viernes, 25 de octubre de 2013

“El sermón sobre la caída de Roma” de Jérôme Ferrari

Donde dejé mi alma” se vendió como la novela del escritor que había ganado el premio Goncourt en no sé qué año (miento; sí lo sé; fue en 2012). Ojito calamar, NO como la novela que había ganado el premio Goncourt sino como la del escritor que lo había ganado, siendo este un pequeño matiz que cambia bastante la cosa. De hecho, de no haber sido por esa memez y porque hoy me he levantado con el pie izquierdo, seguramente no perdería ni cinco minutos con esta reseña (sin ser esta novela el desastre que estoy dando a entender pero, háganse cargo: uno también tiene sus días malos). 

El premio Goncourt, para los que no lo sepan, también se vende. Se vende como el más prestigioso premio de las letras galas. Aquí no dudamos de la corruptibilidad de cualquier sistema y por eso gustamos de aplicar el beneficio de la duda a todo que aquello que gane un premio. El Goncourt, por ejemplo. Con todo y siendo tan importante, tampoco es que sea la puta locura: no ve uno —como sí ocurre con el Nobel o el Planeta— que la gente se vuelva loca en las redes sociales. En el fondo el Goncourt no nos importa un carajo más allá de las posibilidades que ofrece meterlo en la faja y así poder vender lo que sea que haya escrito el ganador, tal como ocurrió con “Donde dejé mi alma”. "Premio Goncourt 2012" decía. Hubo suerte: la novela era (y es) realmente buena y además posterior a esto, que como consuelo no está mal.

Joder con la introducción, total para decir QUÉ. Nada. Total para no decir nada. Pues, con todo, esta nadería es mucho más interesante que la novela que hoy vamos a destrozar reseñar. Imagínense.


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Verán que interesante.

Poniéndonos malvados podríamos empezar diciendo que el “Sermón sobre la caída de Roma” gira en torno a un bar de pueblo, que vendría a servir como ejemplo del fin del mundo. De ese bar se marcha un día la dependienta sin decir adiós ni nada que se le parezca, por lo que arrendadora ha de hacerse cargo del negocio hasta que encuentre otro ser humano que lo quiera llevar. Por allí va pasando gente, alguna impresentable, que casi le hunde el chiringuito (se explica con detalle cómo y de qué manera), hasta que da con uno que parecía bueno pero resulta ser más de lo mismo (ídem). Una mierda, todo, y la pobre mujer que no sabe qué hacer. Al final dos amigos, que habían sido vecinos de la zona, se hacen cargo del local (y vuelta a empezar). Hagamos una pausa en este punto.

A esta tontería, que se puede contar en cinco minutos, dedica Ferrari un tercio de la novela. Otro tercio es lo que pasa después. El resto se lo reparten la premisa y una segunda voz autobiográfica que viene a darle a la cuestión cierta épica. El tema va de fondo, en modo hilo musical. Para ser una novela tan corta pasan demasiadas cosas pero sobre todos demasiadas cosas que luego resultan no ser para tanto, que de hecho no son nada. Lo que más abunda es palabrería. Ferrari tiene una prosa mas falsa que Judas pero con esa boquita de oro parece que lo haga de puta madre cuando esto no es ni remotamente así. El movimiento se demuestra andando y al final tanta supuesta belleza ha de traducirse en algo. En el caso de esta novela se traduce en buenas intenciones y pobres resultados.

Dos estudiantes de filosofía —vuelvo al argumento— deciden abandonar los estudios por razones que Ferrari, seguramente para no aburrirnos, despacha en muchas menos palabras de las que dedica, por ejemplo, a los escarceos amorosos de los diferentes personajes secundarios que pueblan la novela y que ya les adelanto que son unos cuantos. Pues estos jóvenes dejan la carrera (desencantados, uno por culpa de Leibniz y otro por San Agustín) viendo que todo es un mierda, que hay no esperanza de futuro, y que por mucha ilusión que uno le ponga no hay nada que hacer. Para vivir así, mejor ponemos un bar. Toda la novela está bañada por el pesimismo y la desesperanza. Es lo mejor que tiene. 

Total, que se van a vivir al campo buscando una paz que suponemos no encontrarán porque a esas alturas ya habremos comprobado que la vida es un continuo ver caer mundos como almas al suelo y que el fin último del ser humano es la supervivencia y la infelicidad. El capítulo final es una excusa para sacar en procesión a San Agustín y que resuma la intención del autor. 

Después de eso la novela se acaba, como se acabó Roma; cogemos otra y ya está. 



24 comentarios:

  1. Dicker, por el del sobrevalarado y sobrexpuesto: "La verdad sobre el caso Harry Quebert", fue reconocido con el Grand prix du roman de l'Académie française en 2012. No me fío de los franceses.

    Otra cosa: ¿se sabe algo de Diario Kafka? Lleva en obras ya mucho tiempo, ¿no? ¿Sabes cuánto va a durar la metamorfosis?

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    1. Vaya, se me han adelantado alguien: yo también quería decir que el bodrio ése del Joël Dicker se había llevado el Goncourt (du Lyceens, pero Goncourt), el de la Academia francesa y alguno más. Que tampoco es que aquí le podamos dar lecciones a nadie, pero en fin...
      En cuanto a la novela que reseñas hoy, no sé porque, pero el argumento me recuerda al serie aquella de "Cámara Café" (también de origen francés, por cierto), pero con bar de pueblo en vez de máquina expendedora.

