lunes, 17 de febrero de 2014

“Jota Erre” de William Gaddis

«[…] Espero que a todos los lectores esta historia les sirva para estar prevenidos y hacer alguna aportación a las alas del tiempo, problema, joder, es que casi todos los lectores preferirían estar en el cine. Prestar atención, pensar algo, sacar una conclusión, problema, joder, es que casi todos los libros están escritos para lectores completamente satisfechos con lo que son, preferirían estar en el cine, llegan con las manos vacías y se van igual, joder, lo que le decía a Scharmm Bast. Si les pides que hagan un mínimo esfuerzo, joder, quieren que se lo den todo hecho, se levantan y se van al cine, […]» (Pág.446-447)



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Maldades y malas elecciones aparte, no se me ocurre ninguna (y cuando digo ninguna quiero decir NINGUNA) razón por la que uno debería, podría o querría dejar pasar un libro como JOTA ERRE de William Gaddis, un libro tan actual y divertido, tan rematadamente bueno, tan jodidamente inteligente, sano y refrescante (y, en la misma media, delirante, desquiciante, exasperante), que no comprarlo o directamente robarlo o dejar de comer para tenerlo; que no perder el culo por leerlo, en definitiva, que no mandar las redes sociales al infierno de la estupidez; que no hacerlo (y sí hacer, en cambio, oídos sordos o excusarse en la necesidad de cierta superficialidad o en el peso del libraco o en la incomodidad de los asientos del metro o en esas dos docenas de libros pendientes o en qué sé yo) hacer todo eso, digo o dejar de hacerlo, ya no sé, no dice mucho de uno, no dice algo de uno, lo dice TODO.


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En esta parte debería ir el argumento, pero no puedo. Si es que además no importa. Bueno, vale, estoy exagerando, pero no tanto como otras veces. No es exactamente que importe o deje de importar, es que pónganse ustedes a resumir mil doscientas páginas en las que aparecen unos 120 personajes diferentes; una novela en la que no existen puntos de apoyo desde el momento en que se compone de unas doscientas “secuencias” (diferentes personajes en diferentes lugares haciendo esto lo otro y lo de más allá) separadas por transiciones unas veces más claras que otras, unas veces más largas y otras más cortas, y en la que todo absolutamente todo es diálogo, y donde nunca, nunca, se pone en contexto al lector. Adivinar quién es quién, dónde está y con quien habla, si habla cara a cara o si coge el teléfono; poner de tu parte o irte a leer, no sé, a Javier Marías, por ejemplo. 

Voy a ser completamente sincero: en esta reseña —escrita, por razones que no vienen al caso, mucho tiempo después de haber leído la novela— dejaré en el tintero muchas cosas: dejaré referencias, millares de citas, un buen resumen del argumento; obviaré a Gibbs y su discurso sobre el arte y la mecanización, anticipo de “Agape se paga”… Que me dejaré muchas cosas, vaya (que, por otro lado, podrán encontrar fácilmente en la red) porque con esta reseña lo que quisiera es crear en ustedes una necesidad: quisiera convencerles de que deben deben deben leer esta novela. Si no lo hacen, si no la leen, si no logro convencerles, no habré fracasado yo, habrán fracasado ustedes. Pero sin rencores, eh.


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JOTA ERRE —por aquello de darles una pista y sin que tenga, insista, mayor importancia— es un chaval de once años que, a lo largo de la novela, consigue montar un tinglado del demonio desde las cabinas telefónicas del colegio. Y cuando digo tinglado del demonio lo que quiero realmente decir es un imperio financiero de acciones más falso que Judas que, en mayor o menor media, afecta a todos cuantos personajes pululan por ese escenario en que se convierte la novela que, ya lo hemos dicho, son unos cuantos. 

