viernes, 31 de agosto de 2012

“Desventuras de un fanático del deporte” de Frederick Exley

Cuando me recomendaron esta novela mi primer impulso fue decir NO. Es que yo tengo alergia al deporte, ¿saben?, y una novela de 400 páginas tratando el asunto y con un protagonista que suponía –por razones obvias- fanático, además, pues no me parecía el plan más atractivo para un sábado por la tarde, para qué nos vamos a engañar. Igualmente me hice con él (cosas de la fe ciega en según quién) y, casualidades de la vida, precisamente fue un sábado cuando me senté bajo una higuera a ver qué pinta tenía aquello. Tardé cuatro días en leerlo. Esa pinta tenía. 

Porque “Desventuras…” no trata de un fanático del deporte sino de un fanático del alcohol aficionado al futbol americano. Cambia de cojones, la cosa. De hecho originalmente la novela se llama “A fan´s notes. A fictional memoir”, un título con diferencia mucho más apetecible. ¿En qué piensan algunos editores cuando ponen los títulos, me pregunto? ¿Creían acaso que haciéndolo así conseguirían que los aficionados al deporte equis se tirasen de cabeza a la novela cuando fuesen a comprarse un plasma a la Fnac para ver las olimpiadas en HD? En fin... 

Exley, el autor, es también el protagonista. Para los que no sean mucho de letras, eso es lo que se quiere dar a entender con “a fictional memoir”. Pues bien, Exley, el autor, decía, a poco que haya dicho la verdad fue un borrachuzas de padre muy señor nuestro. Y un vago, también, redomado además. Pero sobre todo un escritor excepcional. Mi héroe. El tío, si no me equivoco, no sólo fue capaz de vivir casi toda su vida sin dar palo al agua, sino que llegó a casarse (cómo pudo un tipo como él enamorar a una mujer es una cuestión a la que únicamente da respuesta la lectura de la novela), llegó a tener hijos y aún así se las arregló para no estar sobrio más que en momentos puntuales (como aquellas largas jornadas que se pasó en algún manicomio psiquiátrico.) 

La gracia del chiste está en que una novela con un personaje de estas características, que además no hace nada de provecho en su vida, pueda no sólo resultar interesante sino ser además un relato sorprendentemente lúcido y divertido de la América de entonces (hablamos de mediados del siglo XX). Terminada la lectura le queda a uno la sensación de haber aprovechado bien el tiempo, lo cual, visto el panorama actual, es todo un logro. En cambio, a la hora de explicarles de qué trata no sabría muy bien por dónde empezar, ni siquiera si vale realmente la pena el esfuerzo. Es decir, ¿aportaría algo si les cuento que detrás del alcoholismo del protagonista hay un vivir permanentemente a la sombra de un padre perfecto o que el futbol, y más concretamente ese fanatismo deportivo, esconde la necesidad de un referente en el que volcar todas las esperanzas una vez ha fracaso su intento de ser alguien? No, claro que no; no serviría de nada y por eso no voy a perder más tiempo con esta reseña. Hay libros que valen la pena independientemente de la historia que cuentan y seguramente “Desventuras de un fanático del deporte” sin ser el mejor, ni de los más grandes, es uno de ellos.



13 comentarios:

  1. Convencido. Me daré una vuelta por la Cuesta de Moyano y, de no hallarlo, no quedará más remedio que desembolsar en la FNAC.

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  2. Me lo compro. Este por cojones me tiene que gustar. Lo clavaré en el cabezal de la cama para ir leyendo mientras no paro de follar, como es tradicional en mí. Por cierto, lo del título tiene cojones. Igual les pareció a los que de verdad saben de esto que el original se ahogaba en algo. Con todo el cariño hacia los que de verdad saben de esto.

    Saludos.

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  3. Joder, estoy por pedirle una comisión a la editorial.

    Se agradece la confianza.

    Saludos,



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  4. Buena reseña de un libro a veces monocorde y otras deslumbrante, pero recomendable al fin y al cabo.

    Abrazos.

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  5. El mérito es todo tuyo. Gracias (especialmente por habérmelo recomendado).

    Un abrazo,

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  6. La verdad es que yo estaba convencida de que era tremendamente difícil escribir (un libro o lo que fuera) hasta que descubrí que no solo conocías el alfabeto, sino que además eras capaz de elaborar frases chulas, largas y con sentido. Luego fuí conociendo a tus coleguillas y decidí acomplejarme del todo.
    Pero mira tú por donde, al final la dificultad estriba en buscarte a un negro que lo haga por ti, porque he descubierto que es suficiente con describir el trasfondo vital de media población (española. Serían tres cuartos de la americana) para tener un libro en el mercado.
    ¿Quién no ha pillado un pedal en su vida, visto un partido de fútbol, ido al psiquiatra, ligado y tenido hijos? Yo y tres más.

    En todo caso, presiento que me iba a gustar el librito de 400 páginas. Tendré que reordenar la pila de libros que esperan con impaciencia mi lectura y hablar con los de la biblioteca.

    Bicos,
    Marieta

    PD: doy por supuesto que no te estabas bebiendo una cervecilla debajo de la higuera mientras leías.

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    1. De la higuera no, del limonero. Y fueron dos, las cervecitas.

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    2. Ahor se desvela el misterio: fueron cuatro (o +) las cervezas, porque confundir una higuera con un limonero...

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  7. De acuerdo, me han descubierto. No sé qué mierda de árbol era y las cervezas, en realidad, eran gin tonics. Por no estar seguro ni siquiera podría jurar que fuese este el libro dichoso.

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  8. 7 euros. Es lo que ahora cuesta Quimera. ¿La va a comprar, señor Tongoy? Eso sí, este número, a diferencia de los 25 anteriores, es bastante bueno.

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  9. Joder 7 euros. Con esa pasta voy al cine, pago las palomitas y la gasolina y me lo paso mucho mejor. Pero sí, claro, la compraré. 7 euros. La madre que los parió. Es muchísimo. Voy a tener que ir pensando en leerla para sacarle partido a la inversión.

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  10. Por cierto, estoy triste. No me siento querido.

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