afeitarme.

                  Pero otra vez no hay.
                  Me enjuago la boca y escupo.

                  Soy uno de los supervivientes...

                  Me pongo la camisa y los pantalones, la misma camisa y los mismos pantalones que he llevado durante los últimos cuatro o cinco años, la misma camisa y los mismos pantalones que mi mujer me ha arreglado y remendado, cosido y recosido una y otra vez, igual que los calcetines y los zapatos que llevo en los pies, el chaquetón de invierno que llevo encima de la ropa y el sombrero de verano que llevo en la cabeza.

                  Me pica. Me rasco. Gari-gari. Me pica y me rasco.

                  Soy uno de los afortunados...

                  Hay un platillo de zôsui en la mesilla, gachas de arroz con verduras. Lo dejo para mi mujer y los niños.

                  Me saco el reloj. Chiku-taku. Le doy cuerda.

                  Son las cuatro de la madrugada. Mi mujer y mis hijos siguen dormidos.

                  Me sigue picando y me sigo rascando. Gari-gari...

                  Me pongo las viejas botas del ejército en el genkan y me ato los cordones. Abro con cuidado la puerta de la calle y a continuación la cierro con llave detrás de mí. Me alejo por el camino del jardín de nuestra casa. Cierro la cancela detrás de mí.

      Ton-ton. Ton-ton. Ton-ton. Ton-ton. Ton-ton...

                  Me alejo de mi casa, me alejo de mi familia.

      Ton-ton. Ton-ton. Ton-ton. Ton-ton...

                  Me alejo por nuestra calle hacia la estación.

      Ton-ton. Ton-ton. Ton-ton...

                  En medio del ruido de los martillazos.

      Ton-ton. Ton-ton...

                  El amanecer de un Nuevo Japón.

      Ton-ton...

                  Las obras de reconstrucción empiezan temprano; los edificios que han sobrevivido son reparados o bien demolidos, y otros vienen a ocupar su lugar; las calles son despejadas de escombros y cenizas, y luego esos escombros y cenizas son volcados en los canales, que de esa manera se llenan y desaparecen. Pero los ríos y las calles de Tokio siguen apestando a meados y a mierda, a cólera y a tifus, a enfermedad y muerte, a muerte y pérdida.

      Ton-ton.

                  He aquí el Nuevo Japón; la estación de Mitaka abarrotada de cientos, miles de personas esperando el tren en ambas direcciones; rumbo al campo para malvender sus posesiones a cambio de comida; o bien rumbo a Tokio para que otra gente les malvenda sus posesiones a cambio de comida: un ciclo infinito de ida y vuelta, ida y vuelta, comprar y vender, comprar y vender; el Nuevo Japón.

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    5. Pues creo que voy a leerla. Me parece al menos interesante.

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    6. Como me ha picado la curiosidad, he estado rebuscando por ahí y parece que hay consenso en cuanto a la "irritación" que produce el estilo de Peace. La mayoría de las reseñas que he visto sobre este libro están hechas justo en el mismo momento que la tuya, o sea, a punto de tirarlo por la ventana de pura desesperación, pero arrepintiéndose en el último momento para recuperar fuerzas y acabarlo. Lo que también significa que algo tendrá.

      La clave estará en ver si el esfuerzo vale la pena, digo yo ; )

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    7. Solo hay una forma de saberlo. 

      También es cierto que yo fui muy puñetero y tenía este libro como "segunda lectura" (suelo leer un par de libros a la vez, uno en papel y otro en digital) y lo dejaba siempre para la noche, cuando más cansado estaba y menos paciencia tenía. 

      Ahora mismo voy por la mitad. Tampoco será un esfuerzo muy grande. Y mira, si me acaba gustando, cojonudo porque en mayo se publica la segunda parte: http://www.amazon.es/Ciudad-ocupada-Trilog%C3%ADa-Tokio-NEGRA/dp/8439728204/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1395929105&sr=1-1



      Por cierto, ayer me recordaste que tenía por leer a Marc Behm y me puse con "La mirada del observador" (precisamente como lectura nocturna). 

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    8. Mucho mejor como lectura nocturna Behm, adónde vas a parar! : )

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  7. Si yo escribo:

    "Cuarto de Baño. Cuarto de Baño Taza de retrete. Taza de retrete Culo. Culo Caca. Caca, caca, ca-ca, ca...ca...ca...".

    Eso no se "estilo" ni nada que se le parezca. Eso es, simple y llanamente, una GRAN MIERDA.

    Por cierto, aunque no sea santo de mi devoción, el señor Bernhard no escribe cosas parecidas a esas ni por asomo. Su literatura es justo la antítesis de la gilipollez. Por lo que cualquier paralelismo de la literatura de este escritor con las chorradas que, esta vez, le ha dado por reseñar a Tongoy, es de todo punto insostenible.

    ¡Un abrazo para todos!

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    1. En Bernhard también hay muchísima paja y es justo su progresivo olvido por parte de los lectores de las nuevas generaciones.

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    2. También puede ser que a este autor le paguen por palabra como a aquél (no recuerdo ahora quién era) que siempre agotaba las balas en los tiroteos porque cada ¡Pum! le suponía unos centavos más.

      Por otra parte, cada vez es más común utilizar ochocientas páginas para contar algo que no requiere más de noventa (o diecinueve, no estoy seguro).

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    3. Es más que probable que solo sea una manera de llamar la atención entre esa marea de novela negra que nos invade. Pero a lo mejor hasta se le puede perdonar. Ya veremos.

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  8. "Recordadlo siempre, amigos: los más grandes son siempre humildes. Donde encontréis un soberbio tendréis a un mediocre". Sergi Bellver, el modesto.

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    1. Pues SB, alias CG, lo deja muy claro: su propia fanfarronería es inversamente proporcional a su talento.

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