jueves, 27 de febrero de 2014

Una aproximación [tangencial] a “Ánima” de Wajdi Mouawad

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Sabra y Chatila. El 16 de septiembre de 1982 tuvo lugar en estos dos campos de refugiados situados en Beirut, una masacre cometida por fuerzas cristiano-falangistas libanesas (en respuesta a un atentado llevado a cabo por facciones pro-palestinas) con una cifra de víctimas que oscila entre las 300 y las 3000. La comisión Kahan determinó que las fuerzas israelíes habían sido indirectamente responsables de las matanzas. En diciembre del mismo año Naciones Unidas «resuelve que la masacre fue un acto de genocidio

En 2001 la justicia belga admitió a trámite una demanda contra Ariel Sharon (ministro de defensa Israelí en 1982) «en aplicación de una ley de jurisdicción universal para casos de violaciones de los derechos humanos». Israel cuestionó su jurisdicción (alegando que existían razones políticas) y en 2003, bajo la presión de Estados Unidos que amenazaba con bloquear la aportación financiera a la OTAN si Bélgica no derogaba la ley que permitía juzgar a extranjero por crímenes de guerra, se modificó la ley y se archivó la causa alegando que ya no había base legal para el proceso.


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El 22 de julio de 2002 un F-16 lanzó una bomba sobre Al Daraj, en Gaza, al norte de la franja palestina. El objetivo era Salh Shehadeh, líder de Hamas al que Israel tenía por terrorista. La bomba, sin embargo, destruyó la casa vecina. Murieron catorce civiles, siete de ellos, niños. Otras 150 personas resultaron heridas. El 29 de enero de 2009 un juez español decide investigar la posible responsabilidad penal por crímenes contra la humanidad del entonces ministro de defensa Israelí. La demanda se admite a trámite. Esto provoca una crisis diplomática que se resuelve dando carpetazo asunto el 29 de agosto del mismo año y modificando la ley de modo que solo se podrá enjuiciar por delitos de genocidio o lesa humanidad cuando «sus presuntos responsables se encuentren en España o existan víctimas de nacionalidad española o [tuvieran] algún vínculo de conexión relevante con España».


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Pronto hará diez años que víctimas tibetanas reclamaron justicia en los tribunales españoles acusando a la cúpula del Partido Comunista Chino de cometer crímenes internacionales (léase genocidio, tortura, terrorismo de Estado). En 2006 la Audiencia Nacional dictaminó que se tenía plena competencia para investigar los hechos. Hace poco, la misma Audiencia puso en busca y captura al ex presidente chino Jiang Zemin y al ex primer ministro Li Peng por el genocidio del Tibet. Se les acusa de «de estar al corriente de torturas, ejecuciones extrajudiciales y arrestos arbitrarios a ciudadanos tibetanos y de someter a este pueblo a “políticas de planificación familiar forzosas que incluían la práctica extendida de abortos y esterilizaciones forzosos”, entre otros delitos de lesa humanidad.» 

Y empiezan las presiones, económicas y comerciales. 

Acaba de aprobarse en el Congreso de los diputados el archivo de la justicia universal con el fin de evitar, según admitió la dirección del Grupo Popular, «conflictos diplomáticos» especialmente el abierto con China. Según la reforma, que reduce la ley a la mínima expresión, «los jueces españoles solo serán competentes para investigar delitos de genocidio, lesa humanidad o contra las leyes de la guerra cuando “el procedimiento se dirija contra un español o contra un ciudadano extranjero que resida habitualmente en España o que se encontrara en España y cuya extradición hubiera sido denegada por las autoridades españolas”.»


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En “Ánima” de Wajdi Mouawad el protagonista es un superviviente de la masacre de Chatila, hecho que, sin ser apenas nombrado, flota como una losa sobre una novela que habla, entre otras muchas cosas, de las líneas de separación. Ya entraremos en detalles. 

Es asombrosamente fácil, parece decir Wajdi, pasar de ser un héroe a ser un monstruo. El gobierno español se ha asegurado, no sólo de recordárnoslo, sino de demostrarlo. 

En 2015 habrá elecciones generales; seré nuestro turno de hablar.



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Independientemente de todo esto pero también “precisamente por todo esto”, “Ánima” de Wajdi Mouawad está resultando ser (a escasas 100 páginas del final) una novela más que recomendable.




10 comentarios:

  1. Como siempre, post bien completito, y poco que decir para el comentario..

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  2. Cuando vi que lo estabas leyendo, te temía. Pero veo que tenemos una opinión muy similar. El libro es cojonudo, salvo por ciertos ramalazos efectistas (eso de gente hablando mientras se muere, tan peliculero). Esperaré impaciente tu dictamen final. Para mí las últimas páginas sobran, pero ya veremos si tú opinas lo mismo.

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  3. ¿Esperar a hablar hasta el dia de las elecciones? Nuestro turno de hablar es hoy, mañana, cada día. De hecho, lo recomendable, lo necesario, es no ir a votar y no dejar de hablar, en la calle, con el lenguaje más convincente y expresivo posible.

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    1. Si no votas, ya sabes quién gana. Porque ellos si que lo hacen, en todas las elecciones

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    2. Cierto. "Ellos" votan siempre. Yo también pienso que es una pantomima pero es la única manera de hacer que se vayan. El problema es a quién llamar para que venga, que esa es otra. Y eso no implica dejar de hablar, por supuesto, pero no para convencer, que nadie va a bajar del burro ya, sino para expresar.

      La novela pinta muy bien, Carlos. Es bestial lo que pasa allá ante los ojos de todo el mundo.

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    3. http://www.gaceta.es/noticias/torturas-los-gulags-norcoreanos
      Se echa de menos una pequeña bronca a los jueces de la AN por olvidarse de este asunto, viejo ya de 50 años.

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    4. Tremendo lo de Corea. ¿Por qué no me sorprende?

      Opino lo mismo. No votar, para mí, no es una opción; es rendirse. Lo jodido es a quién.

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  4. Estupenda aproximación. Y las páginas finales no sobran, sino que justifican toda la novela en su totalidad, aunque cambie el estilo general llevado hasta el momento. Novela notable de un notable escritor. Uno de los mejores dramaturgos que hay en estos momentos. Escritura fuerte y creativa, lúcida y apasionada. Novela para no perdérsela.

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  5. Creo que este post es tan descorazonador (por su contenido y por el hecho de que además refuerza la decepción ya generalizada) que no tiene uno ánimo ni de hacer comentarios.
    Aunque se trata de eso, de que no nos gane el desencanto y acabemos por no decir nada, aburridos de protestar y ser ignorados (y en adelante incluso (más) castigados por hacerlo).
    A cuenta de esto el otro día oí este chiste :
    -¿Y qué tal por España?
    -No me puedo quejar.
    -Ah, entonces, bien?
    -No: digo que No me puedo quejar.

    Espero el resto de la crítica con interés.

    Un abrazo

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