sábado, 30 de mayo de 2015

Resumen de lecturas MAYO 2015

Casi en tiempo de descuento me acuerdo de que tengo el resumen de lecturas de este mes sin preparar de modo que hoy toca vuelapluma. Me van a perdonar si soy anormalmente breve (o me lo van a agradecer, ustedes dirán) o no entro en mucho detalle, que no lo sé (me extrañaría). Bueno, lo que sea. 

Mayo fue (y está siendo), esto:


‘El protegido’ de Pablo Aranda

«La historia, por si les interesa, gira en torno a un personaje (que, por supuesto, no puede ser más vulgar ni queriendo) que acaba de romper una relación total para empezar otra (que hace falta estar desesperado) que no le irá mucho mejor toda vez que se ha constituido, pese a su espontaneidad, más por sincero interés que por verdadero afecto. En un momento dado el hombre —que, dentro de su inmadurez e innata estupidez, no deja de ser buena gente—, hace algo que le honra y le condena al mismo tiempo: devuelve algo que no es suyo a quien supone justo destinatario en el peor momento posible: a la vista de un montón de gente codiciosa, avariciosa, envidiosa, rencorosa, malosa. Entremedias, un crimen, y él, sin comerlo ni beberlo, directamente por lelo, se encarama a la rama reservada a los principales sospechoso en el árbol de la vida». Esto lo dije en su momento, en la reseña que publiqué a principios de mes. El resto se puede resumir del siguiente modo: la de Pablo Aranda es una de esas novelas que dejan más frio que caliente. Novelas de argumentos sencillos de hombres que se complican la vida con azarosos azares y tal.



‘La inconcebible aventura del hombre que fue otro’ de Manou Fuentes

Manou Fuentes revisa con esta novela el mito del hombre corriente. Y van… Aquí uno que por una tontería se descubre acusado de un crimen que no cometió y en vez de afrontarlo, huye, porque él es así y es en su huida que descubre que, si quiere, puede ser mucho más que un mierdecilla: puede ser un mierdecilla sin responsabilidades. Se pasa media novela tirado en una playa hasta que se harta de sí mismo y sus circunstancias y decide poner las cosas en su sitio a golpe de afán justiciero. Decíamos que parecía una novela de Luisgé Martín que además es muy francés, también él, escribiendo y esto lo decimos un poco como un cumplido y otro poco no. En cualquier caso la novela es un tanto machacona con la idea de identidad no tanto porque no resulte un argumento interesante (lo es y mucho) sino por la necesidad de Manou de evidenciar su intención cada dos páginas.



‘Ciudad fantasma’ de Robert Coover

Les diré que me costó lo indecible terminar este libro y si lo hice, si lo terminé, fue única y exclusivamente para darme el gusto de criticarlo con conocimiento de causa. Aquí estamos. Al final, por falta de tiempo y ganas, no ha dado para reseña. Eso y que hay libros que no invitan a hablar de ellos ni en los peores términos.

Ciudad fantasma es una juerga que se corre Coover. Él quería, o eso parece, escribir una novela del oeste que abarcara y recogiera todos cuentos tópicos existen en el género. Todos. Una novela para gobernar las novelas. Esto puede hacerse de dos modos: con un artefacto de 2000 páginas al más puro estilo John Barth o con uno de 200. Coover elige la segunda opción, motivo por el cual recurre al truco de la ciudad fantasma cargada de surrealismo. El resultado es un ejemplo que las mejores intenciones no siempre obtienen los mejores resultados. Aburrida, farragosa y carente por completo de interés. No hay personajes, no hay trama, sí acciones y reacciones en una huida hacia delante que para el lector es como un parto sin epidural.



‘Al salir del infierno’ de John Franklin Bardin

También hay reseña. Dije, en su momento, lo siguiente: «Novela de consumo rápido y tensión creciente, a ratos un poco Hitchcok, a ratos también, con todo lo que tiene esto de poco original por tantos años de cine pero sí es verdad que resulta fácil imaginar todo cuanto ocurre en glorioso blanco y negro, tal como era cuando fue escrita (1947). Es lo que tiene, su mejor baza: que a pesar de lo previsible de su imprevisibilidad huele a clásico moderno injustamente olvidado y perfecto para rescate menor de editorial de segunda con poco donde elegir». Y no tengo mucho más que decir, la verdad.



