domingo, 1 de julio de 2012

“Conversaciones con Sartre” de John Gerassi

No soy seguidor de Sartre. Nunca lo he sido. Es más: he sentido siempre hacia Sartre una injustificada indiferencia que seguramente han alimentado las tentativas frustradas de lectura de “La náusea”, un libro que todavía conserva intacto, cerca de su ecuador, un marcapáginas. Llevo doscientos años jurándome volver a él y otro tanto demorándolo. Sí he leído, en cambio, alguna obra de teatro pero tan poca cosa que no ha servido de ayuda a la hora de interesarme por el escritor. Cuando Sexto Piso publicó estás entrevistas pensé que sería una oportunidad de oro para acercarme al personaje y decidir, de una vez por todas y con algo más de juicio, si sí o si no. 

John Gerassi, el entrevistador, es hijo de Fernando Gerassi, un pintor que hace -y durante- miles de millones de años fue amigo personal de Sartre (hacía el final de su vida (la de ambos), cuando tienen lugar las entrevistas, se había producido cierto distanciamiento). A John le proponen entrevistar al escritor y acepta, claro, habiendo sido como había sido medio su medio sobrino. De hecho, si no recuerdo mal, la tesis doctoral de Gerassi giraba en torno a las ideas de Sartre. Las entrevistas, de carácter periódico, pretenden ser un resumen de la vida, obra e ideología del escritor, todo un proyecto que resulta harto complicado resumir en las cerca de 1000 palabras que había planeado dedicarle al post. Llevo semanas, meses, pensando en cuál sería la mejor manera de meterle mano a la reseña y todo por culpa de un planteamiento equivocado: no se puede resumir un libro como este en 1000 palabras del mismo modo que no se puede meter la vida de un hombre como Sartre en un libro de 500 o 600 páginas. 

De entre las muchas ideas que pudieran aislarse del conjunto del libro hay una (dos, en realidad) que me llamó especialmente la atención por lo que tiene de social, literario e intemporal pero sobre todo porque viene muy a cuento de una pregunta que se planteó no hace mucho en los comentarios de alguna de las entradas pasadas de este mismo blog. La pregunta venía a ser algo así como “¿para quién se escribe?”. No lo busquen: no hubo respuesta. Suponía yo -equivocadamente, como viene siendo habitual- que uno escribía siempre para sí mismo, para darse placer, para exorcizar demonios o algo así,  pero lo cierto es que con demasiada frecuencia nos encontramos con escritores que parecen tener muy claro que escriben para la masa toda vez que lo que han dicho se ha dicho cien veces o vuelven una y otra vez sobre el mismo asunto/tema/argumento. Aquí estaría gran parte de la literatura de género o sagas tipo Harry Potter o Alatriste que parecen hechas para llenar los bolsillos de unos y otros. Esto no quiere ser una crítica a esa clase de novela; simplemente es la respuesta que yo me doy a la pregunta formulada. En realidad habría que pensar si uno escribe para publicar o no y a partir de ahí extraer conclusiones.

“¿Para quién escribimos, en realidad?” 

El caso es que durante las entrevistas entre Gerassi y Sarte surge esta cuestión en varias ocasiones pero sólo en una de ellas se lo toman mínimamente en serio. Gerassi deduce que Sartre escribe para la burguesía (su medio natural, por otro lado) con la intención de que ésta se comprometa contra el egoísta ensimismamiento de su clase. “Usted no escribe para las trabajadores”- le dice, porque los trabajadores no van a leer su Flaubert. “Espere –se defiende Sartre– Está usted mezclando cosas diferentes. En primer lugar, las novelas de escritorzuelos comunistas se venden en los encuentros, las reuniones, las conferencias y las asambleas comunistas, y los vendedores ambulantes dan por sentado que comprar esos libros es un deber comunista. Así es como hacen campaña y ganan la llamada batalla de los libros. Los trabajadores los compran pero no los leen. Y ya que se refiere a mi Flaubert: tiene usted razón, no es una novela, sino un libro de lectura compleja, sin duda, que la clase trabajadora no compra ni lee.” 

