martes, 13 de septiembre de 2011

“La Cena” de Herman Koch


Esta reseña va a ser complicada: quisiera ser breve pero tengo demasiado que decir. Porque va a ser muy larga -ya se lo adelanto- sé que no será leída. Quiero que sepan que lo comprendo y les perdono. Nos vemos en la siguiente. 

* * * * * * * * 

EL BETSELLER 

Quizá recuerden una noticia de hace algunos años. En Barcelona, en 2005, tres jóvenes de entre 16 y 18 años fueron detenidos por agredir y asesinar a una indigente que dormía en un cajero automático. La quemaron viva. No creo que haga falta entrar en detalles. Esta novela de Herman Koch va de eso. Bueno, en realidad, “parece” que va de eso. Déjenme que cite un extracto del texto de la contraportada y luego les explico el origen de mis dudas: 

¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre para encubrir a un hijo que comete un delito injustificable? ¿Debe prevalecer el instinto de protección paterna, o la lealtad a unas normas sociales que garantizan la coherencia y la fortaleza del grupo? Estas y otras preguntas de igual calibre surgen como dardos durante la lectura de La cena, una novela ácida y provocadora que apunta sin miramientos a toda una clase social acomodada de los Países Bajos y, por extensión, de toda Europa, instalada en una inercia de autosatisfacción y complacencia, e indiferente hacia el devenir de la generación que ha de sucederla. 
[…] 
Tras cosechar un éxito inmediato y arrollador en Holanda —copó las listas de bestsellers, y ya ha vendido más de 340 mil ejemplares—, La cena ganó el Premio del Público y fue declarado Libro del Año 2009. 

Este último párrafo es la parte que yo no entendía: ¿cómo una novela en apariencia tan de crítica social había logrado colocarse como betseller tanto en Holanda como en España? Yo siempre había pensado que los betsellers (lo que se entiende hoy en día como tal y salvo honrosas excepciones) eran esos libros de los que no se extraían enseñanzas ni buscaban confrontación directa con acontecimiento social alguno si no era para sacar provecho a fuerza de exprimir los tópicos de acción más habituales del cine y la televisión. Cuando leo la citada contraportada que me habla de inercias, autosatisfacciones, complacencias, devenires indiferentes generacionales y tiros a matar a la burguesía holandesa y luego veo lo de éxito arrollador y sí chorrocientos mil ejemplares vendidos me asaltan las dudas: ¿habremos al fin aprendido a leer? ¿Son los holandeses una raza aparte? ¿Tendrá el cambio climático algo que ver con todo esto? Sólo había una forma de salir de dudas (dos, si incluimos la tortura al editor): leerlo. Lo acabé hace poco. 

* * * * * * * * 

LA NOVELA 

La historia que cuenta la novela es la siguiente: el protagonista, un hombre de clase media, mediana edad, felizmente casado y con un hijo de dieciséis años, asiste con su mujer a una cena en un restaurante de postín en el que ha quedado con su hermano, un político de prestigio cuyo partido tiene todas las papeletas para ganar las inminentes elecciones. La cena en cuestión tiene una razón de ser: decidir el futuro de sus hijos después de que estos hubiesen matado a una indigente en un lugar y de un modo similar al hecho real mencionado al comienzo de este post. Las preguntas formuladas en la contraportada son, pues, legítimas. Se las recuerdo: ¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre para encubrir a un hijo que comete un delito injustificable? ¿Debe prevalecer el instinto de protección paterna, o la lealtad a unas normas sociales que garantizan la coherencia y la fortaleza del grupo?

Bien, de ser así; si la cena fuese realmente un lugar para el debate acerca de la ética y sobre la burguesía y la indiferencia, la inercia, la complacencia y la autosatisfacción yo podría haber perfectamente sucumbido a sus encantos y proclamado a voz en grito: benditos los holandeses que han hecho de esto un betseller y benditos sus hijos y sus nietos también y bendita la madre que los parió. Pero no puedo. Y no puedo por Koch, el bueno de Koch, quien para colar esto como betseller ha tenido que hacer trampa. 