‘Sumisión’ de Michel Houellebecq

Houllebecq plantea un futuro cercano en el que un grupo islamista alcanza el poder durante unas elecciones. El escritor plantea, a modo de juego, un país que ha de convertirse al Islam (o fingirlo, de entrada) en cuestión de semanas y que de hecho lo hace y que lo hace con gusto y que lo hace feliz porque así como nada como un buen clásico para dormir, tampoco nada como recuperar las viejas costumbres toda vez que uno está ya un poco harto de tanto progresismo y tanta modernidad y tanta hostia. El hombre moderno, nos viene a decir Houllebecq, pese a lo mucho que presume de tal, es un hombre que sabe que sería feliz como una perdiz en una sociedad que le permitiese tener varias esposas, a cual más joven, y donde su opinión fuese aceptada y respetada inmediata y automáticamente. Houellebecq pone el dedo en la llaga cuando formula la siguiente pregunta: ¿envidiamos lo que odiamos? ¿nos odiamos por envidiarlo? Menudos elementos somos. Sumisión es una de las novelas de Houellebecq con las que más me he divertido y que más he disfrutado.



‘El niño que se desnudó delante de una webcam’ de José Serralvo

Acabo de publicar la reseña hace escasamente dos días. Por el amor de Alá, ¿qué más quieren que les diga? Venga, una autocita y ya: «Lo que Serralvo quiere decir con este libro es que se anden ustedes con ojo, que ser moderno no es incompatible con tener cuidado; que sobran organizaciones espontáneas de seres humanos de esas que les llevan muchos años de ventaja en esto de conocer los puntos débiles de su IP. Organizaciones locas de deseo por levantarles la falda a sus hijas. La crudeza de lo narrado se compensa con la ausencia de dramatismo (pese a lo salvaje de alguna de las escenas), algo de humor y la idea de que a los catorce uno ya sabe lo que es un paja y que masturbarse frente a un desconocido no es exactamente lo mismo que aceptar un helado de tu vecino, por más que este parezca venido del inframundo».



‘La suma de los ceros’ de Eduardo Rabasa

Y aquí el azar se puso de mi parte. Que ya era hora. Les presento La suma de los ceros como una novela perfecta para leer en tiempo de elecciones. Si la busco mejor no la encuentro.

Resumo, que esto llevará reseña (cuando la escriba) y no quiero ponerme pesado antes de tiempo: La suma de los ceros es cero. Ustedes son ceros. Todos somos ceros. Todo se mueve, nada cambia. Nunca cambia, nada, por mucho que se mueva. Todo avance en un efecto óptico, una trampa para idiotas. Las elecciones, mera formalidad. Los políticos, simples marionetas. La verdad os hará libres, palabrería barata. Ser atrezzo hoy.

La novela de Rabasa, una de las que más he disfrutado este año (a pesar de una pesada por más que inevitable última parte o recta final o un exceso de reflexiones que en otro contexto que el de la novela podrían funcionar mejor), es una divertida sátira política que pone de manifiesto que no hay mayor pesimista que el realista ni mayor realismo que el pesimismo. Que no somos nada, vaya, ni ceros casi. Y que no importa que lo sepamos o no, si nunca somos nada. Y si no que se lo digan a Esperanza Aguirre.


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En el apartado Relecturas:

‘Distancia de rescate’ de Samanta Schweblin

Quería asegurarme.


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ENTRE MANOS

Barth. Giles, el niño-cabra, que no es El plantador de tabaco, es verdad, ni se esperaba, pero sigue siendo Barth.

Miraremos de acompañarlo de algo, que es mucho libro para hacérselo del tirón en solitario. Algo tipo Houellebecq, Sara Mesa, Pablo Ramos,... tal vez algo de ensayo, para variar, un Piketty o actualidad similar. O un poquito de terror, que siempre viene bien. 

Bueno, ya veremos. Les cuento.



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