Entonces cuando el propio Sartre plantea la cuestión: “¿Para quién escribimos, en realidad?” El escritor no concibe la escritura no comprometida, entendiendo ésta como aquella que es políticamente consciente de que la clase dirigente domina y quiere dominar a los pobres, a los extraviados, a los desvalidos mientras que en siglo XIX, por ejemplo, el fin de la escritura estaba en dar sentido a un mundo absurdo, para engañar a la muerte. Hoy el escritor –y en esto parecen estar entrevistador y entrevistado bastante de acuerdo- escribe a fin de exaltar su propia libertad, así como la libertad de sus lectores (precisamente en –y desde el interior de- ese mundo absurdo). 

De todo esto Gerassi deduce que Sartre concibe que el escritor escribe para contribuir a la creación de una sociedad sin clases, porque sólo entonces podrá vivir su existencia absurda sin angustiarse. Y a partir de este punto vuelven a eludir la respuesta y saltan de mata en mata alimentando la digresión: en una sociedad sin clases viviríamos en colectividad y el sentimiento del absurdo sería compartido y no harían falta escritores o bien estos serían simples portavoces de la comunidad cuyo único fin sería que los trabajadores se comprendiesen unos a otros y se diesen cariño o aliento o algo. Que bueno, que no saben muy bien, porque en realidad no se había formulado (entonces) una teoría convincente sobre la sociedad sin clases que englobe el papel del artista. 

En resumidas cuentas: no queda resuelta la cuestión acerca de para quién escriben los escritores aunque sí que no todos buscan lo mismo ergo no hay un objetivo compartido ni conclusión posible. Todo el libro, sus chorrocientas mil páginas, son un repaso no tanto a la vida y obra del escritor como a la situación, al estado de las cosas, que lo llevaron, en su vida, a tomar las decisiones que tomó y a escribir la clase de libros que escribió. Gerassi y Sartre discuten mucho, -incluso parece que se enfaden en ocasiones- pero siempre prevalece el respeto y la admiración del uno hacia el otro. Gerassi es casi siempre un magnífico entrevistador que no duda en dejarse arrastrar por la corriente de las ideas que surgen espontáneamente cambiando de tema si es necesario y con la habilidad suficiente de retomar el hilo o reconducir las cuestión cuando va decayendo el interés. También es un tipo bastante engreído y pedante y medio gilipollas que olvida en ocasiones que el entrevistado no es él. 

El resultado es un libro bastante completo, con sus momentos chorras (como aquel en que ambos presumen de drogarse a placer, en una secuencia bastante patética de lo que entonces debía considerarse progresismo salvaje) pero que cuenta con una cantidad suficiente de información para alimentar unos cuantos debates entre los que destaca el de la revolución, que es la que realmente tendría que haber tratado. Me quedo con la satisfacción de haber sido testigo de un larguísima e interesante conversación y con haber conocido un poco mejor a Sartre. La putada es también me quedo sin malditas las ganas de retomar “La náusea”.





27 comentarios:

  1. Jean Sol Partre, que decía Boris Vian, escribía para sí mismo,para su ombligo, igual que todos aquellos intelectuales autodesignados para emancipar a las masas que intentaron hacer creer al mundo que vieron la zarza ardiendo. Mientras admiraban la revolución cultural China, en Europa promovían la individualidad, el principal elemento fuerza de la sociedad de consumo.

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    1. Lo de SArtre tengo la impresión que es un poco lo de querer figurar sin meterse a fondo. No sé; no acaba de caerme bien pero eso no quita para que la entrevista tenga su interés, obviamente.

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  2. Veo que te hs puesto con Tríbada, miedo me da.