(A partir de este instante ándense con ojo pues no voy a tener miramientos a la hora de destriparles tanto los entresijos como el final de la novela por lo que si no quieren conocer el final pero sí mi opinión les invito a saltarse el resto de la reseña desplazándose directamente al último párrafo donde trataré de resumir, en muy pocas palabras, la sensación final que me ha producido.) 

Para empezar no conocemos los traumáticos hechos –aquellos de los que los críos son culpables- sobre los versará la cena hasta la trascendental página 120. Eso son 120 páginas (de un total de 285) dedicadas a presentarnos los personajes y su status social. Esta es la parte de la novela que concentra el prometido debate sobre la concienciación social, pero no porque así lo plantee la acción desarrollada sino porque quien más quien menos ya sabe de qué va la película y dedica los ratos tontos en que se describen pormenorizadamente los platos del menú y el método de trabajo del restaurante a pensar en ello. Lo de los menús, por cierto, es la forma que tiene Koch de contarnos lo gilipollas que se vuelven algunos cuando tienen dinero; el mencionado ataque a la burguesía. En realidad si encontrásemos en la calle una versión de este libro con las portadas arrancadas y nos pusiésemos a leerlo inmediatamente lo más probable es que creyésemos que alguien nos está tomando el pelo y nos preguntásemos cuándo va el escritor a tomarse la molestia de contarnos a qué viene tanto misterio. 

LA PÁGINA 120 

Y es que, como decía antes, la página 120 es vital, no por la hazaña juvenil de matar un indigente sino por lo que ocurre antes y después. Fíjense.
ANTES el protagonista era el bueno, ya saben: padre de familia que se preocupa por si hijo, que descubre algo terrible y se pregunta cómo afrontarlo; padre que tiene a mayores la desgracia de un hermano que se dedica a la política, que como tal es medio gilipollas y lo invita a cenar seguro que para pedirle que guarde silencio por aquello de joderle las elecciones con algo tan insignificante como la muerte de un muerto de hambre, algo que nuestro protagonista, un hombre de intachable conducta, profesor de instituto, no está seguro de querer escuchar (no sabemos si aceptar).
DESPUES el protagonista es un hijo de puta y su hijo, a su lado, la madre Teresa de Calcuta por muchos indigentes que haya flambeado. Su madre más o menos: antes nos hubiéramos casado con ella, ahora es peor que una Angela Chaning venida del infierno. Y su hermano, como no podía ser de otra manera, una bellísima persona que quiere lo mejor para sus niños: una educación ejemplar y una conciencia tranquila. 

Yo siento una particular debilidad por Fernando Arrabal. Recuerdo como una de mis grandes novelas de mi juventud aquella torre herida por el rayo que me enganchó al ajedrez. Arrabal dedicaba toda la novela a invertir los papeles de los protagonistas, dos jugadores de ajedrez, logrando que el que en un primer momento parecía buena persona demuestre durante el transcurso de la novela ser un auténtico cabrón mientras que el otro pasa de demonio a querubín. Arrabal, decía, dedica a hacer creíble ese cambio más de doscientas páginas. ¿Cómo puede Herman Koch lograr el prodigio de hacer lo mismo en el mismo espacio si ya hemos visto que la mayor parte de la primera mitad del libro la dedica a contar banalidades? ¿Quieren saberlo? ¿De verdad quieren que se lo diga? Vale. Hace trampa. 

