lunes, 13 de agosto de 2012

“Atlas descrito por el cielo” de Goran Petrovic

Tengo un problema con la reseña de esta novela. Antes de este párrafo escribí otro, que acabo de borrar, hace cosa un mes. Ya entonces sabía que no hacer la reseña inmediatamente después de la lectura me condenaría a ser terriblemente injusto con la novela y lo que es casi peor, me garantizaría escribir no una mala reseña sino directamente una reseña de mierda, que es exactamente lo que va a pasar ahora. Como les supongo acostumbrados, sigo. 

Mientras escribo el párrafo anterior me acuerdo de las anotaciones que hice en su momento en los márgenes del libro y de las etiquetas adhesivas de colores sobresaliendo del lomo, pero me acuerdo de ellas como me acuerdo de aquello a lo que el tiempo puede restar importancia. Me acuerdo de ellas pero no me apetece subir a buscar el libro dichoso, no me apetece bajarlo, abrirlo, buscar las notas, releerlas, no me apetece transcribirlas y mucho menos me apetece montar un post en base a ellas, cerrar el libro y volver a subirlo. No me apetece, honestamente; no me apetece NADA. En ese sentido soy como el lirón del cuento de Boffa: cuando quiero dormir sólo quiero dormir, no coger bellotas ni hacer el amor ni procrear ni todas esas otras vulgaridades. Ahora sólo quiero escribir la reseña de esta novela con lo que de ella me queda en el recuerdo. 

Pero no les explicado de qué trata la novela. El narrador, Petrovic (aquí el Cartógrafo) quiere dibujar un mapa que sirva para que el lector se haga una idea del terreno que atraviesa durante la lectura. El mapa sería la propia novela. Esto, traducido al cristiano, quiere decir que nos vayamos preparando para no enterarnos de casi hasta el final (y aún así, a ver). Todo empieza cuando los habitantes de una casa deciden quitarse el tejado de encima (valga la redundancia) para disfrutar de las ventajas de tener un techo azulado durante el día y estrellado por la noche. Aquí arrancan las analogías: este acto puede ser lo mismo de rebeldía que una declaración de intenciones tipo no aceptamos limitaciones de ninguna clase. Creo recordar que la razón de tamaño despropósito se explica en algún momento pero tampoco es que tenga especial importancia. En el conjunto de la obra la propia obra se difumina. Esto no tiene nada de sorprendente porque “Atlas descrito por el cielo” está escrito con la materia con que se tejen los sueños, que diría aquel, y es mejor no tener muy en cuenta ni las leyes de la física ni los hilos narrativos. Acabada y reposada la novela no queda el recuerdo de la historia sino de aquello que la hace posible; quedan los detalles que, tomados de forma individual resultan insignificantes pero que sumados conforman un universo o un territorio inexplorable (que no inexplorado). 

La novela es una sucesión de acontecimientos, de reflexiones, de historias, de anécdotas, de pies de página explicativos, de unos lienzos geniales construidos con palabras que sirven de punto de apoyo a la narración, de amor -de mucho amor, maldito amor- de fantasía y de magia. En este mundo tan particular, esto último, la magia –una magia discreta de bolsas de conjuros o de espejos parlanchines, no del bien y el mal enfrentados en un castillo o un colegio mayor- es una realidad para todos aquellos que creen que es posible vivir en casas sin tejados. 

Leyendo los párrafos anteriores me doy cuenta de que no queda claro si queda claro si me ha gustado o no la novela. Digamos que no lo sé. Digamos que sin ser mucho de mi estilo no soy tan obtuso como para no saber apreciarla en lo que vale. Tengo por ahí recuerdos dulces de ciertas cosas pero también algunos amargos. Entre los primeros están esos pequeños detalles de los que hablaba antes que dan forma a esa imposible realidad y los lienzos relatados que cierran abriendo cada capítulo. Entre los segundos, los amargos, está el buenismo general que respira, por ejemplo. Y es que tanto rollo hippie me irrita. Sé que esto es un problema exclusivamente mío. Tampoco me entusiasma ese dar a lo fantástico excesivo protagonismo, esto es, el recrearse en exceso en las imágenes sugeridas y muy poco en la psicología de los personajes. Hubiese preferido menos explicaciones a cambio de una historia con más… gancho. Y es que a Petrovic, en ocasiones, parece que se le vaya la mano con tanto detalle y tanta maravilla, con tanta metáfora y tanta belleza, con tanto personaje arrebatador y tanta pulsión amorosa para tan poco follar. El resultado, al menos en mi caso, ha sido una sobresaturación de información las más de las veces –esto lo sé ahora, dos meses después-; una información en ocasiones bastante inútil si, como en mi caso, uno tiene poco interés por la decoración de interiores. 

En cualquier caso Petrovic se presenta como un narrador estimulante cuya imaginación me hace pensar en un Borges romántico y de ahí ese posicionarme dentro y fuera al mismo tiempo. Se dice, se cuenta, se rumorea que “La mano de la buena fortuna”, la novela [creo que] anterior del escritor, es algo mejor o más interesante o algún más de esos. Veremos.


13 comentarios:

  1. Ni idea de quién es este señor serbio pero que según parce está adscrito a esa cosa rara no mencionada en el così fan tutte del Realismo mágico.
    Uno pensaba que esto sólo era cosa del pasado tan reciente como el pan de molde, o sea ya un poco cargado de la química apropiada cuando te lo vendían en su momento, tal vez porque el elemento fantástico no basta para ser la levadura de una obra.
    Hay que decirlo más, la confusión entre Realismo mágico y simple ficción no se entiende sino por la necesidad de adscribirse a modas o dependencias editoriales, enrocando y hastiando a propios y extraños como el humo de espíritus en la casa de chocolate.

