lunes, 5 de diciembre de 2011

Una aproximación a “Memorias del subsuelo” de Fiodor M. Dostoievski a través de DFW y Joseph Frank


Hace un par de meses, mientras reorganizaba una estantería, me senté a ojear un recopilatorio de ensayos de David Foster Wallace llamado “Hablemos de langostas” (Mondadori, 2007). Quiso el azar que lo abriese exactamente en uno llamado “El Dostoievski de Joseph Frank” cuya lectura obvié en su momento y que más o menos empieza del siguiente modo: 

«Tal como puede confirmar cualquiera que la haya leído, Memorias (1864) es una novelita impresionante pero considerablemente extraña, y estas dos cualidades tienen que ver con el hecho de que el libro resulta al mismo tiempo universal y particular. […] Notas del subsuelo y su Hombre del Subsuelo son en realidad imposibles de entender sin conocer el clima intelectual de Rusia en la década de 1860, sobre todo el momento álgido del socialismo utópico y el utilitarismo estético que estaban de moda por entonces entre la intelectualidad radical, unas ideologías que Dostoievski odiaba con esa pasión con que solamente podía odiar Dostoievski.» 

Para ponerse al corriente del clima intelectual ruso, entender la importancia del socialismo utópico y el utilitarismo estético de entonces no es suficiente con visitar dos o tres enlaces de la wikipedia o enciclopedia similar. Se lo digo por experiencia. Tampoco es suficiente repasar el contexto histórico y los apuntes biográficos de los prólogos que se incluyen en algunas ediciones (pienso en Cátedra) de según qué novelas de Dostoievski (pienso en Crimen y Castigo). No es suficiente. En un principio, en mi bendita ignorancia, creí que sí pero resultó ser que no. No fui consciente de ello hasta hace unos días cuando leyendo el ensayo de Frank al que hace referencia Wallace, di con la parte en que se trata este asunto con detalle al tratar de explicar las razones del relativo éxito de la primera novela de Dostoievski. Con esto no quiero decir que no se pueda leer esta novela sin tener esa información, pero sí es verdad que cuesta más entender lo que Dostoievski quería decir si no es así. Pero sigamos con Wallace:

«Lo que pretende [Joseph] Frank es mostrar que es imposible hacer una lectura exhaustiva de la narrativa de Dostoievski sin una comprensión detallada de las circunstancias culturales en que se concibieron los libros y a las que estos querían contribuir. Esto, explica Frank, se debe a que las obras de madurez de Dostoievski son fundamentalmente ideológicas, y no se pueden apreciar plenamente a menos que uno entienda las intenciones polemistas que las animan. En otras palabras, la mezcla de universal y particular que caracteriza Memorias del subsuelo (*) marca en realidad la mejor obra de FMD, un escritor cuyo «deseo evidente», dice Frank, es «dramatizar sus temas morales y espirituales usando como telón de fondo la historia de Rusia.» 

Si sigo por este camino les acabaré pegando el ensayo íntegro y los de Mondadori se van a enfadar conmigo, pero hay que hacer lo que hay que hacer y yo no conozco mejor manera de contarles esta película y por eso les voy a poner uno más, el penúltimo: el pie de página que hace referencia directa a la novela en cuestión y que acabo de señalar con un asterisco en el párrafo anterior. 

(*) «El volumen tercero [de la biografía de Dostoievski escrita por Joseph Frank], La conmoción de la liberación (2), incluye una muy buena lectura explicativa de Memorias [del subsuelo], que localiza la génesis del libro en una réplica al «egoísmo racional» que puso de moda el libro ¿Qué hacer? de N. G. Chernishevski e identifica al Hombre del Subsuelo como básicamente una caricatura paródica. La explicación que da Frank de la mala lectura generalizada que se hace de Memorias (mucha gente no lee el libro como un conte philosophique, y da por sentado que Dostoievski ideó al Hombre del Subsuelo como un arquetipo serio al nivel de Hamlet (3)) también contribuye a aclarar por qué las novelas más famosas de FMD a menudo se leen y se admiran sin apreciar en absoluto sus premisas ideológicas: «La función paródica del personaje [del Hombre del Subsuelo] siempre ha quedado encubierta por la inmensa vitalidad de su encarnación artística». Es decir, que en cierto sentido Dostoievski era demasiado bueno para lo que le convenía.» 