LA TRAMPA 

¿Es un betseller, recuerdan? Tenía que haber algo que bajase el nivel. Bien, pues la trampa es una enfermedad hereditaria sin nombre (al menos no se llega a decir). Así de sencillo. En la mitad del libro, más o menos, descubrimos que el protagonista es un ser violento que ha sido inhabilitado temporalmente para ejercer la docencia hasta que un psiquiatra determine que está psicológicamente preparado para ello, algo que se ve a todas luces no va a ocurrir jamás. En un momento determinado, como si tal cosa, nos enteramos también de que lleva nueve años de baja y que hace poco abandonó voluntariamente la medicación que inhibía sus impulsos. Con esto lo que Koch justifica es que durante la primera parte el tipo fuese como una marioneta y sus actitud bastante pacífica y que lo que no sabía no lo sabía porque no se lo había contado su mujer, que lo protegía para no alterale los biorritmos. Lo que no se justifica de ningún modo es que esta novela, que está narrada en primera persona desde el presente, esto es, desde un momento claramente violento del personaje, oculte esa información. Si hubiese sido narrado en tercera persona a partir de los diarios del protagonista podría aceptar la trampa, pero así no. La imagen del personaje durante la novela no se corresponde con la que tenemos al final, con la del narrador actual. Esto es muy molesto o a mí me lo parece, que para el caso es lo mismo, por más que el resultado –la supuesta sorpresa- sea lo que haga de esta novela lo que realmente es -un betseller- y por lo tanto entretenida. Que de repente todos dejasen de ser lo que parecían para convertirse en caricaturas de una película del oeste es lo que acaba con la presunción de que estamos frente a una novela de reflexión pues leyendo esto la conclusión a la que llegamos no es tanto la amoralidad que se apodera de la sociedad como la importancia de hacerse la amniocentesis para evitar la proliferación de indeseables. 



EN RESUMEN 

Que muy mal por Koch, en general, por vender humo y bien por la editorial por haberse hecho con los derechos de una novela de tanto éxito. Para aquellos que se hayan saltado lo anterior decirles que en general me gustó moderadamente tirando a poco mientras la leía pero que el final resulta decepcionante por una trampa que pone el autor en el camino; una trampa que desmerece el conjunto y acaba con lo que podía haber sido: el prometido análisis del hombre versus la amoral sociedad. 




28 comentarios:

  1. La productividad y el éxito de la impostura me toca ¡y mucho! las narices.
    En fin, gracias por ahorrarme la compra del libro y el cabreo considerable.

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  2. Este verano tuve que elegir entre este libro o El dia del juicio de Salvatore Satta. Tras leer un capítulo de ambos, me decidí por el de Satta. Es la segunda mejor eleccion que he hecho este verano. Por si alguien no tiene qué leer El dia del juicio es un libro (en mi modesta opinión) muy bueno.
    Carme

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  3. Me suena la portada. Pero no lo he leído. He caído por casualidad en tu blog que enlazo al mío. Me gustan tus reseñas.

    Un saludo

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  4. No esperaba una reseña diferente Carlos, eres un cielo, je

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  5. No sé en otros países, pero en Holanda "La cena" (o "Het diner" en el original) se vendió tanto entre otras cosas porque Herman Koch es un conocidísimo humorista y showman televisivo. No te tenido la fortuna (o desfortuna) de leer esta novela, pero engañada por su éxito sí que leí su segundo libro, en holandés, para más inri, y coincido plenamente con tu conlcusión: Koch es un escritor tramposo y sin demasiado talento pero con buenos editores que le hacen unas contras fabulosas.

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  6. Una cosa sobre la editorial Salamandra, Tongoy. O mejor Trampalamandra. Resulta que he ido hoy a la FNAC. La nueva de Franzen la tienen nuevita en la edición en inglés. Es un libraco. Trece euros, oiga. Pregunto cuando sale en español. A primeros de octubre. Editorial? Salamandra, la de Harry Potter. Precio? 23 eurazos. Que alguien me lo explique. El nacional casi el doble de caro que el de importación. Como se come esta cena? Pues no comprando salamandras.

    Dr Jacques, avistador de novedades.

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  7. el libro de Ayesta es de calidad, saludos.

    F.B.

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  8. Paz, un placer. Mayte, gracias.

    "El día del juicio" de Salvatore Satta me lo recomendaron varias fuentes y me he jurado que de este año no pasa. Ya le contaré.

    Madi, Madi, Madi... este de Koch lo leí porque te robé la recomendación, si no recuerdo mal. Me acordé mucho de ti (bien) porque me sorprendió que no dijeses nada de la trampa de la contraportada.