    Saludos desde La Araucana.

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  2. He escuchado que el libro es bastante bueno, pero no acaba de convencerme la idea de leerlo. Parece que a los serbios les da por la fantasía borgeana. Recuerdo a Danilo Kis, que nunca me enamoró, y la del Diccionario jázaro, que no estaba nada mal. Bah, alguna vez leeré a Petrovic, por no dejar, y para poder quedar como enterado en el bar.
    Curioso: estos señores se la pasan hablando de mundos fantásticos cuando uno pensaría que sólo escribirán sobre sus guerras. O al menos eso es lo que nos ha llegado traducido.

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  3. Si duda léalo; no está mal. Tiene un final algo precipitado y yo no he logrado empatizar con los personajes pero el ejercicio imaginativo de Petrovic y su prosa son bastante atractivos hasta para alguien tan negado para la fantasía como yo. Creo que el mayor problema de la novela es la dificultad para llegar a todos los públicos. He leído a mucha gente quejarse de que es complicado de leer y no así en absoluto. Simplemente hay que tomarlo con calma.

    De Pavic precisamente me acabo de coger en la biblio PIEZA UNICA.

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  4. buenas tardes,
    soy un joven escritor que nadie conoce en españa, ni es sitio alguno. quiero hacerme famoso pronto, ya sabes, que hablen de mí. tengo un libro de cuentos recién publicado. ¿podría enviártelo para que me ayudes en este proceso de devenir famoso? si hay que pagar algo porque me reseñes, asumiré los costos monetarios. me es igual si me reseñas bien o mal, la cuestión es aparecer acá en tu blog.
    gracias
    d.f.

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    1. Será posible, qué cara tan dura. Estimado Distrito, este es un blog serio donde la gente que aprecia la lituratura pone en común sus vivencias literarias así como sus inquietudes, todo dentro de marco de respeto y armonía sin parangón en la denominada blogosfera.

      Si a todos los escritorcillos de medio pelo que puede haber en habla hispana (5 millones? 6?) se los tiene que leer su excelencia el Sr. Peón y luego hacer la correspondiente reseña, en qué se convertirá esto, eh? Di.

      Si te parece, se lee lo tuyo, lo critica y además te lo cuelga en su blog. Vamos, hombre. Hasta aquí podíamos llegar.

      Saludos de todos modos. La educación no hay que perderla nunca.

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    2. Quique, corazón, se te va la pinza.
      Su excelencia? Carlos? Válgame el cielo!
      Pero tienes toda la razón, el mundo literario puede suicidarse sólo, no necesita de Tongoy. Qué por cierto, debe de estar de vacaciones otra vez. Ni que fuera maestro!!!

      Saludos,
      Marieta

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    3. Me se ha escapado un acento. Sorry

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    4. Te sobran dos acentos, en sólo y en Qué.

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    5. Solo puse uno mal.... el otro es cosa del teléfono, que tiene vida propia

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  5. Aduladooooor. Pero qué bobo. Son ustedes adorables. No lo merezco pero ni importa, sigan.
    Pero claro que le reseño, hombre, faltaría más, ¿cómo no hacerlo si me lo pide tan educadamente? Además, confieso que eso de cobrar me ha emocionado especialmente. Ya era hora, joder, pensé que nunca me lo ofrecería nadie. Sabía yo que esto en dos años tenía que dar pasta.

    Pues nada, me manda usted un correito y ya concretamos detalles: precio por palabra y todo eso. A partir de 600 empiezo a meter citas, pero eso sí, le salen a mitad de precio. Si quiere algo especial que llame mucho la atención cobro un poco más y por cada escritor español que atraiga trolls lo mismo. Tengo algunos bastante resultones a muy buen precio. Si no quiere buscarse enemigos en el medio tengo un par de colegas que lo hacen por unas cervezas (que pagaría usted, of course). No es lo mismo, pero algo es algo. Bueno, lo dicho: hablamos.

    Nuevamente gracias. Es usted un sol.

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  6. Eres un vendido, my brother.
    Lo que me parece fatal es que no me ofrezcas un minisueldo (o unas birrillas, en su defecto) por intentar defenderte cuando rozas lo indefendifle. Debimos haberte cambiado por un botijo cuando tuvimos ocasión
    En fin, saludos desde mis vacaciones madrileñorensanas. Y un bico también, que hoy me siento generosa.

    Marieta

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  7. ¿Vacaciones? Anda que.... Lo que estoy es un poquito disperso, lo admito, pero trato de no perder el norte (que en mi caso estos días cae un poco hacia el sur). Bueno, pues nada, que estamos a día 20. Me voy a regalar quince días más de rascarme los huevos y en septiembre retomo viejas costumbres con sus malos hábitos y todo.

    Besos a todos.

    P.D. Luego (o mañana) dejo nueva reseña, para que os aburráis, angelitos.

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  8. El tonto que dijo algo sobre Danilo Kis, o es muy mal lector o no tiene sensibilidad ni inteligencia o pertenece al grupo de la estupidez y la estulticia.

    Coja peso en su espíritu y cabeza, por favor. El señor Kis no se le revela a cualquiera. No.

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