    Ayer le pedí prestado a Luismi La fea burguesía, la leí hará unos veinte años y me decepcionó, tambien la Tribada lo hizo por aquellas mismas fechas, decepcionarme. Hoy llevo leídas noventa páginas y me pregunto en qué pensaba yo cuando no me gustó La fea burguesia. En verdad que soy un gusano caprichoso y si me dan un caramelo distinto al que en otra ocasion me había gustado no lo sé apreciar, lo comparo con el otro y me digo que es peor cuando en verdad sólo es diferente.

    Resumiendo y simplificándolo todo, diría que Eremita sólo hay uno y habita en la Escuela y allí donde el Eremita no está no pueden constituirse presencias como las que ante él lo hacen. Por eso sus otras novelas me parecieron deshabitadas, frías entomolomaquias duras como consejo de ministros o embargo de domicilio o mordisco de perro policía.
    Te deseo suerte pero temo que vayas a necesitar más que eso para disfrutar de la Tríbada.

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    1. Tus resúmenes y simplificaciones, Oveja, son de todo menos eso. Estoy un poco de acuerdo contigo. La Tríbada empezó bien; está magníficamente escrito pero como que no está a la altura. Pero bueno, es pronto, es verdad, sólo llevo 115 páginas y hasta la 70 no hubo texto. NO llevo nada, vaya.

      La fea burguesía iba a ir antes que esta pero hubo cambio de planes de última hora. La dejo para el mes que viene. Ya me contarás.

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    2. Inmaculada Concepción1 de julio de 2012, 22:25

      Bueno, pues habrá que leer Escuela de Mandarines, pero a mí La Tríbada me pareció muy buena."entomolomaquias duras como consejo de ministros o embargo de domicilio o mordisco de perro policía". No sé qué diablos quieres decir, anónimo, pero La tríbada es muy buena.

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    3. Lo que quise decir es que Tribada y La fea burguesía son novelas más duras de leer que Escuela de mandarines, lo mismo se puede decir de 62 Modelo para armar y El libro de Manuel son más duras que Rayuela. Como Carlos había leído Escuela lo avisaba de que no esperase encontrar una "segunda parte" . El genio y la calidad de las obras de Miguel no están en discusión.

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    4. Bueno, pues nada, a sufrir. Es broma. Superado el fin de semana retomo lectura. Me doy hasta el finde para terminarlo. Eso es trato de favor, que lo sepas.


      (P.D. A mí no me pareció "dura" Rayuela)

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    5. Pero ¿cómo puede ser que te lo leas en una semana?
      ¿De favor para el anónimo o para mí?
      Una semana es muy poco tiempo para asimilar lo
      ingente de esa obra, Carlos.
      Anónimo, serán bienvenidas tus aportaciones
      sobre Tríbada, porque intuyo que "sabes de lo
      que hablas".
      Carlos, me lío ahora, yo me leí un libro llamado
      La Tríbada Falsaria de una edición cutrilla de Murcia.
      El que tienes tú de Siruela contiene más de una obra,
      no es así? ¿Es una trilogía? Es que yo ese
      lo regalé y no lo tengo más en mis manos.
      Saludos luneros.

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    6. Trato de favor al libro. Una semana es la hostia de tiempo si tienes dos o tres horas diarias para leer. ¿O tampoco? Además estoy configurando el calendario definitivo de lectura de estos dos meses y ya me puedo ir dando prisa.

      Este libro incluye TRIBADA FALSARIA y TRIBADA CONFUSA, Inma. Pensé que era el que habías leído.

      Saludos luneros también para ti.

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    7. Inmaculada Concepción2 de julio de 2012, 18:38

      Vale,pues entonces el segundo no lo he leído. Puede que una semana sí sea tiempo suficiente. Y luego unos... dos meses más para rumiarlo ¿Al final La familia Mashber sí o no? La correspondencia entre Daniel y su amiga es a veces dura de roer.

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    8. He cambiado de opinión. Quizá una semana sea poco. Lo siento, Inma, no es por llevarte la contraria. Creo. Estoy acabando la primera parte. Me faltan 40 páginas pero joder, es un libro agotador este. Qué cosa.