    Cuatroojos: no se sí no lo sabía o si es que no recuerdo eso de que era showman. Ahora lo entiendo mejor. Eso sí: no repetiré con este hombre. Gracias por el aviso.

    Dr. Jaques: tengo ganas de saber por cuánto va a salir la broma de Franzen. En función de eso me lo compro o no. Lo de los precios de los libros en este país, así como la ley que prohíbe descuentos superiores al 5%, es un insulto a la inteligencia de cualquiera. A ver cuando se legisla de una puta vez en defensa del consumidor. Hasta entonces seguiremos tirando de biblioteca pública.

    F.B.: Leído Ayesta. Que no se diga que no soy un hombre de palabra. Bien, el libro no está mal, me trajo algunos recuerdos de lugares comunes: el primer amor y la familia cuando es feliz estando unida (justito antes de que se mueran los viejos y empiecen las hostias por la herencia). Seguramente ese (lo común del recuerdo) sea el secreto de su éxito amén de una prosa efectista ideal para este tipo de reencuentros.

    Saludos a todos.

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  9. Hola! Acabo de leer el libro de Koch (acabé ayer), y hoy estoy buscando como loca opiniones, a ver si alguien coincide conmigo. Todavía no tengo claro si es muy muy bueno o muy muy malo. Ahora bien, nadie dice lo que yo vi: el huevo de la serpiente. No me he tomado sus debilidades narrativas (que las tiene) al pie de la letra, ni sus trampas (que las tiene) argumentales en serio. Me parece una manera irónica y cargada de mala leche de ponernos a todos nosotros y a nuestro correspondiente hijo de puta y racista que todos llevamos dentro frente al espejo. Acepto que la explicación de la enfermedad genética y todo eso no me lo tome en serio, más bien como algo simbólico. Me aterró, porque no somos tan diferentes, y el narrador se va envalentonando y yo me voy acobardando....
    Leeré el de Salvatore Satta, prometo.Salud!

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  10. el final no lo entendí, que quería decir , qu el hijo no era suyo, o que había heredado su enfermedad, no comprendo que fué lo que vió en la cartilla de la mujer que tenía guardada, eso de los padres, no de la madre .. una pena porque el libro me gustó.alguien me lo explica?

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  11. Yo creo que el final significa que fue la madre la que decidió tener a su hijo, aun sabiendo que iba a heredar la misma enfermedad que el padre, por eso ponía DECISIÓN DE LOS PADRES, aunque el protagonista no lo supo nunca. De ahí la defensa a ultranza de la madre hacia su hijo.
    Saludos

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  12. Lo de "flambear a indigentes" ha sido frivolizar sobre un asunto muy serio (entre otras cosas).

    Para ti y quien piense como tú va lo siguiente.

    ¡¡¡SOIS UNOS DESGRACIADOS!!! ¡¡¡OJALÁ OS MURÁIS!!!

    CUALQUIER RESPUESTA A ESTE COMENTARIO SERÁ SISTEMÁTICAMENTE BORRADA E IGNORADA.

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  13. Curioso el último comentario. Estoy por terminar el libro y me ha parecido mediocre. Lo que más rescato son algunas carcajadas que me sacó la primera parte, a propósito de reflexiones del protagonista sobre lo frugal de la comida.
    Buen blog, felicitaciones!

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  14. Gracias a los dos por la visita.

    Anónimo de las 15:02, no voy a replicarle. Me doy por maldito. Un saludo.

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  15. No estoy de acuerdo. Es entretenida, ácida, de diálogos irónicos y desconcertante en grado sumo. Pero todo tiende a equilibrarse cuando desvela lo que llamas trampa. Te indico el enlace a mi reseña sobre este libro http://www.madrid2noticias.com/n-6808-705-cena_Herman_Koch

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  16. No estar de acuerdo alimenta el debate. Es sano y divertido intercambiar pareceres con gente tan sana.