-Vale, quién, ¿Tienes a alguien?, ¿eh? Porque, tío, te vas a meter en un lío si te dedicas a prestar dinero para los tenedores esos y eso, sólo porque te has leído todos esos libritos desde que fuimos al viaje de estudios ese, antes nos lo pasábamos bien canjeando cosas, tío, pero ahora todo se…

- ¡Vale, y qué quieres que haga! –dio una patada a un montón de hojas que había delante de él, se detuvo ahí para cambiar de brazo su carga—, o sea, ¿que me dedique a vender esas muestras cosméticas gratis, con las cajitas de cerillas esas, los zapatos esos que son enormes?, ¿o, o sea, la cosa esa que tengo en casa de una emocionante carreta trabajando en un motel o las importaciones y exportaciones en la intimidad de tu propia casa? O sea, los ratos divertidos esos, mi madre siempre está trabajando, cómo sé yo cuándo va a volver, o sea, es como lo de los bonos y las acciones esas, no ves a nadie, no conoces a nadie, sólo por correo y por teléfono, porque así es como lo hacen , nadie tiene que ver a nadie, puedes tener una pinta rarísima y vivir en un retrete, ellos qué saben, o sea, es como los tipos esos de la bolsa de valores donde se venden acciones unos a otros. No les importa una mierda de quién son, sólo venden y compran para una voz que se lo dice por teléfono, por qué les va a importar una mierda si tienes ciento cincuenta años, lo único que les… (pág.267)

Pero más allá de la historia —que ya de por sí, se pongan como se pongan, es absolutamente genial— está, como siempre, la marca de la casa y mi punto débil: la forma que tiene Gaddis de sumergirnos en la novela. Ese permanente estado de frenesí en el que se encuentran sus personajes (todos y cada uno de ellos) o cómo es capaz de crear el caos en una habitación apenas con un grifo que gotea y mucho desorden y después orientar al lector con algo tan ridículo como puede ser una bolsa de patatas fritas. 

Mención aparte, el humor. Las escenas que tienen lugar en lo que podríamos considerar las oficinas principales de ese emporio de papel creado por Jota Erre y que ocupan aproximadamente la parte central del libro, merecerían encabezar cualquier antología de humor. No estamos hablando, como hablábamos hace unos días, de hacer gracia a golpe de chistes o, digamos, microsátiras, como se les llama ahora. La cosa no funciona así. Demasiado fácil. Demasiado vulgar. El humor de Gaddis es de largo recorrido (de ahí la ausencia de citas) y requiere la complicidad del lector más allá de la que se pueda encontrar en los muros de alguna red social. 


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Han pasado casi dos meses desde que terminé Jota Erre y desde entonces se ha convertido en una muy particular una vara de medir. No es que ahora todo lo demás parezca “deficiente”, es que realmente lo es. Puede que las comparaciones sean injustas, incluso exageradas u odiosas y sí, es cierto, seguramente sí, pero también necesarias. En ocasiones diría que imprescindibles, vista la especial querencia de muchos por hacer grandes a quienes poca cosa son a golpe de parecido razonable. Uno puede escribir como Carver, hacernos reír como Vonnegut; uno puede ser cortaziano de pro o digno heredero de un Borges furioso, uno puede tener más referentes que donde se fabrican; uno puede ser muchas cosas, pero uno nunca podrá ser como Gaddis de igual modo que una novela nunca podrá ser como Jota Erre. No hay huevos.

Hay novelas que suponen, para el lector, un antes y un después. JOTA ERRE —novela inmensa se mire por donde se mire— es una de ellas. Se lee o no se lee; todo lo demás son excusas.

¡O sea, eso es lo que le estoy diciendo! O sea, ¡por qué la gente va y roba, infringe la leyes para coger todo lo que pueden si siempre hay alguna ley, que puedes ser legal y cogerlo todo de todas formas! Así que, o sea, yo hago lo que se hace y así todo el mundo se… (Pág.1026)


52 comentarios:

  1. Ya sentía necesidad (entendida de forma genérica) de leer el libro.
    La reseña me ha servido, me ha recordado, por qué empecé a seguir este blog.

    Ésta es la parte de la medicina que mola; la otra, la de sabor amargo, la que se consume a cientos, la que están pendientes para mirar al milímetro, tiene efervescencia; poco más.

    Un abrazo. Empezaré a desarrollar músculo ya.

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    1. Te hará falta. Yo me refugié detrás de una mesa. Demasiado ejercicio.

      P.D. Yo siempre creí que seguías este blog por mi encanto personal, y no, resulta que es por estas reseñas. Estoy desolado.

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    2. ¡Ah, el encanto!
      También era eso, por supuesto; me gustaba más dejarlo en privado.

      PD - a partir de ahora, siempre dejaré en mis comentarios algún punto y coma; será una forma de guiño privado que compartiremos en público.