(Las frases lapidarias con las que Wallace termina algunos párrafos son impagables.) Busqué sin éxito -y sin especial interés- la novela de Chernishevski, aunque sí descubrí que guarda una estrecha relación con otra novela de Dostoievski, “Humillados y ofendidos”, de inminente lectura, como tantas otras. En cambio sí localicé en diferentes bibliotecas cuatro de los cinco tomos de la edición completa del “Dostoievski" de Joseph Frank (4), el primero de los cuales me traje para casa hace un par de meses y devolví a medio leer convencido de la necesidad de hacerme con él. (5) Del prefacio de ese primer tomo extraigo la siguiente cita del propio Frank: 

«En aquel tiempo estaba yo muy interesado en la nueva literatura existencialista […] así que elegí como tema para mi disertación “Los temas existencialistas en la literatura moderna”. Con el fin de establecer un marco histórico, inicié mi exposición con un análisis de Memorias del subsuelo, de Dostoievski, obra considerada precursora de las teorías y de los temas que encontramos en el existencialismo francés. Mi interpretación de esa obra se deriva de los escritos de Leo Shestov y de Nikolái Berdyaev: subrayaba yo la irracionalidad y la amoralidad del hombre marginado y lanzado a la clandestinidad, en tanto que éste, trágica y retadoramente, conserva la libertad de su personalidad frente a las leyes de la naturaleza, sin importarle el costo que esto signifique para él y para los demás.» 

Leer las historias que cuentan cómo nacen algunos libros es una actividad francamente adictiva, en ocasiones mucho mejor que la lectura de la propia novela. No es el caso. "Memorias del Subsuelo" es un relato excelente, una novela que empieza cómo ya no empiezan las novelas (6)

«Soy un enfermo. Soy un malvado. Soy un hombre desagradable. Creo que padezco del hígado. Pero no sé absolutamente nada de mi enfermedad. Ni siquiera puedo decir con certeza dónde me duele.» 


(En esta reseña -no así en las siguientes que había proyectado dedicar al escritor- voy a obviar casi completamente (la excepción está en la tercera nota a pie de página) los comentarios de Vladimir (“estoy deseoso de desmitificar a Dostoievski”) Nabokov en “Curso de literatura rusa” en el que afirma que “Dostoievski no es un gran escritor, sino un escritor bastante mediocre; con destellos de excelente humor, separados, desgraciadamente, por desiertos de vulgaridad literaria" ya que lo que hoy realmente me interesaba, más que hablar de “Memorias del subsuelo,” era contarles los motivos que me llevaron a leerla. Ya habrá tiempo para lo otro. Tampoco quiero dar la impresión de haber tomado ya partido por uno de los bandos. No es eso, simplemente me reservo el derecho de apasionarme con Dostoievski antes de odiarlo.) 


* * * * * * * * * * * * * * * * * * 


(1) Esto es medio verdad, medio mentira. Este post es también la doble excusa de no saber cómo hablar de un clásico como este y la de la certeza de estar lejos de poder interpretarlo correctamente. 

(2) Editado, en castellano como “Dostoievski. La secuela de la liberación 1860-1865” editado por el Fondo de Cultura Económica en 1993, reeditado en 2010 y realmente difícil de conseguir no digamos ya de encontrar disponible en librerías. 