    Muchas gracias por la visita. Un saludo,

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  17. Hola. Acabo de leer el libro, que me enganchó desde las primeras páginas. Creo que es un acierto el cambio de roles entre los hermanos: el bueno pasa a malo y viceversa. También me parece estupenda la crítica acerca de las "tonterías" de la alta cocina: que si los canónigos son de .., la carne es ..., etc., aparte de que no te dejan comer tranquilo y parece que te están vigilando todo el rato.
    Estoy de acuerdo en lo que dice uno de vosotros acerca de que, al ser un narrador en primera persona, deberíamos saber desde el principio que está enfermo; ahí hay una debilidad o error en la novela.
    ¿Qué os parece la adoración que siente el protagonista por su mujer? La justifica plenamente, y al final sabemos que fue ella la que decidió tener al hijo aún a sabiendas de que portaba la enfermedad mental. Entonces es una adoración recíproca, porque incluso ella lo prefiere así, desequilibrado pero sumamente inteligente, y no calmado y cambiado en su esencia por la medicación.
    El hijo es el resultado de un padre enfermo y una madre que no ve mal dicha enfermedad.
    Por último, reflexión acerca de quién es víctima y verdugo en nuestra sociedad moderna: los indigentes "apestan", "molestan", ¿quién sobra? ¿Ellos o los ciudadanos modelo? No sé muy bien qué mensaje nos quiere dar el autor de esta obra, creo que lo deja abierto porque no se posiciona claramente ni a favor ni en contra. Ya se anticipaba este tema cuando el protagonista profesor de historia le decía a sus alumnos que el holocausto no sólo se llevó por delante a gente buena, también "limpió" de gente mala.
    Este libro tiene meollo, al menos, eso opino.
    Un saludo.

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  18. Completamente de acuerdo con tu critica. He leido mucho, mucho, pero dentro de èstos muchos hay bodrios mil, asi que no cuentan, jajaj. Pero, creo, que aùn con las carencias que me encuentro para algunas lecturas se ver cuando un libro hubiera tenido mas posibilidades y el autor no supo o no pudo verlas. Eligio un camino facil.
    Saludos. Marisa.

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  19. Estoy de acuerdo con que se eligió el camino fácil. Lo que no entiendo es la razón.

    A todo esto este fin de semana he visto que el autor ha sacado nueva novela y que las críticas son salvajes (de buenas). Habrá que echar otro vistazo, supongo.

    Un saludo y gracias por pasar.

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  20. Estoy contigo.He llegado a la misma conclusión. Añadir que los hijos son el reflejo de los padres, sobre todo en el modelo que les presentamos con nuestro ejemplo. Lo que más me ha gustado ha sido lo impredecible de la historia. Me ha sorprendido la transformación de los personajes, nada lejos de la realidad y absolutamente creíble. Cierto que los padres podemos ocultar cualquier acción y actitud para sobre protejer a nuestros hijos y lo hacemos. De ahí que recojamos lo que hemos sembrado.

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  21. Lo acabé ayer por la noche y tengo que decir que me costó conciliar el sueño... Además, un punto personal me dio de lleno, que es el final del hijo adoptado, ya que yo tengo dos niños, uno biológico y otro adoptado, aunque ésto no tiene nada que ver con la calidad del libro.

    A mi me ha parecido un libro en el que tienes que quedarte con lo que podría haber sido, con las reflexiones verdaderamente interesantes sobre la sociedad, etc, que sí te genera, y pasar un poco de las trampas y las decepciones que evidentemente también tiene. Si hacemos como si no nos hubiéramos enterado de lo de la enfermedad genética y del cambio tan brusco de carácter de los protagonistas, es como poco inquietante pensar qué podríamos llegar a hacer para defender a nuestros hijos, o qué puede provocar que personas que aparentemente lo tienen todo se crean con derecho a menospreciar y agredir a los que sufren, sin pararse a pensar por qué están ahí, o si ellos podrían llegar a encontrarse en una situación similar...

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  22. Hola Maite.