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    2. "Otra cosa: ¿se sabe algo de Diario Kafka? Lleva en obras ya mucho tiempo, ¿no? ¿Sabes cuánto va a durar la metamorfosis".

      Gracias, Tongoy, por preguntar.

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    3. Sobre el Diario Kafka: se ha trasladado: ahora van a abrir (o han abierto ya, no estoy seguro) en otro local de Madrid que está cerca de Opera, creo que en la calle de las Hileras, y que me imagino que tendrá un alquiler más barato (la crisis).

      saludos

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    4. Hola

      Me acabo de dar cuenta: el tema de la pregunta era el Diario Kafka, página web, y yo he pensado que era el Hotel Kafka, lugar físico. Vaya, para una vez que parecía que sabía algo, en realidad tampoco lo sabía,

      saludos

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    5. 1º. Yo no necesito ponerme como anónimo para hacer esa pregunta.

      2º. David, no has ido muy descaminado, en mi opinión. Hotel subvencionaba a Diario hasta que este fuese independiente. Aquello debió ser un desastre si no llegaron ni a cinco meses. Si ahora, tal como dices, Hotel lo pasa mal... cabe imaginar que la vuelta de Diario se convertirá en poco menos que un sueño.

      Pero no lo sé. No tengo relación con los interesados.

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    6. Jolines, Mongoy, desde que te exharon dl DK y scribes anonimos no paras de darles cera. Da gustirrinín tus resenas.

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  2. Yo echo de menos novelas más locas, más crispadas e imposibles: Flann O'Brien, Mo Yan, cosas así. Hoy parece que la novela tiene que estar bien medidita, con personajes en los que poder mirarse y verse uno reflejado, y tramas como de vecino de rellano. Me aburro.

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    1. Bastante de acuerdo, sí. Coñazo total. Raro es bueno.

      Quique

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    2. Bueno es raro.
      Antonio Mairena ya avisaba sobre no dejarse engañar por pretendidas originalidades; por la vacuidad de los autores que sin leer a sus mayores, pretendían reinventar la literatura a golpe docurrencias, de ingenio inconsistente, de experimentos con bicarbonato y poca cosa más: posmodernidad, juventud, lecturas mal escogidas y peor digeridas y mucha soberbia, grandes dosis de ambición y un mínimo sentido del pudor.
      Dicho lo cual ( y ahora no sé bien bien por qué he soltado toda esta parrafada), tengo que agradecer al Sr Tongoy el haber hablado aquí de "Donde dejé mi alma" . Para mí, una de las grandes lecturas de este año. Inolvidable.

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    3. Perdón por el lapsus: quise decir Juan de Mairena, por supuesto.

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    4. Ni me engaño ni me dejo de engañar. Ya soy mayorcito. Me tienden a gustar las originalidades, por lo que sea. Pretendidas o no, ya es otro cantar. Os aviso pues de pretendidas covencionalidades, que muchas veces son un coñazo total sin riesgo, sin reflexión y sin relación con su tiempo y circunstancia. Al final lo que cuenta es el resultado. Si además de "bueno" es "diferente" pues mejor para mi. Para ti no. Para mi sí. Dios me perdone.

      Quique

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    5. Quique, eres mayorcito y además la mar de listo. Si te ha parecido que quería decir que te estaban engañando es que me he expresado muy mal.

      Que el riesgo está muy bien, pues claro. Pero a menudo no es riesgo, sino oportunismo o vacuidad.

      Solamente he querido traer a colación que originalidad y calidad no van por fuerza unidas. Tampoco tradición y calidad, por supuesto.

      La tradición está para suvbertirla úsandola. De ese modo se abren caminos. Ya sabes lo de la espiral y el arte: siempre camina por la misma curva, indefinidamante, a través del radio del tiempo

      Epígonos y pseudovanguardistas son los preferidos de determinadas lineas editoriales porque hay venta segura.

      Yo quiero cosa buena, original o no, cosa buena.

      ...y tu no tienes salvación. Dios ne te va a perdonar en la vida. Vas al infierno de cabeza. ;)

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    6. No te preocupes. Lince como soy, te he entendido bien. Aún así me apetecía tocarte un poquitín los cataplines. Pero tranquilo porque lo mismo que me pasa con los libros me pasa con el cine. Con todo lo malo que hay, lo bueno ya es original.

      Besos, Quique.

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  3. Vaya, y eso que a esta le tenías ganas. Yo le echaré un ojo (algún día), que me gustan portada y título.

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  4. Hoy Valls le lleva la contraria a Tongoy y hace una reseña en Babelia del libro de Lara Moreno, poniéndola por las nubes.

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    1. La leí. Valls al rescate. No es de extrañar, tampoco, ya que la considera una "exigente autora de poemas, cuentos y MICRORRELATOS".

      Al margen de eso nadie debería fiarse, nunca, de un crítico que cree que un brillante debut en la novela hace automáticamente de la autora, "una de las más destacadas escritoras de su generación". Así de fácil.

      A mí ese crítica me ha parecido una mierda, con perdón.

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  5. Sentí un deseo algo perezoso de leer esta novela y me alegra que me confirmes que no merece la pena.

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  6. "... la vida es un continuo ver caer mundos como almas al suelo..." (muy bien)
    "... la vida es un continuo ver caer almas como mundos al suelo..." (también hubiese estado muy bien; incluso mejor...) ;-)

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