      La correspondencia entre Daniel y Juana -más bien de Juana a Daniel- es tremenda, tremenda; no sé si decir "terrible". No la quisiera yo enamorada de mi.

      La Familia Mashber no, Inma. Lo siento. Estoy haciendo la lista de lecturas del segundo semestre y he tenido que sacrificar a Los Thibault y a Nister. Ha sido duro pero...

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    9. Ya sé que no es el post para hablar de esto, que ya habrá tiempo pero no me resisto a una cita, Oveja:

      "Escucha querido mío, y recibe estas palabras: Morirá Damiana, morirá Lucía, todos moriremos. "El ojo que me miraba, ya no me verá; pondrás enmí tus ojos y ya no existiré". Pero los hombres conocerán mi nombre y lo alabarán. ¿No me prometiste esta ventura? Soy tu Juana, tu Juana y tu Azenaia Parzenós. Ya me entiendes".

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    10. Inmaculada Concepción3 de julio de 2012, 0:13

      Un momento: si has tenido que sacrificar tamañas obra de arte, ¿¿¿qué leches vas a leer??? Oye, entonces, ¿con quién me lo yo la familia Mashber? Mira, mira, tantas decepciones juntas son difíciles de asimilar. Sí, la correspondencia es un poco pesada, lo sé. Por eso te decía yo poquito a poco. ¿De verdad vas a sacrificar los Thibault? Yo que iba a escribirte una misiva con todos los pasajes que he ido subrayando que me han encantado así al estilo de Juana a Daniel...

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    11. No tengo el libro, este sábado lo consigo y me pongo con él, mi memoria no se acerca a la de Lamuro. Gracias Carlos e inma por recordarme que ahí había lana sin cardar.

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    12. Inma, ya habrás visto qué voy a leer. (Siguiente post). Es que me da cosa, tanto judio, tanto judio... es broma. No sé, vale, me lo vuelvo a pensar y mira de cambiarlo por otro. No prometo nada. Y siempre puedes darme envidia. Suele funcionar.

      Espero esas misivas tipo Juana. Esmérate que ya sabes que luego todo se publica y yo soy de poco editar, que no corrijo ni las tildes.

      Oveja, deduzco que no has leído la CONFUSA. Genial. Mira, por fin coincidimos en alguna.

      P.D. A la Tríbada no le hago reseña. Le abro post y lo que queráis, pero reseña no se la hago. No me atrevo. Soy bruto pero no tanto.

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  3. Hola a todos!

    Sartre jugaba con cartas marcadas. Y si no le cuadraban las que tenía para ganar una baza, se las marcaba él. De los primeros en intentar convencer a determinada burguesia insatisfecha que los burgueses eran justo los otros, los satisfechos. Sí, en efecto, los que no tenían el menos interés de leer sus libros. ¡Cómo se ponía con Simone cuando ella no le doraba la píldora!

    Un saludo.

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  4. Más allá de todo juicio o precisamente sobre ellos deberíamos pararnos en los que desde aquí se lancen sobre Sartre y Espinosa, pues al primero poco pueden afectarle, salvo inculcar el olvido de su obra y al segundo, el aguijón seguro de promesas lecturas, siendo así, que debemos preguntarnos de nuevo... para quién se escribe.
    Uno ya obtuvo el elogio mundano rechazado con honor y al otro, salvo engordar derechos de heredad burguesa, nuestra admiración sólo servirá para estar de nuevo ante el incomprendido, por lo que debemos concluir que la gloria postrera no sirve más que para la autoglorificación como críticolectoris, de ella debemos saber qué es impostura o necesidad, pero sobre todo, de sabernos tan listos, para qué demonios sirve a la osamenta del escritor tanto aplauso, pues nadie se entierra con su obra como garantía de inmortal venganza o consuelo eterno.

    O tal vez sí.

    D.

    Saludos

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  5. Joder, qué nivel gastáis. Yo solo venía a dar mi humilde opinión acerca de para quién se escribe pero mejor me la guardo, no fuera a hacer el ridículo.