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  2. Es la primera crítica tan elogiosa (casi la primera elogiosa) que leo aquí y sí, me has convencido. Jamás me hubiera lanzado a una novela donde todo sea diálogo, y no creo que encontrase nada que me llamase la atención lo suficiente como para ponerme con ella, si no viniera de ti, ya que cualquier otra crítica elogiosa leída en otro sitio sería en un contexto de múltiples críticas elogiosas a obras infames, pero viniendo de ti, los elogios son... bueno, ¡eso es lo que quiero comprobar! Pero sí, tengo una pila de libros para leer ahora, me temo que tendrá que esperar unos meses.

    Una cosa, Tongoy. Te sugiero que te replantees cambiar esta frase: "Me he preguntado muchas veces cómo es posible que 1200 páginas sepan a tan poco", porque, o estoy muy espeso yo, o dice exactamente lo contrario de lo que quieres decir (que también se entiende, pero ojo con la polisemia de la frase, no muy afortunada).

    Un saludo!

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    1. Cierto, frase desafortunada. La he borrado, no aportaba mucho. Gracias.

      El libro es espectacular. No tengo ninguna duda. Me encanta decir esto.

      P.D. Hay más reseñas elogiosas. En la pestaña RECOMENDATORIO encontrará link a algunas.

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  3. Le tengo una manía especial a los diálogos tipo transcripción. No puedo con ellos, no digo que sean malos. Sólo que soy de los que piensan que lo que se habla y lo que se escribe en una novela no tiene que ser necesariamente lo mismo... ¿Puedo disfrutar igualmente de JR?

    PD. para llegar a esta reseña y vendernos tu libro, El Libro que te gusta, que le gusta a alguien como TÚ, tan inflexible, tan crítico, tan exigente, tan incorruptible, no hacía falta construirte un personaje tipo malo de ratatouille durante tantos años.

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    1. Sí, claro que hacía falta. De otro modo dudo mucho que estuviésemos hoy hablando. Yo siempre he vendido los libros que me gustan a mí. Para vender los libros que les gustan a otros ya está usted.

       Sobre los diálogos: si lo que dice es cierto, entonces no le gustará esta novela; si no lo es, tampoco. Tengo ese pálpito.

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  4. Jaja, así me gusta, visceral para lo bueno y para lo malo. Como el matrimonio ; )

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  5. Justo ayer comentaba con una amiga lo difícil (bueno en realidad es imposible por cuestiones tb ajenas a lo literario) que resulta encontrar un libro que nos dé esos subidones que nos daban cuando leíamos de jóvenes nuestros primeros libros, cuando te escondías en el baño de noche para terminar la novela a escondidas. Éste parece que se acerca a esa especie de epifanía lectora así que habrá que probar :)
    ¿Me lo cambiarán por El plantador? Al peso deben andar así así...

    Abrazo

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    1. Pues mira, sí, dificilísimo. Te cuento una anécdota: yo soy mucho de leer por la noche, antes de acostarme, como casi todo el mundo, supongo. Lo normal es que lea media hora, una hora como mucho y la cama. Tardo algo así como cinco minutos en quedarme dormido. Ventajas de tener la conciencia tranquila. Pues bien: Gaddis me provocaba un insomnio terrible. Para empezar, me costaba dejar el libro. Cuarto de hora casi la necesitaba para coger el ritmo pero es que luego, era tal el subidón, que no había modo de quedarse dormido, pero bajar y seguir leyendo no era una opción, evidentemente, por lo que me quedaba en cama dándole vueltas al libro. De esos revolcones debió nacer nuestro amor. 

      El día 30 por la noche era casi la una de la mañana cuando, a falta de 50 páginas, la peque despertó con problemas de nosequé y ahí se acabó mi lectura, con lo que me jodía, después de más de 1100, quedarme a sólo cincuenta. Eso sí, al día siguiente a las siete estaba yo, como un clavo, liquidando esas cincuenta mientras todos dormían. Hacía que no me pasaba esto... yo no sé, la de dios es cristo, desde los quince años, por lo menos, claro que entonces no había hijos que se despertasen de madrugada.

      Exageraciones aparte: sin ser yo mucho de “absolutismos”, tengo que reconocer que he sido absolutamente feliz con este libro. 

      Si encontrase un cumplido mejor lo pondría.