    Bueno, es que si en literatura nos tenemos que quedar con lo que "podría haber sido" todos los libros serían geniales.

    Pero sí, es verdad. ¿qué no haríamos por un hijo?

    Gracias por pasar.

    Un saludo,

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  23. Hace unos minutos terminé la novela y sabes qué, estoy de acuerdo contigo. Me decepecionó que todo tenga justificación a partir de la enfermedad, antes de eso creí que se trataba de una novela que podía enfrentarnos con nuestros sentimientos y valores, pero Koch se escapó por el camino fácil. Hace unos años, en Zacatecas, en uno de sus municipios, unos niños bien mataron a un indigente, quemándolo. El resultado fue que los padres los protegieron hasta lograr sacarlos del país, desde luego, no se necesitó la explicación de la enfermedad hereditaria.

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  24. Me ha gustado mucho tu reseña.
    Hace unas semanas que lo leí y como que lo hago muy deprisa, normalmente, para poder opinar con propiedad debería haberlo releído. Sin embargo, la impresión general que me dejó era que no merecía la pena y pasar a otro, que hay cola. Casi había olvidado su contenido. De manera que allí está, engrosando el montón para donar a la biblioteca o a quien lo quiera.
    Conclusión: bien publicitado, portada atractiva, contenido decepcionante. No vale la pena. La única ventaja que le veo es su brevedad, aunque cualquier tiempo perdido en lecturas inanes es lastimoso. Me quitó dinero del bolsillo, que hubiera podido ser mejor empleado, pero de ello también saqué una lección: proponerme ser más prudente la próxima vez. Por enésima.
    Ciertamente, al principio encontré fragmentos que me hicieron sonreir, ingeniosos e irónicos.
    Seguí leyendo con el impulso de la intriga prometida y entonces topé con esos giros “inesperados” más propios de culebrón televisivo, en los que la pretendida crítica social se deshacía como humo. Adiós Koch!
    Un saludo,
    Marisa (no la anterior, otra)

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  25. Gracias.

    El tema de la crítica social como argumento para vender productos y atribuirles una calidad que no merecen daría para un extenso artículo y este libro podría ser, perfectamente, su protagonista.

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  26. He leido vuestros comentarios.Reflexiones interesantes.Yo pertenezco a un club de lectura y queria conocer la impresión que la obra había causado a otros lectores.Ciertamente el autor se concede ciertas licencias que no sé si deberían haber hecho del libro un better seller,pero quizá lo que más me ha molestado es como el escritor juega con el lector desde el comienzo haciendose pasar por bueno cuando es un hombre acomplejado, un pesimo padre, un pusilanime que es capaz de aceptar un desenlace tan brutal,y encima justifica todas sus acciones con esa enfermedad. No sé,el final me puso de muy mal humor, es como querer decirnos que todo vale con tal de defender a un hijo.Una madre tan loca,tan despiada que trajó
    un monstruo al mundo pero que en lugar de intentar que sus delirios no dañen a la sociedad todavia se regodea en ellos.O sea podría morir mañana tu hij@ o el mio porque esa descerebrada no va a reconocer la enfermadad de su hijo y si lo hace como le gusta como "es".No sé muy bien lo que buscaba el autor a mi personalmente cabrearme.Yo también le termine avanzada la noche y casi no podia dormirme. Y pensar que estos bichos están entre nosotros.

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  27. Los enfermos mentales no son bichos..
    Una reseña iimpecable. La suscribo realmente. Añadir q el autor hace un flaco favor al colectivo de enfermos mentales aumentando en el lector un menosprecio social mayor del que q sufren habitualmente por desconocimiento

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  28. Lo acabo de terminar, lo tengo aún caliente en mis manos y...¡me ha encantado! Aquel hombre tan simpático y divertido al principio que se convierte en un ser abyecto y violento. Su hijo es una joyita como el padre. Y Claire, la madre, menuda bruja. A mí me ha gustado muchísimo. Habría deseado tener más información sobre Beau, el pobre Beau, el hijo negro adoptado por el político y su mujer.

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