(3) Es probable que esta frase sea una maldad de Wallace refiriéndose al abiertamente crítico con Dostoievski Vladimir Nabokov, que en “Curso de literatura rusa” dice lo siguiente (y perdonen la extensión de la cita): “Cuando un artista se pone a trabajar en una obra de arte, se ha propuesto un problema artístico concreto que pretende resolver. Escoge sus personajes, su tiempo y su lugar, y busca después aquellas circunstancias particulares y especiales que permitan que esos sucesos que a él le interesan ocurran de forma natural, desplegándose, por así decirlo, sin violencia alguna por parte del artista para forzar la consecuencia deseada, desprendiéndose de forma lógica y natural de la combinación e interacción de las fuerzas que el artista ha puesto en juego. El mundo que el artista crea con esa finalidad puede ser totalmente irreal —como lo es, por ejemplo, el mundo de Kafka, o de Gógol—, pero hay una exigencia absoluta que tenemos derecho a plantear: ese mundo, en sí y mientras dure, tiene que ser verosímil para el lector o espectador. Carece totalmente de importancia, por ejemplo, que Shakespeare introduzca en Hamlet al espectro del padre de Hamlet. Tanto si coincidimos con esos críticos que dicen que los contemporáneos de Shakespeare creían en la realidad de los fantasmas, y por lo tanto Shakespeare hacía bien en meterlos en sus obras como realidades, como si damos por sentado que esos fantasmas son algo así como unas propiedades del escenario, es lo mismo: desde el momento en que el espectro del rey asesinado entra en la obra, le aceptamos y no ponemos en duda que Shakespeare estaba en su derecho al introducirle en la obra. De hecho, la verdadera medida del genio está en la medida en que el mundo que ha creado es suyo propio, un mundo que no existía antes de él (al menos aquí en la literatura), y, lo que es más importante, en que haya conseguido hacerlo más o menos verosímil. Quisiera que considerasen ustedes el mundo de Dostoievski desde este punto de vista. […] En segundo lugar, ante una obra de arte hemos de tener siempre presente que el arte es un juego divino. Ambos elementos, el de lo divino y el del juego, son igualmente importantes. Es divino porque éste es el elemento en que el hombre se acerca más a Dios, conviniéndose en auténtico creador por derecho propio. Y es juego porque seguirá siendo arte sólo en tanto se nos permita recordar que, en el fondo, todo es ficción, que la gente del escenario, por ejemplo, no es asesinada de verdad; dicho en otras palabras, sólo en tanto que nuestros sentimientos de horror o de repugnancia no oscurezcan nuestra comprensión de estar participando, como lectores o espectadores, en un juego complicado y delectable. En el momento en que ese equilibrio se rompe tenemos, sobre la escena, un melodrama ridículo, y en un libro una descripción truculenta de pongamos, un caso de asesinato que estaría mejor en las páginas de un periódico. Y dejamos de experimentar esa sensación de placer y satisfacción y vibración espiritual, ese sentimiento combinado que es nuestra reacción al arte auténtico. Por ejemplo, no sentimos repugnancia ni horror ante el sangriento final de los tres mejores dramas de todos los tiempos: el ahorcamiento de Cordelia, la muerte de Hamlet, el suicidio de Otelo nos dan escalofríos, pero escalofríos que llevan en sí un elemento intenso de deleite. Ese deleite no procede de que nos alegremos de ver perecer a esas personas, sino simplemente de que gozamos con el genio abrumador de Shakespeare. Quisiera que estudiasen ustedes Crimen y castigo y las Memorias de una ratonera, que también se conocen con el título de Apuntes del subsuelo (1864), desde este segundo punto de vista: el placer artístico que encuentran en acompañar a Dostoyevski en sus incursiones en las almas enfermas de sus personajes, ¿es constantemente mayor que cualesquiera otras emociones, los repeluznos de repugnancia, el interés mórbido que produce una historia de crímenes? En las otras novelas de Dostoievski hay todavía menos proporción entre el logro estético y el elemento de crónica de sucesos." 