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  6. La última cita es muy española, o muy actual, o sea, muy de siempre

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  7. Lo bueno del entusiamo esporádico es que es mucho más digno de crédito. A mí me conquistaste con la elegía de El plantador de tabaco y no me arrepiento. Creo que volveré a probar. Me pongo a dieta ahora mismo para pagar el placer. Pregunté en la bibioteca y la bibliotecaria ser rió un poco de mi.

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    1. Ah, las bibliotecas. Jodida está la cosa. Jota Erre está a la altura de El plantador, sin duda. Comentaba yo en Facebook ahora que, si tuviese que elegir ahora mismo, creo que, con todo el dolor de mi corazón, elegiría a Jota Erre. Yo. También entiendo que es una novela mucho más jodida de leer.

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    2. Ayer leía 'El impostor inverosímil Tom Castro' dentro de "Historia Universal de la Infamia' de Jorge Luis Borges(1935). y me llevé una gran sorpresa. Es el antecesor claro del "Plantador de Tabaco" de Barth.
      Ebenezer Bogle protagoniza el cuento. Muy recomendable, por cierto.

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  8. Mira que tengo apuntado el libro en mi lista de pendientes y no había caído en lo grande que era. De todas formas, si tan bueno es, no lo notaré. Es difícil que en tantas páginas, lo que más abunde sean los diálogos.

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  9. Voy a mandarles esta entrada a TODAS (menos una, valiente e irreductible) las bibliotecas municipales de la provincia de Barcelona, a ver si se deciden a comprarla de una vez.

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    1. Pero primero tradúcela al catalán.

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    2. ¡Qué va, colega anónimo!: si en Catalunya nadie habla catalán. En realidad es una patraña que nos hemos inventado para daros por saco a los españolistas. Somos así: tacaños, sediciosos y porculeros.... Ah, y del Barça, que sólo gana gracias a los árbitros.

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    3. El catalán no existe: son los padres.

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  10. Voy a tener dificultades para leerme un libro como ese, problema, joder, o sea, porque me parece que me va a ser complicado, problema joder, evadirme de todas las repeticiones esas, o sea, las muletillas esas, o sea, de la jerga, quiero decir, sin que se me haga insoportable leer tanta mierda, problema, joder, aunque el fondo, quiero decir, el fondo ese de verdad, sea la puta quintaesencia de la jodida narrativa moderna esa, joder, o sea.

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    1. A todo esto, Bluff, he visto el post de tu blog. Ya sabes, este: 

      http://julianbluff.blogspot.com.es/2014/02/cuidados-paliativos-la-medicina-de.html

      No he participado, primero por falta de tiempo y segundo porque después del post anterior acabé un poco hasta los cojoncillos de tanta tontería. Me voy a dar un homenaje y a regalarme unos días de paz y tranquilidad. Acabo de ver el comentario de Lanski (espero decirlo bien, hablo de memoria). Muy acertado, sí, pero una cosa no quita la otra. Yo también leo clásicos (sin duda menos de los que debería), pero como tú bien dices, esto es pura agitación. ;)

      Un abrazo.

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    2. Una vez desaparecidos el ínclito David, Niven, y, más recientemente el amigo O'Toole, no resulta demasiado fácil encontrar un caballero en la vida corriente. Este blog -...ejeeem...- resulta ser en ocasiones buena prueba de ello. Muy de agradecer es, por tanto, el detalle del señor Tongoy enlazando mi humilde glosa acerca de su ambulatorio.

      Y todo hubiese resultado perfecto, sin el dengue, ese, propio de "estrellona", de su acuciante falta de tiempo para haber dejado una breve acotación en mi desastrado chabolo ¡con la ilusión que eso me hacía!. ¡Ay estas divas!

      ¿No se han fijado, ustedes, que los escritores "consagrados" (y lo entrecomillo a porpósito) no se dignan jamás en sus blogs a reponderles a sus comentaristas? Y, si tuvieran ochocientos por entrada, se entendería. Pero es que tienen dos. O, como mucho, tres. ¡Qué tíos! ;-)

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  11. Estoy de acuerdo: no hay huevos. Por eso te decía lo de Palahniuk. Para mí en Asfixia le echa tantos huevos como Gaddis. Pero Palahniuk es más sutil que Gaddis y te la mete doblada nueve de cada diez veces. La crítica es implícita en Palahniuk y no explícita como en Gaddis. Gaddis directamente insulta: llama al lector analfabeto funcional y se queda como Dios. Aunque me fascina Gaddis, hay que reconocer que le pierde la pasión, como a casi todos.