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  6. Vale, acepto que es jactancia vana declararse admirador de Espinosa o de Cortázar sin haber incendiado palacios ni desfecho entuertos, y no hay disculpa que pueda esconder ese pecado por omisión de quienes los admiramos sabiendo lo que admiramos en ellos.
    Para quién escribían?. seguro que no lo hacían para nosotros que gozamos encanallados en sillones tapizados con la piel de millones de esclavos, yo creo que lo hacían en la esperanza de que su chispa se juntase con otras chispas análogas y fueran capaces de incendiar el Palacio de los Compromisos junto con la entera Feliz Gobernación.

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  7. Pues siendo de esa manera que no escribieron para nosotros, ¿deberíamos ser más cuidadosos con nuestros juicios sobre nuestros modernos, como sobre los que ahora ya nos parecen antiguos, contra toda precisión y rigor?, ¿no se nos hace insoportable la alegría con qué ensalzamos o arrumbamos el mérito que será gloria con suerte apropiada o irrefutable olvido?

    Si de hecho escriben para sus contemporáneos, estamos siendo indulgentes o intolerantes en demasía para con los pobres escribidores que tanto hacen por amenizar nuestra vida como tener un lugar donde firmar (y que los demás sepan quién lo hace)

    Pero puede que el verdadero talento se reconozca a la primera edición, cuando la hay, y por ende, todo esto carezca de valor. La posteridad no debería admitir quejas fuera de plazo, ese debería ser nuestro trabajo.

    D.

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  8. Ya está... 100% completado.
    Me he retrotraído a tu reseña y suscribo.
    Ahora voy a empezar con ese del verano pasado del que te hablé mientras no me compran el que solicité en la biblioteca.
    También te digo, por cierto, que he tenido partos mucho menos difíciles. Cómo puede alguien almacenar tanta letra en su cabeza! jesús!

    Un bico
    Marieta

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  9. http://youtu.be/ojY1Sj1-E0Q

    Habría que habérselo preguntado a Boris Vian, tan amigo de Sartre.

    Dejando de lado ironías y estéticas varias, creo que Sartre escribió siempre por necesidad. Y me da que si utilizó el existencialismo no fue para lanzar mensajes al pueblo(aunque el Mayo francés se apoyara en sus ideas) sino para encontrarle el sentido a su propia existencia. Igual que su Simon escribió "El segundo sexo" para gritar a los cuatro vientos lo que en casa no podía practicar.

    "La náusea" es genuina, Carlos. Merece otra intentona ;)

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  10. Yo creo que Sartre es un ensayista muy preclaro y un buen filósofo. Como autor me parece más "vendedor de humo", sobre todo si lo comparo con Camus, la niña de mis ojos. Aunque, como dice Paz, La Náusea merece una lectura reposada.

    Sea como sea, pienso que el pensamiento actual debería haber heredado de Sartre su capacidad de análisis y su frialdad intelectual. A mí me resulta bastante estimulante leerlo, la verdad.

    Saludos

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  11. Bueno, está la cosa dividida, por lo que veo.

    Que no escriban para nosotros no es motivo parar excusarlos. Al contrario: escribir para ellos y cobrarnos a nosotros es motivo suficiente para el linchamiento general.

    A me da igual para quien escriban, la verdad, siempre que yo le pueda sacar algún provecho. El otro día decía alguien que no pasa nada por NO leer a Pynchon o a Roth o a todos estos tan geniales. Que no pasaba NADA por NO leerlos, insisto, pero que al leerlos, sí, al leerlos pasaban MUCHAS cosas. Que pase algo leyendo a Sartre (no vale vomitar) debería ser suficiente. O no. Leyendo a Carlo Padial o a San Basilio no pasa nada y ahí están, tan contentos con lo suyo.

    Saludos,

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  12. "¿Llevo doscientos, miles de millones de años?". Ja,ja,ja. ¿No que no te gustaba la poesía? ¡Pues has hecho buen uso de la hipérbole, muy utilizado en la poesía!

    Buena reseña.

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