(4) La que falta me vi obligado a pedirla porque (vean que mala suerte) es precisamente esa la que contiene la lectura explicativa que hace Frank de “Memorias del subsuelo”. Me rechazaron la desiderata días después alegando que era de 1993, como si 18 años fuesen toda una vida. Finalmente la conseguí, por si les interesa, y si omito lo que aprendí de ella es simplemente porque este post habla de un momento muy concreto y no viene a cuento de nada alargarlo más o me quedaré sin argumentos cuando reseñe el libro en cuestión. 


(5) Ese mismo tomo -y el siguiente- volví a rescatarlo hace apenas quince días para acompañar la inminente lectura de las dos primeras novelas de Dostoievski (“Pobre gente”(*) y “El doble”) por lo que es de suponer que no tardaré en volver a escribir sobre el asunto. 
(*) Tengo que publicar este post de una santa vez. Cuando escribo estas palabras ya he terminado “Pobre Gente”, leo "El Doble" y he hecho bastante más que superar el ecuador del primer tomo de Joseph Frank.
(6) Lamento no poder señalar cuál fue exactamente la edición que leí ni dar el nombre del traductor ya que este libro fue un préstamo que devolví hace mucho tiempo y no tengo forma de consultarlo. 

29 comentarios:

  1. Muy buen post. Pero yo he venido aquí a hablar de mi web, el sitio donde se reunen todos los mogoles:
    http://faunamongola.blogspot.com/

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  2. No he visto a nadie tan feo como Ibra. Ni a nadie tan limitado y tan manipulable como Alvy. Vaya gentuza. Los soltaba yo en las 3 mil viviendas, a ver si aprenden lo que es la vida.

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  3. Hostia puta, qué post. Muy bueno, sí. Aunque mucho me temo que, si no fue el talento lo que se llevó por delante a DFW, lo que fuera que fuese se os va a acabar llevando por delante a ti y a unos cuantos de los que se pasan por aquí regularmente. De buen rollo, por supuesto.

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  4. Gracias Quique. Me lo tomaré como un cumplido. Este post lo escribí hace mucho tiempo (el libro lo leí a mediados de agosto) pero nunca me había atrevido a publicarlo. He aprovechado que ahora soy un poco más sinverguenza que antes para soltarlo. También que estoy a saco con Dosto y esto me venía de muerte para explicar por qué. Pero no te apures, ya se me está pasando. En nada me pongo con las moderneces que tanto te gustan.

    Gracias otra vez.

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  5. Me ha gustado tu post, Peón. Memorias... es uno de mis libros de cabecera. Mi biblia de la enfermedad. ¿Leíste Diario del hombre pálido? Encuentro ciertos puntos en común. Te lo recomiendo.

    Saludos!

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  6. Muy buena entrada , tengo que reconocer que aunque había leido "Que hacer" nunca lo relacioné con las "Memorias del subsuelo", que a mis ojos se presentaba como una anticipación de lo que más tarde serían los trabajos sobre la neurosis obsesiva de Freud y el sujeto contemporáneo. lo cierto es que, sin renunciar a ver lo anticipatorio, relacionarlo por oposición a "Qué hacer" amplía la perspectiva y ayuda a comprender mejor las palancas que accionaban las esclusas del alma genial de Dostoyevski, diga lo que diga sobre este asunto Nabokov.
    Creo que este fin de semana me haré por fin con El plantador, junto con él, si quieres, puedo enviarte "Que hacer".

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  7. Madre de dios bendito qué pandilla de pirados. Luna, cariño, no tienes edad. Te pongas como te pongas. Si fuese tu padre preferiría verte escapar por la ventana con el hijo negro de Nacho Vidal que con una novela rusa del XIX.

    Y anónimo, macho, vuélvete a leer tu comentario y empieza a preocuparte un poquitín. Apuesto a que hace mucho que no te rasuras el pubis. Deberías.