    Lo que está claro es que no se puede competir con la literatura yanki posmodernista. Estoy leyendo los relatos de Cheever y son de morirse. Creo que "The Swimmer" es uno de los mejores cuentos que he leído. Si no lo has leído, Carlos, hazlo. Te prometo que no te arrepentirás. También le he hecho caso a los Nocillos y he leído Desde el jardín de Kosinski y hay que darles la razón. Muy bueno. Merece la pena.

    Y permíteme una crítica constructiva. Creo que lo justo sería establecer dos categorías: una para escritores consagrados extranjeros y otra para escritores nacionales en ciernes. Por ejemplo, he vuelto a leer El niño de Repila y sigo pensando que, no llegando al nivel de Gaddis (juega en otra división como digo), es una novela excepcional. Es decir, Repila es la excepción que confirma la regla. Con esto quiero decir que me sirvo de la excepción para demostrar la regla: los jóvenes novelistas españoles escriben rematadamente mal porque Repila escribe excepcionalmente bien. Creo que de esta forma aplacarías ciertas críticas. Pero bueno, hablamos de un modelo de opinión crítica no de crítica rigurosa. La Medicina es un modelo prescriptivo no descriptivo. Ése es el error que comenten muchos lectores de este blog

    Un abrazo.

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  12. Fíjate si es bueno este libro, que hasta le hicieron una canción y todo:

    "Desde er cabo Gata
    hasta Finisterre,
    hay que ver la gente
    como está con Jota Erre..."

    Sublime

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    1. Una pregunta: William Gaddis, ¿es el de los supermercados?
      (En fin...)

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  13. Bueno, bueno, cuánto entusiasmo. Habrá que hacer sitio en la estantería y un poquito de brazos en el gimnasio, además de pedir excedencia en el trabajo (el que aún lo tenga) por si nos animamos.

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    1. Permítame decirle con todo el respeto del mundo que es usted un auténtico carapolla.

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    2. Ni me va ni me viene, pero ¿a qué se debe ese insulto? ¿Se ha equivocado tal vez de destinatario? Creo que es incompatible insultar así, y hacerlo "con todo el respeto". ¡Relax!

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    3. No disimule, señor mío, que nos conocemos. Pero tranquilo, guardaremos el secreto si es lo que quiere, jajajaja.

      Un abrazo, sinvergüenza ;)

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    4. Mmm, Zombie Girl. Eres de ese tipo de mujeres, de las que dicen palabras sucias y tiene reacciones inesperadas en los momentos más inoportunos. Muy excitante. Cuando quiera quedamos en un lugar íntimo.

      En cuanto al libro JOTA ERRE, haré el siguiente comentario; Ya son tres las personas que han muerto en la cama asfixiadas/sepultadas al quedarse dormidos leyendo al Sr. Gaddis. Ojo, que no digo que no les gustara e libro, pero en una de estás cabezadas que te sobrevienen el impacto del libro les ha dejado insconcientes para luego asfixiarlos.

      Esto es literatura letal, vamos.

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    5. Estimado colega, no hay muerte más dulce que la asfixia literaria seguida de polución nocturna. Este tema se trató en el reciente congreso médico de Cracovia. Los casos graves, hasta el momento, siguen siendo los neumotórax bajo lectura de autor hispánico con followers en la red y tal y tal.

      Dr J, following YisusCraist.

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    6. Efectivamente creo que hay una patología descrita que se refiere a determinados pacientes que mueren sepultados por cantidades ingentes de un tipo de novela que adquieren de forma compulsiva y descontrolada a sabiendas de que su organismo no los tolera a pesar de existir en el mercado otro tipo de literatura que ingieren con más provecho. Generalmente son pacientes que gustan de lanzar exabruptos sobre la mala digestión porque por una razón desconcida al lanzarlos se ven más guapos en el espejo.

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    7. Sobre digestiones literarias, hay mucho que comentar.
      Ya el insigne preboste Baricco, hace años, en su programa televisivo, se dedicaba a romper tochos novelescos en directo (o en diferido). Claro que por el bien de su huesuda Seda.. Hay gente a la que les mola lo grueso paginal, la cantidad seguida de calidad o no. El fino canibal saliva ante el entrecot, paladar exquisito. Pero la nada se agazapa en cualquier rincón artístico y las palabras son el alma de un iris con frecuencia atormentado.

      Dr J, si es real es que lo vale

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  14. Sr. Medicino de Tongoy o quien quiera que maneje el cotarro este ¿No se le debería dar a los recién llegados un recibimiento un poco digamos, más caluroso?

    No, en serio , la verdad es que por suerte o por desgracia conozco a la Zombie y debido a una historia aburrida e incontable podemos considerar que de un modo heterodoxo y extravagante esa es la forma cariñosa que tiene de darme la bienvenida a este blog que tan reitaradamente (por no decir cansinamente) tanto me ha recomendado.

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    1. Imaginé que algo de esto habría.

      Si viene de la mano de Zombie, no puede venir mejor acompañado. Siéntase como en su casa. Muchas gracias por la visita, espero que le gusten las vistas.

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  15. Este post elegioso le va a dar al Sr. Tongoy créditos para seguir con 10 o 12 noveluchas de escritores españoles principiantes de los que explicará que son mucho peores que el Sr. Gaddis y mucho peores que Shakespeare y no se le ocurrirá ninguna razón para recomendarlos, aunque no por ello se le va a ocurrir alguna razón para dejar de leerlos y comentarlos.

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    1. ¿Y por qué le da a usted tanta rabia que el Sr. Tongoy malgaste su tiempo como más le apetezca? Al fin y al cabo será su problema, no? Ni que perdiera usted comisión cada vez que se habla mal aquí de algún libro...

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    2. Bueno Ire, así, entre nosotros, ahora que no nos escucha nadie: yo no descartaría ninguna opción.

      También puede ser que me quiera y que solo busque lo mejor para mí.

       

      Capi, 10 o 12 no, 100.  El día que los escritores españoles principiantes escriban como Gaddis, yo los recomendaré con el mismo entusiasmo. Palabrita. Mientras tanto, cada uno lo suyo y en la proporción que merece.

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  16. Capitán. ..elegioso o elegíaco, decidase pero no invente...y perdón por la pedantería y al igual es una errata pero es que, la verdad, empieza usted a caerme gordo...
    Digame una razón para atribuir meritos inexistentes a narradores poco capaces...que sean jóvenes?, españoles? Qué barbaridad...yo, mire después de muuucho tiempo siguiendo este blog sin decir ni mu rompo mi silencio tras la enésima queja (mientras fumando espero el bus) y eso que ya las leí de todos los colores...
    De paso aprovecho para decirle a tongoy que sigo fervorosamente sus reseñas (cuya utilidad apenas he contrastado en dos o tres ocasiones) por ejemplo me hice con stoner tras leer aquí post (grande capolavoro) quiero decir que me entretiene sin mayores disquisiciones, leer tanto a tongoy como sus comentaristas mas menos habituales ( usted no)...y eso basta no?
    Vamos que no encuentro justificación al buenismo inopinado...
    Saludos

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  17. Está claro que soy un jovenzuelo con ínfulas de escritorzuelo que quiere acabar con el bueno de Tongoy antes de publicar una novela para evitar que Tongoy la destroce, a pesar de que como usted imaginará mi novela no puede dejar de ser buenísima, que me lo ha dicho una prima mía que acabó la EGB.

    No, ahora en serio, no sé qué me quiere decir pero no tiene razón.

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  18. La Literatura es un templo milenario y sagrado, cuyo nombre no se puede profanar. Los jóvenes escritores españoles pueden escribir, "jugar" (como ellos mismos dicen), recomendarse, publicar, y hacer lo que la libertad les permite, así como los editores tratar de promocionarlos, y hacer sus negocios con ellos. Lo que no pueden hacer es valerse de la ignorancia generalizada para atribuirse méritos que no poseen, ni afirmarse a sí mismos llenándose la boca con lo que no les pertenece a ellos ni a nadie, con lo que no alcanzan a comprender, y pretender hablar desde lugares donde sólo a unos pocos elegidos les está permitido entrar, y salir.