    Carlos, díselo. por cierto, de dónde sacas que me gustan las moderneces más que los rusos? El maestro y Margarita es modernez? No, padre. ¡Pues entonces! Lo que "critico" es la elevancia, no la clasiquez.

    No obstante, te perdono.

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  8. Buenísima entrada, espero ansioso las siguientes sobre Dosto (autor que tengo pendiente, no sé porque pero me da "pereza".

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  9. jaja, lunita, no te lo crees ni tu, reina.
    Venga, a escribir poesía güena de la tuya.

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  10. Hola Carlos.
    He venido a parar aquí por casualidad, a través de La Patrulla.

    Me ha gustado lo que he visto, pensaba que ya nadie leía sobre existencialismo o nihilismo, o sea que me quedo por aquí.

    Saludos

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  11. Carlos, vete preocupando. Este último post habla por sí solo. Manda huevos que aquí el raro soy yo.

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  12. Quique, creo haber leído por ahí que estudias en una escuela de negocios, supongo que el chino sea una asignatura "troncal" y por tanto no entiendo tus quejas. Ahora bien si estudias para "pezzonovante" y no entiendes mandarín tienes mal futuro.
    El anónimo de las 18:26

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  13. Pero Quique, hombre, lo raro que es que más de 50 años después nadie tenga ni idea de qué es eso, cuando todo gira en torno a lo mismo. Has ido a malos colegios, veo.

    Saludos

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  14. Eres grande, Tongoy. Muy bueno esto que has escrito. La reflexión de Nabokov sobre Destoivski... fíjate, ¿quién soy yo para discrepar del maestro don Vladimir? ocurre que me reafirma en mi opinión sobre el tío Fiodor ("cómo eres, Margaret", dice Daphne), me esclarece un motivo más de placer obtenido en su lectura y además la encuentro enriquecedora para una buena lectora, como quiero ser, del ruso. Gracias
    Un beso ruso
    la sargento Margaret

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  15. Venga va, que me retracto. Me habéis convencido.
    Ire, chato/a, ¿de dónde sacas que no sé lo que son el existencialismo y el nihilismo? A ver si el que ha ido a malos colegios eres tú. De buen rollo, por supuestísimo.

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  16. Me sorprendía tu extrañeza sobre el post de Carlos, solo eso.

    Y en cualquier caso chata, pero de eso nada de nada. Un beso.

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  17. No se enfaden, que la entrada de Carlos sólo merece alegría... Por cierto, tengo entendido que Dosto estuvo cercano, en sus años mozos, a los anarquistas rusos. ¿No fue esa una de las razones de que la policía zarista lo persiguiera por primera vez? Quizás esta afinidad ideológica fue la que sembró en él ese odio por el socialismo utópico y el marxismo; ya sabemos lo que anarquistas y marxistas se llevan diciendo unos a otros desde siempre. Luego ya comenzó a ser Dosto y se sacó de la manga todo eso del "Cristo ruso" y el retorno a una sociedad orgánica rusa de corte utópico. No sé dónde lo leí, ¿Alguien sabe algo más?

    Por cierto, Quique sí que fue a buenos colegios, ponerlo en duda es negar lo evidente. Ahora estudia en la Maquiavelo´s School of fine business, donde, por cierto, no le han enseñado a actualizar blogs. ¡Quique! ¡A ver si subes algo, degenerado!

    Un saludo.

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  18. Bueno, Daniel, hasta donde yo sé Dostoievski era profundamente religioso. Supongo que la mayoría de dilemas morales que presentan sus personajes tienen su explicación en ese hecho.

    Saludos

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  19. Daniel, ahora tengo el talento entretenido en cosas serias de personas mayores. En cuanto me devuelvan el ordenador arreglado dedicaré al blog una pequeña parte (de mi talento) que ya es mucho como tú bien sabes.

    Todo sin dejar de follar lo mucho y bien que suelo follar yo habitualmente.