    Es muy importante diferenciar escritura de verdadera Literatura. Quien escribe y publica un libro no hace Literatura sino una mera publicación, y si el público tuviera la capacidad de discernimiento que debería tener, no habría el menor problema pero, por no tenerla, muchos han aprovechado para trepar como sabandijas a lugares inmarcesibles que no les pertenecen, y así serán hoguera con el transcurso de la historia, un detritus que sin embargo alimentará a corazones insaciables, que volverán a dar vida a lo que estaba muerto, a llamar a las cosas por su nombre y devolver a la Literatura lo que de ésta es.


    Éste es el perverso juego de la historia, donde el presente siempre está poblado de farsantes, pero el tiempo pone a la mayoría de ellos en su lugar. Todos vosotros podéis escribir y publicar, pero en el nombre de la Literatura no, ¡bastardos! Callaos y aprended, si tenéis humildad, de los miles de maestros que, aún estando muertos, tienen más vida que todos vosotros, o de lo contrario volved por donde habéis venido. Será lo mejor.


    R.B.

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  19. Eso: callad y aprended; o llamo a R.B. para que os meta otra charla...

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  20. ¿Y a éste, qué le habéis hecho? ; )
    http://www.elcultural.es/opinion_articulos/OPINION/Minima_molestia/10/160/5

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  21. El alquimista del tedio29 de diciembre de 2014, 18:50

    Pues nada, he decidido leer Jota Erre.
    Me gustó Gótico carpintero y leyendo tu reseña, la necesidad no sé, pero las ganas que ya tenía de leerlo se ven acrecentadas casi hasta al paroxismo.
    Así que si en la media hora que tardaré en ir a la biblioteca sigue disponible me volveré con él para casa.

    No se me ocurre además mejor manera que empezar el año con un buen libro bajo el brazo (en este caso y habida cuenta las dimensiones del libro, en una mochila con ruedas).

    Cuando lo acabe (allá por junio o julio del año próximo) ya me pronunciaré (si me lo permite el calor) al respecto sobre el mismo.

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  22. Hola.

    Dicho y hecho. Después de dos semanas fajado con la lectura de Jota Erre ya lo he acabado.

    http://www.devaneos.com/humor/jota-erre-william-gaddis-2013/

    He disfrutado de lo lindo con él. No es nada fácil hacer lo que hace Gaddis, sostener durante 1133 páginas una prosa tan potente, fragmentaria, caótica, cargada de múltiples registros vocales.

    Gótico carpintero me gustó, pero Jota Erre es mucho más salvaje, potente, algo monumental, una cima narrativa.

    Y lo mejor, además de esos diálogos entrecortados, febriles, brutales, es el sentido del humor que impregna la novela, en esta sátira contra el capitalismo, contra el sistema educativo (los aprendizajes significativos, publicidad en los libros de texto), contra la política exterior americana, aupando o derrocando gobiernos para garantizar yacimientos de todo tipo, los ataques despiadados sobre la incultura de esos mandamases que entienden la cultura (la literatura, la música) como algo fútil, como mero relleno, donde lo único relevante es ganar cuanta más pasta mejor.

    Ahí la figura de Jota Erres es inolvidable, metáfora de lo que es Estados Unidos:

    niños de 11 años que sueñan con ser millonarios, apartando de su vista y de sus intereses todo aquello que no genera rentabilidad.

    En fin, que recomiendo Jota Erre a todo aquel que quiere recuperar el gusto por la buena literatura, pues a menudo cuesta encontrar entre todo el aluvión de novedades editoriales algo que valga la pena. El año pasado mis tres mejores lecturas (Stoner, Fabulosas narraciones.. y Romanticismo) fueron novelas que no se publicaron en 2014, lo cual me dice mucho de cómo está el percal editorial actual.

    Ale, todo el mundo a leer a Jota Erre y a difundirlo por ahí.

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  23. ¿De qué habla la novela?

    "Sobre un montón de cosas, es, no se puede saber sobre qué es un libro antes de que esté hecho, sobre eso es cualquier libro que valga la pena leer, solucionar problemas."

    Esto, aparece en Jota Erre

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  24. El niño Sejús y Los tres Reyes Majos20 de enero de 2015, 11:50

    Gaddis es Dios.

    Leer a Gaddis infieles, o arderéis en las llamas del aburrimiento y la monotonía. Desde que me hice Gaddiano me siento no sé diferente, más pleno, como elevado.

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  25. Después de leer tu reseña lo pedí de regalo y es... es. No sé. ES, sin más.

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