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  20. Bueno Daniel, ya te vale; no podías haber elegido una pregunta más difícil de responder. El tema de las derivas ideológicas de Dosto en esa época de su vida ocupan la parte central del primer tomo de la biografía de Frank y estamos hablando de unas 150 páginas de citas, nombre, relaciones y suposiciones, la mitad de las cuales tuve que volver a leer diagonalmente anoche por tu culpa. Te adelanto que el tema da para una entrada que apuesto lo que sea a que haría las delicias de unos cuantos que pasáis por aquí. No porque yo lo haga bonito (ni remotamente, vaya) sino por lo jugoso de la información. Mientras me pienso esto de la entrada (y es que resumir, un profano como yo, 150 páginas del calibre de estas es para pensárselo no dos sino setecientas veces) te dejo una cita del propio Frank que a su vez rescata otra [cita] de Dosto que tiene que ver con aquella faceta suya “integrista” y cuasiterrorista de sus años mozos que efectivamente acabó con su detención en 1849, justo el año en que acaba la narración de este primer tomo. Una puntualización antes de seguir: el tema “Belinski” (personajes que se cita más abajo) es muy jugoso y sobre él trata parte de la entrada que dedicaré a “Pobre Gente”, la primera novela de Dosto, la misma entrada que ahora amenaza con demorarse por culpa de esta idea loca que me acabas de meter en la cabeza y de la entrada del propio libro de Frank que ya amenaza con desbordarse.

    Bueno, en definitiva, el siguiente comentario es la cita de la que hablo.

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  21. “Se trata [el artículo de Dostoievski, "Una de nuestras falsedades contemporáneas"] de un documento sumamente importante, en el cual se incluye el único testimonio público directo que Dostoievski haya dado nunca acerca de su participación en el asunto Petrashevski y sobre los motivos que en ese momento lo inspiraron. Su propósito al escribir este artículo era convencer a sus lectores del decenio de 1870-1879 de que los radicales de ninguna manera habían sido personas impelidas a actuar por razones ruines o ignominiosas; y para demostrarlo, recuerda su propio pasado como antiguo miembro del círculo de Petrashevski. De esta manera, le saca brillo a una descripción del socialismo utópico de los años cuarenta, que pone de relieve su carácter religioso-moral.


    [cita de Dostoievski]
    Sin embargo, en aquellos días la cuestión era vista a la luz más rosada y más angelicalmente moral. En realidad, verdaderamente, el socialismo que entonces acababa de nacer solía ser comparado, incluso por algunos de sus promotores o cabecillas, con el cristianismo, del cual se le consideraba como un mero correctivo y una versión mejorada, más acorde con el siglo y con la civilización. Todas estas nuevas ideas nos agradaban muchísimo en San Petersburgo, y nos parecían sagradas y morales en el grado más alto y, lo que era más importante, universales; es decir, la ley futura para toda la humanidad, sin excepción... En 1846, Belinski ya me había iniciado en toda la verdad de esta futura "regeneración del mundo", y también en toda la santidad de la futura sociedad comunista.
    [Fin de la cita de Dostoievski]


    La verdad deformada en este caso es el hecho de que Dostoievski afirma que fue Belinski quien lo instruyó acerca de esas ideas. Sabemos perfectamente que se había convertido a esta especie de socialismo moral-religioso por lo menos varios años antes de conocer al crítico, en un periodo, para ser exactos, en que Belinski todavía lanzaba anatemas contra las almas envueltas en tinieblas, ignorantes, que creían que la "realidad" podía mejorarse y que se negaban a "reconciliarse" con sus imperfecciones. En cuanto a las razones que pudo tener Dostoievski para invertir de esta manera la cronología, sólo cabe hacer conjeturas; la explicación más aceptable es que, como novelista, por instinto buscaba la síntesis dramática, y que aquí presenta su propia vida como lo habría hecho con cualquier otro material literario; es decir, de la manera que causara mejor impresión. Al fin y al cabo, es cierto que Belinski desempeñó el papel que le atribuye Dostoievski en la cultura rusa del decenio de 1840-1849. ¿Para qué confundir al lector con los pormenores insignificantes de su propia historia personal auténtica, con lo cual lo único que se habría logrado sería complicar innecesariamente el cuadro restándole, además, fuerza a la imagen que estaba tratando de transmitir? Por otra parte, así como se identificaba con los personajes de sus novelas en el momento de escribir, seguramente que Dostoievski se imaginaba a sí mismo como uno de los soldados de ese numeroso ejército que había tenido la oportunidad de vislumbrar por primera vez aquella "futura regeneración del mundo" presentada en las páginas escritas por el célebre crítico.

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  22. Al resto: me alegra que les haya gustado, de verdad.

    Luna, gracias, muy amable. No he leído ese "Diario..." pero me lo apunto. A ver si no nos sale rana...

    Oveja, me acordé mucho de ti cuando escribía esta entrada y de aquellas preguntas que te había hecho respecto al libro. Sobre lo otro insisto, no te apures, no hay ninguna prisa. Ya ves que ahora estoy con el Dosto y otros de la región y tengo material para aburrir. Respecto a "¿Qué hacer?" digo que sí. He estado ojeando el tercer tomo y veo que ese libro tiene bastante importancia para Dosto. Sería interesante leerlo antes. Pero hay tiempo. Tengo por leer el tomo dos, parte del tres y las novelas que haya hasta entonces, por no hablar de todas las otras lecturas, que no sólo de rusos vive el hombre.

    Margaret, me quedo con ganas de conocer tu opinión sobre el amigo Fiodor.

    Ire, bienvenida; espero verte mucho por aquí. La extrañeza de Quique viene de conversaciones anteriores. Es un chiste difícil de pillar pero ya verás que el Quique es todo un personaje.

    Un saludo y gracias pasar.

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  23. Nabokov patinaba aquí, me parece, porque en Dostoievsky (incluso para los que no leermos ruso y nos perdemos -por lo que me dicen- una parte importante de los juegos)hay siempre una clara convivencia de los dos placeres. Inevitable no ver en el subsuelo también a aquel Svidrigailov de Crimen y Castigo, con su descripción de la eternidad: un cuarto de baño en una casa de campo, negro y sucio, con arañas por todas partes... o algo así...gran entrada que abre el apetito de las próximas.

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  24. Me empeño en insinuar que a muchos de los de por aquí habría que daros de comer aparte. No solo es que leáis literatura rusa mientras las personas normales disfrutan de un tranquilo paseo por el centro comercial sino que luego os metéis en internet y encontráis el blog de otro rarito y dejáis comentarios que hacen referencia no ya a la novela de referencia sino al contexto histórico en que se escribió y lo que le pasaba al autor por la cabeza.

    Y no es que me parezca mal. Yo mismo, de no ser tan guapo, me habría rendido a la tentación de hacer lo mismo. Pero lo soy y gracias a eso disfruto de una encantadora superficialidad y también una estremecedora habilidad para manipular los clítoris de este maravilloso mundo ocre y añil.

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  25. Yo que creía que tú preferías las introducciones anales... ¡¡qué decepción, Quique!!

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  26. Yo es que me acabo cansando de tanta superficialidad por la fuerza - que no vas ningún sitio si no - y alguien leyendo párrafos de Dosto la verdad es que me pone un montón. Tolstoi también. Por eso estoy aquí.

    Saludos

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  27. TOngoy, pavo, habla de putos escritores de aquí, de literatura no tienes ni idea, gallego peludo, queremos que vuelva el LECTURAS.

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  28. No es que prefiera el rollo anal, anónimo, sino que ahora estoy en eso. Experimentando la última frontera. Last Frontier (el director de cine danés no, la otra).

    Ire,tuo también supercializo por obligación. Todo el puto día. No puedo parar. Es un puto infierno.

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